| Andrés Oppenhaimer aoppenheimer@email.com |
Por Andrés Oppenheimer
17/07/2026 00:00
La noticia de
que el Premio Nobel de Química estadounidense Omar Yaghi dejará su cargo en la
Universidad de California en Berkeley para irse a dirigir un centro científico
en China ha sacudido el mundo académico en Estados Unidos. Para muchos, es una
señal alarmante de que los recortes presupuestarios y las medidas
antiinmigrantes del presidente Donald Trump ya están golpeando de lleno a la
ciencia local.
Yaghi, un
inmigrante nacido en Jordania que llegó a Estados Unidos a los 15 años y fue
uno de los ganadores del Nobel de Química el año pasado, aceptó un cargo de
tiempo completo en la Universidad Tsinghua de Beijing, según informó el diario
South China Morning Post. Allí dirigirá un nuevo centro de inteligencia
artificial dedicado a investigar nuevos materiales.
El científico,
que fue recibido en la universidad china con una ceremonia el 3 de julio, había
dicho en una entrevista reciente con la revista Scientific American que el
panorama actual de las ciencias en Estados Unidos “no es tan alentador debido a
los tijeretazos presupuestarios” y la falta de apoyo gubernamental a las
agencias que promueven la investigación.
Casi
simultáneamente, un nuevo estudio reveló que el número de estudiantes que están
cursando doctorados en Estados Unidos cayó en un 15% el año pasado. El estudio,
realizado por la Asociación de Intercambio de Datos de Universidades
Estadounidenses, abarcó datos de más de 50 de las principales universidades
dedicadas a la investigación.
Esta caída
hizo sonar las alarmas en círculos académicos. La prestigiosa revista
científica Nature, por ejemplo, dio la noticia sobre el nuevo cargo de Yaghi en
China señalando que se produce “en momentos en que la administración de Trump
continúa tratando de reducir el gasto en ciencias y limitar los proyectos de
investigación científica con otros países”.
Según Nature,
China y otros países están a la caza de talentos de Estados Unidos “con la
promesa de más dinero y apoyo”. De hecho, Francia anunció hace pocos meses
fondos especiales para científicos estadounidenses que estén dispuestos a
mudarse al país europeo.
El gobierno de
Trump respondió que solo está recortando presupuestos de programas académicos
“woke”, o de tendencia izquierdista, que no contribuyen al progreso del país.
Pero los
críticos argumentan que, en lugar de recortar gastos superfluos, Trump ha
cortado fondos a ciegas, y ha impuesto trabas migratorias a los estudiantes
extranjeros. Todo esto pone en riesgo la supremacía científica estadounidense,
señalan.
La realidad es
que una parte significativa de los investigadores científicos estadounidenses
son inmigrantes de China, India y otros países.
Tres de los
seis ganadores estadounidenses de premios Nobel en ciencias el año pasado,
incluyendo a Yaghi, son inmigrantes. Desde el año 2000, el 40% de los
galardonados estadounidenses con el Nobel en física, química y medicina son
nacidos en el extranjero.
Mi esposa, que
es doctora en bioquímica y trabaja en un laboratorio de investigación de la
Universidad de Miami, me cuenta que la mayoría de sus colegas son inmigrantes.
Los científicos nacidos en Estados Unidos suelen optar por trabajar en empresas
farmacéuticas o aeroespaciales, donde ganan mucho más que haciendo
investigación en las universidades.
¿Hay un
peligro inminente de que Estados Unidos sea superado por China en ciencia y
tecnología? Según me dicen varios expertos, el riesgo existe, pero no pasará de
la noche a la mañana.
Estados Unidos
tiene todavía una enorme superioridad, gracias a sus universidades de primer
nivel. No es casualidad que el país sea la cuna de la inteligencia artificial,
la tecnología más importante del siglo XXI, y que las principales empresas de
IA estén en Silicon Valley.
Además, cuando
la pandemia del COVID-19 azotó al mundo, en la mayoría de los países la gente
no corrió a comprar vacunas chinas ni rusas, sino estadounidenses.
Según el
ranking de las mejores universidades del mundo de la consultora Shanghai
Ranking, creado originalmente por la Universidad de Shanghai, la número uno es
Harvard, y ocho de las primeras diez están en Estados Unidos. Otros rankings
dicen que las diez primeras son todas estadounidenses.
Sin embargo,
si se mantienen en el tiempo los recortes miopes a las ciencias y el populismo
antiinmigrante de Trump, no faltará mucho tiempo para que otros grandes
científicos sigan los pasos de Yaghi. Mientras tanto, en Beijing, ya se están
frotando las manos.
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