SERVICIO DE NOTICIAS en favor de la democracia participativa, el desarrollo humano, la paz, el medio ambiente y la cultura.- Santo Domingo, República Dominicana / Luis ORLANDO DIAZ Vólquez - OPINIÓN, NOTICIAS Y COMENTARIOS. Haciendo de la lucha contra la pobreza un apostolado templario./ email: guasabara.editor@gmail.com - http://www.facebook.com/GuasabaraLUISorlandoDIAZ - @GUASABARAeditor
Ahora, cuando ya este Abril se despide, respiro profundo su brisa y me sumerjo en la materialidad de sus horas de metales callejeros y en las sombras de sus copas altas. Ahora que se va, recorro sus piedras centenarias en medio del bullicio dominguero de la vieja plaza cafetaria... Pero no cesa el recuerdo de aquel inmenso Abril de 1965, aunque ya no haya estruendos en estas jornadas, que aún guardan huellas patrióticas demasiado largas y heridas nunca cicatrizadas. Y ahora que este Abril se va digo que aquel Abril de puños y armas en alto es nuestro recuerdo más grande, doliente y heroico, todavía vivo, infinito e irrenunciable
Dominicanos intrépidos aunaron amor patrio, valentía y voluntad política en la creación de un movimiento cívico-militar, el cual sustentó la revuelta de abril de 1965 y la consagración en una batalla por el regreso a la constitucionalidad, luego del golpe de Estado perpetrado en septiembre de ese mismo año contra el gobierno que encabezó el profesor Juan Bosch.
Representantes de la oligarquía de República Dominicana y de Estados Unidos y políticos conservadores y de la ultraderecha, se aliaron e invirtieron los recursos necesarios para abortar el naciente régimen democrático dominicano.
La rebelión cívica bautizada como la “Revolución de Abril de 1965”, representó la dignidad y la disposición de un pueblo que desafió el poderío militar de Estados Unidos en defensa de la libertad y por una nación libre, soberana e independiente.
El pasado sábado 24 de este mes histórico en el combate por la soberanía, en el contexto de la conmemoración del 56 aniversario la revuelta constitucionalista, se rindió tributo a los héroes y heroínas que entregaron sus vidas en una jornada contra la intervención de Estados Unidos y contra los lacayos nacionales.
Se trató de una revolución popular, porque se integraron con firmeza todos los sectores democráticos a una cruzada por el restablecimiento del orden institucional y la democracia puesta en marcha en febrero de 1963.
Durante la “Guerra Patria”, como la califican muchos historiadores, los constitucionalistas llenaron sus espíritus de patriotismo, por eso combatieron con fiereza y se enfrentaron a las fuerzas invasoras, las cuales combinaron acciones de infantería con bombardeos aéreos y la utilización de armas de alto calibre, tanques de guerra y múltiples recursos militares muy superiores a los pertrechos usados por los patriotas.
La batalla se inició el 24 de abril de 1965 y avanzó hacia el poder, bajo el mando del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, pero el 28 de abril los insurrectos fueron atacados por 42 mil marines “yanquis” y los invasores impidieron la liberación nacional y la restauración de la constitucionalidad.
Honrar la memoria de los constitucionalistas implica asumir con responsabilidad los retos por la construcción de una nación libre y soberana sujeta a la sentencia del fundador y padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, quien proclamó: “Nuestra Patria ha de ser libre e independiente de toda Potencia extranjera o se hunde la isla”.
Que se enaltezcan, pues, con fervor patriótico los héroes de abril de 1965, porque a ellos se debe el ensayo democrático que está en marcha en República Dominicana.
Putin versus Biden
Desde Moscú se reporta que los presidentes Vladimir Putin y Joe Biden, de Rusia y Estados Unidos, respectivamente, contemplan celebrar una cumbre en el mes de junio, cuya información lleva aliento al mundo, porque baja un poco la tensión frente a las confrontaciones entre ambas potencias.
Yuri Ushakov, asesor para Asuntos Internacionales del Kremlin, reveló que se ha planteado ese encuentro y que se han despertado expectativas promisorias.
Ojalá que Putin y Biden superen las diferencias y decidan trabajar unidos contra la pandemia COVID-19 y el retorno a la normalidad, porque así lo requiere la paz social del mundo.
Teniente coronel Guy A. Hamlin. y el general Robert H. York, comandante de la 82da. División Aerotransportada.
Esta dependencia ha evolucionado desde la simple responsabilidad de proveer consejo legal, asesorías en juicios sobre militares, reclamos, cortes marciales, etc., a desarrollar un complejo rango de servicios que incluyen trabajar en el diseño de “leyes de operaciones” que determinan de qué forma y condiciones habrán de actuar las fuerzas militares norteamericanas y bajo qué condiciones podrán atacar o responder fuego enemigo hasta el estatus y calidad de los detenidos en esas condiciones, es decir, si podrán ser considerados o no prisioneros de guerra.
Debido a su importancia en la estructura militar, la JAG no podía estar fuera del conflicto de abril del 1965. En este trabajo analizaremos algunas de sus experiencias.
Desde el mismo comienzo de la intervención militar por parte del ejército de Estados Unidos, el JAG estaba involucrado, ya que a bordo de los primeros C-130 que despegaron de la base aérea Pope en Carolina del Norte, con la avanzada de la 82da. División Aerotransportada, se encontraba con su paracaídas puesto para saltar a la orden del oficial de salto ─junto con los demás miembros de esa unidad sobre San Isidro─ el capitán Paul H. Ray, adscrito a dicha oficina.
Si bien no tuvieron que saltar en la madrugada del 28 de abril de 1965, al cancelarse dicho salto para realizar un aterrizaje en San Isidro, el mismo comenzó inmediatamente a prepararse para proveer los servicios de la dependencia al mando interventor.
Muy poco después, el staff completo del JAG de la 82da. División Aerotransportada estaba operando en el país desde la Academia Militar Batalla de Las Carreras. Este incluía al teniente coronel Guy A. Hamlin y su segundo el capitán Raymond D. Cole, así como los capitanes Robert R. Aldinger, Gerald C. Coleman y Burnett H. Radosh, entre otros. Del desarrollo de sus experiencias podemos plantear algunos puntos.
Lo primero serían las reglas de combate; en otras palabras, bajo qué forma y condiciones los soldados del ejército norteamericano pelearían en el país. Sorprendentemente, ninguno de los miembros del JAG a ningún nivel fue consultado para la redacción de dichas condiciones o ni tan siquiera las habían revisado o conocido hasta que aterrizaron en San Isidro.
La prohibición del uso de artillería, aviones y helicópteros artillados, así como de tanques para realizar su trabajo, era algo que en principio podían entender debido a las condiciones del conflicto, pero la prohibición de no disparar a menos que se les disparase primero y luego la prohibición de hacerlo bajo cualquier circunstancia a menos que la posición que ocupasen los norteamericanos estuviera en riesgo de ser desbordada.
La verdad que esto fue algo que muchos soldados y oficiales norteamericanos consideraron una locura, ya que como indica un autor, Frederic L. Boch, si bien las reglas eran legales y estaban de acuerdo con las leyes internacionales de la guerra, su carácter excesivamente restrictivo ilustraba cómo las restricciones legales sobre el uso de la fuerza de combate podían poner innecesariamente en peligro vidas e interferir con la misión militar.
A decir de los paracaidistas, el carácter ilógico de dichas reglas se agravaba por el constante fuego de los llamados francotiradores constitucionalistas. Nos dice el mismo autor que el coronel Hamlin, el capitán Cole y un sargento abogado fueron objeto de disparos cerca de la embajada norteamericana; pistolas en mano trataron de devolver el fuego sin éxito, lo que se repitió en otras ocasiones, llegando a decir el capitán Cole que le dispararon más en nuestro país que en las dos giras de combate en Vietnam y en la Operación Tormenta del Desierto (Primera Guerra del Golfo), en las posteriormente participó.
Pero finalmente nos dice que dichas reglas debían ser aceptadas debido al carácter “humanitario y pacificador” de la misión encomendada a las tropas norteamericanas.
Lo segundo es la calificación que se le daría a los constitucionalistas capturados, toda vez que, luego de la Convención de Ginebra de 1906 y sus modificaciones, los prisioneros de guerra tenían ciertos derechos y prerrogativas que se hacía necesario cumplir a la luz del derecho internacional.
Si bien Estados Unidos ya se las había ingeniado anteriormente para burlar esa convención, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que los soldados alemanes, luego del cese de hostilidades en el 1945, fueron designados “Fuerzas Enemigas Desarmadas” y los japoneses el mismo año fueron llamados “Personal Japones Rendido”, se hacía necesario una denominación para llamar a los capturados locales ─fueran estos apresados militares o no (recordemos que había muchos civiles dentro de las denominadas fuerzas rebeldes)─ que los colocara fuera del ámbito de la protección que contemplaban los tratados internacionales, que abarcaban comida suficiente, alojamiento de calidad y prohibición de realizar trabajos forzosos o interrogatorios “reforzados”, etc., sobre todo a la luz de que no existía un estado de guerra entre la Republica Dominicana y los Estados Unidos.
Por eso se recurrió al termino “detenidos” (este concepto, así como el de “Combatiente Enemigo” resurgiría para ser aplicado a los prisioneros de la guerra contra el terror, después de septiembre del 2001) lo que simplificó mucho las labores de los custodios y las obligaciones de las fuerzas norteamericanas en sus relaciones y tratos con dichos prisioneros dominicanos, sobre todo a la luz de las preguntas que, sobre el trato que se les daba a esas personas, se hacían de parte de la comunidad internacional.
Como tercer elemento estuvo el manejo de los reclamos de los criollos, sobre supuestos daños y alegados crímenes realizados por las fuerzas de ocupación del ejército de los Estados Unidos durante la intervención militar de marras. Para junio del 1965, los archivos del JAG registraban un gran número de quejas y reclamos por parte de los habitantes de Santo Domingo.
Alegan los norteamericanos haber realizado una investigación de todas ellas, comisionando al capitán Burnett H. Radosh para ello, quien registró múltiples viajes en yip de una parte a otra de la ciudad para establecer su veracidad.
Si bien muchas de ellas fueron descartadas, otras trajeron consecuencias para algunos soldados y oficiales norteamericanos, si bien el JAG no participaba en las cortes marciales sino hasta 1969, la orden del general Robert H. York, al momento comandante de la 82da. División Aerotransportada, de que los juicios contra sus hombres se realizaran en República Dominicana, trajo como consecuencia que los hombres del JAG tuvieran que aportar consejos e instrucciones para la fiscalía y la defensa a los fines de que las mismas fuesen realizadas.
Bajo esas mismas condiciones podemos citar, como ejemplos el caso del soldado de primera clase Dexter M. Moore, quien fue enjuiciado en junio de 1965 por la muerte accidental de un dominicano apellido Pérez, al cual Moore y otros paracaidistas habían conocido en un bar. Creyéndolo un “rebelde”, que los llevaría a una emboscada, Moore lo mató con su fusil de reglamento.
Por estas actuaciones Moore fue condenado a baja deshonrosa, pérdida de paga y beneficios, así como a 20 años de prisión.
De la misma manera, fue juzgado en octubre de 1965 el soldado primera clase Bernis J. Darling, acusado de asalto con arma mortal, y quien por circunstancias que no hemos podido establecer hirió gravemente a un dominicano con un cuchillo.
Las acciones de Darling se sancionaron con la baja deshonrosa, pérdida de paga y beneficios, así como a dos años de prisión.
Pero no todos los juicios fueron efectuados en San Isidro. Uno en especial, el del soldado Charlie E. Monday, fue realizado en el fuerte Bragg, Carolina del Norte, debido a la implicación moral para la tropa, que había tenido su “crimen”, el 21 de junio de 1965. El soldado Monday se despojó de sus municiones y equipo, saltó la barrera del puesto de combate en el que estaba destacado y corrió hacia las líneas constitucionalistas donde se rindió, sin más.
Este fue retenido brevemente por los locales y devuelto a los norteamericanos, los cuales lo pusieron en un avión rumbo a Carolina del Norte en menos de dos semanas, para enfrentar los cargos de mal comportamiento frente al enemigo y por desobedecer una orden legítima. El 6 de julio de 1965 fue condenado a baja deshonrosa, pérdida de paga y beneficios, así como a tres años y medio de prisión.
Como colofón, señalamos que, en 1989, al coronel John R. Bozeman, a la sazón comandante del JAG, del XVIII Cuerpo Aerotransportado, le tocó realizar el borrador de las reglas de combate para la Operación Causa Justa (Invasión de Panamá).
Consciente de los problemas que había enfrentado el ejército norteamericano en las calles de la ciudad de Santo Domingo en 1965, durante la Operación Powerpack y bajo la premisa de que las condiciones de batalla serían similares y que las autoridades políticas ejercerían sus influencias para que dichas reglas de combate fueran de su agrado, de forma temprana se reunió con los planificadores del Cuerpo Aerotransportado para redactar de forma coordinada dichas reglas.
Los sectores populares en el movimiento conspirativo en 1965
Grupo de mujeres en una manifestación durante la Revolución.
*Por Manuel Arias
La historiografía dominicana registra la participación activa de los sectores subalternos en una serie de movimientos conspirativos orquestados en diferentes épocas. Son bien conocidos los integrados por militares, civiles y políticos, surgidos a partir del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, que derrocó al gobierno legalmente constituido de Juan Bosch y que, en efecto, buscaban reponer la Constitución de 1963 y la vuelta de Bosch al poder sin elecciones.
Sin embargo, la participación de las masas populares en esos movimientos en 1965, bajo la consigna de ¡Vuelta a la constitucionalidad sin elecciones!, es bastante desconocida.
Al llegar a la sexta sesión de entrevistas con el antiguo militante de izquierda Winston Franklin Vargas Valdez (Platón), el 8 de abril de 2014, como parte del proyecto ”Voces del MPD”, del programa de historia oral que llevaba a cabo el Archivo General de la Nación, narró acontecimientos relativos a los movimientos conspirativos encabezados por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), entonces bajo la dirección del Dr. José Francisco Peña Gómez; específicamente, el núcleo conformado por el dirigente intermedio de ese partido Juan Barón Suero Cedeño, en la Zona Norte de la capital.
En efecto, según Lora Medrano en su libro El Puente: Lagrima de Abril, en la página 83, «…Barón Suero Cedeño, celebraba también reuniones con distintos grupos en varias partes y casas de la ciudad para enterar a los grupos [conspirativos] del desarrollo de los acontecimientos y advirtiéndole que la lucha podría estallar en cualquier buen día».
De acuerdo a Winston Vargas Valdez (Platón): «Nos enteramos de que el PRD estaba organizando grupos, entrenándolos incluso para la lucha armada, porque un exmilitar igual que yo, a quien encontré en la calle 17 [Padre Castellanos], que se llamaba Luis Terrero, me preguntó, por qué yo no participaba de unos encuentros que se estaban llevando a cabo en la Albert Thomas, donde Barón Suero Cedeño había prometido que iba a llevar armas para luchar contra el Triunvirato».
La participación de Platón en las reuniones: «Entonces, yo militaba en el Movimiento Popular Dominicano (MPD), basado en que mi partido se planteaba la lucha armada para la toma del poder, yo llevé la información a mi célula para que autorizaran mi participación. Unos días después el organismo dirigente, me autorizó a participar».
Continua narrando, «yo comencé a participar en esas reuniones que se celebraban un día a la semana, no recuerdo a cuál ahora porque de eso hace cuarenta años y nos reuníamos ahí. Barón Suero Cedeño nos informaba a nosotros qué estaba ocurriendo, cómo se [iban] desarrollando los acontecimientos, nos hablaba de las conspiraciones de los militares, de que iban [a] armar al pueblo, de que había que estar preparados porque era un hecho que los militares se iban a levantar en contra del gobierno del Triunvirato y que nosotros debíamos aprovecharlos y que el PRD se estaba armando para eso».
En cuanto a la posibilidad del levantamiento, explica Platón: «Yo recuerdo que hubo una gran huelga en mayo del 65, una huelga de choferes, que produjo una gran movilización en este país y ese día Barón Suero Cedeño, nos dijo: “que nos preparáramos porque era posible que el levantamiento militar ocurriera en ese momento”. Nosotros fuimos; claro yo fui con instrucciones del MPD a la casa de Suero Cedeño, en la calle 17 esquina Albert Thomas, y él llevo un fusil M-1, comenzamos a aprender, los que no sabían arme y desarme».
En su calidad de entrenador, Platón narra: «Me pusieron de instructor para que yo fuera que les orientara cómo se armaba, desarmaba, cómo se disparaba. Incluso yo les enseñe a detectar su ojo visor. Porque uno tiene un ojo que es el visor con el que tú puedes apuntar, puede ser el izquierdo o puede ser el derecho. Y eso se logra fácilmente, agarra una hoja de papel en blanco, le haces un hueco redondo en el medio, entonces tú miras un objetivo con los dos ojos. Tú cierra un ojo y después cierra el otro, con el que tú veas el objetivo ese es tu ojo visor. Había dos de los cuales su ojo visor no era el derecho sino el izquierdo. Entonces sabían ellos que tenían que ponerse el fusil del lado izquierdo, porque si lo ponían del lado derecho no le iban a pegar a nada».
«Entonces, ese día lo pasamos ahí hasta la diez y media de la noche esperando unas supuestas armas que nos iban a llegar; realmente no llegaron las armas, pero nosotros persistimos. Yo tenía instrucciones del partido para que me quedara hasta el último momento. De todas maneras, aunque esas reuniones se llevaron a cabo con el objetivo de preparar grupos a los cuales nos iban a entregar armas para luchar contra las fuerzas militares que defendían el gobierno del Triunvirato, eso no se produjo hasta el 24 de abril».
Sobre la posición del MPD indicó: «Nosotros pensábamos que eso no se iba a producir, que esos eran aprestos que estaban desarrollando los perredeístas; pero que nosotros considerábamos que [los] perredeístas no estaban preparados para la lucha armada. Había un montón de personas que no solamente estaban preparados para la lucha armada, sino estaban preparados para hasta una lucha prolongada. Porque el pueblo estaba pasando muchas vicisitudes, un pueblo que fue reprimido por 31 años por [Rafael Leónidas] Trujillo».
Al producirse el estallido del 24 de abril de 1965: « […] una vez que se produjo el 24 de abril el levantamiento de los militares, nosotros comenzamos a difundir en la calle que esa guerra no era nuestra, que esa guerra era de los reaccionarios. Porque teníamos un criterio equivocado acerca de lo que iba a ocurrir.
Sin embargo, ya a los tres días, cuando varios de nosotros nos armamos y teníamos fusiles y teníamos ametralladoras en las manos, y cuando el pueblo capitaleño estaba bajo las armas y los que no estaban bajo las armas estaban buscando cómo armarse, el MPD no tuvo otra alternativa que no fuera la de también integrarse a esa lucha que se estaba desarrollando, porque ya no tenía otro camino que no fuera el integrarse o marginarse de la lucha revolucionaria».
Fafa reitera que Montes Arache sacó de prisión a los asesinos de las Hermanas Mirabal
De ese modo el comandante constitucionalista rechazó las opiniones vertidas por la señora Sonia Valenzuela y Aníbal López, que recientemente dijeron que esa versión no era correcta.
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Rafael -Fafa- Taveras reiteró que el jefe de los Hombres Ranas, Manuel Ramón Montes Arache, fue quien puso en libertad a los asesinos de las hermanas Mirabal, que se encontraban presos en la Fortaleza Ozama al momento de estallar la revolución de abril de 1965.
Asimismo, aseguró que los miembros y dirigentes del Movimiento 14 de Junio habrían fusilado a los asesinos de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, de haberlos hallado al tomar control de la Fortaleza Ozama.
Fafa Taveras reveló detalles inéditos sobre esos acontecimientos, y dijo que Claudio Caamaño fue quien le reveló los detalles de las decisiones adoptadas por Montes Arache, pues era parte del mando constitucionalista.
De ese modo el comandante constitucionalista rechazó las opiniones vertidas por la señora Sonia Valenzuela y Aníbal López, que recientemente dijeron que esa versión no era correcta.
Taveras explicó que en manos del Archivo General de la Nación existe un audio en que Montes Arache revela que él fue el que decidió poner en libertad a Alicinio Peña Rivera, jefe del SIM en Santiago y señalado como el responsable las muertes de las hermanas Mirabal.
Fafa Taveras reveló los detalles de la reunión de Caamaño y varios constitucionalista en la embajada de los Estados Unidos, el 27 de abril, desde donde salió a ofrendar su vida al Puente Duarte, y donde se produjo la más cruenta y decisiva batalla para detener a las fuerzas del CEFA, encabezadas por Wessin y Wessin.
Fafa Taveras fue entrevistado por el periodista Fausto Rosario Adames, en el programa ¿Y tú…qué dices?, que se transmite todos los días a través de AcentoTV https://acento.com.do/actualidad/fafa-reitera-que-montes-arache-saco-de-prision-a-los-asesinos-de-las-hermanas-mirabal-8935652.html
Panteón soldados de la Revolución de Abril, en el cementerio de la avenida Independencia. (Danelis Sena)
SANTO DOMINGO. El lugar que ahora ocupa la plazoleta La Trinitaria en el entorno urbano que conforman la avenida 27 de Febrero con Josefa Brea, en Villa Francisca, debería convertirse en un monumento para los héroes de la Revolución de abril de 1965, donde haya museos, bibliotecas, salas de exposiciones, parqueos y tiendas.
La propuesta la hace la Sociedad Cinematográfica Dominicana, INC., que preside el profesor Agustín Cortés Robles, y que visualiza que en el lugar debería instalarse, además, un comité permanente de veteranos, salones de actos y un tren para la ruta de Los Comandos que exalte de manera permanente los valores de la gesta.
“El pueblo dominicano todavía tiene una gran deuda con tantos héroes conocidos y desconocidos, caídos en combate en esos meses de guerra civil y guerra patria”, plantea la sociedad en una carta.
Considera que los héroes de abril merecen una morada solemne en el lugar donde fueron, prácticamente, masacrados.
Con la misiva muestra su apoyo a lo expuesto en el editorial de Diario Libre del pasado 24 de mayo, que cuestiona la inversión de RD$33.7 millones que el alcalde del Distrito Nacional, David Collado, anunció como inversión para remodelar la plazoleta.
Collado hizo el anuncio el día 22 de mayo, mientras daba el primer picazo de los trabajos que incluían, además de la remodelación, el remozamiento de los edificios aledaños.
Pero en su editorial, dos días después, este diario resaltó lo cuestionable de la inversión y lo razonable de estudiar otras soluciones acorde a las nuevas realidades “que obtengan un mejor uso del espacio y un nuevo aire de la zona”.
La Sociedad Cinematográfica Dominicana dice coincidir plenamente con ese planteamiento del medio y que, preocupada por ese lugar de tantas nostalgia históricas, le dirigió formalmente su propuesta al cabildo el 12 de abril del año en curso. Indica que igual propuesta le presentaron al Ministerio de Obras Públicas, a la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado, a la Comisión Permanente de Efemérides Patria y al Ministerio de Cultura, pero que de ninguna parte ha tenido respuestas.
Solución social e histórica
La Sociedad Cinematográfica entiende que el espacio físico de la plazoleta La Trinitaria requiere de una intervención histórica, política, social y cultural. “No es válido en estos tiempos pensar en limpiar la cara a la entrada a la provincia Distrito Nacional”.
SU PADRE BABY MEJÍA APLICÓ UN ESTRICTO CÓDIGO DE SEGURIDAD EN EL HOGAR PARA PROTEGER A LA FAMILIA
Juan Salazar
juan.salazar@listindiario.com
Santo Domingo
Dos gruesas lágrimas caen sobre una carta que su padre le envió en 1999. Es la misma mujer de carácter férreo que siendo una niña de apenas cuatro años ya manipulaba armas y manejaba un estricto código de seguridad para detectar la presencia de extraños en la casa.
Patricia Mejía, de 43 años, todavía conserva la costumbre de revisar todas las puertas y ventanas de la casa y de cerrar herméticamente su habitación antes de irse a dormir.
Todo lo asimiló de su padre Rafael -Baby- Mejía, gestor de las unidades móviles del Movimiento Político 14 de Junio y quien también fue torturado en la cárcel La 40 por su oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
Su padre se involucró, además, en la lucha que se libró en el país después del ajusticiamiento del tirano contra los remanentes del régimen despótico y tuvo una participación activa en la Guerra de Abril de 1965, que procuraba la vuelta a la constitucionalidad tras el golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch, quien encabezó el primer gobierno democrático luego de la caída del sátrapa.
Baby Mejía participó en el asalto al Palacio Nacional, hecho en que cayó abatido Rafael Tomás Fernández Domínguez, líder de la revuelta contra los que derrocaron a Bosch, siete meses después de alcanzar la presidencia de la República.
“Baby” era el apodo familiar y “Rogelio” el alias que utilizó en el quehacer político.
En la casa de su abuelo Julio Mejía, quien también fue un luchador antitrujillista, Patricia siempre escuchó todo lo relativo a la dictadura y la transición que vivió el país con el gobierno de los 12 años de Joaquín Balaguer.
Cuenta que cuando nació su hermana mayor, no supieron de su padre durante tres años, ya que salió del país a recibir entrenamiento en China Popular, Cuba y Nicaragua, luego de lo cual ingresó al territorio nacional de manera clandestina.
“Mi padre siempre fue un perseguido y desde niña siempre recuerdo las reuniones políticas en la casa. Él tuvo una participación activa en el momiviento de izquierda y siempre estuvo involucrado en todo lo que contribuyera a instaurar una República Dominicana diferente y donde todos tuvieran mejores condiciones de vida”, añadió.
Su padre aplicó un código de seguridad en el hogar para proteger a su familia y así desde temprana edad la niña Patricia se acostumbró a utilizar palabras y frases claves hasta para abrir la puerta de su habitación.
Frases claves “Había veces en que mi papá salía de la casa sin yo saber adónde iba. A veces nos dejaba solos (a sus hijos) y hubo muchas ocasiones en que no me pudo buscar a la escuela o que cuando íbamos en el camino teníamos que devolvernos”, recuerda sobre las consecuencias de ser la hija de un revolucionario y de todo el proceso de persecución política a que era sometido su progenitor.
Su papá la llamaba por teléfono a veces a la casa y le preguntaba a Patricia ¿El perro llegó? Y dependiendo de su respuesta sabía si la vivienda era vigilada por agentes de la Policía.
“La Policía se pasaba hasta tres días frente a la casa y durante ese tiempo no podía ir, porque no sabía qué podía pasar si llegaba en ese momento”, añadió.
Patricia asegura que los niños perciben las cosas de una manera diferente y ella por todas esas circunstancias siempre vio a su papá como un héroe, aunque reconoce que le afectó mucho el estrés postraumático que padeció hasta su muerte a los 70 años en la clínica Abreu, adonde fue llevado por su propia hija luego de sufrir un infarto tras una acalorada discusión que tuvo con un ayudante fiscal.
La abogada destaca que su padre no tuvo una participación meramente ideológica y dogmática en el 14 de Junio, sino que junto a otros compañeros fue el ideólogo de las Unidades Móviles del movimiento político, creado luego de la expedición contra Trujillo que entró por Constanza, Maimón y Estero Hondo, el 14 y 19 de junio de 1959.
“Al ser un hombre de acción y de combate fue muy torturado, perseguido y golpeado. Por todo ese carácter y las torturas que sufrió él tuvo un estrés postraumático que le duró hasta el día que murió”, precisó.
Cuenta que su padre durmió con un arma debajo de la almohada toda la vida y la llevaba al baño, además de que las habitaciones siempre estaban trancadas y para abrirlas se usaba una clave para indicar que no se llegaba con la presencia de un extraño.
Seguridad Ella como niña sabía que no era una situación normal, pero poco a poco se acostumbró a esa vida de precauciones y sobresaltos.
Recuerda que cuando tenía 11 años se mudaron y la nueva casa era totalmente diferente a las demás de los alrededores, pues tenía puertas que las otras no poseían para conducir a salidas rápidas y estratégicas.
Solía revisar en la casa documentos y grabaciones sin que su padre se enterara y que en ese momento no entendía de qué trataban, pero con el tiempo descubrió su vinculación con la labor política que desarrollaba su progenitor. En el descanso de una escalera solía escuchar también las conversaciones de su padre con compañeros del 14 de Junio.
Siempre le llamó la atención que su padre tenía un agujero literal en la cintura, debido a que no usaba nada para portar el arma entre el pantalón y la piel.
Patricia revela que estuvo acostumbrada a ver todo el tiempo en la casa granadas, chalecos antibalas, armas cortas y largas, algo que para ella era normal. “A los cuatro años ya manipulaba armas. Mi padre desde que yo supe caminar y expresarme bien, él me decía sube arriba y de la mesita de noche tráeme tal arma, me enseñó a desarmarla, evidentemente me estaba entregando, sin yo darme cuenta, una herramienta de defensa”, refirió.
ASIMILÓ LAS AUSENCIAS DE SU PADRE Lo que siempre extrañó Patricia fue la presencia de su padre en momentos como ir con ella a buscar las calificaciones en la escuela o en sus cumpleaños, porque siempre estaba participando en reuniones políticas. “Mi papá sacrificó mi familia, a mí, a mis hermanos, para que tuviéramos como dominicanos libertad de expresión, para que pudiéramos caminar por las calles en libertad y reclamar nuestros derechos”, indicó, pero aclara que admira a su padre por eso y no le guarda rencor por haberle restado tiempo a la familia.
El instinto de seguridad fluye en Patricia de manera natural, a tal punto que en la calle percibe inmediatamente cuando alguien viene detrás de su vehículo. Recuerda que pasaba cerca de la plaza Bella Vista Mall cuando el asalto a un camión de transporte de valores y 10 segundos antes ya se había percatado de lo que ocurriría.
“Esas son cosas que a uno lo marcan, y a la verdad vivir pensando siempre en que algo pasará no es tan sano, pero eso fue lo que me tocó, y mi papá me lo fue enseñando como algo de la vida normal”, agregó.
Patricia se acostumbró a ver a su padre despertarse en la madrugada vociferando en medio de pesadillas. Ella plantea que la unión familiar, así como la cercanía de sus tíos, primos y de su abuela materna, le dieron la contención emocional que mitigó esa cruda realidad.
Empero, confiesa que se siente tranquila, a tal punto que ni siquiera le gustaría conocer a quien torturó a su padre en la cárcel de La 40. “Yo pienso que nosotros, los hijos y familiares que quedamos vivos lo que nos queda es luchar desde nuestros espacios por una mejor República Dominicana y que donde vayamos seamos ejemplo, por la forma de actuar y conducirnos”, precisó.
Su anhelo es una nación realmente democrática, libre de corrupción e impunidad, donde exista mayor sensibilidad social, más oportunidades en educación y salud pública.
Ser la hija de un revolucionario la compromete a honrar la memoria de su padre con cada uno de sus actos.
Patricia es abogada especializada en derecho económico, arbitraje internacional y comercio exterior. Ha laborado en diversas instituciones del Estado, aunque confiesa que en el año 2009 sufrió una gran decepción con el sector público, lo que la lleva a crear la fundación Centro Dominicano de Hipoterapia, donde reciben asistencia niños y adolescentes con diversas discapacidades, usando el caballo como herramienta terapéutica.
Ahora decidió retornar al sector público para apoyar a su amigo de la adolescencia David Collado, en su gestión frente al Ayuntamiento del Distrito Nacional.
Su padre tuvo un primer matrimonio con la abogada y escritora Marianela Muñoz, con quien tuvo su primer hijo Enrique Rafael, y luego se casó con su madre Carmen Paredes, una bioanalista, parasitóloga y profesora universitaria, con quien procreó también a Nora y Rafael Jesús. Está casada con Jefrey Rannik, oriundo de Estonia, con quien ha procreado un hijo.