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jueves, 11 de diciembre de 2025

La izquierda fascista

Opinión

La izquierda fascista

Acumulamos suficiente experiencia como para saber que los principales defensores del régimen tiránico de Venezuela (y de Cuba) justifican los crímenes de estos tiranos

Por Pilar Rahola

El dictador de Venezuela, Nicolás
El dictador de Venezuela, Nicolás Maduro. REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria

Ayer, en un día grandioso, una multitud de personas, desde cualquier lugar del mundo, nos emocionamos con la ceremonia que se estaba celebrando en el legendario salón del ayuntamiento de Oslo. Todo era bello, elegante, digno: la inusual sobriedad de Danny Ocean cantando Alma Llanera; el impecable “J’accuse” de Jørgen Watne Frydnes en su magnifico discurso de denuncia; la emoción de Ana Corina Sosa, acariciándonos el alma; sus palabras, intensas, profundas, sabias. Y en el centro de todo, ella, María Corina Machado, la mujer que nunca se rindió, más presente que nunca en su forzada ausencia. Su foto serena presidiendo el salón era el símbolo que ponía rostro a la lucha ingente de un pueblo que acumula sangre, dolor y pérdidas, y en ese lugar y día, Venezuela tocaba la historia. Una fiesta de la democracia en defensa de la democracia, unidos en un ideal de libertad.

Reconozco la emoción que me duró todo el día y probablemente me durará siempre en el recuerdo. A veces, a los buenos les pasan cosas buenas, y ese Nobel que recibía María Corina era exactamente eso: algo bueno para la buena gente que da esperanza a un pueblo tan torturado. Pero, de las luces a las sombras, el día también ofreció mensajes de odio en las redes oscuras, allí donde habitan los amigos, los cómplices, los voceros del mal. Eran las difamaciones, las mentiras, la propaganda de los sospechosos de siempre, esos que, en nombre del pueblo, odian al pueblo. “Los de la izquierda, ya sabes que aman a Maduro”, me dice alguien, y me quedo con la frase, como si fuera normal, banal, lógica.

Es cierto. Acumulamos suficiente experiencia como para saber que los principales defensores del régimen tiránico de Venezuela (y de Cuba) son intelectuales, opinadores y políticos que se definen progresistas, vocean su discurso de progreso y alzan la bandera de la justicia, y, sin embargo, justifican los crímenes de estos tiranos. ¿Cómo es posible que en nombre de la libertad se defienda a un Maduro que la pisotea cada día en el cuerpo del millar de presos políticos que tiene en sus cárceles? ¿Cómo puede conciliarse una ideología que asegura buscar el progreso con estos tiranos que lo destruyen todo?

Se puede, y se puede porque hay una izquierda abiertamente reaccionaria que desprecia profundamente a la democracia liberal y a las libertades que conlleva. En realidad, una izquierda que siempre ha odiado a los valores occidentales. Es la misma que enviaba a Pinochet a los infiernos, pero elevaba a Castro a los altares, la misma que denostaba a Hitler, pero defendía a Stalin. Y hoy por hoy, la misma que ataca a Israel, pero justifica a Irán, o denigra a Estados Unidos, pero calla ante las barbaridad de Rusia. De hecho, no es sorprendente que las dos democracias más sólidas del planeta, Estados Unidos e Israel, sean las más odiadas por estos gurús de la izquierda irredenta. Hábiles en el dominio del relato público, se han hecho los dueños y señores del paraíso de las redes sociales, allí donde las consignas sustituyen a las ideas. Y desde ese nuevo dominio, imponen un pensamiento único que expulsa, estigmatiza y neutraliza cualquier disidencia. El ejemplo más brutal de esta capacidad de imponer el relato y demonizar a quienes no lo compran, ha sido el 7 de octubre y la posterior guerra de Gaza, donde la izquierda ha construido el discurso de odio contra los judíos más masivo desde los tiempos del nazismo. Sin ninguna duda es la responsable del brutal aumento del antisemitismo en el mundo, lo cual es una pirueta histórica, no en vano han tomado el relevo a los discursos judeofobias de los viejos fascismos europeos.

¿Cómo es posible que esta izquierda mantenga aún el prestigio intelectual? Y la pregunta no es baladí porque los hechos son contundentes: defienden a un dictador asentado en un narco estado; se alían con presidentes que en nombre del pueblo, roban al pueblo; ignoran la tragedia de las mujeres afganas; callan ante las atrocidades de los ayatolas; silencian el dolor de los cristianos perseguidos; y, en el juego de la geopolítica, se sitúan al lado de Rusia, China o Irán, mientras critican furibundamente las bases de las democracias occidentales. Y, sin embargo, se otorgan el patrimonio de las ideas de justícia, solidaridad y progreso, y con ello mantienen el dominio cultural.

Quizás el problema está en el nombre. Mientras la extrema derecha representa lo que es -intolerancia, regresión, represión, violencia-, y por ello recibe el repudio mayoritario, la extrema izquierda es lo mismo, pero camuflada. Pongo el ejemplo de los titulares en la prensa española a raíz de las elecciones de Chile. Decían que se debaten entre “la progresista Jara, y la extrema derecha de Katz”. Jara, militante del partido comunista de Chile, convertida en “progresista”, y el liberal Katz, convertido en extrema derecha. Colocado el adjetivo, el substantivo queda marcado.

Pero de todos los ejemplos posibles, el más claro es el de Venezuela. Maduro perpetra todo tipo de barbaridades, desde robar las elecciones, y ejercer una brutal represión, hasta convertir Venezuela en un paraíso criminal. Es el paradigma del sátrapa ignorante y violento que conduce su país al desastre. Y sin embargo, continúa teniendo el aplauso de los Petro y los Pablo Iglesias de turno, eternos paladines del pueblo, mientras el pueblo se muere de hambre. Llamar progresismo a eso es una mueca dantesca. En realidad se trata de otro tipo de fascismo, el fascismo de izquierdas, tan intolerante y antidemocrático como el de derechas, e igualmente violento.

Un fascismo que odia a María Corina Machado porque encarna como nadie la lucha por los valores democráticos, y son esos valores a los que realmente teme. Al final es Sartre y Camus. El Sartre que defendía a Pol Pot y a Stalin, y el Camus que se enfrentaba ásperamente a sus posiciones, convencido de que la única lucha que tenía sentido es la de la libertad. El campo de juego no es entre derechas o izquierdas, sinó entre demócratas y no demócratas, es decir entre quienes creen en los valores de la libertad, y quienes los desprecian y los pisotean. Maduro es un antidemócrata, y el resto no importa.

“Venezuela volverá a respirar”, ha dicho María Corina en boca de su hija Ana Corina y ha dedicado el Nobel a “los héroes anónimos de la resistencia”. Ha sido su grito de esperanza, y el eco ha llegado a todos los rincones del mundo donde se defiende la libertad.

https://www.infobae.com/america/opinion/2025/12/11/la-izquierda-fascista/

martes, 27 de septiembre de 2022

Opinión El peligro acecha tras los impactantes resultados electorales en Italia

Opinión  El peligro acecha tras los impactantes resultados electorales en Italia

Por el Consejo Editorial
26 de septiembre de 2022 a las 7:21 pm EDT
La líder de los Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, reaccionó en la sede de la noche electoral del partido, en Roma, Italia, el 26 de septiembre de 2022 tras las elecciones 2022. (Guglielmo Mangiapane/Reuters).

Italia ha votado por un nuevo gobierno, el cual muy probablemente liderado por una presidenta del Consejo de Ministros cuyo partido surgió de las cenizas del fascismo italiano posterior a la Segunda Guerra Mundial. El ascenso de Giorgia Meloni, la incendiaria etnonacionalista aparentemente victoriosa en las elecciones del domingo 25 de septiembre, ha conmocionado a toda Europa y ha detonado el miedo de que Italia se puede convertir en el talón de Aquiles en la resolución de Occidente de resistir la sangrienta Campaña de Rusia en Ucrania.

La verdad es que sería exagerado considerar a Meloni, quien sería la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta del Consejo de Ministros de Italia, como una fascista. Además, tras abandonar su previa admiración por el dictador ruso Vladimir Putin, no ha dudado en respaldar el apoyo de la OTAN a Ucrania, aunque lo mismo no puede decirse de sus probables colegas de coalición en la legislatura de Italia. Meloni también ha moderado su antigua retórica que sugirió que dividiría la Unión Europea (UE), posiblemente porque Italia depende de las enormes inyecciones de los fondos de ayuda pandémica de la UE.

Sin embargo, siguen existiendo muchos motivos de preocupación por Meloni, quien parece estar encaminada a gobernar una de las economías más grandes del mundo a pesar de su modesta experiencia en cargos gubernamentales. Meloni es la más reciente en una serie de políticos extremistas que han obtenido buenos resultados en elecciones europeas este año, incluidos nacionalistas en Francia, Hungría y Suecia. Su aparente victoria es una prueba más de que los líderes de extrema derecha van en alza en continente un golpeado por la inmigración, las dificultades económicas y, en su flanco oriental, la guerra más destructiva en tres cuartos de siglo.

Leer en español: Peligro acecha tras impactantes elecciones en Italia

La conmoción política es la norma en Italia, que ha tenido 69 gobiernos en los 77 años que han pasado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, que Meloni sea nombrada oficialmente presidenta del Consejo de Ministros marcaría un hito. En medio de una constante retórica antiinmigrante —en la que ha anunciado de manera siniestra que los italianos étnicos están en peligro de ser “reemplazados”—, Meloni ha propuesto la descabellada idea de un bloqueo naval para evitar que extranjeros no autorizados lleguen a las costas italianas. Es poco probable que eso funcione. Es además una réplica tóxica del feroz antisemitismo de Benito Mussolini, el dictador de la Segunda Guerra Mundial a quien Meloni solía admirar abiertamente.

Su intolerancia también está dirigida a la comunidad LGBTQ, a quienes su gobierno podría hacer la vida más complicada en el único país grande de la UE que todavía no ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ha enmarcado sus puntos de vista como “profamilia”, y se ha comprometido a prohibir las adopciones y la gestación subrogada en parejas del mismo sexo.

En su partido y entre sus colegas de la coalición de derecha se encuentran figuras que podrían poner en peligro la celebración de elecciones libres y justas si se les permitieran sus preferencias. Muchos emularían al primer ministro húngaro Viktor Orbán, quien ha eviscerado aspectos claves de la democracia en ese país. Sin embargo, el bloque de Meloni no tendrá los votos necesarios en el Parlamento de Italia para modificar las protecciones constitucionales de las instituciones democráticas italianas.

Escucha el pódcast El Washington Post para conocer las últimas noticias en español

El peligro latente de un gobierno de Meloni es hacia la capacidad de Europa de resistir los intentos de Putin por romper las sanciones occidentales contra el Kremlin, utilizando como ventaja la dependencia de Europa con las exportaciones energéticas rusas. La economía de Italia está crónicamente anémica , y muchos italianos sufrirán a medida que vaya incrementando la presión de Moscú. Eso pondrá a prueba la determinación de Meloni de mantener su postura, en especial dado que uno de sus colegas de la coalición, Matteo Salvini, del partido La Liga, se opone a las sanciones, y el otro, el expresidente del Consejo de Ministros Silvio Berlusconi, es una apologista del autoritarismo ruso.

Washington, la OTAN y la Unión Europea deben usar su considerable influencia para garantizar que la postura de Meloni ante la guerra de Ucrania se mantenga firme.

https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2022/09/27/elecciones-italia-2022-derecha-extrema-giorgia-meloni/

100 años del nacimiento del fascismo: "Hoy el peligro es que la democracia puede convertirse en una forma de represión con el consentimiento popular"

100 años del nacimiento del fascismo: "Hoy el peligro es que la democracia puede convertirse en una forma de represión con el consentimiento popular"

  • Angelo Attanasio
  • BBC Mundo
Benito Mussolini

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Pie de foto,

Benito Mussolini fundó los "Fasci italiani di combattimento" el 23 de marzo de 1919, en Milán, en Italia.

¿Existe el peligro de un retorno del fascismo?

Cuando se lo pregunto al historiador Emilio Gentile (Italia, 1949) su respuesta es contundente.

"No, en absoluto".

Sin embargo, en los últimos tiempos los presidentes de EE.UU, Rusia, Brasil, Hungría y muchos otros líderes políticos de América y de Europa han sido tildados de fascistas por sus políticas migratorias o por su nacionalismo.

Pero ¿es correcto definirlos así?

Gentile conoce a fondo el fascismo ya que ha dedicado toda su vida académica a analizarlo.

Emilio Gentile

FUENTE DE LA IMAGEN,EMILIO GENTILE

Pie de foto,

El historiado italiano Emilio Gentile, uno de los máximos expertos en fascismo del mundo.

Este movimiento político nació oficialmente la noche del 23 de marzo de 1919, cuando Benito Mussolini, un exdirector de diario, fundó en Milán el grupo "Fasci italiani di combattimento".

El grupo reunía a ex combatientes de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que había dejado a Italia, como casi toda Europa, sumida en una profunda crisis política, económica y social.

Al cabo de unos pocos años Mussolini alcanzó el poder gracias al apoyo del Rey Víctor Manuel III, de grandes empresarios y del Vaticano, así como mediante el uso de la violencia.

En 1925 el "Duce" asumió todos los poderes y transformó el régimen parlamentario y democrático en un estado totalitario regido por la falta total de libertades individuales, políticas, de organización y de pensamiento.

Mussolini y su movimiento se convirtieron además en una referencia para los regímenes autoritarios de todo el mundo, en particular para Adolf Hitler.

El "Duce" apoyó el régimen nazi alemán durante la Segunda Guerra Mundial y, como Hitler, fue derrotado en 1945.

Pero no así el fascismo como ideología política, que se ha mantenido viva en muchos movimientos de extrema derecha.

Pero ¿qué es exactamente el fascismo?

El historiador Stanley G. Payne afirmó en uno de sus numerosos estudios sobre el fascismo que "sigue siendo el más indefinido entre los términos políticos más importantes".

Cien años después de su aparición sobre el escenario de la historia, BBC Mundo habla con el historiador Emilio Gentile sobre su vigencia.

BBC

¿De qué hablamos cuándo hablamos de "fascismo"?

Hay que distinguir entre un fascismo histórico, que es el régimen que, a partir de Italia, marcó la historia del siglo XX y se extendió a Alemania y a otros países europeos en el período entre las dos guerras mundiales, de lo que se suele llamar fascismo después de 1945, que se refiere a todos aquellos que usan la violencia en movimientos de extrema derecha.

Matteo Salvini y Marine Le Pen

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Pie de foto,

Matteo Salvini, ministro del Interior italiano, y Marine Le Pen, líder del partido de ultra-derecha francés Rassemblement National, dieron vida a principio de octubre al Frente de la Libertad, una alianza electoral en vista de los próximos comicios europeos.

¿Qué diferencias hay entre las dos definiciones?

Se trata de una diferencia substancial, porque varios movimientos de extrema derecha ya existieron antes del fascismo y no generaron un régimen totalitario.

¿Qué se entiende por "extrema derecha"?

Cualquier movimiento que se oponga a los principios de la Revolución Francesa de igualdad y libertad, que afirme la primacía de la nación, pero sin necesariamente tener una organización totalitaria o una ambición de expansión imperialista. Sin el régimen totalitario, sin la sumisión de la sociedad en un sistema jerárquico militarizado no es posible hablar de fascismo.

Entonces ¿cuándo se puede hablar de "fascismo"?

Podemos hablar de fascismo si nos referimos a lo que fue el fascismo histórico, cuando un movimiento de masas organizado militarmente conquistó el poder y transformó el régimen parlamentario en un estado totalitario, es decir, en un estado con partido único que pretendía transformar, regenerar o incluso crear una nueva raza para sus objetivos imperialistas y de conquista.

Mussolini y Hitler

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Benito Mussolini y Adolf Hitler fueron aliados durante la Segunda Guerra Mundial y tenían una relación personal extrema.

O sea, ¿solo cuando nos referimos a esa experiencia concreta?

Sí, a la época histórica entre las dos guerras mundiales, cuando aún existía la voluntad de conquista y de expansión imperial a través de la guerra. Si estas características estuvieran todavía presentes hoy, podríamos hablar de fascismo. Pero me parece que es completamente imposible: incluso aquellos países que aspiran a tener un papel hegemónico lo buscan a través de la economía y no a través de la conquista armada.

¿No cree que exista el peligro de un retorno del fascismo?

No, no lo creo absolutamente porque en la historia nada vuelve, ni siquiera de una manera diferente. Lo que existe hoy es el peligro de una democracia que, en nombre de la soberanía popular, puede asumir características racistas, antisemitas y xenófobas. Pero en nombre de la voluntad popular y de la democracia soberana, que es absolutamente lo opuesto al fascismo, porque el fascismo niega absolutamente la soberanía popular.

Estos movimientos, en cambio, son definidos en Europa como "democracias iliberales", porque se afirman como una expresión de la voluntad popular, pero niegan que este derecho pueda extenderse a todos los ciudadanos, sin discriminar entre los que pertenecen a la comunidad nacional y los que no.

Donald Trump, Vladimir Putin, Jair Bolsonaro, Viktor Orbán y otros líderes políticos han sido tildados de fascistas por sus políticas migratorias o por su nacionalismo. ¿Es correcto definirlos así?

Si afirmamos esto, podríamos decir entonces que todos ellos son hombres y que todos son blancos. Pero al mismo tiempo no entenderíamos nada sobre la novedad de estos fenómenos. No se trata de aplicar el término "fascista" para todos los contextos, sino de entender cuáles son las causas que han generado y hecho proliferar estos fenómenos. En todos estos países, estos movimientos extremistas se afirmaron sobre la base de un voto popular.

Cree entonces que se está abusando de la palabra "fascismo" para definir a estos gobiernos?

En mi opinión, es un gran error porque no nos hace comprender la verdadera novedad de estos fenómenos y del peligro que entrañan. Y el peligro es que la democracia puede convertirse en una forma de represión con el consentimiento popular.

La democracia en sí misma no es necesariamente buena. Solo es buena si realiza su ideal democrático, es decir, la creación de una sociedad donde no hay discriminación y donde todos pueden desarrollar su personalidad libremente, algo que el fascismo niega por completo. Entonces, el problema hoy en día no es el retorno del fascismo, sino cuáles son los peligros que la democracia puede generar por sí misma, cuando la mayoría de la población - o al menos la mayoría de los que votan - eligen democráticamente a líderes nacionalistas, racistas y antisemitas.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-47576763