viernes, 12 de junio de 2026

La mesa que importa cuando el mundo tiembla | Por Luis Orlando Díaz Vólquez #GuasábaraEditor

Presidente Abinader

La mesa que importa cuando el mundo tiembla

La reunión entre el Gobierno y los sectores productivos, lejos de ser un simple gesto protocolar, constituye una respuesta estratégica frente a una economía internacional marcada por la volatilidad energética, la presión inflacionaria y la incertidumbre geopolítica.

Cuando el presidente Luis Abinader convoca a industriales, comerciantes, agroempresarios y representantes del empresariado para dar seguimiento a la Mesa de Precios, lo que está en juego no es únicamente el costo inmediato de algunos bienes esenciales, sino la capacidad del país de construir defensas internas frente a impactos externos que no controla. La reunión celebrada en el Salón Verde del Palacio Nacional tuvo precisamente ese propósito: evaluar el comportamiento de los mercados internacionales y coordinar acciones para mitigar el efecto de las fluctuaciones globales sobre la economía nacional y el bienestar de la población. 

Ese dato, aparentemente administrativo, tiene una profundidad política y económica mayor de la que a veces se admite. En un país importador neto de combustibles y especialmente sensible a los choques internacionales, la estabilidad no se decreta: se negocia, se planifica y se protege. El propio mandatario subrayó que este espacio ha permitido construir consensos y recoger recomendaciones del sector comercial, empresarial, industrial y agrícola para sostener “la mayor estabilidad posible” aun en medio de una coyuntura internacional adversa.

La pertinencia de esa coordinación se comprende mejor cuando se observa el escenario real de precios. El Banco Central informó que la inflación interanual de mayo de 2026 se ubicó en 5.35 %, por encima del rango meta de 4.0 % ± 1.0 %, mientras que el componente de transporte fue el de mayor incidencia mensual con una variación de 2.16 %, impulsado por alzas en gasolinas y gasoil. Aunque la inflación mensual se moderó a 0.31 % por la baja de algunos alimentos de alta ponderación, la presión de los combustibles sigue siendo una advertencia clara de que el costo de la energía continúa siendo uno de los principales canales de transmisión de la inestabilidad internacional hacia la economía doméstica

A esa presión interna se suma un entorno energético internacional todavía convulso. Reuters reportó que el 8 de junio el Brent cerró en US$94.25 por barril y acumulaba un alza aproximada de 31 % desde el inicio del conflicto regional referido en esa cobertura; pocos días antes también advertía sobre inventarios globales de crudo peligrosamente bajos y sobre el riesgo de un nuevo choque de precios si persistían las interrupciones en el tránsito por zonas estratégicas. En otras palabras, la preocupación del Gobierno y de los sectores productivos no responde a una exageración preventiva, sino a señales concretas de vulnerabilidad internacional que podrían traducirse rápidamente en mayores costos logísticos, energéticos y alimentarios para los hogares dominicanos. 

Por eso, la mayor virtud de la Mesa de Precios no es solo técnica, sino institucional. Allí se reconoce que ninguna autoridad, por eficiente que sea, puede enfrentar sola las distorsiones del mercado global, y que tampoco el sector privado puede manejar por sí mismo los costos sociales de esas distorsiones. La presencia del Conep, la AIRD, la ONEC, la UNASE y la Junta Agroempresarial Dominicana, junto a ministros clave y al director general de Aduanas, revela una arquitectura de respuesta basada en diálogo, información compartida y decisión coordinada. Esa articulación es, en sí misma, una señal de madurez: cuando los actores productivos y el Estado conversan antes de que la crisis llegue a los anaqueles, al transporte o a los servicios, el país gana tiempo, previsibilidad y margen de maniobra.

Sin embargo, sería un error reducir este esfuerzo a una política puramente defensiva. La coyuntura actual también debería empujar a la República Dominicana a pensar más allá de la administración de contingencias. Si cada episodio de tensión internacional demuestra cuán expuesta está la economía a los combustibles fósiles, al costo del transporte y a las cadenas globales de abastecimiento, entonces la verdadera lección no es solo mantener una mesa activa, sino convertir esa mesa en una plataforma de reformas: mayor seguridad energética, más eficiencia logística, fortalecimiento de la producción nacional y políticas de competencia que impidan que los choques externos se conviertan en excusa para abusos internos.

También conviene subrayar un punto esencial: la estabilidad, para ser legítima, debe sentirse en la mesa de la gente. No basta con exhibir coordinación pública y privada si el ciudadano sigue percibiendo que cada crisis internacional termina descargándose sobre su bolsillo. Ahí radica la prueba más exigente de esta estrategia. Proteger a la población significa contener el impacto en alimentos, transporte, insumos básicos y costos de vida; significa impedir que el ruido del mercado global se transforme en angustia cotidiana para los hogares de ingresos medios y bajos. En ese sentido, la mesa de diálogo solo será plenamente exitosa si se traduce en alivio real y no únicamente en tranquilidad estadística.

Hay, pues, una enseñanza mayor en este episodio. En tiempos de incertidumbre internacional, la gobernanza económica moderna no se construye desde el monólogo del poder ni desde la comodidad del mercado actuando en solitario, sino desde la cooperación responsable entre quienes diseñan la política pública y quienes sostienen la producción, la distribución y el abastecimiento nacional. Esa es la dimensión más relevante de la reunión encabezada por el presidente: no la fotografía del encuentro, sino la validación de un método para administrar tensiones externas sin sacrificar cohesión interna. 

La República Dominicana necesita justamente eso: menos improvisación y más concertación; menos reacción tardía y más prevención; menos discursos triunfalistas y más instituciones capaces de anticipar, amortiguar y responder. Si la Mesa de Precios logra consolidarse como un mecanismo serio de vigilancia, concertación y acción, entonces su importancia irá mucho más allá del momento presente. Será una de esas herramientas silenciosas que, sin hacer demasiado ruido, sostienen la estabilidad de un país cuando el mundo alrededor empieza a estremecerse.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

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El mandatario y sectores productivos dan seguimiento a la Mesa de Precios para mitigar el impacto de las fluctuaciones internacionales.

 Economía | 8 de Junio 2026 | 19:16

Santo Domingo.- El presidente Luis Abinader encabezó este lunes una reunión con representantes de los sectores comercial, industrial, empresarial y agropecuario para dar seguimiento a la Mesa de Precios, evaluar el comportamiento de los mercados internacionales y coordinar acciones orientadas a mitigar el impacto de las fluctuaciones globales en la economía nacional y el bienestar de la población.

Durante el encuentro, celebrado en el Salón Verde del Palacio Nacional, el mandatario destacó la importancia del diálogo permanente entre el Gobierno y los sectores productivos, al señalar que este espacio ha permitido construir consensos y generar propuestas que contribuyen a preservar la estabilidad económica del país frente a los desafíos externos.

El presidente Abinader explicó que las recomendaciones presentadas por empresarios, comerciantes, industriales y productores agropecuarios complementan las medidas impulsadas por el Gobierno para enfrentar los efectos de las variaciones internacionales en los precios del petróleo y el gas natural.

“Ha sido siempre una reunión de mucha cooperación, entendimiento y aportes del sector comercial, empresarial, industrial y agrícola, que constantemente nos presenta recomendaciones para que, aun en medio de este escenario internacional, podamos mantener la mayor estabilidad posible”, señaló.

Asimismo, reiteró que la colaboración entre el Gobierno y los sectores productivos continúa siendo fundamental para preservar la estabilidad nacional y proteger a la población de los efectos de la coyuntura internacional.

Acompañaron al presidente los ministros de la Presidencia, José Ignacio Paliza; de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón; Administrativo de la Presidencia, Andrés Bautista, y el director general de Aduanas, Nelson Arroyo.

En la reunión participaron representantes del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), la Organización Nacional de Empresas Comerciales (ONEC), la Unión Nacional de Supermercados Económicos (UNASE), la Junta Agroempresarial Dominicana, entre otras organizaciones representativas del sector productivo nacional.

https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-abinader-afirma-que-la-cooperacion-entre-el-gobierno-y-sectores-productivos

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