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Políticos se anclan a redes y aplican campaña continua
Anyelo Mercedes septiembre 27, 2024 00:02 |
SANTO DOMINGO.-Aún faltan cuatro años para las elecciones, pero desde ya muchos potenciales candidatos se exhiben a través de sus canales digitales, mostrándose humanos, cercanos, sonrientes y dispuestos.
Ya sea conversando con personas humildes o en una actividad oficial en la que es captado “accidentalmente”, los políticos se están dejando ayudar por manos jóvenes en procura de conectar con su audiencia y acrecentarla.
Entre los oficialistas se percibe la competencia por heredar la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Moderno con miras al 2028.
Una mirada rápida por la cuenta de Instagram del director general de Aduanas, Eduardo Sans Lovatón, le presenta como el perfecto político equilibrado.
Yayo, como le llaman, se deja fotografiar por su equipo de trabajo en poses naturales, publica porciones de los discursos que pronuncia y se esfuerza por resaltar la figura del presidente de la República.
En iguales términos se encuentra el ministro de Turismo, David Collado. Siempre sonriente, caminando con estilo o lanzando una pelota de baloncesto. Se hizo viral recientemente una fotografía en la que come un crepé doble de nutella mientras se encontraba en París.
En iguales términos se encuentra Carolina Mejía, la alcaldesa del Distrito Nacional.
Además de conjugar su rol público con el privado, Mejía hace demostraciones de sus capacidades. Una de sus últimas publicaciones, en la que hablaba en inglés durante una actividad que lo demandaba, había logrado poco más de 4,000 me gusta en menos de 24 horas y cientos de comentarios de aprobación.
Nada es fortuito
Pero nada de esto es fortuito. Responde a una planificación de trabajo amparada en un concepto que los politólogos denominan campaña política continua y que es definida por el estratega político Raniero Cassoni como una carrera de resistencia.
“Hay una campaña política que es continua. Es decir, toda comunicación es política, y más que el que hace política, el que está en los partidos políticos, el que busca justamente promoverse para aspirar, tiene que permanecer actualmente en una campaña continua”, dijo.
Entre opositores
Entre los de oposición, Omar Fernández se ha ganado desde sus redes sociales un respaldo que incluso, al mismo oficialismo se le dificultó contrarrestar en campaña electoral.
Al igual que los antes citados, parece tener un equipo que le ayuda a captar sus mejores momentos, a crear contenido interactivo y a saber desaparecer por días del escenario, algo que Cassoni considera necesario, administrar el silencio.
Esta tendencia se está dejando sentir y ha sido asumida incluso por políticos de larga trayectoria como es el caso del senador de San Juan, Félix Bautista.
Se hace grabar diciendo que va a pintar casitas sin importar el partido al que pertenezcan sus propietarios, saluda la gente, les pregunta si hacen ejercicio, etc.
No siempre será una carrera de resistencia, según Cassoni, en etapa electoral esta se convierte en una competencia de cien metros planos, lo que terminará por incrementar la presencia política en los medios digitales.
La gente sabe que la crisis no está para hazañas y quiere ver a un presidente haciendo lo posible, mejor que prometiendo lo improbable
En tres meses y algo el presidente Abinader cumplirá la primera mitad de su gestión. A esa altura la población presume que el Gobierno tiene total dominio de sus funciones. A partir de agosto las exigencias serán más crudas y los errores menos aceptables. La oposición embestirá. Lo hará con fuerza y con ganas. En sus acometidas será inclemente, más después de que el mandatario anuncie su repostulación.
Estos meses serán críticos para planear la segunda mitad del gobierno. El presidente precisa de mayor concentración, suficiente para eludir las provocaciones del juego político. Debe gobernar como si no hubiera oportunidad para un segundo mandato, desechando distracciones y destemplanzas.
Lo primero que debe hacer es evaluar sus primeros dos años y, en esa ocupación, consultar la opinión de “gente de afuera”. Debe aceptar las críticas sin más reacción que el silencio. En ese sentido, creo que el Gobierno ha tenido sus aprietos para lograr una comunicación asertiva y perfilar una personalidad orgánica.
Con respecto a la comunicación, creo que el presidente debe hablar menos. Abinader evidencia estrés reactivo. Habla a través de Twitter, en los pasillos, en los actos ceremoniales, en las alocuciones nacionales, en las reuniones de consejos, en las inauguraciones privadas. Hablar no siempre sugiere cercanía; hay lenguajes simbólicos de mayor potencia. La hiperactividad ejecutiva del presidente lo constriñe a adelantar intenciones o proyectos no madurados. Es el momento de escuchar y responder con ejecutorias, no con más anuncios.
El primer mandatario debe guardar reserva tanto de su imagen como de su palabra. La excesiva exposición desgasta y en cada intervención asume el riesgo, no siempre calculado, de una declaración desacertada. Temas de políticas institucionales deben ser tratados por los funcionarios concernidos, así como la crítica de relevancia debe ser respondida por el vocero del Gobierno. Las reacciones a una declaración son dirigidas a quien la produce. El presidente debe ahorrase esa distracción, sobre todo cuando las apelaciones se hacen con intenciones políticas. La oposición lo empezará a provocar sistemáticamente.
Por igual, estimo que el modelo discursivo debe ser revisado. Se advierte cierta inconsistencia entre el cuadro de crisis que le ha tocado gerenciar y las grandilocuentes expectativas que ordinariamente alientan sus discursos. Es preciso atenuar esa oratoria excitada. Y no hablo de abandonar el optimismo. Es que cuando no hay correspondencia entre la realidad concreta y su traducción retórica el mensaje resulta inverosímil; se percibe demagógico. El uso de construcciones hiperbólicas como “trasformar al país”, “revolucionar la nación”, “cambiar la historia”, y otras no menos quiméricas, reflejan un dudoso realismo que, lejos de crear confianza, genera recelos. Cuanto más objetivo y determinado, el mensaje será más creíble. La gente sabe que la crisis no está para hazañas y quiere ver a un presidente haciendo lo posible, mejor que prometiendo lo improbable. Le basta con que las cosas funcionen o mejoren las atenciones básicas. Me agrada ver al presidente sin teleprónter; se siente más cálido, cercano, falible y humano.
El otro punto es el de la personalidad del Gobierno, un concepto todavía en construcción. La Administración del PRM no se percibe como un cuerpo homogéneo, armónico ni compacto. Los funcionarios manejan tiempos distintos. Esa asincronía confunde y dispersa. Tampoco se advierte una estrategia comunicacional que le dé coordinación matriz al discurso y las visiones de las distintas unidades, a pesar de que comparten la misma imagen corporativa.
Las asimetrías entre los distintos ministerios son muy marcadas: funcionarios competentes con burócratas opacos. En su composición, el Gobierno tiene tres matrices: la partidaria, la empresarial y la tecnócrata. Crece la percepción de que la matriz empresarial domina las políticas troncales y los grandes proyectos. De ahí la acusación política de que el Gobierno es de los ricos. Se impone aclarar y enviar mensajes correctos. La presidencia, en ese control, luce absorbente. Asume programas y obras que por su naturaleza debieran ser de la competencia natural de ciertos ministerios; asumirlos en forma de gabinetes alienta la idea de que no hay confianza en la capacidad o responsabilidad de esos ministerios.
Se perciben debilidades en el seguimiento metódico a los proyectos anunciados y pesadez burocrática para que las ejecuciones fluyan. Hay quejas de que se anuncian proyectos no estructurados como para mantener la expectación.
La identidad gubernamental ha estado asociada a la transparencia y la rendición de cuentas. El presidente sometió un paquete legislativo orientado a reforzar ese régimen. Esta reforma es trascendente y debiera ser escudo distintivo de la presente Administración, pero la población no conoce sus bases ni alcances. Un avance institucional de esa dimensión no puede diluirse. Lo deseable fuera que desde este mes se elaborara una campaña de información ciudadana sobre estas iniciativas orgánicas. Lo mismo podría decirse de la reforma del Ministerio Público. El Gobierno no tiene que esperar una modificación constitucional para promoverla. Tampoco debe servirle de excusa. Se pueden hacer cambios importantes dentro de las posibilidades legales adjetivas. Seguir la ruta de la reforma constitucional, en un escenario de posible repostulación, es un ejercicio desgastante. La oposición no consentirá, a menos que se negocien importantes prestaciones políticas.
El Gobierno precisa de un refresh. Está compelido a renovarse. Dos años son suficientes para probar a ciertos funcionarios. La incompetencia de algunos era un hecho conocido aun antes de su nombramiento. El presidente Abinader debe evitar terminar con las mismas caras con las que empezó. Y no es que yo crea que los cambios deban hacerse porque sí. No. Hay ministros estupendos que prestigian al Gobierno y otros afuncionales, que ocupan una posición como compensación a lealtades o contribuciones. El Gobierno y la nación pierden manteniéndolos. Sus sustitutos debieran ser los que desde un principio merecían ser considerados: gente calificada en el área de la competencia ministerial y con visiones modernas.
El presidente debe evitar la tentación de ostentar con la popularidad y de escuchar de sus funcionarios loas triunfalistas. No debe perder la concentración ni la determinación de gobernar sin pensar en la reelección. Desde que le abra las puertas del Palacio a ese espíritu, empezarán a relajarse las cosas en desmedro de la gestión presente, que es la única segura. La aprobación popular es un suelo quebradizo que no soporta sin hundirse muchas pretensiones. En parecido momento Danilo Medina era un ídolo…
Hoy se cumplen dos años del acontecimiento político que conmocionó el país y marcó el rompimiento de un ciclo histórico, en el que tres grandes partidos controlaron alternativamente más de medio siglo la presidencia de República Dominicana.
La República miércoles, 06 de octubre de 2021
Manuel Figueroa
manuel.figueroa@listindiario.com
Santo Domingo, RD
Hoy se cumplen dos años del acontecimiento político que conmocionó el país y marcó el rompimiento de un ciclo histórico, en el que tres grandes partidos controlaron alternativamente más de medio siglo la presidencia de República Dominicana.
El 6 de octubre de 2019 el oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que había gobernado durante 20 años, se dividió en las primarias internas para elegir su candidato presidencial, cuando su presidente Leonel Fernández denunció un fraude en su contra, que atribuyó a su contrincante Gonzalo Castillo quien era impulsado por el presidente Danilo Medina.
El cómputo final de las primarias abiertas celebradas con el padrón de la Junta Central Electoral (JCE) fue de 911,324 votos para el empresario Castillo y 884,630 votos para Fernández.
Fernández, quien había gobernado el país en tres períodos (1996-2000, 2004-2008 y 2008-2012), anunció su renuncia irrevocable del PLD afirmando que el partido fundado en 1973 por Juan Bosch se había convertido en una oligarquía de hierro que no representaba a sus miembros y se comportaba de forma autoritaria. De inmediato anunció la formación del nuevo partido Fuerza del Pueblo, abriendo paso al tripartidismo.
Esta decisión parecía reeditar la renuncia del expresidente Bosch del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), en 1973, para formar el PLD. Sus argumentos se asemejaban a los de Fernández, quien desde 2015 mantenía una actitud crítica a sus compañeros de la cúpula palaciega.
Fernández se reveló cuando le impusieron la reforma a la Constitución desde 2010 para posibilitar la reelección consecutiva del presidente Medina (2012-2016 y 2016-2020), que estaba prohibida.
Fernández radicalizó sus posiciones en 2019 en medio de un extendido rumor de otro intento por reformar la Carta Magna con los mismos fines. También se violentaron acuerdos del Comité Político, incluyendo la alternabilidad en la presidencia de la Cámara de Diputados, cuando los danilistas reeligieron a Radhamés Camacho por encima del leonelista Demóstenes Martínez, a quien correspondía.
Nuevo tablero político La volcánica división del PLD provocó una recomposición de las fuerzas políticas que se preparaban para las elecciones presidenciales, legislativas y municipales del año siguiente, beneficiando con el triunfo al entonces opositor Partido Revolucionario Moderno (PRM), cuyo candidato Luis Abinader prometía un cambio a los dominicanos.
De esta manera se quebró la tradición de tres fuerzas hegemónicas, que imperó desde 1963 al ganar por primera vez el PRD con Bosch como candidato. Esa organización volvió a triunfar en los períodos 1978-1982, 1982-1986 y 2000-2004. También se alejó aún más un eventual regreso del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que con su líder Joaquín Balaguer gobernó durante 22 años no consecutivos (1966-1978, período de “Los 12 Años”), y 1986-1996.
Desde 2020 se inauguró la ascención de un nuevo partido, el PRM, que había sido fundado en 2014 tras la última gran división del PRD. La organización venía de participar en sus primeras elecciones en 2016, donde se posicionó en un sólido segundo lugar al obtener 1,613,222 votos (34.98).
En las elecciones del año pasado no solo triunfó en las municipales, sino en las legislativas y las presidenciales con Abinader otra vez como candidato. Los resultados en la primera vuelta fueron 2,154,876 votos (52.52%), contra 1,537,041 votos (37.46%) de PLD y Gonzalo Castillo.
Vuelve el tripartidismo Este fenómeno también rompe con el tradicional bipartidismo imperante, primero de 1966 hasta 1986 entre el PRSC y el PRD y desde los procesos electorales del 2000-2012, con el PLD y el PRD. Los resultados de las elecciones de 2020 y los procesos políticos desarrollados desde entonces por el PRM, PLD y Fuerza del Pueblo reflejan que estamos en presencia de un tripartidismo, una modalidad que se había presentado de manera fugaz en el sistema electoral dominicano.
Fue precisamente el PLD el catalizador del tripartidismo en los procesos electorales de 1986, tercera mayoría; 1990, segunda; 1994, tercera, y 1996, primera mayoría en segunda vuelda. En cada una compatiendo escenarios con el PRSC y el PRD.
En esta ocasión es el partido morado y de la estrella amarilla que ha abierto este espacio, cuando su líder Danilo Medina está impedido de por vida de postularse a la presidencia y vicepresidencia de la República.
Fuerza del Pueblo y el liderazgo del expresidente Fenández se convirtieron en la tercera mayoría en los comicios de 2020 y proyectan reclutar en su padrón un millón de seguidores al finalizar este mes.
Recuperemos la vieja consigna de año nuevo, vida nueva, con seres humanos renovados. Urge que todo el mundo asimile la lección que nos ha dado la naturaleza con la pandemia del Covid-19.
Toda la humanidad debe ser convocada a una renovación de la esperanza, con firmes propósitos de enmiendas, en la aurora del 2021, después de un año terrible que nos deja sumidos en la peor crisis de salubridad, con repercusiones económicas y sociales que aún no podemos predecir en toda su magnitud, pero que requerirá de varios años de esfuerzos infinitos para alanzar la recuperación.
Las perspectivas lucen más aciagas para países como el nuestro, con marcados atavismos en la salubridad y la asistencia, con una estructura tan desigual y atrapado por el galopante endeudamiento de la última década, en el que se fundó un crecimiento económico con pies de barro. Ya este año, para ofrecer precaria asistencia a cientos de miles de desempleados y amortiguar el galopante empobrecimiento, hubo que incrementar el endeudamiento, y lo mismo se proyecta para el nuevo año, en términos que obligarán a profundas reformas para hacerle frente a partir del 2022. Hay quienes creen que ese nivel de subsidio, ya extendido al primer trimestre, no podrá sostenerse por más tiempo.
Es comprensible y hasta ponderable que las autoridades se hayan empeñado en proyectar optimismo para incentivar la reanudación de actividades económicas y nuevas inversiones que contribuyan a paliar el creciente desempleo. Pero lo que nos espera en los próximos meses es ciertamente una ingente tarea de concertación, con los máximos niveles de austeridad, comenzando por el gasto público, pero también el privado en todas sus dimensiones.
El desafío no es sólo al gobierno central, sino a todas las instituciones del Estado, las autónomas y descentralizadas, donde los gastos de representación, las dietas, los altos salarios y compensaciones alcanzan a menudo niveles de privilegios irritantes. Incluye también a los demás poderes del Estado, especialmente al Legislativo, donde se impone la supresión de barrilitos y cofrecitos clientelistas y de ventajismo político.
Los dominicanos y dominicanas podemos superarnos, y de hecho en el año que concluye, por encima de la pandemia que nos asola, la sociedad recogió energías suficientes para lograr lo que para muchos parecía imposible, imponer un proceso electoral donde prevaleciera la voluntad popular por encima de la inmensa maquinaria de poder que se había impuesto avasallando las instituciones y reduciendo la calidad de la democracia.
Al pasar balance no podemos olvidar que una gran proporción de la ciudadanía se movilizó clamando por poner límites a la corrupción y a la impunidad que le ha sido consustancial en dimensiones vergonzantes mostradas en todas las evaluaciones internacionales. A la sociedad dominicana se le arrebató inmensas partidas del erario que debieron contribuir a superar pobreza y generar riqueza colectiva.
El año termina con una renovación de la esperanza de que es posible un Estado mejor organizado, más transparente y con instituciones que operen por encima de los intereses políticos grupales y de las minorías privilegiadas, para beneficio de toda la sociedad.
Pero todos debemos ser conscientes de que la cultura política de la apropiación de lo público está muy arraigada, que tiene incentivos de sectores políticos y privados, y en cualquier momento reaparecerá. Por esa razón hay que seguir avivando la llama de las transformaciones, y mantener la cuerda tensa en defensa de un Ministerio Público independiente y de un sistema judicial que requiere transformaciones. Lo primero a vencer es la impunidad, si queremos poner límites a la corrupción, más difícil de eliminar por completo.
Recuperemos la vieja consigna de año nuevo, vida nueva, con seres humanos renovados. Urge que todo el mundo asimile la lección que nos ha dado la naturaleza con la pandemia del Covid 19, y se fortalezcan los programas de preservación del medio ambiente y se combata con eficacia y determinación las grandes fuentes de contaminación.
Será preciso también que aparezcan nuevos liderazgos internacionales en defensa del planeta y se reactiven las confrontaciones ideológicas, y no las de las armas ni el terror, para generar chispazos que permitan reducir la extrema concentración de la riqueza que amenaza la convivencia humana. Es tarea es más perentoria a la luz de las repercusiones que nos deja la pandemia cuando apenas asoma una esperanza de contención.-
El Ministerio Público se ha bautizado con un expediente de corrupción bastante sustanciado contra diez personas, a las cuales se les debe respetar la presunción de inocencia, pero sin el apañamiento de que se trata de circo o retaliación política, como se aduce siempre fomentando la depredación y la impunidad durante décadas
El Día Internacional contra la Corrupción nos encontró ayer en el mejor momento en décadas de requerimientos sociales y esfuerzos para poner límites a la depredación y la apropiación del patrimonio público que han generado infinidad de riquezas en detrimento de la sociedad, especialmente de los más pobres y excluidos que requieren mucha inversión para mejorar sus condiciones de vida.
El mérito no es sólo del gobierno que nos rige desde agosto, y de los fiscales que responden a la independencia que se les ha reiterado para sancionar todo abuso de los bienes comunes, sin miramientos políticos o sociales, sino especialmente de la ciudadanía que en los últimos años dio contundentes demostraciones de su hastío e indignación no sólo por la rampante corrupción y por la impunidad que la fomenta.
Durante casi dos décadas la celebración estuvo relegada a las organizaciones sociales, especialmente Participación Ciudadana (PC) que, desde la proclamación de la efeméride mundial, declaró como su prioridad la lucha contra la corrupción y la impunidad e instituyó un reconocimiento anual a las personalidades empeñadas en esa trascendente tarea. Pero anoche secelebró con un acto en el Palacio Nacional en el cual el Gobierno del presidente Luis Abinader reafirmó su compromiso con la coherencia, la transparencia y el fortalecimiento de los mecanismos institucionales para devolver la confianza de la ciudadanía en las instituciones públicas.
Fue el 31 de octubre de 2003 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante su Resolución 58/4 decidió que “a fin de aumentar la sensibilización respecto de la corrupción, así como del papel que puede desempeñar la Convención para combatirla y prevenirla, se proclame el 9 de diciembre Día Internacional contra la Corrupción".
A propósito de la conmemoración de ayer, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, proclamó que “La corrupción es criminal e inmoral, y representa la máxima traición a la confianza pública. Es aún más perjudicial en tiempos de crisis, como está ocurriendo ahora en el mundo con la pandemia por el COVID-19. La respuesta al virus está creando nuevas oportunidades para explotar la supervisión débil y la transparencia inadecuada, desviando recursos que debían estar destinados a personas que se encuentran en su momento de mayor necesidad.”. Así ocurrió en el país, cuando a nombre del combate a la pandemia se produjeron graves escándalos de corrupción.
El presidente Abinader ha sido coherente con sus planteamientos programáticos, designando personalidades independientes y de méritos acumulados como Miriam German Brito y Yenise Berenice Reynoso al frente de la Procuraduría General de la República, y de Carlos Pimentel para asumir la Dirección General de Contrataciones Públicas, una de las fuentes fundamentales del tráfico de influencia y la corrupción. Y además encargó la Dirección de Etica y Transparencia del Estado a dos símbolos de la honestidad y la lucha por el fortalecimiento institucional, como son la doctora Milagros Ortiz Bosch y el exsacerdote Mario Serrano.
El Ministerio Público se ha bautizado con un expediente de corrupción bastante sustanciado contra diez personas, a las cuales se les debe respetar la presunción de inocencia, pero sin el apañamiento de que se trata de circo o retaliación política, como se aduce siempre fomentando la depredación y la impunidad durante décadas, pese a cientos de denuncias fundamentadas, como ha documentado PC en dos investigaciones.
Estamos sólo en el comienzo, porque todos sabemos que hay escándalos mayores bajo investigación y la sociedad no estará satisfecha hasta que las sanciones no sean excepción, casi siempre con pequeños. Es notable que los actuales gestores públicos están empeñados en cumplir la debida transparencia, pero nadie debe bajar la guardia porque hay una cultura política bastante generalizada de aprovechamiento político y personal de los bienes públicos, y es posible quealgunos estén esperando que baje la marea para aprovechar “su oportunidad”.
Afortunadamente, el Presidente de la República parece el más consciente de que la barrida electoral de su partido fue consecuencia de la consciencia ciudadana sobre el inconmensurable costo económico, social e institucional de la corrupción que nos ahogaba. Luis Abinader está empeñado en iniciar una nueva historia en la gestión gubernamental, con el aliento de la Marcha Verde, de las ocupaciones de las plazas públicas aquí y por la diáspora dominicana, y de la larga lucha de instituciones sociales, personalidades y comunicadores. ¡Todos los días contra la corrupción!.-
Operación Pulpo, Intelectuales al servicio exterior y gobierno
Si la estrategia de Abinader encuentra su aplicación correcta, el PLD no volverá al poder en mayo de 2024, pero un aliado coyuntural del gobierno actual como lo es Leonel Fernández podría recoger los harapos de ese partido y unificar sus fuerzas en desbandada y ávidas de venganza en contra del PRM, ya sea con la unidad dentro de la propia Fuerza del Pueblo, ya sea con la fusión de ambas fuerzas soldadas en lo que fue el PLD.
§ 1. Al reseñar el acontecimiento histórico de las elecciones de junio pasado y sus vicisitudes políticas, escribí para la revista Cuadernos de Poética34 (2020: 4-5), cuatro observaciones con las siguientes palabras: “Los retos del nuevo gobierno son inmensos y las expectativas que el candidato del Partido Revolucionario Moderno generó al electorado, son exorbitantes y los medios económicos al alcance de la nueva gestión, muy magros a causa de un acontecimiento sanitario, la pandemia del covid-19, pandemia para la que los gobiernos del mundo no estuvieron preparados ni a la altura de las circunstancias, toda vez que la generación que gobierna al mundo después de la caída del muro de Berlín se acogió, sin crítica, al liberalismo salvaje y a la cultura light que ha gobernado el planeta hasta el día de hoy.
Excluyo a los gobiernos de Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), porque los tres, liberales, tuvieron la virtud de respetar las libertades públicas, pero la respetaron tanto que al final les perjudicó, pues los adversarios abusaron de este derecho, lo que obligó a estos tres gobernantes a mostrar, al inicio del tercer año de mandado, el rostro duro de la tentación autoritaria o la figura aviesa del continuismo.
El presidente Luis Abinader
Es una imagen que ronda a los gobiernos del antiguo PRD, el cual tiene hoy su continuidad como PRM, que ninguno de sus presidentes haya podido reelegirse y tan pronto han conquistado el poder, sus errores han llevado a sus opositores a la primera magistratura del Estado.
Si Luis Abinader rompe el ciclo de esta repetición sicopolítica, no deberán asomársele al inicio de su tercer año de mandato las dos caras de Jano: la soberbia y el autoritarismo.”
Entra aquí, dentro de una estrategia política de simple cálculo, la conciencia de que este gobierno de Abinader, dado los efectos desastrosos de la pandemia, está obligado a administrar la crisis que se nos ha encimado y que los márgenes de maniobra, como los tuvieron Leonel Fernández y Danilo Medina al final de sus mandatos, son escasos, razón por la que al final del primer gobierno del PRM no habrá grandes éxitos que exhibir, sino quizá el haber logrado mantener la estabilidad económica, la paz social y haber iniciado el proceso de independencia de la justicia en un Estado clientelista, patrimonialista y autoritario, centralizado administrativamente desde que Pedro Santana lo modeló a su imagen y semejanza en 1844.
§ 2. Pero la fortuna de la que habla Maquiavelo quizá sonría a Abinader en 2023. De nuevo entra aquí el cálculo político si la estrategia y las tácticas se aplican sin tropiezos y sobresaltos y sin brotes de violencia social. Y entra dentro de este cálculo el cumplimiento efectivo de la independencia del Ministerio Público proclamada por Abinader desde el mismo 16 de agosto, día de su juramentación, al designar al frente de la Procuraduría General de la República a Miriam Germán con el objetivo de que investigara y sometiera a la justicia a quienes resultaren implicados en los casos de corrupción e impunidad tanto en el gobierno saliente de Danilo Medina como en el de Leonel Fernández y quizá más hacia atrás. Fue por esta consigna de campaña de que habría una justicia independiente que votamos por Luis Abinader miles de ciudadanos que apoyamos La Marcha Verde y la Plaza Alzá y su accionar en el país durante los años de oposición al gobierno de Danilo Medina y que, aparte del voto duro del PRM, calculado en un 35 por ciento en las elecciones de 2016, le llevó a un 52.2 por ciento en los comicios de 2020.
El resultado de la fortuna maquiavélica sonreirá a Abinader si para 2023 hay exitosos logros prácticos que exhibir ante los ojos de los votantes y de la sociedad en general: la condena firme en la justicia de los responsables de la corrupción y la impunidad, lo cual demostrará entonces que no hay borrón y cuenta nueva como en los gobiernos anteriores en los que Hipólito Mejía protegió a Leonel en el caso del PEME; Leonel protegió e indultó a los condenados del plan RENOVE y Danilo protegió a Leonel al llegar al poder en 2012. Entonces se constatará que la consigna de Luis Abinader no fue demagogia de campaña, sino la convicción de que la institucionalización lenta y gradual de la justicia es una condición sine qua non para el funcionamiento de un verdadero Estado nacional burgués emergente con reglas claras y transparentes, porque lo contrario es el caos del clientelismo y el patrimonialismo cuyos dos fundamentos son la corrupción y la impunidad, los cuales conducen, a la postre, a la desigualdad de todos ante la ley. a los brotes de violencia o a la guerra civil.
Miriam German Brito, Procurador General de la República
§ 3. La Operación antiPulpo será la prueba para que, debilitado el PLD por la derrota aplastante en las elecciones de junio 2020 y por la traducción y condena firme en la justicia de sus actos de corrupción e impunidad, el panorama político de los comicios de 2024 se presente sin problemas y Luis Abinader rompa el maleficio de que los candidatos del PRD de Peña Gómez, del cual es el PRM una continuidad histórica y circunstancial debido a su destrucción programada por Leonel Fernández y Miguel Vargas Maldonado mediante el Pacto de las Corbatas Azules. Y no se trata de una profecía sin riesgos, porque en historia no hay teleología.
Si la estrategia de Abinader encuentra su aplicación correcta, el PLD no volverá al poder en mayo de 2024, pero un aliado coyuntural del gobierno actual como lo es Leonel Fernández podría recoger los harapos de ese partido y unificar sus fuerzas en desbandada y ávidas de venganza en contra del PRM, ya sea con la unidad dentro de la propia Fuerza del Pueblo, ya sea con la fusión de ambas fuerzas soldadas en lo que fue el PLD.
Y he aquí que, si llegare a realizarse esta conjunción de fuerzas para el 2024, entonces a Abinader no le quedaría otro camino que proceder, como aconseja Maquiavelo, a la ruptura de un pacto verbal, no escrito, entre Leonel Fernández y el mandatario de turno, acuerdo que surtió su efecto en las elecciones del pasado 27 de junio, y pacto que el príncipe estaría obligado a romper, porque el aliado ya no es políticamente conveniente, aunque no se sabe que sucederá con los cargos públicos, puestos en las altas cortes y otras instancias de poder que el PRM y el actual mandatario han otorgado a la Fuerza del Pueblo. Entonces Jack el Destripador deberá ir por partes.
Leonel Fernández, ex presidente de la República
§ 4. Habría que analizar en aquel escenario que conjeturo se presentará en 2023 si la decisión de Abinader de nombrar en el servicio exterior a un número considerable de intelectuales que le apoyaron en su proyecto de Cambio 2020 no le perjudicará en su eventual aspiración a la reelección en 2024; y si con semejante medida adoptada, el actual mandatario habrá de alejar del terreno de combate a los intelectuales gramscianos que libraronrudas batallas en contra de la corrupción y la impunidad y a favor de su candidatura triunfante, política de extrañamiento al exterior de los intelectuales orgánicos iniciada por Leonel Fernández desde 1996. Un Andrés L. Mateo o un Juan Bolívar Díaz, para señalar dos ejemplos paradigmáticos, no estarán en el país cuando se avecinen los acontecimientos que avizoro. No es lo mismo estar a miles de kilómetros del escenario del combate comicial y escribir de vez en cuando un artículo apoyando un proyecto reeleccionista. Y digo reeleccionista, porque en el escenario que vislumbro, podría producirse una polarización si no se actuara a tiempo para impedirla.
Han quedado en el escenario local comunicadores de fuste que apoyaron el proyecto de Abinader, pero no están a la altura de Mateo, de Díaz o de otros cuyo dominio del campo de batalla periodístico era brutal. Mateo atacó frontal y decididamente la corrupción de Leonel Fernández con tanto denuedo que este mandatario se dolió, públicamente, en un momento determinado, de que no había en su gobierno un solo intelectual que lo defendiera. Y a la corrupción e impunidad de Danilo y sus funcionarios venales, Mateo las desnudó hasta dejarles el cuerpo a los corruptos lleno de latigazos. Mi observación en aquel punto y hora fue que Leonel mismo expulsó a los intelectuales del PLD a un exilio diplomático para que no estuvieran polemizando en la prensa con la oposición. Leonel se creyó el mito de que él era el único Juan Bosch intelectual autosuficiente dentro del PLD y que no necesitaba a nadie.
Los días por venir nos dirán si las bocinas del peledeísmo serán sustituidas por otras nuevas que desempeñen el mismo papel vergonzoso que las redes sociales se encargaron de destruir, porque según la doctrina de Aristóteles en la redondez de este mundo no dan cosas vacías, filosofía que fue desmentida jocosamente por nuestro primer decimero Meso Mónica.
PLD entra en crisis casi total de liderazgo por casos corrupción
La mayoría del Comité Político ha guardado silencio ante las acusaciones de corrupción a familiares de Danilo Medina.
La organización tendrá que desarrollar una estrategia que la distancie de las acusaciones de corrupción contra familiares y allegados de Danilo Medina
El impacto del escándalo de corrupción “Operación Antipulpo” en la figura y liderazgo del expresidente Danilo Medina por el involucramiento de dos de sus hermanos en el caso, tiene potencial para arrastrar también al Partido de la Liberación Dominicana (PLD), pues Medina es el único líder de la organización.
El hecho representa un gran reto para el partido de oposición sobrevivir ante los golpes que ha recibido desde la división, posterior salida del poder y ahora una crisis casi total de liderazgo por el efecto del caso en la reputación de su principal cabeza.
Además del caso “antipulpo”, el presidente interino del PLD, Temístocles Montás, volvió la pasada semana a la Procuraduría en una investigación sobre el archivo definitivo de su expediente en el caso Odebrecht, que involucra a otros dos miembros de la cúpula del PLD, Radhamés Segura y Julio César Valentín, mientras otros dos integrantes del máximo órgano de dirección e incondicionales colaboradores de Medina, Radhamés Camacho y Robert De la Cruz, han sido llamados por la Procuraduría para que expliquen sus declaraciones juradas de patrimonio.
En medio de la situación, el dirigente del PLD y quien fuera director del Plan Social de la Presidencia y Superitendente de Electricidad, en los gobiernos de Medina, César Prieto, se suicidó de un disparo en el baño de su casa.
Según el exgobernante, Prieto le había confesado que sentía temor de ser apresado y sometido a investigación por irregularidades y que por eso habría preferido acabar con su vida. El comunicado de la Procuraduría en la que informó del arresto de diez personas establece que son los “los primeros arrestos de imputados” lo que sugiere que podrían ocurrir nuevas detenciones.
En tanto el director de Persecución de la Corrupción Administrativa (Pepca), Wilson Camacho, informó que tiene abiertas decenas de investigaciones por corrupción. La línea de comunicación del Ministerio Público sugiere que lo ocurrido hasta ahora es solo el inicio de las investigaciones de actos de corrupción en el Estado, un tema que cuenta con gran apoyo social.
Hasta ahora, la respuesta del expresidente ha sido que el apresamiento de los dirigentes del PLD y sus familiares fue un acto de cobardía en un supuesto uso excesivo del poder.
Adicionalmente, la respuesta de Medina se dio en el marco de un evento oficial del PLD, una reunión del Comité Político y la rueda de prensa se realizó en la Casa Nacional de la organización, por lo que en la respuesta oficial el hecho arrastra a toda la organización.
Responsabilidades individuales
Con el pasar de los días, algunas voces del PLD como el secretario de asuntos jurídicos, José Dantés, han dicho que las responsabilidades son individuales y que quienes hayan cometido actos de corrupción en el pasado gobierno, no significa que sea todo el PLD. Sin embargo, esa postura no luce que sea una línea estratégica, pues lo que ha ocurrido es que la mayoría de los miembros del Comité Político han guardo silencio desde que salieron del poder. Llama la atención el silencio de dirigentes tan sonoros del PLD como José Ramón (Monchy) Fadul, Francisco Javier García y Félix (Felucho) Jiménez, por solo citar algunos.
En los últimos tiempos el exembajador, José Tomás Pérez, había asumido un papel muy activo en defensa del expresidente Medina, pero anunció su salida del Comité Político y ahora permanece ajeno a lo que ocurre en la organización. En tanto, el secretario general, Reinaldo Pared Pérez, está retirado de las actividades políticas por un tema de salud.
PLD, corrupción y contexto social
Dependiendo del matiz que tomen los casos de corrupción que se encaminen desde la Procuraduría, el PLD podría construir un relato que le permita sobrevivir de esta situación o hundirse más. Resulta que los alegatos de persecución política que esgrimen Medina y sus seguidores, se produce en un contexto social y político muy distinto a los circos que los gobiernos nuevos habían acostumbrado al país.
El presidente Luis Abinader se ha ocupado de convencer a la opinión pública de que el Ministerio Público es independiente y que él no intervendrá en lo que ocurra desde esa instancia del Poder Ejecutivo. Como prueba de su discurso, Abinader designó a Miriam Germán Brito procuradora general y Yeni Berenice Reynoso como adjunta, ambas con crédito público de actuar bajo criterios propios y de independencia política.
El tema de la corrupción se instaló en la opinión pública con el escándalo de Odebrecht que en el 2017 empujó una serie de protestas a través de la marcha verde para que se haga justicia. Pero lo que ocurrió con ese expediente no generó crédito público y las críticas a la pasada gestión de la Procuraduría fueron duras. Si las autoridades logran documentar sus acusaciones más allá de cualquier duda razonable, entonces el PLD tendrá que construir una estrategia que lo distancie de quienes hayan cometido actos de corrupción, pero no se observa hasta el momento la claridad la estrategia.
El PLD no tiene relevo a la vista ante la crisis
Además de la situación de cuestionamientos que enfrenta la principal cabeza del partido morado, esa organización luce huérfana de liderazgo de relevo. Según la encuesta Gallup publicada la tercera semana de agosto de este año, el 41.9% identifica a Medina como líder del PLD; el 2% a Gonzalo Castillo; el 0.9% a Temístocles Montás; 0.6% a Margarita Cedeño; 0.5% Abel Martínez; 0.1% Francisco Domínguez Brito y 0.0% a Francisco Javier García y el 53% respondió que no sabe quién es el líder de la organización política que más ha gobernado en los últimos 40 años. La situación de crisis del liderazgo encontró al PLD inmerso en el proceso de renovación interna en el marco del Noveno Congreso. Para el próximo año ese partido tiene pautado escoger sus nuevas autoridades y hasta ahora el único que se ha identificado para ocupar la presidencia es Danilo Medina. Luego del escándalo de corrupción que involucran a los hermanos del expresidente el tema ha quedado relegado, pero es posible que en los días, semanas y meses por venir Medina enfrente algún tipo de rebelión interna que hasta ahora no había tenido desde la salida de Leonel Fernández y sus seguidores del PLD.