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domingo, 18 de noviembre de 2018

Solo actuando juntos podemos frenar el alza de la malnutrición

Solo actuando juntos podemos frenar el alza de la malnutrición

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Una mujer elabora tortillas en una cocina a leña, en su precaria vivienda en San Lorenzo, el sureño estado mexicano de Chiapas. En América Latina 8,4 por ciento de las mujeres viven en inseguridad alimentaria severa frente a 6,9 por ciento de los hombres. Crédito: FAO
Una mujer elabora tortillas en una cocina a leña, en su precaria vivienda en San Lorenzo, el sureño estado mexicano de Chiapas. En América Latina 8,4 por ciento de las mujeres viven en inseguridad alimentaria severa frente a 6,9 por ciento de los hombres. Crédito: FAO
SANTIAGO, 8 nov 2018 (IPS) - El número de personas con hambre aumentó por tercer año consecutivo en América Latina y el Caribe. Ha superado los 39 millones de personas. Además, casi uno de cada cuatro adultos es obeso, mientras que el sobrepeso afecta a 250 millones. Más que la población completa de Brasil.
Por esto, por primera vez cuatro agencias del sistema de Naciones Unidas –FAO, OPS/OMS, Unicef y PMA (WFP, en inglés)– nos hemos unido para publicar el Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional de América Latina y el Caribe 2018.
La edición de este año se centra en la desigualdad, un tema fundamental para la región. La desigualdad contribuye al hambre y a las distintas formas de malnutrición.
En América Latina 8,4 por ciento de las mujeres se encuentran en situación de inseguridad alimentaria severa, en comparación con 6,9 por ciento de los hombres.
En 10 países, el 20 por ciento de los niños y niñas más pobres sufren tres veces más desnutrición crónica que el 20 por ciento más rico.
Las poblaciones indígenas sufren mayor inseguridad alimentaria que las no indígenas, y las poblaciones rurales tienen mayores índices de pobreza que las urbanas.
Sin encarar la desigualdad en la seguridad alimentaria y en la nutrición, no podremos cumplir el compromiso que hemos adoptado de no dejar a nadie atrás, establecido en la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030.
Es necesario entender por qué la desnutrición, la carencia de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad afectan más a las personas de menores ingresos, a las mujeres, a los indígenas, a los afrodescendientes y a las familias rurales.
Sobre todo, debemos actuar de manera diferenciada para asegurar que estos grupos sociales y las poblaciones de los territorios rezagados también puedan cumplir su derecho a la alimentación.
Las cuatro agencias y programas que hemos producido juntas el Panorama de este año estamos convencidas que es perfectamente posible transformar los sistemas alimentarios para garantizar una mejor alimentación para todas las personas, de forma más sostenible y adaptada al cambio climático.
Hoy entendemos que necesitamos acciones en la producción, el comercio internacional, el procesamiento y la comercialización de productos para disponer de alimentos saludables.
Podemos trabajar para mejorar los entornos, de manera tal que faciliten el acceso a alimentos sanos, y fomentar prácticas que ayuden a las personas a tomar decisiones de consumo más informadas y responsables.
Es posible cambiar el rumbo actual de la región para volver a acelerar el progreso hacia la meta de erradicar el hambre y todas las formas de malnutrición del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2. Para ello, lo que más necesitamos es recuperar un mayor compromiso político con la erradicación del hambre y todas las formas de malnutrición.
Algunos gobiernos ya están poniendo en práctica una nueva generación de políticas para atender las especificidades de los grupos más rezagados. También se están aplicando, por primera vez, políticas públicas innovadoras para reducir el sobrepeso y la obesidad.
Para que están políticas sean exitosas, necesitamos la participación de todos los actores sociales.
Juntos debemos pensar en formas de actuar más responsables con la sociedad y con el ambiente, desde los productores hasta los consumidores. Juntos podemos construir sistemas alimentarios que aseguren la alimentación adecuada en el presente y en el futuro. Juntos podemos garanticen una vida saludable para todas las personas y convertirnos en la generación hambre cero.
http://www.ipsnoticias.net/2018/11/solo-actuando-juntos-podemos-frenar-alza-la-malnutricion/

Hambre Cero: nuestras acciones de hoy son nuestro futuro

Hambre Cero: nuestras acciones de hoy son nuestro futuro

Zolia Morán Tun, de Tucurú, en el departamento de Alta Verapaz, en Guatemala, implementa las bandejas piloneras para producir plantas locales, las cuales consumen a nivel familiar y venden el excedente. Iniciativas como estas contribuyen a avanzar hacia el objetivo de hambre cero. Crédito: Luis Sánchez Díaz/FAO
ROMA, 15 oct 2018 (IPS) - Hace solo tres años, en septiembre de 2015, todos los Estados miembros de las Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Los líderes de todo el mundo consideraron la erradicación del hambre y todas las formas de malnutrición (el Objetivo número 2) como fundamental de la Agenda y condición sine quan non para un mundo más seguro, más justo y más pacífico.
Paradójicamente, el hambre no ha parado de crecer desde entonces.
Según las últimas estimaciones, el número de personas subalimentadas aumentó en 2017 por tercer año consecutivo. El año pasado, 821 millones de personas sufrieron hambre (el 11 por ciento de la población mundial – una de cada nueve personas en el planeta), en su mayor parte agricultores familiares y de subsistencia que viven en zonas rurales pobres en el África Subsahariana y en el Sudeste Asiático.
Sin embargo, el creciente nivel de subalimentación en el mundo no es el único reto al que nos enfrentamos. También van en aumento otras formas de malnutrición.
En 2017, al menos 1.500 millones de personas sufrieron deficiencias de micronutrientes que socavan su salud y sus vidas. Al mismo tiempo, la proporción de obesidad entre adultos sigue aumentando, pasando del 11.7 por ciento en 2012 al 13.3 por ciento en 2016 (o 672 millones de personas).
Jose Graziano da Silva. Crédito: FAO
Jose Graziano da Silva. Crédito: FAO
El hambre se circunscribe principalmente a áreas específicas, sobre todo aquellas azotadas por conflictos, sequías y extrema pobreza; pero la obesidad está en todas partes y sigue creciendo en todo el mundo.
De hecho, estamos asistiendo a su globalización. Un ejemplo: las tasas de obesidad están aumentando más rápidamente en África que en ninguna otra región – 8 de los 20 países con tasas de crecimiento más rápido están en ese continente.
Además, en 2017 el sobrepeso infantil afectaba a 38 millones de niños menores de cinco años. Un 46 por ciento de estos niños viven en Asia y el 25 por ciento en África.
Si no tomamos medidas urgentes para parar el aumento de la obesidad, pronto podría haber más gente obesa que malnutrida en el mundo. El crecimiento de la obesidad está teniendo un coste socioeconómico enorme. Es un factor de riesgo para muchas enfermedades no transmisibles, como las afecciones del corazón, los infartos, la diabetes y ciertos tipos de cáncer.
Las estimaciones indican que el impacto global de la obesidad se sitúa en alrededor de 2 billones anuales (2,8 por ciento del PIB mundial). Combinados, es un coste igual al del impacto del tabaco y los conflictos armados.
Este año, el Día Mundial de la Alimentación (que se celebra cada 16 de octubre), pretende recordar a la comunidad internacional su compromiso político de erradicar todas las formas de malnutrición y para recordar que alcanzar el Hambre Cero en el mundo para 2030 (eso es, en 12 años), aún es posible.
Según estimaciones de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación la Agricultura), el hambre en Brasil se redujo del 10,6 por ciento de la población total (unos 19 millones de personas) al inicio de los 2000, a menos de 2,5 por ciento en el trienio 2008-2010, que es el valor mínimo por el cual FAO puede hacer inferencias estadísticas fiables.
Esta reducción en el número de gente subalimentada fue posible principalmente al firme compromiso del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y de la puesta en marcha de políticas públicas y de programas de protección social que atajaron la extrema pobreza y el impacto de las sequías prolongadas en la parte noreste del país.
De hecho, los gobiernos tienen el papel más fundamental en el logro del Hambre Cero al poder asegurar que la gente más vulnerable tiene suficientes ingresos para comprar los alimentos que necesitan, o los medios para producirlos por sí mismos, incluso en tiempos de conflicto.
Sin embargo, los líderes mundiales deben tener en cuenta que el concepto Hambre Cero es más amplio y no se limita a la lucha contra la subalimentación. También pretende garantizar que todo el mundo tenga los nutrientes necesarios para llevar a cabo una vida sana.
El Hambre Cero incluye la erradicación de todas las formas de malnutrición, así que no se trata solo de alimentar a la gente sino de que también se nutra bien.
Los sistemas alimentarios actuales han aumentado la disponibilidad y el acceso a alimentos procesados muy calóricos, energéticamente densos, altos en grasas, azúcar y sal. Deben ser transformados de modo que todo el mundo pueda consumir alimentos sanos y nutritivos.
Tenemos que abordar la obesidad como un asunto público, no como un problema individual. Esto requiere la adopción de un enfoque multisectorial que involucre no solo a los gobiernos, sino también a los organismos internacionales, la sociedad civil, el sector privado y los ciudadanos en general.
Las dietas saludables deben ser fruto de un esfuerzo colectivo que incluya, por ejemplo, la creación de normas (como el etiquetado y la prohibición de algunos ingredientes dañinos), la introducción de la nutrición en los programas escolares, la adopción de métodos para reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos, y el establecimiento de acuerdos comerciales que no impidan el acceso a comida fresca, nutritiva y cultivada localmente por agricultores familiares.
El lema del Día Mundial de la Alimentación 2018 es “Nuestras acciones son nuestro futuro”. Es hora de renovar nuestro compromiso y, aún más importante, el apoyo político para lograr un mundo sostenible libre de hambre y de todas las formas de malnutrición. http://www.ipsnoticias.net/2018/10/hambre-cero-nuestras-acciones-hoy-futuro/

miércoles, 4 de julio de 2018

1 millón 400 mil dominicanos están subalimentados

FAO: Informe “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe” 
María Teresa Morel | 4 julio, 2018 91
1 millón 400 mil dominicanos están subalimentados 


El 13.5% de los dominicanos no se alimenta bien.
El 13.5% de los dominicanos todavía no alcanza a cubrir los requerimientos energéticos mínimos para llevar una vida saludable, lo que equivale a decir que 1 millón 400 mil personas están subalimentadas.

El informe “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe”, publicado a finales del año pasado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) revela que a pesar de que el porcentaje de población subalimentada se redujo del 24.4% al 13.5% en un periodo de diez años, todavía persisten importantes desafíos a nivel de malnutrición.
Asimismo, evidencia una caída de la tasa de desnutrición crónica, medida por la proporción de niños con retraso en el crecimiento, que pasó de 21.2% en la década de los 90, a un 7.1% en el año 2013.
La situación actual refleja que siete de cada 100 niños menores de 5 años presentan deficiencias acumulativas de la salud o la nutrición, resultado de condiciones sanitarias, nutricionales y alimentarias inadecuadas que, a su vez, tienen repercusión en capacidades cognitivas reducidas y alteraciones en el sistema inmunológico. La FAO asocia la desnutrición crónica a las condiciones económicas de los hogares y de los países, y particularmente a la desigualdad; “así, mientras mayor sea la desigualdad, mayor será la concentración de la desnutrición crónica en los hogares más pobres”, dice el estudio.
La desnutrición aguda, es decir la deficiencia de peso para la altura en niños menores de cinco años, se sitúa en 2.4%, mientras que el sobrepeso por la ingesta excesiva de alimentos y/o de alimentos de alto contenido calórico, sodio y grasa, en ese mismo periodo, es de 7.6%.
30 de cada mil niños muere en RD
La investigación también pone su atención en indicadores relativos a la mortalidad materna e infantil y a las enfermedades no transmisibles como la diabetes e hipertensión, dada su vinculación con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 2, que busca poner fin al hambre y garantizar la seguridad alimentaria.
Según la OMS, el 45% de las muertes infantiles a nivel mundial están asociadas a problemas de malnutrición, particularmente en los niños que padecen malnutrición aguda grave, que tienen mayores probabilidades de morir por diarrea y enfermedades como la neumonía.
Según el estudio, del 1990 a la fecha, todos los países de la región avanzaron en la reducción de la tasa de mortalidad gracias al reforzamiento de los programas de vacunación, promoción de la lactancia materna, programas de ayuda alimentaria y control prenatal, con excepción de cinco países, incluido la República Dominicana, donde por cada mil niños que nacen, mueren 30, en su mayoría por causas prevenibles. Sólo le supera Haití, donde la relación es de 89 muertes por cada 1,000 nacimientos.
Lactancia materna incide en muertes neonatales
Un problema que incide en la mortalidad infantil es la baja tasa de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. Según la OMS, esta práctica reduce la posibilidad de que el recién nacido padezca enfermedades potencialmente graves para los neonatos como la diarrea e infecciones respiratorias, además de que previene el sobrepeso y algunas enfermedades no transmisibles. En el país, la tasa de lactancia exclusiva en menores de seis meses es de apenas 4.7%, la segunda más baja de la región, por detrás de Surinam que tiene una tasa de 2.8%.
http://www.elcaribe.com.do/2018/07/04/1-millon-400-mil-dominicanos-estan-subalimentados-2/