Mostrando las entradas con la etiqueta Biografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Biografía. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de noviembre de 2022

Documental SOLANO, la vida de un gran dominicano

Documental SOLANO, la vida de un gran dominicano https://youtu.be/aW0JFilNTMQ a través de @YouTube

jueves, 30 de noviembre de 2017

Fidel en tres dimensiones

Fidel en tres dimensiones

Quienes tuvieron la oportunidad —y el privilegio— de entrevistar al Comandante en Jefe pudieron preciarse de conversar cara a cara con una de las personalidades más trascendentes del último medio siglo.
Programar
 Por Juventud Rebelde | 29 noviembre, 2017 |
0
Entrevistar al Comandante en Jefe Fidel Castro fue, durante un buen número de años, el sueño dorado de muchos periodistas en cualquier parte del mundo. Quienes lograron hacerlo, no solo sumaron un importante lauro a su currículo profesional, sino que, además, tuvieron la ocasión de conversar cara a cara con una de las personalidades más trascendentes del último medio siglo.
Reseñar con pelos y señales cada una de esas entrevistas constituiría una tarea poco menos que irrealizable. En este espacio pretendo condensar algunas de las más conocidas. Entre sus ilustres contrapartes estuvieron un famoso editorialista norteamericano, un fraile dominico brasileño y un intelectual franco-español.

Herbert E. Matthews, el primero

El primer periodista que entrevistó a Fidel en las montañas orientales fue el norteamericano Herbert E. Matthews, célebre, entre otros méritos, por ostentar el premio John Moors Cabot, uno de los galardones más preciados concedidos por la famosa Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. El suceso tuvo lugar el 17 de febrero de 1957, en la finca del campesino Epifanio Díaz, hasta donde el reportero llegó desde su país, con escala en la capital cubana y fachada de turista. Tuvo que vencer muchos obstáculos. «Penetrar en la Sierra Maestra y entrevistar a Fidel Castro significó un riesgo terrible para docenas de hombres y mujeres en La Habana y en Oriente», reconoció más tarde.
Una semana después, ya de regreso en Norteamérica, vio la luz la primera parte de la entrevista, que recorrió el mundo en la portada del diario The New York Times, el periódico más influyente de Estados Unidos. Santiago Verdeja, a la sazón Ministro de Defensa del dictador Fulgencio Batista, se apresuró a tildarla de patraña, y desafió a sus editores a publicar una foto que demostrara su autenticidad. Su reto fue aceptado, y el 28 de febrero el citado diario colocó en primera plana una instantánea del líder rebelde tocado con una gorra y con un fusil.
Fidel y Matthews hablaron aquella vez durante tres horas casi en susurros, pues el Ejército operaba por allí en busca del grupo rebelde. El reportero describió así al revolucionario: «Un hombre corpulento, de seis pies, de piel aceitunada, de cara llena y de barba dispareja». Y acto seguido: «Su personalidad es abrumadora. Es fácil convencernos de que sus hombres lo adoran y comprenden por qué es el inspirador de la juventud cubana. (…). Un hombre de ideales, de coraje y de cualidades para el liderazgo».
Durante el diálogo, ambos estuvieron sentados sobre una frazada, mientras fumaban puros y bebían café. Matthews preguntó cuanto quiso. Al terminar, calificó a su entrevistado como «un gran conversador». Fidel respondió así a una de sus interrogantes:
«Puedo asegurar que no tenemos animosidad contra los Estados Unidos y el pueblo norteamericano. Sobre todo, estamos luchando por una Cuba democrática y por la conclusión de la dictadura. No somos antimilitaristas; por eso es que dejamos libres a los soldados prisioneros. No tenemos odio contra el Ejército porque sabemos que hay buenos hombres, incluyendo a muchos oficiales».
La entrevista no solo burló la férrea censura de prensa del régimen. También ridiculizó a sus voceros, quienes aseguraban que los expedicionarios del Granma y su líder habían sido aniquilados luego de su desembarco en Alegría de Pío, el 2 de diciembre de 1956. «Fidel Castro, el jefe de la juventud cubana, está vivo y pelea duro y exitosamente en los inhóspitos y casi impenetrables parajes de la Sierra Maestra», certificó Matthews en el diario.

Frei Betto, Fidel y la religión 

El religioso brasileño Frei Betto conoció a Fidel el 19 de julio de 1980 en la capital de Nicaragua, durante los actos por el primer aniversario de la revolución sandinista. Aquel encuentro fue el inicio de una sólida y larga amistad. Al año siguiente, el fraile visitó por primera vez Cuba, con motivo del premio literario Casa de Las Américas. Poco antes de partir de regreso a su país, José Ramón Miyar (Chomy), por entonces secretario del Consejo de Estado, lo invitó a su casa. Estaban por dar las 12 campanadas de la media noche cuando hizo su entrada Fidel.
El diálogo entre ambos fluyó como entre viejos conocidos. Y el tema de la fe no tardó en salir a relucir. Betto quiso saber sobre la formación religiosa de Fidel, de su familia y hasta de la religiosidad del pueblo cubano. Años después, en charla con dos colegas de oficio, admitió que aquella vez quedó sorprendido por «cómo él tenía un análisis, una mirada positiva sobre el fenómeno religioso, y siempre contextualizando los equívocos».
Casi amanecía cuando el visitante le preguntó a Fidel si estaría dispuesto a abordar de nuevo el asunto en un futuro próximo. «Es que tengo pensado escribir un libro sobre Cuba para los jóvenes brasileños, y me gustaría incluir un capítulo que aborde sus opiniones sobre la religión», argumentó. Fidel aceptó y, de mutuo acuerdo, decidieron realizar la entrevista tres meses después.
Era mayo de 1981 cuando Betto retornó a Cuba con un cuestionario de 64 preguntas. Pero —¡ay!—, la salida al aire desde las sentinas contrarrevolucionarias de Miami de la mal llamada Radio Martí, monopolizó la agenda al Comandante en Jefe, quien lo telefoneó para comunicarle que no sería posible la entrevista. «Me sentí como el pescador de El viejo y el mar, la novela de Hemingway. Y me dije: “Yo pesco ahora este tiburón, o se me escapa definitivamente”. Le insistí tanto que, luego de pasarle la vista a algunas de mis preguntas, me dijo: “mañana comenzamos”».
Cuando le preguntaron cuán arduo resulta conseguir una entrevista con Fidel, Betto declaró: «Lo difícil es agarrarlo. Después que se logra, es muy fácil, él se pone muy a gusto, muy tranquilo». El encuentro se realizó en el Palacio de la Revolución en cuatro sesiones. El diálogo fluyó con agilidad y frescura. «Fidel tiene una cualidad que no es muy común. En primer lugar su oratoria es cordial en el sentido etimológico de la palabra: es un hombre que habla desde el corazón y no desde la razón (…). Me sorprendieron su naturalidad, su espontaneidad y su confiabilidad al hablar de su formación religiosa.
Fue la primera vez que un dirigente comunista en el poder habló positivamente de la religión», dijo Betto, que convirtió el encuentro en un texto titulado Fidel y la religión, «un libro que Dios puso en mi camino», agregó.

Ignacio Ramonet y sus Cien horas con Fidel

Cuando en el año 2003 el periodista franco-español Ignacio Ramonet —director de la revista Le monde diplomatique— le hizo la primera pregunta al Comandante en Jefe para su libro Cien horas con Fidel, ya había leído casi todas las entrevistas concedidas en los últimos tiempos por el principal guía de la Revolución Cubana. Soñaba con hacer la suya para publicarla también en un libro, a imagen y semejanza de algunos de sus afortunados colegas.
Ramonet había conocido a Fidel en 1975, y a partir de esa fecha se encontró con él varias veces y conversaron, «siempre en circunstancias profesionales y precisas, en ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento», dijo luego. Solo años después decidió solicitarle la entrevista. Fidel accedió, en virtud de su crédito de intelectual serio.
Antes de someterse a sus preguntas, el líder cubano lo invitó a recorrer el país y a algún que otro viaje al exterior. Así, a bordo de coches y de aviones, mientras comían o, simplemente, caminando, dialogaron sobre los más disímiles temas, como las noticias del día, sus experiencias pasadas y sus preocupaciones presentes, todo sin usar la grabadora. Ramonet se exprimía luego las neuronas para reconstruir las pláticas a pura memoria.
A finales de enero de 2003 comenzaron la entrevista prometida. La terminaron en diciembre de 2005. Durante ese tiempo se encontraron cada tres meses. Las conversaciones solían extenderse por varios días. Según Ramonet, Fidel nunca puso límites ni mostró reticencia sobre algún tema. «Fue —dijo— como una combinación perfecta entre profesor y alumno, porque cuando te enseña, también aprende».
El entrevistador retrató con estos flashazos a su entrevistado:
«Su capacidad retórica era prodigiosa. Fidel era un torrente de palabras, una avalancha que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos. Tenía una memoria portentosa, de una precisión insólita y apabullante. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba: digresiones constantes, paréntesis permanentes… El desarrollo de un tema lo conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, por un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal».
La trascendental entrevista, suerte de resumen de la vida y el pensamiento del líder eterno de la Revolución Cubana, dio lugar al libro Cien horas con Fidel, un texto de más de 700 páginas que, según declaró Ramonet, pretendió «darle la palabra a Fidel Castro, porque si bien es mencionado muy regularmente en los medios de prensa del mundo, casi siempre ha sido para atacarlo, sin posibilidad de que presente sus argumentos, sus versiones». http://lademajagua.cu/fidel-tres-dimensiones/
Fuentes consultadas:
  • Los cuatro entrevistadores de Fidel Castro, de Arleen Rodríguez y Roberto Ruiz.
  • El Fidel que conocí, de Ignacio Ramonet.

lunes, 23 de octubre de 2017

Un supermacho en duda: la cara oculta de Hemingway

Un supermacho en duda: la cara oculta de Hemingway

Una nueva biografía del escritor estadounidense indaga en su identidad sexual, que contrasta con la sobreactuada virilidad que cultivó en su obra literaria y de cara al público

https://elpais.com/cultura/2017/10/21/actualidad/1508590742_519728.html
Ernest Hemingway, en 1953.  VÍDEO: GETTY-QUALITY
Ernest Hemingway (1899-1961) le volvían loco el boxeo, la caza, la pesca y las corridas de toros. Participó en tres guerras distintas, de las que regresó como un héroe. Exploró el continente africano, donde participó en numerosos safaris. Y trató a las mujeres con la crueldad y violencia conocidas. Se creó, en definitiva, un personaje a medida, con el que encarnó un paradigma de virilidad durante el siglo pasado. También en su obra dejó atrás el gusto por el lirismo, las metáforas y la adjetivación del modernismo literario. Prefirió adoptar un estilo más varonil, fundamentado en frases breves y contundentes como puñetazos. Esa fue su imagen pública hasta el final de sus días. La privada, sin embargo, era algo distinta. Lo dejó dicho Zelda, la inestable pero lúcida esposa de Scott Fitzgerald, autor de El gran Gatsby: “Nadie puede ser tan varón”.
Una nueva biografía, a cargo de Mary V. Dearborn, publicada por la editorial estadounidense Knopf en verano, confirma la inseguridad que Hemingway sentía respecto a su identidad sexual. “Eso fue parte de lo que lo destruyó al final de su vida”, apunta Dearborn, la primera mujer que se ha enfrentado al reto de condensar la agitada existencia de Hemingway, tras haber dedicado sendos volúmenes a otros hitos de la masculinidad literaria como Norman Mailer y Henry Miller.
Esta biografía de 750 páginas examina todos los aspectos de su vida y obra, aunque es su estudio de las cuestiones de género lo que la distingue de sus antecesores. El libro revela la fascinación del escritor por la androginia y sus fantasías sexuales con los cortes de pelo: solía pedir a sus compañeras que lo llevaran lo más corto posible, mientras que él se lo dejó crecer y llegó a teñírselo de rubio y caoba (cuando le preguntaban qué había sucedido, respondía que era culpa de los rayos de sol). Al regresar de su segundo viaje de África, el autor insistió en perforarse las orejas. “Llevar pendientes tendría un efecto mortífero para tu reputación”, tuvo que disuadirle su cuarta esposa, la periodista Mary Welsh.
¿Fue Hemingway un homosexual reprimido? “La respuesta corta es no”, contesta Dearborn. ¿Cuál sería la larga? “Fue indudablemente queer [de género ambiguo]. Superó, si se quiere, el hecho de definirse como gay. Dio la vuelta a las expectativas que se tenían sobre la identidad y el comportamiento de hombres y mujeres”, añade. Recuerda también que en su novela póstuma e inacabada, El jardín del Edén, el alter ego de Hemingway, un escritor llamado David Bourne, pedía a su mujer que se cortara el pelo y luego lo sodomizara con un consolador, ejercicio que el propio Hemingway habría practicado con Welsh. Para Dearborn, esas fantasías “no hablaban de homosexualidad ni de travestismo, sino de adoptar el rol femenino durante el acto sexual”. Hemingway se habría adelantado así a esa fluidez de género que hoy llena todas las bocas.
Antes de asentarse en París, Pamplona, Cayo Hueso y La Habana, Hemingway nació y vivió hasta los seis años en una residencia de tres plantas y estilo victoriano en el barrio de Oak Park, en la periferia de Chicago, que el escritor solía definir como “un lugar de jardines anchos y mentes estrechas”. En él se halla un pequeño museo dedicado a su memoria, en la misma calle arbolada donde se encuentra su casa natal. En el interior del museo se expone una caricatura dibujada para Vanity Fair, en 1933, en la que Hemingway aparece vestido con un taparrabos y echándose crecepelo en los pectorales. En otra vitrina figura una foto del escritor de bebé. Aparece vestido de niña, algo habitual a comienzos del siglo XX, cuando se vestía así a los retoños durante su primer año de vida. Salvo que su madre, una pintora y cantante de ópera llamada Grace, decidió prolongarlo bastantes años después. De hecho, crio a Hemingway y a su hermana Marcelline, 18 meses mayor, como si fueran gemelos, y los vistió indistintamente como si ambos fueran niños o niñas, según su humor.

Trauma

Para Hemingway, ese capítulo sería un gran trauma que terminaría provocando una ansiedad que desembocó en su sobreactuada virilidad, según la biografía que Kenneth S. Lynn publicó en 1987, que permitió alterar su imagen pública y también abrir su obra a nuevas interpretaciones. Cuando se releen las novelas y cuentos de Hemingway, ganador del Nobel de Literatura en 1954, sobresalen menos los superhéroes y más los hombres inseguros. Igual que el protagonista de La breve vida feliz de Francis Macomber, avergonzado de haber salido corriendo cuando intentaba disparar a un león en un safari, muchos de ellos intentan alcanzar un ideal de masculinidad imposible.
Otro de sus biógrafos, Paul Hendrickson, autor de Hemingway’s Boat, sobre el apego del escritor por una barca a la que bautizó como Pilar, no cree que esa hombría superlativa y casi paródica pueda ser vista como una actuación de cara al público. “La hipermasculinidad fue una parte de lo que él era. Fue real y auténtica. Tal vez fuera una máscara conveniente para su ego, pero no era fraudulenta”, asegura este profesor de la Universidad de Pensilvania y antiguo periodista de The Washington Post. “Creo que fue heterosexual, aunque con muchos sentimientos contradictorios respecto a su género. Nunca he encontrado la más mínima prueba que sugiera que se sentía atraído por otros hombres”.
Hendrickson también describe su difícil relación con su hijo menor, Gregory, que practicó el transformismo toda su vida y terminó cambiándose de sexo a los 63 años. Murió con el nombre de Gloria en una cárcel para mujeres en Florida, en la que acabó por practicar exhibicionismo en la vía pública. Una vez, cuando era pequeño, Hemingway lo sorprendió probándose las medias de su madre. Más tarde le diría: “Tú y yo venimos de una extraña tribu”. Para Hendrickson, Gregory/Gloria llevó a la práctica lo que su padre solo admitía en su fuero interior y en algún texto clandestino. “Por eso existía una relación de amor-odio entre ellos”, sostiene. Dearborn dice que ese fue el calabozo del que nunca lograría escapar: “En un mundo mejor, Hemingway se habría perforado las orejas”.

CIERRE DE SU MUSEO EN CHICAGO

El museo dedicado a la memoria de Hemingway en el barrio de Oak Park, a las afueras de Chicago, ha cerrado esta semana 27 años después de su inauguración. La fundación que controla el museo y la casa natal del escritor aspira a utilizar los fondos que servían para sustentarlo a la construcción de un centro de escritura e investigación en un terreno contiguo a la mansión victoriana donde nació. En meses se lanzará una campaña de donaciones para financiar este lugar, que tendrá una sala de exposiciones y una librería. Su coste, 1,3 millones de dólares (1,1 millones de euros).
COMPRA ONLINE 'ERNEST HEMINGWAY'
Autor: Mary V. Dearborn.
Editorial: Ballantine Books (2017).
Formato: versión Kindle y tapa dura (752 páginas). 

viernes, 21 de julio de 2017

Biografía de Luis Abinader, candidato presidencial del PRM - @luisabinader @El_PRM @raquelarbaje

Biografía de Luis Abinader, candidato presidencial del PRM

Fue escogido candidato presidencial por el (PRM) en la XVII Convención Ana María Acevedo, obteniendo el 70.24 por ciento de un total de 315 mil 082 votos validos emitidos
Por: Katherine Reyes
katherinereyes063@gmail.com  10 mayo, 2016 1:37 pmABINADER
ABINADER
Santo Domingo.-  Luis Rodolfo Abinader Corona nació el 12 de julio de 1967 en en la ciudad de Santo Domingo. Es candidato a las elecciones presidenciales del 2016 por el Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Luis Abinader es hijo del empresario y político José Rafael Abinader Wasaf y de Rosa Sula Corona Caba, ambos nativos de la provincia de Santiago.
Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Loyola, obtuvo la licenciatura en Economía en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo.
Realizó estudios de postgrado en Gerencia de Proyectos en el Instituto Arthur D. Little de Cambridge, Massachusetts. También realizó estudios de Finanzas Corporativas e Ingeniería Financiera en la Universidad de Harvard y de Gerencia Avanzada en Dartmouth College en Nuevo Hampshire.
Actualmente está casado con Raquel Arbaje, de ascendencia libanesa (hija del empresario Elías Arbaje Farah y de Margarita Soni, con quien ha constituido una hermosa familia que conforman además sus tres hijas: Esther Patricia, Graciela Lucia y Adriana Margarita.
Es presidente ejecutivo del Grupo ABICOR, que ha desarrollado y operado en el país importantes proyectos turísticos. Este grupo familiar dirigió el proyecto empresarial de lo que es hoy la empresa Cementos Santo Domingo, de la cual es vicepresidente.
Ha sido presidente de la Asociación de Hoteles de Sosua y Cabarete y es miembro del Consejo de Directores de la Asociación Nacional de Hoteles y Restaurantes (ASONAHORES).
En el Ámbito Político
Fue electo vicepresidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en la Convención Nacional del año 2005.
Además, fue candidato a la vicepresidencia de la República por el Partido Revolucionario Dominicano, en las elecciones presidenciales del 2012.
En el año 2014 fue proclamado candidato presidencial del Partido Humanista Dominicano y en abril de 2015 fue escogido como candidato presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) en la XVII Convención Ana María Acevedo, obteniendo el 70.24 por ciento de un total de 315 mil 082 votos validos emitidos.
http://eldia.com.do/biografia-de-luis-abinader-candidato-presidencial-del-prm/

lunes, 3 de abril de 2017

Biografía de Rafael Molina Morillo

Biografía de Rafael Molina Morillo

Rafael Molina Morillo fue un defensor intransigente de la libertad  de expresión y la libertad de prensa en el país y en el continente.
Rafael Molina Morillo fue un defensor intransigente de la libertad de expresión y la libertad de prensa en el país y en el continente.


El doctor Rafael Molina Morillo (1930-2017) fue director de cinco influyentes periódicos y revistas del país, presidente de varias instituciones relacionadas con la libertad de expresión –entre ellas la Sociedad Interamericana de Prensa-, autor de cuatro libros, Premio Nacional de Periodismo 2010, Premio Nacional de Historia 2014y  representante de la República Dominicana sucesivamente ante las Naciones Unidas, Estados Unidos, Canadá, México y Panamá. Con ese equipaje de logros alcanzados a lo largo de sus 87 años de vida,  Rafael Molina Morillo ha inculcado a su familia, como norma de vida, la conocida frase atribuida a San Francisco de Asís que reza: “Necesito pocas cosas, y las cosas que necesito, las necesito poco”.
Desde su nacimiento, el 31 de marzo del 1930, fue un niño tranquilo y sereno. Aprendió a leer atraído por los muñequitos que traían los periódicos y se convirtió en un experto en lo relativo a las aventuras de los personajes de ficción que estaban de moda allá por los comienzos de los años 40. En su pueblo natal, La Vega, se acostumbró a esperar cada día, a la caída de la noche, la llegada del periódico La Opinión, que traía en sus páginas las tiras diarias de Benitín y Eneas, Rip Kirby, Dick Tracy, El Fantasma, Tarzán, Jorge el Piloto, Supermán, El Pato Donald, Pluto, Mickey Mouse… y tantos otros.
A medida que creció, siendo su primera maestra su propia madre, Icelsa Morillo, del personal docente de la escuela pública “Federico García Godoy, se aficionó a la lectura de las revistas extranjeras a las cuales ella estaba suscrita (Para ti, Leoplán, Sucesos). El primer libro de su propiedad fue un ejemplar de Poncho, de la autoría del argentino Alvaro Yunque, que se lo regaló su maestra de cuarto curso la “señorita Lebrón”, como premio por sus buenas conducta y aplicación. De ahí pasó a leer obras de autores de más renombre, como Alejandro Dumas, Arthur Conan Doyle, Julio Verne, así como las novelas policíacas.
José Rafael Molina Morillo, director de El Día.
José Rafael Molina Morillo, director de El Día.
La circunstancia de que fue el más pequeño de los cuatro hijos que tuvieron sus padres Domingo Molina (Cholo) e Icelsa, influyó sin duda en que fue el más mimado de la familia y al mismo tiempo talvez el más hogareño. Antonio Manuel (Tom) fue el mayor y se hizo ingeniero civil; Martha Margarita fue la única del género femenino y Lindbergh, también ingeniero civil, integraban la familia cercana. Sus primeros años transcurrieron en un ambiente de mucha precariedad económica, pero Cholo era un luchador a carta cabal que no descansó hasta ver realizada, allá por el año 1937, su aspiración de establecerse en la capital con toda su familia.
La adolescencia del joven Molina transcurrió normalmente como la de cualquier otro muchacho de su edad en sucesivos sectores céntricos de la capital. Poco a poco fue definiendo sus preferencias y, alentado por profesores de la talla de Pedro Mir, Tulio Arvelo, Manolín Troncoso, Rogelio Lamarche Soto, Alicia Ramón y otros de igual calibre, se sintió atraído por los estudios sociales que le abrieron los ojos para poder distinguir entre un pueblo oprimido y otro con libertad. Al arribar al cuarto curso del bachillerato, llegó el momento de decidir cual carrera universitaria se escogería. La elección fue fácil: se inscribió en la rama de Filosofía y Letras, que era la puerta de entrada para los estudios de Derecho en la Universidad de Santo Domingo, teniendo como objetivo final hacerse abogado y satisfacer así su pasión por lo que consideraba que era una profesión hermosa y digna, a pesar de las premoniciones que no pocos le hacían sobre el Derecho “apasionante y hermoso en los libros, pero asqueroso y sucio en la realidad”.
A todo esto, la afición de Molina por los “muñequitos” que publicaban los diarios, por un lado, y sus lecturas de revistas y libros juveniles por el otro, iban dejado huellas en sus preferencias más íntimas. Fue así como, inspirado en una sección de Historia en forma de muñequitos que publicaba la revista argentina Billiken, quiso hacer lo mismo, pero teniendo la Historia dominicana como protagonista. Uno de sus compañeros de aula que dibujaba muy bien (Rafael González Castro, quien después se hizo médico y formó familia en los Estados Unidos) aceptó hacer los dibujos que habrían de ilustrar los textos que Molina escribiría. Compraron un cuaderno (Mascota) y pusieron manos a la obra, sin pretender en absoluto que otras personas se interesaran en lo que hasta entonces no era más que un pasatiempo de muchachos quinceañeros.
Un buen día los dos Rafaeles dejaron inadvertidamente olvidado en un pupitre de la Escuela Normal el cuaderno con los dibujos de González Castro y los textos de Molina Morillo. La conserje recogió el cuaderno y se lo entregó al maestro de turno, que no era otro que el periodista Carlos Curiel, quien a su vez, después de haberlo hojeado, lo devolvió a sus dueños, acompañando su acción de una inesperada noticia: en los días venideros (corría el mes de febrero del 1948) saldría a la luz pública un nuevo periódico y él (Curiel) se ofrecía para mostrar el cuaderno a los que serían sus directores, para interesarlos en la publicación de la Historia Dominicana en forma de muñequitos. Curiel era amigo del periodista Rafael Herrera, quien había sido escogido como jefe de redacción del nuevo periódico y no vaciló en convencer, a su vez, a los directores del futuro periódico, los norteamericanos Stanley Ross y Walter Osborne. Pero Herrera fue más allá: “Me gusta la idea de la tira cómica con la Historia –dijo-, pero también me interesa conocer al joven que escribe los textos, pues presiento y olfateo que en él subyace un auténtico periodista”.

 Molina Morillo fundó la revista Ahora, el periódico El Nacional y fue director fundador de EL DÍA.
Molina Morillo fundó la revista Ahora, el periódico El Nacional y fue director fundador de EL DÍA.
Curiel llevó a Molina ante la presencia de Ross y Herrera, quienes le propusieron sumarse a un grupo de jóvenes que estaban siendo entrenados como reporteros, con criterios modernos que habrían de revolucionar la historia del periodismo dominicano.
El Caribe salió a la luz pública el 14 de abril de 1948. Molina debutó como el más joven de sus periodistas, a cargo de la sección de Artes y Espectáculos, lo que le permitió entrar en contacto con importantes artistas nacionales y extranjeros, como  Angel Garasa, Darío Suro, Emilio Aparicio, Monina Solá, Berta Singerman, Libertad Lamarque, Gabriel Del Orbe y otros notables.
En todo momento contó con las sabias orientaciones de Herrera, lo que le ayudó posteriormente a recorrer todas las secciones del diario, teniendo como compañeros de trabajo, entre otros, a Eudoro Sánchez y Sánchez, Pablo Rosa, Leoncio Pieter, Manuel Oscar Aybar Bonetti, Manuel María Pouerie Cordero, Pablo McKinney, María Ugarte, Teófilo Guerrero del Rosario, Ramón Cifré Navarro, Miguel A. Peguero hijo, Pedro L. Vergés Vidal, Rafael Martorrell.
De cada uno de ellos Molina aprendió los secretos de la nueva profesión, trabajando en todas sus secciones, con excepción de las de Sociales y de Deportes. Pero lo más importante para Molina fue que el periódico le aceptó la única condición que puso para aceptar el trabajo: se le permitiría asistir cuantas veces fuera necesario a la Universidad de Santo Domingo para completar la carrera de abogado.
rafael-molina-morillo-07
Rafael Herrera fue su primer maestro y protector en materia periodística, mientras que Germán Ornes Coiscou, quien apareció en su vida un poco más tarde como Jefe de Redacción y posteriormente Director de El Caribe, fue quien, al depositar en Molina toda su confianza, le contagió  la pasión por la libertad de expresión que posteriormente acompañaría al novel periodista durante toda la vida.
Los cinco años que duró la carrera universitaria transcurrieron con normalidad, con dulces sabores y amargos sinsabores, dependiendo en cada caso de los vaivenes políticos y de las variadas circunstancias de cada momento. Entre sus compañeros de estudio que dejaron huella en sus recuerdos figuran Rafael Acevedo Piantini, José Cordero Michel, Oscar Torres de Soto, Hugo Tolentino Dipp, Ramón Cáceres Troncoso, Johny Pacheco, Salvador Barinas, Mirian Hasbún, Mireya Castillo, Luis Ramón Cordero, Fernando Ariza Mendoza y otros. Del lado de los profesores se recuerda a Rafael Bonelly, Oscar Robles Toledano, Leoncio Ramos, Hipólito Herrera Billini, Froilán Tavares, Andrés Avelino. De ellos bebieron Molina y sus compañeros las primeras ideas políticas aplicadas a la realidad que vivía el país en ese momento de oscuridad social.
Al término de los estudios de Derecho, en vísperas de la fecha de graduación, dos de los compañeros de aula más cercanos (Tolentino y Cáceres) fueron favorecidos con sendas becas otorgadas por la Embajada de España para hacer en Madrid durante un año una especialidad de su elección. Molina no quiso quedarse atrás y se las arregló para que el embajador español, Valdez Larrañaga, obtuviera autorización para otorgar una beca adicional para Molina, quien escogió la Escuela Oficial de Periodismo como su campo de especialización en la capital española. Para ese entonces ya Molina había resuelto el problema existencial de cuál profesión elegir, si Derecho o Periodismo, decidiéndose por el último. Rondaba ya el año 1953.
Madrid fue para Molina no solamente la sede de sus estudios periodísticos, sino también su base de operaciones para empezar a conocer el mundo, participando en un buen número de excursiones realizadas en grupos por las nuevas amistades cultivadas en esta faceta de su vida. Conoció prácticamente toda la península ibérica, así como importantes ciudades de Europa, como Niza, Cannes, París, Milán, Nápoles, Roma, Pompeya, Florencia, Venecia, Atenas, Esmirna, Estambul. También aprovechó su tiempo para editar lo que sería su primer libro, La Prensa y la Ley en Santo Domingo, consistente en la tesis que había presentado para graduarse como abogado en la Universidad dominicana.
Completado el curso de periodismo y preparado ya su equipaje para retornar al país, donde se suponía  que El Caribe le tenía guardado su puesto de trabajo, recibió Molina una de las mayores sorpresas de su vida hasta ese momento: a la pensión donde vivía le llegó un telegrama enviado desde Santo Domingo por Ornes con el siguiente texto: “Enterado de que haces planes para retornar al país, te instruyo para que pospongas tu viaje y hagas la cobertura periodística de la visita oficial que hará el Generalísimo Trujillo al Generalísimo Francisco Franco próximamente. Espera instrucciones”.
16-aniversariop01
El telegrama cayó a Molina como la bomba de Hiroshima, no porque permanecer unos días más de lo originalmente planeado fuera perturbador, sino porque la asignación especial no admitía el más mínimo margen de error, ya que se trataba de dos generalísimos que infundían terror a quienes les servían de cerca y cualquier error o capricho mal interpretado podía devenir en grandes desgracias para quien se equivocara. Además, Trujillo viajaría acompañado de su esposa María Martínez, sus hijos Ramfis, Angelita y Radhamés, y un séquito de funcionarios y adulones que representaban, cada uno de ellos, una eventual fuente de problemas y chismes por celos políticos.
Las instrucciones finales de Ornes fueron precisas: Molina debía estar en Vigo cuando arribara el yate en que viajaba la comitiva, y ponerse a la orden de Anselmo Paulino, una especie de ministro universal de Trujillo, señalado por muchos como el hombre de mayor poder político después del “Jefe”, fama ésta que lo colocaba en una peligrosa posición de enfrentamiento con los familiares del déspota.
La visita oficial a España se desarrolló satisfactoriamente, pero faltaba todavía una segunda parte tan importante para Trujillo como la primera: el paso por Roma para la firma con el Papa Pío XII del controversial Concordato entre la República Dominicana y el Vaticano. Antes de despedirse de Madrid, sin embargo, Trujillo y su séquito ofrecieron un almuerzo privado en la sede de la Embajada dominicana. Sin olvidar que su rol en aquella reunión era tan solo el de un mero reportero periodístico, Molina tomaba nota discretamente en un rincón del comedor cuando se percató de que el déspota se acercaba a él con aire inquisitivo. Con voz meliflua pero autoritaria, el Generalísimo le hizo saber que estaba satisfecho con sus crónicas sobre el viaje y que como premio había dispuesto que el embajador Emilio García Godoy le gratificara económicamente. Finalmente le dijo: “Vaya a verme en el Palacio Nacional cuando yo regrese a la Patria”.
Rafael Molina Morillo en una misión sobre libertad de prensa de la SIP en Venezuela.
Rafael Molina Morillo en una misión sobre libertad de prensa de la SIP en Venezuela.
Molina, quien volvió al país antes que Trujillo, intentó verle tan pronto éste pisara tierra, pero sus intentos fueron vanos. Se enteró después de que durante el viaje al Vaticano las intrigas palaciegas y familiares contra Paulino habían surtido efecto y “todo lo que oliera a Paulino” había caído en desgracia. La amistad personal que ya existía entre Paulino y Molina era evidente, de modo que también quedó en el vacío la promesa implícita de ´
Trujillo cuando instruyó al joven periodista que fuera a verlo a su regreso al país. Fue nombrado Director de Prensa del Gobierno, pero apenas duró un mes en el cargo. Evidentemente Molina no tuvo éxito esta vez y echó mano a la profesión que años atrás le había inspirado y nunca había ejercido: la abogacía. Alquiló una modesta oficina cerca del parque Colón y atendió uno que otro caso de divorcio, con lo cual obviamente no podría satisfacer sus necesidades más primarias. La apretada situación fue salvada providencialmente cuando el empresario Víctor Méndez Capellán usó sus servicios de Notario Público para legalizar las firmas de sus clientes que viajaban en proporciones extraordinarias a los Estados Unidos.
Un acontecimiento extraordinario e inesperado sacudió entonces a toda la república: Trujillo había sido muerto en un atentado perpetrado por un grupo de valientes. Joaquín Balaguer, en su condición de Vicepresidente de la República, asumió el control de la situación, mientras la llama de la libertad comenzaba a propagarse por todo el territorio nacional. Corría el mes de mayo del 1961.
Molina no ocultó sus simpatías por el movimiento democrático que se produjo al confirmarse la noticia del magnicidio y se sumó al grupo denominado Unión Cívica Nacional (UCN) que se autodenominó “apartidista” y que, entre otras cosas, contempló la necesidad de contar con un órgano de prensa para mantener informada a la población. Así nació el semanario Unión Cívica, cuyos directores titulares fueron Angel Severo Cabral, Rafael Alburquerque Zayas Bazán y Antinoe Fiallo, aunque el trabajo periodístico recayó sobre los hombros de Molina. La dedicación de Molina a la causa le fue reconocida mediante el encargo que se le hizo para viajar a Washington y recabar allí el apoyo  de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) al movimiento.
Rafael Molina Morillo junto  al presidente Danilo Medina  y al empresario José Luis Corripio.
Rafael Molina Morillo junto al presidente Danilo Medina y al empresario José Luis Corripio.
Uno de los primeros actos de Balaguer consistió en devolver el periódico El Caribe  a Germán Emilio Ornes, quien detentaba su propiedad como resultado de una hábil operación financiera con el Banco de Reservas que Trujilo, en vida, había favorecido.
Molina duró poco al frente del semanario Unión Cívica, pues cuando ésta organización anunció que se convertiría en un partido político, él consideró que se estaba traicionando la promesa de que solamente sería un “movimiento político apartidista”.
Ornes aprovechó la coyuntura y se llevó consigo a Molina como Director Ejecutivo de El Caribe, con lo que éste, por su parte, se convirtió con solo 31 años de edad, en  el Director Ejecutivo del diario más importante del país. La relación de Molina –ya casado con su prometida Francia Espaillat- con Ornes tuvo sus altas y bajas, como se verá más adelante, pero terminaron siendo un modelo de camaradería, confianza, cariño y respeto mutuo.
Mientras ejerció las funciones de director ejecutivo de El Caribe, Molina obtuvo de Ornes el permiso para editar una revista de interés general, ya que ese nicho del mercado periodístico estaba vacío. El primer número de¡Ahora! salió a a luz pública el 15 de enero de 1962, y su línea editorial e informativa era de firme apego a los principios de la libertad de expresión y defensa de la     constitucionalidad. Sus primeros colaboradores más cercanos fueron el veterano periodista Mario Bobea Billini como subdirector, Max Alvarez, Héctor Western y Carolina Nouel.
A los pocos meses de su fundación ¡Ahora! se había convertido en la principal tribuna política del país en los últimos años. Sus páginas acogieron los artículos de los principales pensadores, entre ellos Juan Bosch, Juan Isidro Jimenes Grullón, Pedro Mir, Eduardo Sánchez Cabral, el propio Rafael Molina Morillo  y cuántos tuvieron algo qué decir de autentica importancia cívica.
La esencia de lo que aspiraba la revista ¡Ahora! desde su fundación y que se mantuvo por más de dos décadas de su existencia, se resume en las siguientes palabras, extraídas de la Carta del Director publicada en el primer número, que decía así: “Sólo aspiramos a dar a conocer en las páginas de ¡Ahora! el pensamiento y los perfiles de los hombres honrados. Solo deseamos ansiosamente desenmascarar a los enmascarados, aquellos que son un peligro nacional, aquellos que han venido destruyendo el sentimiento y los derechos humanos de nuestro pueblo, aquellos revestidos de un falso apostolado, aquellos falsos héroes, aquellos militares que deshonran su uniforme, aquellos que anteponen sus propios intereses a los de la Patria”.
10_nacionales_11_3p01
No fueron pocas las batallas libradas por la revista en defensa de los derechos humanos, con a misma fuerza y responsabilidad que puso sus páginas al servicio de las más variadas tendencias políticas que se debatían en ese momento en la convulsionada República.
Cuando se produjo el golpe de estado que derrocó al presidente constitucional Juan Bosch, en septiembre de 1963,!Ahora! cerró filas con la legalidad y se puso decididamente del lado de la constitucionalidad y contra el gobierno de facto que sobrevino después. Pero en esa situación, Molina se vio atrapado en un conflicto ético, por su condición de director ejecutivo de El Caribe, al mismo tiempo que director de ¡Ahora!  Mientras la revista condenó de inmediato la asonada golpista, el diario de la calle El Conde asumió una política de compás de espera. Molina decidió renunciar a su privilegiada posición en el diario, al elevado precio de disgustar a su amigo Ornes, quien consideró que el joven colega lo estaba prejuzgando con su determinación.
Una frialdad como un témpano de hielo se interpuso entre ambos por algún tiempo, pero aún así, Ornes tuvo la nobleza de insertar en la primera página de El Caribe del 1de octubre de 1963 una nota que decía así: “Con la renuncia de Molina Morillo perdemos un ejecutivo probo y eficiente que contribuyó con su energía carácter y capacidad periodística a llevar a El Caribe a la posición que hoy ocupa dentro del periodismo nacional. Su salida deja un profundo vacío en nuestra organización, donde todos e profesamos  entrañable afecto”. Finalmente pudo más que cualquier resentimiento, el reconocimiento mutuo y el respeto a las ideas encontradas, así como una leal amistad floreció entre ambos hasta el día de la muerte del veterano Ornes.
El gobierno de facto se vio en serias dificultades al estallar el movimiento bélico conocido como “la Revolución de Abril” con la aspiración de reponer al profesor Bosch como presidente constitucional. ¡Ahora! se sumó abiertamente a los ideales constitucionalistas, al grado de que, en un momento dado, fue la única prensa que no interrumpió su salida por supuestas dificultades técnicas que otros medios alegaron que les habían afectado.
 Molina Morillo y Pedro Fernández Peix en un programa de TV.
Molina Morillo y Pedro Fernández Peix en un programa de TV.
¡Ahora! se constituyó en un verdadero clavo tanto en el zapato de los golpistas criollos como en la bota invasora de los soldados norteamericanos que ocuparon el país por orden del presidente Johnson. Decidieron, pues, silenciarla. Una carga de dinamita hizo volar por los aires, la noche del 5 de octubre de 1965, las instalaciones físicas de la revista, en lo que fue uno de los más espectaculares atentados de la mencionada Revolución de Abril. Pero ¡Ahora!, como el Ave Fénix, revivió pocos meses después, acompañada esta vez por un periódico diario (El Nacional, 1966), que también fundó Molina, con la misma línea editorial de la revista. Esta vez el aguerrido periodista no quiso asumir la dirección de dos medios a la vez, como cuando lo hizo al dirigir El Caribe y ¡Ahora!, de manera que puso a Freddy Gatón Arce al frente del nuevo diario y conservó para sí mismo la dirección de su “niña linda” que era la revista.
Entre los periodistas que formaron el equipo de redacción de El Nacional estaban, además de Gatón, Silvio Herasme Peña, Miguel Angel Prestol, Clara Leyla Alfonso, Brinella Fernández, Rafael Núñez Grassals, Ramón Reyes y Reyes, Francisco Alvarez Castellanos, Juan José Ayuso, Radhamés Gómez Pepín, Miguel Hernández, Huchi Lora, Rafael Reyes Jerez, Víctor Grimaldi, Magda Florencio y una pléyade de jóvenes amantes de la libertad. En lo administrativo la responsabilidad cayó en manos de Luis Ramón Cordero, cuñado de Molina, a quien acompañó de cerca en las buenas y en las malas. Otras piezas clave en la triunfal historia de ¡Ahora! y El Nacional lo fue José Ramón Grau, quien se entregó en cuerpo y alma a la causa asumida por el equipo humano encabezado por Molina, así como Jorge Pérez, María Nin.
Mención especial merecen los lamentables casos de tres compañeros que, en sendas circunstancias diferentes, pagaron con sus vidas su lealtad al trabajo y a sus principios. Diógenes Ortiz y Papito Arias cayeron asesinados por la soldadesca que integró la llamada Operación Limpieza durante la Revolución de Abril del 1965. La tercera víctima de la intolerancia política fue el periodista Orlando Martínez, quien ingresó a ¡Ahora! como Director Ejecutivo y al mismo tiempo publicó en El Nacional su columna diaria “Microscopio”, caracterizada por sus directas críticas al gobierno de Joaquín Balaguer y al estamento militar. Emboscado en la vecindad de la Universidad de Santo Domingo, Orlando falleció el 17 de marzo de 1975cuando recibía atenciones médicas en un hospital del Estado. Los autores del crimen fueron identificados y sentenciados por los tribunales tras un juicio que duró 25 años.
El éxito editorial de El Nacional fue similar al de  ¡Ahora!, por su credibilidad y su equilibrio político. No conforme con ello, Molina concibió entonces la creación del Bloque Ahora, una institución comunicacional que llegó a agrupar en su seno las revistas especializadas Mundos Desconocidos, Deportes, La Campiña, Eva, Época, Seis y Siete, y otras de carácter ocasional.
Paradójicamente, ese crecimiento editorial implicaba el éxito editorial que significaba una aceptación cada vez mayor por parte del público, implicaba la necesidad de nuevas y cada vez mayores inversiones, que superaban en mucho a los ingresos que se producían mediante una escasa publicidad, debida en gran parte al temor de los anunciantes que temían ser señalados por el gobierno como “enemigos”.
Muy a su pesar, Molina comenzó a pensar en la venta de sus acciones mayoritarios a algún inversionista dispuesto a meter mucho dinero en la empresa, para salvarla de una quiebra. La decisión final se produjo en el año1979, cuando el empresario José Luis Corripio Estrada (Pepín) adquirió las acciones de Molina mediante una negociación que incluyó todos los activos del Bloque Ahora, incluyendo la Editora Cultural Dominicana. Pepín Corripio salvó así de su desaparición a esos íconos del periodismo nacional que eran ¡Ahora!, El Nacional y los demás medios del grupo.
El vacío que, de un día para otro, debió sentir Molina al hacer entrega de lo que él consideraba su obra más preciada, fue seguramente igual a la angustia existente en aquella aciaga noche del 5 de octubre de 1964, cuando las fuerzas de la intolerancia dinamitaron sus instalaciones. Menos mal que aquella situación fue paliada por la petición de Corripio para que Molina permaneciera durante tres meses de transición al frente de la empresa, lo que se cumplió a cabalidad.
La ociosidad que sobrevino después no era compatible con el carácter de Molina Morillo. Le planteó a su amigo y ex compañero de aulas en la Universidad Emilio Ludovino Fernández, quien a la sazón fungía como Secretario de Relaciones Exteriores, su deseo de ser favorecido con un cargo diplomático, a lo que el funcionario se comprometió a plantearle esa solicitud al Presidente de la República, Antonio Guzmán Fernández.
Efectivamente, a los pocos días fue llamado al Palacio Nacional, donde afablemente barajamos los nombres de varias sedes vacantes hasta decidirnos por la jefatura de la Misión Permanente de la República Dominicana ante las Naciones Unidas, con sede en Nueva York.
El presidente y el Canciller transmitieron a Molina algunas instrucciones precisas  sobre temas pendientes en la organización internacional que afectaban al país. De su parte, el flamante embajador le planteó una sola advertencia al presidente: estaría en el cargo solamente hasta el último día que Guzmán estuviera en el suyo. Pocas semanas después el nuevo embajador estaba en camino hacia su sede. No era esta, en realidad, la primera experiencia diplomática de Molina. Antes había sido Secretario de la Embajada en Panamá  y Consejero de la Embajada en México.rafael-molina
Dos años más tarde, durante una de las visitas que regularmente hacía Molina al presidente Guzmán cada vez que viajaba a Santo Domingo, el Jefe del Estado le anticipó a Molina que lo trasladaría como embajador ante la Casa Blanca, en Washington, y concurrentemente como embajador en Canadá. Se trataba de la misión diplomática más importante y Molina le dedicó toda su atención y su empeño a las delicadas encomiendas que le correspondieron frente al presidente  Ronald Reagan, de los Estados Unidos.
El suicidio del presidente Antonio Guzmán, casi al término de su mandato constitucional, traumatizó al país. Molina le había enviado, algunos días atrás, una carta recordándole su promesa de no dejar transcurrir como embajador ni un día después  de la salida de Guzmán del Gobierno.
Al presidente electo, Salvador Jorge Blanco, le dirigió otra carta entregándole la Embajada. A su llegada a Santo Domingo para asistir a los funerales, le expresó su solidaridad al vicepresidente Jacobo Majluta, con quien cultivó una profunda amistad.
La política, sin embargo, no ha sido la verdadera vocación de Molina Morillo. Ese sitial en sus preferencias ha sido ocupado primordialmente por el periodismo. Es así como, después de ensayar algunas actividades privadas a su regreso al término de sus funciones diplomáticas, gestiona y obtiene su ingreso en el Listín Diario, como Editor de Revistas, encargado de crear y organizar un departamento de suplementos que dinamizaron los servicios del periódico. A los pocos meses de la creación del departamento el viejo decano de los periódicos dominicanos contaba ya con las revistas y suplementos Ritmo Social, Oh, El Sur, El Norte, El Este, Arena sol y Agua, y otras.
Molina fue prontamente promovido a la posición de subdirector del diario, y luego a la de director. Correspondió a él, con la asistencia de técnicos españoles contratados al efecto, el rediseño del periódico, en lo que fue una especie de renacimiento del mismo.
Un par de años después, Molina presentó su renuncia del Listín Diario por diferencias de carácter ético y profesional con sus propietarios. Poco después entró en conversaciones con el empresario José Luis Corripio para relanzar la revista ¡Ahora! en un esfuerzo que resultó fallido por razones financieras. Corripio encaminó entonces sus esfuerzos a la creación de un nuevo diario de distribución gratuita que puso bajo la dirección de Molina desde su fundación en marzo del 2002, con el nombre de El Día.
No se puede contar la historia de Rafael Mollina Morillo sin recordar su paso por la Sociedad Interamericana de Prensa, una entidad integrada por más de mil publicaciones del continente cuyo  fin primordial es el mantenimiento de la libertad de expresión y la democracia. Introducido al seno de dicha sociedad por Germán Ornes, Molina se ha distinguido como uno de los más activos miembros de la organización, en sus dos etapas: la primera,  en los años 70 hasta 1981 en representación de ¡Ahora! y El Nacional, y la segunda a partir de los años 90, que incluye su ascenso a la presidencia de la Sociedad del 2006 al 2007. Ha visitado todos los países americanos en reclamo de que se respete el derecho de informar y ser informado. La Comisión de Libertad de Prensa, de la cual ha sido cinco veces presiente (1999 -2005).Es el buque insignia y caballo de batalla de la SIP. Tiene la misión de realizar visitas in situ  para confrontar cara a cara con presidentes, congresistas, altos jefes militares, dirigentes políticos o funcionarios señalados como responsables de atentados contra la libertad de expresión.
Bajo su presidencia en la SIP encabezó en San José de Costa Rica la Conferencia de Valores Periodísticos en el Siglo XXI que dio origen al manifiesto ético denominado “Aspiraciones”, que centra la posición de la SIP sobre ética, el rol de la prensa y la independencia editorial.
Su figura fue central en muchas reuniones internacionales, como en la celebración en Medellín del Día Mundial de Libertad de Prensa y la Conferencia Hemisférica del Poder Judicial. Encabezó una misión de la SIP para enfrentar la crítica situación de Venezuela, donde una nefasta noche de mayo fue testigo del cierre de Radio Caracas Televisión.
Paralelamente con sus afanes en la prensa escrita, Molina incursionó de vez en cuando en los medios electrónicos, con la producción de programas semanales de entrevistas como Hoy Mismo, ¡Ahora! en TV y Rueda de Prensa, en la televisión, pasando por los programas de radio matutinos Radio Mil Informando  y Los Buenos Días de Molina Morillo.
El doctor Rafael Molina Morillo, con 87 años de edad, se molestaba cuando alguien le pregunta si no ha pensado en retirarse a descansar. Como lo hacía cuando era un voraz lector de muñequitos en su pueblo natal de La Vega, ni él mismo sabe de dónde saca tiempo para otras actividades como la presidencia del Centro para la Libertad de Expresión en la República Dominicana (CLERD, cofundado por él conjuntamente con el licenciado Alfredo Paredes), o bien para ser un profesor titular en la Escuela de Comunicación de la Universidad Católica de Santo Domingo.
Cualquiera pensaría que no pueden hacer tantas cosas en una sola vida, pero como dijo Galileo: sin embargo, se mueve…http://eldia.com.do/biografia-de-rafael-molina-morillo/