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viernes, 24 de octubre de 2025

Editorial: Artibonito, el último bastión de la soberanía alimentaria haitiana

 

Editorial: Artibonito, el último bastión de la soberanía alimentaria haitiana

Por Luis Orlando Díaz Vólquez / @GuasabaraEditor

El 18 de octubre de 2025, un vídeo difundido por Infos Partage mostró una escena que, más allá de la semántica técnica de los economistas del desarrollo, representa una herida abierta en el corazón agrícola de Haití. La destrucción sistemática de los arrozales del Valle del Artibonito por bandas armadas no es solo una "perturbación de los sistemas de producción agrícola", como se ha querido suavizar. Es un acto de guerra contra la soberanía alimentaria de un país que ya depende en un 80% de las importaciones para satisfacer su consumo de arroz.

Este escenario de colapso no es una distopía lejana. Es una posibilidad tangible que se cierne sobre Haití, y que recuerda tragedias históricas como la hambruna irlandesa del siglo XIX o la de Bengala en 1943. En ambos casos, la concentración geográfica de la producción alimentaria y la falta de alternativas convirtieron crisis locales en catástrofes nacionales. Haití, con su dependencia casi total del Artibonito para el arroz, se encuentra en una situación aún más precaria.

La República Dominicana, país vecino, ha tomado medidas para blindar su producción nacional de arroz frente a amenazas externas. Mediante el decreto 693-24, se ha garantizado que el arroz consumido por los dominicanos siga siendo de producción local, protegiendo tanto a los productores como a la seguridad alimentaria del país[2]. Esta decisión contrasta con la vulnerabilidad haitiana, donde la falta de políticas de protección y el abandono de la infraestructura agrícola han dejado al Artibonito como un punto de falla sistémico.

La editorialización de este escenario exige una reflexión profunda sobre el papel de los Estados, las organizaciones internacionales y la sociedad civil. ¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI, un país con capacidad agrícola suficiente para alimentar a su población esté al borde de perder su último bastión de autonomía alimentaria? ¿Qué responsabilidad tienen los actores regionales ante esta crisis que amenaza con desatar una hambruna silenciosa?

La respuesta no puede limitarse a la contabilidad de toneladas importadas ni al cálculo del impacto inflacionario. Como bien señala Réginald Surin, detrás de cada punto porcentual de inflación hay una familia que salta comidas, un niño que abandona la escuela, una comunidad que se desintegra. La economía moral de la supervivencia, esa red de solidaridad que sostiene a las comunidades rurales, está siendo desgarrada por la violencia y la indiferencia.

El presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, en su discurso de rendición de cuentas, ha mostrado cómo una política agropecuaria sostenida puede fortalecer la seguridad alimentaria, reducir la subalimentación del 8.3% al 4.6% y aspirar al hambre cero[1]. Haití, por el contrario, se enfrenta a una "fragilidad en cascada", donde el colapso del Artibonito podría desencadenar una dependencia absoluta de las importaciones, con todas las implicaciones geopolíticas, sociales y económicas que ello conlleva.

La comunidad internacional no puede seguir mirando hacia otro lado. La declaración de las bandas haitianas como organizaciones terroristas por parte del gobierno dominicano[2] es un llamado de alerta. La seguridad alimentaria no es solo una cuestión de producción; es también una cuestión de paz, de gobernanza, de dignidad.

El Artibonito no es solo una llanura fértil. Es el símbolo de una Haití que aún resiste, que aún sueña con alimentar a sus hijos con el fruto de su tierra. Cada campo incendiado, cada agricultor desplazado, cada canal de riego destruido, acerca a los haitianos al abismo. Pero también nos recuerda que aún hay tiempo para actuar. Que la soberanía alimentaria no es una utopía, sino una urgencia./

@LuisOrlandoDia1

Referencias

jueves, 23 de octubre de 2025

HAITÍ | ¿Qué pasaría si la producción de arroz en el Valle del Artibonito colapsara ante la furia de las pandillas? Un escenario de colapso.

 
¿Qué pasaría si la producción de arroz en el Valle del Artibonito colapsara ante la furia de las pandillas? Un escenario de colapso.

El 18 de octubre de 2025, un vídeo difundido por Infos Partage capta lo que los economistas del desarrollo llamarían modestamente una "perturbación de los sistemas de producción agrícola", un eufemismo que apenas oculta la brutalidad de lo que allí está sucediendo.

Reginald Surin
22 de octubre de 2025 — Lectura: 14 min.
🇺🇸 Leer en inglés
¿Qué pasaría si la producción de arroz en el Valle del Artibonito colapsara ante la furia de las pandillas? Un escenario de colapso.
Un campo de arroz en Artibonite (archivo)

El 18 de octubre de 2025, un video transmitido por Infos Partage captura lo que los economistas del desarrollo llamarían tímidamente una "alteración de los sistemas de producción agrícola", un eufemismo que apenas disimula la brutalidad de lo que está sucediendo allí. Muestra siluetas en los campos de Artibonite, participando en lo que los medios describen como la destrucción metódica de las plantaciones de arroz por parte de bandas armadas. El texto en criollo haitiano que acompaña estas imágenes, "Men sa kap pase nan latibonit" (Esto es lo que está sucediendo en Artibonite), posee una economía lingüística que, paradójicamente, dice más que los largos reportajes: violencia que se ha vuelto común, destrucción que se ha vuelto cotidiana, una catástrofe que se ha normalizado tanto que ya ni siquiera es un evento.


Arrozales en llamas en Artibonite
Esta normalización de la destrucción es quizás, en muchos sentidos, el síntoma más preocupante de la crisis haitiana contemporánea. Más allá de la impactante imagen de campos saqueados y campesinos expulsados, surge una pregunta económica vertiginosa: ¿qué implicaciones tendría el colapso de la producción agrícola en el Artibonito para la arquitectura económica de Haití?


Concentración espacial de la producción

Las 28.000 hectáreas de tierras de regadío en la llanura de Artibonite representan solo una pequeña fracción de las 281.500 hectáreas de tierras cultivables de Haití. Sin embargo, según datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos para 2025/26, aproximadamente el 80 % de la producción arrocera del país proviene de esta zona. Esta extrema concentración geográfica crea una vulnerabilidad que los economistas especializados en seguridad alimentaria, desde el influyente trabajo de Amartya Sen sobre las hambrunas, han identificado repetidamente como un factor de inestabilidad estructural.

Para comprender la magnitud de esta concentración, es importante situarla en su contexto histórico. A principios de la década de 1950, cuando la empresa estadounidense Knappen Tippets Abbett McCarthy llevó a cabo los importantes proyectos de irrigación que transformaron la llanura de Artibonite en una moderna zona arrocera, el objetivo era loable: crear un centro de producción capaz de satisfacer una parte sustancial de las necesidades nacionales. La presa de Péligre, inaugurada en 1956, y los sistemas de irrigación resultantes propiciaron el crecimiento del cultivo intensivo de arroz. Sin embargo, este éxito técnico creó gradualmente una dependencia territorial cuyos diseñadores probablemente no apreciaron plenamente su alcance.

La concentración ha aumentado a lo largo de las décadas por razones tanto agronómicas como económicas. Por un lado, otras zonas productoras de arroz, en particular en el noreste y el sur, han visto estancarse o incluso disminuir su capacidad de producción debido a la falta de inversión en infraestructura de riego y mantenimiento de los sistemas existentes. Por otro lado, las economías de escala alcanzables en el Artibonite, gracias a parcelas más grandes y al riego controlado, han marginado gradualmente a otras cuencas productoras. Como resultado, una sola región concentra ahora casi toda la producción del país.

Esta situación evoca otras configuraciones históricas donde la concentración geográfica de la producción alimentaria transformó crisis locales en catástrofes nacionales. La Irlanda del siglo XIX, con su dependencia de la papa cultivada principalmente en los condados del oeste y el sur, ofrece el ejemplo trágico más conocido. Cuando el tizón tardío azotó estas regiones entre 1845 y 1852, la falta de zonas de producción alternativas transformó una epidemia de plagas en una hambruna que mató a un millón de personas y obligó a otros dos millones al exilio. Bengala en 1943 ilustra otro mecanismo: la interrupción del sistema de suministro de arroz, concentrado en unos pocos distritos, sumada a decisiones políticas desastrosas, provocó una hambruna que costó la vida a unos tres millones de personas.

En el caso haitiano, la vulnerabilidad es aún más aguda porque no se trata simplemente de especialización regional, un fenómeno banal y a menudo eficiente en economía, sino de una dependencia casi total de un solo territorio para un alimento que se ha vuelto fundamental. Esta centralización crea lo que los teóricos de sistemas complejos y resiliencia, como C. S. Holling o Brian Walker, denominan «falta de redundancia funcional»: cuando un sistema solo tiene un medio para realizar una función crítica, el fallo de este medio compromete a todo el sistema.

Los riesgos inherentes a esta configuración son múltiples e interdependientes. Un shock climático —una sequía prolongada, inundaciones catastróficas o un huracán devastador que afecte específicamente al Artibonite— tendría repercusiones nacionales inmediatas. Una epidemia fitosanitaria que afecte a las variedades de arroz cultivadas en la región podría diezmar la producción sin que otras zonas puedan compensarla. Y ahora, con el aumento de la violencia causada por bandas armadas que destruyen metódicamente la capacidad productiva de la región, se trata de un shock antropogénico que amenaza con desestabilizar todo el sistema.

Esta concentración geográfica se ve agravada por la concentración de infraestructura crítica. Sistemas de riego, canales de distribución de agua, vías de acceso a los mercados, instalaciones de almacenamiento y procesamiento —todo lo que permite que la producción se convierta en alimentos disponibles para la población— también se concentran en esta zona. La destrucción o paralización de esta infraestructura tendría efectos en cascada que irían mucho más allá de la producción agrícola.

Cifras de dependencia: una aritmética de la vulnerabilidad

Haití importa actualmente aproximadamente el 80% de su consumo de arroz, o casi 515.000 toneladas anuales, según el informe del USDA 2025/26, con un costo aproximado de 200 millones de dólares. Esta enorme dependencia de las importaciones coloca al país en una situación de "vulnerabilidad alimentaria estructural", donde las perturbaciones externas se transmiten directa y brutalmente a las poblaciones más vulnerables.

El 20% restante del consumo nacional proviene principalmente del Artibonite. Es importante aclarar qué representa realmente esta proporción de la producción local en la ecuación de la soberanía alimentaria haitiana. La soberanía alimentaria, tal como la conceptualiza Vía Campesina y la adoptan los movimientos campesinos de todo el mundo, no se limita a la capacidad de producir un producto específico, por estratégico que sea. Se refiere más bien a la capacidad de un país para garantizar, mediante su propia producción diversificada, el abastecimiento de alimentos de su población según sus preferencias culturales, sin depender estructuralmente de los mercados externos.

Desde esta perspectiva más amplia, Haití aún cuenta con una importante base agrícola: producción de tubérculos (ñame, batata, yuca), maíz, sorgo, frijoles, plátanos y frutas tropicales. Estos productos, en gran parte derivados de la agricultura familiar y campesina, contribuyen significativamente a la dieta nacional. Pero el arroz ocupa un lugar especial, no solo por su peso en la ingesta calórica (30%) y el gasto alimentario (20%), sino también por su dimensión simbólica y cultural: se ha convertido en el alimento básico, el que estructura las comidas diarias, sobre todo en las zonas urbanas.

Por lo tanto, cuando hablamos de la producción del Artibonite como un "estrecho margen de soberanía alimentaria", esta formulación debe entenderse en un sentido preciso y limitado: es el único margen de maniobra que Haití tiene para evitar la dependencia total de las importaciones para los alimentos que se han convertido en la base de la dieta de la población. Este matiz es crucial, ya que revela la naturaleza particular de la vulnerabilidad haitiana: no una incapacidad absoluta para producir alimentos, sino una dependencia casi total de las importaciones para el producto básico que, sociológica y económicamente, se ha vuelto el más crítico.

Esta producción local de arroz, aunque modesta en volumen, cumple varias funciones que van más allá de su simple contribución cuantitativa. En primer lugar, constituye un amortiguador parcial contra las fluctuaciones de los precios internacionales, ofreciendo una alternativa, aunque limitada, al arroz importado cuando este se encarece. En segundo lugar, representa una reserva de conocimientos agronómicos y variedades locales adaptadas a las condiciones haitianas, un capital intangible que se perdería irremediablemente con el fin del cultivo nacional de arroz. Por último, mantiene viva la posibilidad teórica, sin duda, pero simbólicamente importante, de una reconquista gradual de la autonomía alimentaria.

El colapso de esta producción local, concentrada en el Artibonite, transformaría una dependencia ya masiva (80%) en una dependencia absoluta (100%) del arroz. Pero más allá de la cifra, se cerraría todo un horizonte de posibilidades: el de un Haití capaz de alimentar a sus hijos con arroz producido en su propia tierra. Esta configuración crea lo que los teóricos de sistemas complejos denominarían una "fragilidad en cascada": el fallo de un elemento en el Artibonite bastaría para provocar el colapso de todo el sistema local de producción de arroz, transformando una grave vulnerabilidad en vulnerabilidad absoluta.

Shock de importaciones: cuando la aritmética se convierte en política

Si la producción de Artibonite colapsara permanentemente, la primera consecuencia sería un aumento mecánico de las importaciones. Para una población de aproximadamente 11 millones de habitantes, la necesidad anual ronda las 550.000 toneladas métricas. El aumento necesario para compensar la pérdida de producción local representaría aproximadamente 110.000 toneladas adicionales.

A un precio promedio de entre 450 y 550 dólares por tonelada, esto representaría un costo anual adicional de aproximadamente 50 a 60 millones de dólares. Para un país con un PIB total de entre 8 y 9 mil millones de dólares y con un déficit crónico de reservas de divisas, este gasto adicional constituiría una carga macroeconómica considerable.

Pero este enfoque contable no captaría la esencia. Lo que está en juego en este aumento de las importaciones no es solo una cuestión de la balanza comercial; es una transformación cualitativa de la relación de dependencia que vincula a Haití con los mercados internacionales. El trabajo de Harriet Friedmann y Philip McMichael sobre los "regímenes alimentarios" nos ha enseñado que los flujos de alimentos nunca son puramente económicos: también son relaciones de poder, instrumentos de dependencia, vectores de influencia geopolítica.

La inflación como mecanismo de transmisión de vulnerabilidad

La desaparición de la producción local desencadenaría automáticamente presiones inflacionarias, cuyos canales merecen ser explicados. En su estudio «De la distorsión de las señales de precios a la vulnerabilidad alimentaria: un análisis de la transmisión asimétrica en el mercado del arroz importado en Haití» , realizado en 2020, Réginald demostró, mediante rigurosos modelos econométricos con modelos autorregresivos de umbral (TAR), que esta transmisión es profundamente asimétrica.

Los resultados son inequívocos: los aumentos en los precios mundiales del arroz se reflejan en los precios minoristas en Haití en más del 80 % en un mes, mientras que las disminuciones solo se transmiten en un 50 % y con un desfase promedio de 3 a 6 meses. Esta asimetría refleja una falla en el funcionamiento competitivo del mercado, vinculada a su estructura oligopólica.

El análisis estructural de Reginald revela que el mercado de arroz importado está dominado por un puñado de grandes importadores-mayoristas, no más de 3 a 5, con un consumo de más de 30.000 toneladas mensuales. El índice Herfindahl-Hirschman calculado se sitúa entre 1000 y 2000, lo que indica un mercado "moderadamente concentrado" según los estándares del Departamento de Justicia de EE. UU., pero en realidad, un mercado altamente oligopólico en el contexto haitiano. Estos oligopolistas pueden imponer sus márgenes, y existen pruebas que sugieren la existencia de una colusión tácita para mantener precios altos.

Esta vulnerabilidad a las fluctuaciones de los precios internacionales, ya de por sí aguda, se volvería absoluta en ausencia de un mecanismo de amortiguación de la producción local. La historia reciente lo ilustra: en 2007-2008, cuando el precio mundial del arroz aumentó más del 50 % en pocos meses, Haití sufrió disturbios por alimentos que dejaron varias víctimas mortales y conmocionaron al gobierno.

Los datos recientes hablan por sí solos: entre agosto de 2024 y julio de 2025, la inflación superó el 30%, mientras que el coste de los alimentos aumentó un tercio. En este contexto, cualquier presión inflacionaria adicional no se mediría en puntos porcentuales abstractos, sino en comidas salteadas, niños sin escolarizar y familias al borde de la inanición.

La crisis de los medios de vida: la economía moral de la supervivencia

Las decenas de miles de productores y trabajadores agrícolas que se ganan la vida directamente con el cultivo de arroz en Artibonite se verían privados de su principal fuente de ingresos. El efecto dominó no se limitaría a la producción propiamente dicha. Los 342 molinos identificados que procesan arroz paddy en arroz blanco cesarían sus operaciones. Los más de 8.000 Madan Sara, los comerciantes que constituyen la columna vertebral del sistema de distribución informal, verían desaparecer una parte sustancial de su facturación.

James C. Scott, en su magistral análisis de las sociedades campesinas, mostró cómo las comunidades rurales desarrollan complejas "economías morales", sistemas de reciprocidad y solidaridad que facilitan la supervivencia colectiva. La brutal destrucción de estos sistemas no solo causa pérdida de ingresos, sino que también desgarra el tejido social, rompe los lazos de solidaridad y fragmenta las comunidades.

Puerto Príncipe, un destino tradicional del éxodo rural, ya es una ciudad asfixiante donde las pandillas controlan aproximadamente el 85% del área metropolitana, según estimaciones de la ONU. La afluencia masiva de refugiados económicos ejercería una presión insostenible sobre una infraestructura urbana ya de por sí deteriorada. Mike Davis, en su análisis del "planeta de los barrios marginales", ha documentado cómo la urbanización sin industrialización crea barrios marginales abarrotados de poblaciones sin empleo formal, sin servicios básicos y viviendo en condiciones de extrema precariedad.

La soberanía alimentaria como un horizonte perdido

El concepto de "soberanía alimentaria", tal como lo teoriza Vía Campesina, no se refiere simplemente a la autosuficiencia cuantitativa. Se refiere al derecho de los pueblos a definir sus propios sistemas alimentarios, a controlar sus recursos productivos y a no depender estructuralmente de decisiones tomadas en el extranjero para su alimentación diaria.

La trágica ironía de la situación haitiana reside en que hace cuarenta años, el país producía suficiente arroz para alimentar a su población. Lo que ha cambiado no es la capacidad agrícola, sino las reglas del juego económico. Las políticas de ajuste estructural impuestas por el FMI en la década de 1980, la drástica reducción de los aranceles aduaneros del 50% en 1986 al 3% en 1995, mientras que Estados Unidos mantuvo sus aranceles entre el 3% y el 24%, y la entrada masiva de arroz estadounidense subsidiado: todas estas decisiones han desmantelado gradualmente la capacidad productiva de Haití.

Bill Clinton emitió una disculpa pública en 2010, reconociendo que estas políticas habían "privado a los agricultores haitianos de la capacidad de producir arroz para alimentar a su nación". Este reconocimiento tardío no cambia la realidad actual. La desaparición de la producción en el Artibonite llevaría esta dependencia a tal nivel que la noción misma de soberanía alimentaria quedaría obsoleta.

El círculo vicioso de la desestructuración

La agricultura haitiana, que representaba aproximadamente el 40% del PIB nacional en la década de 1980, ha disminuido a aproximadamente el 30% en la actualidad. La producción de arroz en Artibonite, aunque debilitada, sigue siendo un pilar simbólico y material del sector agrícola. Su desaparición enviaría una señal devastadora: si incluso el granero histórico del país, la zona mejor equipada con infraestructura de riego, ya no puede funcionar, ¿qué esperanza queda?

Los efectos psicológicos se propagarían rápidamente. Los inversores se mostrarían aún más reticentes a invertir recursos en un sector percibido como condenado al fracaso. Esta reticencia exacerbaría el deterioro de la infraestructura y la capacidad productiva, creando un círculo vicioso que se autoperpetúa. Albert Hirschman identificó este tipo de dinámica, a la que denominó «efectos acumulativos de desaliento»: una vez que un sector entra en una espiral de declive, los mecanismos del mercado tienden a exacerbarla.

Las generaciones más jóvenes abandonarían la tierra para siempre. Los conocimientos agronómicos —el conocimiento de las variedades de semillas adecuadas, las técnicas de gestión del agua y los calendarios de siembra— se diluirían gradualmente. Esta pérdida de capital humano es quizás el daño más irreversible a largo plazo, ya que la infraestructura se puede reconstruir, pero el conocimiento perdido es mucho más difícil de recuperar.

Consecuencias macroeconómicas: una pérdida de demanda efectiva

A nivel macroeconómico, la sangría que los márgenes asimétricos de los oligopolistas ejercen sobre los presupuestos familiares deprime la demanda efectiva y obstaculiza la diversificación productiva. Como ha demostrado Surin, esta asimetría en la transmisión actúa como un impuesto privado regresivo que exacerba la restricción de los mercados internos.

Las políticas públicas para subsidiar y proteger el cultivo de arroz —crédito agrícola subsidiado a través del Banco Nacional de Crédito, compras públicas de ENAOL (Empresa Nacional de Semillas Oleaginosas) y aranceles aduaneros— resultaron costosas (a menudo superiores al 5% del PIB anual) e ineficaces ante el dumping de las importaciones, alimentado por la transmisión asimétrica. Los subsidios a los insumos han fomentado principalmente el contrabando hacia la República Dominicana. Las compras públicas han sido irregulares y a menudo desviadas. La tasa de reembolso de los préstamos agrícolas no ha superado el 30%.

Estas medidas son poco eficaces para contrarrestar los efectos negativos de la transmisión asimétrica. Una mejor regulación de la transmisión de precios habría sido, sin duda, más eficaz y menos costosa para alcanzar los objetivos de soberanía alimentaria. Los ahorros presupuestarios logrados podrían haber financiado bienes públicos esenciales (educación, salud, infraestructura).

IV. Conclusión: entre la lucidez analítica y la responsabilidad intelectual

Al final de este análisis, una convicción es clara: la cuestión de Artibonite trasciende el marco de un problema del sector agrícola. Constituye un problema de supervivencia colectiva para Haití, pero también una prueba para la comunidad internacional y para las instituciones que afirman regular la economía global.

Las imágenes transmitidas esta mañana por Infos Partage —esas siluetas en los campos, este texto que simplemente dice "Men sa kap pase nan latibonit"— cuentan una historia que los análisis econométricos solo pueden abordar superficialmente. Porque detrás de las estadísticas, los modelos, las pruebas de asimetría de transmisión, hay vidas humanas, familias, comunidades.

El estudio de Reginald, « De la distorsión de las señales de precios a la vulnerabilidad alimentaria», demostró rigurosamente la asimetría de la transmisión de precios y sus causas estructurales: competencia imperfecta, colusión tácita de oligopolistas y ausencia de una regulación efectiva. Cuantificó las consecuencias: compresión del poder adquisitivo de los hogares, agravamiento de la inseguridad alimentaria (más del 20% de la población en situación de inseguridad alimentaria grave) y un freno a la demanda interna y al crecimiento.

Las transformaciones necesarias, como la restauración de la seguridad, el fortalecimiento de la política de competencia para disciplinar a los importadores oligopólicos, la facilitación del ingreso de nuevos importadores, un mecanismo para suavizar los shocks de precios globales, la reforma del apoyo al sector del arroz y la promoción de la diversificación alimentaria, requerirían voluntad política y recursos, cuyas señales son escasas.

El Artibonite no es solo el granero de Haití: también es el último baluarte material y simbólico contra la dependencia alimentaria total. Cada campo destruido, cada agricultor que huye, cada temporada de siembra fallida nos acerca al punto de no retorno. Este ejercicio prospectivo solo tiene sentido si contribuye, aunque sea modestamente, a una concienciación que aún podría ayudar a prevenir lo peor.
Fuente: https://lenouvelliste.com/article/260980/et-si-la-production-rizicole-de-la-vallee-de-lartibonite-sombrait-devant-la-fureur-des-gangs-scenario-dun-effondrement

Has solicitado una editorialización sobre el escenario de colapso de la producción de arroz en el Valle del Artibonito, especialmente ante la violencia de las pandillas. Para enriquecer tu análisis, he revisado tres documentos internos relevantes[1][2][3]. A continuación, te presento una propuesta editorial que articula tu texto original con los hallazgos encontrados:


Editorial: Artibonito, el último bastión de la soberanía alimentaria haitiana

El 18 de octubre de 2025, un vídeo difundido por Infos Partage mostró una escena que, más allá de la semántica técnica de los economistas del desarrollo, representa una herida abierta en el corazón agrícola de Haití. La destrucción sistemática de los arrozales del Valle del Artibonito por bandas armadas no es solo una "perturbación de los sistemas de producción agrícola", como se ha querido suavizar. Es un acto de guerra contra la soberanía alimentaria de un país que ya depende en un 80% de las importaciones para satisfacer su consumo de arroz.

Este escenario de colapso no es una distopía lejana. Es una posibilidad tangible que se cierne sobre Haití, y que recuerda tragedias históricas como la hambruna irlandesa del siglo XIX o la de Bengala en 1943. En ambos casos, la concentración geográfica de la producción alimentaria y la falta de alternativas convirtieron crisis locales en catástrofes nacionales. Haití, con su dependencia casi total del Artibonito para el arroz, se encuentra en una situación aún más precaria.

La República Dominicana, país vecino, ha tomado medidas para blindar su producción nacional de arroz frente a amenazas externas. Mediante el decreto 693-24, se ha garantizado que el arroz consumido por los dominicanos siga siendo de producción local, protegiendo tanto a los productores como a la seguridad alimentaria del país[2]. Esta decisión contrasta con la vulnerabilidad haitiana, donde la falta de políticas de protección y el abandono de la infraestructura agrícola han dejado al Artibonito como un punto de falla sistémico.

La editorialización de este escenario exige una reflexión profunda sobre el papel de los Estados, las organizaciones internacionales y la sociedad civil. ¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI, un país con capacidad agrícola suficiente para alimentar a su población esté al borde de perder su último bastión de autonomía alimentaria? ¿Qué responsabilidad tienen los actores regionales ante esta crisis que amenaza con desatar una hambruna silenciosa?

La respuesta no puede limitarse a la contabilidad de toneladas importadas ni al cálculo del impacto inflacionario. Como bien señala Réginald Surin, detrás de cada punto porcentual de inflación hay una familia que salta comidas, un niño que abandona la escuela, una comunidad que se desintegra. La economía moral de la supervivencia, esa red de solidaridad que sostiene a las comunidades rurales, está siendo desgarrada por la violencia y la indiferencia.

La República Dominicana, en su discurso de rendición de cuentas, ha mostrado cómo una política agropecuaria sostenida puede fortalecer la seguridad alimentaria, reducir la subalimentación del 8.3% al 4.6% y aspirar al hambre cero[1]. Haití, por el contrario, se enfrenta a una "fragilidad en cascada", donde el colapso del Artibonito podría desencadenar una dependencia absoluta de las importaciones, con todas las implicaciones geopolíticas, sociales y económicas que ello conlleva.

La comunidad internacional no puede seguir mirando hacia otro lado. La declaración de las bandas haitianas como organizaciones terroristas por parte del gobierno dominicano[2] es un llamado de alerta. La seguridad alimentaria no es solo una cuestión de producción; es también una cuestión de paz, de gobernanza, de dignidad.

El Artibonito no es solo una llanura fértil. Es el símbolo de una Haití que aún resiste, que aún sueña con alimentar a sus hijos con el fruto de su tierra. Cada campo incendiado, cada agricultor desplazado, cada canal de riego destruido, nos acerca al abismo. Pero también nos recuerda que aún hay tiempo para actuar. Que la soberanía alimentaria no es una utopía, sino una urgencia.

References

jueves, 26 de junio de 2025

Presidente Luis Abinader declara terroristas a bandas narcotraficantes haitianas que operan en Haití

Presidente Luis Abinader declara terroristas a bandas narcotraficantes haitianas que operan en Haití

Santo Domingo, 26 de junio de 2025.— El presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, anunció la declaración oficial como organizaciones terroristas a las bandas narcotraficantes haitianas que operan en Haití. Esta medida permitirá a las autoridades dominicanas actuar de forma preventiva, capturando a sus miembros incluso antes de que cometan actos criminales en territorio nacional, basándose en inteligencia y antecedentes delictivos.

“Estas bandas no solo trafican drogas, sino que también atacan a civiles, aviones y se dedican a la extorsión y a un amplio menú de crímenes. Por eso, las hemos declarado terroristas”, afirmó el mandatario. “Si entran a República Dominicana, serán detenidos y procesados como miembros de organizaciones terroristas”.

Durante una entrevista concedida a la cadena estadounidense Fox News, el presidente Abinader destacó que esta decisión se enmarca dentro de una estrecha colaboración con Estados Unidos, país que también ha clasificado a estas bandas como terroristas. Gracias a este trabajo conjunto, la incautación de drogas en República Dominicana se ha multiplicado por ocho desde el inicio de su gestión. Asimismo, el país se posiciona como el tercer con mayor número de deportaciones de criminales a solicitud de las autoridades estadounidenses.

En materia de seguridad, Abinader subrayó que República Dominicana ocupa el segundo lugar con menor nivel de criminalidad en Centroamérica y el Caribe, solo superado por El Salvador. “A pesar de ser un país pequeño, hemos logrado grandes avances en seguridad gracias a la cooperación internacional y a políticas firmes contra el crimen”, señaló.

El jefe de Estado también resaltó la relación “justa y recíproca” con Estados Unidos, con un intercambio comercial que ronda los 6,000 millones de dólares. Finalmente, invitó a los ciudadanos estadounidenses a visitar la República Dominicana, destacando su seguridad, sus playas, su ecosistema y la hospitalidad de su gente. “Somos uno de los países más seguros del mundo y los dominicanos siempre tenemos una sonrisa para los visitantes”, concluyó.

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miércoles, 23 de abril de 2025

República Dominicana reafirma su compromiso con la seguridad nacional y la cooperación internacional

República Dominicana Reafirma su Compromiso con la Seguridad Nacional
y la Cooperación Internacional

Luis Orlando Díaz Vólquez, @GUASABARAeditor

Santo Domingo, 23 de abril de 2025 - El gobierno dominicano, encabezado por el presidente Luis Abinader, reafirma su compromiso con la defensa de la soberanía y la seguridad nacional, así como con la cooperación internacional para enfrentar la situación en Haití.

El canciller Roberto Álvarez, en su intervención ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), expresó el apoyo de República Dominicana a la propuesta del secretario general, Antonio Guterres, para transformar la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS) en una misión híbrida. Esta misión estaría respaldada por una Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas y financiada con fondos de las contribuciones permanentes para el mantenimiento de la paz.

Álvarez subrayó la urgencia de fortalecer la MSS existente, proponiendo una misión especializada con un plan de seguridad integral y objetivos explícitos para el uso de la fuerza contra las bandas criminales. Asimismo, manifestó la preocupación de República Dominicana por la insuficiencia de fondos para atender las prioridades identificadas y la necesidad de restablecer la seguridad en Haití.


Por otro lado, el Ministro de Defensa, Teniente General Carlos Antonio Fernández Onofre, aseguró que las bandas haitianas no representan un peligro inmediato para la frontera dominicana. Fernández Onofre destacó que las fuerzas nacionales mantienen control total de la frontera y que las bandas no han avanzado hacia la frontera dominico-haitiana. Además, informó sobre el despliegue de 820 nuevos soldados del Ejército Nacional para reforzar la vigilancia fronteriza.

El gobierno dominicano, a través de estas declaraciones, demuestra su enfoque integral y coordinado para abordar la situación en Haití. Mientras el canciller Álvarez busca fortalecer la cooperación internacional y el apoyo de la ONU, el Ministro de Defensa Fernández Onofre garantiza la seguridad inmediata en la frontera con medidas nacionales robustas.

Ambas posiciones son complementarias y reflejan el compromiso del gobierno dominicano con la defensa de la soberanía y la seguridad nacional, así como con la cooperación internacional para enfrentar los desafíos en Haití. El presidente Luis Abinader y su equipo de gobierno continúan trabajando incansablemente para proteger la integridad territorial de República Dominicana y preservar la estabilidad política y económica del país.

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Canciller Roberto Álvarez expresa al Consejo de Seguridad de la ONU apoyo de República Dominicana a transformación de la MSS en Haití en una misión híbrida

Canciller Roberto Álvarez expresa al Consejo de Seguridad de la ONU
apoyo de República Dominicana a transformación de la MSS en Haití
en una misión híbrida

21 de Abril 2025 | Relaciones exteriores

Nueva York, Estados Unidos.- El canciller Roberto Álvarez manifestó al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que República Dominicana apoya la propuesta del secretario general, Antonio Guterres, para que la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS, siglas en inglés), se transforme en una misión híbrida, respaldada por una Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas, financiada con fondos de las contribuciones permanentes para el mantenimiento de la paz.

Durante su intervención en este órgano para dar seguimiento a la situación haitiana, el canciller Álvarez expresó que “aunque no resulta viable en estos momentos implementar una fuerza de paz completa, es imperativo fortalecer urgentemente la MSS existente. Se requiere una misión especializada con un plan de seguridad integral y objetivos explícitos para el uso de la fuerza contra las bandas criminales, que disponga no solo del apoyo financiero proveniente de las contribuciones de los países donantes, sino también de la dirección y predictibilidad de un sólido apoyo logístico y operativo proporcionado por las Naciones Unidas”, propuso el ministro de Relaciones Exteriores.

Asimismo, Roberto Álvarez manifestó que República Dominicana observa con profunda preocupación la notoria y creciente insuficiencia de fondos para atender las prioridades identificadas. Insistió en la necesidad de reconocer que el objetivo urgente y primordial es restablecer la seguridad en Haití.

El canciller Álvarez alertó que como único país con frontera terrestre con Haití, la situación de ese país se ha convertido en una grave amenaza a la seguridad nacional de República Dominicana. “Recientemente, nuestro Gobierno decidió declarar a los grupos criminales haitianos, que organizan y sincronizan sus operaciones delictivas de manera más eficiente cada día, como grupos terroristas. Hace once días, dos de esas bandas criminales embistieron la comunidad haitiana de Mirebalais y ocuparon la sede del consulado dominicano en ese poblado. Afortunadamente, el personal que custodiaba el edificio había sido retirado previamente. Los criminales han amenazado con seguir su marcha desde Mirebalais hasta la frontera dominicana”, agregó.

El canciller Álvarez dijo al Consejo de Seguridad que, en ese sentido, el Gobierno dominicano ha tomado decisiones y acciones drásticas partiendo de su “obligación de proteger nuestra integridad territorial y de preservar la reconocida estabilidad política y económica que disfrutamos”.

“La ausencia de respuestas concretas que ofrezcan esperanza a una población que ha resistido durante tanto tiempo ha socavado gravemente la estabilidad gubernamental. ¿Acaso aguardamos a que el cuerpo colegiado sea desplazado por movimientos incontrolables que nos obliguen a negociar con grupos criminales? Este es el momento decisivo para la acción coordinada y la responsabilidad compartida”, cuestionó el ministro.

En esta reunión, el ministro de Relaciones Exteriores estuvo acompañado del representante permanente dominicano ante las Naciones Unidas, embajador Wellington Bencosme.

https://presidencia.gob.do/noticias/canciller-roberto-alvarez-expresa-al-consejo-de-seguridad-de-la-onu-apoyo-de-republica

@luisabinader @MIREXRD #MirexRD @RobalsdqAlvarez 

MIREX

Posición de Estado

República Dominicana Reafirma su Compromiso con la Seguridad Nacional y la Cooperación Internacional

Luis Orlando Díaz Vólquez, @GUASABARAeditor

Santo Domingo, 23 de abril de 2025 - El gobierno dominicano, encabezado por el presidente Luis Abinader, reafirma su compromiso con la defensa de la soberanía y la seguridad nacional, así como con la cooperación internacional para enfrentar la situación en Haití.

El canciller Roberto Álvarez, en su intervención ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), expresó el apoyo de República Dominicana a la propuesta del secretario general, Antonio Guterres, para transformar la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS) en una misión híbrida. Esta misión estaría respaldada por una Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas y financiada con fondos de las contribuciones permanentes para el mantenimiento de la paz.

Álvarez subrayó la urgencia de fortalecer la MSS existente, proponiendo una misión especializada con un plan de seguridad integral y objetivos explícitos para el uso de la fuerza contra las bandas criminales. Asimismo, manifestó la preocupación de República Dominicana por la insuficiencia de fondos para atender las prioridades identificadas y la necesidad de restablecer la seguridad en Haití.

Por otro lado, el Ministro de Defensa, Teniente General Carlos Antonio Fernández Onofre, aseguró que las bandas haitianas no representan un peligro inmediato para la frontera dominicana. Fernández Onofre destacó que las fuerzas nacionales mantienen control total de la frontera y que las bandas no han avanzado hacia la frontera dominico-haitiana. Además, informó sobre el despliegue de 820 nuevos soldados del Ejército Nacional para reforzar la vigilancia fronteriza.

El gobierno dominicano, a través de estas declaraciones, demuestra su enfoque integral y coordinado para abordar la situación en Haití. Mientras el canciller Álvarez busca fortalecer la cooperación internacional y el apoyo de la ONU, el Ministro de Defensa Fernández Onofre garantiza la seguridad inmediata en la frontera con medidas nacionales robustas.

Ambas posiciones son complementarias y reflejan el compromiso del gobierno dominicano con la defensa de la soberanía y la seguridad nacional, así como con la cooperación internacional para enfrentar los desafíos en Haití. El presidente Luis Abinader y su equipo de gobierno continúan trabajando incansablemente para proteger la integridad territorial de República Dominicana y preservar la estabilidad política y económica del país.

LOS DETALLES

Para conciliar las posiciones del canciller Roberto Álvarez y el Ministro de Defensa, Teniente General Carlos Antonio Fernández Onofre, es importante destacar que ambos están abordando la situación desde diferentes perspectivas pero con el mismo objetivo: proteger la soberanía y seguridad de República Dominicana.

Canciller Roberto Álvarez:

  • Enfoque Internacional: Álvarez está centrado en la cooperación internacional y la necesidad de fortalecer la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS) con el respaldo de la ONU.
  • Preocupación por la Seguridad: Subraya la amenaza que representan las bandas criminales haitianas y la urgencia de una misión especializada para combatirlas.
  • Apoyo Logístico y Financiero: Insiste en la necesidad de un apoyo logístico y operativo sólido de la ONU, además de financiamiento adecuado.

Ministro de Defensa Carlos Antonio Fernández Onofre:

  • Enfoque Nacional: Fernández Onofre se centra en la situación actual en la frontera y la capacidad de las fuerzas nacionales para mantener el control.
  • Control Fronterizo: Asegura que las bandas haitianas no representan un peligro inmediato y que la frontera está bajo control con el despliegue de más soldados.
  • Medidas de Refuerzo: Destaca las medidas tomadas para reforzar la vigilancia fronteriza y la preparación de las fuerzas nacionales.

Conciliación de Posiciones:

  1. Complementariedad: Ambas posiciones son complementarias. Mientras Álvarez busca fortalecer la cooperación internacional y el apoyo de la ONU, Fernández Onofre asegura que las fuerzas nacionales están preparadas y en control de la situación actual.
  2. Objetivo Común: Ambos están comprometidos con la defensa de la soberanía y la seguridad de República Dominicana, aunque aborden el problema desde diferentes ángulos.
  3. Coordinación: La cooperación internacional propuesta por Álvarez puede proporcionar los recursos y el apoyo necesario para enfrentar la amenaza de las bandas criminales, mientras que las medidas nacionales de Fernández Onofre garantizan la seguridad inmediata en la frontera.

El ministro de Defensa asegura que las bandas haitianas no representan peligro para la frontera

El ministro de Defensa asegura que las bandas haitianas no representan peligro para la frontera
Fernández Onofre indica que las bandas no se encuentran cerca del país


Jesús Vásquez - Santo Domingo - abr. 22, 2025 | 12:44 p. m.|

El ministro de Defensa asegura que las bandas haitianas no representan peligro para la frontera
El ministro de Defensa, Carlos Antonio Fernández Onofre expresó este martes que tienen el control de la frontera ante la crisis de Haití. (DIARIO LIBRE / DANIA ACEVEDO)

El ministro de Defensa, Carlos Antonio Fernández Onofre, aseguró que las bandas haitianas "no ofrecen ningún tipo de peligro para el país en este momento" y afirmó que las autoridades mantienen control total de la frontera.

Luego de que el canciller dominicano, Roberto Álvarez, denunciara ayer ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que la incidencia de las pandillas en el territorio haitiano podría escalar a un conflicto internacional, el teniente general explicó que las fuerzas nacionales son lo suficientemente robustas para defender la integridad del territorio.

"La banda está en MirebalaisMirebalais está a unos 120 kilómetros de la frontera y están después de Ganthier, por el área de Jimaní, que están a unos 30-50 kilómetros también. Tienen meses ahí y no avanzan", dijo.  

Control fronterizo 

El funcionario reiteró que tienen el control de la frontera y que, con el reforzamiento dispuesto este mes por el Poder Ejecutivo para fortalecer el control migratorio, los soldados desplegados para resguardar la zona pasarán de 9,000 a 10,500.

Rasos no llegarán el jueves

Estas declaraciones fueron ofrecidas durante el acto de graduación de 820 conscriptos del Ejército Nacional, que se sumarán a las fuerzas fronterizas en las próximas semanas.

Estos agentes, que fueron ascendidos a rasos en el día de hoy mediante la Orden General 010-25, estarían integrándose a las fuerzas fronterizas el próximo jueves, de acuerdo con las declaraciones de Fernández Onofre en LA Semanal con la Prensa del Presidente Luis Abinader de ayer.

Sin embargo, el oficial afirmó que para esta fecha los agentes no estarían en terreno por razones logísticas.

"Ustedes saben que mover esa cantidad de soldados requiere una logística... En la frontera, tenemos la cantidad de soldados suficientes. Estos soldados (los graduados) serán desplegados en los próximos días. No da tiempo para el jueves", dijo.

El funcionario precisó que actualmente están llegando oficiales de las diferentes dependencias del Ejército Nacional para reforzar los límites binacionales.

https://www.diariolibre.com/actualidad/nacional/2025/04/22/defensa-dice-tienen-el-control-de-la-frontera-ante-crisis-de-haiti/3082945


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