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jueves, 28 de diciembre de 2023

OPINIÓN DE INVITADO: La hegemonía tambaleante, EE. UU. y la sombra de Monroe en su relación con América Latina

OPINIÓN DE INVITADO: La hegemonía tambaleante, EE. UU. y la sombra de Monroe en su relación con América Latina

Por Juan Ramón Quintana Taborga / spanish.news.cn| 2023-12-28 09:00:00|

LA PAZ, 27 dic (Xinhua) -- Este 2 de diciembre del 2023 las élites estadounidenses celebraron 200 años de la célebre formulación de la "Doctrina Monroe", piedra angular de la política exterior hegemónica de EE. UU. sobre el llamado hemisferio occidental.

En cambio, voces críticas y pueblos de América Latina y el Caribe condenaron dos siglos de oprobio y violencia neocolonial en tanto su aplicación solo habría perpetuado condiciones de saqueo, exclusión, intervención, racismo y sometimiento político y económico favorable a los intereses estadounidenses.

Los fundamentos de la "Doctrina Monroe" al que se sumó el "Destino Manifiesto", propuesta teológica de poder supremacista y justificativo de expansión territorial, dieron forma a múltiples estrategias de intervención más que de diplomacia civilizada, muchas de las cuales se retratan con meridiana claridad en los informes periódicos presidenciales al Estado de la Unión, en la reformulación recurrente de la Estrategia Nacional de Seguridad y en otros documentos institucionales.

La política exterior de EE. UU. sobre América Latina se ha basado generalmente, salvo alguna excepción, en el uso desproporcionado de la fuerza como resultado de su enfoque supremacista.

Así, la seguridad nacional, democracia, libertad y libre mercado, constituyeron durante el siglo XIX y parte del XX, los pilares desde los cuales impusieron sus intereses nacionales, trataron de disolver supuestas amenazas y expandieron su icónico modelo político como forma de lograr la civilización de presuntos pueblos atrasados, premodernos o salvajes.

Los métodos para imponer estos intereses aparentemente sublimes del imperio, no siempre apelaron a la persuasión, sino más bien a un conjunto variable de mecanismos coercitivos que oscilan desde la apropiación territorial hasta las formas más suaves de intervención, como las advertencias diplomáticas.

Del repertorio intervencionista, el militar ocupará un lugar central, amortiguado por estrategias de mediación institucional, primero mediante el panamericanismo y luego a través de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Asimismo, EE. UU. optaron por otras vías directas como la asistencia económica, cooperación en seguridad y apoyo técnico, de la mano de sus tradicionales instrumentos injerencistas como la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional (USAID, siglas en inglés), la Fundación Nacional para la Democracia (NED, siglas en inglés), el Instituto Republicano Internacional (IRI) y su ejército de ONGs, iglesias o medios de comunicación.

Todos ellos, flanqueados por agencias de inteligencia como la Agencia Central de Inteligencia (CIA, siglas en inglés) o la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA, siglas en inglés), y sus parientes cercanos como la Administración de Control de Drogas (DEA, siglas en inglés).

Todo este aparato configura una descomunal maquinaria colaborativa de intervención y desestabilización de Gobiernos no alineados con la potencia del norte.

EE. UU. han pretendido hacer pasar desapercibida su naturaleza imperial en nuestra región desde hace 70 años mediante planes de aparente impulso al desarrollo de los pueblos del sur. Su propaganda filantrópica asumió la astucia anglosajona del caballo de Troya.

Sus estrategias socio-económicas adquirieron forma de ambiciosos programas que operaron como meros anzuelos financieros que nunca lograron prosperar en beneficio de las masas empobrecidas, todo lo contrario, sirvieron de pista de despegue para sus grandes corporaciones empresariales transnacionales y para reafirmar el vasallaje de las oligarquías nativas. En el centro de estas estrategias reposa el objetivo de convertir a la región en un mercado subalterno, retratado despectivamente como "patio trasero".

América Latina cuenta para EE. UU. como una fuente casi inagotable de materias primas o recursos estratégicos baratos, como mercado natural para su producción industrial, como un territorio sobre el que extiende sus inversiones, valores y cultura occidental, pero al mismo tiempo constituye un soporte político insustituible en la disputa geopolítica global.

Sin embargo, como señala Noam Chomsky, a lo largo de estos dos siglos, el imperialismo le convirtió a la Patria Grande, en una gigantesca escena del crimen.

Los sacrosantos objetivos nacionales estadounidenses han conducido a los latinoamericanos al altar de cuatro guerras sucesivas: contra el comunismo, narcotráfico, terrorismo y ahora contra las potencias de China y Rusia. Todas ellas encubren el persistente proyecto hegemónico unilateral, fundado en la intervención.

Dos investigaciones son reveladoras: la primera, "Instancias de Uso de las Fuerzas Armadas de los EE. UU. en el Extranjero", de Richard F. Grimmett (Servicio de Investigación para el Congreso de EE. UU., CRS, 2002), señala que entre 1776 y 2001, de las 300 intervenciones identificadas, EE. UU. intervino en nuestra región en 96 oportunidades. Las islas del Caribe y los países de Centroamérica fueron y continúan siendo las víctimas preferidas, encabezadas por México, Cuba, Nicaragua y Haití.

Por su parte, la investigación de Sidita Kushi y Mónica Duffy (2022) de la Universidad Estatal de Bridgewater, revela que de las 400 intervenciones estadounidenses en el mundo entre 1776 y el 2019, de acuerdo al modelo del Proyecto de Intervención Militar (MIP, siglas en inglés), el 34 por ciento corresponden a América Latina y el Caribe, 23 por ciento al Asia Oriental y Pacífico, 14 por ciento a Medio Oriente y África del Norte y solo el 13 por ciento a Europa y Asia Central.

A la luz de estos datos, los teóricos nativos o think-tanks estadounidenses, que sostienen la tesis de la irrelevancia latinoamericana para la política exterior de EE. UU., debieran revisar su posición.

Durante las últimas décadas, la incesante rebelión de los pueblos de la Patria Grande ha obligado al gigante imperial a doblar su apuesta agresiva contra los Gobiernos progresistas. No cesaron en su afán de estrangular las economías de Cuba, Venezuela o Nicaragua como lo hicieron hace 50 años con Chile, de Salvador Allende.

Tampoco dejaron de diseñar nuevas estrategias desestabilizadoras mediante las llamadas "guerras híbridas" o "cambios de régimen" que tienen en los golpes de Estado, el lawfare, magnicidios o manipulación electoral, sus más consumadas técnicas intervencionistas.

La sustitución de la política exterior estadounidense por el "pentagonismo" en la región, no ha hecho más que traducir la contraofensiva imperial mediante su mano de hierro, el Comando Sur.

La nueva jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson, asumió el encargo de convertir naciones en protectorados, cuya impronta en Ecuador, Paraguay o Perú y hoy en Argentina, nos advierten de la ferocidad con la que se pretende frenar a China, Rusia o Irán en Sudamérica, por la vía de la intervención político- militar estadounidense.

Ya ni las bases militares sirven a este propósito, hace falta, según los imperativos imperiales, tomar el control político directo para compensar el declive imperial y el ocaso de sus esmirriados vasallos políticos criollos.

La tendencia hacia la multipolaridad, traducida en la conformación de los BRICS, de ninguna manera favorece la desgastada hegemonía unilateral estadounidense. Todo lo contrario, constituye su mayor amenaza y por ello, el alineamiento geopolítico de América Latina adquiere un valor estratégico, casi existencial, para las aspiraciones de quienes siguen sosteniendo la quimera del proyecto del Nuevo Siglo Americano.

La pérdida de hegemonía sobre América Latina se está convirtiendo en una pesadilla disimulada en las élites estadounidenses. Estas, dejarían de contar con su suburbio marginal sometido, pero a su vez, con un territorio que tiende a forjar su propio proyecto geopolítico, procurando lograr el viejo sueño de su autonomía política.

La presencia protagónica de China en nuestra región, apoyada en inversiones productivas, desarrollo tecnológico, soporte financiero o construcción de infraestructura productiva, ha desquiciado la política exterior de EE. UU. en América Latina. Esta, ha respondido en términos insólitos.

Los Gobiernos progresistas e incluso algunos conservadores, no están dispuestos a sacrificar posibilidades de progreso y desarrollo nacional solo por favorecer viejas fórmulas de pertenencia al mundo occidental o de sucumbir a desgastadas teorías instrumentales de democracia liberal o libre mercado, que más que libre es un mercado diseñado para el monopolio, ajeno a reglas justas de competencia.

América Latina, en sus complejas variantes, marcha hacia un nuevo destino, sin tutela imperial, rebelde y contestaría en busca de su identidad, unidad e integración de cara a lograr un lugar en el mundo. Estos son, sin duda, otros tiempos en los que tambalea la hegemonía imperial frente a la cada vez más orgullosa Patria Grande. 

(Juan Ramón Quintana Taborga es sociólogo y estudioso de las relaciones internacionales, autor de varios libros, el último, en coautoría con Loreta Tellería Escobar, "Las armas de Monroe: Dos siglos de intervenciones militares de EE. UU. contra la Patria Grande")

(Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no necesariamente reflejan la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)

https://spanish.news.cn/20231228/5e6eb5ce6c064ed590f92c2aab2d2d43/c.html

domingo, 11 de febrero de 2018

Lo de ser el patio trasero de EE.UU. ya se ha terminado" | Adversan Doctrina Monroe


"Lo de ser el patio trasero de EE.UU. ya se ha terminado"

Publicado: 7 feb 2018 16:36 GMT | Última actualización: 8 feb 2018 13:23 GMT
Trump vuelve su mirada hacia América Latina, una región en la que tiene puestos grandes intereses. Las buenas relaciones comerciales de numerosos países de la región con China y Rusia han encendido las alarmas en la Casa Blanca, donde ya han señalado a las dos potencias como enemigos estratégicos. Javier Rodríguez Carrasco analiza en 'El Zoom' los nuevos planes de Trump con los que EE. UU. trata de no perder influencia en la zona.
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En esta nueva emisión del programa 'El Zoom', el periodista Javier Rodríguez Carrasco analiza el viaje del secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, por América Latina, durante el que alertó de la expansión de Rusia y de China por la región. Para el periodista, el objetivo de esta gira para por transmitir "un mensaje claro" a los países latinoamericanos: el de que tengan cuidado con China y con Rusia, animándolos a dejarlo todo en manos de Washington, que nunca se ha querido "aprovechar" de ellos.
Más allá de su discurso "basado en topicazos" —como la promoción de un hemisferio "seguro, próspero, democrático y con seguridad energética"—, las alertas de Tillerson vienen motivadas por el hecho de que EE.UU. "está perdiendo su sitio" en lo que siempre ha considerado como su "patio trasero", y donde tiene grandes intereses. Por lo tanto, quiere "generar miedo" y señalar una amenaza.
Mientras tanto, ha sido, precisamente, la política de su 'jefe', el presidente Donald Trump, la que "ha sembrado cierta discordia" en las relaciones entre países de América Latina y EE.UU. y ha propiciado un aumento del interés regional en estrechar los lazos con Pekín y Moscú.
Sea como fuere, "lo de ser el patio trasero de EE.UU. ya se ha terminado", sostiene el presentador. Ahora "los países son independientes y deben gestionar sus riquezas, establecer sus relaciones en torno a sus objetivos y beneficios y no deben dejarse ni chantajear ni amedrentar", subraya. https://actualidad.rt.com/programas/zoom/262264-eeuu-peleas-patio

sábado, 3 de febrero de 2018

Tillerson en América Latina o ¿el regreso del Gran Garrote?

AMÉRICA LATINA

Tillerson en América Latina o ¿el regreso del Gran Garrote?

Rex Tillerson, secretario de Exteriores de EE.UU., visita México, Argentina, Colombia y Perú. Insinuaciones sobre una opción militar en Venezuela y su silencio ante la militarización en México evocan épocas del Tío Sam.
Luis Videgaray, de México, y su homólogo estadounidense Rex Tillerson
Luis Videgaray, de México, y su homólogo estadounidense Rex Tillerson
Si bien Donald Trump ha hablado de "no descartar una intervención militar en Venezuela”, su secretario de Estado no lo secunda, pero sí propone una "acción doméstica de los mismos militares venezolanos contra el régimen de Maduro”, como lo expresó este 1° de febrero en la Universidad de Austin, antes de iniciar su primera gira por América Latina.
Una cosa es que un político de oposición de cualquier país de América Latina exprese lo que piden a gritos muchos venezolanos: una intervención militar de un país extranjero que los "libere” del régimen que ellos mismos llevaron por las urnas al poder,  y otra cosa es que los mayores representantes del Gobierno de Estados Unidos inciten, insinúen o propongan el uso de la fuerza militar para derrocar a un Gobierno latinoamericano.
¿Busca acaso Washington regresar a la obsoleta Doctrina de Monroe, de "América (el continente) para los americanos (de Estados Unidos)? "Nos preocupa mucho esa postura. Más cuando la opción militar de la que habla Tillerson no se refiere solo a Venezuela sino a otros países de la región en donde se respaldaría una intervención militar, en caso de cualquier inestabilidad”, dice a DW Maureen Meyer, analista de WOLA, y especialista en seguridad de Estados Unidos y México. WOLA es un centro de estudios "promotor de la democracia”, con sede en Washington.
"Expansión militar a espacios civiles”
"Preocupa además, que la Casa Blanca intente justificar, o por lo menos, dar a entender que no se opone a la expansión del papel militar a espacios de la vida civil en países demócratas”, agrega Meyer, antropóloga de la Universidad de Arizona.
Justamente, este 2 de febrero, Rex Tillerson inició su gira en México, en donde el 22 de diciembre de 2017 entró en vigor la controvertida Ley de Seguridad Interior que otorga al Ejército un "poder discrecional” para diseñar políticas de seguridad, una tarea que en una democracia le corresponde a los civiles.
Llama la atención el silencio otorgador de la administración de Trump, cuando la Ley de Seguridad Interior de México ha sido criticada hasta por Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y WOLA misma: "Cuando los soldados debieran regresar a los cuarteles y se debiera fortalecer el papel de la Policía civil, el Congreso de México le ha entregado al Ejército hasta la recopilación de información de instituciones civiles y la autonomía para reprimir protestas”, advierte Meyer.
Retórica colonialista de administración Trump solo le ayuda a Maduro
Si bien los insultos de Trump a los inmigrantes y la continua exigencia de que México pague "El Muro” no cesan, la realidad en el campo militar es otra: "En efecto, la cooperación militar funciona a las maravillas, sobre todo en la lucha contra los cultivos de amapola, cuya erradicación han presenciado incluso efectivos de EE.UU. en México”, apunta Maureen Meyer, quien recuerda que "México y Estados Unidos son de los pocos países del hemisferio cuyos ministros de Defensa no son civiles, sino generales”. 
La Venezuela del extinto comandante Chávez es justo un país en donde los militares han recibido de manos de Nicolás Maduro el control y usufructo de la importación de alimentos y hasta el manejo de la explotación de petróleo, su mayor y única industria. "Por esto, entre otros factores, es que los militares no están, por ahora, interesados en derrocar el régimen de Maduro, como lo insinuó Tillerson”, explica a DW Geoff Ramsey, subdirector de WOLA para Venezuela.
Independientemente de Venezuela, "el discurso de Tillerson es un grave error que  parece basado en ideas de la Guerra Fría o la época colonial de Estados Unidos en América Latina y lo que hace es encender los sentimientos nacionalistas en torno a Maduro”, concluye Ramsey, quien también ha evaluado la política de drogas de Uruguay y advierte que "Estados Unidos debe evitar cualquier apariencia de injerencia unilateral en Venezuela”. Y fuera de ella. 
Tillerson considera además "alarmante" la creciente presencia de Rusia en Latinoamérica por su apoyo a "los regímenes que no respetan los valores democráticos" con "venta de armas y equipamiento militar". Amén de la floreciente venta de armas de Estados Unidos hacia México, que sostiene el narcotráfico en todo el continente.
Una grotesca paradoja
Ahora, en 2018, Venezuela arriesga convertirse en comienzo y fin de un círculo vicioso. A raíz del bloqueo naval de Venezuela por potencias europeas a comienzos del siglo XX, Estados Unidos afirmó su "doctrina Monroe” y el presidente Theodore Roosevelt emitió el Corolario de 1904 estableciendo que, si un país europeo ponía en peligro los derechos o propiedades de empresas estadounidenses, Washington estaba obligado a intervenir en los asuntos de ese país para "reordenarlo". 
Esta fue una carta blanca para la intervención de Estados Unidos en América Latina y el Caribe. Así, Colombia perdió a Panamá, millones de latinoamericanos el respeto por la democracia y Estados Unidos su reputación como "la nación defensora, por excelencia, del Estado de derecho". ¿Vuelve el temido Gran Garrote?
José Ospina-Valencia (vt)

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martes, 31 de enero de 2017

¿De Monroe a XI? - ANDRÉS DAUHAJRE HIJO

OPINIÓN

¿De Monroe a XI?

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James Monroe.
James Monroe. (Fuente Externa)
La nueva administración que asumió en Estados Unidos el pasado 20 de enero, ha lanzado al debate una especie de métrica para determinar cuándo un acuerdo de libre comercio es bueno y cuándo es malo. Un método sencillo: si luego del acuerdo el resultado de la balanza comercial, la diferencia entre las exportaciones y las importaciones de bienes, se ha deteriorado, entonces el acuerdo es malo.

En otros términos, si debido a un acuerdo de libre comercio que elimina los impuestos sobre las importaciones, los extranjeros nos entregan más bienes que los que nosotros les enviamos a ellos y para pagar la diferencia invierten en nuestro país o nos prestan dinero, la nueva administración estadounidense concluye que el acuerdo es malo.

La ciencia económica, sin embargo, no lo ve así. Un superávit de la balanza comercial no necesariamente indica que el nivel de bienestar de la población en general aumenta. República Dominicana, por ejemplo, registró en los años 2003 y 2004 un superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que además del comercio de bienes, incluye el de servicios y las remesas. ¿Quiere decir que en esos años los dominicanos mejoramos nuestro bienestar? Todo lo contrario. Las importaciones se redujeron considerablemente ante la caída en el ingreso real de la población provocada por la devaluación. Mientras en septiembre del 2002 la pobreza alcanzaba al 33% de la población, en septiembre del 2004 la mitad de los dominicanos eran pobres.

Ningún acuerdo de libre comercio ha recibido más críticas del Presidente Trump que el NAFTA, el cual entró en vigencia en enero de 1994. El año previo EUA exhibía un superávit comercial con México de US$1,663 millones. En el 2015, EUA registró un déficit comercial de US$60,663 millones. Es esto lo que ha hecho pensar a la nueva administración estadounidense que dicho acuerdo ha sido un desastre y, por tanto, debe ser revisado.

Cuando observamos el giro que se ha producido en la balanza comercial de México con EUA, podríamos pensar que el calificativo que el Presidente Trump ha dado a dicho acuerdo es correcto. Sin embargo, cuando analizamos el comportamiento global de ambas economías, no se llega a esa conclusión.

Aunque a un creciente número de analistas no le atrae el uso de PIB per cápita como medida de bienestar debido a que ese indicador no transmite información sobre la dinámica de la distribución del ingreso, no existe un indicador superior para evaluar la evolución del bienestar promedio de la población.

¿Ha beneficiado el NAFTA más a México que a EUA? Mientras el ingreso per-cápita en dólares corrientes ha crecido a una tasa anual promedio de 2% en México durante el período de 23 años de vigencia del mismo, en EUA ha subido en 3.4%, casi el doble del de México.

En 1993 la pobreza en EUA alcanzaba al 15.1% de la población. En el 2015, había bajado a 13.5%, para una caída de 10.6%. En México, la pobreza en 1992 afectaba al 44.2% de los mexicanos. En el 2014, se había reducido ligeramente a 41.2%, arrojando una caída de 6.8%.

Es cierto que mientras la distribución del ingreso ha mejorado ligeramente en México al bajar el Gini de 0.542 en 1992 a 0.491 en 2014, en EUA se ha deteriorado ligeramente: el Gini ha subido de 0.454 en 1993 a 0.479 en el 2015.

La principal crítica que hace la nueva administración estadounidense es que su país ha perdido 4.5 millones de empleos en la industria manufacturera entre 1993 y 2015, mientras que México ha aumentado en 5 millones los empleos manufactureros durante ese período. Parecería casi un juego de suma cero, sólo que hay otros jugadores en el empleo y comercio manufacturero global, pero sobre todo, que es normal que otros sectores desplacen a la manufactura en creación de empleos a medida que los países avanzan en su desarrollo.

EUA ha creado empleos en los sectores de servicios como nunca antes, pasando de 88.6 millones en 1993 a 124.3 millones en 2015, para un aumento de 35.7 millones. México también ha logrado crear una gran cantidad de empleos en el sector de servicios, al pasar de 14.8 millones en 1993 a 31.6 millones en 2015, para un aumento de 16.8 millones de empleos manufactureros. Aquí debe hacerse la salvedad que en el caso de México, la informalidad laboral en el 2016 alcanza a 4 de cada 7 empleados, la mayoría en sectores de servicios, dos veces y media el nivel máximo estimado para EUA.

Parecería más sensato que el balance en materia de empleos se evalúe observando, fundamentalmente, el comportamiento del desempleo. Mientras en México la tasa de desempleo se mantuvo sin cambio en 3.4% entre 1993 y el 2016, en EUA ha bajado de 6.9% en 1993 a 4.9% en el 2016.

Está claro que la principal economía del mundo no parece haber sido afectada negativamente por la apertura al comercio y la inversión, mucho menos por la globalización que tanto se critica hoy.

EUA mantiene acuerdos de libre comercio con otros países de la región. EUA y Chile iniciaron su TLC en enero del 2004. El déficit comercial que tenía EUA con Chile en el 2003 era de US$990 millones. En el 2015, EUA exhibió un superávit de US$6,673 millones. ¿Quiere decir esto que Chile se perdió con este TLC? No. El ingreso per cápita en dólares corrientes de Chile ha aumentado a una tasa anual promedio de 7.9% durante el 2003-2016, superior al crecimiento de 2.9% en EUA en ese período.

El DR-CAFTA entró en vigencia en marzo del 2006. El superávit comercial consolidado que tenía EUA en el año previo a la entrada en vigencia del DR-CAFTA para cada país miembro, era de US$1,073 millones. En el 2015, el superávit de EUA aumentó a US$4,973 millones. ¿Quiere decir esto que el DR-CAFTA ha sido malo para los países centroamericanos miembros y la República Dominicana? No. El ingreso per-cápita en dólares corrientes en los países latinoamericanos miembros de ese TLC ha crecido anualmente en 6.2% durante los años en que ha estado vigente dicho acuerdo, casi 3 veces el crecimiento anualizado promedio de 2.4% en EUA en ese período.

La América Latina y el Caribe, luego de décadas de políticas proteccionistas, fundamentadas en el modelo de sustitución de importaciones, que no contribuyeron a promover un crecimiento sostenido ni a reducir significativamente la pobreza, abrazó la apertura al comercio y a la inversión extranjera a partir de los noventa, aunque algunos países, como Chile, lo hicieron mucho antes.

Mientras en 1995 el arancel promedio efectivo en la América Latina y el Caribe era de 10.2%, veinte años más tarde ha caído a menos de la mitad, 4.7%. Parte por rebajas arancelerias y otra por las decenas de TLC firmados. ¿Resultado? Aceleración del crecimiento y reducción de la pobreza. Como señaló el Presidente Medina en su discurso ante la CELAC, el PIB de la región, medido en US$ corrientes de paridad de poder adquisitivo se multiplicó por 6 entre 1990 y el 2016, mientras que la pobreza se redujo en casi 20 puntos porcentuales.

¿Le fue mal a EUA con las políticas de apertura que impulsó el Consenso de Washington y la Iniciativa de las Américas lanzada en 1990 por el Presidente republicano George Bush padre? Todo parece indicar que no. El PIB de EUA se multiplicó por 6.5 entre 1990 y el 2016.

América Latina y el Caribe deben asumir el papel de predicadores de las bondades que ha tenido para las Américas, incluyendo a los EUA, la apertura y la globalización. El Gabinete del Presidente Trump está conformado por figuras inteligentes y exitosas del mundo de los negocios. Hay que identificar las vías más adecuadas para llegarles con el mensaje y convencerlos de lo dañino que sería para la economía global, que EUA abrace el proteccionismo y fomente las represalias comerciales de sus socios, dando lugar a potenciales guerras comerciales.

EUA no está solo en el mercado global. China está cortejando a todos los países que temen al proteccionismo, lanzando discursos en Davos casi idénticos a los del Presidente Bush en los 90s. Alguien podría querer revivir la Doctrina Monroe pero con otro nombre y otro propietario: la Doctrina Xi, América para los chinos. Y eso, seguramente, no es lo que quiere el Presidente Trump