SERVICIO DE NOTICIAS en favor de la democracia participativa, el desarrollo humano, la paz, el medio ambiente y la cultura.- Santo Domingo, República Dominicana / Luis ORLANDO DIAZ Vólquez - OPINIÓN, NOTICIAS Y COMENTARIOS. Haciendo de la lucha contra la pobreza un apostolado templario./ email: guasabara.editor@gmail.com - http://www.facebook.com/GuasabaraLUISorlandoDIAZ - @GUASABARAeditor
Es posible que se estén produciendo hechos preocupantes en algunos mercados inmobiliarios, pero el fondo soberano de inversión más grande del mundo dice que no tiene intenciones de salir de los bienes raíces.
Se está abriendo una brecha entre lo que los seleccionadores de acciones piensan que valen los bienes raíces y qué activos podrían tener valor en el mercado físico, un posible indicio de que quizá se avecine una corrección.
Por ejemplo, el mayor fideicomiso inmobiliario del Reino Unido, Land Securities, se negocia actualmente con un descuento de 36 por ciento en relación con su valor liquidativo.
“Evidentemente es una señal de alarma en la fijación de precios si algo se aleja mucho en cualquier dirección”, dijo Karsten Kallevig, máximo responsable de Norges Bank Real Estate Management, en una entrevista en su oficina de Oslo el pasado miércoles.
Kallevig, de 43 años, tiene a su cargo actualmente US$24.000 millones en bienes raíces claves, que incluyen gran parte de Regent Street de Londres, además de propiedades en Times Square y los Champs Elysées, entre otros lugares de primer nivel.
En total, el fondo posee alrededor de US$1 billón en acciones, bonos y bienes raíces, y está en vías de llevar sus tenencias inmobiliarias hasta alrededor del 7 por ciento de su cartera total.
Si bien Kallevig reconoce que en tiempos de turbulencia es bueno ser prudente, las alarmas no suenan con la intensidad que lo hicieron a comienzos de 2016, cuando el fondo hizo una pausa de seis meses en la compra de propiedades para averiguar qué estaba sucediendo.
Hasta el momento, el fondo todavía tiene interés en nuevas adquisiciones. “No he retirado órdenes de compra, eso seguro”, dijo Kallevig.
Las tenencias inmobiliarias del fondo rindieron 5,4 por ciento en lo que va de este año.
Después de escindirse del resto de la cartera de referencia del fondo y aumentar su margen para comprar bienes raíces el año pasado, Kallevig está ampliando su equipo interno de altos directivos. En septiembre, designó a dos nuevos directores de inversión para supervisar los mercados estadounidense y europeo.
La estrategia del fondo se centra en alrededor de 10 ciudades globales. Los nuevos directores de inversión ven similitudes en Europa y los Estados Unidos y están compitiendo en gran medida con los mismos oferentes a ambos lados del Atlántico por las propiedades más prestigiosas. “Vemos nombres del mismo tipo en todos nuestros mercados, las operaciones a que apuntamos son relativamente grandes”, dijo en una entrevista Per Loken, que está a cargo de mercados estadounidenses. El fondo tiene amplia libertad para expandir el gasto, pero sigue siendo “cauto”.
ANALISTA Una crisis autoinfligida de deuda a la vuelta de la esquina Lunes, 14 de agosto de 2017 Paul Krugman Las probabilidades de que haya una crisis de deuda en Estados Unidos ahora son bastante altas: los republicanos de la línea dura están ansiosos de tomar a la economía como rehén; los demócratas no están de humor para hacer concesiones y el presidente Trump es rencoroso e ignorante. Así que es muy probable que más o menos para octubre llegue un día en el que el gobierno estadounidense deje de pagar algunas de sus cuentas, incluyendo los intereses sobre la deuda.
¿Qué tan malo puede ser? La verdad es que no sabemos, pero hablar de por qué no sabemos puede servir de algo.
Hasta ahora, la deuda de Estados Unidos había ocupado un lugar especial en la economía mundial debido a que es, o era, el principal activo seguro, digamos aquello que podíamos usar para asegurar transacciones sin cuestionarnos si conservaría su valor. En cierto modo, el dólar es para otras divisas lo que el dinero es para otros activos, la deuda en dólares es la forma en la que los dólares se mantienen con la máxima seguridad.
Acabar con esa función puede ser muy malo. Una interpretación famosa de la crisis financiera de 2008 es que se trató de “una escasez de activos seguros”: cuando la gente se dio cuenta de que esos valores AAA diseñados a partir de préstamos de alto riesgo no eran la gran cosa, salieron en desbandada en busca un suministro inadecuado de algo seguro. Privemos a la gente de deuda en dólares como activos seguros y preparémonos para lo peor.
Entonces la pregunta es si una interrupción en los pagos realmente acabaría con el lugar especial que tiene la deuda de Estados Unidos.
Supongamos que todos esperamos que los pagos normales se reanuden, con los intereses correspondientes, en un par de semanas. En ese caso, hasta un pequeño descuento en, digamos, los bonos del Tesoro los convertiría en una muy buena inversión, así que básicamente aparecerían los especuladores y respaldarían el valor de la deuda de Estados Unidos, a pesar del impago temporal. En tal caso, la falta de pago no sería un gran problema.
El gran problema vendría si los inversionistas ven el impago no como un fallo temporal, sino como un signo de disfunción crítica y perdurable en el gobierno estadounidense. Si ese fuera el caso, no necesariamente aparecerían para comprar deuda de Estados Unidos, y su confianza en toda la estructura económica sufriría un golpe grave.
Claro está, por supuesto, que esto es poco probable. Para que el impago de un gobierno solvente se considere algo más que un mero fallo, habría que creer que tenemos una división partidista infranqueable, en la que un partido está dominado en su mayoría por extremistas, y un presidente ignorante, incompetente y vengativo. Ay, momento…
https://www.larepublica.co/analisis/paul-krugman-510000/una-crisis-autoinfligida-de-deuda-a-la-vuelta-de-la-esquina-2536586
La impresión masiva de billetes de banco para impulsar la economía luego de la crisis financiera ha generado una nueva burbuja. Diez años después del "crash", ¿viene una crisis aún peor?
A pesar de que Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de EE. UU., dijo el mes pasado que una crisis financiera como la de hace diez años es improbable "durante nuestras vidas", varios respetados analistas de los mercados bursátiles creen, por el contrario, que un nuevo desastre puede producirse ya en los próximos meses.
Jim Rogers, cofundador del Quantum Group de fondos hedge, dijo a la página web Business Insider en junio que un crash bursátil puede tener lugar "este año, a más tardar el próximo".
En entrevista con el canal económico CNBC, el inversionista suizo Marc Faber, conocido como "Dr. Doom", predijo que próximamente los accionistas "pueden perder el 50 por ciento de sus activos" en lo que describió como una "avalancha" de ventas.
La multiplicación del papel moneda
Ambos inversionistas acusan a los políticos de no haber combatido las causas de la debilidad estructural de la economía global después de la última crisis financiera. La "gran recesión", como se la ha pasado a llamar, fue generada por un colapso del mercado inmobiliario estadounidense que produjo masivas suspensiones de pagos de créditos hipotecarios por parte de clientes de alto riesgo.
Para evitar el derrumbe del sistema financiero, varios bancos centrales imprimen actualmente papel moneda en volúmenes billonarios. Ese dinero fue invertido en las bolsas y otros bienes, incluidas propiedades, lo cual llevó a un aumento de los precios de esos activos, pero sin que el dinero llegara a la economía real.
Otros posibles detonantes
Analistas apuntan también a otros posibles detonantes de una nueva crisis mundial. Uno de ellos puede ser la altamente endeudada economía china. Como China está crecientemente interconectada con la economía mundial, un cese masivo de pagos en el mercado chino de créditos puede tener repercusiones asimismo globales.
Papel moneda: emisión de billones que no llegan a la economía real
También millones de estudiantes estadounidenses están endeudados. Según el Financial Times, 8 millones de los 44 millones de estudiantes que han recibido créditos para financiar sus estudios ya se encuentran en cesación de pagos. Y la situación puede empeorar.
¿Cómo reducir la emisión de moneda?
Iain Begg, economista de la London School of Economics, dijo a DW que las autoridades financieras deben practicar una "vigilancia extrema" para prevenir nuevos shocks económicos. Si bien Begg no ve en este momento indicadores que estén en "fase roja", sí existe, dice, cierta preocupación acerca de cuándo y cómo la Reserva Federal comenzará a retirar dinero del mercado.
Como es la primera vez que una política monetaria expansiva es aplicada en esas dimensiones, la contracción de la base monetaria puede llevar a su vez a nuevas turbulencias, subraya Begg.
Preocupaciones depara asimismo la política proteccionista del presidente Donald Trump. Esta y el brexit pueden golpear a la economía global y reducir la confianza general de los actores económicos, lo que puede transformarse en otro factor detonante de un nuevo crash.
"Es como algo que uno no ve venir y de pronto lo muerde a uno en la pierna. Por eso debemos permanecer alertas, para no despertar un día con una crisis aún mayor de la de 2007/2008".
Autor: Nik Martin (PK/VT)
ARTE CALLEJERO CONTRA LA CRISIS (27.10.2015)
Un Estado en quiebra
De acuerdo con un mito popular irlandés, quien atrape a un gnomo será llevado por este a un tesoro de oro escondido. Sin embargo, de momento, el duendecito verde no tiene nada que ofrecer. La crisis financiera de 2008 ha afectado duramente a Irlanda. Por primera vez, tras 24 años de crecimiento continuo, la economía cayó en recesión. La deuda del país asciende a 140 mil millones de euros.
Al cabo de seis meses, el grifo del crédito se cerró y las tasas de interés interbancarias se dispararon (véase el gráfico). Los bancos de todo el mundo comenzaron a experimentar enormes pérdidas en los fondos derivados que habían creado para beneficiarse del boom de la vivienda que había estallado en los EEUU, y empezaron a tambalearse. Y los EEUU y el mundo entraron en lo que más tarde se llamó La Gran Recesión, la peor caída de la producción y el comercio mundial desde la década de 1930.
En primer lugar, las instituciones oficiales y los economistas ortodoxos nunca la vieron venir. En 2002, el jefe del Banco de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quién se llamaba "el gran maestro" por haber aparentemente ingeniado un boom económico importante, anunció que los derivados, es decir, las innovaciones financieras en los fondos hipotecarios, etc,, habían diversificado el riesgo', de modo que los "choques que afectan al conjunto de la económica se absorben mejor y son menos propensos a provocar quiebras en cascada que pudiesen amenazar la estabilidad financiera". Ben Bernanke, que finalmente ha presidido la Fed durante la crisis financiera global, comentó en 2004 que "las últimas dos décadas han visto una marcada reducción de la volatilidad económica" que él denominó la Gran Moderación. Y todavía en octubre de 2007, el FMI concluyó que "en las economías avanzadas, las recesiones económicas habían desaparecido prácticamente en el período de posguerra".
Una vez que se había hecho patente la profundidad de la crisis en 2008, Greenspan afirmó ante el Congreso de Estados Unidos: "estoy en tal estado de choque, que no me lo puedo creer". Le preguntaron: "en otras palabras, ¿llegó a la conclusión que su visión del mundo, su ideología, estaban equivocadas, que no funcionaban?" (Presidente del Comité de Supervisión del Congreso, Henry Waxman). "Efectivamente, precisamente esa es la razón por la que me sorprendió, porque durante 40 años o más una considerable cantidad de datos demostraban que funcionaban excepcionalmente bien".
A los grandes economistas ortodoxos no les fue mejor. Cuando se le preguntó cuál era la causa de la Gran Recesión si no era un estallido de la burbuja de crédito, el ganador del premio Nobel y uno de los principales economistas neoclásicos de la Escuela de Chicago, Eugene Fama, respondió: "No sabemos lo que causa las recesiones. No soy un especialista en macroeconomía, por lo que no me preocupa demasiado. Nunca lo hemos sabido. Hasta hoy siguen los debates sobre la causa de la Gran Depresión. La teoría económica no es muy buena a la hora de explicar las oscilaciones en la actividad económica ... Si pudiera haber predicho la crisis, lo habría hecho. No la vi venir. Me gustaría saber más sobre la causa de los ciclos económicos".
El que pronto sería economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, comentó en retrospectiva que "La crisis financiera plantea una crisis potencialmente existencial de la macroeconomía. ... algunos fundamentos [neoclásicos] básicos están en cuestión, por ejemplo, la separación limpia entre los ciclos y las tendencias" o "las herramientas econométricas, en base a una visión de un mundo estacionario alrededor de una tendencia, están siendo cuestionados".
Pero tampoco la mayoría de los llamados economistas heterodoxos, incluidos los marxistas, vieron venir la crisis y la consiguiente Gran Recesión. Hubo unas pocas excepciones: Steve Keen, el economista australiano predijo una crisis de crédito basado en su teoría de que "el elemento esencial que da lugar a las depresiones es la acumulación de deuda privada" y que nunca había sido mayor que en 2007 en las principales economías. En 2003, Anwar Shaikh calculó que la caída de la rentabilidad del capital y el descenso de la inversión darían lugar a una nueva depresión. Y un servidor en 2005, escribió: "No ha habido tal coincidencia de los ciclos desde 1991. Y esta vez (a diferencia de 1991), estarán acompañados por una caída de la rentabilidad en el marco de un ciclo de Kondratiev de caída de los precios. ¡Todo está por los suelos en 2009-2010! Esto sugiere que podemos esperar una crisis económica muy severa, de una intensidad no vista desde 1980-2 o antes". (La Gran Recesión).
En cuanto a las causas de la crisis financiera mundial y la consiguiente Gran Recesión, han sido analizadas hasta la saciedad desde entonces. La economía convencional no predijo la crisis y no fue capaz de explicarla después. La crisis adoptó claramente una forma financiera: el colapso de los bancos y otras instituciones financieras y las armas de destrucción masiva financieras, para usar la frase ya famosa de Warren Buffett, el inversor con más éxito de los mercados de valores del mundo. Pero muchos cayeron de nuevo en la teoría de la probabilidad, un evento entre mil millones; un 'cisne negro' como Nassim Taleb afirmó.
Alternativamente, el capitalismo era inherentemente inestable y las depresiones ocasionales eran inevitables. Greenspan adoptó este punto de vista: "No conozco ninguna forma de organización económica basada en la división del trabajo (se refiere al punto de vista de Adam Smith de una economía capitalista), desde un laissez-faire sin restricciones a una planificación central opresiva que haya tenido éxito a la hora de lograr a la vez el máximo crecimiento económico sostenible y una estabilidad permanente. La planificación central desde luego no y dudo mucho que la estabilidad se pueda lograr en las economías capitalistas, dado que los mercados competitivos siempre son turbulentos, se acercan pero nunca alcanzan el equilibrio" . Y añadió: "a menos que haya una decisión de la sociedad de abandonar los mercados dinámicos y establecer alguna forma de planificación central, temo que prevenir las burbujas a la postre resulte ser inviable. Mitigar sus consecuencias es todo lo que podemos esperar".
La mayoría de los dirigentes económicos oficiales como Blanchard y Bernanke sólo veían los fenómenos superficiales de la crisis financiera y llegaron a la conclusión de que la Gran Recesión fue el resultado de la imprudencia financiera de unos bancos no regulados o del 'pánico financiero'. Esto coincidió con algunos puntos de vista heterodoxos inspirados por las teorías de Hyman Minsky, el economista keynesiano radical de la década de 1980, de que el sector financiero es inherentemente inestable debido a que "el sistema financiero necesario para la vitalidad y el vigor capitalista, que traduce los espíritus animales empresariales en demanda real de inversión, alberga un potencial de expansión fuera de control, impulsado por el auge de la inversión". Steve Keen, un discípulo de Minsky, lo explica así: "el capitalismo es inherentemente defectuoso, siendo propenso a auges, crisis y depresiones. Esta inestabilidad, en mi opinión, se debe a las características que el sistema financiero debe poseer si ha de ser coherente con un capitalismo real". La mayoría de los marxistas adoptaron un punto de vista similar al de Minsky, al interpretar la Gran Recesión como resultado de la financiarización' y la creación de una nueva forma de fragilidad en el capitalismo.
Muy pocos economistas marxistas recuperaron la explicación original de Marx sobre las causas de las crisis comerciales y financieras y las depresiones productivas resultantes. Uno de ellos fue G. Carchedi, que resumió este punto de vista en su excelente, pero a menudo ignorado Behind the Crisis, así: "El punto básico es que las crisis financieras son causadas por la reducción de la base productiva de la economía. De este modo se llega a un punto en el que tiene que haber una deflación repentina y masiva en los sectores financieros y especulativos. A pesar de que parezca que la crisis se ha generado en estos sectores, la causa última reside en la esfera productiva y la caída de la tasa de ganancia consiguiente en este ámbito". De acuerdo con esa explicación, el mejor libro sobre la crisis sigue siendo el de Paul Mattick Jr., Business as usual
Y de hecho, la rentabilidad en los sectores productivos de las grandes economías capitalistas era históricamente baja en 2007, como varios estudios han demostrado. En los EEUU, la rentabilidad alcanzó su punto máximo en 1997 y el aumento de la rentabilidad en el boom del crédito de 2002-6 fue abrumadoramente en los sectores financiero e inmobiliario.Esto alentó un enorme aumento del capital ficticio (acciones y deuda) que no podía justificarse por una mejora suficiente de los beneficios de la inversión productiva.
Desde el fin de esa recesión a mediados de 2009, la mayoría de las economías capitalistas han experimentado una recuperación muy débil, mucho más débil que tras las recesiones de posguerra anteriores y en algunos aspectos incluso más débil que en la década de 1930. Un informe reciente del Instituto Roosevelt de JW Mason concluye que "no hay precedentes de la debilidad de la inversión en el ciclo actual. Casi diez años después, el gasto en inversión real se mantiene a menos del 10 por ciento por encima de su máximo de 2007. Esto es lento incluso en relación con el ritmo anémico de crecimiento del PIB, y muy bajo en términos históricos".
La escuela neoclásica reconoce que se debe reducir la deuda, ya que limita la capacidad de las empresas para invertir, mientras que los gobiernos recortan acceso al crédito debido a sus altos niveles de endeudamiento. Esto ignora la razón de la elevada deuda pública, a saber, el enorme coste de rescatar a los bancos a nivel mundial y la caída de los ingresos fiscales por la recesión. Por el contrario, los keynesianos dicen que la Larga Depresión se debe a la austeridad', es decir, a que los gobiernos tratan de reducir el gasto público y equilibrar los presupuestos. Sin embargo, las pruebas que apoyan esta conclusión no son convincentes.
Después de diez años y una fase de recuperación económica larga pero decididamente muy débil del 'ciclo económico', ¿tendremos otra crisis pronto? Así parece sugerirlo la historia. No la provocará otra crisis inmobiliaria, en mi opinión. En la mayoría de los países los precios inmobiliarios todavía no han recuperado los niveles de 2007, a pesar de las bajas tasas de interés, y los volúmenes de las transacciones de viviendas son modestas.
La nueva chispa es probable que sea el propio sector industrial. La deuda corporativa ha seguido aumentando en todo el mundo, especialmente en las llamadas economías emergentes. A pesar de las bajas tasas de interés, una parte importante de las empresas más débiles apenas son capaces de pagar sus deudas. La consultora S & P Capital IQ señaló que la masa récord de 1.84 billones de dólares en efectivo en poder de las empresas no financieras de EEUU enmascara una carga de la deuda de 6.6 billones de dólares. La concentración de dinero en efectivo de las 25 mayores empresas, que representan el 1% de las empresas, supone actualmente más de la mitad del dinero acumulado en efectivo. Frente al 38% de hace cinco años. El gran chismorreo sobre los gigantes como Apple, Microsoft, Amazon y sus reservas en efectivo oculta la situación real de la mayoría de las empresas.
Los márgenes de beneficio global se están reduciendo y las ganancias de las empresas no financieras de Estados Unidos estan cayendo.
Y ahora los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal de Estados Unidos, han empezado a revertir la 'flexibilización cuantitativa' y a aumentar las tasas de interés. El coste de los préstamos y del servicio de la deuda existente se elevará, justo en el momento en que la rentabilidad está cayendo.
Esta es una receta para una nueva crisis, diez años después de la última de 2008.
Michael Roberts. Reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession. Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2017/08/08/ten-years-on/. Traducción: G. Buster para sinpermiso.info
Me dan mucha pena los gobernantes actuales. Pobres tiempos aquellos en los que ser un buen líder era sinónimo de buena gestión económica. Pobres tiempos aquellos en los que los políticos ganaban en las urnas para que después el carnicero de finanzas de turno ofreciera el sacrificio de la sociedad en el altar del FMI o del Banco Mundial, según el principio de la política moderna que dicta que lo sano es la economía y lo enfermo, los pueblos. Ahora más allá del ruido y la furia, del insulto y de las cuentas pendientes que cada uno tenemos con nuestro país, ¿dónde está la gran bolsa de la desesperanza? En todo el mundo, en el mismo sitio, en la gente castigada porque nadie quiere confesar que el modelo que nació en Bretton Woods en 1944 ya murió.
Nadie quiere confesar que el Estado de bienestar —conquista sin precedentes en la historia de la humanidad— estaba hecho para países ricos, escasamente poblados, y que su principal éxito consiste en que alguien se retire del trabajo a los 55 años y aún aspire a 30 años de golf y sexualidad plena. Pero simplemente ha resultado inviable. Además, a medida que se ha avanzado en conquistar espacios y territorios de libertad individual, el sentido colectivo de la responsabilidad —por ejemplo, dar hijos a la patria— ha ido descendiendo. Y así nos encontramos con el hecho de que los Estados tienen muchas obligaciones y poca gente para cumplirlas.
Como si eso no fuera suficiente, nos metimos en la mayor revolución de todos los tiempos en cuanto a los criterios de producción al cambiar una economía de cosas concretas como puentes, carreteras, aeropuertos y trabajo por una economía de especulación financiera, colonización tecnológica y equilibrio del terror basado en la cantidad de bombas nucleares fabricadas para despachar al resto del universo.
Y así fuimos avanzando hasta encontrarnos con una realidad: un Occidente que no trabaja y un Oriente que acapara gran parte de los puestos laborales. En medio, el papel ridículo y terrible de los gobernantes. En ese sentido, el presidente electo de EE UU, Donald Trump, tiene una gran ventaja ya que, como se dedica al cemento, su concepto de la política y de la economía es muy realista. Por eso, choca tanto.
Sin embargo, es una pena que un triunfador como él —de rey del ladrillo a conquistador de la Casa Blanca— no haya tenido más curiosidad por hacer un balance humano. Su Gobierno se va a parecer al régimen absolutista de María Antonieta, formado por millonarios que no comprenden las necesidades de los de abajo y que se contentan con reproducir aquella célebre frase, atribuida a la reina de Francia, que acabó perdiendo la cabeza: "Si tienen hambre, que coman pasteles". Aunque, al menos, Trump es realista, no como esos líderes que siguen con planes de austeridad salvajes, mientras el mundo arde y ellos queman a su sociedad en la pira de alguna ortodoxia económica desaparecida.
La crisis de 2008 se desencadenó porque los políticos llegaron a grados de codicia, robo y desvergüenza similares a los de Sodoma y Gomorra. Desde entonces, nadie ha sido capaz de enfrentarse a la realidad de que el modelo económico al que estábamos acostumbrados ha llegado a su fin. Ahora los gobernantes —ya sean los mexicanos con su gasolinazo, los españoles que aprietan a los más débiles con el copago de las medicinas o los que prometen más austeridad para cumplir con las metas económicas de la Unión Europea— están sirviendo al pasado, descuidando el presente y poniendo en marcha una gigantesca revolución social que no será primavera, sino otoño o incendio veraniego que lo quemará todo.
Ocho años después de la crisis no hay modelo, no hay solución, no hay culpables y nadie sabe dónde ir. Mientras tanto, acabado el Welfare State, el mensaje no es solo que el mundo será mucho peor para nuestros hijos, sino la constatación de que lo que les enseñamos no ha servido de mucho. Desde ese punto de vista, el aventurerismo político, la locura y la repetición de las escenas de El gran dictador de Chaplin tienen más sentido que nunca. La ficción cinematográfica se ha hecho realidad y los únicos que pierden son los cines de barrio que cobran entradas para mostrar a sus espectadores que todos sus sacrificios no han servido de nada.