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martes, 12 de enero de 2016

SABORES Y PICORES EN EL PLD DE HOY / Por Luis R. Decamps R.



Por Luis R. Decamps R. (*)
SABORES Y PICORES EN EL PLD DE HOY
El gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), acaso en pleno hartazgo de confianza por su ya largo sesgo de triunfos electorales y por las proclamas de adhesión pública que les garantizan su portentoso aparato clientelar y su casi absoluto control mediático, continúa avanzando en la adopción de formas de “pensar” y accionar políticos que -debido a su lógica de “harakiri” y su contenido “kamikaze”- bien pudieran terminar generándole desagradables sorpresas en la consulta ciudadana de mayo venidero.
(La situación social y económica del país es harina de un costal diferente: su peso en la decisión electoral -como siempre- estará determinado por la manera en que los contendientes manejen la “tensión” entre realidad y percepción, esto es, en función de cómo los dominicanos terminen “sintiéndola” en las cercanías del día comicial a partir de las tácticas que se pongan en marcha al tenor: todo se reducirá a tratar de convencerlos de que están bien o están mal bajo el actual estado de cosas y, por lo tanto, de si es o no pertinente un cambio de mando y de rumbo en el Estado... Parece un asunto simple, pero -¡ojo!- no lo es: en ese manejo de la realidad y la percepción es que se ha “guayado” más de un erudito de la política).  
La oposición, por su parte, aunque todavía luce sin el empuje necesario para doblegar al oficialismo, cada día ofrece muestras nuevas de adherencias, con la particularidad de que éstas provienen mayoritariamente de las filas de sus adversarios, lo que en el laborantismo partidario equivale siempre a un logro por partida doble: se suman votos para el candidato que recibe el respaldo, pero también se restan al candidato que pierde ese apoyo. Mal, pues, harían los actuales incumbentes de la cosa pública si siguen ignorando una constante de la política de patio: entre nosotros el “capú” ha sido siempre más productivo que el reclutamiento de conscriptos.
La realidad del PLD de hoy tiene mucho de paradoja “wildiana”: no ha resuelto uno sólo de los grandes problemas nacionales con sus ejecutorias gubernamentales, a muchos de sus dirigentes no les cabe más descrédito, ha sufrido sensibles bajas internas (los congresistas y aspirantes son los más notorios, pero no los únicos), varios de sus aliados tradicionales les han dejado el limpio, exhibe una precaria unidad interna, etcétera, y sin embargo las encuestas y los muestreos del momento, aún mostrándolo en descenso respecto de sus simpatías populares de la víspera, no dejan dudas en cuanto a que está en condiciones de resultar electoralmente victorioso... Lo que no está claro, naturalmente, es si esta bonancible situación que pintan los estudios de opinión se mantendrá hasta el día de las votaciones.    
La advertencia respecto al “mal camino” que ha tomado el PLD ya la han hecho sus propios “sabios”: primero, algunos de los “barones” antediluvianos (a los que se les reputa interesados porque en el gobierno actual perdieron sus influencias aunque mantienen sus cargos); después, integrantes del grupo del ex presidente Leonel Fernández (los que no sólo están “afuereados” sino que temen por su porvenir político y personal); y últimamente, muchos que no son parte de las confrontaciones intestinas de la entidad o que hasta hace relativamente escaso tiempo operaban en los linderos del sector que encabeza el presidente Danilo Medina.
(Los casos de Brasil, Argentina y Venezuela -en cuyos modelos de políticas sociales y comunicacionales el oficialismo ha “bebido” bastante bajo recomendaciones de sus asesores extranjeros de campaña-, donde poderosas falanges políticas engordadas socialmente por el paternalismo estatal y el clientelismo han resultado increíblemente derrotadas por la oposición conservadora o liberal a pesar de las largas “colas” de ésta, deberían ser objeto -guardadas las diferencias de tiempo y circunstancias- por lo menos de furtivas miradas precautorias por parte de los peledeístas... No es lo mismo ni es igual, pero cuando la casa del vecino arde es siempre hora de poner las barbas propias en remojo).            
Los opositores no le han dado suficiente “manigueta” al tema (al parecer están muy ocupados en sus ejercicios de narcisismo interno y en sus desbocadas aspiraciones localistas), pero los hechos son los hechos: la más reciente sinrazón política de PLD reside en que acaba de "celebrar" en diciembre pasado el 42 aniversario de su fundación de modo tan trágico como peligroso: estremecido  por el ruido que produjo la muerte violenta de dos de sus militantes en las querellas que se han desarrollado en su congreso elector, y amenazado por la reanudación de las hostilidades entre danilistas y leonelistas que inevitablemente supondrán -si los primeros no sueltan un poco la soga a los segundos- los ya confirmados resultados finales de éste.
(Los episodios de violencia que se han producido en el evento peledeísta seguramente tomaron por sorpresa a muchos de sus militantes de alma blanca que, atenazados por su pasada formación boschista, aún se resisten a creer que la entidad ya no representa lo ético y principista en el escenario político nacional, y que, antes al contrario, hace rato que asumió los “valores” conceptuales y operaciones del balaguerismo y de una parte del viejo perredeísmo... La nostalgia es  legítima, pero por desventura es sólo eso).  
Los desenlaces concretos del congreso elector (o sea, los que pueden objetivamente constatarse a partir de las personas que se impusieron en la competencia interna de cada demarcación específica)   tienen, no obstante, un “mérito” que debe ser destacado: el PLD se ha sincerado definitivamente, presentándose ante el país como lo que realmente es: un híbrido entre el los viejos PRSC (porque la mayoría de los balagueristas ahora son peledeístas) y PRD (porque ha terminado adoptando la parte mala de su conocida “cultura” de fracciones, representada por el luchismo desenfrenado, la quiebra de la fraternidad y la propensión a los desmanes de todo tipo)... Un nombre luce revelador de la esencia del nuevo peledeísmo: Abel Martínez, que derrotó en Santiago -con una amplia profusión de recursos y con su conocido estilo de “megadivo” de discurso pospolítico- a danilistas, jurásicos y “reformadores” (juntos y reburujados para la ocasión).  
Por otra parte, que nadie se llame a engaño: más allá de las proclamas apoteósicas y los lamentos por las graves peloteras entre militantes, la victoria del leonelismo frente al danilismo en múltiples e importantes áreas del mapa peledeísta entraña una revitalización del primero y un debilitamiento del segundo que, probablemente más para mal que para bien, pudiera implicar -como ha quedado patente en los gritos perentorios de dos de sus “padres fundadores”- una ruptura del precario “cese al fuego” público que había normado la vida del PLD en los últimos meses... El leonelismo está vivo, y no andaba de parranda, como alguna gente suponía.
Más aún: si la reunión de Juan Dolio del Comité Político determinó una rebalanceo de las fuerzas interiores del PLD que terminó consagrando al danilismo como el grupo dominante en la entidad (tal y como se comprobó con las posteriores negociaciones y, sobre todo, con la proclamación de la candidatura reeleccionista del actual mandatario), el tramo recién transitado del principal evento eleccionario del peledeísmo se ha erigido en plataforma para un sorprendente y espectacular relanzamiento del proyecto político que encabeza el doctor Fernández... Todo es cuestión de si el ex mandatario agarra o no ahora el toro por los cuernos.
(De carambola, otra virtual ley de la política latinoamericana se ha confirmado: un hombre que ha ejercido la presidencia de su país jamás puede considerarse un “cadáver político”, y yerran sus adversarios cuando, prevalidos de esta última suposición, se olvidan de él o bajan la guardia respecto de su significación y sus expectativas. Entre los electores de nuestro subcontinente, los ex presidentes son una alucinante realidad que mora cotidianamente en la sesera del individuo sencillo y en el anchuroso ámbito de las luchas partidistas... Sólo la muerte los deja fuera de juego).    
Por supuesto, hay que insistir en que la violencia en las entrañas del PLD ha sido el resultado simple de su transformación en un antro de inconductas y populismo clientelar: las discrepancias internas han alcanzado registros inéditos porque son el efecto de la pérdida de sus antiguos apegos morales e ideológicos, con sus secuelas inevitables de relajamiento de la disciplina y disminución de la camaradería (“virtudes” que son absolutamente ajenas a los apremios individualistas del estómago y los bolsillos). En consecuencia, los muertos y los heridos de las trifulcas entre peledeístas son hijas bastardas de la pérdida de identidad de éstos.
Lo otro, naturalmente, es pura lección de la Historia: los partidos de cuadros y de pensamiento sólo han sido exitosos en el diseño y la ejecución de procesos revolucionarios de contenido armado e insurreccional, y nunca ha sido posible transformarlos en organizaciones de base popular o maquinarias electorales triunfales sin que pierdan sus antiguas fragancias... Ni liberales ni cristianos ni socialistas ni conservadores han podido superar este omnipresente sino del devenir: para crecer cualitativamente y llegar al poder hay que pagarle el debido tributo a la politiquería plebeya, esa que los alemanes -con su insufrible flema aria- denominan “realpolitik”    
La explicación de semejante fenómeno no es, empero, tan complicada: la mecánica de la masificación y las exigencias inmediatas de la lucha comicial casi siempre obligan a abandonar, si se desea aumentar los prosélitos, creencias cerradas y proyectos radicales, pues los pueblos no elucubran ni apuestan por el mañana, sino que simplemente toman partido ante el hoy (en una rara dialéctica de odio y devoción) y votan... Las doctrinas, los programas y los planes -como es harto sabido- han sido siempre extraños a las muchedumbres.  
Tal fenómeno, por otra parte, no deja de tener cierto fundamento “práctico”: los partidos pequeños pueden ser disciplinados y conceptuales, pero los de masas no (¿cómo “disciplinar” y “educar” a la gente agrupada sin ejercer una autoridad basada en la violencia institucional?), y obviamente para llegar al poder a través de elecciones, donde los elementos decisivos son el mercado y el voto, es absolutamente imprescindible descorrer los pestillos para que entren las masas... No se puede negar que se trata de una disyuntiva con gran carga de lógica macondiana: se decide por mantener sus esencias fundacionales o, a la inversa, se las sacrifica para pavimentar el camino hacia el poder, y aunque la elección no es fácil, deviene crucial en un momento dado de la vida de los partidos.
Los peledeístas, como se sabe, no sólo eligieron derrotero cuando empezaron a saborear las mieles del poder hace ya un cuarto de siglo, sino que lo confirmaron de la única manera posible en este país: abriendo sus puertas para la “sapiencia” de los prosélitos del desaparecido caudillo de Navarrete y asumiendo el “tigueraje” levantisco y fraccionalista del viejo perredeísmo... Dejémonos, pues, de cuentos: el PLD -en tanto institución- talvez no pueda ser en justicia etiquetado filosóficamente como balaguerista o como perredeísta, pero una parte de sus líderes, dirigentes medios y militantes parecen esforzarse en estos momentos por demostrar lo contrario con su nueva mezcla de sabores y picores... (¡Ay, don Euclides, sus premoniciones al canto!).
(*) El autor es abogado y profesor universitario
12 de enero de 2016

lunes, 4 de mayo de 2015

EL ASESINATO DE BOBBY KENNEDY / Por Luis R. Decamps R.



Por Luis R. Decamps R. (*)
La noche del 4 de junio de 1968, Robert Francis Kennedy (Bobby), hermano y virtual heredero político del asesinado presidente John F. Kennedy, se encontraba en el hotel Ambassador, de Los Ángeles, California, siguiendo las incidencias finales de las primarias demócratas que se habían desarrollado en ese importante estado norteamericano.
El primer semestre de ese año había dejado huellas indelebles en los Estados Unidos: Martin Luther King fue asesinado en abril, a cada momento y en cualquier lugar estallaba una protesta violenta y ruidosa contra el establishment, la sociedad se evidenciaba dividida y enconada a propósito del tema de los derechos civiles, y una parte de la juventud protagonizaba protestas pacifistas denunciando el reclutamiento obligatorio y la guerra de Vietnam.
Kennedy, precandidato demócrata a la presidencia, después de algunos tropiezos iniciales había logrado convertirse en una fuerte opción en las primarias de su partido, habiendo captado bastante apoyo entre los blancos pobres de los centros industriales, los negros de las grandes urbes, los círculos intelectuales liberales y los jóvenes sin compromisos partidarios.                       
Cerca de las 11:30 de la noche de ese día, ya era un hecho que Kennedy había resultado ganador en California. En razón de ello, y como era de rigor, minutos después de la medianoche se dispuso a pronunciar algunas palabras para expresar su gratitud a los electores. El Gran Salón del hotel estaba abarrotado por unos 1,800 entusiastas militantes que gritaban: “¡Queremos a Bobby! ¡Queremos a Kennedy!”.
En su alocución de esa noche, el precandidato demócrata llamó a superar “las divisiones, la violencia, el desencanto con nuestra sociedad… Las divisiones, ya sea entre blancos y negros, entre los pobres y los más ricos, o entre grupos de edades o en cuanto a la guerra de Vietnam…”. Y enfatizó: “Espero que ahora que han terminado las primarias de California podamos concentrarnos en mantener un diálogo... ¿En qué dirección queremos ir en los Estados Unidos? ¿Qué vamos a hacer en las zonas rurales de este país? ¿Qué vamos a hacer por aquellos estadounidenses que aún sufren de hambre? ¿Qué vamos a hacer en el resto del mundo? ¿Vamos a continuar con las políticas que han sido tan desastrosas en Vietnam? Creo que debemos avanzar en una dirección diferente...”.
Aproximadamente a las 12:15 de la madrugada, Kennedy se despidió de la concurrencia con la intención de dirigirse hacia su siguiente compromiso, que era otra concentración de sus partidarios en un salón contiguo. No obstante, debido a que ya se había hecho muy tarde y un grupo de periodistas lo esperaba para una conferencia de prensa en la Sala Colonial, sus asistentes decidieron obviar esa segunda reunión y, a través de la cocina y la zona de despensa situada detrás del lugar donde se encontraban, conducirlo ante los reporteros.
La seguridad de Kennedy estaba formada básicamente por William Barry, antiguo agente del FBI, y los ex atletas Roosevelt Grier y Rafer Johnson... Fue Barry quien le comunicó el cambio de itinerario: “Hay un reajuste, senador -le dijo-, y nos vamos por esta vía”, señalándole a la izquierda, al tiempo que empezaba a despejarle el camino hacia las puertas de vaivén de la cocina. Kennedy, no obstante, confundido con la gente que lo vitoreaba, tomó una salida trasera, siguiéndole los pasos al jefe de camareros Karl Uecker, quién lo guió a través del área de la cocina tomando su mano derecha, pero liberándosela con regularidad para que pudiera saludar a las personas que encontraba a su paso. Descendieron por un pasadizo que se estrechaba debido a que en un lado había una máquina de hielo y en el otro una mesa de vapor. Casi de inmediato, Kennedy giró a su izquierda y saludó con la mano al ayudante de camarero Juan Romero. En este instante fue que se escucharon  múltiples detonaciones. Kennedy fue alcanzado por varios de los disparos y se derrumbó sobre el piso. Barry, que estaba casi al lado del político demócrata, reaccionó rápidamente y golpeó dos veces en el rostro a un hombre que blandía un revólver, mientras que Uecker, Edward Minasian, el escritor George Plimpton, Johnson y Grier lo inmovilizaban y desarmaban.
Por su lado, Barry había saltado hacia el sitio donde yacía el senador y colocó su chaqueta bajo la cabeza sangrante de éste. Romero le sostuvo la cabeza y puso un rosario en su mano. En ese momento, Kennedy le preguntó: “¿Están todos bien, verdad?”, y Romero respondió “Sí, sí, todo va a salir bien”. De este instante hay una dramática imagen fotográfica que daría la vuelta al mundo... Ethel Kennedy, la esposa del político, que clamaba por ayuda en medio del tumulto, fue llevada al lugar donde aquel estaba tumbado, y de inmediato se arrodilló a su lado. Kennedy hizo un movimiento de cabeza y pareció reconocerla. Algunos instantes más tarde llegaron los paramédicos,  y lo levantaron y acomodaron en una camilla. “No, no”, exclamó él antes de perder la conciencia.
La ambulancia llevó a Kennedy al Central Receiving Hospital, donde se comprobó que fue impactado por tres proyectiles: el primero penetró por detrás de su oreja izquierda llegando hasta el cerebro, y los restantes entraron por la parte trasera de su axila derecha: uno salió por el pecho y el otro se alojó en la parte de atrás del cuello. Media hora más tarde, fue trasladado al The Good Samaritan Hospital a fin de tratar de remover la bala y los fragmentos de huesos alojados en el cerebro. La operación comenzó a las 3:12 de la mañana y se extendería por 3 horas y 40 minutos. A las 5:30 de la tarde, el portavoz Frank Mankiewicz informó que los médicos estaban “preocupados por la continúa falta de mejoría” del paciente, cuya condición era “extremadamente crítica”. Kennedy moriría a la 1:44 de la mañana del día siguiente.
EL “DURO” DE LA PROLE
Bobby Kennedy había nacido el 20 de noviembre de 1925, y era el séptimo hijo de Joseph  Kennedy y Rose Fitzgerald. Su infancia y adolescencia habían transcurrido entre estudios, viajes y repetidos cambios de domicilio. Siempre se le consideró excepcionalmente inteligente, el más “duro” de carácter entre sus hermanos, e inclinado a los elementalismos de pensamiento, sobre todo en el plano ético-religioso.
En 1943 Bobby se enroló en la Armada de los Estados Unidos, siguiendo el ejemplo de sus hermanos mayores, Joe y John. Al llegar a término su alistamiento, reanuda los estudios y, en 1948, reingresa a la Universidad Harvard, donde terminaría el Bachillerato en Artes. En 1950 contrajo matrimonio con Ethel Skakel. Un año después se recibiría en Derecho en el Colegio Legal de la Universidad de Virginia. En 1952 entró al mundo de la política como principal ejecutivo de la primera campaña por la senaduría de Massachusetts de su hermano John. En 1953 pasó a trabajar para el senador Joseph McCarthy, y se vio implicado en sucesos de acoso político e ideológico.
Cuando John fue elegido presidente de los Estados Unidos en 1960, nombró a Bobby como Fiscal General. En esta calidad, desempeñaría un rol de primer orden en las decisiones presidenciales sobre la invasión de bahía de Cochinos de 1961 contra el régimen de Fidel Castro, lo mismo que en la “crisis de los misiles” de 1962. También estuvo, como ya se ha reseñado, en el centro de la acción política en la época de las controversias sobre la guerra en Vietnam y de auge del movimiento de los derechos civiles, primero respaldando las medidas adoptadas por John como presidente y, después, situándose a favor de la paz y el reconocimiento de las prerrogativas de los ciudadanos de color.
Luego del asesinato de John en septiembre de 1963, Bobby se mantuvo en el puesto de Fiscal General durante un tiempo, y eran públicas sus aspiraciones de ser candidato a la vicepresidencia en las elecciones de 1964. El presidente Johnson, sin embargo, le hizo saber que ya había seleccionado para ello al senador de Minnesota, Humbert Humphrey, y por ello Kennedy luego decidiría lanzar su candidatura a senador de Nueva York. En septiembre de 1964 dimitió del gobierno. Johnson ganaría las elecciones de noviembre y Bobby resultaría electo al Senado.
Kennedy fue senador durante tres años y medio, y apoyó los movimientos moderados de lucha por las libertades civiles, promovió una solución del conflicto del Medio Oriente con base en el reconocimiento del Estado de Israel, giró importantes visitas a países extranjeros (incluyendo una a Sudáfrica, donde prevalecía el apartheid), apoyó las reivindicaciones de la gente de escasos recursos económicos, y se pronunció reiteradamente contra el escalamiento de la guerra de Vietnam.
La notoria presencia de Kennedy en los debates sobre los temas políticos más trascendentales de la época dio pie desde 1966 a conjeturas en el sentido de que se proponía disputarle la candidatura demócrata a Johnson para las elecciones de 1968. Las especulaciones al efecto corrieron a lo largo de todo el año de 1967, pero colaboradores cercanos del senador lo negaban. En marzo de 1968, sin embargo, Kennedy anunció que participaría en las primarias demócratas. Sus principales contrincantes serían  Johnson y el senador de Minnesota, Eugene MacCarthy. 
En las vitales primaras demócratas de New Hampshire contra el senador MacCarthy, Johnson obtuvo  una victoria pírrica, y se dice que esto (junto a quebrantos de salud que aún no eran públicos) lo empujó a renunciar a sus aspiraciones y volcar su respaldo sobre el vicepresidente  Humphrey. Dos semanas después, Johnson informaría oficialmente que abandonaba sus aspiraciones reeleccionistas.                          
El 4 de abril, mientras visitaba Indianápolis, Kennedy fue enterado del asesinato de Martin Luther King, y pronunció un discurso en el que, al tiempo que condenó el hecho, se refirió a la necesidad de una “reconciliación histórica” entre las razas en los Estados Unidos y el mundo. Las primarias de Indiana y Nebraska fueron ganadas por él, pero en Oregon fue derrotado. El 4 de junio triunfó en las de Dakota del Sur y California, y aunque MacCarthy -a quien Kennedy había derrotado en este último estado- declaró que no pensaba “tirar la toalla”, era patente que la precandidatura del senador de Nueva York adquiría perfiles definitivos.
Como se ha dicho, tras hacerse oficial su victoria en California, Kennedy fue al salón de baile del hotel Ambassador a dirigirles unas breves palabras a sus seguidores. Comenzó su discurso al filo de la medianoche y, momentos después de concluirlo en un ambiente de entusiasmo y esperanza, sería mortalmente baleado.  
EL ASESINO “MUDO”
El hombre detenido en el teatro de los acontecimientos con el arma homicida (un revolver Iver Johnson calibre 22) era un joven árabe de 24 años, tez morena clara, pelo negro y baja estatura, residente en Los Ángeles, llamado Sirhan Bishara Sirhan, quién de inmediato hubo de ser conducido fuera del lugar bajo protección policial debido a que una multitud enfurecida amenazaba con lincharlo.                         
El individuo, al ser atrapado, se mostró extrañamente silencioso. Aunque en un primer momento forcejeó con sus captores, no abrió la boca para nada ni mostraba emoción alguna. “Parecía un robot”, diría un periodista presente en el lugar. Más adelante, uno de los agentes que lo trasladaron al Departamento de Policía de Los Ángeles testimonió que sus pupilas lucían dilatadas, y sospechó que estuviera bajo los efectos de algún alucinógeno. Luego se sabría que esa noche había ingerido bebidas alcohólicas. En los interrogatorios, desde el principio se negó a responder toda pregunta, y su única reacción era un movimiento horizontal de cabeza en señal de negativa.                 
Sirhan fue procesado como el autor de la muerte de Kennedy, y después de muchas protestas de inocencia el 3 de marzo de 1969 admitió su culpabilidad alegando que se encontraba “disgustado por el apoyo político” que éste “le daba a Israel en contra de la causa de mi pueblo de Palestina”. El 17 de abril la corte aceptó la confesión, y seis días después fue condenado a muerte. Los recursos legales, no empece, impidieron la ejecución durante varios años. Finalmente, en 1972 la sentencia fue cambiada por la de cadena perpetua tras la decisión del Tribunal Supremo de California que declaró la pena de muerte “inadmisible” por “cruel e inusual”, además de “innecesaria a cualquier objetivo legítimo del Estado” e “incompatible con la dignidad del hombre y el proceso judicial”.
En los siguientes años Sirhan solicitó la libertad condicional repetidas veces bajo alegaciones diversas. Además, su familia ha insistido constantemente en defender su inocencia. En 2011 radicó su última petición al tenor (puede hacerlo cada cinco años), y ya con 66 años de edad dijo tener “gran remordimiento y arrepentimiento profundo”, pero su solicitud fue rechazada. Desde 2013 se encuentra confinado en el Centro Correccional Richard J. Donovan de San Diego, California.
LA TEORÍA DEL “SEGUNDO TIRADOR” Y OTRAS DUDAS
El asesinato de Bobby Kennedy desde un primer momento dio pie a una gran cantidad de versiones y conjeturas, desde la relativa a la presencia de una trama tipo “candidato Manchuria” (control mental dirigido) hasta la existencia de una “conspiración derechista” con el supuesto involucramiento de una parte del personal que esa noche servía en el hotel  Ambassador.  
Debido a las omisiones e incongruencias de la investigación policial, muchas dudas han quedado en el aire con respecto a lo que ocurrió aquella noche fatídica, y una de ellas se ha referido a la presunta existencia de un “segundo tirador”. Esta lectura ha cobrado notoriedad a partir de que las investigaciones forenses muestran la existencia de una cantidad de disparos superior a la capacidad de carga del arma usada por Sirhan en el crimen.
En ese respecto, una versión que ha sido documentada es la que contabiliza 11 disparos: los tres que impactaron a la víctima, dos que pegaron en la jamba de una puerta de madera y cinco o seis que llegaron hasta el techo, señalados en las placas que fueron retiradas como evidencias. De acuerdo con esta versión, los investigadores encontraron más balas (o huellas de éstas) que las que contenía el revólver con el que disparó Sirhan.
Ninguna de las teorías alternativas, empero, ha podido ser comprobada fehacientemente hasta ahora. Lo único cierto, absolutamente cierto -tal y como coincidieron en declarar los testigos presenciales del hecho- es que Sirhan, un fanático de la causa palestina, fue el hombre que aquella madrugada hizo los disparos que le arrebataron la vida a Bobby Kennedy, acaso el más singular y prometedor de los políticos demócratas de ese convulso período de la historia estadounidense.
4 de mayo de 2015. SANTO DOMINGO
(*) El autor es abogado y profesor universitario
lrdecampsr@hotmail.com