viernes, 17 de julio de 2026

República Dominicana, Estados Unidos y Europa | Por Eduardo Sanz Lovaton

República Dominicana, Estados Unidos y Europa
Eduardo Sanz Lovaton
13/07/2026 00:00

Las veces que me ha tocado representar al país en reuniones oficiales, sea en Washington, Nueva York, Nueva Delhi, Panamá, Paris, Colombia, entre otros, un mensaje se queda en mi memoria. República Dominicana es un país admirado en el mundo. Esa realidad muchas veces contrasta con la diatriba que vemos en nuestros medios de comunicación, en nuestros discursos políticos y con mayor énfasis en las redes sociales.

Este fenómeno de la admiración internacional frente a la controversia interna es, hasta cierto punto, justo, puesto que, aun reconociendo el hecho de que nuestro país ha sostenido, durante 50 años, un ritmo de crecimiento económico por encima del 4%, y que gozamos de una singular estabilidad política combinada con la seguridad jurídica que permitió que solamente en el año 2025 recibiéramos más de 5,000 millones de dólares en inversión extranjera directa, no es menos cierto que todavía nuestra sociedad requiere de brincos en muchos indicadores de bienestar humano. La admiración internacional no puede ser una excusa para no continuar transformándonos. Estos casi 6 años de Luis han conseguido mejorar nuestra institucionalidad, diversificar las fuentes de crecimiento económico, como podemos ver con los ejemplos del nuevo polo turístico en Pedernales, el auge de nuestra industria logística, la diversificación y crecimiento de nuestras exportaciones.

Me quiero detener en el tema de las exportaciones, porque es extraordinario comprobar que hace apenas 7 u 8 años la matriz exportadora de nuestras zonas francas era, en más de un 50%, insumos textiles que, aunque productivos y convenientes durante muchos años, hoy han cedido terreno: la realidad es que el 35% de nuestras exportaciones de zonas francas son insumos médicos, y el 14%, insumos electrónicos, lo cual ejemplifica que nuestra matriz exportadora es hoy diversa, sofisticada y moderna.

Luis ha logrado hacer de la economía dominicana menos dependiente de las bendiciones del turismo y de los héroes y heroínas que nos mandan las remesas del exterior. Hoy, somos un Hub Logístico de calidad mundial. Hoy, somos un país que da pasos firmes para traer a nuestro tejido productivo e industrial la fabricación de los insumos necesarios para la era de la inteligencia artificial y los grandes centros de tecnología. En esas labores viajé hace unos días al reino de España y la República Federal de Alemania. Allí me reuní con potenciales inversionistas que pudieran estar desarrollando en nuestro país, a través del régimen de zonas francas, la producción de semiconductores para exportar. En reuniones con la Secretaria de Estado de Comercio, Amparo López Senovilla y con el Secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga, fue impresionante ver como ambos coincidían por separado, en que ven a República Dominicana como un puente natural para la inversión española en toda América Latina. Fueron muy enfáticos al explicarnos que más del 20% de toda la inversión extranjera que entra al país se produce del emprendedurismo español. Para nosotros, y lo comentaba con el vicecanciller Hugo Rivera que me acompañaba, es reconfortante poder anunciar al país que nuestra economía tiene en el comercio exterior la escalera ideal para llevar a Gualey, Guachupita, Cienfuegos, las ventajas que se desprenden desde las invenciones surgidas en el valle de California o en Arizona State. Otro nexo oportuno para nuestro futuro me lo señaló un empresario Alemán al preguntarme por las relaciones de R.D. con Estados Unidos, yo le contesté que: “siempre serán excelentes porque son los Estados Unidos nuestro principal socio comercial, al que más le exportamos y donde vive un número incontable de dominicanos”.

A modo de chiste, yo le dije al señor: “la segunda ciudad más poblada de la R.D. , después de Santo Domingo, es Nueva York. Al decirle esto, él me respondió algo parecido a lo que me habían dicho en España, en el sentido de que, así como R.D. puede ser el puente entre España, América Latina y Europa, también podíamos ser el puente entre Europa y Estados Unidos. Al ser un país que no rivaliza con las grandes potencias, que no tiene historia de radicalizaciones ideológicas, que no tiene historial de terrorismo ni de grandes bandas criminales, y al contar además con la afortunada realidad de vivir en un sistema político homologable al del coloso norteamericano y a los ideales de la Unión Europea, podemos ser a la vez un socio noble y conveniente.

Regrese al país más decidido que nunca a acompañar a Luis en este tramo final de un gobierno que terminará siendo histórico en lo económico, en los institucional y en lo social. Creo que el futuro económico del país tendrá virtud solo si abrazamos impulsar y proteger nuestra capacidad exportadora y la utilización de nuestra increíble ubicación geográfica coronada por el espíritu indómito de la dominicanidad. ¡Vamos!

https://listindiario.com/puntos-de-vista/20260713/republica-dominicana-estados-unidos-europa_913562.html

Comentario |

República Dominicana ante el mundo: confianza, inversión y desarrollo

Desde el 16 de agosto de 2020, el Poder Ejecutivo ha articulado estabilidad, promoción internacional, modernización logística, diversificación productiva y reputación país para convertir a la República Dominicana en una plataforma confiable entre Estados Unidos, Europa, América Latina y el Caribe.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La admiración internacional que hoy despierta la República Dominicana no es un accidente de coyuntura ni una simple expresión de optimismo diplomático. Es el resultado de una política pública sostenida que, desde el 16 de agosto de 2020, ha procurado colocar al país en una posición distinta frente al mundo: no solo como destino turístico de sol y playa, sino como una economía estable, abierta, confiable, competitiva y estratégicamente ubicada para conectar mercados, capitales, talento y cadenas globales de valor. En ese sentido, el planteamiento de Eduardo Sanz Lovatón en su artículo “República Dominicana, Estados Unidos y Europa” acierta al identificar una realidad cada vez más visible: el país está siendo observado desde fuera con una valoración superior a la que muchas veces se reconoce en el debate interno. 

Ese reconocimiento externo descansa, en primer lugar, sobre la estabilidad. En medio de pandemia, inflación global, guerras, tensiones geopolíticas y reconfiguración de cadenas de suministro, la República Dominicana ha preservado paz social, gobernabilidad democrática, seguridad jurídica y estabilidad macroeconómica. Esa combinación ha sido determinante para que la inversión extranjera directa alcanzara en 2025 los US$5,032.3 millones, un récord histórico y un crecimiento de 11.3 % respecto a 2024, según el Banco Central. No menos relevante es que, entre 2020 y 2025, los flujos de inversión extranjera prácticamente se duplicaron, con un crecimiento cercano al 97 %, conforme ha destacado la Presidencia. 

Pero la inversión no llega únicamente porque un país tenga ubicación geográfica. Llega cuando hay confianza, reglas claras, promoción activa y capacidad institucional para acompañar al inversionista. En esa ruta, ProDominicana ha asumido un papel decisivo mediante la promoción del país en más de 60 naciones y la realización de más de 350 actividades orientadas a posicionar oportunidades de inversión y exportación. A ello se suman la Ventanilla Única de Inversión y los programas de acompañamiento posterior al inversionista, instrumentos que buscan reducir fricciones, simplificar procesos y dar mayor previsibilidad al capital extranjero. 

La competitividad también se ha fortalecido con la reducción de trabas burocráticas. Burocracia Cero, concebido para digitalizar trámites, simplificar procesos y reducir costos, forma parte de una visión de Estado que entiende que la eficiencia pública es una condición de desarrollo. Para un ciudadano, menos burocracia significa menos pérdida de tiempo; para una empresa, significa menor costo operativo; para un inversionista extranjero, significa mayor certeza. En una economía global donde el capital compara destinos, los países que reducen incertidumbre tienen ventaja.

Otro avance fundamental ha sido la modernización logística y aduanera. El programa Despacho en 24 Horas, impulsado desde la Dirección General de Aduanas, ha sido más que una innovación administrativa: ha sido una señal de que la República Dominicana aspira a competir como hub logístico regional. Reducir tiempos de despacho, mejorar procesos, integrar sectores y aprovechar la conectividad marítima y aérea permite al país fortalecer su papel como plataforma natural entre Estados Unidos, Europa, el Caribe y América Latina.  

Esa visión se complementa con la transformación de la matriz productiva. Las zonas francas ya no son únicamente espacios de manufactura ligera o textil. Hoy representan una estructura exportadora más sofisticada, donde los dispositivos médicos, los productos eléctricos y electrónicos, los farmacéuticos y otros bienes de alto valor agregado ocupan un lugar creciente. En 2025, las exportaciones de zonas francas superaron los US$8,548 millones, mientras que el subsector de dispositivos médicos alcanzó en 2024 exportaciones por US$2,871.7 millones, equivalentes al 33.4 % de las exportaciones del régimen. Ese cambio revela una economía que empieza a competir por precisión, talento, tecnología y confiabilidad industrial. 

El turismo, por su parte, ha sido asumido no solo como fuente de divisas, sino como herramienta de desarrollo territorial. Cabo Rojo-Pedernales expresa esa nueva mirada: infraestructura, sostenibilidad, alianza público-privada, conservación ambiental e inclusión económica para una región históricamente rezagada. Si ese proyecto logra consolidarse con respeto al entorno y participación comunitaria, el sur puede convertirse en una frontera real de oportunidades, no en una promesa repetida.

La Marca País también ha sido parte de esta construcción. Lanzada en octubre de 2020 sobre los pilares de inversión, exportaciones, turismo, cultura y ciudadanía, ha servido para ordenar el relato dominicano ante el mundo. Su valor no está en sustituir la política económica, sino en comunicarla con coherencia. La reputación también atrae capital: cuando un país transmite estabilidad, talento, apertura y visión, mejora su posición en la mente de inversionistas, turistas, compradores y aliados estratégicos. 

En esa ecuación, Estados Unidos y Europa ocupan un lugar central. La relación con Estados Unidos se ha consolidado en comercio, seguridad, inversión, diáspora y cadenas de suministro. En 2025, el intercambio comercial bilateral rondó los US$18,977 millones, lo que confirma la profundidad de una relación que va mucho más allá de la vecindad geográfica. Europa, especialmente España, aporta capital, turismo, vínculos empresariales y una comunidad dominicana que sirve de puente cultural y económico. 

La diáspora es, quizás, el activo humano más poderoso de esta estrategia. Más de 3 millones de dominicanos residen en 129 países; 2.5 millones están en Estados Unidos y más de 207 mil en España. Esa comunidad envía remesas, consume productos dominicanos, promueve cultura, invierte, conecta redes empresariales y sostiene una diplomacia cotidiana que ninguna embajada puede sustituir. 

Por eso, la respuesta al artículo de Sanz Lovatón debe ser serena pero firme: la admiración internacional por la República Dominicana no surge de la casualidad. Es consecuencia de estabilidad, apertura, modernización, promoción, logística, diversificación productiva, reputación país y una diáspora que multiplica la presencia nacional en el mundo. El desafío pendiente es convertir esa confianza externa en bienestar interno más amplio, en empleos de calidad, innovación, mejores servicios y oportunidades reales para los barrios y provincias. Pero el punto de partida es innegable: desde 2020, el país ha ganado voz, respeto y capacidad para competir en el escenario global.
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