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viernes, 9 de febrero de 2018

Buscan apoyo para el padre Rogelio en las redes sociales | #YoSoyPadreRogelio #PadreRogelioSeQuedaEnRD

ROGELIO CRUZ | 08 FEB 2018, 7:30 PM |DIARIO LIBRE
Buscan apoyo para el padre Rogelio en las redes sociales
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SANTO DOMINGO. Usuarios de las redes sociales han iniciado en las redes sociales los temas #YoSoyPadreRogelio y #PadreRogelioSeQuedaEnRD con la intención de evitar que el padre Rogelio Cruz sea trasladado a Colombia, como decidió la Orden Salesiana.
Al ser cuestionado, Rogelio Cruz politizó la discusión y acusó a los “poderosos” de estar detrás de la decisión. Cruz señaló que lo que se busca es facilitar la explotación de Loma Miranda y la provincia San Juan.
“Lo que quieren es sacarnos de las calles. Lo que quieren es sacarnos de las calles porque los pobres no tienen derecho a un cura que abogue por ellos. Tengo una orden, lo reconozco debo salir el 19 pero yo no me voy”, dijo Rogelio.
El sacerdote ha recibido el apoyo del exdiputado Manuel Jiménez quien dijo que “Al Padre Rogelio lo quieren exiliar. El traslado sería una forma diplomática de hacerlo”.
Al movimiento también se han sumado participantes de la Marcha Verde y la cuenta de la Marcha Verde de la región Cibao, @cibaomarcha, en Twitter.

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miércoles, 7 de febrero de 2018

La gran mina de oro | José Luis Taveras

La gran mina de oro

José Luis Taveras - 6 de febrero de 2018
José Luis TaverasLas discusiones sobre la explotación de los yacimientos de oro en las lomas de San Juan asoman como un déjà vu. Una historia de traumas aviva viejas pasiones. Otra vez se encontrarán las posiciones de siempre: los que argumentan que el impacto ambiental será irrelevante y los que opinan todo lo contrario. Cada parte se arrinconará en sus razones y lo demás será un diálogo inconcluso de sordos.  La disputa cederá a favor de quien tenga más músculos políticos. Hablar de concesiones mineras es sensible, más cuando el pasado no ha sido el mejor mentor. Dejan sospechas brumosas y laceraciones abiertas. Esta vez escasean las razones para pensar de forma distinta.
Personalmente creo en la minería y estoy convencido de que esa actividad extractiva puede convivir con una gestión ambiental racional. Sin embargo, hay casos que no logran convencerme por más estudios empeñados y expertos comprometidos, como el de la loma Miranda, zona que he andado y conocido en sus secretos virginales y a cuya explotación me opongo sin reservas.   
Mis reparos a este tipo de emprendimientos no siempre responden a razones estrictamente ecológicas. Toda actividad minera supone una agresión al equilibrio medioambiental; el asunto es reducir razonablemente su impacto a través de una gestión ambiental responsable. Lo que sí me horroriza es otro tipo de “explotación” para la que los controles técnicos resultan irrisorios: son los esquemas de negocios que sustentan las concesiones otorgadas y los recursos que llegan a un Estado patológicamente depredador.
Es muy alentador escuchar anuncios sobre exploraciones y descubrimientos de yacimientos mineros. Cuando se cuantifican las reservas estimadas, respiramos futuro. Bajo ilusos y falsos presupuestos se cree que de ese caudal el Estado recibirá una porción importante de ingresos, pero cuando se convienen los acuerdos —en condiciones generalmente precipitadas, clandestinas, desiguales y opacas— el Estado termina timado o sensiblemente lesionado. 
La industria minera, al igual que la de armas y la farmacéutica, depende del lobby. Penetra sus influjos en los centros de poder a través de los más caros y sofisticados influencers. Cuenta con protocolos muy flexibles de cabildeo según las debilidades institucionales de los países donde opera. El contrato con la Barrick Gold todavía late. El Estado dominicano estuvo sujeto a un esquema infame de participación que lo postró por años mientras pagaba un precio ambiental inestimable. Las condiciones eran tan serviles que la propia empresa accedió a renegociar sus términos y no en las posiciones ideales para el Estado sino en aquellas que permitió la coyuntura política. De manera que con un Estado deleznable, sobornable y corrupto la decisión política de conceder la explotación de los recursos del subsuelo es tan o más delicada que valorar su factibilidad ambiental. Desde esa perspectiva y dado que las concesiones mineras se otorgan por varios años, no sería fiable dejar que un Estado institucionalmente quebrado disponga a su suerte de unos recursos que comprometerán nuestro futuro.
Muchos pensarán: ¿Y qué propone este loco? ¿Que no se aproveche la oportunidad de un proyecto de explotación porque el Estado es corrupto? ¿Cuándo no ha habido corrupción? Contesto con otras preguntas no menos legítimas: ¿Sabíamos cien años atrás que esos yacimientos existían? ¿Eran necesarios para vivir? ¿Cuál ha sido el precio de la espera? ¿Se mudarán esos recursos? ¿Se perderán? ¡Claro que no! A lo que le temo es a los oscuros intereses que gravitan y pervierten los negocios con el Estado con un régimen defectuoso de contrataciones. Basta considerar que todavía desconocemos la hondura de la mafia de Odebrecht que operaba en el país en condiciones paradisíacas cuando ya nos aventuramos a promover un proceso de explotación de una magnitud impensada. ¡Ojo! Mezclar corrupción con oro es inflamable.
Nuestra inversión más apremiante e inaplazable es otra: la explotación de la institucionalidad. Precisamos de recursos no renovables como el orden, el respeto, la ley y la autoridad. Nuestra crisis no es de dinero, es de gestión sana y responsable; no es de oro, es de compromiso. Nuestro futuro no está en el subsuelo, emerge de una nueva conciencia ciudadana. ¿Qué ganamos con oro con un Estado plástico y maleado por la corrupción? Venezuela es hoy un polvorín sobre un yacimiento inconmensurable de crudo. Invertir en una democracia pluralista, inclusiva y funcional —encarnada en derechos sociales— reditúa más ventajosamente que el valor de todos los yacimientos auríferos del planeta.
https://acento.com.do/2018/opinion/8534644-la-gran-mina-oro/
José Luis Taveras / Letras Libres
Abogado corporativo y comercial, escritor y editor.

martes, 4 de abril de 2017

Faltan buenas noticias - Por: Bernardo Vega

Faltan buenas noticiasA1

La amenaza de medidas por parte del gobierno de Donald Trump que perjudiquen a los dominicanos (ya en estas navidades vinieron menos ausentes por miedo a la deportación), así como la bomba de tiempo representada por la corrupción vinculada a Odebrecht y su impacto sobre el sistema político dominicano, han creado un ambiente de pesimismo y pesadumbre entre nosotros.
De nada vale recalcar que nuestro PIB es el que más crece en América Latina, o las expresiones de los coros repetitivos de las bocinas oficiales.
El gobierno tiene que anunciar proyectos de impacto. Se nos ocurren cinco.
1. El Ministro Administrativo de la Presidencia dijo que el Presidente el 27 de febrero anunciaría la construcción del muelle de Manzanillo, pero, sorprendentemente, no lo hizo. De todos los proyectos de infraestructura física (ya contamos con casi todas las carreteras estratégicas) este es el más importante. Mercancía embarcada por Manzanillo llegaría a Estados Unidos y Europa un día antes que la cargada por Punta Caucedo y Río Haina, lo que representaría una gran ventaja competitiva. Concentrar los puertos cerca de la ciudad capital es un gran riesgo en caso de terremoto o huracán. Además, el puerto de Manzanillo podría ser multinacional, recibiendo carga desde y para Haití, más cuando el proyecto de un puerto haitiano en Limonade ha resultado no ser viable. Lo que procede es que nuestro gobierno convoque a una licitación internacional para una concesión, que casi seguro requeriría de socios extranjeros, como ya es el caso de Punta Caucedo. Esto no requiere desembolsar recursos presupuestales.
2. Nuestra Suprema Corte de Justicia todavía no ha resuelto lo de los títulos de propiedad de Bahía de Águilas, pero eso no es razón para no ir adelantando el proyecto. Una gran extensión de tierras y playas, sin población, con títulos limpios y con una infraestructura portuaria y de aviación ya existente permitiría un plan maestro tipo Cancún, Playa Dorada y Punta Cana. Hay cruceros que antes o después de tocar la costa norte de Jamaica irían a Bahía de las Águilas. Tanto el muelle de Manzanillo como esta playa están en los dos extremos de nuestra frontera, lo que otorga a los proyectos un valor estratégico. Una licitación internacional tampoco requiere desembolsar recursos presupuestales.
3. La mina de oro de Barrick aporta mucho al fisco dominicano y fortalece nuestra balanza de pagos. Existe un proyecto de otra mina de oro al noroeste de San Juan de la Maguana. Sus inversionistas canadienses, gente seria, ya han decidido echar para adelante el mismo y solo falta la aprobación de la Dirección General de Minería y del Ministerio de Medio Ambiente. Esos estudios deben de acelerarse, mas no festinarse. Se trata de un tercer proyecto en la zona fronteriza y tampoco requiere recursos del presupuesto.
4. El contrato con Odebrecht para la carretera Miches-Sabana de la Mar incluye la construcción de un muelle para que reciba ferries con capacidad de transportar vehículos. Ese proyecto no debe de paralizarse, sea quien sea que lo termine, después de comprobarse que no hay sobrevaluación. Más de la mitad de nuestro turismo extranjero llega por Punta Cana y estimularía que se quedaran algunos días más si pudieran ir en automóvil a Samaná y, por supuesto, también sería un gran aporte para el turismo en dicha península.
5. Convencer al Presidente Maduro de Venezuela de vender al Estado dominicano sus acciones en nuestra refinería. PDVSA ha resultado ser un socio pasivo y, además, ya no recibimos préstamos de Petrocaribe. Las pagaríamos con un préstamo puente para luego revenderlas a una empresa extranjera, no ligada al negocio de distribución de combustibles en el país para así evitar monopolios y que estaría dispuesta a aportar recursos para expandir la refinería.
http://hoy.com.do/faltan-buenas-noticias/