jueves, 14 de septiembre de 2017

Niños de la guerra en otra guerra: el destino de los exiliados españoles en la URSS hace 80 años

Niños de la guerra en otra guerra: el destino de los exiliados españoles en la URSS hace 80 años

Publicado: 14 sep 2017 09:48 GMT | Última actualización: 14 sep 2017 12:19 GMT
En Rusia dedicarán un monumento a los jóvenes milicianos de origen español que defendieron la ciudad de Leningrado durante el histórico sitio (1941-1944).
Niños de la guerra en otra guerra: el destino de los exiliados españoles en la URSS hace 80 años
Los adolescentes españoles refugiados en la URSS
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Este septiembre se cumplen 80 años desde que el primer grupo de niños embarcó en un puerto de España y zarpó rumbo a la Unión Soviética, huyendo de los horrores de la Guerra Civil. Aquellos primeros fueron evacuados por mar desde el puerto de Gijón, y posteriormente siguieron sus pasos niños de Vizcaya, Valencia y Barcelona: un total de 2.895 menores con edades comprendidas entre los 5 y 12 años.
La evacuación estuvo supervisada por la Cruz Roja. Este organismo internacional no dejó de seguir el destino de aquellos niños de la guerra hasta que se desató en Europa la II Guerra Mundial. Tras casi cuatro años en relativa paz, los jóvenes tuvieron que elegir entre un nuevo destino y la opción de defender al país que les había ofrecido refugio: pasando muchos de ellos de la Guerra Civil a la Gran Guerra Patria.
La rápida ofensiva de las tropas alemanas y de sus países satélites contra la URSS sorprendió a más de un centenar de niños españoles en una casa del niño de Leningrado. Otros estaban en Óbninsk, Rostov del Don y Moscú, pero la situación de aquellos que se vieron atrapados en una metrópoli asediada durante años fue pésima.
"Trabajaban en los hospitales, mientras que parte de los chicos se alistaron al frente de combates", relató la hija de una de aquellas niñas de la guerra, Marina Coto Zapico, en una teleconferencia en la sede de la agencia TASS dedicada al próximo aniversario. Su madre era oriunda de Asturias y, después de los abundantes años 1938 y 1939, recibía durante el sitio 125 gramos de pan tras hacer las largas colas, "más le daban 3 o 4 patatas cuando regresaba a la casa del niño".
Sin embargo, con aquella ración ella y otras chicas españolas aprendían a bailar las danzas españolas tradicionales aprovechando los discos gramofónicos que habían traído consigo de España. La aportación laboral de las adolescentes españolas en la supervivencia de la ciudad sitiada junto con esa capacidad de divertirse dentro de lo posible fue una auténtica proeza.
Los refugiados españoles en un aula escolar / Universal History Archive Gettyimages.ru
"Para el fin del asedio ya no había fuerzas para trabajar y, si no hubiera sido levantado, no habrían podido salir de allí con vida", testimonió Coto Zapico. Al mismo tiempo era necesario aplicar el carácter español para sobrevivir. El amor por Leningrado fue un sentimiento que su madre guardó durante toda su vida.

El reciente hallazgo

Alexéi Kolodéznikov, hijo y nieto de los supervivientes del sitio de Leningrado, aunque de ascendencia rusa, sumó otra historia al relato de la mujer. Los jóvenes españoles, dijo, "por todas las vías trataban de ir a defender aquella ciudad que los había cobijado". Varios de ellos se alistaron a la 3.ª División Frunze de la Milicia Popular y casi todos perdieron la vida en el frente de Karelia.
Durante un día de combates, el 5 de agosto de 1941, cayó la mitad del regimiento de Primorski y el regimiento de Vyborg sufrió grande bajas, detalló el investigador, que encabezó las últimas expediciones de búsqueda al lugar de los sucesos. Trataron de arrebatar al Ejército finlandés una elevación estratégica y las excavaciones realizadas en el 2016 han permitido identificar a uno de los milicianos caídos en ese combate: el español Martín Peña Ontorio.
"A partir de los recuerdos que dejaron los veteranos sabemos que guerreó con valentía y figuraba en la lista de desaparecidos en combate", detalló el investigador. El miliciano fue herido y no pudo ser evacuado del campo de batalla. Se sabe que con posterioridad los cadáveres no identificados solían enterrarse en los conos huecos dejados por los proyectiles. En uno de esos en el sur de Karelia fueron hallados los restos del joven Martín.
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Reconstrucción histórica del combate por la cota 40,0 en Karelia.
Se le pudo identificar gracias al medallón que tenía puesto y que contenía también una nota donde había mencionado a su tutor de la casa del niño. "Posiblemente allí hubo más españoles, pero solo cinco de los diez medallones eran legibles", aseguró Kolódeznikov.
El equipo de búsqueda avisó al Consulado General de España en San Petersburgo sobre el hallazgo. Si no encuentra a los familiares del miliciano, las pocas pertenencias encontradas junto a su esqueletoformarán parte de una exposición conmemorativa. Del mismo hoyo fue recuperado un trozo de madera con la bala finlandesa atrapada en su fibra, que también formará parte de la exposición.  

Homenaje y oración

Ya existe en Rusia una muestra fotográfica dedicada a los niños de la guerra españoles, debido a los esfuerzos personales de la historiadora y archivera Dolores Cabra y también institucionales de la Embajada de España. Se expuso ya en Moscú, Rostov y Rostov del Don, Sarátov, Volgogrado y viajó durante un tiempo a Kazajistán. Los diplomáticos tienen programado enseñarla al público este otoño en dos ciudades de Siberia: Novosibirsk y Kémerovo.
La hazaña de los adolescentes españoles fue también un descubrimiento para las monjas del Monasterio de Asunción de Siándeba, situado cerca del lugar donde falleció Martín Peña. La priora Varvara dijo en la teleconferencia que cuando se enteraron en el monasterio sobre los españoles que habían sacrificado su vida en la defensa de Leningrado, empezaron a rezar por los caídos.
"Para nosotras es un monasterio, mientras que para los militares era la cota 40,0", afirmó. Aquellos que perdieron la vida allí "merecen que los conozcan, se les recuerde, que los tomen como ejemplo".
"No obstante —agregó—, la Iglesia ortodoxa reza nombradamente y por eso nos fue muy importante encontrar los nombres de aquellos españoles". Las monjas han pasado mucho tiempo en los archivos para poder saber muchos de ellos y el trabajo continúa para poder aumentar la lista.
En total, entre 74 y 78 ciudadanos españoles murieron en el frente de Karelia. 62 de ellos formaban parte de la Milicia Popular, aunque no todos ellos eran adolescentes. De la misma casa del niño a la que pertenecía Peña, provenían otros cinco de los caídos en la misma región.
Todos ellos serán conmemorados con una estela, de la que existen de momento solo algunos esbozos. Se podrán leer sobre la piedra los nombres confirmados de aquellos que habían abandonado el país abrazado por la Guerra Civil para encontrar su destino final en el norte de Rusia.
Un barco con los niños exiliados / mecd.gob.es

El destino de los repatriados

Aquellos jóvenes que sobrevivieron a la II Guerra Mundial estando en la URSS y regresaron a su patria en los años 1950, tropezaron con un ambiente bastante hostil. "Tuvieron problemas cuando llegaron a España", relató Dolores Cabra.
Para ellos la España franquista había elaborado un proyecto conjunto con la CIA y el FBI, que bautizaron 'Niños'. "Sacan la información y la intentan rentabilizar": esa fue la práctica común.
Los niños españoles a su llegada a la URSS / Universal History Archive Gettyimages.ru
A los recién repatriados los atormentaban interrogándolos durante dos o tres días. El objetivo era tenerlos bajo control. Muchos pasaron una temporada en la cárcel. "A sabiendas de que la Policía te interroga, te maltrata y te tortura, al final tú les dices lo que quieren que digas", sintetiza la historiadora.
En total, hubo seis viajes, siempre por mar, en 1956 y 1957. La URSS devolvió a España aproximadamente a 1.800 niños de la guerra que expresaron su deseo de regresar.
Marina Coto Zapico confirma que algunos caían inmediatamente en prisión, porque eran comunistas. Fue bastante desfavorable la situación con los empleos en España y muchos tenían problemas por esa razón. Finalmente, todos encontraron trabajo.
En los años posteriores, pese al temor a represalias, hubo casos en que los repatriados gritaban "¡Viva la Unión Soviética!", aseguró Coto Zapico. Algunos decían "¡Por Rusia iríamos hasta a la cárcel!".
Alexéi Vlásov
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