miércoles, 26 de abril de 2017

Juez bloquea orden de Trump que niega fondos a “ciudades santuario”

EL MUNDO

Juez bloquea orden de Trump que niega fondos a “ciudades santuario”

La orden castigaba a aquellas entidades que protegen a inmigrantes indocumentados de la deportación.
Präsident Trump unterschreibt Dekret im Oval Office Weißes Haus (picture-alliance/CNP/A. Harrer )
Un juez federal de San Francisco bloqueó este martes (25.04.2017) una orden ejecutiva del presidente de EE.UU., Donald Trump, que negaba fondos federales a las denominadas "ciudades santuario" por su política de no colaborar con las autoridades federales en la deportación de inmigrantes indocumentados.
El fallo del juez William H. Orrick de la corte del distrito norte de California, es un nuevo revés para el Gobierno de Trump. En la decisión, el magistrado Orrick determinó que la orden ejecutiva que firmó Trump en su primera semana en el poder, el 25 de enero, viola la Constitución.
El veredicto no es definitivo, ya que el Departamento de Justicia podría recurrirlo ante el tribunal de apelaciones del distrito noveno, instancia inmediatamente inferior al Supremo.
La ciudad de San Francisco y su vecino Silicon Valley, localidad donde se alojan las grandes compañías de tecnología en EE.UU., habían demandado al Gobierno de Trump por considerar que la orden ejecutiva del presidente causa un daño "irreparable" al pueblo estadounidense y al "tejido mismo" de su Gobierno.
El juez Orrick determinó que los demandantes "han demostrado" el daño "irreparable" que causaría la orden y por esto bloqueó la medida de manera temporal mientras estudia su contenido.
El bloqueo de la ley se aplicará a nivel nacional y afecta a todas las "ciudades santuario", alrededor de 200 entidades (estados, condados y ciudades) que protegen de la deportación a los inmigrantes.
"Estas violaciones constitucionales no se limitan a San Francisco o Santa Clara, sino que también se aplican igualmente a todos los estados y jurisdicciones locales. Debido al alcance de la orden y a sus aparentes fallos constitucionales, un bloqueo a nivel nacional es apropiado", determinó el juez.
Entre las "ciudades  santuario” se encuentran grandes zonas urbanas que gobierna la oposición demócrata, como Los Ángeles, Chicago y Nueva York.
San Francisco, por su parte, cuenta con legislación expresa que prohíbe a los trabajadores municipales de colaborar con las autoridades federales en procesos de deportación. En Chicago, la policía no está autorizada a preguntar el estado migratorio de ningún individuo.
El presidente Donald Trump firmó la orden de castigo hacia las "ciudades santuario” como parte de su promesa electoral de incrementar las deportaciones, una medida que afecta a los más de 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en EE.UU., en su mayoría de origen latinoamericano.
JCG (EFE, dpa)

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Venezuela y Colombia, de palabras y fusiles

AMÉRICA LATINA

Venezuela y Colombia, de palabras y fusiles

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el de Colombia, Juan Manuel Santos, están sumidos en una guerra de declaraciones. Sus dimes y diretes fueron precedidos por un breve impasse militar. ¿Qué vendrá después?
Juan Manuel Santos (picture-alliance/dpa)
El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, con la bandera venezolana al fondo.
En el curso del último mes, dos sucesos distintos han vuelto a malquistar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con el de Colombia, Juan Manuel Santos. El 22 de marzo, Bogotá denunció que decenas de militares venezolanos habían acampado en suelo colombiano e izado allí la bandera de ocho estrellas. Varios días después se dio por superado ese incidente, pero comenzaron los dimes y diretes que hasta hoy enfrentan a ambos mandatarios: Santos criticó con inusual franqueza la política interior de Maduro y éste amenazó con revelar información comprometedora sobre la negociación de la paz entre el Ejecutivo de Santos y las FARC.
¿Guerra en puertas?
Como en otros capítulos de la historia binacional, estas fricciones son percibidas como augurio de conflictos mucho más violentos. ¿Cabe esperar confrontaciones bélicas entre estos vecinos? "Yo creo que eso es poco probable. Aunque algunas facciones políticas clamaron porque el Ejecutivo colombiano respondiera de una manera más contundente al episodio de los militares venezolanos, Santos prefirió manejar el asunto con diplomacia para evitar que Maduro encasillara a Colombia en el rol del enemigo externo”, opina Viviana García, investigadora del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), con sede en Hamburgo.
"Hasta ahora, Santos ha impedido que Maduro use a Colombia para atenuar las tensiones internas de Venezuela”, subraya García, explicando que la discusión sobre asuntos limítrofes y militares suele ser instrumentalizada para apelar al sentimiento patriótico y cazar respaldos. "En uno u otro momento, a ambos lados de la frontera se ha atizado el miedo a una guerra entre Venezuela y Colombia con fines políticos. La última vez que se hizo fue cuando Álvaro Uribe estaba en la jefatura del Gobierno colombiano (2002-2010). Y en este instante, la coyuntura de ambos países se presta para reavivar ese temor”, advierte García.
Hace poco, la ministra de Exteriores de Colombia, María Ángela Holguín, dio por sentado que "provocaciones” como la del 22 de marzo se repetirían en el futuro. Pero, ¿qué tan lejos puede llegar el Gobierno de Maduro? "Es difícil prever si Venezuela se atrevería a atacar infraestructura de vital importancia para el Estado colombiano, por ejemplo. Yo lo veo improbable porque un objetivo clave de la política exterior de Maduro es evitar que Venezuela sea percibida como un Estado agresor o como uno que viola el derecho internacional”, dice Víctor Mijares, profesor de Relaciones Internacionales en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
 
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Colombia denuncia incursión venezolana

Comparando arsenales
"No obstante, debemos tener en cuenta que de las disputas territoriales militarizadas que ha habido en toda América Latina, desde las luchas independentistas del siglo XIX hasta hoy, dos tercios se han dado entre Venezuela y Colombia. Estos países tienen un largo historial de incursiones y tensiones diplomáticas, aunque nunca de guerras declaradas. Si consigue la manera de presentar a Colombia como la instancia agresora, Maduro puede ordenar nuevos cierres de frontera, incursiones o movilizaciones fronterizas de militares con miras a distraer a los venezolanos de las estrecheces que los afligen”, sostiene Mijares.
Ivo Hernández, de la Universidad de Münster, descarta la posibilidad de una conflagración colombo-venezolana. "¿Con qué arsenal va Venezuela a hacerle la guerra a Colombia? China le ha vendido a Venezuela equipos antimotines y Rusia, aeronaves que vuelan y se caen. Una cosa es disparar contra estudiantes desarmados y otra enfrentarse a un Ejército profesional como el colombiano... Si a Maduro se le ocurriera hacerle la guerra a Colombia, Santos evitaría la confrontación porque él no es de los que bajan al nivel de un picapleitos como Maduro. Además, Colombia, como país agredido, tendría el respaldo del continente”.
García disiente, trayendo a colación que hasta hace poco se hablaba de una carrera armamentista en Sudamérica. "Ambos países están bien equipados, pero tienen fortalezas diferentes. Sobre todo en los años noventa, las fuerzas militares colombianas pasaron por un proceso de modernización en materia de entrenamiento y equipamiento, pero de cara a un conflicto irregular, es decir, a una lucha contra insurgentes, contra guerrilleros. En cambio, la Venezuela de Chávez adquirió equipos militares para combates de mayor envergadura con miras a repeler la intervención de Estados Unidos que supuestamente estaba en camino”.
Un año complicado
"El chavismo siempre ha intentado proyectar los problemas internos de Venezuela hacia Colombia, señalándola como la fuente de inestabilidad de la política venezolana. El dilema de los colombianos es que, aunque sus Fuerzas Armadas se sientan obligadas a reaccionar a las provocaciones venezolanas, ellas saben que cualquier malentendido fronterizo que se militarice va a favorecer a Maduro. Ese dilema se ve agravado por las presiones que el uribismo ejerce sobre Santos para que implemente una política de ‘mano dura' frente a Venezuela y por la inminencia de las elecciones presidenciales en los dos países”, apunta Mijares.
"Estamos entrando en una coyuntura muy difícil de la relación bilateral. En 2018 coincidirán los comicios presidenciales con la implementación del acuerdo de paz con las FARC y la continuación de la crisis política y humanitaria en Venezuela. Colombia tiene una papa caliente en las manos porque no sabe qué hacer con su vecino y Venezuela se ha vuelto casi inmune a cualquier tipo de influencia que pueda ejercer Colombia. Antes de las pugnas entre Uribe y el presidente venezolano Hugo Chávez (1999-2013), ambos países llegaron a tener una balanza comercial anual de 7.500 millones de dólares”, explica el experto de la Pontificia Universidad Javeriana.
"Colombia era la principal proveedora de productos alimenticios de Venezuela. En este momento, la balanza comercial binacional llega a 500 millones de dólares al año, cuando mucho. Una de las razones por las cuales el Gobierno de Maduro se ha mantenido incólume, a pesar de las presiones de sus vecinos, es la poca influencia financiera que América Latina tienen sobre él. En términos financieros, Venezuela depende de potencias extracontinentales y del sector privado petrolero estadounidense”, añade Mijares, anticipando un cierre desapacible para la gestión de Juan Manuel Santos.
Evan Romero-Castillo

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Venezuela-Colombia, historia de un impasse

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Venezuela-Colombia, historia de un impasse

Como en septiembre de 2015, las fricciones entre el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, son percibidas como augurios de enfrentamientos binacionales mucho más violentos.
Juan Manuel Santos und Nicolás Maduro in Cartagena (EITAN ABRAMOVICH/AFP/Getty Images)
Nicolás Maduro (izq.) y Juan Manuel Santos en tiempos más armoniosos.
Aunque tuvo lugar hace apenas cuatro años, la reunión en que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, "relanzaron” las relaciones bilaterales luce mucho más remota. Y considerando los desencuentros que han protagonizado después, es evidente que ambos mandatarios exageraron al celebrar la "nueva era” de la conexión Caracas-Bogotá. La comunicación entre Maduro y Santos no ha sido sustancialmente mejor que aquella entre sus predecesores, el difunto Hugo Chávez (1999-2013) y Álvaro Uribe (2002-2010), quienes llegaron al punto de romper brevemente sus nexos diplomáticos.
El primer impasse entre Maduro y Santos fue propiciado por la recepción del líder opositor venezolano Henrique Capriles Radonski en la sede del Gobierno colombiano, en mayo de 2013. Las asperezas fueron limadas poco después y durante un tiempo no hubo sino concordia; después de todo, Caracas apoyaba los diálogos de paz entre las FARC y el Ejecutivo de Santos. En 2014, el asesinato del diputado chavista Robert Serra en Caracas fue atribuido por Maduro a paramilitares colombianos vinculados con el expresidente Uribe y contratados por el antichavismo venezolano, obligando a los cancilleres de ambos países a discutir con caras largas.
En agosto de 2015, unos dos mil colombianos fueron expulsados de Venezuela tras el cierre de la frontera binacional, ordenado por Maduro en respuesta a un ataque contra tres militares venezolanos, presuntamente perpetrado por "narco-paramilitares” del país vecino. Esa crisis diplomática llegó a tal punto que Maduro denunció ser blanco de una campaña magnicida orquestada desde Bogotá, el alcalde de la ciudad colombiana de Cúcuta anunció que llevaría a Maduro ante la Corte Penal Internacional por el caso de las deportaciones y aviones militares venezolanos violaron el espacio aéreo colombiano dos veces en un lapso de 48 horas.
Entonces se llegó a augurar la inminencia de una confrontación bélica inédita en Sudamérica. Por fortuna, la sangre no llegó al río en septiembre de 2015 y la tensión se disipó gracias a los buenos oficios de terceros… hasta marzo de 2017.
 
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Colombia denuncia incursión venezolana

Dimes y diretes
En el curso del último mes, dos sucesos distintos han vuelto a malquistar al Palacio de Miraflores con la Casa de Nariño. El 22 de marzo, Bogotá denunció que decenas de militares venezolanos habían acampado en suelo colombiano e izado allí la bandera de ocho estrellas. Varios días después se dio por superado ese incidente, pero comenzaron los dimes y diretes que hasta hoy enfrentan a Maduro y a Santos. El Premio Nobel de la Paz tachó de "inaceptable” que el tribunal de más alto rango en Venezuela –dominado por magistrados nombrados a dedo por el "hombre fuerte” de Caracas– despojara de sus facultades al Parlamento de ese país.
Santos criticó a Maduro por entregar armas a los 500.000 civiles que conforman la Milicia Nacional Bolivariana y le ordenó a su canciller que planteara su preocupación ante la ONU; admitió haberle advertido a Chávez en 2011 que la "Revolución Bolivariana” había fracasado; y recibió al diputado antichavista Luis Florido, presidente de la Comisión de Política Exterior del Parlamento de Caracas, mientras las calles de Venezuela ardían. Maduro reaccionó alegando que en Colombia se preparaba la "matanza” de los líderes de las FARC y amenazando con revelar detalles comprometedores del proceso de paz entre el Ejecutivo de Santos y ese grupo guerrillero.
Maduro agregó que Colombia era un Estado fallido y Santos abandonó su habitual compostura al contestar que, al contrario de Venezuela, su país tenía "una democracia sólida” y poderes públicos independientes. Tan frontal ha sido la guerra de declaraciones y tan presente está la crisis venezolana en la política interior colombiana que el máximo líder de las FARC, "Timochenko”, no pudo resistir la tentación de tomar la palabra en nombre de sus camaradas: "No podemos guardar silencio en aras de ganar simpatías. Respaldamos a la Revolución Bolivariana”, escribió el caudillo Rodrigo Londoño en su cuenta de Twitter.
Como en septiembre de 2015, hoy no falta quien presagie una conflagración en la frontera colombo-venezolana. Quienes desestiman ese vaticinio lo hacen contando con el talante ponderado de Santos, no con el de Maduro.
Evan Romero-Castillo

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