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lunes, 14 de diciembre de 2020

La última tentación

HERMANAS MIRABAL


La última tentación

Carta de Minou a Patria, Minerva y Maria Teresa Mirabal a 60 años de su asesinato

Hoy es el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres en honor a las heroínas de Salcedo

Minou Tavárez Mirabal - 24/11/2020, 02:00 PM

$!La última tentación
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Mami, nina Patria, tía Teté:

Hace 60 años que ustedes no están. Que no están vivas porque las tres fueron salvajemente asesinadas a palos, estranguladas, extirpadas de la faz de la Tierra, quitadas del medio el mismo día.

Con los años que teníamos entonces no entendíamos. Aun para los más grandecitos de nosotros seis, era imposible comprender por qué mientras las esperábamos no regresaban de aquel viaje a visitar en la cárcel a nuestros papás. Mamá Dedé y mamá Chea alteradas, sin poder dormir, aprensivas desde antes de que llegara el señor con aquel telegrama -anunciando un supuesto accidente- que las dejó como locas, pero aferradas aún a una esperanza remota. Inconsolables después cuando la realidad no dejó lugar para la duda. Ausentes, llorosas. Mamá Chea rezaba por sus hijas y también por nosotros, que deambulábamos entre la gente conocida que nos atendía y nos miraba con espanto sin atreverse a decirnos que ustedes nunca más llegarían. Las que sí llegaron fueron tres cajas largas en una camioneta. Las vi por la ventana hasta que me bajaron de la silla mientras escuchaba los gritos de mamá Dedé porque los ataúdes no cabían por la puerta de la habitación y ella quería cuidarlas, acicalarlas, vestirlas por última vez. Y seguí escuchándole más maldiciones y más gritos de “asesino” y de “las mató” cuando llevaron una carta para que mamá Chea la firmara. Cruelmente, en medio de los rezos, la obligaban a desmentir por un lado, los rumores que hablaban de asesinato, y por otro, las noticias internacionales que reseñaban el crimen como crimen, denunciando la farsa del régimen al presentarlo como “accidente” en la prensa local. Nadie nunca lo creyó. A las palabrotas que no conocíamos le siguieron el llanto bajito, las miradas perdidas, un silencio que se prolongó por años. Y ustedes tres, que jamás llegaron.

En estas seis décadas transcurridas desde que las enterramos en el cementerio de Salcedo aquel sábado lluvioso, el mundo del que las arrancaron ha cambiado tanto que les costaría reconocerlo.

Han sido sesenta años tempestuosos, de guerras, de crisis económicas y políticas, de despojos de territorios y acelerada destrucción de recursos naturales, de desastres ecológicos, de pandemias elevadas a sindemias, de brutales asesinatos políticos como el de ustedes, pero también de luchas y de conquistas sociales, de independencias, de avances tecnológicos y científicos, de mujeres rompiendo antiquísimas barreras, haciendo historia, ocupando espacios de poder...

Durante los últimos cuarenta años se ha impuesto un discurso manipulador e individualista, que tiene su máxima expresión en una llamada “postverdad” que le da rango de verdad a las mentiras. Años de una cultura neoliberal que prioriza el mercado y la libertad de empresa, que promueve la privatización y la conversión de los derechos fundamentales en “servicios” -empezando por la educación y la salud- y que impulsa el crecimiento de las desigualdades mientras sataniza todo lo que huela a acción colectiva, todo lo que suene a política como instrumento de cambio y de transformaciones para acercar la humana aspiración del bien común.

¿Y aquí? ¿Qué ha pasado aquí, en la República Dominicana? El impacto político del vil asesinato de ustedes y de Rufino de la Cruz llevado a cabo por sicarios de aquella dictadura horrenda le puso fecha y hora a la muerte misma del sátrapa y abrió las ventanas para iniciar la construcción de la democracia en nuestro país. La tiranía, sin embargo, ha sido experta en reproducirse en las conductas antidemocráticas y en la presencia en los gobiernos de los propios trujillistas y sus cómplices primero, y luego hasta de sus hijos. Lo peor de las dictaduras es la capacidad que tienen para prolongarse en el tiempo, para obstaculizar una sociedad democrática, de derechos, sustentada en leyes progresistas.

Ustedes son las Hermanas Mirabal, las Mariposas, las hijas de Ojo de Agua. Su historia se universalizó e impactó de manera directa al hecho de género, vinculando la fecha y el contexto de sus muertes a la lucha contra la violencia hacia las mujeres a nivel mundial. Una lucha que a partir de ese noviembre de 1960, en nuestro país y Latinoamérica, tomaría prestadas sus alas de mariposas para hacer volar la bandera de la libertad, de la igualdad, de los derechos de las mujeres.

Enumerada así la historia del planeta y del país en estas últimas seis décadas, debo contarles que los encargados por el tirano de arrancarles la vida, vivieron libres, sin cumplir la condena de la justicia, protegidos durante años por la impunidad de gobiernos de todos los colores. Esa impunidad nos ha privado también de vivir en un país con justicia y equidad, donde los derechos sociales sean la base de una democracia plena y respetuosa del medio ambiente. ¿Qué seríamos si no nos hubieran privado de ustedes, de Manolo, y de tantos otros que también fueron asesinados y aún aguardan justicia?

Tú, mami, por ejemplo, tendrías 94 años si no te hubieran asesinado y estarías quizás viviendo una vida completa y apasionada. ¿Qué habrías sido?: ¿senadora?, ¿primera presidenta de un partido político?, ¿adalid de la defensa de los derechos de las humanas y los humanos? ¿Habrías puesto a la República Dominicana en la lista de países presididos por mujeres, o estarías quizás siendo recordada por hacer justicia desde la Corte Penal Internacional contra los peores crímenes cometidos contra la humanidad? De lo que no tengo dudas es de que con tu participación política, con tu militancia, con tu compromiso y tu entrega, nuestro país sería otro, más justo sin dudas, más próspero, más democrático.

Tú, Nina Patria, tendrías 95 años. Y como habrías terminado los estudios de artes plásticas que iniciaste ya adulta y con tres hijos, no es peregrino imaginar la colección de arte que tendrías atesorada. Una colección que terminaría, generosa como eras, exhibida en las paredes de alguno de nuestros museos. Quién sabe si habrías estado en la creación de la Galería de Arte Moderno, apoyando no solo a los artistas sino a todo el que necesitara de tu solidaridad.

Y tú, María Teresa, tendrías 85 años rendidísimos. Serías un referente ético, un ejemplo de que lo extraordinario crece en el compromiso, en la construcción cotidiana y ordinaria de una humanidad más justa y de un planeta cuidado, protegido por todos y todas. Y hasta quizás estarías graduada de ingeniera, tía Teté, preguntándote por qué te otorgaron un reconocimiento por tu integridad y eficiencia como la primera mujer Ministra de Obras Públicas de nuestra historia.

Cuando llega noviembre me gusta imaginar así sus posibles vidas y me gusta aún más imaginar un país distinto, de justicia y equidad gracias al amor, a la lucha y a los aportes que habrían hecho ustedes para hacerlo realidad, luego de haber contribuido a terminar con aquella fatídica época.

Fueron muchas las veces que de pequeños, cuando nos manifestaban admiración por lo que ustedes hicieron, mis hermanos y yo comentábamos por lo bajo: “...aunque hubiéramos preferido que estuvieran vivas”. Claro que no nos referíamos a que estuvieran vivas en su jardín como están ahora, enterradas en este paradisíaco vergel de la casa de Conuco, en este hermoso patio que sembraron entre todas con sus propias manos. No, nosotros las querríamos aquí, vivitas y coleando, ahora. Viejitas y achacosas para poder darles el mismo adiós con el que hace poco despedimos a mamá, a Dedé, la cuarta hermana, la que sacó los cuerpos de ustedes de la morgue y trepada con los tres féretros en la cama de un camión, gritó y voceó como trueno de búfalo a los cuatro vientos “¡Trujillo asesino!”. La que luego dedicó su vida entera a contar la historia de ustedes, sus hermanas, a todas las horas de todos los días, en todos los rincones de la casa y del jardín, del barrio y del pueblo, del país y del mundo. Dedé, inmensa en su heroicidad de impedir que nos olvidáramos de ustedes, de lo que les sucedió, de lo que costó a nuestra familia, a nuestro país y a todo nuestro planeta que las asesinaran. Gracias, mamá, esta carta también es para ti.

El pasado domingo, en Guazumal, en el monumento levantado a orillas del precipicio por donde fueron lanzados sus cuerpos tomé la decisión de escribirles esta carta en nombre de los hombres y mujeres que hoy somos sus hijos e hijas. En ese lugar -que quisiera tener el poder de borrar de este planeta- volví a sentir la misma culpa irracional de cuando siendo niña me decían que si hubiéramos ido mis hermanitos y yo quizás no las habrían asesinado porque la orden del crimen especificaba que solo se cometiera si iban menos de seis ocupantes en el vehículo. Debí pronunciar unas palabras que se atropellaron en mi garganta, que pugnaban por dejar salir del centro de mi corazón esa compulsión un poco infantil de pedirles a ustedes perdón por no haber estado ahí en el momento en que les quitaban la vida. En el momento en que poquito a poco iban quedándose sin ánimo para seguir buscando la próxima bocanada de aire. En el momento del ultimo pensamiento, de la última tentación.

¿Cuál fue ese último pensamiento Aída Patria Mercedes Mirabal? ¿Cuál fue el tuyo Antonia María Teresa Mirabal? ¿Cuándo las estaban matando, cuál fue tu última tentación, Minerva Argentina Mirabal?

¿Qué quisiste tú, mami, cuando, estrangulada y rota a palos como estabas, resucitaste de entre tus hermanas muertas ya, y tuvieron que arremeter de nuevo contra ti solita para liquidarte de una buena vez a palo limpio? ¿Quisiste pintar? ¿Verte vieja? ¿Quisiste reír? ¿Volver a ser niña? ¿Quisiste cambiarte el vestido y ponerte tu boina negra de guerrillera? ¿Quisiste haberte quedado a dormir en Puerto Plata? ¿Quisiste tenernos en tus brazos a mí y a mi hermano? ¿Quisiste a papi a tu lado? ¿O quisiste estar sola, sin nadie, sin tus hermanas, para que todo te estuviera ocurriendo solo a ti? ¿O estar leyendo en la mesita verde y blanca de la cocina de Ojo de Agua donde yo aprendí a leer libros gordos y extensos para acercarme a ti? ¿Quisiste tener superpoderes, para salir de ahí y regresar a casa con vida? ¿O, por el contrario, quisiste putearte a todos tus asesinos y cuando estuvieran chorreando su propia cobardía partirles la nuca a patadas? ¿Cuál fue, Minerva Mirabal, tu última tentación en el momento del temblor final y la mirada trémula? ¿Vivir?

Vivir.

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https://www.diariolibre.com/actualidad/la-ultima-tentacion-OA22888978

Patria, Minerva y Maria Teresa: La lucha sin tregua por la libertad y la democracia

HERMANAS MIRABAL


Patria, Minerva y Maria Teresa: La lucha sin tregua por la libertad y la democracia

Las muchachas

Terror y gineceo

Resistencia y compromiso

Violencia política, violencia de género

Margarita Cordero - 24/11/2020, 02:00 PM

$!Patria, Minerva y Maria Teresa: La lucha sin tregua por la libertad y la democracia
Las hermanas Mirabal serán siempre el estimulante y necesario ejemplo de entrega a la patria en el que abreva el sentimiento colectivo de justicia. 

A petición del Ministerio de la Mujer, encabezado por Mayra Jiménez, la periodista e investigadora Margarita Cordero reflexiona sobre la faceta más política de la lucha de las hermanas Mirabal.

El 25 de noviembre de 1960, la simbología patriótica dominicana se nutrió de tres nombres luminosos: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. Ese día, sobre el puente de Marapicá, en Puerto Plata, la historia contemporánea nacional comenzó a escribirse de otra manera. Sobre sus renglones torcidos por treinta años de una feroz dictadura, tres mujeres imprimieron el mensaje de la imposible vuelta atrás. A partir de ese momento, la dictadura trujillista empezó a dar sus últimos y definitivos coletazos.

Las hermanas Mirabal serán siempre el estimulante y necesario ejemplo de entrega a la patria en el que abreva el sentimiento colectivo de justicia. Pero su sacrificio no fue fortuito ni materialización de un exabrupto vesánico del dictador Rafael Leónidas Trujillo. El 25 de noviembre de 1960 estuvo precedido por un largo tiempo de maduración política que, pese al riesgo del embate del terror, las condujo a una militancia activa y a convertir en hechos las palabras. Militancia clandestina a la que unieron una firme resistencia cívica y moral a las humillaciones infligidas a la sociedad por el poder omnímodo del tirano. Por una y otra razones, su norte no podía ser otro que el derrocamiento de la dictadura.

La comunidad de Ojo de Agua, en la bucólica Salcedo de las tres primeras décadas del pasado siglo, vio nacer a Patria (1924), Minerva (1926) y María Teresa (1935), hijas del matrimonio formado por Mercedes Reyes Camilo (Doña Chea) y Enrique Mirabal, que en 1925 habían también procreado a Bélgica Adela (Dedé). Única sobreviviente, Dedé consagraría su vida a enaltecer la memoria de las heroínas. En una entrevista con la cineasta chilena Cecilia Domeyko, explicará su decisión con un juicio que atañe, más que a los afectos, al valor de la memoria histórica: “Cuando alguien me pregunta, ¿pero por qué haces esto?, le digo: el sacrificio de ellas sí fue grande porque dieron sus vidas. Ellas están vivas, están por ahí. Yo sí voy a desaparecer dentro de un tiempo, pero ellas no. Ellas van a seguir”.

Familia de agricultores acomodados, los Mirabal-Reyes gozaban de la estima de su comunidad. A su contacto con los centros urbanos aledaños atribuyen algunos analistas el temprano sentimiento antitrujillista y el interés en la cultura de las hermanas, especialmente de Minerva quien, con el correr del tiempo, se convertirá en la indiscutible lideresa del movimiento clandestino contra la dictadura.

Los estudios en el Colegio Inmaculada Concepción, de La Vega, al que asistía junto a sus hermanas Patria y Dedé, permitieron a Minerva establecer los primeros contactos con personas disidentes del régimen. Roberto Cassá señala a Brunilda Soñé, su condiscípula, como la persona que influenció las primeras ideas políticas de Minerva, a quien cuenta sobre la represión de los opositores y suministra ejemplares de los periódicos El Popular y Juventud Democrática, editados en la clandestinidad por el Partido Socialista Popular, el primero, y el segundo por la organización homónima.

Hasta entonces, la aversión de Minerva a la dictadura discurría en el plano íntimo. En el hogar donde sus padres, sin ser políticos, nutrían a sus hijas de principios sobre la dignidad de las personas; y en el círculo de amistades, básicamente femeninas, educadas en ideas similares. Según sus biógrafos, su encuentro en 1949 con Pericles Franco, un joven antitrujillista miembro del Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática que había guardado prisión, ensanchó el horizonte político de Minerva. El matrimonio de Patria con Pedro González, un pequeño terrateniente adversario de la dictadura, incorporará a la familia Mirabal-Reyes un nuevo aliado en sus sueños de revertir el clima de opresión que asfixiaba a la población y agotaba sus energías vitales.

Para las actuales generaciones, beneficiarias de las luchas contra la dictadura de Trujillo de las cuales las hermanas Mirabal son íconos, el sistema de terror político y social vivido por el país durante treinta un años es inimaginable. El cercenamiento de las libertades más elementales se apoyaba en una permanente exaltación de la figura de “el Jefe”. En el discurso de la dictadura, el poder del dictador era asimilable al de Dios (Dios y Trujillo, Dios manda en el cielo y Trujillo en la República Dominicana); sustituía la autoridad hogareña (En esta casa Trujillo es el Jefe), y encarnaba la nación (En esta casa Trujillo es símbolo nacional).

Contra este clima de sofocación social e individual, germinaron y se desarrollaron las inquietudes políticas de las hermanas Mirabal, particularmente de Minerva y María Teresa, únicas de las cuatro en cursar estudios en la hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo; la primera en Derecho y, la segunda, en Arquitectura, carrera que no finalizó, aunque sí obtuvo el título de técnica en Agrimensura.

El orden político de la dictadura reforzaba la ideología conservadora que recluía a la mujer en el gineceo simbólico de una restrictiva moral social. Su papel era el de esposa y madre. Desde los primeros años de la dictadura, Trujillo se propuso cooptar el hasta entonces pujante movimiento feminista, transformándolo progresivamente en instrumento de legitimación del régimen. Tras el primer ejercicio del voto en 1942, derecho concedido dos años antes, la acción feminista dominicana se disolvió. Como afirma la historiadora Quisqueya Lora, “Una vez alcanzada esta conquista (el voto) la mayoría de las mujeres activistas se esfuman del panorama político dominicano dejando el terreno a las cabilderas trujillistas” .

Mientras que la prédica ideológica, teñida de marianismo, propugnaba un modelo femenino virginal, las prácticas sexuales depredadoras del dictador hacían pender sobre cada dominicana la amenaza de violación. Mitologizadas, estas prácticas instalarían a Trujillo en el imaginario colectivo como “el gran macho nacional”, cuyo “ejemplo” enrarecía las relaciones sociales de hombres y mujeres.

En distinto grado debido a la condición particular de cada una de ellas, las Mirabal-Reyes subvirtieron los estereotipos femeninos del trujillismo al trascender lo doméstico e involucrarse con lo público, recuperando a la mujer como sujeto histórico y, por ende, su quehacer transformador de lo social. En su caso particular, Minerva desarticuló el mito de Trujillo como dueño incontestable de los cuerpos de las mujeres dominicanas, al rechazar las pretensiones sexuales del dictador. Pretensiones utilizadas, generalmente con intimidación, no solo para inflar su ego, sino también como eficaz mecanismo de humillación de hombres y mujeres.

Sin que pueda ser considerado el factor determinante en el trágico destino de las hermanas Mirabal, el rechazo del abordaje sexual del dictador expresado por Minerva en una fiesta celebrada en San Cristóbal en 1949, contribuyó a exacerbar el “furioso odio” de Trujillo contra ella y su familia. En la ocasión, también habría abogado a favor del joven opositor Pericles Franco, aumentando la irritación del dictador . Minerva infligía un doble golpe del régimen encarnado en Trujillo: demostró que el derecho autoasumido del dictador sobre el cuerpo de las mujeres no era absoluto y reivindicó el derecho a existir y expresarse de la disensión política.

Las consecuencias de este rechazo comenzaron pronto a gravitar sobre los Reyes-Mirabal. Con pretextos diversos, Enrique Mirabal fue apresado varias veces, la última en 1951. Habiendo viajado a la capital, donde se encontraba el detenido, Minerva y su madre doña Chea fueron apresadas a su vez y recluidas en un hotel de la ciudad. Tras ser puestos los tres en libertad, el acoso del régimen no daría tregua a Minerva. Estudiante brillante, se vio negada la reinscripción en el segundo año de la carrera de Derecho y, cuando logró finalizarla tras incontables avatares , no se le expidió el exequátur para su ejercicio.

Las adversas circunstancias y persecución a que fueron sometidas ella misma y su familia, no disminuyeron los arrestos patrióticos de Minerva, como tampoco los de María Teresa, su joven hermana, a quien la unía un profundo cariño y la complicidad en la militancia clandestina. Tampoco decreció en aquel tiempo su voluntad de formación intelectual, en la que se empeñó con denuedo, llegando a ser considerada una de las mentes más lúcidas de la juventud de la época.

Minerva contraerá matrimonio con Manolo Tavárez Justo en 1955, y María Teresa con Leandro Guzmán en 1958. Ambos esposos compartían con ellas el sentimiento antitrujillista. La apacibilidad de sus vidas cotidianas, Manolo y Minerva en Montecristi, y Leandro y María Teresa en la capital, apenas lograba contener la determinación de ir mucho más allá de la crítica asordinada por las paredes.

El triunfo de la revolución cubana encabezada por Fidel Castro hará crecer en Minerva el convencimiento de que la República Dominicana no podía ser la excepción en la lucha latinoamericana contra las dictaduras. Antes que Fulgencio Batista en Cuba, habían sido derrocados Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela, y Gustavo Rojas Pinilla, en Colombia, y en América Latina y el Caribe bullían las luchas sociales. Solo en el país la democracia parecía no encontrar su camino.

Un poema acróstico no datado escrito por Minerva en honor a Castro revela la influencia que las ideas revolucionarias del líder revolucionario ejercían sobre su visión de la política. Diversas fuentes afirman que a principios de enero de 1959, y bajo el influjo de la victoria guerrillera cubana, Minerva aprovecha una reunión festiva en casa de unos amigos, en la que se encontraban Manolo, Leandro y María Teresa, para proponer la organización de un movimiento político de alcance nacional que lograra el derrocamiento de la dictadura.

Logrado el respaldo de los asistentes, Minerva se traslada de Montecristi a la casa materna en Ojo de Agua para tejer una red de contactos y células clandestinas, mientras que desde Montecristi Manolo hará lo mismo en el Cibao. El desembarco el 14 junio de ese año de un grupo de patriotas procedentes de Cuba, y la saña con que fueron masacrados, se convierte en catalizador de una notoria corriente antitrujillista en el seno de la juventud, que será aprovechada por Minerva para lograr ampliar el número de personas comprometidas con el proyecto.

El 9 enero de 1960, los principales dirigentes del movimiento sostuvieron una primera reunión de coordinación en la casa de Patria, en Conuco, y, al día siguiente, tiene lugar una segunda en Mao para dejar definitivamente constituido el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, nombrado así en honor a la gesta expedicionaria. Los reunidos adoptaron como programa el enarbolado por el Movimiento de Liberación Dominicana , organizador del desembarco de Constanza, Maimón y Estero Hondo. Tanto el nombre como el programa fueron presentados por Minerva. Al momento de elegir la presidencia, las primeras propuestas recayeron en ella, siendo desestimadas por la mayoría con el argumento de que “no podía ser una mujer por los riesgos de tortura y muerte que entrañaba” . Todo a contrapelo de su principalía en el reclutamiento y organización de militantes, en la orientación político-ideológica del movimiento y a que, como dijera Carlos Bogaert, uno de los principales activistas, fue ella el motor de la decisión política de su compañero. Minerva aceptó su exclusión no sin antes refutar los alegatos contrarios a que asumiera la dirección del movimiento y exigir ser parte de la directiva. La presidencia fue ocupada por Manolo.

La traición de uno de los conspiradores desató a mediados de enero 1960 la violencia desbocada del régimen. En pocos días, más de 300 de ellos fueron detenidos. El 21 es apresada María Teresa; al día siguiente, Minerva y, en las horas subsiguientes, Dulce Tejada, Asela Morel, Miriam del Valle, Fe Ortega y Tomasina Cabral. Liberadas el 7 de febrero y reapresadas el 18 de marzo, son juzgadas y condenadas a treinta años de prisión, reducidos a cinco en la instancia de apelación.

Empero, el deterioro del clima político y económico interno, el cerco internacional y la toma de posición contraria de la Iglesia católica (aliada incondicional de Trujillo hasta entonces) pusieron a la dictadura contra las cuerdas. En una carta pastoral leída en todos los púlpitos católicos el 31 de enero, la Iglesia pidió la intervención de Trujillo para evitar los excesos. En marzo, el dictador, que poco antes fue declarado “Primer Altagraciano de la República”, respondió positivamente el reclamo de la Iglesia ; en nombre de esta supuesta condición devocional se comprometió a “interceder” a favor de las mujeres apresadas, no así de los hombres.

Fuera de la cárcel, Minerva y María Teresa, reforzadas por Patria, no desmayaron en alentar al movimiento antitrujilista a continuar la lucha para terminar con la dictadura y construir un nuevo orden político. Minerva reasumió el mando del movimiento y desplegó un febril activismo para reorganizar las fuerzas dispersas en todo el país. Sería este irreductible trabajo político lo que llevó a Trujillo a confesar a sus íntimos que sus únicos problemas internos eran “las Mirabal y la Iglesia”. No le faltaba razón.

El asesinato de las hermanas Mirabal, cuyas circunstancias viven en la memoria del pueblo dominicano, marcó el punto de no retorno en la lucha por la libertad y contra Trujillo, ajusticiado apenas siete meses después por un grupo de conjurados, varios de ellos de su círculo más íntimo.

El impacto social y político del asesinato de las hermanas Mirabal se hizo patente el día del sepelio. Pese a que tropas del Ejército, contingentes policiales e incontables miembros del Servicio de Inteligencia Militar cercaron el municipio de Salcedo, el pueblo asistió multitudinariamente a rendir honores a las Mirabal, en la que se considera la mayor manifestación de repudio popular contra el régimen trujillista.

En 1981, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que tuvo lugar en Bogotá, Colombia, mujeres de todos los países de la región acogieron la propuesta de la delegación dominicana de elegir el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres. En 1999, las Naciones Unidas designan esa misma fecha como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, apelativo con el cual se celebra desde entonces en todo el mundo.

Si bien durante la dictadura más hombres que mujeres fueron asesinados y torturados en las cárceles, la disparidad numérica no desmerece considerar el género como una de las razones del asesinato de las hermanas Mirabal. La militancia de Patria, Minerva y María Teresa desafiaba de manera frontal el andamiaje ideológico patriarcal de la dictadura que relegaba a la mujer a los planos más inferiores de la escala social.

La utilización a voluntad del cuerpo de la mujer para satisfacer los apetitos sexuales del dictador formaba parte de esta lógica de opresión-sumisión que convertía su sexualidad humillada en una expresión más del poder omnímodo de “el Jefe”. Como afirma Cassá, la negativa de Minerva acceder a las pretensiones sexuales de Trujillo golpeó fuertemente la autoimagen del dictador, exacerbando su “odio furioso” contra ella. Fue a través de su cuerpo como primero intentó aniquilarla políticamente. Despojarla de su aura de integridad y firmeza. Vencerla.

El trato a las mujeres apresadas tras develarse el movimiento clandestino, ofrece datos para la interpretación de género del uso de la violencia política. Tomasina Cabral, compañera de celda de las Mirabal, narra cómo los esbirros de la cárcel de la 40 la despojaron violentamente de la ropa; los comentarios lascivos sobre su cuerpo desnudo y las amenazas de violación en grupo de que fue víctima. “Él (Candito Torres) gozaba haciendo eso. ¡Era una bestia! quería rebajarme en mi dignidad para con evidente placer aplicarme la picana eléctrica en los senos y luego en el vientre; era un corrientazo y también quemaba la piel. Hicieron cínicos comentarios sobre mi figura” .

Transgresoras del orden político y patriarcal de la dictadura, las hermanas Mirabal constituyen un ejemplo de resistencia a la conculcación de las libertades y la vulneración de los derechos humanos por el poder pero, también, de lucha por el derecho de las mujeres a ser sujetos de la Historia.

https://www.diariolibre.com/actualidad/patria-minerva-y-maria-teresa-la-lucha-sin-tregua-por-la-libertad-y-la-democracia-KA22888233


miércoles, 12 de septiembre de 2018

miércoles, 23 de mayo de 2018

Adiós a 7dias.com.do | por MARGARITA CORDERO |

Adiós a 7dias.com.do



Periodista Margarita Cordero

No hubiera querido nunca escribir el epitafio de 7días, porque es hacerlo sobre la muerte de un sueño personal.  Pero me lo pidió, y creo que desde el hondón del alma desde el cual también escribo, una persona de esas a las que digo “primero eres mi amigo y, después, lo que te dé la gana”.
Esa persona es José Ramón Brea, a quien, con genuino orgullo, considero amigo. Sí, puede ser lo que le dé la gana; desde el presunto socio de la Sun Land hasta el dueño de 7días que me permitió denunciar, sin antes advertírmelo ni luego censurarlo, pese a tener intereses propietarios, el espurio negocio con Bahía de las Águilas que había montado César Pina Toribio mediante un “acuerdo transaccional” con los depredadores.  Gracias a esta denuncia, este bien público canibalizado por la corrupción volvió a las manos del Estado, su legítimo dueño. Como tampoco se dio nunca por enterado de mi visceralidad contra un político al cual lo unen profundos y viejos afectos personales.  Es mi amigo, y por él escribo.
Cada vez son más escasos los espacios en los cuales poder decir lo que pensamos. Hasta hoy, cuando cierra para siempre, 7días ha sido uno de ellos. Su mudez funeraria se agrega al silencio de otras voces que han luchado por un periodismo digno y han sido contrapeso del poder. Duele e inquieta. No le pregunté a José Ramón Brea por qué ha tomado la decisión de cerrar a 7días, pero lo imagino. Puedo o no estar de acuerdo, igual lo lamento, aunque sirva de nada.
Cuando en el 2007 Félix Calvo me hizo parte del proyecto de este periódico digital, me enfrenté a un reto que puso en tensión todas mis capacidades. Era el tiempo en que comenzaban a surgir los medios en la Red, y andábamos a tientas. Fuimos poco a poco construyendo un espacio y 7dias se convirtió en referente. No fue fácil, pero lo logramos.
Años después, los avatares hicieron que 7días cambiara de dueño. Mis incertidumbres de entonces fueron muchas. El adquiriente no venía precedido de buena fama. Pero, una vez más, la realidad demostró ser más rica que los esquemas: nunca, absolutamente nunca, 7días sufrió ni por asomo, mientras lo dirigí, la censura directa o indirecta que el prejuicio podía anticipar. Doy testimonio agradecido de ello.
Me fui de 7días hace casi tres años. Durante ese tiempo, lo he mirado con los ojos de la madre que sabe y acepta que su hijo es un pájaro de libre vuelo y que el camino del cambio es (debería ser) cada día menos largo. Wilkin Amador supo siempre hacer lo que correspondía y abonó el futuro. Y yo me regocijé.
Sufro que 7días desaparezca del universo mediático. Deja un hueco que, con toda seguridad, ocuparán quienes no merecen ni siquiera existir. Esa parece ser la ley inexorable del mercado canalla. No hay que resignarse, sin embargo. No hay que dejar que la largura del túnel nos impida ver la luz que nos espera a su final. En eso creo y confío. En eso creyó y confió siempre 7días. En eso debemos seguir creyendo y confiando todos y todas. Aunque parezca iluso, resistir es vencer.
http://www.7dias.com.do/destacada/2018/05/22/i243758_adios-7dias-com.html#.WwVUGYjwbIU

domingo, 11 de octubre de 2015

La OISOE y el béisbol (1) / por Margarita Cordero

La OISOE y el béisbol (1)

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Nunca sabremos si al momento de dispararse a la sien en un baño de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado, al arquitecto David Rodríguez García le pasó por la mente que la bala de su pistola estallaría con fuerza devastadora en la red de corrupción que lo hizo presa. Mas ese ha sido el resultado: de las alcantarillas de la institución ha comenzado a salir toda suerte de inmundicias, asqueando hasta la náusea a una buena parte de nosotros.
Quizá por primera vez en mucho tiempo, la sociedad dominicana se enfrenta de manera tan dolorosa al vínculo público entre David Rodríguez-Garcíacorrupción y tragedia personal. El conmovedor drama de Rodríguez García explicaría, en buena medida, por qué los resortes de la opinión pública se han disparado con tal fuerza frente a una práctica, la corrupción, que ha venido siendo tolerada, cuando no aprovechada, por otros sectores ajenos al sistema político.
Su nota denunciando los nombres de quienes lo condujeron, mediante la extorsión y el chantaje, a decisión tan extrema, es apenas la punta del iceberg. El témpano al que esta punta pertenece no ha sido tocado aún. Quizá no lo sea nunca. Nuestra historia del último medio siglo testimonia de la impunidad de la clase política y no abona la esperanza.
Mas en lugar de hacer de las propicias circunstancias un uso social productivo; uno que permita, aunque sea, poner pequeños frenos a la corrupción endémica y llevar a la cárcel a sus responsables, grandes y pequeños, estamos asistiendo en los últimos días a la dilución de esta posibilidad en un mar de chismografía barata que distrae del meollo del problema. En esta operación de distracción, sea o no intencional, juegan un notorio papel algunos “líderes opináticos”, que no son otra cosa que ese “tipo de actor a caballo entre la comunicación y la política…” que define con tanto acierto Félix Ortega, un implacable estudioso español del fenómeno mediático.
Ortega sabe poner al desnudo el alma del periodismo que ejerce el “opinático”: “El periodismo que aspira a dirigir la sociedad es fácilmente reconocible por la utilización masiva de dos recursos que sustituyen radicalmente a la información: la charlatanería y la opinión infundada (…). En vez de atenerse a lo que se sabe (en el caso de que se sepa), se procede en orden inverso: se recrea todo un universo de posibilidades (verosímiles pero improbables) acerca de lo que ha sucedido”.
Si una piensa en el entramado corrupto de la OISOE –y de cualquiera otra institución pública— y se lo imagina como una hidra de siete cabezas, no fantasea. Cortas una y le renace. Para poner coto a la reproducción de la corrupción, tenemos descabezarla de tajo y sin tregua. Y eso, entiendo yo, solo se logra con una ciudadanía empoderada, movilizada, informada. En la calle. No con cherchas banales que buscan efectos públicos más pasionales que racionales, que es táctica consuetudinaria de todo charlatán.
Tomado de: http://perdonenlamolestia.com/2015/10/
Viernes, 9 de octubre de 2015. SANTO DOMINGO

La carta de Miriam Germán / por Margarita Cordero

La carta de Miriam Germán  
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El acoso del juez Frank Soto a la jueza Miriam Germán no es fruto –o no tan solo- del sexismo, pedestre e irreprimible, que signa la cultura masculina. Su origen más arraigado es una visión del poder que exige la sumisión como condición de existencia de sus sometidos.
Una frase dicha por Soto sobre Germán revela sin equívocos lo que subyace a su ira: “Esa mal agradecida no era la persona adecuada para que la asignaran en este cargo”. Soto no reprocha la supuesta o real incompetencia de la magistrada, sino su insubordinación a las directrices implícitas de quienes manejan los hilos del entramado judicial.
(Tomada de Acento/ Orlando Ramos)
(Tomada de Acento/ Orlando Ramos)
No descalifica a Germán en el plano jurídico, que incluiría, por ejemplo, endilgarle una mala aplicación de las leyes. Le enrostra desagradecimiento. ¿A quién desagradece? Quizá a Leonel Fernández, quien presidió el Consejo Nacional de la Magistratura en el que ella fue electa. En el imaginario propio y en el de sus secuaces, Leonel Fernández era un padre que repartía premios y castigos. La lealtad era, sigue siendo, la retribución natural esperada por los primeros; el ostracismo, la consecuencia de los segundos.
En eso parece pensar Soto cuando denuesta a Germán. Cuando traspasa todo límite del irrespeto, que se exacerba cuando la jueza disiente del criterio de la mayoría, como ella misma escribe. Soto quiere no una jueza, sino una ilota. Alguien que no perturbe la placidez de las complicidades. Que simplemente asienta para “salvaguardar” la imagen de la Justicia, tan motu proprio devastada que no necesita de la divergencia de una jueza para ser peor.
Soto reclama la unanimidad o, en su defecto, el silencio. “Este tribunal tiene por todos lados cuestionamientos de personas mal intencionadas y Usted con sus votos nos echa un cubo de lodo”, le espeta a Germán. El retorcimiento es conocido: pone sobre los hombros de la aludida la pesada carga moral de preservar la integridad del grupo. La culpabiliza del menoscabo. Así que vote según la mayoría, no según su libre interpretación del acto enjuiciado, anúlese, es lo que le dice Soto a Germán. Él nunca se detendrá a pensar en el porqué de los cuestionamientos al tribunal. Le basta con saber que quienes lo hacen son personas “mal intencionadas”; es decir, perversos, como la desagradecida Germán. El autoritarismo deja muy pocas cosas en la indefinición.
¿Actuaría Soto de la misma manera frente a un hombre? Casi con toda seguridad sería menos virulento, pero creo que lo haría. La cólera la provoca que el otro o la otra no chapotee en las mismas turbias aguas. Que no se ajuste a los deseos orwellianos de unanimidad. Que salga ideológica y éticamente inmune de esa “habitación 101” en la que el Poder político se esfuerza en convertir a la sociedad dominicana.
Tomado de: http://perdonenlamolestia.com/2015/10/page/2/
Miércoles, 7 de octubre de 2015. SANTO DOMINGO

martes, 11 de agosto de 2015

Según el 911, otorgan "permiso especial" para violar la ley a grupo religioso

Según el 911, otorgan "permiso especial" para violar la ley a grupo religioso

SANTO DOMINGO (R. Dominicana).-  El pasado sábado, y en nombre de la fe religiosa, la Iglesia Monte de Dios desesperó por varias horas a los residentes frente al Parque Mirador, en Bella Vista, con la ensordecedora algarabía de sus “alabanzas”. La tecnología puesta al servicio de la muy particular prédica de los organizadores de la actividad en la mal llamada “avenida de la Salud”, logró estremecer las paredes de los edificios,incluso de los de arquitectura antisísmica.
La asociación de administradores y propietarios del sector, todavía en gestación pero con numerosísimos dispuestos a echarla adelante, se ha hecho eco de las quejas que no solo están dirigidas contra el “pastor”  Miguel Bogaert Portela, sino contra un sistema de emergencia 911 que se hizo el sordo frente a los reclamos de los vecinos, tan exasperados como impotentes.
Pastor Bogaert Portela
Pastor Bogaert Portela
Según lo comunicado a una de las quejosas por un operador del 911, la actividad de la Iglesia Monte de Dios tenía un “permiso especial”. No entró en detalles ni en otras explicaciones. Difícil hacerlo cuando ese “permiso especial”  daba carta blanca a los religiosos para burlar la ley, tan drásticamente aplicada a colmaderos barriales, a quienes no solo se les obliga a bajar los decibeles de su ruido sino que se les incautan y destruyen los equipos.
Según lo comunicado a una de las quejosas por un operador del 911, la actividad de la Iglesia Monte de Dios tenía un “permiso especial”.
Paradójico también porque precisamente este fin de semana, cuando Bogaert Portela y los fieles de su iglesia rebelaban los espíritus de los vecinos del parque Mirador, el ministro de la Presidencia Gustavo Montalvo se reunía con los miembros del Comité de Ruidos “para definir el plan de acción que busca prevenir y mitigar los efectos de la contaminación sónica”.
En la reunión se discutió un protocolo –mandatorio para todas las instituciones miembros del comité, entre ellas la dirigida por el inefable Roberto Salcedo, es decir, el Ayuntamiento del Distrito Nacional— para otorgar permisos para la celebración de eventos y actividades “que pudieran generar contaminación sónica, tanto en las vías públicas como en locales privados”.
Dado que el sistema de emergencia 911 no acudió a poner orden en el mayúsculo desorden del sábado, hay que creer en la veracidad de la información sobre el “permiso especial”, quién sabe otorgado por quién. Y convenir que las autoridades son cómplices de la violación de una ley frente a la cual, dice la Constitución en el numeral 1) del Artículo 39, todos los dominicanos y dominicanas son iguales.
En el estilo y tono vociferante adoptado por los predicadores evangélicos, Bogaert Portela abogó por la eliminación de los ministerios de la Mujer y de la Juventud para dar paso al Ministerio de la Familia. En esa tónica, calificó de “aberrante” el proyecto de Ley de Educación Sexual y Reproductiva que cursa en el Congreso y reclamó la vuelta a “los valores” de la familia dominicana. Al parecer, el respeto a la ley, a la privacidad y a la tranquilidad de las personas está fuera de la escala de “valores” definida por la Iglesia Monte de Dios. http://www.7dias.com.do/portada/2015/08/10/i194356_segun-911-otorgan-permiso-especial-para-violar-ley-grupo-religioso.html#.VcnYk_l_Oko

viernes, 17 de julio de 2015

Generosidad vs. plusvalía | MARGARITA CORDERO

Generosidad vs. plusvalía

Si un “argumento” ha sido repetido hasta el hartazgo cuando determinados sectores abordan el “tema haitiano”, es el de la solidaridad ejercida por el país con su desventurado vecino. Contrariando el precepto evangélico de la caridad, que manda que  la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, sus sustentadores encuentran un placer casi erótico en enrostrar a los haitianos nuestra magnanimidad y, a la par, su desagradecimiento.
Situar el diferendo en este plano describe muy gráficamente la incapacidad de una parte de la sociedad para pensar de manera razonable (no digo racional, que es otra cosa). Y no aludo al desbordado antihaitianismo, para mi detestable, que puede ser entendido si echamos una mirada a la perturbadora construcción de nuestro etos. Tiene que ver, simplemente, con no poder situarse en un plano que permita otro tipo de alegaciones más digeribles.
Esa mano de obra es la que ha levantado una parte importantísima de este “desarrollo” del que nos vanagloriamos
Porque hablar de “generosidad”, como incluso lo hace de un tiempo a esta parte el discurso oficial, es perder de vista los procesos históricos de los que esta sociedad es fruto. Es querer soslayar (o quizá ignorar porque nuestra propia historia nos es ajena) que la inmigración haitiana “masiva” comenzó en el siglo XIX y permitió a la industria azucarera local producir plusvalía que no solo enriqueció  a determinadas familias, sino al Estado dominicano mismo. Es la sobreexplotación de la mano de obra haitiana la que sustenta hasta más  menos los años ochenta del pasado siglo, el crecimiento de una economía agroexportadora, que la emplea ya no solo en la caña sino también en otros cultivos fundamentales y, desde más recientemente, en el sector de la construcción, de crecimiento tan vertiginoso como sospechoso. Esa mano de obra es la que ha levantado una parte importantísima de este “desarrollo” del que nos vanagloriamos.
Cierto es que una considerable cantidad de inmigrantes haitianos, mayoritariamente indocumentados hasta este junio,  accede a los precarios servicios sociales que ofrece el Estado dominicano a su propia población.  Esto les permite a los alegadores de la “generosidad” –especie de indulgencia celestial para nuestros pecados— hablar  de cuánto representan estas prestaciones en el presupuesto nacional. Mas soslayan sistemáticamente contabilizar la aportación de la sobreexplotación histórica de la mano de obra haitiana al producto interno bruto. Si lo quisieran e hicieran, podrían establecer con mayor precisión hacia dónde se mueve el fiel de la balanza. Si lo quisieran e hicieran, también, podrían encontrar datos esclarecedores en fuentes documentales al margen de toda sospecha de voluntad “fusionista”.
El ritornelo de la generosidad podrá servirles a algunos como baremo de supuesta superioridad moral, cuando no política, pero su eficacia persuasiva es dudosa en un mundo en el que la beneficencia mediática es el pan de cada día. Apelar a ella en detrimento de argumentos más sensatos a favor de políticas migratorias adecuadas es una pérdida de tiempo y de inteligencia.
http://www.7dias.com.do/editorial/2015/07/14/i192580_generosidad-plusvalia.html#.VakHePl_Oko