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lunes, 20 de julio de 2026

Messi, la dignidad de perder con la frente en alto


Messi, la dignidad de perder con la frente en alto

La derrota de Argentina ante España en la final del Mundial 2026 dejó una imagen que supera el resultado: Lionel Messi llorando, con la medalla de plata en el pecho, pero con la grandeza intacta de quien entiende que también se puede hacer historia desde el dolor.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Hay derrotas que no se explican con el marcador. Hay finales que no se cierran cuando el árbitro pita el último minuto, porque siguen jugando dentro del alma de un país. La caída de Argentina ante España, 1-0 en la final del Mundial 2026 disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, no fue simplemente la pérdida de una copa. Fue el cierre emocional de una época, la escena íntima de un capitán frente a su pueblo y el retrato más humano de Lionel Messi, ese hombre que tantas veces pareció tocar lo imposible y que esta vez debió abrazar, con lágrimas, la amarga dignidad del subcampeonato. [eleconomista.com.mx], [fifa.com]

La imagen recorrió el mundo: Messi con la medalla de plata, llorando ante la hinchada argentina, mientras España celebraba el campeonato. Pero lo verdaderamente poderoso no fue el llanto, sino la postura. La frente en alto. El rostro quebrado, sí, pero no vencido. El cuerpo cansado de una batalla final, pero sostenido por una historia que ningún resultado puede borrar. A los 39 años, en su sexta Copa del Mundo, Messi volvió a estar en el centro del fútbol mundial, no como un dios invulnerable, sino como un ser humano atravesado por la tristeza, la gratitud y el orgullo. [fifa.com], [clarin.com]

Su mensaje posterior tuvo la sobriedad de los grandes. “El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida”, escribió en sus redes, una frase que no intentó maquillar la derrota ni convertirla en consuelo fácil. Messi no buscó excusas. No culpó al azar, al árbitro, al cansancio ni al destino. Reconoció el golpe con la misma honestidad con la que ha jugado toda su vida: de frente, sin estridencias, sin teatro, sin grandilocuencia. Y en esa confesión sencilla estuvo la lección mayor: también hay grandeza en admitir que duele. [tycsports.com], [fifa.com]

Pero Messi no se quedó en la herida. Como líder de una generación que aprendió a levantarse después de demasiadas caídas, eligió mirar el camino. Recordó “los partidos que dimos vuelta dejando todo”, el esfuerzo colectivo y el apoyo de un país entero que empujó a la selección a colocarse otra vez entre las mejores del mundo. Argentina no ganó la copa, pero llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo, después de haber sido campeona en Catar 2022 y de volver a competir hasta el último día en Norteamérica 2026. Eso, cuando pase el ruido de la tristeza, será leído como una hazaña deportiva y cultural. [tycsports.com], [fifa.com]

El fútbol, como la vida pública de los pueblos, tiene una memoria extraña. A veces tarda en valorar los procesos porque se deja dominar por el resultado inmediato. Gana uno, pierde otro, y todo parece reducirse a levantar o no levantar una copa. Pero hay equipos que trascienden el trofeo porque logran algo más profundo: unir a una nación alrededor de una ilusión compartida. Messi lo escribió con claridad: “Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos”. Esa frase explica por qué el fútbol argentino, aun en la derrota, volvió a ser una patria emocional. [fifa.com], [eluniversal.com.co]

Lo más conmovedor de esta historia es que Messi, al borde quizá de su última página mundialista, no habló desde el resentimiento, sino desde la nobleza. Felicitó a España, el país donde construyó gran parte de su leyenda con el Barcelona, y reconoció al campeón con una elegancia que también educa. En tiempos de gritos, fanatismos y victorias usadas como humillación del adversario, ese gesto tiene valor pedagógico. Enseña que competir al máximo no obliga a odiar al rival. Enseña que perder no autoriza a perder la clase. Enseña que el deporte es más grande cuando el vencido sabe reconocer la gloria ajena. [eleconomista.com.mx], [fifa.com]

La escena de Messi sentado en el césped, sin botines, con la mirada perdida, pertenece ya a la galería de imágenes eternas del fútbol. No fue la postal del fracaso, sino la del hombre que lo dio todo y necesitó unos minutos para entender que esta vez no alcanzó. Esa soledad sobre el campo recuerda que detrás de cada ídolo hay una carga invisible: la expectativa de millones, el peso de la historia, el deseo de despedirse de la manera perfecta. Pero la vida rara vez concede finales escritos a la medida de nuestros sueños. A veces entrega finales duros, incompletos, dolorosos, precisamente para revelar la verdadera estatura de los protagonistas. [fifa.com], [clarin.com]

Messi ya no necesita una copa más para ser Messi. Su legado no depende de esta derrota ni se reduce a la gloria de Catar. Su nombre está escrito en la memoria del fútbol porque supo transformar talento en constancia, presión en liderazgo y sufrimiento en redención. Lo que ocurrió en Nueva Jersey no disminuye su grandeza. La completa. Porque no hay biografía verdaderamente humana sin pérdidas. No hay mito sin caída. No hay campeón eterno que no haya tenido que mirar, alguna vez, la celebración de otro desde el silencio.

Argentina lloró con Messi porque en ese llanto se reconoció a sí misma. Vio al capitán que durante años cargó con críticas, frustraciones, comparaciones y exigencias imposibles. Vio al muchacho de Rosario que se hizo gigante sin dejar de parecer tímido. Vio al líder que aprendió, con el tiempo, que la grandeza no consiste únicamente en ganar, sino en sostener de pie a los demás cuando la derrota amenaza con quebrarlo todo. Y vio, sobre todo, a un hombre agradecido. Aun en el dolor, Messi agradeció. Agradeció los mensajes, el apoyo, la unión nacional y el esfuerzo de sus compañeros. Esa gratitud, en medio de la tristeza, es una forma superior de victoria.

El fútbol seguirá. Argentina volverá. España celebrará con justicia su campeonato. Vendrán nuevos nombres, nuevos torneos, nuevas discusiones. Pero esa imagen de Messi llorando con la frente en alto quedará como una enseñanza para cualquier generación: se puede perder una final sin perder la dignidad; se puede sufrir una herida sin renunciar al orgullo; se puede cerrar una etapa sin que el legado se apague. Porque hay derrotas que duelen como una noche interminable, pero también hay hombres que, aun derrotados, iluminan la historia.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor


Esa imagen de Messi en el césped no es solo una fotografía deportiva: es una escena simbólica sobre el límite humano, la grandeza, la nación y la memoria. Respondemos las tres preguntas:

¿Qué simboliza la imagen de Messi en el césped?

La imagen de Lionel Messi sentado sobre el césped, sin botines, con la mirada fija y el peso emocional de la derrota sobre sus hombros, simboliza el instante en que el héroe deja de ser mito y vuelve a ser hombre. No aparece allí como el genio intocable que durante años resolvió partidos imposibles, sino como un ser humano confrontado con el dolor de haber estado otra vez cerca de la gloria y no alcanzarla. Esa escena, posterior a la derrota de Argentina 1-0 ante España en la final del Mundial 2026 en el MetLife Stadium, concentra la dimensión más íntima del deporte: el silencio después del esfuerzo, la soledad después de la multitud y la herida después de haberlo dado todo. [eleconomista.com.mx], [fifa.com]

También simboliza una despedida emocional de una era mundialista. Messi, con 39 años y en su sexta Copa del Mundo, probablemente cerró allí su recorrido en los Mundiales, aunque no necesariamente su vínculo con la selección argentina. La imagen no habla de fracaso, sino de cierre: el cierre de una travesía que incluyó derrotas dolorosas, críticas despiadadas, redención absoluta en Catar 2022 y una última final en 2026. Sentado en el césped, Messi parece dialogar con toda su historia: la de 2014, la de 2022, la de 2026 y la de millones de argentinos que lo acompañaron en cada caída y en cada resurrección. [eleconomista.com.mx], [clarin.com]

Esa fotografía, además, representa la dignidad del vencido. Messi lloró, pero no se escondió. Recibió la medalla de plata, miró a la hinchada, agradeció el respaldo del pueblo argentino y felicitó a España por el campeonato. En un mundo deportivo muchas veces dominado por la soberbia, el reproche o la incapacidad de reconocer al rival, su conducta posterior a la derrota transmitió una enseñanza poderosa: se puede perder sin perder la grandeza. [tycsports.com], [fifa.com]

¿Cómo influyó esta final en la historia del fútbol?

Esta final influyó en la historia del fútbol porque consolidó una de las narrativas más profundas de la era moderna: la de una Argentina capaz de llegar a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo, después de haber sido campeona en Catar 2022 y subcampeona en 2026. Aunque la derrota ante España impidió el bicampeonato, el recorrido confirmó la vigencia competitiva de una generación que no fue un accidente, sino un ciclo histórico de alto rendimiento. Messi mismo lo reconoció al señalar que, aunque en el momento cuesta valorarlo, este grupo volvió a estar entre los mejores del mundo. [tycsports.com], [fifa.com]

La final también será recordada porque enfrentó simbólicamente dos legados futbolísticos. De un lado, la Argentina de Messi, emocional, resistente, marcada por la épica y la capacidad de levantarse. Del otro, España, campeona con una nueva generación y heredera de una cultura futbolística asociada al control, la técnica y la renovación. Que España haya derrotado a Argentina en una final mundialista no solo le dio otro título al fútbol español, sino que colocó a la Roja como protagonista de una nueva etapa del fútbol global. [fifa.com], [eluniversal.com.co]

Pero el impacto mayor de esta final está en que convirtió una derrota en un acontecimiento moral. No todas las finales pasan a la historia únicamente por el resultado. Algunas quedan por las imágenes que producen. La de Messi llorando con la medalla de plata, la de sus compañeros acompañándolo, la del público argentino cantando pese al dolor y la del capitán felicitando al campeón, construyen una memoria que supera el marcador. Esa final no solo decidió un campeón: dejó una escena histórica sobre cómo se pierde, cómo se agradece y cómo se honra una camiseta. [eleconomista.com.mx], [clarin.com]

¿Qué legado deja esta derrota a futuras generaciones?

Esta derrota deja como primer legado la idea de que la grandeza no se mide únicamente por ganar. Messi ya había conquistado la Copa del Mundo en 2022, pero en 2026 dejó otra lección: la grandeza también consiste en competir hasta el final, aceptar el dolor sin excusas, valorar el camino y reconocer al rival. Para las futuras generaciones, esa actitud puede ser tan formativa como cualquier título. Enseña que el deporte no es solo celebración, sino carácter. [tycsports.com], [fifa.com]

El segundo legado es el valor del proceso colectivo. Messi no habló solo de sí mismo. En su mensaje destacó el esfuerzo del grupo, los partidos que Argentina logró revertir, el apoyo de un país entero y el orgullo de haber vuelto a unir a la nación alrededor de una misma emoción. Esa mirada es fundamental para los jóvenes deportistas: ningún liderazgo verdadero se construye desde el ego, sino desde la conciencia de equipo. Messi, incluso en la derrota, eligió hablar en plural. [fifa.com], [eluniversal.com.co]

El tercer legado es una enseñanza para los pueblos: la identidad nacional también se fortalece en la adversidad. Argentina no celebró una copa, pero volvió a reconocerse unida detrás de una selección. Esa comunión emocional, expresada en estadios, calles, hogares y redes sociales, demuestra que el fútbol sigue siendo un lenguaje colectivo capaz de reunir a generaciones distintas bajo una misma bandera. En ese sentido, la derrota no rompió el vínculo entre Messi y su país; por el contrario, lo hizo más humano y más profundo. [fifa.com], [clarin.com]

Finalmente, esta derrota deja a futuras generaciones una verdad sencilla y poderosa: también se puede hacer historia con lágrimas en los ojos. Messi no levantó la copa en Nueva Jersey, pero dejó una imagen que será recordada por años: la de un campeón eterno enfrentando la tristeza con dignidad, gratitud y respeto. Esa escena enseña que perder no siempre significa caer; a veces significa cerrar una etapa de pie, con la frente en alto, sabiendo que el legado ya no depende del último resultado.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor


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La imagen de Lionel Messi sentado en el césped, vencido por el dolor pero no por la derrota, trasciende la final perdida ante España y se convierte en una lección universal sobre grandeza, nación, memoria y legado.
Foto de forbes argentina.

Messi y la dignidad de perder con la frente en alto

La imagen de Lionel Messi sentado en el césped, vencido por el dolor pero no por la derrota, trasciende la final perdida ante España y se convierte en una lección universal sobre grandeza, nación, memoria y legado.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Hay derrotas que no terminan cuando el árbitro pita el final. Hay partidos que siguen jugándose en el silencio de los vestuarios, en la memoria de los pueblos y en la mirada de quienes saben que estuvieron a un paso de la gloria. La caída de Argentina ante España, 1-0 en la final del Mundial 2026 disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, fue mucho más que la pérdida de una copa. Fue una escena de humanidad expuesta ante el mundo: Lionel Messi, con 39 años, en su sexta Copa del Mundo, llorando con la medalla de plata en el pecho, mientras una nación entera intentaba comprender que también desde el dolor se puede escribir historia.

La imagen de Messi sentado sobre el césped, sin botines, con la mirada fija y el peso de la derrota sobre los hombros, simboliza el instante en que el héroe deja de ser mito y vuelve a ser hombre. Durante años, el fútbol lo presentó como una criatura distinta, casi sobrenatural, capaz de resolver lo imposible con un toque de zurda. Pero allí, solo sobre la grama, ya no estaba el genio intocable, sino el ser humano confrontado con una verdad dura: haberlo dado todo no siempre garantiza levantar el trofeo. Esa escena resume la dimensión más íntima del deporte: la soledad después de la multitud, el silencio después del esfuerzo y la herida que queda cuando la gloria se escapa por un margen mínimo.

Lo verdaderamente poderoso de aquella postal no fue el llanto, sino la postura. Messi lloró, sí, pero no se escondió. Caminó con la medalla de plata, miró a su gente y sostuvo la frente en alto ante el país que lo acompañó en cada ilusión. En una época donde la derrota suele confundirse con fracaso y donde muchos buscan culpables antes que explicaciones, su actitud enseñó una forma superior de grandeza. Se puede caer sin romperse. Se puede perder sin degradar al rival. Se puede quedar a las puertas del campeonato y, aun así, salir del campo con la autoridad moral de quien honró la camiseta hasta el último segundo.

Su mensaje posterior tuvo la sobriedad de los grandes. “El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida”, escribió, sin esconder la tristeza ni disfrazarla de consuelo fácil. No buscó excusas. No culpó al azar, al cansancio, al árbitro ni al destino. Reconoció el golpe con la honestidad de quien entiende que el liderazgo no consiste solo en levantar copas, sino también en ponerle palabras dignas a la pérdida. En esa confesión está una de las lecciones más profundas de su legado: también hay nobleza en admitir que duele, también hay valentía en mostrarse vulnerable, también hay carácter en aceptar que no siempre se gana.

Pero Messi no se quedó atrapado en la herida. Como capitán de una generación acostumbrada a levantarse de sus propias caídas, eligió mirar el camino completo. Recordó los partidos que Argentina logró revertir, el esfuerzo del grupo, el trabajo silencioso y el apoyo de un país entero que volvió a unirse detrás de su selección. Argentina no conquistó el bicampeonato, pero llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo después de haber sido campeona en Catar 2022. Cuando pase la tristeza inmediata, esa continuidad será entendida como una hazaña deportiva y cultural. No todos los ciclos se miden por el último resultado; algunos deben medirse por la capacidad de sostener excelencia, identidad y pertenencia durante años.

Esta final también deja una marca en la historia del fútbol porque enfrentó dos legados. De un lado, la Argentina de Messi, emocional, resistente, épica, acostumbrada a sufrir para renacer. Del otro, España, campeona con autoridad, heredera de una cultura futbolística asociada al control, la técnica y la renovación generacional. Pero el impacto mayor de este partido no estará únicamente en el nombre del campeón, sino en las imágenes que dejó. Messi llorando con la medalla de plata, el público argentino cantando pese al dolor, sus compañeros acompañándolo, Lamine Yamal acercándose para abrazarlo y el propio capitán felicitando a España componen una memoria que trasciende el marcador. Esa final no solo decidió una copa; enseñó cómo se pierde, cómo se agradece y cómo se reconoce la gloria ajena.

El gesto de felicitar a España tuvo una fuerza pedagógica enorme. Messi, que construyó buena parte de su leyenda en territorio español con el Barcelona, pudo encerrarse en el silencio amargo de la derrota. No lo hizo. Eligió reconocer al campeón. En tiempos de fanatismos, agresividad verbal y celebraciones convertidas en humillación del adversario, esa actitud devuelve al deporte una dimensión civilizadora. Competir al máximo no obliga a odiar. Perder no autoriza a perder la clase. La grandeza verdadera no se demuestra únicamente cuando se gana, sino cuando se conserva la elegancia en el momento en que otro levanta el trofeo que uno soñó levantar.

El legado de esta derrota para futuras generaciones es profundo: la grandeza no se mide solo por títulos, sino por la forma en que se enfrenta el límite. Messi ya no necesita una copa más para ser Messi. Su nombre está escrito en la memoria del fútbol porque transformó talento en constancia, presión en liderazgo y sufrimiento en redención. Lo ocurrido en Nueva Jersey no reduce su historia; la completa. Porque no hay biografía verdaderamente humana sin pérdidas, no hay mito sin caída y no hay campeón eterno que no haya tenido que mirar alguna vez la celebración de otro desde el silencio. Argentina lloró con Messi porque en ese llanto vio al muchacho de Rosario, al líder de su selección y al símbolo de un país que volvió a reconocerse unido, incluso en la adversidad.

El fútbol seguirá. Argentina volverá. España celebrará con justicia su campeonato. Vendrán nuevos nombres, nuevas generaciones y nuevas discusiones. Pero la imagen de Messi en el césped quedará como una enseñanza para todos los tiempos: también se puede hacer historia con lágrimas en los ojos. Se puede perder una final sin perder la dignidad. Se puede sufrir una herida sin renunciar al orgullo. Se puede cerrar una etapa de pie, con gratitud y con la frente en alto. Porque hay derrotas que duelen como una noche interminable, pero también hay hombres que, aun derrotados, iluminan la historia.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor



viernes, 30 de diciembre de 2022

El padre Antonio y su monaguillo Andres - Ruben Blades

El padre Antonio y su monaguillo Andres - Ruben Blades https://youtu.be/GL8x1AaUBVc
@YouTube
@Fabriciogm13 “Antonio cayó hostia en mano y sin saber porqué; Andrés se murió a su lado sin conocer a Pele”. Rubén Blades.
Que Andrés pueda cumplir su sueño con la llegada del Rey ⚽️!

El mundo llora la muerte de Pelé, el 'rey' del fútbol

DEPORTES

El mundo llora la muerte de Pelé, el 'rey' del fútbol

Muchas personalidades se pronunciaron al conocer la noticia de la muerte del exastro Pelé, considerado por muchos el mejor futbolista de todos los tiempos y el único en ganar tres copas mundiales.

Pelé.

Pelé.

El mundo del fútbol lloraba este jueves (29.12.2022) la muerte de su 'rey': el brasileño Pelé, único futbolista en ganar tres mundiales, falleció a los 82 años en el hospital de Sao Paulo donde era tratado por cáncer. 

Pelé falleció "a las 15H27 (18H27 GMT), como consecuencia de la falla de múltiples órganos, resultado de la progresión del cáncer de colon asociado a su condición clínica previa", informó en un boletín médico el Hospital Albert Einstein, donde el exjugador había ingresado hace exactamente un mes.

Poco antes, su hija Kely Nascimento había publicado una foto con varias manos unidas en torno a las del exastro en la cama del hospital: "Te amamos infinitamente. Descansa en paz".

A las afueras del centro médico, 'torcedores' desplegaron una bandera: "Eterno rey Pelé".

El legendario jugador será velado en el estadio Vila Belmiro de la ciudad de Santos, a 80 km de Sao Paulo y que decretó siete días de duelo, en una fecha todavía no anunciada oficialmente.

En el hogar del 'Peixe', el equipo donde brilló la mayor parte de su carrera, ya había algún ramo de flores en homenaje al legendario camisa 10.

Su deceso provocó una catarata de mensajes en todo el mundo, desde personajes de la pelota hasta artistas y políticos lamentando el fallecimiento del que muchos consideran el mejor futbolista de todos los tiempos.

Pelé "transformó el fútbol en arte" 

"Antes de Pelé, el fútbol era apenas un deporte. Pelé lo cambió todo. Transformó el fútbol en arte", dijo el brasileño Neymar en sus redes.

"Descansa en paz Pelé", escribió el argentino Lionel Messi, con fotos suyas junto al exatacante.

"Su legado nunca será olvidado", tuiteó el crack francés Kylian Mbappé.

La FIFA, en tanto, afirmó que 'O Rei' es "inmortal".

El presidente saliente de Brasil, Jair Bolsonaro, envió condolencias a la familia de "uno de los mayores atletas de todos los tiempos", mientras que el mandatario electo, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que "nunca hubo un número 10" como 'O Rei'.

En las calles de Sao Paulo, mucho más vacías de lo habitual debido a las vacaciones de fin de año, la noticia se propagó rápidamente.

La icónica estatua del Cristo Redentor, que extiende sus brazos sobre Rio de Janeiro, le rendirá homenaje la noche de este jueves con una iluminación verde y amarillo, los colores de la bandera brasileña.

mg (afp, efe, dpa, Reuters, AP)

0:15 min

Fallece Pelé a los 82 años

Pelé: la muerte de un rey // Era considerado el mejor futbolista de la historia: Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé. Ya en sus tiempos de jugador activo era toda una leyenda. Hoy murió, a los 82 años.

 

BRASIL

Pelé: la muerte de un rey

// Era considerado el mejor futbolista de la historia: Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé. Ya en sus tiempos de jugador activo era toda una leyenda. Hoy murió, a los 82 años.

Pelé, la figura más aclamada del fútbol, murió a los 82 años.

Pelé, la figura más aclamada del fútbol, murió a los 82 años.

"Fuiste un genio que encantó al mundo. Un mago con el balón en los pies. Una verdadera leyenda". Con estas palabras se despidió Peléde Maradona, en un mensaje escrito cuando este murió, en noviembre de 2020. Algo parecido diría probablemente Maradona de su amigoPelé, que acaba de fallecer.

Ambos jugadores imprimieron su sello al fútbol del siglo XX, fueron verdaderos héroes en sus países y maravillaron a los hinchas del mundo entero con su técnica y sus goles. Pero Pelé, 20 años mayor que Maradona, fue la primera superestrella del fútbol. El brasileño es hasta ahora el único futbolista que ha ganado tres campeonatos mundiales. Fue elegido no solo el mejor futbolista, sino también el mejor deportista del siglo XX. "Pelé es inmortal y Edson no le tiene miedo a envejecer y tampoco a morir”, dijo una vez el ídolo brasileño en una entrevista.

Edson Arantes don Nascimento nació el 23 de octubre de 1940, y fue bautizado así en honor al inventor Thomas Alva Edison. En cambio, no está claro de dónde viene su apodo. La versión más difundida es que, siendo pequeño, admiraba al arquero del equipo de su padre, llamado "Bilé”, y afirmaba que también él quería jugar como "Pilé”, lo que habría derivado en "Pelé”.

Triunfo internacional

No pasó mucho tiempo hasta que el joven Pelé ganó fama en su país y luego en el mundo entero. Con solo 15 años, recibió un contrato en el club Santos y en su debut en la primera división anotó su primer gol. Pronto fue convocado a la selección nacional. A los 16 años marcó el único tanto de su equipo en un partido contra Argentina.

Un año después, en el Mundial de Suecia, permaneció primero en la banca. Pero luego anotó seis goles en cuatro partidos y tuvo así una participación sustancial en el triunfo de Brasil, que ganó allí su primera Copa del Mundo. Esa fue su consagración internacional.

Ya entonces era venerado en su país. El gobierno lo declaró patrimonio nacional y prohibió su venta al extranjero. En sus viajes al exterior era recibido como su fuera un presidente.

En el Mundial de 1962, jugado en Chile, sufrió sin embargo un revés. Brasil logró defender el título, pero Pelé apenas pudo jugar, debido a una lesión. Cuatro años más tarde, en Inglaterra, la selección brasileña fue sorpresivamente eliminada en la primera ronda, pero en 1970, en México, Pelé condujo a su país a coronarse por tercera vez campeón mundial.

Pelé con la Copa del Mundo, que entonces era la Copa Jules Rimet, en 1970.

Pelé con la Copa del Mundo, que entonces era la Copa Jules Rimet, en 1970.

Un año después, Pelé jugó su último partido con la camiseta nacional: ante 180.000 espectadores, se despidió en el estadio Maracaná de la selección para la que había marcado 77 goles. Muchos pensaron que la despedida era prematura: tenía solo 33 años de edad.

Las causas del retiro

Hasta ahora se especula acerca de las causas de su retiro: ¿lo motivó una fuerte disputa con el entonces presidente de la federación de fútbol brasileña, Joao Havelange? El propio Pelé mencionó posteriormente un argumento político. Dijo que no había querido respaldar al gobierno militar. 

En cambio, siguió jugando en la liga brasileña. Ya no se puede hacer un recuento preciso de cuántos partidos disputó y cuántos goles marcó con el Santos, el equipo que siempre estará ligado a la figura de Pelé: oficialmente, fueron 1.088 goles en 1.114 partidos. También hubo confusión en torno a su milésimo gol. Supuestamente lo anotó en un juego contra el Vasco da Gama, y todo Brasil lo festejó aquel 19 de noviembre de 1969. Pero investigaciones posteriores revelaron que probablemente ese haya sido el gol número 1.002.

En 1974 terminó su carrera; de momento. Porque no había pasado aún un año cuando sorpresivamente firmó un contrato con el Cosmos de Nueva York. El motivo: un amigo había malversado su fortuna. En tres años ganó 4,5 millones de dólares, lo que fue un récord en su época. "Pelé es el mejor jugador de todos los tiempos”, diría su entonces compañero de equipo Franz Beckenbauer. "El dominó el fútbol durante 20 años. Todos los demás, como Maradona, Cruyff o Platini, vinieron después. No hay ninguno que fuera comparable con Pelé”. En 1977 dijo adiós definitivamente al fútbol.

Más allá de la cancha

Ya en sus tiempos de Nueva York, Pelé sentó las bases para su exitosa carrera como hombre de negocios. Fundó una empresa de marketing de deportes, compró una emisora de radio y una productora cinematográfica. En 1994 asumió una cartera ministerial, como ministro especial de Deporte, donde se mantuvo por cuatro años.

Pele, que tuvo dos matrimonios y siete hijos, fue además embajador deportivo de Brasil, de la ONU y la Unicef. "Todos los niños del mundo quieren jugar al fútbol como Pelé; por eso, tengo la responsabilidad de mostrarles cómo se convierte uno en un buen futbolista, pero también en una buena persona”, dijo una vez.

En los últimos años vivió bastante retirado, debido a problemas de salud. Tras la muerte de Maradona, había dicho por Twitter "espero que algún día juguemos juntos en el cielo”. Ahora estarán jugando, en otra dimensión, como en realidad siempre lo hicieron.

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jueves, 29 de diciembre de 2022

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Edson Arantes do Nascimento, logró tres títulos mundiales de selecciones, dos de clubes e hizo 1283 goles en su carrera
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Pocas veces resultó tan sencillo describir al fútbol como fenómeno. Decir “Pelé” lo resume todo y no necesita traducción en ningún lugar del planeta. Tres títulos mundiales de selecciones, dos de clubes y 1283 goles en su carrera podrían acabar con cualquier comparación, pero el genio de Brasil fue mucho más que eso. Representa la belleza del juego, la maravilla del espectáculo. A los 82 años, y tras convivir durante meses contra una delicada enfermedad que deterioró su salud, este jueves 29 de diciembre murió en el Hospital Albert Einstein de San Pablo. El eterno rey ahora es una leyenda.

Edson Arantes do Nascimento nació el 23 de octubre de 1940 en Tres Corazones, en Minas Gerais y su infancia estuvo marcada por dos ilusiones: tratar de ser jugador de fútbol como su padre, y revertir la historia de la selección de su país ganando una Copa del Mundo tras el fracaso en el Mundial de 1950 en el Maracaná ante Uruguay, cuando él tenía sólo nueve años y sufrió mucho aquella situación.

Su padre, Joao Ramos do Nascimento, Dondinho, era un buen delantero que hasta llegó a marcar cinco goles de cabeza en un mismo partido (Pelé dijo que es un récord que siempre quiso batir y no pudo). Había sido jugador del Fluminense y del Atlético Mineiro, pero una lesión en su rodilla (en un choque contra Augusto, capitán después de la selección brasileña en el Mundial de 1950) truncó su carrera a los 24 años.

Pelé era conocido de niño como Dico y se fue a vivir a Baurú porque su padre fue contratado por el equipo de esa ciudad. Allí jugaba al fútbol con una pelota de trapo, y creó con sus amigos del barrio un equipo llamado Ameriquinha, desde donde saltó al Baquinho, las divisiones inferiores del Baurú. Allí fue entrenado por Waldemar do Brito, que había jugado el Mundial de Italia 1934, y éste fue fundamental para perfeccionar su técnica y convencerlo de hacerse profesional, y a su madre, Celeste, para que aceptara abandonara su trabajo en una fábrica de zapatos y fuera a jugar al Santos FC.

Do Brito le ganó la pulseada, por poco, a Elba de Padua Lima, Tim, que era el DT del Bangú de Río de Janeiro y había jugado el Mundial de Francia 1938 (y quien en 1968 dirigiría a Los Matadores, campeones invictos del Metropolitano con San Lorenzo de Almagro). Pelé tenía tres hermanos, María Lucía, Edson y Zoca, componiendo una familia muy humilde, tanto, que contó que al llegar al Santos, “lo primero que hice fue ir corriendo al agua, para comprobar si era efectivamente salada como decían”.

Había abandonado la escuela en cuarto grado, con muy malas notas. También vendía bebidas frescas en las estaciones de trenes, lustraba zapatos y le pusieron “Gasolina” cuando se empleó en una estación de servicio, pero no le gustaba ese apodo. También arrastraba el de “Pelé, aunque hay dos versiones sobre su origen. Una dice que como su madre estaba harta de que sólo se interesara por el fútbol, le decía “si sólo te dedicás a jugar al fútbol, vas a ser un pelé (un don nadie, un pelele) toda tu vida”. La otra indica que venía de las “peladas”, los descampados en los que jugaba con sus amigos en Baurú.

Pelé hizo toda su carrera profesional en Santos, donde ganó dos Copas Libertadores
Pelé hizo toda su carrera profesional en Santos, donde ganó dos Copas Libertadores

Se destacó de entrada y hasta llegó a entrenarse con profesionales pero le decían que debía mejorar su complexión física porque era demasiado flaco (47 kilos). Jugando para el sub-16 de San Pablo, malogró un penal importante y eso le hizo pensar en marcharse, pero no se lo permitieron. Otra vez, casi lo convencen del Baurú para regresar y jugar en Primera, incluso hizo su maleta y ya se iba cuando el cuidador del club lo vio en la estación y lo trajo de vuelta.

En el Santos compartía la pensión de Doña Georgina con Dorval Coutinho, aunque su protector era Zito, a quien iba a comprarle cigarrillos. Debutó ante el Corinthians de Santo André convirtiendo un gol, aunque su primer partido oficial fue ante el Cubatao el 7 de setiembre de 1956 con 15 años, y otro gol. Ganó ese torneo paulista como goleador del equipo, y luego, la Copa Río-San Pablo de 1957.

Si bien era conocido en Brasil, no lo era en el concierto internacional, tanto es así que se guarda en Santos como un gran documento cuando desde un club de Porto Alegre le pidieron prestado un jugador y el club paulista ofreció a Pelé. El telegrama de respuesta fue “Pelé no interesa, manden a Pagao”, un veterano futbolista, casi retirado.

Esto cambió con un torneo organizado en el Maracaná con equipos brasileños y europeos (tres goles a Belenenses de Portugal, y uno a cada uno al Dynamo de Yugoslavia, Flamengo y San Pablo) y así logró que el DT de Brasil, Vicente Feola, lo convocara cuando no llevaba un año de profesional. El 7 de julio de 1957 debutó contra Argentina por la Copa Roca en el Maracaná (ganó Argentina 2-1, entró en el segundo tiempo cuando la gente coreó su nombre, y le marcó el gol a Amadeo Carrizo aunque luego del empate, el Gitano Juárez desniveló). Había nacido una estrella, y anotó uno de los dos goles del 2-0 a Argentina tres días después en el Pacaembú.

Su crecimiento en tan poco tiempo lo llevó a ser convocado para el Mundial de Suecia 1958 aunque no sin polémicas porque fue en detrimento de una de las estrellas del momento, Luizinho, del Corinhians, lo que enloqueció a su hinchada, al punto de que sus manifestaciones consiguieron que la selección brasileña enfrentara al equipo paulista en un amistoso, en el que Ari Clemente, defensor corinthiano, lo lesionó en su rodilla y casi se queda afuera.

Debutó recién en el tercer partido de grupo ante la URSS de Lev Yashin. Ganó Brasil 2-0 y Feola hizo ingresar a los jóvenes Pelé, Garrincha y Zito luego del empate 0-0 ante Inglaterra y pese a la oposición del psicólogo del plantel. Pero en cuartos de final, País de Gales se metió atrás y Pelé marcó un gran gol con el que Brasil pasó a semis (sombrero a Williams en el punto penal y antes de que la pelota picara y con Bowen acosándolo, le pegó con el empeine derecho cerca del palo derecho de Kelsey). Pelé siempre dijo que ese gol fue el que le dio la confianza definitiva.

Luego, en lo que fue una final anticipada, llegó un triplete a la Francia de Kopa y Just Fontaine en el espléndido 5-2. En la final ante la Suecia de Liedholm y Gunnar Gren, Brasil iba perdiendo con gol de Liedholm, Pelé estrelló una pelota en el palo, pero la maravilla ocurrió en el segundo tiempo con el tercer gol, cuando pasó la pelota por arriba de Gustavsson y le dio a la pelota sin que picara. Con el partido 4-2 y casi definido, Pelé le ganó en el aire a dos defensores, alcanzó a cabecear de una manera rara a la pelota y ésta hizo una parábola antes de meterse en la red. Pelé y Brasil eran campeones del mundo por primera vez y Pelé, en una escena mítica, lloraba en los hombros del arquero Gilmar.

Hasta hoy, fue la única vez que una selección sudamericana ganó un Mundial en Europa. Tenía 17 años y la revista francesa L’Equipe le otorgó el título de “Rey del Fútbol” y quedó para siempre como “O Rei”. Eso le permitió, al regresar a Brasil, renegociar su contrato con el Santos por 22 mil dólares de prima, una casa y un automóvil Volkswagen.

Tenía 17 años y la revista “L’Equipe” le otorgó el título de “Rey del Fútbol”
Tenía 17 años y la revista “L’Equipe” le otorgó el título de “Rey del Fútbol”

A la vuelta al Santos, Pelé ya era muy famoso y se adueñó del equipo cuando el crack Emmanuele Del Vecchio emigró al Milan. La de 1958 fue una temporada sensacional, con 58 goles en 38 partidos. El equipo por esos años, daba notables espectáculos con jugadores como Mauro, Gilmar, y una brillante delantera, que para Pelé fue la mejor que integró: Dorval, Mengalvio, Coutinho, Pelé y Pepe.

A los 18 años tuvo que hacer el servicio militar en el Sexto Grupo de Artillería Motorizada en Santos. Jugó para el equipo de su cuartel y para el Ejército de Brasil y llegó a participar del campeonato militar sudamericano, en el que alcanzó la final y fue expulsado en ésta ante Argentina.

Justamente al año siguiente concurriría al Sudamericano de Buenos Aires. Pelé fue la figura excluyente, y goleador del torneo, pero Brasil sólo pudo empatar con Argentina en el último partido y los locales fueron campeones. Pelé no volvería a jugar más en la Argentina con la camiseta de Brasil. También protagonizó allí una recordada batalla campal con Uruguay, con resabios de aquella derrota de 1950 en el Maracaná.

El 5 de marzo de 1961 Santos enfrentaba al Fluminense en Río de Janeiro y le ganaba 1-0 con gol suyo cuando a los 40 minutos recibió de Dalmo, eludió a Valdo, se sacó de encima a Edmilson con un amague, pasó entre Clovis y Altair, desorientó a Pinheiro con una finta perfecta, Jair Marinho le fue con todo cuando ingresaba al área pero superó también ese escollo y cuando le salió el arquero Castillo, sacó un remate suave a su palo derecho y lo venció. El relator Valdir Amaral gritó entonces en la radio “Este gol merece una placa”. Al poco tiempo, el desaparecido diario paulista “O Esporte” colocó una placa en el Maracaná que dice “En esta cancha, el día 5-3-61 Pelé marcó el gol más bonito de la historia del Maracaná”.

Para el Mundial de Chile 1962, el DT era Aymoré Moreira. Pelé llegaba con un exceso de partidos y se le había diagnosticado un esguince inguinal. Ya Brasil había pasado del sistema 4-2-4 al 4-3-3, y la estrella del Santos debutó con un gol ante el México del arquero Antonio Carbajal (que atajó en cinco Copas del Mundo) pero ya en el segundo partido ante Checoslovaquia no daba más y cayó fulminado de dolor. Como no había cambios en esa época, siguió en el partido, aunque renqueando, y ya no volvió a jugar más. Fue reemplazado por Amarildo y fue Garrincha el que brilló para el segundo título.

Pelé volvió para la Copa Libertadores con el Santos en 1962 sólo para la última final ante el Peñarol de Alberto Spencer. Fue en Buenos Aires, en el Monumental, luego de dos 0-0. Pelé marcó dos goles y los brasileños ganaron 3-0. Eso le dio la posibilidad de jugar ante el Benfica de Eusebio, Coluna y Simoes la Intercontinental (3-2 en la ida, con dos goles suyos y 5-2 en Lisboa con un recital suyo y cuatro tantos).

Pelé marcando un gol en la final del Mundial de México 1970 frente a Italia
Pelé marcando un gol en la final del Mundial de México 1970 frente a Italia

Al año siguiente, ya cuando comenzaba la tendencia mundial al tacticismo (el Santos era uno de los pocos que daba respuesta a eso con su fútbol excelso), tuvo que enfrentar a Boca en dos encarnizadas finales de Copa Libertadores en 1963. Fue cuando un jugador le rasgó el pantalón a Pelé y se lo tuvo que cambiar. El Santos ganó los dos partidos pero tuvo que remontar. Y Pelé fue protagonista las dos veces. Fue a jugar la Copa Intercontinental ante el Milan de Gianni Rivera, Giovanni Trappatoni, Cesare Maldini y Amarildo. Los italianos ganaron 4-2 en San Siro (Pelé marcó los dos) y en el Maracaná, sin Pelé, Santos ganó 4-2 y el desempate 1-0.

Para 1964, llegó como DT al Santos Julio Massei, de mucho éxito en Palmeiras y empezó una segunda era dorada con Carlos Alberto, Clodoaldo y el argentino José Manuel Ramos Delgado, entre otros. También llegó a jugar César Menotti. “No digo nada nuevo si afirmo que Pelé fue un monstruo. Tenía unas extraordinarias condiciones físicas, técnicas y mentales y además, era guapísimo. Y como si fuera poco, siempre, desde que comenzó su carrera, estuvo rodeado de grandes jugadores”, recordó años después Ramos Delgado, llegado en 1967.

Durante ese mismo 1964, Brasil sufrió una inesperada derrota como local en la Copa de las Naciones que se llevó Argentina al vencer 3-0 en el Pacaembú de San Pablo con dos goles de Roberto Telch. Pelé fue expulsado por un codazo al “chino” José Mesiano, que lo marcaba rigurosamente. Antes, había simulado un penal a partir de una falta inexistente de Antonio Rattín, y que, insólitamente, no ejecutó sino Gerson, y atajó Carrizo. El duelo con Rattín ya venía del año anterior, en la final de la Copa Libertadores. “Dejá, que del negro me encargo yo”, decía a sus compañeros, en voz alta, el capitán argentino. “Sin violencia, Rattín, sin violencia”, imploraba Pelé.

Para 1966 vino el Mundial de Inglaterra al que Brasil llegó con una desastrosa preparación, y Amarildo, lesionado en la gira previa. Brasil debutó con un 2-0 a Bulgaria (Pelé anotó de tiro libre) pero el árbitro no cobró casi ninguna falta de las permanentes del defensor Zhechev. Para tomar precauciones, lo reservaron ante la Hungría del gran Florian Albert y perdieron 3-1 ante los magyares, y ya en el decisivo partido ante la Portugal de Eusebio no sólo volvieron a caer 3-1 sino que el defensor Morais lo lesionó con otra doble falta que el árbitro no señaló, en un contexto de muchas dudas en los arbitrajes que acabaron perjudicando a los tres exponentes sudamericanos, junto con Argentina y Uruguay.

Al regresar, Pelé renunció a la selección brasileña pero ya las exhibiciones con el Santos eran espectaculares y por todo el mundo. Pelé se codeaba con mandatarios, estrellas del cine, políticos (Robert Kennedy, por ejemplo, asistió a uno de sus partidos y se acercó al vestuario para regalarle un dólar de oro como símbolo de su admiración, en Biafra acordaron una tregua de 48 horas de una guerra que se libraba para poder ver en acción al Santos en una de sus giras por África, fue recibido por los papas Juan XXIII y Paulo VI).

En un amistoso en Colombia fue expulsado y cuando ya se iba a cambiar en el vestuario, un dirigente vino a decirle que no lo hiciera, que ante la indignación de la gente habían decidido cambiar al árbitro para poner a un juez de línea para que siguiera, hasta que en 1969 llegó a su gol mil justo en el Maracaná y ante el arquero argentino Edgardo Andrada, del Vasco da Gama. Fue el 19 de noviembre y ante 65.000 personas. Dio una vuelta olímpica y entrevistado en ese momento, dijo “Pensé en Navidad, pensé en los niños”.

Cerca del Mundial de México, consideró regresar a la selección cuando fue destituido Aymoré Moreira y reemplazado por el periodista marxista Joao Saldanha, que usó como base a los jugadores del Santos y Botafogo (su ex equipo) pero fue destituido también por sus problemas con el poder político y con el presidente de la CBD, Joao Havelange. Fue convocado entonces como DT su ex compañero en 1958 Mario Zagallo, y se clasificó en su grupo sudamericano ganando todos los partidos.

El Mundial de 1970 fue el de un Pelé excelso, con jugadas para recordar (remate de mitad de cancha que casi vence al arquero checoslovaco Ivo Viktor, el cabezazo que le sacó Gordon Banks, que se considera la mejor atajada de la historia de los Mundiales, un golazo de tiro libre ante Rumania, el amague a Ladislao Mazurkiewicz ante Uruguay en semifinales, dejando correr la pelota por un costado, yéndola a buscar por el otro, y rematando cruzado y apenas desviado –Alonso lo pudo hacer ante Independiente en 1972-, el gol de cabeza en la final, cuando Tarciso Burgnich dijo que pensó que Pelé era humano y ese fue su error en la marca, el pase sin mirar a Carlos Alberto en el 4-1 final).

Ese Mundial, que significó que Brasil se quedara definitivamente con la Copa Jules Rimet, desató una gran euforia (el poeta Vinicius de Moraes cantaba “La Copa del Mundo es nuestra”), pero también fue utilizada políticamente por la dictadura militar de Emilio Garrastazú Médici, algo de lo que Pelé se dio cuenta años más tarde, igual que muchos de sus compañeros de equipo.

El 18 de julio de 1971 jugó su último partido con la selección verdeamarilla ante Yugoslavia. Era el final, y también se planteaba dejar un Santos en decadencia cuando en 1972 le vencía el contrato y lo explotaban con giras por todo el planeta, sin parar.

En 1974, Joao Havelange, que se lanzaba como candidato a presidente de la FIFA, intentó convencerlo para volver a la selección para el Mundial de Alemania Federal pero no sólo no aceptó sino que ese año terminó también su carrera en el Santos con una impresionante despedida en Vila Belmiro.

Sin embargo, estuvo a punto de quebrar por malos negocios y la única que le quedaba era regresar al fútbol. Tenía ofertas de Juventus, Milan. Real Madrid y América de México pero el Cosmos de Nueva York estaba detrás de él desde hacía tres años a través de su presidente, Cliv Toye. No había presiones y Pelé prefirió eso a sus 35 años. Fue presentado el 11 de junio de 1975. Su DT sería Gordon Bradley, a quien ya había enfrentado una vez y había sido su marcador. Su debut fue una semana después en la NASL ante el Toronto Metros.

Con la selección de Brasil ganó tres mundiales, en 1958, 1962 y 1970
Con la selección de Brasil ganó tres mundiales, en 1958, 1962 y 1970

El Cosmos pasó de 8000 aficionados a 22.500 pero la temporada fue decepcionante y además, Pelé se lesionó ante San José Earthquakes. Así es que para la temporada siguiente, la entidad estadounidense decidió reforzarse con el peruano Ramón Miflin y Nelsi Morais, ambos del Santos, y con el italiano Giorgio Chinaglia, de Lazio. El DT pasó a ser Ken Furphy, que trajo tres jugadores del Sheffield United inglés, pero los planteos eran muy defensivos, así que volvió como DT Bradley, que estaba en un cargo administrativo. Acabaron perdiendo la final ante el Tampa Bay Rowdies por 3-1 y Pelé recibió un botín con incrustaciones de oro por llegar a su gol 1250.

Decidieron contratar entonces a Eddie Firmani, el DT de los campeones, y ficharon a Franz Beckenbauer y a Carlos Alberto, y por fin salieron campeones al vencer en la final a Seatlle Sounders 2-1. Partieron de gira por todo el mundo y tras 111 partidos y 65 goles, a poco de cumplir 37 años, el 1 de octubre de 1977, Pelé dijo adiós a su carrera ante 75.000 personas en un partido Santos vs Cosmos (ganaron los yanquis 2-1). Luego se quedó tres años más en Estados Unidos representando a veinte empresas y creó la Pelé Sports & Marketing. Finalizaba su carrera con 1283 goles en 1367 partidos. Oficialmente, y mientras los propios reclutadores de estadísticas continúan en discusión por las cifras, sumó 760 en 831 partidos para quedar actualmente en la historia detrás de Josef Bican, Romario, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

En una encuesta de FIFA de 2000 fue elegido como mejor jugador del siglo XX con el 72,7% de los votos. El COI lo eligió como el atleta del siglo XX en 1980. Con el Santos obtuvo 10 campeonatos paulistas, 3 torneos Río-San Pablo, 6 campeonatos brasileños, 2 Copas Libertadores, 2 Copas Intercontinentales y una Supercopa de Campeones Intercontinentales. Es el máximo goleador del Santos con 541, y de la selección brasileña (95), y por si fuera poco, es el inventor de la “Paradinha” en la ejecución de los penales, un último amague antes del remate “porque en ese tiempo, los arqueros solían adelantarse mucho”, explicó.

Nunca ganó el Balón de Oro porque sólo se le entregaba a europeos pero en la gala de enero de 2014, la FIFA le otorgó uno honorífico.

Durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, en los años noventa, fue ministro de Deportes y se promulgó la llamada “Ley Pelé”, por la que si el jugador termina su contrato y no renueva con su club, queda en libertad de acción.

Por esos años generó una gran polémica en Brasil por haber hecho campaña a favor de EEUU para organizar el Mundial 1994 justamente contra su propio país, y en ese mismo tiempo fue asesor ejecutivo en el Santos y quiso traer al club a Diego Maradona y viajó especialmente a Buenos Aires a reunirse con él y Carlos Menem, el día que éste fue reelecto presidente argentino. Con Maradona, se conocieron en 1979, reunidos por la revista “El Gráfico” en Brasil y siempre existió una relación especial con muchos vaivenes, enemistades y reconciliaciones, con declaraciones cruzadas y permanentes alusiones personales.

En 1994 fue asesor ejecutivo en el Santos y quiso traer al club a Diego Maradona
En 1994 fue asesor ejecutivo en el Santos y quiso traer al club a Diego Maradona

Fue nombrado Caballero de Honor del Imperio Británico, Ciudadano del Mundo por la ONU y es embajador para la Ecología y Medio Ambiente de la UNESCO, y embajador del Deporte en el Foro de Davos (2006).

En cine trabajó en “Escape a la victoria” (1981) junto con Bobby Moore, Osvaldo Ardiles, Kazimierz Deyna y actores como Michael Caine, Max Von Sydow y Sylvester Stallone, y también fue actor en la TV.

Su amor por la música lo llevó a componer unos quinientos temas musicales y grabar discos, aunque algunos se mantienen en el anonimato “porque nunca quise que se compararan mis capacidades”. Es nombrado en más de cien canciones en todo el mundo.

Se casó en 1966 con Rosemeri Cholbi pero se divorció en 1978. Se dijo que con los continuos viajes por giras, se veían muy poco. Tuvo cuatro hijos, Kelly, Cristina, Edinho (el arquero del Santos que estuvo preso en 2005 por tráfico de drogas y ahora purgando una larga condena por lavado de activos provenientes del narcotráfico) y Jennifer. En 1994 se casó otra vez, con Assiria Seixas Lemos y tuvo a los gemelos Josua y Celeste.

Se le conocieron amoríos con Xuxa y con dos reinas de la belleza: Mis Brasil 1986 (Deisa Nunes de Souza) y Miss Brasil 1989 (Flavia Cavalcanti).

Tuvo que reconocer otra hija extraconyugal a través de la Justicia, Sandra Regina Machado, quien murió de cáncer en 2006, y se le atribuye otra más. No asistió al entierro pero dio a entender que no suele hacerlo en ningún caso y de hecho, tampoco lo hizo con homenajes póstumos a sus padres, de quienes dice que cuando nació, “ellos cerraron la fábrica” y que nació para jugar al fútbol “como Beethoven para la música”.

Si bien tuvo diversos problemas de salud a lo largo de la última década, inclusive con un problema en la cadera que dificultó su desplazamiento, fue durante los últimos años que su cuadro se complicó a raíz del hallazgo de un tumor de colon. Fue operado en septiembre del 2021 y a partir de allí fueron constantes sus chequeos en el Hospital Albert Einstein de San Pablo. El 29 de noviembre de este año, mientras la Copa del Mundo en Qatar empezaba a dar sus primeros pasos, se conoció la noticia de un nuevo ingreso al centro médico para una “reevaluación del tratamiento de quimioterapia para el tumor colónico”. El cuadro empeoró semana a semana, a punto tal que su familia se reunió para acompañarlo en sus últimas horas.

Más allá de las polémicas, la indiscutible brillantez de Pelé lo convirtió en el rey de su tiempo y comparte la selecta galería de los mejores jugadores de la historia junto con los argentinos Alfredo Di Stéfano, Diego Maradona y Lionel Messi, y el holandés Johan Cruyff.

“Cuando una persona es muy conocida y pasa a ser idolatrada, suele olvidar de donde vino. Lo digo porque cuando Edson conoció a Pelé, con sus seis años en Baurú, era Edson el que lloraba, sufría, tenía problemas. Pelé es inmortal, ídolo. Uno puede ir a cualquier lugar del mundo y si pregunta si conocen a Pelé, la respuesta siempre será que sí, pero si uno pregunta quién es Edson, nadie lo sabe y sin embargo, Edson es la base de Pelé”, reconoció para un documental sobre su vida.

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