- Marranzini
confirma la prioridad debe ser asegurar estabilidad de precios y proteger
canasta básica.
- Paliza:
“Mantenemos un diálogo público-privado permanente para preservar
estabilidad y competitividad”.
Santo Domingo, 29 de abril de 2026.– Los ministros de la
Presidencia, José Ignacio Paliza; de Hacienda y Economía, Magín Díaz; y de
Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón, sostuvieron este miércoles
un encuentro con representantes del Consejo Nacional de la Empresa Privada
(CONEP), para analizar la coyuntura geopolítica global, evaluar la situación
nacional y fortalecer la alineación con el sector privado frente a los posibles
embates suscitados por la crisis en Medio Oriente sobre la República
Dominicana.
La reunión, desarrollada en el contexto de la Asamblea
General Ordinaria y Pleno del CONEP, permitió a los funcionarios intercambiar
perspectivas con Celso Juan Marranzini y César Dargam, presidente y
vicepresidente ejecutivo de la entidad, respectivamente, así como con otros
directivos del sector empresarial, sobre las principales medidas que ejecuta el
Gobierno para amortiguar el impacto del escenario internacional en la economía
nacional.
En ese contexto, Paliza explicó que, frente a la crisis en
Medio Oriente, el Gobierno ha sostenido una amplia jornada de diálogo con
representantes de los sectores político, empresarial, social, religioso y
sindical, con el propósito de socializar las acciones implementadas para
proteger el crecimiento económico, preservar la estabilidad social y fortalecer
el bienestar de la población.
“Queremos mantener una conversación público-privada abierta,
directa y permanente, para que cualquier sector pueda expresar sus
preocupaciones y aportar soluciones que nos permitan mantener la estabilidad,
la competitividad y las condiciones económicas del país”, aseveró Paliza.
En representación del sector privado, Celso Juan Marranzini
destacó la importancia de estos espacios para robustecer la planificación
económica nacional frente a esta coyuntura global, priorizando iniciativas que
aseguren el suministro de combustibles, mantengan la estabilidad de precios y
protejan la canasta básica, mediante políticas que preserven el dinamismo
económico, focalicen subsidios y fortalezcan la confianza en la inversión
privada.
Por su parte, César Dargam resaltó que, a pesar de la
incertidumbre derivada del cambiante panorama internacional, República
Dominicana ha logrado mantener estabilidad económica, sin enfrentar problemas
de abastecimiento ni incrementos significativos en los precios, gracias al
monitoreo constante y al trabajo articulado entre el sector privado y el
Gobierno.
“Reconocemos la transparencia y responsabilidad con la que
el Gobierno ha actuado frente a esta crisis, gestionando riesgos que escapan al
control del país y preservando un clima de articulación, confianza y
estabilidad que distingue al país”, expresó Dargam.
Dentro de las medidas implementadas para amortiguar el impacto de la crisis internacional, el Gobierno dominicano mantiene congelados los precios de los principales combustibles mediante un subsidio de RD$1,143.9 millones, ha destinado RD$1,000 millones para subsidiar fertilizantes y absorber aumentos de hasta un 40 % en esos insumos, y preserva sólidos fundamentos macroeconómicos respaldados por reservas internacionales cercanas a los US$16,000 millones, adecuados niveles de liquidez y acceso a financiamiento, con el objetivo de proteger la economía, la producción nacional y la estabilidad de la canasta básica.
Este encuentro forma parte del proceso de consultas multisectoriales promovido por el presidente Luis Abinader, orientado a fortalecer el diálogo, construir consensos y articular acciones conjuntas con los sectores productivos y sociales ante el complejo contexto internacional.
En la reunión participaron, por parte del CONEP, su primer
vicepresidente, Julio Virgilio Brache, presidente de la Asociación de
Industrias de la República Dominicana (AIRD); el secretario, Leonardo Matos; el
tesorero, Christopher Paniagua, del Banco Popular; así como otros destacados
directivos y representantes del sector empresarial.
OPINIÓNHa sido un honor participar en la asamblea ordinaria del @CONEP_RD ↗️. Espacios como este fortalecen el diálogo 💬 entre el sector público y privado, y reafirman nuestro compromiso con el desarrollo sostenible, la institucionalidad y el crecimiento económico de RD 🇩🇴. pic.twitter.com/6l8nXolHBU
— Jose Paliza (@JosePaliza) April 30, 2026
En economías pequeñas y abiertas, la confianza no es un sentimiento: es un instrumento de política económica. Se construye con información clara, decisiones previsibles y una articulación público‑privada capaz de proteger precios, producción y canasta básica sin hipotecar el futuro.1
Por Luis Orlando Díaz Vólquez #GuasábaraEditor
En economías como la dominicana, expuestas a choques externos por su dependencia de importaciones energéticas y por su integración comercial, la estabilidad no se decreta: se administra. Y se administra, sobre todo, cuando el entorno geopolítico se tensa y el riesgo se traduce en presiones de costos, volatilidad financiera y expectativas inflacionarias. Hoy, con un escenario internacional convulso y con aumentos relevantes en materias primas asociados al conflicto en Medio Oriente, el reto es doble: proteger la canasta básica y, simultáneamente, preservar la confianza que sostiene la inversión, el empleo y la paz social.2
Por eso tiene un peso especial que el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) haya colocado en el centro de la conversación dos palabras que rara vez se valoran con rigor técnico en la esfera pública: transparencia y articulación. No es un elogio retórico; es un reconocimiento de que la coordinación reduce incertidumbre, y la reducción de incertidumbre baja el costo económico del miedo. En el encuentro celebrado en el marco de la Asamblea General Ordinaria y Pleno del CONEP, el empresariado destacó que la transparencia y la articulación del Gobierno han permitido preservar confianza y estabilidad, aun cuando los riesgos que se gestionan “escapan al control del país”.1
Cuando un shock externo amenaza, lo primero que puede romperse no es el abastecimiento, sino la expectativa. La expectativa es la antesala del ajuste: si los agentes creen que subirá el combustible, sube el transporte; si creen que subirán los fletes, suben los inventarios; si creen que subirá el dólar, se acelera la demanda de divisas. Esa cadena puede crear inflación por anticipación, incluso antes de que el costo real se materialice. De ahí que el diálogo público‑privado sea más que un gesto: es una herramienta para alinear información, fijar criterios y evitar que el rumor se convierta en precio.1
En esa misma lógica, la insistencia del ministro de la Presidencia en mantener una conversación “abierta, directa y permanente” con sectores políticos, empresariales, sociales, religiosos y sindicales tiene una lectura económica: anclar expectativas en torno a una estrategia de respuesta y no dejar el espacio vacío para la especulación.1 Ese enfoque dialogante, cuando se sostiene en datos verificables, fortalece la credibilidad institucional y permite que las decisiones —aun las difíciles— resulten más comprensibles para la sociedad y para los mercados.3
Ahora bien, la articulación no vive solo de discursos: exige medidas concretas y coherentes. En el encuentro se enumeraron acciones de amortiguación del impacto, especialmente en combustibles y fertilizantes. Se indicó que el Gobierno mantiene congelados precios de combustibles mediante un subsidio de RD$1,143.9 millones y que destinó RD$1,000 millones para subsidiar fertilizantes, absorbiendo aumentos de hasta un 40% en esos insumos.1 En términos prácticos, esto busca frenar el “traspaso” del shock energético hacia el transporte, la logística y la producción agropecuaria, donde el fertilizante es un componente crítico que, si se encarece abruptamente, termina reflejándose en los alimentos y por tanto en la canasta básica.1
Sin embargo, un subsidio —por necesario que sea— no puede convertirse en sustituto de la estrategia. Su mayor virtud es el tiempo que compra para ordenar la respuesta. Su mayor riesgo es el costo fiscal si se prolonga sin reglas claras. La clave está en el diseño: focalización, temporalidad, criterios de entrada y salida, y monitoreo de resultados. Esto es consistente con el propio énfasis del sector privado en “focalizar subsidios” y preservar el dinamismo económico, un recordatorio de que la estabilidad de precios no puede perseguirse sacrificando la estabilidad fiscal, porque la segunda suele volver a la primera por la vía de expectativas y riesgo país.1
En este punto, el país cuenta con un respaldo que conviene dimensionar: la fortaleza externa. Se resaltó que la economía preserva fundamentos macroeconómicos respaldados por reservas internacionales cercanas a los US$16,000 millones, junto con niveles adecuados de liquidez y acceso a financiamiento.1 Ese “colchón” no es ornamental: es el seguro macroeconómico que permite amortiguar volatilidad cambiaria, atender pagos internacionales y sostener la confianza de inversionistas y agentes económicos ante episodios de turbulencia.4
El Banco Central, al referirse al contexto global, reforzó ese marco de prudencia: mantuvo la tasa de política monetaria en 5.25% anual y señaló que el panorama internacional se mantiene convulso, con mayores precios del petróleo y otras materias primas por el conflicto en Medio Oriente.2 A la vez, indicó que, aunque la inflación interanual se moderó a 4.63% en marzo (dentro del rango meta), el choque energético podría empujarla temporalmente por encima del límite superior en los próximos meses, antes de retornar al rango objetivo al cierre del año, conforme se disipe el impacto de los mayores precios del crudo.2 Esta comunicación no solo informa: también disciplina expectativas, que es uno de los roles más subestimados —y más decisivos— de la política monetaria moderna.2
El empresariado, por su lado, introdujo un matiz esencial: el principal desafío no necesariamente radica en el abastecimiento, sino en las presiones de costos asociadas al entorno internacional, particularmente en fletes y materias primas.3 Esa advertencia es estratégica, porque desplaza el debate desde la emergencia hacia la productividad. Si el shock viene por costos, la respuesta estructural no se agota en subsidios; incluye eficiencia logística, facilitación del comercio, digitalización, competencia y aceleración de autorizaciones para inversión productiva. En otras palabras, el país necesita una estabilidad que no sea frágil, sino basada en capacidad de gestión.3
En ese sentido, la transparencia no debe limitarse a comunicar “qué se hace”, sino “por qué se hace”, “hasta cuándo” y “con qué métricas se evaluará”. La articulación, por su parte, debe traducirse en coordinación operativa: vigilancia de cadenas de suministro, prevención de prácticas especulativas, seguimiento de inventarios y planificación conjunta en sectores sensibles. La evidencia de que, pese a la incertidumbre internacional, el país ha mantenido estabilidad sin problemas de abastecimiento ni incrementos significativos en precios ha sido atribuida precisamente al monitoreo constante y al trabajo articulado entre el sector privado y el Gobierno.1
La oportunidad histórica está en convertir esta cultura de coordinación en arquitectura permanente de resiliencia. Si el diálogo se institucionaliza con tableros públicos de riesgos (energía, fertilizantes, fletes, alimentos), con reglas explícitas para políticas de amortiguación, y con mecanismos de protección social capaces de escalar rápidamente cuando el shock golpea a los más vulnerables, la economía no solo resistirá mejor: también se volverá más competitiva. Porque competitividad, al final, es la capacidad de producir y sostener empleo aun cuando el mundo cambie de golpe.3
En tiempos de tormenta, el activo más valioso es el que no se ve: confianza. Y la confianza —a diferencia de los discursos— se acumula con consistencia, datos, coordinación y resultados. La señal que deja este episodio es que la República Dominicana está entendiendo una lección crucial: la estabilidad no se defiende únicamente con medidas coyunturales, sino con instituciones que sepan explicar, coordinar y ejecutar. Esa es la diferencia entre resistir una crisis y salir fortalecidos de ella.1
Notas
- Ministerio de la Presidencia de la República Dominicana, “CONEP: ‘Transparencia y articulación del Gobierno han permitido preservar confianza y estabilidad’”, Notas de Prensa, 29 de abril de 2026, https://minpre.gob.do/comunicacion/notas-de-prensa/conep-transparencia-y-articulacion-del-gobierno-han-permitido-preservar-confianza-y-estabilidad/. [minpre.gob.do]
- Banco Central de la República Dominicana, “BCRD mantiene su tasa de política monetaria en 5.25 % anual” (comunicado de política monetaria, 30 de abril de 2026), https://www.bancentral.gov.do/a/d/6553. [bancentral.gov.do]
- Noticias SIN, “CONEP y Gobierno alinean estrategias ante economía global”, 29 de abril de 2026, https://noticiassin.com/economia/mundial/2026/04/29/conep-y-gobierno-alinean-estrategias-ante-economia-global-1989038/. [noticiassin.com]
- Alexis Álvarez, “Reservas internacionales de RD vuelven a colocarse por encima de los US$16,000 millones”, El Nacional, 23 de marzo de 2026, https://elnacional.com.do/reservas-vuelven-a-colocarse-us16000-millones/. [elnacional.com.do]
🌪️ Transparencia y coordinación: el activo invisible que sostiene la estabilidad 🇩🇴
En tiempos de turbulencia global, la confianza no es discurso: es política económica.
Información clara, decisiones previsibles y articulación público‑privada han sido claves para proteger precios, producción y canasta básica, incluso ante choques externos que no controla el país.
📊 Cuando el riesgo amenaza, alinear expectativas evita que el rumor se convierta en inflación.
🤝 El diálogo abierto reduce incertidumbre, baja costos y fortalece la inversión.
🛡️ Subsidios bien diseñados compran tiempo; instituciones sólidas sostienen la estabilidad.
La lección es clara: la estabilidad no se decreta, se administra con datos, coordinación y resultados.
✍️ Luis Orlando Díaz Vólquez
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