SERVICIO DE NOTICIAS en favor de la democracia participativa, el desarrollo humano, la paz, el medio ambiente y la cultura.- Santo Domingo, República Dominicana / Luis ORLANDO DIAZ Vólquez - OPINIÓN, NOTICIAS Y COMENTARIOS. Haciendo de la lucha contra la pobreza un apostolado templario./ email: guasabara.editor@gmail.com - http://www.facebook.com/GuasabaraLUISorlandoDIAZ - @GUASABARAeditor
José Rafael Abinader: Un Pilar en el Gobierno Constitucionalista de 1965
José Rafael Abinader, padre del actual presidente Luis Abinader, es una figura emblemática en la historia política de la República Dominicana. Su papel como Ministro de Finanzas durante el Gobierno Constitucionalista de 1965, liderado por el coronel Francisco Alberto Caamaño, fue fundamental para la preservación de los bienes privados y públicos en una época de gran turbulencia política y social.
Hoy, el presidente Luis Abinader rinde homenaje a los héroes de la Revolución de Abril del 65, una gesta que defendió con firmeza nuestra democracia y soberanía. En su mensaje, recuerda con profundo respeto el compromiso con el que su padre sirvió como Ministro de Finanzas del Gobierno Constitucionalista. Su integridad y entrega siguen siendo ejemplo.
Abinader no solo se destacó por su capacidad para mantener la estabilidad económica en tiempos difíciles, sino también por su integridad y transparencia, cualidades que le ganaron la confianza de la población. Su gestión en el Ministerio de Finanzas fue un ejemplo de compromiso y dedicación al servicio público, asegurando la protección de los recursos del país en un momento crítico.
A lo largo de su carrera, Abinader ocupó varios cargos importantes, incluyendo Secretario de Finanzas en diferentes periodos, Contralor General de la República Dominicana, y senador. Cada uno de estos roles fue desempeñado con la misma dedicación y ética que caracterizaron su tiempo como Ministro de Finanzas.
La figura de José Rafael Abinader es un testimonio de la importancia de la integridad y el compromiso en la política. Su legado continúa inspirando a las nuevas generaciones de líderes en la República Dominicana, demostrando que el servicio público puede ser una fuerza para el bien en tiempos de incertidumbre.
24 de abril de 2025. SANTO DOMINGO, República Dominicana.
Hoy rendimos homenaje a los héroes de la Revolución de Abril del 65, una gesta que defendió con firmeza nuestra democracia y soberanía.
Recuerdo con profundo respeto el compromiso con el que mi padre sirvió como ministro de Finanzas del Gobierno Constitucionalista.
Un día como hoy, 24 de abril de 1965, el pueblo dominicano alzó su voz y su fuerza para defender la democracia. La Revolución de Abril, liderada por Francisco Caamaño, fue un acto de valentía para restablecer el orden constitucional. Honramos su legado con orgullo. pic.twitter.com/B5WtXu1IMm
— Presidencia de la República Dominicana (@PresidenciaRD) April 24, 2025
A las tres de la tarde del 24 de abril de 1965, miré a mi alrededor, como si despertara de un ensueño, y me encontré parada en el Parque Independencia, bajo un sol candente, ¡y con un paño de cocina en la mano!
Asombrada, confusa, busqué en mi interior el recuerdo que explicara la situación extraña.
Mi memoria respondió a ese llamado, y lentamente, recuperé los antecedentes de lo que pasaba.
Había estado oyendo la radio mientras fregaba los trastes sucios del almuerzo, cuando la voz inconfundible de Peña Gómez irrumpió en las ondas hertzianas. Llamaba al pueblo a apoyar la insurrección de los militares Constitucionalistas que acababan de rebelarse contra el Triunvirato, exigiendo la “vuelta a la Constitucionalidad” o sea, el retorno de Juan Bosch a la presidencia, de la que fue vilmente despojado el 25 de septiembre de 1963.
Los que conocieron a Peña Gómez, saben que su voz potente, de cálido tono, vibrante, sugestiva, era una de las más poderosas y magnéticas facetas de su liderazgo.
Al escuchar su llamado apremiante, sus argumentos del porqué y para qué nos convocaba, algo así como una ráfaga de fuego y de aire puro, me sacudió, me elevó, me impulsó, transportada, a salir de la pequeña cocina, mojadas de espuma las manos, que sostenían el trapo de secar, salir de casa, caminar alucinada las calles, y encontrarme en el Parque que empezaba a llenarse de gente.
Agitando el paño húmedo como una bandera, supe en ese momento que la voz de Peña Gómez había anunciado esa tarde la Epopeya.
La palabra siempre es cuna de hazañas. En esa tarde de abril, la proclama ferviente del líder no solo fue cuna, sino madrina amorosa de ese suceso magno que empezó siendo una rebelión contra el dictatorial Triunvirato, para luego convertirse en una heroica guerra de liberación nacional.
Recuerdo esa convocatoria magnifica, y la represento como una fuerza alada. Las alas que Tony Raful atribuye, en un texto insuperable a ese abril hazañoso, con sus utopías a flor de piel; las alas que como a un personaje mitológico impulsaron mis pies hasta el Parque Independencia, para que viera y gozara el primer capítulo de la Revolución, el despertar de la gente que se abrazaba y gritaba recuperando su valor, su decisión.
Luego, vinieron los días duros, las acciones bélicas, las noches oscuras perforadas por tiroteos esporádicos. También, momentos buenos, las cenas franciscanas, por sobrias, en casa; papá, mis cinco hijos, y Barahona, Pujols, Gerardo Marte, comandantes de la Revolución, y amigos de Peña Gómez y míos.
Venía también un extranjero singular Piero Leghese, sociólogo, historiador, escritor, que intimó con mi familia. Años más tarde escribió un libro documentando aunque polémico, sobre la Revolución, en el que menciona esas reuniones.
El empeoramiento de la salud de papá y la ubicación peligrosa de mi casa, me obligaron a iniciar un doloroso periplo que si tengo tiempo escribiré algún día para mis nietos y bisnietos.
La Revolución no triunfó, confinada en sus capitaleñas 20 cuadras habitadas por héroes, heroínas y mártires.
Escribimos con sangre, eso sí, un capítulo ardiente de la historia de una nación ocupada militarmente dos veces en un mismo siglo. La Revolución de Abril nos inscribió en la crónica de las epopeyas de América, el Versainograma a Santo Domingo de Pablo Neruda fue un batir de alas testimonial de solidaridad intelectual que llevó el nombre de nuestro país al mundo entero.
¿Fui yo protagonista? No, en el sentido épico griego. Cabe ese calificativo a Teresa Espaillat, para citar una. Es una guerrera, la admiro y la quiero mucho.
Testigo, sí. Comprometida sí, y creo que fui un poco más lejos. Sentía, siento, un orgullo apasionado por haber compartido un espacio y una época con tantos paladines, y tanta dignidad. Al cumplirse este año el 53 aniversario de la Revolución abrileña, siento emerger de los muñones tristes de los años de olvido, las alas de abril. Esta vez, no me conducen al Parque Independencia, con mi paño estandarte. Ahora me llevan, a sumarme a la lucha contra la corrupción y la impunidad.
Mientras no se controlen, la constitucionalidad sigue en peligro.
Ahora, cuando todos se declaran héroes, especialmente por las redes sociales, no quiero decir esto: “Tomé la fortaleza Ozama”, “Yo era el jefe del Cucaracha 20 cuando la Operación Limpieza”, “Fui de los que atrapó, en San Carlos y con una pistola de juguete, a los tres americanos”.
Además, porque siento que esos días de ayer reclaman un lugar en mi cabeza. Y debo liberarlos. Digo, entonces, que hubo momentos de vacilación. De vergüenza. De duda. Yo no fui un héroe. Pero vi a muchos correr junto conmigo.
Comenzando el mismo 24 de abril, cuando Peña Gómez pidió, por Radio Comercial: “Salgan a las calles: el Triunvirato ha caído”.
Y, junto a César Pérez Núñez y otros salimos de la 21 con Tunti Cáceres, hacia Radio Santo Domingo. Y fui con César hasta la cabeza del puente, donde las masas, con palos, piedras y bombitas molotov esperaron: “¡Que se vaya Donald Reid”! Hasta que aparecieron los aviones, disparando.
Fue allí, por primera vez, cuando salí huyendo con el gentío hasta llegar a la José Martí con Teniente Amado García, donde emergió un tanque que nos paralizó. Disparó hacia el sur y, cuando fuimos a ver, tres policías habían sido impactados en el yip.
Uno de ellos, todavía vivo, giraba rítmicamente su cabeza, perforada por la ametralladora 50. Esto está fuera de control, me dije, estremecido. Y tomé un concho para la San Martín. Al llegar a la esquina 23, frente a la ferretería Americana, entré al banco de sangre y doné, sintiendo que con eso disimulaba mi huida vergonzosa.
Después, participé con César durante varios días en diferentes momentos de la guerra. Hasta que llegó la “Operación Limpieza”, cuando escapamos al ensanche Ozama, que era un remanso de paz.
Estuve allí hasta que vi, junto a un amigo apodado Chanchi, cómo los yanquis, viendo que el 14 de junio se había producido la concentración más grande “que ojos humanos hayan visto”, decidieron bombardear la zona constitucionalista los días 15 y 16, “para ablandar a los rebeldes”.
Entonces, Chanchi y yo partimos la noche en dos y, en plena madrugada del 17 de junio, dejamos un papel en nuestras casas, explicando el porqué de la escapada. Al llegar a la entrada de la Duarte con Caracas, controlada por los yanquis, como éramos dos “carajitos”, nos dejaron pasar.
Así, llegué al comando del “Machete verde”, el PRSC original (que no debe confundirse con una “cosa” que usa hoy esas iniciales).
Estuve en el techo del partido, arriba de la farmacia, en la Palo Hincado con Mercedes y comencé a hacer “yuca” en el techo. Al lado, estaba el comando “El Lobo”, cuyos combatientes, extrañamente, no permitían que nadie se les acercara.
Hasta que supe que debajo del edificio estaba el restaurante “Mario”, cerrado. Los de “El Lobo” habían hecho un hoyo en el techo, desde donde bajaban a degustar los mejores vinos y quesos franceses, el más auténtico jamón serrano y otras fruslerías con aroma burgués.
Habiendo el “1J4” montado la escuela “24 de Abril” en el parque Eugenio María de Hostos, los socialcristianos decidieron apoyar el surgimiento de la “Escuela de comandos de hombres rana”, bajo la dirección de Montes Arache, que funcionaría en el antiguo local del Partido Dominicano (actualmente sede del Ministerio de Cultura). Llegué allí junto a Ramón Hernández, Rafael Isenia, Juanito Fernández y otros, incluidos varios haitianos. Había más de cien hombres.
Y, prácticamente al lado de nosotros, donde luego se instaló el cine “Triple”, estaban los militares paraguayos, que habían llegado a este pacto con los constitucionalistas: “No nos disparen y no dispararemos”. Allí fue donde me tocó pronunciar mi primer panegírico, sobre uno de los compañeros, que no había muerto en combate, sino en el cambio de guardia en el mismo comando.
También allí inventé una escuela para alfabetizar a algunos combatientes, así como repasar las clases de séptimo y octavo, con la colaboración de Tommy Peña, Giovanni Brito, Leopoldo Cross y otros.
La comida era mala, predominando el bacalao con plátano. La avena, en la mañana, se llenaba de moscas. Los tiroteos nocturnos eran habituales, como canciones mudas. Después del desayuno venían las clases, impartidas generalmente por guardiamarinas.
Y, entonces vino otro momento en el que no me comporté como un héroe. Como yo tenía muchas dificultades para comer, un día al concluir la marcha y en medio de los ejercicios, caí estrepitosamente al suelo.
Escuálido. Amarillo. Famélico. –Llévenlo al dispensario– ¡Habían instalado uno! Al llegar, me atiende un médico muy joven. –¿Qué tienes? –Eso es lo que quiero saber. Usted es el médico. Me toma el pulso, me hace sacar la lengua, me toca la oreja, el estómago, la espalda y, finalmente, escribe algo en un papel. –Lleva esto al almacén. Esa es tu medicina. Cuando entrego la receta, el caballero lee su contenido: “Dos panes y una lata de sardinas”. Me dan eso. Me lo como. ¡Y me sentí como nuevo! “Ese médico es excelente”, me dije. Se llamaba Eddy Ramírez Hirujo. Y no era médico, sino un avivato que, en la revolución, además de apoyarla, quiso asegurarse de comer bien y figurear. Luego sería bombero, luchador, piloto, locutor, actor y, sobre todo, uno de mis grandes amigos. Creo, finalmente, que cuando los pecados son grandes, es mejor compartirlos. Aunque no quise, por falta de espacio, referirme a la estampida que se produjo en el parque Eugenio María de Hostos cuando, mientras el “Frente de Artistas y Escritores” daba una función, a un lenguaraz se le ocurrió gritar: –¡Se metieron los americanos! Ni mucho menos, cuando muchos comandos fueron a protestar frente al Altar de la Patria, exigiendo que le dieran “el dinero donado por los hermanos Guerra”, con el que “se debería pagar a cada combatiente, por cada día de lucha”. Y aquel que quiera desmentirme, hablará de más. Y será como Eulalio González, “El Piporro”:
Porque yo sí que puedo hablar con fuerza sobre esos episodios. Yo estaba allí.
Año tras año, si no estancado, languidecía el número de personas que acudían a los actos conmemorativos del 24-28 de abril de 1965. Lo único que aumentaba seguro cada año, era la edad y las canas de los asistentes. Los convocantes, además de las disputas internas que los han consumido durante décadas acaso no se percataban de que, la historia, vinculada al presente como lección y como epopeya, gana capacidad movilizadora que evita convertirse en un ejercicio de nostalgia, que placentero o no, carece de la fuerza épica necesaria para inspirar adhesión.
Recordar el 24 de abril de 1965 se convierte en un hecho político mas importante ahora cuando coincide con la situación actual del país de manera que aquellos hechos, las decisiones que se tomaron, las acciones que se emprendieron son recordadas en su contexto y permiten establecer las diferencias entre aquellos tiempos y los actuales. Así, pueden esos hechos alcanzar mayor significación para los que no lo vivieron pero ha ocurrido solo a medida que el país entró en grave crisis y que la autoridad moral de los dirigentes naufragó en la maraña de delitos, corruptelas y abusos que todos conocemos.
Con frecuencia, gente indignada ante lo que estamos viviendo invoca, a veces en tono de amenaza, un nuevo 24 de abril que barra con toda la ignominia que nos rodea, que limpie el lodazal donde nos encontramos, que ponga decoro donde no lo hay, vergüenza donde está la canalla e ilumine los días atormentados con el brillo de conductas, valores y compromisos como los que aquellos hombres enarbolaron. Pero ese discurso anhelante -sin la contextualización histórica necesaria- alimentaba una falsa ilusión porque esta sociedad, en este momento y coyuntura de su historia, no puede producir hombres como aquellos porque esos que fueron héroes y hoy son memoria, fueron el producto de una sociedad, de un momento y de circunstancias que ahora no existen. Llegarán otros momentos y nuevos héroes pero solamente cuando hayamos plantado la simiente en suelo fértil y tiempo útil.
Nosotros, los que desde cualquier posición, jerarquía o litoral político participamos en la Guerra de Abril, perdimos esa batalla. No se puede ganar una guerra que ya perdimos. Todavía seguimos escribiendo nuestra guerra, la de cada individuo, la que destaca las proezas de cada cual incluso cuando no lo fueron de manera que sobran héroes y falta historia. A veces sobran comandantes, se relatan como hazañas empresas que nunca pasaron de la etapa de planeación y no faltan casos en los que alguien pretende validar su presencia en una batalla donde no estuvo empleando un truco: elogiar la presencia de otra persona que tampoco estuvo pero de la que se espera que corroborará dicha presencia por complicidad emocional.
Por lo demás, la ingratitud de gobiernos del PRD para con los que combatieron en Abril a quienes negó pensiones, jubilaciones y protección dio lugar al oportunismo del PLD que desvalija el erario público, descuartiza la nación y corrompe la fibra de todo lo que toca montando periódicos espectáculos. Me temo, por mucho de lo que veo a mi alrededor que podemos evocar una reflexión que Gabriel García Márquez pone en boca del coronel Aureliano Buendía:
” Los últimos veteranos de quienes se tuvo noticia aparecieron retratados en un periódico, con la cara levantada de indignidad junto a un anónimo presidente de la república que les regaló unos botones con su efigie para que los usaran en la solapa, y les restituyó una bandera sucia de sangre y de pólvora para que la pusieran sobre sus ataúdes. Los otros, los mas dignos, todavía esperaban una carta en la penumbra de la caridad pública, muriéndose de hambre, sobreviviendo de rabia, pudriéndose de viejos en la exquisita mierda de la gloria”.
Es lunes y 24. Es abril y no el quebrado de Kadaré, aunque podría ser, por esa historia de interminable venganza que a la nada conlleva. Es 24, obligada la reseña, el recuento, porque la indiferencia y el desgano, conspiran contra la historia. Por eso el invento de redención y urgencia, el azuce que desconoce antecedentes de peligros y desdeña el riesgo que acompaña la conspiración artera y cobarde. Por eso la omisión de los hechos para reescribir, con renglones torcidos, sin presentir réplicas ominosas y sangrientas. El 24 de abril del 1965 es referente, también olvido. El tuitero de esquina, el sedicioso que se esconde tras la trinchera del anonimato, se erige en héroe sin batalla. Provoca y espera, ajeno a las consecuencias, porque no sabe ni le importa saber. Cruza el parque Colón, con el chateo como adarga y desprecia al combatiente que susurra su proeza a las palomas y comparte la nostalgia de portaviones y ametralladoras, solidaridad y sueños, con las hojas dispersas del laurel. 24, y las generaciones se disputan el acotejo, el empeño para mantener la ficción. Año tras año, la arenga, sin aceptar preguntas, sin redactar respuestas. Prefieren difundir versiones personales de la epopeya. 52 años después y la discusión, cada vez más entre menos, pretende descartar pruebas documentales, archivos desclasificados. Existe un abril sin aspavientos, sin la propalación de hazañas que jamás ocurrieron, consumo para cándidos que avalan los cómplices de la mentira. Abril contundente, vigía del ahora. Abril sin jaculatorias ni quimera. Con datos y prolegómenos indiscutibles. Ese abril fundacional que ocurre 4 años después del tiranicidio, con el antecedente de unas elecciones libérrimas y un resultado contundente. Abril que rechaza la asonada, deplora el golpe de estado y la perturbación de un triunvirato anómalo. Ese que produjo la sublevación de los militares. Un grupo propugnaba por el retorno de Juan Bosch y la vigencia de la Constitución del 1963, otro, pretendía el derrocamiento del Triunvirato y el retorno de Balaguer. El cuartel constitucionalista encontró respaldo en la multitud que exigía en las calles de la capital, la vigencia de la Constitución. El 24, comenzó la revuelta, cambió identidad con el atropello de la intervención de EUA. La presencia de 42,000 soldados en territorio nacional convocó el patriotismo. Y hubo de todo, como siempre y en todas las épocas. José A. Moreno en “El Pueblo en Armas”- Colección 50 Aniversario de la Gesta Patriótica. Academia Dominicana de la Historia- describe los participantes en el proceso. Detalla, sin temor a la descalificación ni a la injuria, actitudes propias cuando diferimos del criterio ajeno. Teólogo y sociólogo, presente en la zona rebelde, establece, en el Capítulo 9 de la obra, la Tipología de los Participantes: Idealista, acomplejado social, rebelde profesional, aprovechados, hijos de machepa. Son características que muchos bisbisean, empero, jamás se atreverían a admitir ni en los desvaríos de la senilidad. “Al ayudar al país a romper violentamente con las estructuras del pasado-corrupción, opresión, abuso de poder y carencia de libertad – podían, simultáneamente, romper con la estructura de sus propios antecedentes personales. Al crear una nueva nación, también esperaban crear nuevas y diferentes imágenes de ellos mismos, además de querer probar que eran útiles a la sociedad. Por todas esas razones, emularon a los hombres del grupo idealista.” (op. cit, página 253) Moreno menciona el “tigueraje” que se sumó a la revolución. El caso de Traboux, delincuente conocido en San Miguel, ejecutado por su participación en el asesinato de Oscar Santana. 52 años después, pervive el abril que no le pueden robar a una generación. Indemne, a pesar de los inventos y arrebatos de gloria. El abril que se multiplicó en poesías y canciones. El de cadáveres, miedo, resistencia. Ese del azoro que todavía pregunta, cómo tantos muchachos entendieron la dimensión de la patria. ¿Cómo el fusil fue bandera y el sacrificio himno? ¿Cómo, si el terror apenas agonizaba y comenzaba el gorjeo de la democracia?
PRM evoca gloriosa gesta del 24 de Abril Publicado el Abril 23, 2017 por Redaccion
SANTO DOMINGO:-Al conmemorar un nuevo aniversario de la gloriosa gesta del 24 de Abril de 1965, el Partido Revolucionario Moderno (PRM), evoca el significado y la trascendencia histórica de la lucha por el retorno a la constitucionalidad y la resistencia al atropello vil de la intervención militar extranjera que cuatro días después, el día 28, holló el suelo patrio.
La revolución constitucionalista de abril de 1965 es el acontecimiento más importante del siglo veinte en la historia dominicana, por la integración social y política de los sectores nacionales en la lucha por el rescate de nuestras libertades, así como por la participación masiva de las grandes masas populares, que levantaron con dignidad y honor, los principios democráticos y progresistas sustentados en la Constitución de 1963.
Nuestro respeto en el tiempo histórico a los militares constitucionalistas, encabezados por el héroe nacional, coronel Francisco A. Caamaño, que mantuvieron con valor la defensa de la dominicanidad, herederos, compromisarios de la Independencia Nacional de 1844 y de la Restauración de la República de 1863.
El PRM al invocar el recuerdo de abril de 1965, traduce el sentimiento nacional que se expresó contra el Golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, y el engendro ilegal del Triunvirato, una de cuyas banderas más importantes lo fue la denuncia diaria contra la corrupción galopante que minó al Estado Dominicano, corrupción en las principales instituciones del Estado, así como en los institutos armados y la policía nacional. Hoy como ayer, continuamos la lucha por el adecentamiento del Estado, contra la corruptela y el desafuero de los que nos gobiernan. Ese es el mejor homenaje que podemos tributar a los héroes y mártires del 24 de abril de 1965.
Andrés Bautista García, Presidente
Jesús Vásquez Martínez, Secretario General
24 de Abril de 2017
http://lavozdelprm.org/gloriosa-gesta-24-abril/
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SANTO DOMINGO, República Dominicana.- El desempleo en la República Dominicana no es cosa de ayer, y la juventud es la que se ve más afectada. La falta de oportunidades ha generado desesperanza en los barrios más pobres del país, convirtiéndose en algo rutinario para miles de jóvenes.
La necesidad de tener una vida digna y estar cada vez más lejos de ella se refleja en una gran cantidad de sectores. Un ejemplo de ello lo encontramos en el barrio 24 de Abril del Gran Santo Domingo, cuyos habitantes sufren el fuerte deterioro social de la zona.
Ese es el caso de Mayra Pinales, una mujer de 45 años, quien denuncia la falta de oportunidades, sobre todo para las nuevas generaciones.
“Nosotros por aquí estamos desamparados y los jóvenes ni se diga. Ellos creyeron en un diputado del PLD, que los puso a hacer campañas y les vendió sueños, porque después que ganó, por aquí ni pasa”, señala Pinales.
A la falta de empleo se suma la falta de formación de los adolescentes, que suelen abandonar los estudios a una edad temprana, de doce años en adelante.
Rosa Campusano, quien tiene años viviendo en el barrio, cuenta que es frecuente ver a los jóvenes en lugares donde se vende alcohol en lugar de estar en la escuela.
“Los muchachos de aquí se van para la UASD a tirar piedras, bombas lacrimógenas y enfrentarse con la policía”.
Nayeli Jiménez tiene 21 años y dejó la escuela cuando estaba en tercero de Bachiller, siguiendo el ejemplo de otras personas que habían decidido hacer lo mismo para llevar una vida “normal”.
Como otras tantas jóvenes de su barrio, y de otras zonas de la capital y del país, Nayeli fue madre a temprana edad – tiene dos niños, de dos y tres años – y en la actualidad trabaja en una discoteca. “Realmente quisiera volver a estudiar, pero por mi trabajo no puedo”, asegura.
La maternidad adolescente es una de las principales consecuencias del abandono escolar, que deja a las jóvenes en una especie de “limbo vital” en plena etapa de desarrollo y las empuja a tomar un camino sin retorno, como en el caso de Nayeli, abocándolas a realizar trabajos no cualificados para sacar adelante, en muchos casos sin la ayuda del padre, a sus hijos.
Y ese es sólo un ejemplo de la huella que deja la precariedad en la que viven los habitantes de los barrios como el 24 de abril y el abandono que sufren por parte de las autoridades.
La falta de lugares para el recreo, el deporte y la ausencia de un programa de actividades culturales deja a niños y adolescentes sin alternativas al ocio y expuestos a entretenimientos “de otro tipo”.
“Lo único que tenemos es una Iglesia que apadrina niños desde 5 hasta los 15 años”, explica Rosa Campusano, quien asegura que en el barrio no hay canchas ni parques, pero en cada esquina se puede encontrar un drink o un billar”.
La delincuencia es un mal que se extiende en el 24 de Abril, y un peligro al que se une el hecho de que el destacamento policial más cercano se encuentra en el barrio de Las Cañitas.
“Aquí no se puede tener nada de valor en las manos. Ellos pasan dos en un motor, te chequean y si lo quieren te lo arrebatan”, dice Jairo Sosa, vecino del lugar.
Sosa explica que los atracadores no son del mismo barrio, si no que se trasladan desde otros como el Simón Bolívar, Capotillo y Las Cañitas. También se queja del patrullaje de los policías, ya que, según él, asisten poco y mayormente cuando van en busca de algo.
Pero entre la escasez, la inseguridad y la falta de estudios y de oportunidades queda hueco también para la solidaridad y el optimismo.
“Aquí nos puede faltar de todo, pero nunca una mano amiga de nuestros vecinos. Yo he sido beneficiada de ello al igual que otros, siempre hay colaboración de vecinos con vecinos”, destaca Cristy Almonte.
“Yo nunca he perdido las esperanzas, creo en mí y en mi esfuerzo, aunque ahora no esté en un buen lugar y en la sociedad no hay muchas oportunidades, no pierdo la fe. Sé que podré conseguir un empleo y terminar la universidad para ayudar a mi familia, todo es cuestión de sacrificios”, expresa con optimismo el joven Maicol Peña, de 19 años.
Para el sociólogo Joel Arboleda, la solución al deterioro social que viven barrios como el 24 de Abril pasa por falta de un control estatal de la natalidad, basado en la educación sexual y el uso de anticonceptivos, así como la implementación de políticas públicas que fomenten el desarrollo profesional de los jóvenes y su acceso al empleo.
Afirmó que es deber del Estado apoyar a estos jóvenes y sacarlos de la marginalidad y el rechazo social a los que se ven sometidos por el simple hecho de haber nacido en unas condiciones que ellos no eligieron.
PUESTA EN CIRCULACION DEL NUEVO LIBRO DE RENE FORTUNATO https://youtu.be/1D7exomwH6U Publicado
el 04/10/2015
Acto de puesta en circulación del libro "Una primavera para el mundo. La
Revolución Constitucionalista de 1965. Album 50 aniversario" de Rene
Fortunato.
Acto celebrado el 21 de julio de 2015 en el auditorio "Juan Bosch" de la
Biblioteca Nacional.
Circula
en la red vídeo acto puesta en circulación del nuevo libro de René Fortunato
Recientemente fue
subido a You Tube un reportaje en video que muestra las incidencias del acto de
puesta en circulación del libro Una primavera para el mundo. La Revolución
Constitucionalista de 1965. Álbum 50 Aniversario.
El vídeo con una duración
aproximada de 14 minutos muestra las diferentes personalidades que asistieron
al acto, así como fragmentos de las palabras de José del Castillo, quien tuvo a
su cargo la presentación de la obra.
Miguel Susana,
quien hizo la maestría de ceremonia, destaca en el video las personalidades
presentes y los elogios que ha recibido la obra.
Considerado como un
libro sin precedentes tanto por su calidad como por su contenido, Una
primavera para el mundo. La Revolución Constitucionalista de 1965. Álbum 50
Aniversario, ha recibido encendidos elogios de la intelectualidad
dominicana, así como de muchos de los compañeros de lucha del coronel Francisco
Alberto Caamaño, líder de la Revolución Constitucionalista de 1965.
Veteranos, guerrilleros, funcionarios y militares participaron en el acto. (Pedro Bazil)Con distintas actividades fue conmemorado el 50 aniversario de la devolución del poder al pueblo por parte del presidente constitucionalista Francisco Alberto Caamaño en 1965.Al conmemorarse cincuenta años de la renuncia a la Presidencia de la República en armas del coronel Francisco Alberto Caamaño, decenas de combatientes constitucionalistas volvieron a la antigua Fortaleza Ozama.
Para el excomandante guerrillero Claudio Caamaño Grullón, el mensaje más importante dejado por este acontecimiento al pueblo dominicano es que “en el país hace falta una revolución moral, ética, política y social, ya que estamos totalmente podridos”. Manifestó que el de Caamaño fue el gobierno más patriótico y revolucionario del siglo pasado y el ejemplo más grande en Latinoamérica. El evento fue coordinado por la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, el Comité Patriótico Coronel Francisco Alberto Caamaño y la Comisión 50 aniversario Revolución de Abril 1965. “Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. Ningún poder es legítimo si no es otorgado por el pueblo, cuya voluntad soberana es fuente de todo mandato público”. Así inició el discurso del coronel de Abril aquel histórico 3 de septiembre de 1965 en el mismo lugar donde ayer se le rindió honor a esa acción del Gobierno Constitucionalista. Actividades Durante todo el día de ayer se celebró un programa de actividades que se inició a las 8:00 de la mañana en el Panteón de la Patria, donde se hizo un izamiento de la Bandera Nacional, incluyendo los honores de estilo, el depósito de ofrenda floral y toque de silencio. A las 9:00 de la mañana se realizó un desfile escolar desde el Altar de la Patria hasta el edificio Copello, utilizado como sede del Gobierno Constitucionalista. De ahí se marchó al Panteón de la Patria para luego culminar en la Fortaleza Santo Domingo (antigua Fortaleza Ozama). A las 3:00 de la tarde las bandas de música de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Bomberos del Distrito Nacional interpretaron marchas marciales. Las palabras de apertura estuvieron a cargo del presidente de la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, Juan Daniel Balcácer, quien resaltó las cualidades del presidente constitucional Caamaño Deñó. Los presentes también escucharon el testimonio del ex combatiente Rafael (Fafa) Taveras, sobre el discurso pronunciado a la nación hace 50 años por el coronel Caamaño Deñó. Sucedió hace 50 años en la Fortaleza Ozama Al entregar el Gobierno Constitucional, hace 50 años, Caamaño dijo que solamente así podía aceptar tan alto cargo, porque siempre había creído que el derecho a gobernar no puede emanar de nadie más que no sea del pueblo. Recordó al país su juramento por una nación plenamente libre, plenamente soberana y plenamente democrática. Caamaño fue electo por el Congreso Nacional como presidente constitucional el 3 de mayo de 1965.
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