jueves, 13 de agosto de 2026

Yayo Sanz y el valor de una alianza | Por Pablo McKinney

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El bulevar de la vida 

Yayo Sanz y el valor de una alianza

Pablo McKinney
13/08/2026 00:00
Con sus buenas maneras, que muestran una educación doméstica que supera con creces la que pudo ofrecerle la PUCMM o la Sciences Po en el París de todas las nostalgias; con su cara de muchacho bien criado, al que no le interesa nada más que quedar bien, pero que termina quedándose con todo o con lo que aspiraba tener, Eduardo Sanz Lovatón —Yayo— viene demostrando que heredó el olfato político y la sensibilidad social de su abuela; el gen político de la familia, quiero decir.

En los hechos, Yayo ha demostrado que, abandonada aquella adolescencia política junto a Hatuey De Camps, se ha convertido en un armador político de peligro; en un conciliador casi imprescindible; en un estratega que domina algo fundamental en la lucha por el poder, en este mar de intereses conciliados que es la política: la capacidad de “separar la paja del trigo”, distinguir lo importante de lo fundamental, lo significativo de lo innegociable.

Sanz Lovatón ha venido a confirmar la certeza de aquella frase que, hace mil años, pronunciara el expresidente Balaguer: “Nada es tan útil en política como una cara de muchacho bueno… bien administrada”. Su alianza con David Collado para, juntos, luchar por alcanzar la candidatura del PRM del primero, define muchas cosas, pero, sobre todo, lo define a él. Las cosas de Palacio van despacio. Como Napoleón: vístase despacio si va de prisa.

Esta alianza ofrece al PRM la oportunidad de ir resolviendo desde ya, y sin mayores ruidos, el tema de la candidatura presidencial, lo que, entre otras cosas, podría evitar que quien resulte victorioso lo haga de manera poco contundente; y sí decisiva, convincente. Además, trae tranquilidad a un Luis Abinader que necesita paz, y no la de “los sepulcros blanqueados”, sino la del trabajo bien hecho.

El hijo del Dr. Abinader parece tener muy claro que se enfrenta al penúltimo gran desafío de su carrera política: “bajarse del tigre” sin ruidos, sorpresas ni traumas mayores. Para lograrlo, el elemento infaltable es la unidad que conduce a la victoria.

Es por esto, que la alianza entre David y Yayo es agua fresca para un partido que se enfrenta al desafío de convencer al país de que ha dejado de ser un PRD-Mientras tanto. Aquella organización de vocación fratricida. Tan amante del caos, que, siempre tenía un problema para cualquier solución.  
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