
Presidente Abinader dice que la estabilidad democrática del país ha sido por la capacidad de construir consensos alrededor de un proyecto nacional compartido, más allá de las diferencias políticas
El mandatario resalta la importancia del consenso político, la cohesión social y el desarrollo integral para fortalecer la democracia y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
8 de Junio 2026 | Institucionalidad
Santo Domingo.– El presidente Luis Abinader destacó los avances de la República Dominicana en materia de gobernanza democrática, cohesión social y desarrollo humano.
Durante un encuentro en la presentación del Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, titulado “Democracias bajo presión: Reimaginar los futuros de la democracia”, el mandatario afirmó que uno de los principales factores que ha contribuido a la estabilidad democrática del país ha sido la capacidad de construir consensos alrededor de un proyecto nacional compartido, más allá de las diferencias políticas.
Señaló que los partidos con posibilidades reales de alcanzar el poder han mantenido objetivos comunes que han permitido la continuidad de políticas fundamentales para el desarrollo.
Durante el conversatorio, el mandatario estuvo acompañado por la representante residente del PNUD en la República Dominicana, Ana María Díaz, y la subsecretaría general y directora regional para América Latina y el Caribe del PNUD, Michelle Muschett.
“Ha habido mucha sensatez en el sector político y en la clase política dominicana”, expresó el gobernante, al tiempo que resaltó el papel desempeñado por las organizaciones empresariales y de la sociedad civil en la consolidación de una visión de nación orientada al progreso y al fortalecimiento institucional.

Democracia basada en el respeto y el diálogo
El presidente Abinader sostuvo que la democracia requiere reconocer y respetar el papel de cada actor político, incluyendo a la oposición, cuya función consideró esencial para el fortalecimiento del sistema democrático.
Manifestó que durante su gestión ha procurado mantener relaciones basadas en el respeto con los diferentes líderes políticos y promover espacios de diálogo sobre los temas de interés nacional, lo que ha contribuido a preservar la cohesión social y evitar los niveles de polarización observados en otras naciones de la región.
Asimismo, destacó el valor de las juntas de vecinos y las organizaciones comunitarias como mecanismos de participación ciudadana y de interlocución entre la sociedad y el Estado, señalando que estas estructuras fortalecen la gobernanza y permiten una mayor supervisión de las acciones públicas.
Desarrollo integral y fortalecimiento institucional
Al abordar el tema del desarrollo humano, el jefe de Estado reiteró que el progreso sostenible solo puede alcanzarse mediante una estrategia integral que combine inversión en infraestructura, fortalecimiento institucional, educación, salud, servicios básicos y lucha contra la corrupción.
Explicó que su administración trabaja para sustituir lo que definió como el “círculo vicioso del subdesarrollo” por un “círculo virtuoso del desarrollo”, basado en instituciones sólidas, democracia fortalecida, independencia de los poderes públicos y mejores oportunidades para la población.
En ese sentido, destacó los avances registrados en diversos indicadores sociales, incluyendo la reducción de los niveles de pobreza. Indicó que durante el primer trimestre de 2025 la pobreza se redujo a 15.3 %, resultado que atribuyó a políticas públicas coordinadas entre las distintas áreas del Gobierno y a una combinación de crecimiento económico con programas de protección social.
El mandatario recordó que la pobreza pasó de alrededor de 26 % en 2019 a cerca de 18 % al cierre del año pasado, pese a los efectos de las crisis globales registradas en los últimos años.
Gobernar en tiempos de redes sociales
El presidente Abinader también reflexionó sobre los desafíos que enfrentan las democracias en la era digital, marcada por la inmediatez de la información, la influencia de las redes sociales y la proliferación de noticias falsas.
Sostuvo que los líderes políticos deben adaptarse a las nuevas formas de comunicación sin renunciar a sus principios y enfatizó la necesidad de mantener un contacto permanente con la ciudadanía para escuchar sus inquietudes y responder a sus demandas.
Igualmente, consideró que los partidos políticos deben modernizar sus estructuras y adecuarse a las nuevas dinámicas sociales y tecnológicas para mantener su conexión con la población y responder con eficacia a los cambios que experimentan las sociedades contemporáneas.
https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-abinader-dice-que-la-estabilidad-democratica-oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
El consenso como activo democrático
La estabilidad institucional no depende únicamente de elecciones periódicas, sino de la capacidad de una sociedad para sostener acuerdos esenciales, fortalecer su Estado y traducir la democracia en bienestar tangible para la ciudadanía.
La presentación en Santo Domingo del Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2026 del PNUD situó a la República Dominicana en el centro de una discusión regional de enorme trascendencia: cómo preservar la democracia en un tiempo signado por la polarización, la desinformación, el crimen organizado, la aceleración tecnológica y la crisis climática. El organismo sostiene que América Latina y el Caribe continúan siendo la región en desarrollo más democrática del mundo, con más de cuatro de cada cinco personas viviendo bajo regímenes surgidos de elecciones; sin embargo, advierte que esa fortaleza formal convive con presiones cada vez más intensas sobre la representación política, la confianza institucional y la capacidad de los Estados para generar resultados concretos en materia de desarrollo.
La advertencia resulta especialmente relevante porque obliga a repensar la democracia más allá de su dimensión estrictamente electoral. El PNUD insiste en que la democracia no solo organiza el acceso al poder, sino que integra, junto con el Estado y el desarrollo humano, un triángulo inseparable: cuando esas tres dimensiones se refuerzan mutuamente, la democracia se consolida; cuando se desacoplan, comienza un proceso de erosión paulatina, incluso en ausencia de rupturas dramáticas. El informe subraya que hoy predominan formas de desgaste lento —cuestionamiento de resultados electorales, debilitamiento de contrapesos institucionales, erosión de la autoridad pública, expansión del desencanto ciudadano— que pueden vaciar de contenido a sistemas aparentemente estables si estos no logran responder con eficacia, legitimidad y oportunidad a las demandas sociales.
En ese contexto, que la República Dominicana haya sido destacada por el PNUD como un caso relevante de profundización democrática y reducción de la pobreza adquiere un significado que trasciende cualquier reconocimiento circunstancial. Michelle Muschett resaltó los avances del país en materia de democracia electoral, libertades políticas, desarrollo humano y disminución de la pobreza y la desigualdad durante las últimas dos décadas, ubicándolo como una experiencia digna de atención en una región sometida a fuertes tensiones institucionales. No obstante, las reseñas periodísticas del propio lanzamiento recuerdan que esos avances conviven todavía con desafíos estructurales en inclusión social, participación política de las mujeres y distribución más equitativa de los beneficios del crecimiento, lo que impide cualquier lectura complaciente del momento dominicano.
Lo verdaderamente valioso de este episodio no radica, por tanto, en la felicitación internacional en sí misma, sino en la idea de fondo que la acompaña: la estabilidad democrática solo se vuelve duradera cuando descansa sobre una arquitectura mínima de acuerdos compartidos acerca del rumbo nacional. Allí donde toda diferencia degenera en confrontación total, la política pierde su función de mediación, el conflicto deja de ser productivo y la democracia queda expuesta a la parálisis, al resentimiento o a la captura por intereses que prosperan en medio de la fragmentación. El informe del PNUD sugiere, precisamente, que uno de los grandes retos contemporáneos consiste en pasar de democracias que apenas sobreviven en el plano formal a democracias capaces de procesar conflictos, sostener pactos básicos y ofrecer resultados tangibles a la población, sin sacrificar libertades ni pluralismo.
Desde esa perspectiva, el consenso no debe entenderse como uniformidad ni como silenciamiento de las diferencias, sino como la existencia de un piso común que permita la competencia política sin erosionar los fundamentos del sistema. La cohesión social, el diálogo entre actores públicos y privados, y la capacidad de concertar prioridades estratégicas son condiciones indispensables para impulsar políticas de desarrollo con continuidad y legitimidad. En esa misma lógica, el desarrollo integral —apoyado en inversiones sostenidas en educación, salud, infraestructura, transparencia y fortalecimiento institucional— deja de ser un complemento de la democracia para convertirse en uno de sus soportes más decisivos. Allí donde el crecimiento no se traduce en oportunidades, servicios y bienestar visible, la promesa democrática pierde espesor y se vuelve vulnerable al desencanto.
La lección de fondo es clara: ningún sistema democrático se preserva únicamente con buenas intenciones ni con la repetición ritual de elecciones. Se requiere un Estado con capacidades reales, instituciones que funcionen con eficacia y credibilidad, una ciudadanía activa y una cultura pública capaz de comprender el disenso no como una guerra permanente, sino como parte del mecanismo legítimo mediante el cual una sociedad delibera, corrige y construye decisiones colectivas. En una época marcada por la inmediatez, la viralidad y la presión constante del ecosistema digital, también se vuelve imprescindible modernizar la política, fortalecer la comunicación pública y reconstruir canales de interlocución más eficaces entre las instituciones y la ciudadanía.
El PNUD identifica entre las presiones más severas de nuestra época la polarización, la transformación del ecosistema informativo, la expansión del crimen organizado, la movilidad humana y la crisis ambiental, factores que no solo tensan la gobernabilidad, sino que además redistribuyen poder, alteran las formas de deliberación pública y erosionan los mecanismos tradicionales mediante los cuales las sociedades construyen confianza. En consecuencia, la calidad de la democracia ya no puede medirse únicamente por la celebración de elecciones competitivas, sino también por la capacidad de las instituciones para resistir esas presiones, administrar complejidades crecientes y responder con resultados verificables a las demandas de la población.
Para la República Dominicana, el reconocimiento recibido solo tendrá auténtico valor histórico si se traduce en reformas más profundas y no en una narrativa de autocomplacencia. Si el país aspira a consolidarse como referencia regional, deberá convertir la estabilidad en capacidad estatal, la gobernanza en servicios públicos de calidad, el crecimiento en inclusión y la institucionalidad en bienestar palpable para los hogares. En esa dirección apunta el informe cuando sostiene que el porvenir de la democracia dependerá de su capacidad para traducir libertades en resultados concretos y para recomponer el vínculo entre gobernanza democrática, capacidad estatal y desarrollo humano resiliente.
En última instancia, una democracia madura no es la que elimina el conflicto, sino la que sabe procesarlo sin quebrar la cohesión social ni malograr la promesa de progreso. Ese es, quizá, el mensaje más fértil que deja la discusión abierta por el PNUD: la legitimidad democrática no se conservará por inercia, ni por tradición, ni por mera formalidad institucional. Solo perdurará en la medida en que logre articular orden con libertad, pluralismo con eficacia y desarrollo con dignidad para las mayorías. Allí, precisamente, el consenso deja de ser un recurso retórico para convertirse en un activo estratégico de la democracia.
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