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lunes, 20 de julio de 2026

República Dominicana, Estados Unidos y Europa | Por Eduardo Sanz Lovaton

República Dominicana, Estados Unidos y Europa
Eduardo Sanz Lovaton
13/07/2026 00:00

Las veces que me ha tocado representar al país en reuniones oficiales, sea en Washington, Nueva York, Nueva Delhi, Panamá, Paris, Colombia, entre otros, un mensaje se queda en mi memoria. República Dominicana es un país admirado en el mundo. Esa realidad muchas veces contrasta con la diatriba que vemos en nuestros medios de comunicación, en nuestros discursos políticos y con mayor énfasis en las redes sociales.

Este fenómeno de la admiración internacional frente a la controversia interna es, hasta cierto punto, justo, puesto que, aun reconociendo el hecho de que nuestro país ha sostenido, durante 50 años, un ritmo de crecimiento económico por encima del 4%, y que gozamos de una singular estabilidad política combinada con la seguridad jurídica que permitió que solamente en el año 2025 recibiéramos más de 5,000 millones de dólares en inversión extranjera directa, no es menos cierto que todavía nuestra sociedad requiere de brincos en muchos indicadores de bienestar humano. La admiración internacional no puede ser una excusa para no continuar transformándonos. Estos casi 6 años de Luis han conseguido mejorar nuestra institucionalidad, diversificar las fuentes de crecimiento económico, como podemos ver con los ejemplos del nuevo polo turístico en Pedernales, el auge de nuestra industria logística, la diversificación y crecimiento de nuestras exportaciones.

Me quiero detener en el tema de las exportaciones, porque es extraordinario comprobar que hace apenas 7 u 8 años la matriz exportadora de nuestras zonas francas era, en más de un 50%, insumos textiles que, aunque productivos y convenientes durante muchos años, hoy han cedido terreno: la realidad es que el 35% de nuestras exportaciones de zonas francas son insumos médicos, y el 14%, insumos electrónicos, lo cual ejemplifica que nuestra matriz exportadora es hoy diversa, sofisticada y moderna.

Luis ha logrado hacer de la economía dominicana menos dependiente de las bendiciones del turismo y de los héroes y heroínas que nos mandan las remesas del exterior. Hoy, somos un Hub Logístico de calidad mundial. Hoy, somos un país que da pasos firmes para traer a nuestro tejido productivo e industrial la fabricación de los insumos necesarios para la era de la inteligencia artificial y los grandes centros de tecnología. En esas labores viajé hace unos días al reino de España y la República Federal de Alemania. Allí me reuní con potenciales inversionistas que pudieran estar desarrollando en nuestro país, a través del régimen de zonas francas, la producción de semiconductores para exportar. En reuniones con la Secretaria de Estado de Comercio, Amparo López Senovilla y con el Secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga, fue impresionante ver como ambos coincidían por separado, en que ven a República Dominicana como un puente natural para la inversión española en toda América Latina. Fueron muy enfáticos al explicarnos que más del 20% de toda la inversión extranjera que entra al país se produce del emprendedurismo español. Para nosotros, y lo comentaba con el vicecanciller Hugo Rivera que me acompañaba, es reconfortante poder anunciar al país que nuestra economía tiene en el comercio exterior la escalera ideal para llevar a Gualey, Guachupita, Cienfuegos, las ventajas que se desprenden desde las invenciones surgidas en el valle de California o en Arizona State. Otro nexo oportuno para nuestro futuro me lo señaló un empresario Alemán al preguntarme por las relaciones de R.D. con Estados Unidos, yo le contesté que: “siempre serán excelentes porque son los Estados Unidos nuestro principal socio comercial, al que más le exportamos y donde vive un número incontable de dominicanos”.

A modo de chiste, yo le dije al señor: “la segunda ciudad más poblada de la R.D. , después de Santo Domingo, es Nueva York. Al decirle esto, él me respondió algo parecido a lo que me habían dicho en España, en el sentido de que, así como R.D. puede ser el puente entre España, América Latina y Europa, también podíamos ser el puente entre Europa y Estados Unidos. Al ser un país que no rivaliza con las grandes potencias, que no tiene historia de radicalizaciones ideológicas, que no tiene historial de terrorismo ni de grandes bandas criminales, y al contar además con la afortunada realidad de vivir en un sistema político homologable al del coloso norteamericano y a los ideales de la Unión Europea, podemos ser a la vez un socio noble y conveniente.

Regrese al país más decidido que nunca a acompañar a Luis en este tramo final de un gobierno que terminará siendo histórico en lo económico, en los institucional y en lo social. Creo que el futuro económico del país tendrá virtud solo si abrazamos impulsar y proteger nuestra capacidad exportadora y la utilización de nuestra increíble ubicación geográfica coronada por el espíritu indómito de la dominicanidad. ¡Vamos!

https://listindiario.com/puntos-de-vista/20260713/republica-dominicana-estados-unidos-europa_913562.html

Comentario |

República Dominicana ante el mundo: confianza, inversión y desarrollo

Desde el 16 de agosto de 2020, el Poder Ejecutivo ha articulado estabilidad, promoción internacional, modernización logística, diversificación productiva y reputación país para convertir a la República Dominicana en una plataforma confiable entre Estados Unidos, Europa, América Latina y el Caribe.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La admiración internacional que hoy despierta la República Dominicana no es un accidente de coyuntura ni una simple expresión de optimismo diplomático. Es el resultado de una política pública sostenida que, desde el 16 de agosto de 2020, ha procurado colocar al país en una posición distinta frente al mundo: no solo como destino turístico de sol y playa, sino como una economía estable, abierta, confiable, competitiva y estratégicamente ubicada para conectar mercados, capitales, talento y cadenas globales de valor. En ese sentido, el planteamiento de Eduardo Sanz Lovatón en su artículo “República Dominicana, Estados Unidos y Europa” acierta al identificar una realidad cada vez más visible: el país está siendo observado desde fuera con una valoración superior a la que muchas veces se reconoce en el debate interno. 

Ese reconocimiento externo descansa, en primer lugar, sobre la estabilidad. En medio de pandemia, inflación global, guerras, tensiones geopolíticas y reconfiguración de cadenas de suministro, la República Dominicana ha preservado paz social, gobernabilidad democrática, seguridad jurídica y estabilidad macroeconómica. Esa combinación ha sido determinante para que la inversión extranjera directa alcanzara en 2025 los US$5,032.3 millones, un récord histórico y un crecimiento de 11.3 % respecto a 2024, según el Banco Central. No menos relevante es que, entre 2020 y 2025, los flujos de inversión extranjera prácticamente se duplicaron, con un crecimiento cercano al 97 %, conforme ha destacado la Presidencia. 

Pero la inversión no llega únicamente porque un país tenga ubicación geográfica. Llega cuando hay confianza, reglas claras, promoción activa y capacidad institucional para acompañar al inversionista. En esa ruta, ProDominicana ha asumido un papel decisivo mediante la promoción del país en más de 60 naciones y la realización de más de 350 actividades orientadas a posicionar oportunidades de inversión y exportación. A ello se suman la Ventanilla Única de Inversión y los programas de acompañamiento posterior al inversionista, instrumentos que buscan reducir fricciones, simplificar procesos y dar mayor previsibilidad al capital extranjero. 

La competitividad también se ha fortalecido con la reducción de trabas burocráticas. Burocracia Cero, concebido para digitalizar trámites, simplificar procesos y reducir costos, forma parte de una visión de Estado que entiende que la eficiencia pública es una condición de desarrollo. Para un ciudadano, menos burocracia significa menos pérdida de tiempo; para una empresa, significa menor costo operativo; para un inversionista extranjero, significa mayor certeza. En una economía global donde el capital compara destinos, los países que reducen incertidumbre tienen ventaja.

Otro avance fundamental ha sido la modernización logística y aduanera. El programa Despacho en 24 Horas, impulsado desde la Dirección General de Aduanas, ha sido más que una innovación administrativa: ha sido una señal de que la República Dominicana aspira a competir como hub logístico regional. Reducir tiempos de despacho, mejorar procesos, integrar sectores y aprovechar la conectividad marítima y aérea permite al país fortalecer su papel como plataforma natural entre Estados Unidos, Europa, el Caribe y América Latina.  

Esa visión se complementa con la transformación de la matriz productiva. Las zonas francas ya no son únicamente espacios de manufactura ligera o textil. Hoy representan una estructura exportadora más sofisticada, donde los dispositivos médicos, los productos eléctricos y electrónicos, los farmacéuticos y otros bienes de alto valor agregado ocupan un lugar creciente. En 2025, las exportaciones de zonas francas superaron los US$8,548 millones, mientras que el subsector de dispositivos médicos alcanzó en 2024 exportaciones por US$2,871.7 millones, equivalentes al 33.4 % de las exportaciones del régimen. Ese cambio revela una economía que empieza a competir por precisión, talento, tecnología y confiabilidad industrial. 

El turismo, por su parte, ha sido asumido no solo como fuente de divisas, sino como herramienta de desarrollo territorial. Cabo Rojo-Pedernales expresa esa nueva mirada: infraestructura, sostenibilidad, alianza público-privada, conservación ambiental e inclusión económica para una región históricamente rezagada. Si ese proyecto logra consolidarse con respeto al entorno y participación comunitaria, el sur puede convertirse en una frontera real de oportunidades, no en una promesa repetida.

La Marca País también ha sido parte de esta construcción. Lanzada en octubre de 2020 sobre los pilares de inversión, exportaciones, turismo, cultura y ciudadanía, ha servido para ordenar el relato dominicano ante el mundo. Su valor no está en sustituir la política económica, sino en comunicarla con coherencia. La reputación también atrae capital: cuando un país transmite estabilidad, talento, apertura y visión, mejora su posición en la mente de inversionistas, turistas, compradores y aliados estratégicos. 

En esa ecuación, Estados Unidos y Europa ocupan un lugar central. La relación con Estados Unidos se ha consolidado en comercio, seguridad, inversión, diáspora y cadenas de suministro. En 2025, el intercambio comercial bilateral rondó los US$18,977 millones, lo que confirma la profundidad de una relación que va mucho más allá de la vecindad geográfica. Europa, especialmente España, aporta capital, turismo, vínculos empresariales y una comunidad dominicana que sirve de puente cultural y económico. 

La diáspora es, quizás, el activo humano más poderoso de esta estrategia. Más de 3 millones de dominicanos residen en 129 países; 2.5 millones están en Estados Unidos y más de 207 mil en España. Esa comunidad envía remesas, consume productos dominicanos, promueve cultura, invierte, conecta redes empresariales y sostiene una diplomacia cotidiana que ninguna embajada puede sustituir. 

Por eso, la respuesta al artículo de Sanz Lovatón debe ser serena pero firme: la admiración internacional por la República Dominicana no surge de la casualidad. Es consecuencia de estabilidad, apertura, modernización, promoción, logística, diversificación productiva, reputación país y una diáspora que multiplica la presencia nacional en el mundo. El desafío pendiente es convertir esa confianza externa en bienestar interno más amplio, en empleos de calidad, innovación, mejores servicios y oportunidades reales para los barrios y provincias. Pero el punto de partida es innegable: desde 2020, el país ha ganado voz, respeto y capacidad para competir en el escenario global.
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lunes, 22 de junio de 2026

La dignidad como medida del desarrollo


La dignidad como medida del desarrollo

Cuando la estabilidad económica, la inversión territorial y la recuperación del espacio urbano convergen en una misma dirección, el desarrollo deja de ser una categoría técnica y comienza a expresarse en aquello que de verdad importa: tiempo, convivencia, seguridad y bienestar para las familias.

La discusión pública dominicana suele oscilar entre dos extremos que rara vez se tocan: por un lado, la macroeconomía, con su lenguaje de balances, recaudación, crecimiento y atracción de inversiones; por otro, la vida diaria de la ciudadanía, atravesada por el transporte, el acceso a espacios dignos, la calidad del entorno y la expectativa concreta de progreso. Sin embargo, la agenda estatal desplegada en los últimos días permite observar un esfuerzo por cerrar esa distancia histórica. La promulgación de la, por el presidente Luis Abinader, la concentración de inversión pública en Santiago, la inauguración del Paseo 30 de Mayo y el ritmo sostenido del turismo no constituyen simples episodios administrativos, sino señales de una misma orientación de política pública: proteger la estabilidad, reorganizar el territorio y traducir la gestión en bienestar perceptible. La Ley 30-26 fue definida oficialmente como un instrumento de medidas, procrecimiento, simplificación fiscal y mitigación de la crisis internacional, con énfasis en la sostenibilidad de las finanzas públicas, la previsibilidad económica y la preservación del empleo. 

Ese esfuerzo de articulación merece atención porque ocurre en un momento especialmente delicado para las economías abiertas. La incertidumbre internacional ya no es una amenaza abstracta: impacta el crédito, la inversión, el comercio y la capacidad de sostener políticas públicas sin deteriorar la confianza. En ese marco, el paquete económico asociado a la nueva legislación fue concebido para ampliar el margen de maniobra del Estado sin alterar el ITBIS ni descargar el mayor peso de los ajustes sobre las micro, pequeñas y medianas empresas, al tiempo que incorpora alivios, simplificación tributaria, incentivos a la inversión y mecanismos de regularización. El mensaje implícito es inequívoco: la estabilidad no puede defenderse solo desde la ortodoxia contable; también requiere sensibilidad productiva y una lectura inteligente de la estructura social del país. Pero toda arquitectura fiscal, por refinada que sea, termina rindiendo examen en un terreno mucho más exigente que el de los cuadros técnicos: su capacidad de convertirse en empleo, certidumbre y tranquilidad para la sociedad. 

La segunda clave de esta coyuntura se encuentra en Santiago, convertida de nuevo en símbolo de una inversión pública concebida no como espectáculo episódico, sino como herramienta de transformación regional. En el 58.º Consejo de Ministros se informó que la provincia acumula más de RD$110,000 millones en inversión pública durante los últimos cinco años y que allí se han revisado más de 200 obras e intervenciones ligadas a movilidad, agua, saneamiento, salud, energía, vivienda y desarrollo urbano. Entre las iniciativas más significativas figuran el Monorriel, el Teleférico, la Circunvalación de Navarrete y la transformación integral de Arroyo Gurabo, un proyecto con dimensión urbana, social y ambiental sobre comunidades que durante demasiado tiempo convivieron con la precariedad como normalidad. La magnitud de esas cifras no debe leerse únicamente en términos presupuestarios. Lo verdaderamente importante es que revelan una comprensión más moderna del desarrollo: las provincias no pueden seguir siendo periferias de espera, sino nodos activos de competitividad, organización territorial y mejor calidad de vida. 

Ahí se produce, quizá, el cambio de paradigma más interesante. La infraestructura deja de ser mero cemento para convertirse en política social indirecta de alta eficacia. Un sistema de movilidad no solo acorta distancias; reorganiza rutinas, libera tiempo útil, conecta trabajo con residencia y restituye dignidad a jornadas que antes se consumían en el desgaste del traslado. Una intervención de saneamiento no solo corrige una anomalía ambiental; revaloriza comunidades, mejora salud pública y devuelve horizonte a territorios históricamente desplazados del relato del progreso. Cuando la obra pública se piensa de esa manera, ya no se mide únicamente por su costo ni por su tamaño, sino por la cantidad de vida que es capaz de mejorar. Esa es la vara más exigente y, al mismo tiempo, la más justa para evaluar cualquier proyecto estatal.

En Santo Domingo, la inauguración del Paseo 30 de Mayo introduce un componente de enorme densidad simbólica: la recuperación del espacio urbano para la convivencia. El proyecto, con una extensión oficial de 50,351 metros cuadrados, convierte una zona abandonada durante años en un parque urbano y complejo deportivo con senderos, áreas recreativas, ciclovía, espacios infantiles, instalaciones deportivas y una importante integración de áreas verdes. Reportes públicos y periodísticos subrayan, además, la siembra de más de 900 árboles y la vocación del espacio como nuevo pulmón urbano y corredor de encuentro ciudadano frente al mar. En tiempos donde las ciudades suelen ser vividas como escenario de presión, congestión y fragmentación, esta recuperación recuerda una verdad elemental: una sociedad también se define por los lugares que reserva para que su gente respire, camine, juegue y comparta.

Paseo 30 de Mayo

No se trata, como a veces se cree, de obras “blandas” o secundarias frente a la urgencia de otras demandas. El espacio público es una forma concreta de justicia urbana. Allí donde una familia encuentra seguridad, esparcimiento y belleza compartida, el Estado deja de ser una abstracción y se vuelve presencia civilizadora. Los parques, los paseos y los corredores recreativos son, en el fondo, instituciones silenciosas de la democracia cotidiana: ordenan la convivencia, reducen exclusiones, reparan la relación emocional entre ciudadanía y ciudad, y ofrecen algo que ninguna estadística captura por completo: la sensación íntima de que el progreso también puede habitarse. Una nación no se moderniza solo cuando produce más, sino cuando hace más habitable la experiencia de vivir juntos


El turismo, entretanto, aporta el otro gran respaldo de esta narrativa pública. Entre enero y mayo de 2026, la República Dominicana recibió 5,641,659 visitantes, un 8 % más que en igual período del año anterior; de ese total, 4,147,025 llegaron por vía aérea y 1,494,634 por vía marítima. Solo en mayo se registraron 744,045 turistas aéreos, con un crecimiento interanual de 10.4 %, mientras la ocupación hotelera y los niveles de satisfacción del visitante se mantuvieron en rangos robustos. Estas cifras consolidan al turismo como uno de los principales soportes de divisas, empleo e inversión, pero también obligan a un debate más serio sobre su siguiente etapa. Ya no basta con celebrar récords. El desafío superior consiste en convertir ese dinamismo en mayor encadenamiento productivo interno, en beneficios mejor distribuidos y en un modelo de crecimiento territorialmente más equilibrado y ambientalmente más sostenible.


A ello se suma un elemento de posicionamiento internacional que no debe ser subestimado. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, agradeció públicamente a la República Dominicana por su cooperación en los esfuerzos internacionales de estabilización de Haití y por el apoyo logístico ofrecido a la misión vinculada a la seguridad en ese país. En una coyuntura regional atravesada por tensiones humanitarias, geopolíticas y de seguridad, ese reconocimiento fortalece la imagen de un Estado con responsabilidad regional y capacidad de interlocución. La política exterior, bien entendida, también forma parte del desarrollo: proyecta confianza, consolida reputación y eleva el peso específico de la nación en escenarios donde la credibilidad es ya una forma de poder. 

Pero ninguna narrativa oficial, por sólida que parezca, se sostiene solo con anuncios, cifras o inauguraciones. Sobre las iniciativas impulsadas por el Poder Ejecutivo durante esta semana, la verdadera legitimidad de estas políticas dependerá de su persistencia, de su calidad de ejecución y, sobre todo, de su capacidad para alterar favorablemente la experiencia diaria de la población. Porque al final, el desarrollo impulsado se juega en el hogar que gana tiempo, en el barrio que recupera seguridad, en la ciudad que deja de expulsar y comienza a acoger, en la familia que siente que el país avanza también con ella. Ese es el punto decisivo. Cuando la macroeconomía no desemboca en dignidad compartida, el crecimiento es apenas una estadística elegante. Pero cuando la política pública logra tocar la vida real, entonces deja de administrar el presente y empieza, de verdad, a construir nación.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

viernes, 29 de mayo de 2026

Abinader explica la razón del alto costo de los combustibles

ALZAS

Abinader explica la razón del alto costo de los combustibles

El mandatario enfatizó que el actual precio final de los combustibles en República Dominicana sí es causa de la inflación producida por la guerra en medio oriente, que incluso ha provocado que el Gobierno haga cambio en su presupuesto.

La explicación del mandatario se realizó durante su participación en la conferencia–diálogo “Un Presidente Economista".
La explicación del mandatario se realizó durante su participación en la conferencia–diálogo
“Un Presidente Economista".
Jorge Martínez / LD

Santo Domingo, RD || 28/05/2026 21:38 | Javier Flores

El presidente Luis Abinader señaló que, además de la crisis producida por el conflicto bélico entre los Estados Unidos e Irán, los altos impuestos también influyen en el precio final de los combustibles debido a que la República Dominicana no produce petróleo.

"Nuestra economía tiene también un porciento alto de impuestos a los combustibles porque no producimos petróleo. Nosotros tenemos que importar todo el petróleo que consumimos, tanto el petróleo refinar, que representa el 35% del consumo nacional mientras que el restante lo importamos en líquido", expresó.

El mandatario enfatizó que el actual precio final de los combustibles en República Dominicana sí es causa de la inflación producida por la guerra en medio oriente, que incluso ha provocado que el Gobierno haga cambio en su presupuesto.

"Nosotros hicimos el presupuesto costando 65 dólares y hasta el viernes estaba en 102 dólares y ha subido incluso hasta a US$114. Mientras prácticamente se duplicó el barril de petróleo, subió en un 80%, nosotros solamente hemos subido (los precios de los combustibles) un 15%, porqué también eso afecta la inflación", expresó el mandatario.

Actualmente, el precio de la gasolina Premium es RD$331.10; el de la regular, RD$305.50; el gasoil óptimo, RD$283.10; el gasoil regular en RD$257.80; el GLP RD$137.20 y el gas natural en RD$43.97 por m3 (1,000 litros).

La explicación del mandatario se realizó durante su participación en la conferencia–diálogo “Un Presidente Economista" en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec).

https://listindiario.com/la-republica/gobierno/20260528/abinader-explica-razon-alto-costo-combustibles_907625.html

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Combustibles caros, país vulnerable

El alza de los combustibles en República Dominicana no debe leerse como una simple variación semanal de precios, sino como la expresión más visible de una fragilidad estructural: la dependencia absoluta de un mercado energético internacional cada vez más inestable, costoso y geopolíticamente condicionado.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La discusión sobre el alto costo de los combustibles en República Dominicana ha vuelto al centro del debate público en un momento particularmente delicado. Los precios vigentes al cierre de mayo —gasolina premium a RD$331.10, regular a RD$305.50, gasoil óptimo a RD$283.10, gasoil regular a RD$257.80, GLP a RD$137.20 y gas natural a RD$43.97 por metro cúbico— revelan que el impacto ya no es una percepción, sino una realidad tangible para hogares, transportistas, comercios y sectores productivos. A ello se suma que el país no produce petróleo y debe importar la totalidad de lo que consume, incluso cuando parte del abastecimiento llega ya refinado, lo que deja a la economía nacional expuesta a shocks externos que no controla. 

Lo que encarece el surtidor dominicano no nace únicamente en las estaciones de servicio, sino en el mapa convulso de la energía mundial. La tensión en Medio Oriente y la fragilidad del estrecho de Ormuz —paso por donde transita cerca del 20 % del petróleo global— han elevado la volatilidad del mercado e incrementado la prima de riesgo sobre el crudo. En mayo, el Brent llegó a superar los US$111 por barril en medio de nuevas tensiones regionales, mientras diversos reportes han advertido que la incertidumbre sobre el suministro sigue siendo el principal motor de esta escalada. En una economía importadora como la dominicana, cualquier sobresalto geopolítico se traduce, con rapidez, en presión sobre el costo del transporte, la logística, la producción y, en última instancia, el costo de vida. 

En ese contexto, el problema de los combustibles adquiere una dimensión macroeconómica que va mucho más allá del consumo individual. Informaciones recientes indican que el presupuesto nacional fue estructurado sobre una referencia de US$65 por barril, mientras el mercado llegó a moverse entre US$102 y hasta US$114, una diferencia que tensiona el gasto público y obliga a recalibrar decisiones fiscales. Si el barril sube con más velocidad que la capacidad del Estado para amortiguar el golpe, el resultado es una presión inevitable sobre la inflación, los subsidios y la sostenibilidad presupuestaria. No se trata solo de cuánto cuesta llenar un tanque; se trata de cuánto puede resistir una economía pequeña y abierta cuando la energía se convierte en una variable de inestabilidad. 

También sería un error simplificar la discusión atribuyéndolo todo a la coyuntura internacional. La estructura impositiva de los combustibles pesa en el precio final, y ese componente tributario se vuelve más visible cuando el petróleo está caro. Pero incluso esa realidad debe ser leída en un marco más amplio: el país arrastra desde hace años una matriz energética y de movilidad excesivamente dependiente de derivados importados. Cuando una nación necesita comprar afuera todo el petróleo que consume y, además, traslada buena parte de su actividad económica sobre combustibles fósiles, queda atrapada entre la volatilidad global y sus propias limitaciones internas. La factura que hoy pagan los consumidores, por tanto, no es solo geopolítica: también es estructural. 

El Gobierno ha intentado contener esa presión con subsidios millonarios. Para la semana del 23 al 29 de mayo se informó una asignación de RD$1,588.5 millones para mantener sin variación varios combustibles esenciales, y el acumulado del año ya superaba los RD$16 mil millones destinados a amortiguar el impacto de los precios internacionales. Solo por galón, los subsidios reportados alcanzaban RD$58.50 en la gasolina premium, RD$75.69 en la regular, RD$81.03 en el gasoil regular, RD$85.48 en el óptimo y RD$21.88 en el GLP. Esa política evita un golpe más severo sobre la población, pero abre otra pregunta de fondo: ¿hasta cuándo puede sostenerse una estrategia de contención fiscal frente a una crisis que no depende del país y que amenaza con prolongarse?

Ahí radica el verdadero desafío nacional. República Dominicana necesita una conversación seria sobre seguridad energética, eficiencia logística y reforma de incentivos, no solo sobre alzas semanales. La respuesta no puede limitarse a congelar precios cada viernes ni a reaccionar con medidas transitorias ante cada pico del barril. Se requiere acelerar la diversificación de la matriz, fortalecer el uso inteligente del gas natural, ampliar la incorporación de renovables, revisar los costos asociados a la cadena de importación y almacenamiento, y vincular la política de combustibles con una estrategia más ambiciosa de transporte colectivo y productividad. Un país vulnerable al petróleo caro es, al mismo tiempo, un país vulnerable a la inflación importada, a la presión fiscal y al desaliento económico. Y esa es una lección que ya no conviene postergar.

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Presidente Luis Abinader aboga por un equilibrio entre eficiencia económica y justicia social durante encuentro en Intec

Presidente Luis Abinader aboga por un equilibrio entre eficiencia económica y justicia social durante encuentro en Intec

El mandatario inauguró el espacio “Aula Abierta de Economía”.
Educación | 28 de Mayo 2026 | 20:21

INTEC

Santo Domingo.- El presidente Luis Abinader destacó este jueves, al participar como orador invitado en la conferencia magistral “Un presidente economista”, que uno de los principales retos de los Gobiernos modernos consiste en mantener un equilibrio entre la eficiencia económica y la sensibilidad social, al afirmar que la estabilidad macroeconómica debe estar acompañada de justicia social, crecimiento inclusivo e inversión en la gente. 

“La economía no es solo un ejercicio abstracto reservado para especialistas, sino una herramienta práctica para comprender cómo vive la gente, cómo se distribuyen las oportunidades y cómo se construye la prosperidad”, afirmó el gobernante. 

Movilidad social y empleos dignos 

Agregó además que, “de nada sirve hablar de cifras récord si las personas no sienten esperanza. De nada sirve crecer si ese crecimiento no se traduce en movilidad social, empleos dignos, servicios públicos de calidad y oportunidades reales para las familias”. 

La actividad en la que participó el jefe de Estado fue celebrada en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), en el marco del lanzamiento del espacio “Aula Abierta de Economía”. 

La economía como brújula ética 

Ante una audiencia compuesta por académicos, estudiantes y profesionales del área, el jefe de Estado enfatizó que estudiar economía permite desarrollar el criterio necesario para distinguir entre propuestas serias y consignas vacías, entendiendo que toda política pública posee una dimensión ética y humana. 

En ese sentido, recalcó la importancia de la prudencia en el ejercicio gubernamental: “La economía nos enseña a desconfiar de las soluciones mágicas, de los atajos fáciles y de las promesas imposibles. El desarrollo verdadero no se improvisa; se construye con instituciones sólidas, confianza, responsabilidad fiscal e inversión productiva”. 

Gobernar con visión de futuro 

El mandatario puntualizó que la tarea del economista en la esfera pública es ir más allá del dato estadístico para comprender el impacto real de las decisiones en la vida de los ciudadanos.  

Exhortó a los presentes a mirar más allá de la coyuntura inmediata, asumiendo la responsabilidad de diseñar políticas que trasciendan el presente y sienten las bases del país que se desea construir. 

Un espíritu crítico y propositivo 

De igual forma, el presidente Abinader resaltó el valor del conocimiento como motor de cambio, invitando a la comunidad académica a mantener un espíritu crítico y propositivo.Los países que avanzan son aquellos que nunca dejan de pensar, que se atreven a preguntar, que escuchan a sus jóvenes y que convierten el conocimiento en acción pública”, apuntó. 

“Sigamos trabajando juntos por una República Dominicana más próspera, más justa, más innovadora y humana”, concluyó el jefe de Estado, ante un auditorio compuesto por autoridades académicas, estudiantes, economistas y representantes de la sociedad civil. 

En la actividad estuvieron presentes el rector de Intec, Arturo del Villar, y la vicerrectora académica, Shajira Nazir, así como académicos, estudiantes y profesionales del área. 

https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-luis-abinader-aboga-por-un-equilibrio-entre-eficiencia-economica-y-justicia

📊🇩🇴 La economía con propósito es clave para el desarrollo.

Durante un encuentro en @intecrd , el presidente @luisabinader destacó la importancia de encontrar un equilibrio entre la eficiencia económica y la justicia social ⚖️📈, recordando que el crecimiento solo cobra sentido cuando se traduce en empleos dignos, oportunidades reales y bienestar para las familias.

🎓💡 La apertura del espacio “Aula Abierta de Economía” impulsa el pensamiento crítico y el análisis responsable de las políticas públicas, promoviendo una visión donde la economía no es solo cifras, sino una herramienta para mejorar la vida de la gente.

🌍 Apostar por instituciones sólidas, responsabilidad fiscal e inversión en las personas es la base para construir una República Dominicana más inclusiva, innovadora y sostenible.
https://noticiasguasabara.blogspot.com/2026/05/presidente-luis-abinader-aboga-por-un.html
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OPINIÓN | Economía con rostro humano

La discusión contemporánea sobre desarrollo ya no puede reducirse a balances fiscales, tasas de crecimiento o metas de inversión. La verdadera prueba de una economía sana está en su capacidad para traducir la estabilidad en bienestar, la productividad en movilidad social y la eficiencia en dignidad para la gente.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Durante años, buena parte del debate económico en América Latina se movió entre dos extremos igualmente insuficientes: por un lado, la obsesión tecnocrática por los indicadores; por otro, la tentación populista de prometer soluciones inmediatas sin sustento institucional. La madurez de una nación consiste en superar esa falsa dicotomía. No hay desarrollo perdurable sin disciplina macroeconómica, pero tampoco hay legitimidad democrática cuando el crecimiento se concentra en pocos y deja a las mayorías mirando desde la acera. La economía, cuando se ejerce con responsabilidad, no puede ser una contabilidad fría de resultados; debe ser una arquitectura de oportunidades.

Ese es, precisamente, el gran desafío de nuestro tiempo: hacer compatible la eficiencia con la justicia social. No se trata de escoger entre mercado y sensibilidad humana, entre inversión y equidad, entre competitividad y derechos. Se trata de comprender que una economía moderna fracasa cuando produce riqueza sin cohesión, y que un Estado también fracasa cuando distribuye sin crear las bases que sostienen esa distribución. El equilibrio no es una consigna romántica; es una exigencia técnica, moral y política. La estabilidad sin inclusión genera frustración. La inclusión sin productividad se vuelve insostenible.

De nada sirve anunciar cifras récord si el ciudadano común no puede asociarlas con una mejora tangible en su vida cotidiana. El crecimiento debe sentirse en el salario, en la calidad del empleo, en la escuela de los hijos, en la atención primaria, en el transporte que conecta barrios con oportunidades y en la posibilidad real de ascenso social. Cuando una economía crece, pero no ensancha el horizonte de las familias, lo que se expande no es la esperanza, sino la distancia entre los discursos oficiales y la experiencia de la calle. Y esa brecha, tarde o temprano, erosiona la confianza pública.

Por eso resulta tan pertinente reivindicar la economía como una brújula ética, no solo como una disciplina técnica. Estudiar economía no debería servir únicamente para leer gráficos o interpretar inflación, sino para entender cómo las decisiones públicas impactan la mesa de un hogar, la supervivencia de una pyme o la capacidad de un joven para imaginar futuro dentro de su propio país. Toda política fiscal, monetaria, comercial o social tiene rostro humano. Detrás de cada exención, subsidio, inversión o recorte, hay personas concretas. Gobernar bien exige precisamente no perder de vista esa dimensión humana del dato.

También conviene recordar una lección esencial: las soluciones mágicas casi siempre salen demasiado caras. Los atajos fáciles, las promesas imposibles y las fórmulas sin respaldo institucional pueden ser atractivos en el corto plazo, pero suelen desembocar en mayor fragilidad. El desarrollo verdadero se construye con confianza, reglas claras, responsabilidad fiscal, inversión productiva y una institucionalidad capaz de sostener políticas más allá del entusiasmo coyuntural. Una nación no progresa por improvisación, sino por visión estratégica. No basta administrar el presente; hay que sembrar el porvenir.

En ese contexto, las universidades y los espacios de pensamiento tienen una tarea irrenunciable. Allí se forman no solo economistas, sino ciudadanos capaces de distinguir entre el argumento serio y la consigna vacía. Una sociedad que renuncia a pensar críticamente se vuelve vulnerable al ruido, a la propaganda y al simplismo. En cambio, cuando el conocimiento se conecta con la acción pública, la democracia gana profundidad y el debate nacional se ennoblece. Escuchar a los jóvenes, abrir aulas al país y convertir la reflexión en política concreta constituye una inversión tan valiosa como cualquier obra física.

República Dominicana necesita, más que nunca, una economía con rostro humano: una que preserve la estabilidad, promueva la inversión, fortalezca la productividad y, al mismo tiempo, convierta esos logros en bienestar compartido. Esa es la diferencia entre crecer y desarrollarse. Crecer puede ser un dato; desarrollarse es un destino colectivo. Y ese destino solo será posible si entendemos que la prosperidad auténtica no consiste en acumular números brillantes, sino en construir una sociedad más justa, innovadora, confiable y verdaderamente abierta al ascenso de su gente.

#GuasábaraEditor