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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Política Senasa y PRM: la confianza no se defiende, se atiende | por Gabriel del Gotto

Política Senasa y PRM: la confianza no se defiende, se atiende

Operación Cobra entró a Senasa sin pedir permiso.

Gabriel del Gotto | 16.12.2025

Gabriel del Gotto

En República Dominicana el prestigio político se parece a una tarjeta de seguro: tú no la miras cuando todo está bien. La buscas cuando la vida aprieta. Por eso Senasa no es una simple oficina: es un pacto doméstico, un sistema nervioso de la gente.

Y de pronto ese pacto se ensucia.

Operación Cobra entró a Senasa sin pedir permiso. Un tribunal impuso 18 meses de prisión preventiva al exdirector Santiago Hazim y a otros imputados, y declaró el caso complejo. Además, según lo presentado en audiencia, tres imputados admitieron sobornos vinculados a funcionarios. En la mente del ciudadano eso no se procesa como tecnicismo: se procesa como desconfianza.

Ahí es donde el PRM recibe el golpe real. No porque el partido sea Senasa, sino porque en política el humo siempre llega al gobierno. El presidente Abinader respondió con su línea institucional: investigación, justicia y recuperación. Instruyó que SeNaSa se constituya en actor civil para recuperar lo robado y afirmó que el caso seguirá hasta el final. Correcto. Pero no basta.

Porque la popularidad no siempre se desploma. A veces se drena. La gente no se pasa a la oposición: se va al “ninguno”. Y ese “ninguno” crece. La encuesta ACD Media de octubre 2025 reportó que 48.1% no simpatiza con ningún partido, mientras el PRM marca 27.8%. En ese clima, un caso como Senasa acelera el cansancio. Y el riesgo es que el año que viene esa desconfianza se convierta en trámite: que el contributivo empiece a irse en silencio.

La salida, entonces, no puede ser solo castigo. Tiene que ser servicio. La solución pasa porque desde hoy SeNaSa funcione mejor que nunca: autorizaciones sin viacrucis, farmacias sin laberintos, respuesta humana, trámites rápidos. Que los estados de cuenta estén al día. Que lleguen programas nuevos que se sientan en la calle, no en notas de prensa.

En salud, la credibilidad no se declama. Se atiende. Y la política, cuando aprende eso, deja de vender relatos y empieza a recuperar confianza.

https://hoy.com.do/opinion/senasa-prm-confianza-defiende-atiende_1070092.html


Comentario Luis Orlando Díaz Vólquez

Confianza, servicio público y gobernanza: El caso SeNaSa y su impacto político

La confianza institucional es uno de los pilares más frágiles en cualquier democracia, especialmente cuando se trata de servicios esenciales como la salud. El reciente escándalo en el Seguro Nacional de Salud (SeNaSa), vinculado a la Operación Cobra, ha puesto en evidencia que la credibilidad no se sostiene con discursos ni con tecnicismos judiciales, sino con acciones concretas que devuelvan al ciudadano la sensación de seguridad y eficiencia. Cuando la corrupción toca un sistema que representa protección social, el daño trasciende lo legal: se convierte en una herida en el contrato social.

La respuesta del gobierno ha sido correcta en términos normativos: investigación, sanción y recuperación de lo robado. Sin embargo, la experiencia comparada y la percepción ciudadana demuestran que la justicia, por sí sola, no basta para recomponer la confianza. El verdadero desafío es transformar la crisis en oportunidad para mejorar la calidad del servicio. En salud, la credibilidad se construye en cada trámite, en cada autorización que no se convierte en viacrucis, en cada farmacia que deja de ser un laberinto, en cada programa que se siente en la calle y no solo en comunicados oficiales.

El impacto político de este caso no se traduce necesariamente en un fortalecimiento de la oposición, sino en el crecimiento del “ninguno”, esa categoría que refleja desafección y cansancio. Cuando casi la mitad de la población declara no simpatizar con ningún partido, el riesgo no es solo electoral: es sistémico. La gente no abandona la política para irse a otro color, sino para retirarse del juego, y ese vacío erosiona la legitimidad democrática. Si la confianza no se atiende, la fuga silenciosa de afiliados y contribuyentes puede convertirse en un trámite irreversible.

Por eso, la salida no puede limitarse a la narrativa anticorrupción. Debe incluir una estrategia integral de servicio: procesos transparentes, auditorías externas, digitalización de trámites, programas territoriales verificables y contratos blindados contra la opacidad. La gobernanza efectiva se mide menos por la retórica y más por la experiencia del ciudadano. En salud, como en democracia, la confianza no se defiende: se atiende. Y cuando la política entiende esto, deja de vender relatos y empieza a recuperar legitimidad./


Senasa y PRM: Entre la confianza institucional y la gobernanza democrática

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El texto de Gabriel del Gotto plantea una tesis central: la confianza en las instituciones públicas no se defiende con discursos, sino con acciones tangibles que garanticen servicio y transparencia. Este argumento se inscribe en una problemática más amplia sobre la relación entre corrupción, legitimidad política y gobernanza en América Latina.

1. La confianza como capital político

Del Gotto utiliza una metáfora poderosa: el prestigio político como una tarjeta de seguro que solo se busca en momentos de crisis. Esta imagen conecta con la teoría del capital social (Putnam, 1993), donde la confianza institucional es un recurso acumulativo que sostiene la estabilidad democrática. Cuando ocurre un escándalo como “Operación Cobra”, ese capital se erosiona, no por tecnicismos jurídicos, sino por percepciones sociales. La corrupción, según estudios del Banco Mundial, no solo afecta la eficiencia administrativa, sino que deslegitima el contrato social.

2. El impacto político: del desgaste al vacío

El autor advierte que la pérdida de confianza no siempre se traduce en un trasvase hacia la oposición, sino en el crecimiento del “ninguno”, categoría que refleja desafección política. Este fenómeno, documentado por el Latinobarómetro, indica que la erosión de credibilidad en los partidos genera apatía electoral y debilitamiento del sistema representativo. El dato citado (48.1% sin simpatía partidaria) es alarmante: sugiere un escenario de fragmentación del voto y riesgo de populismos.

3. La respuesta gubernamental: entre la norma y la praxis

El presidente Abinader adopta una postura institucional: investigación, justicia y recuperación. Sin embargo, Del Gotto señala que esto es insuficiente. Aquí emerge un dilema clásico en la teoría de la gobernanza: ¿es la sanción un mecanismo suficiente para restaurar confianza? La evidencia comparada indica que la percepción ciudadana se repara más con mejoras en la calidad del servicio que con procesos judiciales prolongados (O’Donnell, 1998).

4. Salud y credibilidad: la dimensión del servicio

El artículo concluye con una propuesta pragmática: optimizar la experiencia del usuario en SeNaSa. Esto conecta con el enfoque de accountability horizontal y vertical: la transparencia no solo se ejerce ante órganos de control, sino ante el ciudadano que evalúa la eficiencia del servicio. En términos de políticas públicas, esto implica:

  • Digitalización de trámites para reducir fricciones.
  • Auditorías externas y reportes públicos para reforzar la confianza.
  • Programas visibles en territorio, evitando la comunicación meramente propagandística.

5. Reflexión final

Del Gotto nos recuerda que la credibilidad institucional es un bien frágil y acumulativo. En contextos de alta volatilidad política, la gobernanza efectiva se mide menos por la retórica anticorrupción y más por la capacidad de garantizar derechos básicos sin burocracia ni privilegios. En salud, como en democracia, la confianza se atiende, no se declama.

sábado, 23 de mayo de 2015

Alegría / Por Gabriel del Gotto

Por Gabriel del Gotto. 23 de mayo de 2015
Creo, muy sinceramente, que la alegría está cerca, pero como en todo, la mejor forma de esperar es ir al encuentro y sólo si empezamos desde ahora a trabajar
ALEGRÍA
Gabriel del Giotto

Gabriel del Gotto

Escritor y realizador cinematográfico.
Decía Rainer María Rilke que la única patria feliz de un hombre es su infancia y yo he visto parte de lo mejor de mi generación abandonar la mía.
La falta de garantías, de rigurosidad institucional, económica, ciudadana, política, y sobre todo, de esperanza, ha llevado a abandonar de nuestra tierra a un número sin precedentes de grandes mentes, de grandes dominicanos, de eso a lo que nosotros, los que creemos en un país mejor, llamamos “esperanza”. La razón de esto es muy simple – aunque no sencilla-, nuestro país atraviesa la peor de las epidemias: el miedo. Miedo a la política, a disentir, a enfrentar, a debatir, a entendernos, a participar; a volver a ser una familia. Esto ha dado como resultado el único escenario posible de este tipo de dinámica social: un régimen de partido único, donde alegremente se roba, se destruye, se responde con prepotencia, burla o autoritarismo, se garantiza impunidad y se simula de todo, incluso guerras, por eso de guardar un poco las apariencias.
Parecería que despertamos un día y esa democracia por la que nuestros padres y abuelos habían sangrado, llorado y luchado, desaparecía poco a poco en un juego de mentiras y chantajes sin fin, donde nuestro país, -a sabiendas que un país se compone por su gente- se perdía para siempre, como si todo hubiese sido un teatro, una farsa.
¿Crecimos? Sí, crecimos, pero mucho menos que todos los demás y a un costo mucho mayor, en el que parece que no estaban incluidas garantías o seguridad de cualquier tipo. Esto pasó porque nosotros lo permitimos y lo permitimos por miedo.
Nos dijeron que la política era sucia y los dejamos hacer política sólo a ellos. Nos dijeron que la economía era muy complicada y los dejamos usar nuestro dinero, recursos, sudor y nuestros más profundos anhelos, como mejor les ha parecido. Nos dijeron que hablar era incómodo y los dejamos hablar sólo a ellos. Nos dijeron que gobernar era demasiado complicado y les dejamos el país para ellos solos. Cambiamos nuestra democracia por una, nunca más mentirosa, supuesta seguridad.
Para nosotros, la inmensa mayoría, sólo ha quedado la dependencia, el atraso, el hambre, la inseguridad, el niño abandonado, el engaño a la vuelta de cualquier esquina, la desolación, el pie descalzo, el anciano que muere por no poder pagar un hospital, el delincuente y el peor de todos los cánceres: el político corrupto que es permanentemente impune de sus fechorías.
Por suerte (que bueno que existen los “Por suerte”), la esperanza aveces nos sorprende. La victoria de Luis Abinader como candidato presidencial del PRM ha dado lugar a un nuevo mapa político: evidencia de que las sillas voladoras y la desorganización no forman parte de su agenda, sino que han quedado en manos de ese PRD dirigido por Miguel Vargas, que ahora es acusado de jugar a favor del partido de gobierno como reminiscencia de un caballo de Troya. La sorpresa de una oposición, representada en una convergencia, unida, sólida, plural, democrática y que da aparente fin a una era marcada por protagonismos desesperados, mientras todos esos que nos han engañado se vienen abajo. La inmensidad de jóvenes -que piensan como jóvenes y no como puritanos de geriátrico, como nos quisieron decir que debía ser-, en un país donde, aunque los jóvenes son mayoría, nunca se ha enfocado nada hacia éstos, sino todo lo contrario. Conocer personas como Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, candidato al Senado por el Gran Santo Domingo, comprometido con temas tan honestos y necesarios como la olvidada, pero lógica, labor legisladora de un senador, la seguridad ciudadana, los derechos humanos más básicos de libertad y de respeto a la identidad e individualidad de cada quien, su sacrificio y trabajo tan lleno de optimismo. Y, claro, lo no menos importante: el abandono de la crítica que sólo se queda en la crítica, a cambio de la promesa de un mejor futuro para todos.
Es por esto que quiero que vuelva Catalina, María del Mar, María Alejandra, Avril, Fernando, Tatiana, Giancarlo, Dino, Noé, Eduardo, Yanelo, Andresito, Jorge, Amaury, Gina. Porque quiero y creo que podemos superar las trabas de un sistema electoral que tiende a alimentar sólo los espacios mayoritarios y quiero un congreso donde se hable de las necesidades de lxs dominicanxs y no donde el dinero de los contribuyentes siga siendo usado para decidir como repartirlo entre ellos mismos. Quiero tener quien levante la mano por todos los que, durante todo este tiempo, hemos sentido que no estamos representados y quiero caminar tranquilo por las calles y saber que el fruto de mi trabajo será respetado y que mi progreso, no mi fracaso, sea lo que esté apoyado. Quiero dormir tranquilo por las noches, quiero sentir que valió la pena haberme quedado en mi tierra a luchar por ella y que vale la pena para todos los que decidieron quedarse. Quiero el derecho inalienable a buscar la felicidad y que todos tengan este derecho. Y quiero que los dominicanos que se han ido, por decepción o desesperación, puedan volver y puedan trabajar en un futuro para todos en el que volvamos a esa alegría y a ese inmenso corazón que nos define. Que sepa el mundo que ese gran espíritu de lucha y amor no quedó olvidado en esas fotos gloriosas de la Guerra de Abril. Por eso quiero y necesito aquí a todos mis amigos, hermanos, compatriotas, vecinos, primos: tenemos mucho trabajo que hacer y podemos lograrlo.
Creo, muy sinceramente, que la alegría está cerca, pero como en todo, la mejor forma de esperar es ir al encuentro y sólo si empezamos desde ahora a trabajar, ese sueño llamado República Dominicana dejará de ser, desde este próximo 16 de mayo y para siempre, una pesadilla.
http://acento.com.do/2015/opinion/8251317-alegria/