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martes, 2 de julio de 2019

Escribir en dominicano | RITA INDIANA @ritaindiana

Escribir en dominicano

Redactar como se habla en Matahambre lleva a que los editores te pidan que añadas un glosario a tus novelas, que escribas en un lenguaje más cómodo, más amable

Visitantes de la Feria del Libro de Santo Domingo de 2019.Ampliar foto
Visitantes de la Feria del Libro de Santo Domingo de 2019. MINISTERIO DE CULTURA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
La familia de mi padre vivía en Matahambre. El barrio se llamaba Matahambre porque en un pasado mítico, en vez de multifamiliares del Gobierno, allí crecían aguacates, mangos y guanábanas. Aquellos edificios eran un rico compendio de todos los acentos de la isla, variaciones del español, que en algunos casos era lo único de valor que traían consigo unos campesinos que habían abandonado sus conucos para estar “mal, pero en la capital”. Las íes mocanas, el gutural barahonero y el tigueraje capitaleño dialogaban a la sombra de los números ganadores que una locutora de dicción académica repetía durante horas por los altoparlantes de la Lotería Nacional. Los pregoneros traían otras cosas, jingles orales que se sucedían hasta la caída del sol cuando eran sustituidos por las voces demasiado roncas de unas prostitutas que publicitaban sus servicios en la acera de enfrente.
Leí a William Faulkner, a Carlos Fuentes y a Quevedo con ese telón de fondo. A un lado estaba el mundo real, con su olor a inodoro y cigarrillos; al otro, una literatura que, aunque reflejaba mundos de rampante oralidad, estaba higiénicamente contenida en 300 páginas de papel. Como el estudiante de música que escucha la nota que produce un grifo que gotea, mi oído adolescente comenzó a escuchar literatura en lo que salía de las bocas que me rodeaban, en Matahambre abundaba el resplandor estético y ético que hacía buenos a aquellos libros. Pequeña minera de la oralidad, me dedique a copiar a bolígrafo las expresiones idiomáticas, las onomatopeyas, las formas de contar lo extraño, las barrocas malas palabras con que las mujeres acompañaban los jalones de pelo en sus peleas. Sin entender muy bien lo que hacía, empecé a escribir en dominicano.
Rita Indiana, en el café La Central en junio de 2018.
Rita Indiana, en el café La Central en junio de 2018. 
Escribir en dominicano significa que te pedirán que añadas un glosario a tus novelas, que escribas en un lenguaje más cómodo, más amable. Que recibirás cartas de rechazo de editores y agentes en las que te explican que lo universal es lo genérico y lo tuyo es la oralidad. La oralidad que es lo particular, el aleph al que van a parar las afectaciones de todas las psicologías, no es para ellos universal. Hay una resistencia creativa en la oralidad, una contienda permanente entre lo impuesto y lo improvisado, una contracolonización espontánea basada en lo económico y lo que es placentero al paladar. Escribir en dominicano es echar a la basura las ortodoxias gramaticales, los prejuicios paralizantes y la pobreza de un español neutro que solo hablan las actrices latinoamericanas en las telenovelas de Telemundo.
Esta práctica me ha hecho comprender la trascendencia de la contribución que ha hecho la clase trabajadora al acervo cultural dominicano, una clase abandonada a su suerte que se fue a Nueva York con una mano delante y otra atrás, y regresó con el Pulitzer de Junot Díaz, el Raymond Carver aplatanaoa quien le debemos la primera descripción magistral de una dominicanidad contemporánea, transatlántica y felizmente disfuncional.
Hoy se habla en Matahambre un español muy distinto al que utilicé para escribir mi primera novela. A la velocidad de una semiautomática, la calle produce nuevos significados para viejas palabras. He venido a tomar unas fotos de referencia para una película y encuentro que en el apartamento de mi abuela hay ahora una iglesia evangélica. Una elocuente pastora cocina a fuego lento a sus hermanos, los sazona, pronto habrá algunos tirados por el suelo, sacudidos por el verbo. Escucho, desde el parqueo, los aleluyas. La música urbana del colmado se confunde con las panderetas. Un haitiano hace chistes con un taladro en la mano. Viejos que juegan dominó golpean la mesa con sus fichas. Ya no hay mundo real y literatura, solo un español democrático y participativo que masticamos con las mismas muelas con las que los creadores del castellano masticaron, en Hispania, el latín.
Rita Indiana (Santo Domingo, 1977) es autora de títulos como ‘Papi’ (2011), ‘Nombres y animales’ (2013) y ‘La mucama de Omicunlé’ (2015). Su último libro es ‘Hecho en Saturno’ (2018). Todos ellos publicados por Periférica. https://elpais.com/cultura/2019/05/31/babelia/1559316070_072959.html

martes, 4 de junio de 2019

República Dominicana, literatura contra los fantasmas

República Dominicana, literatura contra los fantasmas
Una radiografía desde el país caribeño de un panorama literario que tiene más peso creativo que editorial

Es una venda de azulejos negros tapando los ojos y una boca abierta con los dientes dorados. Detrás de la escultura está el mar Caribe. En esta playa pegada a la carretera donde en 1961 mataron al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, se bañaba de niño el poeta Frank Báez (1978) y recuerda que los adultos le decían que tuviera cuidado: “Si tú te metes por ahí, te va a venir su fantasma”.
El fantasma del caudillo quizá más estrafalario y homicida de Latinoamérica sigue recorriendo también la literatura casi 60 años después de su muerte, culpa en gran parte de dos obras mayores, La Fiesta del Chivo (2000) y La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007), las más vendidas en el país pese a estar escritas las dos fuera de la República Dominicana. La segunda isla más grande del Caribe —10 millones de habitantes— tiene un mercado del libro diminuto y sin apenas músculo editorial, desde donde despegan hacia el extranjero cada vez más nombres emergentes en la escena internacional, continuando con una larga tradición de dialogo entre voces de dentro y de fuera.

PISTAS PARA EL RETIRO

Días. La 78ª edición de la Feria del Libro de Madrid se celebra en el parque del Retiro hasta el 16 de junio.
Invitado. Como país invitado, la República Dominicana protagoniza más de 100 actividades. Autores como Rita Indiana, Frank Báez, Rosa Silverio, Rey Andújar y Soledad Álvarez acudirán a Madrid.
Homenajes. Los 50 años de sellos como Tusquets y Anagrama serán objeto de homenaje. A ellos se suma el dedicado a Claudio López-Lamadrid, de Penguin Random House, fallecido en enero. El viernes 7 de junio, Núria Cabutí, Ray Loriga, Patricio Pron, Lara Moreno y Miguel Aguilar recordarán a López-Lamadrid. Acto seguido, Almudena Grandes, Luis Landero y Fernando Aramburu hablarán de su editorial de siempre (Tusquets) con la librera Lola Larumbe. Al día siguiente, Jorge Herralde, fundador de Anagrama, conversará con Juan Cruz.
Autor. En Cibeles, a unos metros del Retiro, la Casa de América dedica su Semana de Autor (del 4 al 7 de junio) al gran novelista salvadoreño Horacio Castellanos Moya.
España vacía. La otra España, una conversación sobre la vida en las zonas rurales es el título del coloquio que organiza EL PAÍS el sábado 15 de junio a las 19.30. Participan los escritores Sergio del Molino y Virginia Mendoza. Modera la periodista Carmen Morán.
A Trujillo lo acribillaron 27 balazos en este arcén de la carretera. Junot Díaz, el escritor dominicano de más éxito, migrante desde los seis años y nacionalizado estadounidense, narró el episodio a cámara lenta, como si fuera una de esas escenas congeladas de Matrix. Está en un pie de página de las andanzas de Wao, un regordete fanático de la ciencia-ficción que lucha por no convertirse en el “único varón dominicano de la historia que morirá virgen”. Mario Vargas Llosa, por su parte, recordó la última frase que la leyenda atribuye a uno los ejecutores antes de rematar al Chivo en la cara: “Ya este guaraguao no come más pollo”.
Dos décadas antes, otra novela sobre los últimos dos años de dictadura, Sólo cenizas hallarás, del diplomático y residente muchos años en España Pedro Vergés, tuvo un fuerte impacto al ganar en 1980 el Premio de la Crítica en España. Y hoy, entre los títulos de ficción más vendidos de la principal librería del país, otra obra con el telón de fondo de las tres décadas de trujillato: La reina de Santomé, de Guillermo Piña-Contreras. Los golpes de la dictadura —prolongada por Joaquín Balaguer, impuesto por EE UU en los setenta— fueron los responsables del alejamiento definitivo del país por parte de Pedro Henríquez Ureña, mano derecha de Vasconcelos en México, maestro de Borges o García Márquez; así como directamente del exilio del presidente-escritor Juan Bosch, las dos figuras tutelares a quien está dedicado el programa dominicano de la Feria del Libro de Madrid, inaugurada el viernes.
La diáspora, la sombra de Trujillo y lo fantástico —lo mágico, esa pegajosa etiqueta asociada tantas veces al Caribe— son algunas constantes en espiral que explican el devenir de la literatura dominicana. “Es como un pozo negro, como si el tiempo no pasara y todo lo que estamos viviendo ahora se explicara desde ahí. Y en parte sí, pero a mí me parece más interesante llevarlo hacia otra dirección”, dice Báez, cuentista y cronista además de poeta, único autor dominicano en ser incluido en la última lista Bogotá39 del Hay Festival británico y con un reciente poemario publicado por Seix Barral.

Magia pop

En otra dirección se encaminó el propio Junot Díaz, ganador del Pulitzer de novela en 2008 con su Óscar Wao y considerando “un referente”, “una inspiración”, “la estrella polar de nuestra literatura” por algunos de los autores jóvenes dominicanos. Su Trujillo es presentado como el eslabón de una maldición ancestral de la isla —“era un promotor, un sumo sacerdote del fukú”—, pero a la vez es comparado con Sauron, el gran villano de El señor de los anillos. Del realismo mágico al mundo fantástico pop.
“Trujillo es un género”, dice Rita Indiana del dictador novelado por Vargas Llosa y Junot Díaz
“Trujillo es nuestro Rey Arturo, en torno a su figura hay ya un género. Y a las editoriales les encanta una buena novela de dictadura”, dice Rita Indiana(1977), una de las autoras emergentes de más proyección internacional. Para Miguel D. Mena, director de Cielo Naranja, editorial independiente con más de 30 años de recorrido, “lo que más se ha exportado de la República Dominicana tradicionalmente ha sido lo muy trágico o lo muy frívolo”. Un péndulo que oscilaría entre los horrores de la dictadura —los asesinatos políticos, el perfil de depredador sexual de Trujillo— y el cliché exótico del latin lover caribeño, representado por Porfirio Rubirosa, miembro de la jet-setinternacional de los años cuarenta, y al que hasta Truman Capote llegó a loar en un texto sus supuestas proezas eróticas.
“Nosotros nos alejamos decididamente de todo eso, aunque sí está presente el arquetipo masculino que quedó implantado con Trujillo [obsesionado con la ropa y atusado con polvos de talco en una mezcla de vanidad y racismo para blanquear su piel morena], que se va a parecer más al marine de EE UU que al caballero colonial español”, apunta Rey Andújar (1977), novelista y profesor universitario en Chicago. Así sería el padre de Wao en la novela de Junot Díaz: un macho militar, cuarentón y musculoso, coqueto rozando la afectación, a la vez que rígido, estricto y machista. O incluso el padre mafioso de la protagonista de la novela Papi, de Rita Indiana, que “es como Jason, el de Viernes 13. O Como Freddy Krueger”, y que a la vez tiene “removedor de esmalte y limas y piedras de pómez y cremas hidratantes y aceite de cacao y aceite Johnson”.
“Mi generación, que vivió en los noventa, está obsesionada con la ciudad y con la cultura popular, con la música, el cine y el arte contemporáneo. Es una literatura que mira más hacia los beatnick que al boom latinoamericano”, añade Indiana, que en 2015 fue finalista del Premio Vargas Llosa por su novela La mucama de Omicunlé. Para Andújar, el trabajo de su compatriota estaría “más cerca de la obra de Basquiat y su mezcla bolero de Ravel, Picasso y hip-hop, que de García Márquez”.
La ruptura con la tradición de los narradores nacidos a finales de los setenta no es tan nítida en las generaciones anteriores. Ángela Hernández (1954), premio Nacional de Literatura, considera que la influencia de Trujillo en la literatura es “una sombra que no se elige”, y que ella ha recogido, por ejemplo, en una novela ambientada al filo de los sesenta en un pueblo aislado de la montaña al norte del país: Mudanza de los sentidos, publicada en España por Siruela. El componente mágico también está presente en sus obras. “Está en mi literatura porque está en mi imaginación y en mi memoria. Mi mamá solía hablar de su hermana muerta, que era curandera del pueblo, como si estuviera viva. Yo recupero ese tiempo de imágenes para mis cuentos”. Pedro Antonio Valdez (1968) pone a dialogar lo mágico con lo real con cortes más tajantes, como en Carnaval de Sodoma (Alfaguara), donde por el río de una provincia dominicana aparece Marco Polo.
La nueva magia del Caribe se parecería en todo caso más a un glitch informático que a los fantasmas, mientras que el dinero y las finanzas representarían los embrujos más poderosos en tiempos de turbocapitalismo. “Somos hijos de una generación de dominicanos a los que los noventa agarra sin un peso en el banco con las privatizaciones y se produce una reconfiguración de la sociedad. Había gente negra que conservaba dinero de la dictadura y por otra parte las remesas empiezan a también a crecer. Las divisiones de raza empezaron a mezclarse”, dice Rey Andújar. Su novela Candela (Alfaguara) bucea en las intersecciones de una migrante haitiana, la hija de un político dominicano y un policía mestizo con acceso a ambos mundos. El año que viene se estrenará una versión cinematográfica de la novela y, de momento, ha vendido 8.000 ejemplares, un cifra media-alta en la isla.

Vacío editorial

Con 70.000 y 50.000 ejemplares, La Fiesta del Chivo y La maravillosa vida breve de Óscar Wao siguen siendo las dos obras más vendidas en el país, según cifras tentativas de Ruth Herrera, directora de las ferias nacionales del libro, dependiente del Ministerio de Cultura. No existen datos oficiales de ventas ni de publicaciones en el país. “El gran problema es la educación, no tenemos un verdadero fondo de lectores con formación y poder adquisitivo para alimentar el mercado. Por otro lado, tampoco hay incentivos para la industria editorial ni para el consumo”, añade Herrera.
La feria de Santo Domingo es la mayor del Caribe pese a la debilidad de la industria editorial
La feria de Santo Domingo, con 22 años de historia, sí cuenta con una considerable influencia regional. “Es la principal actividad cultural del país y la mayor feria del Caribe y Centroamérica. Por volumen y calidad, por aquí han pasado Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Ana María Matute”, apunta Hernández. En la edición de este año participaron 38 editoriales de 10 países, especialmente volcadas en Cuba y Puerto Rico.
Las librerías en la capital no llegan a la decena y el panorama de bibliotecas tampoco es muy alentador: 230 en un país de 10 millones de habitantes. “La República Dominicana es un lugar muy árido para la literatura. No hay editoriales de relevancia en la isla. Y la mayoría de los autores de mi generación nos fuimos a México, a EE UU, a España; la mayoría de las veces por un tema económico, pero también por claustrofobia”, apunta Indiana, que vive en Puerto Rico. Las editoriales independientes que dan el primer vuelo a los autores jóvenes, como CieloNaranja o Ediciones De a Poco, también están fuera del país y dentro se limitan a imprimir, pocas veces más de 500 ejemplares.
No siempre fue así. En la década de los dos mil tuvo presencia en la isla la colombiana Norma y la multinacional española Santillana, facilitando mayores vías de distribución para los autores dominicanos. Pero con la venta de la división de literatura a Ramdom House, Alfaguara y el resto de sellos salieron de la isla en 2014. Valdez, que llegó a vender 8.000 ejemplares de Carnaval en Sodoma, y que también contó con una versión cinematográfica de la mano de Arturo Ripstein, recuerda la sensación de desamparo: “Nuestros libros se quedaron en un almacén en México”.

Un país de poetas

Desde el siglo XIX, la República Dominicana ha sido conocida sobre todo por los poetas: Salomé Ureña, José Joaquín Pérez o Gastón Fernando Deligne. “Siempre se dice que somos un país de poetas”, subraya José Mármol (1960), ganador prácticamente de todos los premios literarios de la isla; traducido al inglés, al francés y al italiano, y responsable de una reciente antología de poesía dominicana del siglo XX en Visor, donde ha publicado también varios poemarios propios. “Partimos”, añade Mármol, “de una fuerte tradición modernista. Aquí Rubén Darío se conocía y se publicaba en revista antes de su icónico Azul, de 1908. Y durante las vanguardias, por ejemplo, el manifiesto futurista nos llegó pocos meses después de ser publicado en Europa”.
“Nuestras novelas quedaron en un almacén de México”, dice Pedro Antonio Valdez sobre la salida de Alfaguara de la isla
Entre los poetas más jóvenes también destaca un sabor urbano y contemporáneo. “Lo urbano en mi poesía es un artificio. Intento utilizar los elementos del paisaje que mejor conozco —la isla, el mar, la ciudad a medio hacer, sus cables que cuelgan como tripas de los postes eléctricos— para reflexionar sobre el mundo en el que vivo. Para el escritor que crece en una isla, especialmente una del Tercer Mundo, es casi imposible que el entorno no permee su forma de usar el lenguaje”, apunta Alejandro González Luna (1983), residente en España y con un reciente poemario temático sobre la insularidad publicado en Pre-Textos: Donde el mar termina, premio Emilio Prados.
El trabajo poético de Frank Báez aspira a insertar el propio lenguaje en el contexto dominicano. Una tarea basada en cribar “libros y referencias donde pasan historias que no se parecen a la del entorno de uno” y que le ha empujado a una cierta orfandad. Pero a la vez a “una gran libertad para crear lo nuevo, para convertirte en explorador y lanzarte a buscar formas novedosas y un lenguaje que de pronto comprendes que siempre lo llevabas contigo, pero que no te atrevías a usarlo porque no salía en libros o en películas y pensabas que era vulgar o nada literario”. Algo parecido le sucedió hace muchos años a Josefina Baez (1960), sin tilde, migrante a EE UU en los setenta y precursora del uso del spanglish que Yunot Díaz ha homologado y elevado a las alturas. “Me decían que eso no era literatura. Pero cuando alguien como Junot, de las grandes ligas, batea en una de tus bases, es que hay algo”. Báez, con tilde, está trabajando últimamente en un texto sobre el barrio donde se crio, Los Kilómetros, la zona pegada a la playa donde mataron a Trujillo, el lugar donde sus mayores veían fantasmas.

LECTURAS

La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Junot Díaz. Debolsillo
Llegó el fin del mundo a mi barrio. Frank Baéz. Sonámbulos
Hecho en Saturno. Rita Indiana. Periférica
Yo, la isla dividida. José Mármol. Visor
Donde el mar termina. Alejandro González Luna. Pre-Textos
Mudanza de los sentidos. Ángela Hernández. Siruela
Cuentos dominicanos. Varios autores. Siruela
La poesía del siglo XX en República Dominicana. Edición de José Mármol y Basilio Belliard. Visor
No creo que yo esté aquí de más. Antología de poetas dominicanas 1932-1987. Edición de Rosa Silverio. Huerga & Fierro
FE DE ERRORES
En una edición anterior, se decía que era la isla más grande del Caribe.

lunes, 25 de febrero de 2019

Rita Indiana: “Hace falta una campaña exhaustiva de alfabetización”

ENTREVISTA
Rita Indiana: “Hace falta una campaña exhaustiva de alfabetización”
Rita Indiana Hernández, además de cantante y compositora, es una figura clave de la literatura caribeña actual
Clidia Díaz. - SANTO DOMINGO 23 / 02 / 2019, 01:41 PM

$!Rita Indiana: “Hace falta una campaña exhaustiva de alfabetización”
Rita Indiana 
Rita Indiana Hernández (Santo Domingo, 1977) es una figura clave de la literatura caribeña actual, además de compositora y cantante. Autora de libros de cuentos como “Rumiantes” y “Ciencia succión”, y novelas como “Papi” o “La estrategia de Chochueca”, se ha convertido en todo un símbolo de la literatura underground hecha en Las Antillas. Obtuvo el Gran Premio de Literatura, de la Asociación de Escritores del Caribe, por su novela “La mucama de Omicunlé”, la primera obra en castellano en ser reconocida con este galardón. En 2011 fue seleccionada por el diario “El País” como una de las 100 personalidades latinas más influyentes. “Hecho en Saturno”, su nueva novela (Periférica) acaba de llegar a las librerías. Conoce sus preferencias, los secretos de su biblioteca personal y el espacio íntimo donde disfruta de la maravillosa pasión que nos une: la lectura.
Describe en pocas palabras tu encuentro con el libro.
Tenía 4 años, mi tío me regaló un libro ilustrado titulado “Mitos y Leyendas”, allí conocí a los Dioses y Héroes de la antigua Grecia, la mitología se convirtió en una obsesión.
¿Cuál es tu personaje literario preferido?
Tengo muchos, casi todos residentes de las orillas de la civilización: Robinson Crusoe, el Lazarillo de Tormes, Huckelberry Finn, Mackandal.
¿Qué libro regalarías a ciegas?
En este momento sería “The Unnatural History of the Sea” de Callum Roberts. Es un golpe de realidad muy duro sobre lo que venimos haciendo con los océanos y sus habitantes desde la antigüedad. La violencia ejercida por los humanos sobre un sistema sagrado de cuyo buen funcionamiento depende nuestra supervivencia.
Menciona tres escritores que hayan ejercido fuerte influencia sobre ti.
H. P. Lovecraft, Lydia Cabrera y Michael Herr.
Cuando escribes, ¿tú decides el tema o este te elige a ti?
El tema me posee primero, se me despierta una curiosidad salvaje que sacio consumiendo todo lo que puedo sobre el tema o los temas. Esa información crea un espacio donde van cobrando vida los personajes que lo habitarán.
¿Cuáles son los géneros que más sobresalen en el conjunto de los libros que posees?
Generalmente son novela, ensayo y libros de arte.
Si una tormenta tomara por asalto tu biblioteca y solo pudieras rescatar cinco obras, ¿cuáles serían estas?
Una edición de “El último mohicano” de 1937 con la firma de mi abuela (era una lectura escolar), una edición de “Cien años de soledad” dedicada por Gabo a uno de mis hijos, “Journey to the West” (la novela clásica china), una edición de “Los Miserables” que heredé de mi madre y un libro sobre el “Diloggún, el oráculo del caracol” de la santería afro-cubana.
¿Qué libro de los que habitan en ella te hubiese gustado escribir?
“Flow My Tears, The Policeman Said”, de Philip K. Dick.
Borges expresó: “La lectura es una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”. ¿Crees que esa felicidad se puede contagiar?
No sé si contagiar, lo que se puede es facilitar por medio de bibliotecas, intercambios de libros, libros gratis, lecturas, talleres, educación. Aquí en Puerto Rico, por ejemplo, hay un proyecto muy chulo que se llama ‘Libros Libres’. Son libreros hechos de guacales improvisados en ciertas aceras de la ciudad donde usted puede coger los libros que quiera y/o dejar los que ya no quiera. Siempre hay gente rebuscando, dejando cajas o recogiendo.
¿Qué libro amaneció contigo hoy?
“El libro de Enoc”, es un libro que no es reconocido como canónico por las iglesias cristianas excepto por la iglesia ortodoxa etíope y que cuenta los detalles de la caída de los ángeles rebeldes.
Si fueses un libro, ¿cómo te llamarías?
“El mono gramático”.
¿Qué eslogan propondrías para una campaña nacional de lectura?
Antes que una campaña nacional de lectura hace falta una campaña exhaustiva de alfabetización.
Hecho en Saturno
2019
Una espléndida novela de lectura absorbente, clásica y moderna a la vez, como reza el texto de la cubierta. La obra, de estructura circular (empieza y termina en Cuba con una cegadora luz caribeña), recoge una historia de ascenso desde el infierno con llegada al paraíso por un camino no exento de trampas, algunas en forma de inverosimilitud.
https://www.diariolibre.com/estilos/buena-vida/rita-indiana-hace-falta-una-campana-exhaustiva-de-alfabetizacion-CE12166949

viernes, 8 de junio de 2018

Rita Indiana retrata a los hijos de la revolución en su libro “Hecho en Saturno”

Rita Indiana retrata a los hijos de la revolución en su libro “Hecho en Saturno”Rita Indiana

Publicado el: 7 junio, 2018 Por: EFE e-mail: clientes@efe.es
Madrid.- “La mucama de Omicunlé” consagró en 2015 a Rita Indiana como un referente de la literatura caribeña. Vuelve con una historia derivada de aquella, “Hecho en Saturno”, un retrato de “esa generación X que quedó ‘asanwichada’ entre los millennials y la revolución exitosa y fracasada de los baby boomers”.
Mientras que Indiana (Santo Domingo, 1977) ambientaba “La mucama de Ominculé” en un lejano 2024, en “Hecho en Saturno” se centra en un presente casi inmediato, explica en una entrevista con Efe la escritora, compositora y cantante.
Esta novela, editada por Periférica, transcurre entre Cuba y su país natal y representa a toda una generación universal a través de su protagonista.
Argenis Luna ya tuvo un papel “protagónico secundario” en “La mucama de Ominculé”, pero ahora se convierte en personaje absoluto de una obra en la que está siempre presente Francisco de Goya y su “Saturno devorando a su hijo” y que, adelanta Indiana, se convertirá en una trilogía.
“Es un personaje, de alguna forma, universal. En cualquier país se encuentra un Argenis como hijo de esas ideologías un poco devastadas del siglo XX, buscando su lugar en el mundo”, explica la escritora. http://hoy.com.do/rita-indiana-retrata-a-los-hijos-de-la-revolucion-en-su-libro-hecho-en-saturno/

viernes, 31 de marzo de 2017

Rita Indiana estrena ‘El Castigador’ | #FinDeLaImpunidad

Rita Indiana estrena ‘El Castigador’

La escritora y música dominicana canta contra la corrupción


Rita Indiana - El Castigador [Vídeo Oficial] https://youtu.be/9-J_n1H2qT4  @YouTube | #FinDeLaImpunidad y de la #MafiaMoradaPLD #Odebrecht @nieves_rd
Rita Indiana (Santo Domingo, 1977) es escritora, compositora y cantante y, justo en esta última faceta, estrena trabajo: El castigador, una canción que denuncia los abusos de los poderosos, que habla de corrupción, un asunto candente en ambos lados del Atlántico.
En 2011 el periódico EL PAÍS la seleccionó como una de las 100 personalidades latinas más influyentes. Inició su carrera publicando poesía y se pasó luego a la narrativa. Su primer libro, Rumiantes, reflejaba con tintes postmodernos la cotidianidad de la vida en una isla. Su despegue se produjo cuando publicó La estrategia de Chochueca (2000) y Papi, donde incluye giros coloquiales y lenguaje marginal y popular dominicano. Su música también acostumbra a versar sobre temas de índole social.

Esta es la letra de El castigador:

El Castigador Hmmm, hmmm, hmmm guay Dio, hmmm hey
(Estribillo)
Clavo con clavo soga con sal
to lo’ corruptos van a temblar
cuando me suba El Castigador
flor de justicia del trovador
Aquí planto bandera
contra los que se
clavan
a este pueblo jodío lo quieren ver con
ganas
se regodean en lujos que paga el miserable
mientra en el “Capotillo” el hambre tiene
hambre
el que le quita al pobre es el peor cobarde
ponle una cru a la puerta
la calle ta que arde
Son 500 años devorando esqueleticos
Comida pal perro, mientras estos cochinos andan en lo yate
cual Ramfi Trujillo al viejo a la haitiana,
le suben lo vidrio
ESTRIBILLO
Por cada peso que se han tumbao
santa tristeza
la casa la llene la tristeza
del que le faltan lo chele pa educar sus hijos,
eso duele la teta del pueblo la tienen gastá
chupando filete con lo que es de la gente
machete gillete con tu leye atrasá
machete gillete
Espíritu rebelde, tu pueblo te invoca
Endereza el camino, ten hacha, ten tropa
Ten mano, ten boca Llévate la semilla mala de aquí
ESTRIBILLO
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/30/actualidad/1490869852_626757.html