jueves, 25 de junio de 2026

Sanz Lovatón promueve a República Dominicana como plataforma nearshore para la industria de semiconductores en España

Yayo Sanz Lovatón promueve a República Dominicana como plataforma nearshore para la industria de semiconductores en España

El ministro de Industria, Comercio y Mipymes presentó ante AESEMI las ventajas competitivas del país para atraer inversiones tecnológicas de alto valor agregado y consolidar una relación industrial de largo plazo con España.

Santo Domingo, R.D., 25 de junio de 2026.– El ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Yayo Sanz Lovatón, presentó ante la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (AESEMI) las condiciones estratégicas que posicionan a la República Dominicana como un socio nearshore confiable, competitivo y complementario para la industria tecnológica y de semiconductores.

Durante un encuentro celebrado en la Secretaría de Estado de Comercio de España, el funcionario expuso las capacidades del país para acoger inversiones extranjeras vinculadas a la fabricación de placas de circuito impreso (PCB), componentes electrónicos, semiconductores discretos, así como procesos de ensamblaje, pruebas y empaque (ATP), en el contexto de la reconfiguración global de las cadenas de suministro y la estrategia de diversificación promovida por Estados Unidos, Europa y sus aliados.

Sanz Lovatón destacó que la República Dominicana dispone del ecosistema de negocios necesario para integrarse con mayor fuerza a esta industria estratégica, apoyada en zonas francas de primer nivel, ubicación geográfica privilegiada, conectividad, estabilidad jurídica, incentivos fiscales y una base de talento humano calificado, elementos que, afirmó, convierten al país en una plataforma ideal para la manufactura tecnológica de última generación.

La República Dominicana busca ser el nodo nearshore más competitivo del hemisferio para actividades específicas de la cadena de valor de los semiconductores”, puntualizó el ministro.

Explicó que el país puede ofrecer a las empresas del sector las condiciones esenciales que hoy demanda la relocalización industrial: capital humano, seguridad jurídica, incentivos fiscales, capacidad tecnológica e infraestructura confiable. En ese sentido, subrayó que la nación caribeña cuenta con las condiciones para suplir desde manufactura avanzada hasta segmentos más especializados de la cadena de valor tecnológica.

El titular del MICM también reconoció el papel de España como actor estratégico dentro del ecosistema europeo de semiconductores y expresó el interés del Gobierno dominicano en construir una relación industrial de largo plazo con esa nación, orientada a atraer inversión, promover transferencia de conocimiento y generar empleos de alta calidad para los dominicanos.

Actualmente, 25 empresas electrónicas operan en la República Dominicana, generando importantes volúmenes de exportación, principalmente hacia el mercado estadounidense. Entre las compañías instaladas en el país figuran Eaton, Rockwell, Jabil y Vishay, entre otras, lo que evidencia la capacidad productiva ya existente y la madurez del ecosistema local.

Asimismo, Sanz Lovatón explicó el marco regulatorio y los incentivos disponibles para las empresas interesadas en establecer operaciones en el país, así como el acompañamiento institucional ofrecido por entidades como el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE), ProDominicana y gremios empresariales como la Asociación Dominicana de Zonas Francas (ADOZONA).

El ministro resaltó además indicadores que fortalecen la propuesta de valor de la República Dominicana, entre ellos un índice de riesgo natural de 13.47, inferior al de economías competidoras como México (38.96), Filipinas (46.56) y Vietnam (25.92). Señaló igualmente que el país figura entre los principales captadores de Inversión Extranjera Directa (IED) en relación con su Producto Interno Bruto, con un 3.7 %, por encima de naciones como México (2.8 %), Filipinas (2.9 %) y Malasia (3.4 %).

En materia de capacidad exportadora, destacó que la República Dominicana registra anualmente más de US$3,000 millones en exportaciones de dispositivos tecnológicos médicos y más de US$1,200 millones en aparatos electrónicos, además de contar con una fuerza laboral superior a 40 mil trabajadores cualificados para esta industria.

Si una empresa busca capital humano, seguridad jurídica, incentivos fiscales y capacidad tecnológica, la República Dominicana lo tiene. Contamos con el ecosistema ideal para que cualquier empresa del sector semiconductores pueda producir desde nuestro país con acceso estratégico a mercados como Estados Unidos, Canadá y Europa”, afirmó el ministro.

Añadió que la presencia en el país de importantes empresas vinculadas al ecosistema industrial y tecnológico refuerza la confianza en la capacidad nacional para atraer nuevas inversiones en manufactura avanzada e innovación.

Este encuentro forma parte de la agenda de trabajo que desarrolla Sanz Lovatón en España para promover nuevas oportunidades de inversión y fortalecer el posicionamiento internacional de la República Dominicana en sectores estratégicos de innovación, industria y tecnología.

Acompañan al ministro una delegación empresarial encabezada por el presidente y vicepresidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Celso Marranzini y César Dargam, respectivamente.

También participaron en la reunión Amparo López Senovilla, secretaria de Estado de Comercio del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa de España; Jimena García-Romeu, vicepresidenta de AESEMI; Juan Luis Gimeno Chocarro, director general de Comercio Internacional e Inversiones del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa de España; y Alfonso Gabarrón, gerente de Relaciones Institucionales de AESEMI.

Igualmente, estuvieron presentes el empresario Carlos León, el senador por la provincia La Altagracia, Rafael Barón Duluc; el senador por la provincia Duarte, Franklin Romero; y el diputado por la provincia Azua, César Beltré.

Como resultado del encuentro, se prevé la próxima visita de una misión empresarial española a la República Dominicana, con el objetivo de profundizar esta estrategia de cooperación industrial y explorar oportunidades concretas de inversión en el sector de semiconductores y tecnologías de última generación.

Desde España, la República Dominicana continúa abriendo puertas a la inversión tecnológica, posicionándose como un socio confiable para la industria global de los semiconductores. La apuesta es clara: atraer capital, generar empleos de calidad y consolidar al país en las cadenas globales de valor de la manufactura avanzada.


Semiconductores, nearshoring y República Dominicana: una oportunidad que exige visión de Estado

La conversación abierta en España sobre el potencial dominicano en la industria de semiconductores no debe leerse como un episodio aislado de promoción internacional, sino como una señal de que el país puede aspirar a un nuevo escalón en su inserción productiva global, siempre que convierta sus ventajas comparativas en una política industrial coherente, sostenida y técnicamente rigurosa.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

En la economía del siglo XXI, pocas industrias concentran tanto poder estratégico como la de los semiconductores. Los microchips ya no son una pieza más del engranaje tecnológico: son la base material de la inteligencia artificial, la defensa, la automoción, los dispositivos médicos, las telecomunicaciones y la infraestructura digital que organiza la vida contemporánea. Por eso, la disputa global por relocalizar, diversificar y asegurar cadenas de suministro ha dejado de ser una cuestión puramente empresarial para convertirse en una prioridad geoeconómica de primer orden. En ese contexto, la República Dominicana intenta proyectarse como plataforma nearshore confiable para una parte de esa cadena de valor, en particular en segmentos como placas de circuito impreso, componentes electrónicos, semiconductores discretos y procesos de ensamblaje, prueba y empaque. Esa posibilidad fue planteada esta semana ante la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (AESEMI), en una reunión celebrada en la Secretaría de Estado de Comercio de España. 

La relevancia de ese acercamiento no reside únicamente en el simbolismo diplomático. España intenta fortalecer su ecosistema industrial en sectores de alto valor agregado, y AESEMI se presenta precisamente como una plataforma de articulación entre empresas, instituciones y actores del sector semiconductor. Para la República Dominicana, entrar en esa conversación supone algo más importante que la búsqueda de inversión puntual: implica tratar de posicionarse dentro de una red de confianza industrial en un momento en que Europa, Estados Unidos y sus aliados buscan reducir vulnerabilidades estratégicas en sus cadenas de suministro. Dicho de otro modo, el país no está compitiendo solo por capital; está compitiendo por relevancia en una arquitectura productiva que definirá buena parte del poder económico de las próximas décadas.

Ahora bien, ninguna aspiración seria puede sostenerse únicamente sobre discurso. La pregunta decisiva no es si la República Dominicana desea entrar en esta industria, sino si posee condiciones reales para capturar una porción rentable y sostenible de ella. Y aquí aparecen datos que, al menos, justifican que el tema sea tomado en serio. Distintos reportes sobre la reunión en Madrid señalan que ya operan en el país unas 25 empresas electrónicas, con exportaciones orientadas principalmente al mercado estadounidense, entre ellas firmas como Eaton, Rockwell, Jabil y Vishay. A eso se suma una plataforma exportadora nada despreciable: más de US$3,000 millones anuales en dispositivos tecnológicos médicos y más de US$1,200 millones en aparatos electrónicos, así como una fuerza laboral superior a 40 mil trabajadores cualificados para estas actividades. 

Esos números no son menores porque sugieren que el país no partiría desde cero. De hecho, la propia Presidencia había destacado en 2025 que la República Dominicana se consolidaba como líder regional en manufactura de dispositivos médicos y productos eléctricos y electrónicos, con exportaciones de equipos médicos por US$2,800 millones en 2024 y exportaciones de aparatos eléctricos y electrónicos por US$1,164.4 millones. También subrayó que decenas de empresas ya operan en estos renglones y generan miles de empleos directos e indirectos. Ese historial importa porque la industria de semiconductores, incluso en sus fases menos complejas, demanda disciplina operativa, certificaciones, logística predecible, suplidores confiables y mano de obra entrenable: exactamente el tipo de capacidades que un ecosistema de zonas francas maduro puede escalar si existe dirección estratégica.

Sin embargo, sería un error vender la idea de que el país está a las puertas de competir en todos los eslabones de esta industria. La fabricación de microchips de frontera, aquella asociada a nodos avanzados y altísima intensidad de capital, conocimiento y propiedad intelectual, sigue concentrada en muy pocas geografías. La oportunidad dominicana parece más realista —y por tanto más inteligente— en actividades específicas de la cadena de valor: ensamblaje, pruebas, empaque, manufactura de componentes, integración electrónica y servicios industriales vinculados a manufactura avanzada. Ese enfoque, además de ser pragmático, es consistente con la lógica del nearshoring: no se trata de replicar íntegramente los polos asiáticos, sino de convertirse en un nodo confiable, cercano a grandes mercados y capaz de responder con agilidad, menores riesgos y costos competitivos.

Las ventajas comparativas dominicanas, por sí mismas, son conocidas: ubicación geográfica privilegiada, acceso a Norteamérica, zonas francas con experiencia acumulada, estabilidad macroeconómica relativa, incentivos fiscales y un marco de atracción de inversión que ha permitido al país destacarse en captación de IED en relación con su PIB. En la presentación realizada en España se citó, además, un índice de riesgo natural de 13.47, mejor que el de economías competidoras como México, Filipinas y Vietnam, así como una captación de IED equivalente a 3.7 % del PIB, por encima de varios países de referencia en manufactura. Aunque esos datos deben verse siempre con prudencia metodológica, forman parte de una narrativa país con base objetiva: República Dominicana ofrece estabilidad y previsibilidad en una época donde ambas son activos escasos. 

Pero las ventajas comparativas no bastan. El verdadero desafío es pasar de la promoción a la ejecución. Si la República Dominicana quiere tomarse en serio esta ventana histórica, necesita una política industrial más fina que combine formación técnica especializada, bilingüismo, infraestructura energética y digital robusta, articulación universidad-empresa, certificaciones internacionales, desarrollo de proveedores locales y una estrategia de inteligencia comercial enfocada por eslabones. También debe afinar su narrativa internacional: no venderse como un destino genérico de manufactura barata, sino como una plataforma de confiabilidad, proximidad, cumplimiento y sofisticación progresiva. La diferencia entre un país que atrae operaciones de bajo valor y uno que escala en complejidad no suele estar en la geografía, sino en la capacidad institucional para coordinar talento, incentivos y visión de largo plazo. 

Por eso, lo ocurrido en España merece ser leído con serenidad estratégica. La eventual visita de una misión empresarial española a la República Dominicana puede ser una oportunidad importante, pero no debe entenderse como un trofeo anticipado. Las inversiones de alto valor agregado no llegan por entusiasmo retórico, sino por consistencia regulatoria, seguridad operacional y demostración de capacidades. El país ya tiene una base relevante sobre la cual construir; la pregunta es si sabrá convertir esa base en una verdadera plataforma tecnológica y no simplemente en un eslogan coyuntural. 

En última instancia, el debate sobre semiconductores trasciende una agenda de promoción puntual. Habla de qué tipo de economía quiere ser la República Dominicana en la próxima década. Si la nación logra traducir sus fortalezas logísticas e industriales en una estrategia creíble de manufactura avanzada, podría insertarse con mayor densidad en las cadenas globales de valor y generar empleos mejor remunerados, transferencia de conocimiento y una nueva narrativa de competitividad. Pero si todo queda en presentaciones, reuniones y optimismo sin arquitectura pública-privada de largo aliento, la oportunidad pasará como tantas otras. En la nueva geografía del poder económico, no basta con estar bien ubicado en el mapa: hay que demostrar que se está listo para producir futuro.

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