martes, 17 de marzo de 2026

BCRD informa que los flujos de remesas alcanzaron los US$1,870.4 millones entre enero y febrero de 2026


BCRD informa que los flujos de remesas alcanzaron los US$1,870.4 millones entre enero y febrero de 2026
Esto representa un aumento de 1.0 % en términos interanuales. Particularmente en el mes de febrero se recibieron US$887.6 millones 


Santo Domingo. República Dominicana. - El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) informa que, entre enero y febrero de 2026, las remesas recibidas alcanzaron la cifra de US$1,870.4 millones, aumentando 1.0 % en términos interanuales. Particularmente en el mes de febrero, se recibieron US$887.6 millones, monto menor en US$29.4 millones al recibido en febrero de 2025, y evidentemente menor al recibido en enero de este año en US$95.2 millones, pues enero es un mes donde se reciben un mayor flujo de remesas por efecto de las visitas de los dominicanos no residentes. 
El BCRD explica que el comportamiento de las remesas responde al complejo entorno internacional que prevalece actualmente. Los conflictos en Medio Oriente han elevado los precios del petróleo y sus derivados, generando mayores presiones inflacionarias y reduciendo el ingreso disponible de los hogares. A esto se suma un desempeño económico de los Estados Unidos menos favorable de lo previsto, país desde donde se originó el 83.4 % de los flujos formales recibidos en febrero, equivalentes a unos US$663.5 millones.

En este sentido, el desempleo general en los Estados Unidos se ubicó en 4.4 % en febrero, ligeramente por encima del 4.3 % registrado en enero de 2026, con una pérdida neta de 92,000 empleos. En el caso de la población latina, la tasa de desempleo alcanzó 5.2 %, aumentando desde el 4.9 % observado en enero. No obstante, el índice de gestores de compras (PMI, por sus siglas en inglés) no manufacturero del Instituto de Gerencia y Abastecimiento (ISM) registró un valor de 56.1 en febrero, superior al 53.8 de enero, lo que indica una expansión del sector servicios. Este sector concentra una proporción importante del empleo de la diáspora dominicana, lo que contribuyó a amortiguar parcialmente la caída del empleo.

El BCRD destaca también la recepción de remesas por canales formales desde otros países en el mes de febrero, como España, por un valor de US$46.7 millones, un 5.9 % del total, siendo este el segundo país en cuanto al total de residentes de la diáspora dominicana en el exterior se refiere, así como Italia y Suiza, con 1.2 % y 1.0 % de los flujos recibidos, respectivamente. En el resto de la recepción de remesas se distinguen países como Haití, Canadá y Panamá, entre otros.

Respecto a la distribución de las remesas recibidas por provincias, el BCRD señala que el Distrito Nacional recibió una proporción del 48.0 % durante febrero, seguido por las provincias de Santiago y Santo Domingo, con un 10.5 % y 6.6 %, respectivamente. Esto indica que casi dos tercios (65.1 %) de las remesas se recibe en las zonas metropolitanas del país.

El crecimiento del 1.0 % en el flujo de remesas recibidas entre enero y febrero es coherente con las proyecciones de este Banco Central, las cuales mantienen para este 2026 un crecimiento interanual del 3.5 %, menor al observado en 2025, considerando la entrada en vigor en enero pasado del nuevo impuesto a los envíos desde EE. UU, y la incertidumbre del entorno internacional vigente. Analizando la evolución del sector externo, las perspectivas del BCRD contemplan una evolución favorable de los ingresos de divisas durante 2026, como son los ingresos de turismo, la inversión extranjera directa (IED) y las exportaciones, en conjunto con las remesas. En cuanto a las remesas, se estima que se ubiquen en torno a los US$12,200 millones y que la IED supere los US$5,000 millones al terminar el año.

Estos ingresos de divisas contribuirán a mantener la estabilidad relativa del tipo de cambio que se observa en la actualidad, de tal manera que al 28 de febrero de 2026, la moneda nacional se apreció 5.2 % frente al dólar estadounidense con respecto diciembre de 2025. Estos mayores flujos externos permiten también mantener un nivel adecuado de reservas internacionales, las cuales al cierre de febrero se ubicaron en US$16,180.7 millones, representando un 12.2 % del producto interno bruto (PIB) y cubriendo unos 5.7 meses de importaciones, indicadores por encima de los umbrales recomendados por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El Banco Central reafirma su compromiso con la vigilancia sobre el entorno económico actual para continuar tomando las medidas necesarias para contrarrestar el impacto en la economía dominicana del desafiante panorama internacional, a fin de garantizar la estabilidad de precios y del mercado cambiario.

Domingo 15 de marzo, 2026

Editorial @GuasabaraEditor

Remesas en un mundo incierto: estabilidad relativa en medio de la tormenta global

El comportamiento de las remesas durante los primeros meses de 2026 confirma una realidad cada vez más evidente para la economía dominicana: la resiliencia externa del país depende tanto de factores internos como de un entorno internacional crecientemente volátil. Que entre enero y febrero las remesas hayan alcanzado los US$1,870.4 millones, con un crecimiento interanual de 1.0 %, no es un dato menor en un contexto marcado por conflictos geopolíticos, presiones inflacionarias y señales de desaceleración en las principales economías emisoras de migrantes.

A primera vista, el crecimiento luce modesto si se compara con años anteriores. Sin embargo, una lectura más profunda revela que este desempeño es consistente con el escenario global actual y con las proyecciones prudentes del Banco Central de la República Dominicana (BCRD). En particular, febrero muestra una moderación clara respecto a enero y al mismo mes de 2025, reflejando no solo la estacionalidad —enero suele concentrar mayores flujos por visitas de dominicanos no residentes—, sino también el impacto de factores externos que comienzan a sentirse con mayor fuerza.

El telón de fondo es complejo. La escalada del conflicto en Medio Oriente ha elevado los precios del petróleo y sus derivados, presionando los costos de vida en las economías desarrolladas y reduciendo el ingreso disponible de los hogares. Este fenómeno tiene un efecto directo sobre la capacidad de envío de remesas, especialmente desde Estados Unidos, origen del 83.4 % de los flujos formales recibidos en febrero. Cuando el costo de la energía sube, el margen para ahorrar y transferir recursos se estrecha, incluso para comunidades tradicionalmente solidarias como la diáspora dominicana.

A ello se suma un desempeño económico estadounidense menos dinámico de lo esperado. El aumento del desempleo general a 4.4 %, la pérdida neta de 92,000 empleos y el incremento del desempleo entre la población latina hasta 5.2 % son señales que no pueden ignorarse. La diáspora dominicana está altamente concentrada en sectores sensibles al ciclo económico, lo que convierte cualquier enfriamiento del mercado laboral en un factor de riesgo para la estabilidad de las remesas.

No obstante, el panorama no es enteramente negativo. El buen desempeño del sector servicios en Estados Unidos, reflejado en un PMI no manufacturero de 56.1 en febrero, ha servido como amortiguador parcial. Este sector concentra una parte significativa del empleo de los dominicanos en el exterior, lo que explica por qué, pese a la pérdida de empleos en términos netos, el flujo de remesas no ha registrado una contracción abrupta. Es una muestra clara de cómo la composición sectorial del empleo migrante puede marcar la diferencia en momentos de estrés económico.

Otro elemento relevante es la diversificación geográfica de las remesas. Aunque Estados Unidos sigue siendo, con amplia diferencia, la principal fuente, los flujos procedentes de España, Italia, Suiza, Canadá y otros países europeos y del continente americano continúan aportando estabilidad. España, en particular, consolida su papel como segundo mayor emisor, lo que refuerza la importancia de una diáspora cada vez más distribuida y menos dependiente de un solo mercado laboral.

En el plano interno, la distribución territorial de las remesas confirma una tendencia estructural: la concentración en las zonas metropolitanas. Que el Distrito Nacional, Santiago y Santo Domingo capten más del 65 % de los flujos refleja tanto la densidad poblacional como la centralidad económica de estas áreas. Sin embargo, también plantea desafíos en términos de desarrollo regional, ya que las remesas siguen siendo una fuente clave de ingresos para hogares fuera de los grandes centros urbanos.

Desde una perspectiva macroeconómica, el mensaje del Banco Central es claro y, en buena medida, tranquilizador. El crecimiento moderado de las remesas es coherente con un escenario de normalización tras los picos excepcionales observados en años anteriores. Más aún, las proyecciones para 2026 —con remesas estimadas en torno a los US$12,200 millones e inversión extranjera directa por encima de los US$5,000 millones— sugieren que el país seguirá contando con un flujo robusto de divisas, complementado por el turismo y las exportaciones.

Estos ingresos externos han sido determinantes para mantener la estabilidad cambiaria. La apreciación acumulada de 5.2 % del peso dominicano frente al dólar a febrero de 2026 y el nivel de reservas internacionales —US$16,180.7 millones, equivalentes al 12.2 % del PIB y a 5.7 meses de importaciones— colocan al país en una posición sólida frente a los estándares internacionales. En un mundo donde la volatilidad financiera es la norma, estos colchones macroeconómicos son activos estratégicos.

Sin embargo, sería un error interpretar estos resultados como garantía de inmunidad. La entrada en vigor del nuevo impuesto a los envíos desde Estados Unidos introduce un factor adicional de incertidumbre para el resto del año. A ello se suman los riesgos derivados de una eventual profundización de los conflictos geopolíticos, una desaceleración más pronunciada de la economía estadounidense o nuevas presiones inflacionarias globales. El crecimiento proyectado de 3.5 % en las remesas para 2026, menor al de 2025, es una señal de realismo más que de pesimismo.

En este contexto, la política económica debe mantener un delicado equilibrio. Por un lado, preservar la estabilidad de precios y del mercado cambiario; por otro, seguir fortaleciendo los vínculos con la diáspora, promoviendo el uso de canales formales y reduciendo los costos de envío. Las remesas no son solo un flujo financiero: son un puente social y económico que conecta al país con millones de dominicanos en el exterior.

En definitiva, el desempeño de las remesas en los primeros meses de 2026 confirma que la economía dominicana navega en aguas turbulentas, pero con instrumentos adecuados. La estabilidad observada no es fruto del azar, sino de una combinación de prudencia macroeconómica, diversificación de ingresos externos y una diáspora que, aun bajo presión, sigue siendo un pilar fundamental del país. El reto ahora es sostener esa estabilidad en un mundo donde la incertidumbre ya no es la excepción, sino la regla.

Luis Orlando Díaz Vólquez

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Los fletes suben un 8 % en la última semana y advierten aumentos continuarán

Los fletes suben un 8 % en la última semana y advierten aumentos continuarán

Desde el pasado 26 de febrero, el costo de transporte de carga marítima en contenedores se encareció un 11 %

Pablo García | Santo Domingo - mar. 16, 2026 | 05:02 p. m.| 2 min de lectura

Los fletes suben un 8 % en la última semana y advierten aumentos continuarán
Un buque portacontenedores. (FUENTE EXTERNA)
El impacto del conflicto armado que se desarrolla en Medio Oriente continúa expandiéndose por diferentes sectores de la economía mundial. El precio de los fletes marítimos no ha escapado a las consecuencias de la guerra y el transporte de los contenedores de 40 pies se incrementó un 8 % durante la última semana.

El Índice Mundial de Contenedores (WCI, por sus siglas en inglés) pasó de 1,958 dólares a 2,123 dólares entre el 5 y el 12 de marzo, un aumento absoluto de 165 dólares. Una semana antes ya el indicador se había encarecido un 3 %, por lo que acumula un alza de un 11 % desde el inicio del conflicto.

  • El WCI –una herramienta de referencia en el monitoreo de las tarifas spot y contractuales de fletes– sufrió un incremento de 224 dólares desde el pasado 26 de febrero, días antes del inicio de la guerra, y hasta el pasado jueves, revirtiendo una tendencia hacia la baja que registraba desde el 8 de enero, cuando se alcanzó los 5,557 dólares.

La confrontación bélica en curso en Medio Oriente sigue afectando las cadenas de suministro globales, lo que contribuye a un aumento de los fletes a corto plazo, según advirtió Drewry. 

La consultora agregó que, dado que las navieras siguen gestionando la capacidad e implementando aumentos, se prevé que las tarifas spot continúen subiendo en las próximas semanas.

Aumento en rutas

En rutas marítimas como Shanghái-Los Ángeles y Shanghái-Nueva York el WCI se ha incrementado un 4 % y un 3 %, respectivamente, mientras que desde esa ciudad china a puertos de europeos el aumento ha sido hasta de un 19 %.

De igual forma, señala que varias navieras, como MSC y CMA CGM, han anunciado tarifas FAK (carga de todo tipo) más altas a partir del 22 de marzo.

Irán mantiene cerrado el paso por el estrecho de Ormuz, una vía marítima por la cual transita alrededor del 20 % del petróleo del mundial, además de volúmenes significativos de gas natural licuado, fertilizantes y buques mercantes desde y hacia países del Golfo Pérsico.

Este lunes el precio del petróleo intermedio de Texas bajó un 5.28 % y al término de la sesión, los contratos de futuros para el mes de abril restaron 5.21 dólares, hasta llegar a los 93.50 dólares el barril.

https://www.diariolibre.com/economia/negocios/2026/03/16/el-precio-de-los-fletes-continua-aumentando-por-la-guerra/3471518

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📦🚢 Alerta en el comercio global

Los fletes marítimos vuelven a subir: +8 % en solo una semana y +11 % desde finales de febrero. 📈
La guerra en Medio Oriente ya se siente en las cadenas de suministro, encareciendo importaciones, presionando la inflación y afectando la competitividad de las economías abiertas. 🌍⚠️

No es un ajuste pasajero: es geopolítica impactando directamente el costo de mover mercancías.

#FletesMarítimos #ComercioGlobal #Logística #Geopolítica #CadenasDeSuministro #EconomíaGlobal #Inflación #TransporteMarítimo

Editorial | @GuasabaraEditor

Fletes al alza: cuando la guerra encarece el comercio y pone a prueba la resiliencia económica

El aumento sostenido de los fletes marítimos es una de las señales más claras de cómo los conflictos geopolíticos trascienden el campo militar y terminan impactando, de manera directa, la economía real. El reciente incremento de un 8 % en la última semana —y de un 11 % acumulado desde el 26 de febrero— no es un simple ajuste coyuntural del mercado naviero: es un síntoma de una disrupción más profunda en las cadenas globales de suministro, provocada por la guerra en Medio Oriente.

El Índice Mundial de Contenedores (WCI) pasó de 1,958 a 2,123 dólares en apenas siete días, revirtiendo la tendencia descendente que se había observado desde enero. Este cambio abrupto confirma que el comercio internacional sigue siendo altamente sensible a los riesgos geopolíticos, incluso en un contexto de desaceleración económica global. Cuando el precio del transporte sube con esta rapidez, no lo hace en el vacío: termina trasladándose a los costos de importación, a la inflación y, en última instancia, al bolsillo de consumidores y empresas.

La advertencia de la consultora Drewry es clara y preocupante: las tarifas spot seguirán aumentando en las próximas semanas. Las navieras no solo están gestionando capacidad de forma más restrictiva, sino que ya anuncian incrementos adicionales en las tarifas FAK (freight all kinds), como han hecho gigantes del sector como MSC y CMA CGM. Esto indica que el alza no es un fenómeno puntual, sino parte de una estrategia defensiva frente a mayores costos operativos, rutas más largas, primas de riesgo y mayor incertidumbre.

El conflicto en Medio Oriente ha reintroducido un factor que el comercio global creía relativamente controlado: la inseguridad de las rutas marítimas estratégicas. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán —por donde transita alrededor del 20 % del petróleo mundial y una parte relevante del comercio energético y de mercancías— ha elevado el riesgo sistémico. No se trata solo de petróleo; fertilizantes, gas natural licuado y bienes manufacturados también se ven afectados, encareciendo el transporte y alterando los flujos logísticos.

Las rutas más impactadas reflejan la magnitud del problema. Los incrementos del 4 % y 3 % en los trayectos Shanghái–Los Ángeles y Shanghái–Nueva York, respectivamente, y hasta un 19 % hacia puertos europeos, evidencian que el shock es global. Asia, América del Norte y Europa están conectadas por una red logística que, cuando se tensiona en un punto clave, transmite el impacto a todo el sistema.

Para economías abiertas y dependientes del comercio exterior, como la República Dominicana, estas cifras no son abstractas. Un aumento sostenido de los fletes encarece las importaciones de alimentos, insumos industriales, bienes de consumo y materias primas. A su vez, presiona los costos de producción local y reduce márgenes de competitividad para los exportadores. En un contexto donde la inflación aún no ha sido completamente domada a nivel global, el transporte marítimo vuelve a convertirse en un canal de transmisión inflacionaria.

Resulta particularmente revelador que este aumento de los fletes ocurra incluso cuando el precio del petróleo mostró una corrección a la baja, como sucedió recientemente con el WTI, que cayó más de un 5 % hasta los 93.50 dólares por barril. Esto demuestra que el costo del transporte marítimo ya no depende únicamente del precio del combustible, sino de factores más complejos: riesgo geopolítico, seguros, desvíos de rutas, tiempos de tránsito más largos y decisiones estratégicas de las navieras.

En ese sentido, el mercado de fletes se comporta hoy menos como un simple reflejo de la oferta y la demanda, y más como un termómetro de la fragmentación del orden económico internacional. La guerra, las sanciones, los bloqueos y la militarización de rutas comerciales están reconfigurando el comercio global, encareciéndolo y haciéndolo menos predecible.

Este escenario plantea desafíos urgentes para los gobiernos y el sector privado. Para los Estados, se vuelve imprescindible fortalecer la inteligencia logística, diversificar orígenes de importación, revisar políticas de inventarios estratégicos y coordinar con actores clave de la cadena de suministro. Para las empresas, la planificación financiera debe incorporar escenarios de fletes persistentemente altos, contratos más flexibles y una gestión de riesgos más sofisticada.

La lección es clara: la globalización sigue existiendo, pero ya no es barata ni segura como antes. El comercio internacional opera en un entorno donde la geopolítica ha recuperado un peso determinante. Cada conflicto regional tiene hoy la capacidad de generar efectos globales inmediatos, y el alza de los fletes es una de sus manifestaciones más visibles.

Mientras persista la guerra en Medio Oriente y se mantenga la amenaza sobre rutas estratégicas como Ormuz, el mercado naviero seguirá bajo presión. Pensar que se trata de un ajuste temporal sería un error de diagnóstico. Estamos ante un nuevo ciclo de volatilidad logística que obliga a repensar estrategias comerciales, políticas públicas y modelos de integración económica.

En definitiva, el aumento de los fletes no es solo una mala noticia para el comercio: es una advertencia. Un recordatorio de que, en un mundo cada vez más fragmentado, la estabilidad geopolítica se ha convertido en un insumo esencial del crecimiento económico. Ignorar esa realidad tiene un costo. Y, como muestran los números, ese costo ya empezó a pagarse.

Luis Orlando Díaz Vólquez

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Cuando la mentira se vuelve tendencia: rumores de muerte, guerra y el “efecto IA” / Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Opinión | Cuando la mentira se vuelve tendencia: rumores de muerte, guerra y el “efecto IA”

/ Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Hay momentos en los que un rumor deja de ser una simple distorsión del día a día y se convierte en un hecho político por sí mismo. No porque sea verdadero, sino porque logra condicionar percepciones, alterar decisiones y empujar a instituciones y sociedades a reaccionar en tiempo real. En escenarios de tensión internacional, la información ya no opera como un insumo neutral: se transforma en un campo de disputa estratégica donde la manipulación puede erosionar la confianza pública con la misma eficacia con la que un ataque puede dañar infraestructura crítica. En ese contexto, la desinformación no es un “tema de redes”; es un problema de gobernanza, de seguridad y de resiliencia nacional.

El episodio reciente de los rumores sobre la supuesta muerte o lesión del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ilustra, con nitidez, cómo funciona la nueva economía de la plausibilidad fabricada. El 15 de marzo de 2026, Reuters reportó que Netanyahu publicó un video en un café, bromeando sobre la versión de que estaba “muerto”, luego de que medios estatales iraníes y redes sociales amplificaran la narrativa. La agencia verificó la ubicación y la fecha contrastando el interior del local con imágenes de archivo y corroborando el momento a través de publicaciones del propio establecimiento. Ese detalle —la verificación contextual de lugar y tiempo— es la lección más relevante: en la era digital, la verdad no basta con declararla; hay que demostrarla con trazabilidad.

Benjamin Netanyahu - בנימין נתניהו
@netanyahu

Lo que convierte este caso en un “caso-síntoma” no es el chisme en sí, sino su mutación. Primero circula la afirmación explosiva (“está muerto”). Después, cuando aparece una evidencia audiovisual para refutarla, la conversación migra hacia una acusación aún más corrosiva: “el video es falso”, “es IA”, “es un deepfake”. The Times of Israel describió cómo el propio Netanyahu aprovechó el video para ridiculizar la teoría de que una comparecencia previa había sido generada con inteligencia artificial, alimentada por lecturas virales de fotogramas y por la obsesión contemporánea con “detalles técnicos” que el ciudadano promedio no puede verificar por sí solo. Y allí ocurre el daño mayor: el paso de una mentira concreta a una duda generalizada sobre la posibilidad de acordar hechos compartidos. 

Ese desplazamiento es el corazón del “efecto IA”: la instalación social de la sospecha permanente sobre la autenticidad de la evidencia, especialmente audiovisual. No se trata únicamente de que existan herramientas capaces de generar contenido sintético convincente; se trata de que la percepción de esa capacidad —real o exagerada— sirve para deslegitimar cualquier prueba. En otras palabras, la IA no solo puede fabricar imágenes o voces; también puede fabricar incertidumbre. Y cuando la incertidumbre se vuelve norma, la confianza se convierte en el recurso más escaso, justo cuando más se necesita para gestionar crisis.

El Foro Económico Mundial ha advertido que la desinformación y la misinformation se mantienen entre los principales riesgos de corto plazo y que su efecto erosiona la cohesión social y la gobernanza al degradar la confianza, amplificar divisiones y dificultar la cooperación. En un mundo “fracturado”, donde los conflictos y la polarización elevan la temperatura, el espacio informativo se vuelve una extensión del conflicto. La desinformación no solo “confunde”; puede movilizar emociones, inducir pánico, presionar decisiones públicas y abrir oportunidades para actores que se benefician del caos. Por eso, tratarla como un problema menor equivale a aceptar una vulnerabilidad estratégica.

Ahora bien, el Estado democrático enfrenta un dilema delicado: defender la integridad informativa sin caer en control informativo. Combatir campañas de manipulación no puede convertirse en excusa para restringir libertades, ni para reemplazar el debate plural por una verdad oficial impuesta. Sin embargo, reconocer ese riesgo no debe paralizarnos. Al contrario, obliga a diseñar políticas públicas basadas en evidencia, transparencia y derechos. La clave no es “censurar más”, sino construir una infraestructura de verificación que haga más difícil y costosa la mentira, y más accesible y confiable la verdad. 

Esa infraestructura tiene un componente técnico, otro institucional y otro ciudadano. En lo técnico, NIST, Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EE.UU. ha sistematizado enfoques para reducir riesgos del contenido sintético: marcas de agua, registro de metadatos, autenticación y mecanismos de transparencia que permitan rastrear procedencia y cambios. No es magia ni solución perfecta, pero sí un paso decisivo: pasar del “créeme” al “verifícalo”. Cuando los contenidos oficiales incorporan señales robustas de procedencia —y cuando medios y plataformas pueden leerlas y exhibirlas— la conversación pública deja de depender exclusivamente de la fe o del carisma del vocero. En tiempos de deepfakes, la credibilidad necesita criptografía, estándares y hábitos verificables. 

En lo institucional, la lección del caso Reuters es contundente: la verificación contextual debe formar parte del protocolo, no ser un esfuerzo improvisado. Si la narrativa adversaria explota vacíos, la respuesta debe operar con un principio simple: “vacío cero”. Cuando un rumor de alto impacto se vuelve tendencia, cada hora sin información verificable es terreno ganado por la especulación. No se trata de hablar por hablar; se trata de actualizar con frecuencia, declarar lo que se sabe y lo que no se sabe, y ofrecer evidencia trazable. La transparencia no es una pose: es una táctica de resiliencia. 

En lo ciudadano, el componente más decisivo se llama alfabetización mediática e informacional. UNESCO ha sostenido que estas competencias son esenciales para que las personas puedan acceder, evaluar, comprender y usar información de forma crítica y ética, y que alcanzar ese objetivo exige políticas y estrategias nacionales, no campañas episódicas.

La alfabetización mediática hoy es una herramienta de autoprotección cívica: reduce la vulnerabilidad ante narrativas emocionales, enseña a distinguir evidencia de opinión y crea hábitos de verificación mínima. Si el “efecto IA” instala la idea de que todo es falsificable, la alfabetización enseña el camino inverso: no todo se cree, pero tampoco todo se descarta; se contrasta.

Esto importa especialmente para países como la República Dominicana, donde la estabilidad social y económica depende, en buena medida, de la confianza en instituciones, de la credibilidad de la comunicación pública y de la capacidad de gestionar crisis sin que la ansiedad colectiva se convierta en pánico. Un rumor bien dirigido puede afectar reputación internacional, turismo, mercados, clima de inversión y cohesión interna. Y en momentos críticos —fenómenos naturales, emergencias sanitarias, tensiones regionales o crisis de seguridad— la obediencia a instrucciones públicas depende de que la gente confíe en la fuente. Cuando la fuente se percibe como dudosa o manipulable, el Estado pierde tracción operativa.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), al estudiar los “drivers” de confianza en las instituciones públicas, incorpora explícitamente cómo un entorno informativo marcado por contenido polarizante y desinformación afecta la confianza. Ese vínculo debería bastar para ubicar la integridad informativa como un objetivo de política pública: no para “ganar la conversación”, sino para proteger una condición de gobernabilidad. Porque cuando baja la confianza, sube el costo de implementar cualquier política: desde un plan educativo hasta una reforma económica, desde una evacuación ante tormentas hasta una campaña de vacunación. La confianza, en suma, es infraestructura invisible. 

¿Qué hacer, entonces, desde el Poder Ejecutivo, sin caer en la tentación del control? Primero, reconocer que la respuesta no puede limitarse a desmentidos puntuales. Las mentiras modernas buscan algo más sofisticado: degradar la idea misma de verdad compartida. Segundo, crear coordinación interinstitucional para comunicación de crisis y verificación rápida, con capacidades técnicas y procedimientos entrenados. Tercero, adoptar progresivamente estándares de procedencia y autenticidad en la producción audiovisual del Estado, de modo que cada pieza oficial traiga consigo su “historia verificable”. Cuarto, impulsar alfabetización mediática en el sistema educativo, en formación docente y en campañas públicas sostenidas, con enfoque práctico y medición. Y quinto, establecer mecanismos de cooperación con plataformas bajo principios de transparencia y derechos, porque la viralidad es un fenómeno socio-técnico: no se combate solo con discursos, sino también con fricciones inteligentes, contexto y trazabilidad. [

Conviene insistir en un punto: la salvaguarda democrática no es la prohibición, sino la evidencia. La respuesta más eficaz no es silenciar, sino iluminar: producir más información verificable, más rápido y con mejores señales de autenticidad. En el caso de Netanyahu, el desmentido fue necesario, pero lo verdaderamente instructivo fue el método: verificación de ubicación y fecha, contrastes y corroboración externa. Ese estándar es exportable. Un Estado moderno debe ser capaz de decir “esto ocurrió” y, a la vez, mostrar cómo lo sabe. Esa es la diferencia entre propaganda y comunicación pública robusta.

La gran amenaza del “efecto IA” no es únicamente la existencia de deepfakes; es la normalización del cinismo epistémico, esa idea de que nada puede comprobarse, de que todo es montaje, de que toda evidencia es sospechosa. Si esa mentalidad se convierte en cultura política, la democracia pierde su piso mínimo: el acuerdo sobre hechos básicos. Por eso, defender la integridad informativa no es una agenda secundaria ni un lujo intelectual; es una política de resiliencia social. En tiempos de crisis, la verdad necesita infraestructura. Y construirla, con derechos, transparencia y capacidad técnica, es una tarea estratégica del Estado contemporáneo./

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Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible. 

Yayo Sanz Lovatón afirma que los dominicanos sabrán diferenciar la paja del trigo en 2028, destacando los resultados contundentes de los últimos seis años

Sanz Lovatón afirma que los dominicanos sabrán diferenciar la paja del trigo en 2028, destacando los resultados contundentes de los últimos seis años

Santo Domingo, R.D., 16 de marzo de 2026. – El ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, expresó su firme convicción de que en 2028 el pueblo dominicano demostrará su capacidad para distinguir entre la “paja y el trigo”, reconociendo los avances alcanzados durante los últimos seis años de gestión gubernamental.

Durante su participación en la emisora Z101 Digital, el funcionario subrayó que, pese a encuestas, posibles crisis o errores futuros, los logros obtenidos son “contundentes” y constituyen evidencia clara de la resiliencia del país frente a desafíos globales.

En su intervención, Sanz Lovatón recurrió a la metáfora de un paraguas para ilustrar la importancia de la gestión en tiempos difíciles: “Uno no valora el paraguas hasta que cae el aguacero. Y este país ha tenido un paraguas para enfrentar la pandemia, el asesinato en Haití, la guerra en Ucrania, la guerra en Irán y la inflación más grande en 200 años”.

El ministro recordó que la pandemia no solo representó un reto sanitario, sino también económico, generando una inflación histórica de la cual República Dominicana logró recuperarse en apenas dos años. En este contexto, destacó que el presidente Luis Abinader Corona es el único mandatario en América Latina que ha conseguido reelegirse tras la pandemia, a diferencia de otros países como Colombia, Bolivia y Ecuador, cuyos líderes no lograron superar sus efectos.

“Los dominicanos y las dominicanas no somos tontos. Sabemos diferenciar la paja del trigo. Y estoy convencido de que en 2028 eso se va a manifestar”, afirmó Sanz Lovatón, reiterando que la gestión actual ha demostrado capacidad para enfrentar crisis y ofrecer resultados tangibles.

El ministro también recordó que en su discurso del 27 de febrero de 2026 ante el Congreso Nacional, el presidente Abinader presentó una rendición de cuentas en la que resaltó los avances logrados durante su gestión, en materia de crecimiento económico sostenido y control de la inflación postpandemia, ampliación de la cobertura educativa y digitalización del sistema escolar, fortalecimiento del sistema de salud y expansión del SeNaSa, construcción y modernización de infraestructuras viales, hidráulicas y logísticas, impulso a las energías renovables y mejoras en el sistema eléctrico, así como el compromiso firme con la transparencia y la lucha contra la corrupción.

Con estas declaraciones, el ministro de Industria, Comercio y Mipymes reafirmó su confianza en la madurez política del pueblo dominicano y en la solidez de los avances logrados en los últimos años.

La guerra en Medio Oriente: cómo China ya se había alistado para una crisis de petróleo

China, el mayor importador de petróleo del mundo, se encuentra a la vanguardia de las subidas de precios provocadas por el conflicto en Medio Oriente. Beijing lleva años preparándose para este tipo de escenario mediante la inversión en sus vastas reservas estratégicas, fuentes de energía renovables y la acelerada diversificación de sus fuentes de suministro.

La guerra en Medio Oriente: cómo China ya se había alistado para una crisis de petróleo

Última modificación: 17/03/2026 - 01:10 | Asia-Pacífico / Por: Grégoire Sauvage / FRANCE 24

Un pétrolier est guidé vers un poste d'amarrage dans un port de Qingdao, dans la province du Shandong, à l'est de la Chine, le 16 mars 2026
Un petrolero es guiado hacia un muelle en un puerto de Qingdao, en la provincia de Shandong, al este de China, el 16 de marzo de 2026. © AFP

Debido a su dependencia del petróleo de Medio Oriente, China es vista como la gran perdedora en el conflicto iniciado por Estados Unidos e Israel contra Irán. Sin embargo, por el momento, China parece sortear bien la tormenta que azota los mercados energéticos, con el precio del barril de petróleo superando los 100 dólares el lunes.

En el papel, la vulnerabilidad del gigante asiático es evidente: para 2025, Medio Oriente representaba casi el 57% de las importaciones directas de petróleo crudo por vía marítima de China, la mayoría procedentes de Irán. Al bloquear el estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico, la Guardia Revolucionaria ha cerrado un punto de tránsito crucial por donde pasa el 20% de los hidrocarburos del mundo.

"Objetivamente, China tiene buenas razones para estar preocupada. Es el segundo mayor consumidor y el mayor importador de petróleo del mundo, así como el mayor importador mundial de gas natural licuado, y una buena parte de sus suministros proviene de Medio Oriente", recuerda Francis Perrin, director de investigación de IRIS e investigador asociado del Policy Center for the New South.

Red de seguridad

Sin embargo, Beijing cuenta con ventajas significativas para limitar los daños, empezando por sus vastas reservas estratégicas que actúan como red de seguridad para la economía china. Varios medios de comunicación mencionan entre 1.200 y 1.400 millones de barriles de petróleo crudo, suficientes para cubrir sus importaciones durante unos 100 días, según el 'Wall Street Journal'.

Contenedores a la espera en el puerto de Qingdao, China
Contenedores a la espera en el puerto de Qingdao, China © - / CN-STR/AFP

"China ha acumulado y reabastecido sus reservas estratégicas durante los últimos 20 años precisamente para prepararse para momentos como este", explica Erica Downs, investigadora del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, citada por el diario singapurense 'Lianhe Zaobao'.

Como señal de que Beijing se estaba preparando para la posibilidad de un ataque estadounidense a gran escala contra Irán, los datos aduaneros publicados la semana pasada revelaron que las importaciones chinas de petróleo crudo habían aumentado casi un 16% en los dos primeros meses de 2026 en comparación con el mismo período del año anterior.

Beijing también había comenzado a diversificar sus fuentes de suministro, recurriendo en particular a los hidrocarburos rusos, a pesar de las sanciones occidentales relacionadas con la invasión de Ucrania. La guerra en Irán podría fortalecer esta alianza y acelerar el proyecto, largamente postergado, de un nuevo gasoducto que conecte ambos países, conocido como "Poder de Siberia 2".

Según el Instituto de Estudios Energéticos de Oxford, durante el último año la participación de Medio Oriente en el suministro de petróleo de China ha disminuido del 60% al 50%.

Para fortalecer su independencia energética, el Gobierno chino también ha apoyado su producción nacional desde 2019. Actualmente, esta supera los cuatro millones de barriles diarios.

Una bomba de petróleo funciona al atardecer en los campos petrolíferos del desierto de Sakhir, Baréin, martes 22 de enero de 2013. El precio del petróleo superó los 96 dólares el barril el martes, mientras que los informes económicos globales siguen siendo generalmente positivos.
Una bomba de petróleo funciona al atardecer en los campos petrolíferos del desierto de Sakhir, Baréin, martes 22 de enero de 2013. El precio del petróleo superó los 96 dólares el barril el martes, mientras que los informes económicos globales siguen siendo generalmente positivos. © Hasan Jamali, AP

Esta estrategia ha permitido a China mitigar hasta ahora el impacto de la guerra en Irán. Si bien los precios en las gasolineras han subido, como en otros lugares, el incremento sigue siendo razonable. Según informa 'Les Échos', llenar un tanque de 50 litros de gasolina cuesta aproximadamente 27,5 yuanes (3,4 euros o 3.91 dólares) más que la semana pasada. Para estabilizar su mercado interno, Beijing decidió a principios de mes suspender sus exportaciones de productos petrolíferos refinados, gran parte de las cuales suelen destinarse a países del sudeste asiático.

¿Un régimen preferencial para el petróleo chino?

El otro pilar de la resiliencia de China reside en su liderazgo en energías renovables, lo que le permite depender cada vez menos del resto del mundo. Para 2025, el 38% de la electricidad de China se generó a partir de fuentes bajas en carbono, en particular energía solar y eólica.

“Inicialmente, se trataba principalmente de un esfuerzo por desarrollar nuevos sectores económicos, más que de una estrategia de seguridad energética. Con el paso de los años, el aspecto de la "seguridad energética" ha ido cobrando importancia”, explica Anders Hove, experto del Programa de Investigación Energética de China en el Instituto de Estudios Energéticos de Oxford. “Hoy en día, la economía china obtiene menos de la mitad de su energía primaria del petróleo, a diferencia de Estados Unidos o la Unión Europea”.

En la primavera de 2025, Beijing anunció que la energía solar y eólica había superado al carbón en capacidad de generación eléctrica. Según el centro de estudios Ember Energy, China duplicará su producción de electricidad renovable entre 2022 y 2030. China, el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático, se ha comprometido a limitar sus emisiones de carbono para 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono para 2060.

Debido a las limitaciones y el elevado coste de las reservas de petróleo y gas, el país también ha priorizado el uso de la electricidad en el sector automovilístico. Los vehículos eléctricos representan actualmente el 12 % del parque automovilístico privado. El transporte de mercancías también está experimentando una revolución: el año pasado, el 30 % de las ventas de camiones nuevos en China correspondieron a camiones eléctricos de gran tonelaje.

Banderas de China e Irán.
Banderas de China e Irán. Getty Images/iStockphoto - Oleksii Liskonih

Mientras que muchos países cuestionan su dependencia energética en el contexto de la guerra en Medio Oriente, China, líder en la fabricación de paneles solares, podría aprovechar la situación para aumentar sus exportaciones de tecnologías verdes, según Anders Hove.

"La voluntad de adoptar una política industrial estricta hacia China podría debilitarse ante la urgencia de importar tecnologías chinas, como vehículos eléctricos y baterías, mientras que, sin esto, se podría haber adoptado un enfoque más cauteloso con respecto a la apertura a las importaciones chinas", señala el experto.

Sin embargo, la guerra en Medio Oriente dista mucho de ser beneficiosa para China a largo plazo. En la industria, varios sectores como el químico, el del vidrio y el del acero podrían verse gravemente afectados por el aumento de los precios del gas.

“No siempre se puede sustituir una fuente de energía por otra. Precisamente por eso el mundo sigue consumiendo más petróleo y gas”, afirma categóricamente Francis Perrin.

“No se pueden fabricar plásticos con energía solar ni eólica. Todos los productos petroquímicos, una industria clave en cualquier economía moderna, requieren petróleo».

Una vulnerabilidad de la que los líderes chinos son plenamente conscientes. Desde el inicio del conflicto, China ha intentado reducir las tensiones, pidiendo reiteradamente negociaciones para lograr un alto el fuego. A pesar de haber sido contactado por Donald Trump, el Gobierno chino no respondió a la propuesta del presidente estadounidense de unirse a una coalición militar para asegurar el estrecho de Ormuz, que se ha convertido de facto en una zona de guerra.

Beijing aún espera obtener un trato preferencial de Teherán para su petróleo que transita por esta vía marítima estratégica. En una inusual violación del cierre del estrecho, un petrolero pakistaní lo atravesó el domingo con su sistema de seguimiento activado, según el sitio web 'MarineTraffic', lo que sugiere que algunos buques podrían estar beneficiándose de un derecho de paso negociado con Irán.

Artículo adaptado de su original en francés*

https://www.france24.com/es/asia-pac%C3%ADfico/20260316-la-guerra-en-medio-oriente-c%C3%B3mo-china-ya-estaba-lista-para-una-crisis-de-petr%C3%B3leo

EDITORIAL

China ante la tormenta petrolera: previsión estratégica en un mundo en guerra

La guerra en Medio Oriente ha vuelto a colocar al petróleo en el centro del tablero geopolítico global. Cada misil, cada amenaza sobre el estrecho de Ormuz y cada movimiento naval se traduce en volatilidad, inflación importada y ansiedad en los mercados. En ese contexto, China —el mayor importador de petróleo del planeta— aparece, paradójicamente, menos expuesta de lo que muchos anticipaban. No por azar, sino por una estrategia de Estado que lleva más de dos décadas anticipando escenarios de disrupción energética.

A primera vista, la ecuación parece desfavorable para Beijing. Más de la mitad de sus importaciones marítimas de crudo provienen de Medio Oriente, una región hoy atravesada por un conflicto de alta intensidad entre Estados Unidos, Israel e Irán. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial, constituye un riesgo sistémico para cualquier economía dependiente de los hidrocarburos. China no es la excepción. Sin embargo, a diferencia de otras potencias, su vulnerabilidad ha sido mitigada por una planificación paciente, silenciosa y, en muchos casos, subestimada por Occidente.

La primera línea de defensa china son sus reservas estratégicas. Beijing entendió hace años que la seguridad energética es inseparable de la seguridad nacional. Por ello, acumuló entre 1.200 y 1.400 millones de barriles de crudo, un colchón suficiente para cubrir alrededor de cien días de importaciones. Esta red de seguridad no es un instrumento coyuntural, sino una política de largo plazo diseñada precisamente para escenarios como el actual. Las recientes cifras aduaneras, que muestran un aumento significativo de las importaciones a inicios de 2026, confirman que China leyó con antelación las señales de escalada y actuó en consecuencia.

Pero las reservas, aunque cruciales, no son el pilar central de la resiliencia china. Lo verdaderamente estructural es la diversificación. Beijing ha reducido progresivamente su dependencia de Medio Oriente, fortaleciendo vínculos energéticos con Rusia, Asia Central, África y América Latina. La guerra en Ucrania, lejos de aislar a Moscú, consolidó a Rusia como proveedor estratégico de China, tanto en petróleo como en gas. El proyecto del gasoducto “Poder de Siberia 2”, largamente postergado, adquiere ahora una lógica geopolítica ineludible: garantizar flujos energéticos continentales, menos expuestos a cuellos de botella marítimos y a la presión militar occidental.

A esta diversificación externa se suma un esfuerzo sostenido por incrementar la producción nacional. Con más de cuatro millones de barriles diarios, China ha reforzado su capacidad interna desde 2019, no para alcanzar la autosuficiencia —objetivo poco realista—, sino para reducir su exposición a shocks externos. Es una diferencia sutil pero clave: Beijing no busca aislarse del mercado global, sino amortiguar sus golpes.

El tercer componente, y quizá el más subestimado, es la transformación del modelo energético. La apuesta china por las energías renovables no nació como una política climática, sino como una estrategia industrial y, progresivamente, de seguridad energética. Hoy, cerca del 38 % de su electricidad proviene de fuentes bajas en carbono. La energía solar y eólica ya superan al carbón en capacidad instalada, y el país avanza a un ritmo que ningún otro actor global puede igualar. En términos estratégicos, esto significa que cada kilovatio renovable es un barril de petróleo menos necesario.

Esta transición tiene efectos directos sobre el consumo de hidrocarburos. A diferencia de Estados Unidos o la Unión Europea, China obtiene menos de la mitad de su energía primaria del petróleo. El impulso masivo a los vehículos eléctricos —que ya representan una parte significativa del parque automotor y del transporte pesado— reduce la sensibilidad del país a los vaivenes del crudo. No elimina la dependencia, pero la redefine.

En el corto plazo, estas políticas han permitido a Beijing contener el impacto interno del conflicto. El aumento en los precios de los combustibles ha sido moderado, y el Estado ha intervenido suspendiendo exportaciones de productos refinados para priorizar la estabilidad doméstica. Es una decisión que revela la jerarquía de prioridades del liderazgo chino: crecimiento, cohesión social y control inflacionario antes que compromisos comerciales.

Sin embargo, la narrativa de una China blindada sería engañosa. La guerra en Medio Oriente no es, ni será, una buena noticia para Beijing. Sectores industriales intensivos en gas —como la petroquímica, el acero o el vidrio— enfrentan presiones de costos difíciles de compensar con renovables. Hay límites tecnológicos y económicos que la transición energética aún no puede superar. No se fabrican plásticos con paneles solares ni fertilizantes con aerogeneradores. El petróleo y el gas seguirán siendo insumos críticos de la economía global durante décadas.

Consciente de estas limitaciones, China ha optado por una diplomacia activa, aunque prudente. Sus llamados al alto el fuego y a la negociación no responden a un idealismo pacifista, sino a un cálculo frío: la estabilidad regional es un activo estratégico. La negativa a integrarse en una coalición militar liderada por Estados Unidos para asegurar Ormuz revela, además, una voluntad de no quedar atrapada en una lógica de bloques que podría comprometer su relación con Irán, un proveedor clave.

De hecho, Beijing parece apostar a un trato preferencial con Teherán. Los indicios de tránsitos selectivos por el estrecho sugieren que, incluso en escenarios de cierre, existen márgenes de negociación política. Para China, esa capacidad de diálogo es tan importante como cualquier reserva estratégica.

En última instancia, la crisis actual confirma una verdad incómoda para el orden internacional: el poder ya no se mide solo en portaaviones o sanciones, sino en previsión, diversificación y capacidad de adaptación. China no es inmune a la guerra en Medio Oriente, pero llega a ella mejor preparada que muchos de sus competidores. En un mundo fragmentado, donde la energía vuelve a ser arma y moneda, la planificación estratégica de Beijing emerge como una de sus mayores ventajas comparativas. La pregunta no es si China sufrirá impactos, sino si el resto del mundo aprendió —o no— la lección que esta crisis vuelve a poner sobre la mesa.

Luis Orlando Díaz Vólquez