viernes, 29 de mayo de 2026

Presidente Abinader insta a estudiantes a prepararse en inglés, inteligencia artificial, ciberseguridad, ingeniería y carreras técnicas de alta demanda; afirma que son las profesiones del futuro

Presidente Abinader insta a estudiantes a prepararse en inglés, inteligencia artificial, ciberseguridad, ingeniería y carreras técnicas de alta demanda; afirma que son las profesiones del futuro

En el encuentro, los estudiantes destacaron el impacto del programa English for a Better Life

Educación | 28 de Mayo 2026 | 17:50

Presidente

Santo Domingo.- El presidente Luis Abinader instó este jueves a estudiantes de liceos públicos y colegios privados del municipio Santo Domingo Oeste a prepararse en inglés, inteligencia artificial, ciberseguridad, ingeniería y carreras técnicas de alta demanda, al asegurar que representan las profesiones del futuro y las áreas con mayores oportunidades laborales tanto en la República Dominicana como en el extranjero.

Durante el encuentro, realizado en el Polideportivo de Las Caobas, que reunió a estudiantes del Distrito Educativo 15-05, pertenecientes a distintos centros educativos públicos y colegios privados, el presidente Luis Abinader estuvo acompañado del ministro de Educación, Luis Miguel De Camps.


Los estudiantes presentaron propuestas sobre calidad educativa, seguridad escolar, empleabilidad juvenil y acceso a nuevas tecnologías, además de resaltar la importancia del inglés, el pensamiento crítico y la formación técnica.

En el encuentro se abordó sobre la importancia del idioma inglés como herramienta de desarrollo y acceso a mejores oportunidades. En ese ámbito, los estudiantes participantes agradecieron programas como English for a Better Life, destacando que les ha permitido ampliar sus conocimientos y visualizar nuevas oportunidades académicas y profesionales.

Por lo que, el mandatario recomendó a los jóvenes aprender inglés como segundo idioma, asegurando que representa una ventaja importante en el mundo laboral actual. “Aprender inglés les abre otro mundo y acelera su nivel de enseñanza”, expresó.

El presidente Abinader también aprovechó el encuentro para motivar a los estudiantes a prepararse en áreas relacionadas con inteligencia artificial, drones y nuevas tecnologías, afirmando que estos sectores marcarán el futuro del desarrollo económico y laboral a nivel mundial.

Explicó que los drones ya son utilizados en áreas como agricultura, seguridad, vigilancia y defensa, mientras que la inteligencia artificial está transformando los métodos de aprendizaje y producción. “Si ustedes se montan en esas nuevas tecnologías, se montan en el futuro y en la vanguardia”, manifestó.


Otro de los puntos tocados en el encuentro fue la preocupación por la empleabilidad juvenil y las oportunidades laborales para los estudiantes una vez concluyen el bachillerato o la universidad.

En respuesta, el presidente Abinader explicó que en el país existe un desempleo estructural relacionado con carreras saturadas, mientras que otras áreas mantienen una alta demanda de profesionales.

El mandatario indicó que sectores como tecnología, ciberseguridad, ingeniería mecánica, ingeniería eléctrica, ingeniería electrónica, electricidad, mecánica automotriz y especialidades médicas presentan altos niveles de empleabilidad tanto en la República Dominicana como en el extranjero. “Un estudiante que estudie ciberseguridad encuentra empleo inmediatamente”, expresó el jefe de Estado, al destacar la creciente necesidad de especialistas tecnológicos en el mercado laboral.

Los estudiantes también propusieron incluir en la educación secundaria materias y talleres relacionados con educación financiera, inteligencia emocional, primeros auxilios, leyes y formación constitucional.

Sobre este tema, el presidente Abinader manifestó estar de acuerdo con la necesidad de integrar contenidos más prácticos dentro del sistema educativo y explicó que actualmente se trabaja en modificaciones para fortalecer la educación técnica y profesional.

El mandatario consideró que los conocimientos básicos sobre finanzas deben formar parte de la preparación de todos los estudiantes y mencionó como ejemplo el concepto del costo de oportunidad del dinero, señalando que es una herramienta fundamental para comprender el valor financiero del tiempo y los recursos.

Reforzar la seguridad en las escuelas

Asimismo, el gobernante reconoció que el tema de la seguridad representa uno de los mayores desafíos del Estado debido a la cantidad de centros educativos existentes y las limitaciones de recursos humanos.

El jefe de Estado señaló que el Gobierno evalúa la posibilidad de incorporar militares y policías retirados para reforzar la seguridad en algunos liceos y escuelas ubicadas en zonas de mayor riesgo.

En ese mismo orden, el ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, informó que el Gobierno evalúa distintas iniciativas para reforzar la vigilancia en los centros educativos, incluyendo proyectos tecnológicos de identificación mediante cámaras en las afueras de las escuelas y liceos.

Además, explicó que se desarrollan programas de integración comunitaria como Escuelas Abiertas, mediante los cuales los espacios educativos son utilizados para actividades deportivas, recreativas y sociales que permitan fortalecer la relación entre las escuelas y las comunidades.

El presidente Abinader reveló además que durante reuniones sostenidas con autoridades de Qatar y Emiratos Árabes Unidos recibió solicitudes de personal dominicano especializado en áreas médicas, enfermería y tecnología.


Asimismo, adelantó que solicitará al Ministerio de Trabajo realizar un estudio para identificar cuáles son las carreras con mayor demanda laboral y cuáles presentan mayores niveles de desempleo estructural, con el objetivo de orientar mejor a los estudiantes sobre las oportunidades del mercado.

Al finalizar la actividad, el presidente Abinader y el ministro De Camps, realizaron la entrega de computadoras portátiles a los estudiantes participantes en el encuentro, como parte de las iniciativas para fortalecer el acceso a herramientas digitales y apoyar la educación tecnológica en los centros educativos del país.

https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-abinader-insta-estudiantes-prepararse-en-ingles-inteligencia-artificial

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Educar para el futuro antes de que el futuro nos alcance

La discusión sobre inglés, inteligencia artificial, ciberseguridad y carreras técnicas de alta demanda revela una verdad ineludible: la escuela dominicana ya no puede seguir formando para un mercado laboral que dejó de existir, sino para uno que cambia a gran velocidad y exige nuevas competencias, mayor adaptabilidad y visión estratégica.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La educación dominicana enfrenta una hora decisiva. Durante años, el país ha discutido la cobertura, la infraestructura y el acceso, pero ahora el centro del debate debe desplazarse hacia la pertinencia. Ya no basta con que más jóvenes lleguen a las aulas; el verdadero desafío consiste en asegurar que aquello que aprenden les sirva para insertarse con dignidad en una economía cada vez más tecnológica, bilingüe e interconectada. El reciente intercambio con estudiantes de Santo Domingo Oeste puso sobre la mesa una inquietud legítima: cómo preparar a la juventud para un mundo donde el conocimiento aplicado y las competencias técnicas pesan tanto como los títulos tradicionales.

En ese contexto, el inglés ha dejado de ser un lujo académico para convertirse en una herramienta concreta de movilidad social. Quien domina una segunda lengua amplía su acceso a empleos, becas, plataformas digitales, redes internacionales de conocimiento y mejores condiciones de negociación en el mercado de trabajo. Que los estudiantes hayan valorado positivamente programas como English for a Better Life demuestra que la juventud reconoce con claridad algo que muchas veces el sistema tarda en asumir: el idioma ya no es un complemento, sino una puerta de entrada al siglo XXI. Apostar por el inglés no es ceder a una moda, sino invertir en competitividad nacional.

A esa necesidad se suma el peso creciente de la inteligencia artificial, la ciberseguridad, los drones y otras tecnologías emergentes. No se trata de conceptos lejanos ni de asuntos reservados para laboratorios sofisticados: ya están transformando la agricultura, la logística, la seguridad, los servicios y hasta los métodos de enseñanza. Por eso, incorporar estas áreas al imaginario educativo nacional no debería verse como una extravagancia futurista, sino como una obligación de política pública. Un país que no alfabetiza tecnológicamente a sus jóvenes corre el riesgo de condenarlos a ser simples consumidores del progreso ajeno, en lugar de protagonistas de su propia transformación. 

Sin embargo, el punto más sensible del debate quizá sea la empleabilidad. La preocupación estudiantil sobre qué ocurrirá después del bachillerato o la universidad conecta con una realidad estructural: existen carreras saturadas y, al mismo tiempo, sectores con vacantes persistentes por falta de personal calificado. Tecnología, ciberseguridad, ingenierías, electricidad, mecánica automotriz y varias especialidades de salud aparecen entre las áreas con mayor demanda. Esa brecha entre oferta educativa y necesidad productiva revela un problema de orientación, planificación y cultura académica. Seguir formando masivamente en profesiones con bajo nivel de absorción laboral mientras faltan técnicos y especialistas en áreas estratégicas es una contradicción que el país no puede seguir postergando. 

Por eso resulta especialmente valioso que los propios estudiantes hayan pedido más educación financiera, inteligencia emocional, primeros auxilios, formación constitucional y contenidos prácticos para la vida. Esa demanda juvenil es, en sí misma, una lección para el sistema. Los jóvenes no están reclamando una educación más fácil, sino una educación más útil. Quieren herramientas para comprender el dinero, gestionar sus emociones, convivir en democracia, cuidar la vida y tomar decisiones con criterio. En otras palabras, están pidiendo una escuela menos memorística y más conectada con la realidad. Escucharlos debería ser el punto de partida de cualquier reforma seria. 

La seguridad escolar, por su parte, no puede tratarse como un tema accesorio. Ningún proceso educativo florece plenamente en entornos inseguros, fracturados o aislados de su comunidad. Las ideas planteadas sobre reforzar la vigilancia, incorporar soluciones tecnológicas y expandir programas de integración como Escuelas Abiertas apuntan en una dirección correcta: la escuela debe ser un espacio protegido, pero también vivo, útil y cercano a su entorno social. La educación no se fortalece únicamente con más aulas o más dispositivos; también se fortalece cuando estudiantes, familias, docentes y comunidad sienten que el centro educativo les pertenece y les ofrece horizonte.

El desafío nacional consiste, en definitiva, en construir una pedagogía del porvenir. Eso implica orientar mejor a los estudiantes, revisar el mapa de carreras, fortalecer la educación técnica y profesional, ampliar el acceso a herramientas digitales y vincular la formación con las demandas reales del mercado local e internacional. Si el país logra convertir estas conversaciones en políticas sostenidas, la juventud dominicana no solo estará mejor preparada para conseguir empleo: estará en condiciones de innovar, emprender y competir con mayor confianza en una economía global. Educar para el futuro no es una consigna; es una urgencia. Y cuanto antes la asumamos con seriedad, menos distancia habrá entre el talento de nuestros jóvenes y las oportunidades que merecen. 

#GuasábaraEditor.

jueves, 28 de mayo de 2026

Crecer en la tormenta: la economía dominicana valida su fortaleza estructural | Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Crecer en la tormenta: la economía dominicana valida su fortaleza estructural

El crecimiento promedio de 4.0 % registrado entre enero y abril de 2026 no debe leerse como una cifra rutinaria, sino como una señal de fondo: la República Dominicana sigue expandiéndose por encima del ritmo de la economía mundial en un entorno internacional marcado por guerra, encarecimiento energético e incertidumbre financiera. El desafío ahora no es solo celebrar la resiliencia, sino convertirla en productividad, competitividad y estabilidad duradera.

La economía dominicana ha vuelto a enviar una señal que merece una lectura más profunda que el titular coyuntural. El crecimiento acumulado de 4.0 % en el período enero-abril de 2026, superior al 2.7 % registrado en igual lapso de 2025, junto con una expansión interanual de 3.8 % en abril frente al 1.7 % de abril del año anterior, confirma que el aparato productivo nacional mantiene capacidad de respuesta aun cuando el entorno internacional se ha tornado más adverso. No se trata simplemente de crecer; se trata de hacerlo en medio de tensiones geopolíticas que han elevado los costos de transporte, presionado al alza los precios del petróleo y debilitado las expectativas de crecimiento global.

Ese dato adquiere todavía más valor cuando se contrasta con el escenario internacional. El Fondo Monetario Internacional proyecta que la economía mundial crecerá apenas 3.1 % en 2026 bajo un escenario de conflicto limitado en Medio Oriente, acompañado de un repunte de la inflación global y de riesgos claramente sesgados a la baja. En otras palabras, la República Dominicana no solo está creciendo: está creciendo por encima del promedio mundial en un contexto donde los países importadores de energía y las economías emergentes enfrentan mayor vulnerabilidad. Esa diferencia no es menor. Habla de una macroeconomía que conserva tracción interna, de instituciones que han preservado credibilidad y de una estructura productiva que, aun con debilidades, ha sabido encontrar puntos de apoyo en varios sectores simultáneamente. 

Lo más significativo del desempeño del primer cuatrimestre es precisamente la composición del crecimiento. La expansión no descansó en un solo motor ni en un espejismo estadístico, sino en una combinación de minería, construcción, manufactura de zonas francas, manufactura local, agropecuaria y servicios. La minería avanzó 10.7 %, la construcción 4.6 %, las zonas francas 3.7 %, la manufactura local 3.6 % y el conjunto del sector servicios 4.4 %, con desempeños particularmente sólidos en enseñanza, servicios financieros, hoteles, bares y restaurantes, salud, transporte y almacenamiento. Cuando una economía logra crecer con varios cilindros encendidos a la vez, la lectura correcta es que existe una base de resiliencia más amplia que la de un simple rebote coyuntural.

La construcción merece una atención particular porque suele ser un termómetro sensible de la confianza. Aunque en abril registró una caída interanual de 1.8 %, su crecimiento promedio de 4.6 % en el cuatrimestre, impulsado por proyectos privados comerciales, turísticos y residenciales, sugiere que la inversión sigue apostando al país. Más revelador aún es el incremento interanual de 26.1 % en el crédito al sector construcción a abril de 2026, una señal de que el sistema financiero todavía encuentra espacio para canalizar recursos hacia actividades con efecto multiplicador sobre empleo, consumo e infraestructura. Hay, desde luego, una advertencia en la caída puntual de abril: el crecimiento no está blindado. Pero incluso esa moderación obliga a una lectura madura, no alarmista: los ciclos mensuales fluctúan; lo relevante es que la tendencia agregada sigue siendo expansiva. 

También resulta elocuente el aporte del turismo y de los servicios financieros. El valor agregado de hoteles, bares y restaurantes creció 5.9 %, apoyado en campañas de promoción orientadas a sostener los principales mercados emisores y a diversificar el origen de los visitantes. Entre enero y marzo llegaron más de 2.6 millones de pasajeros no residentes por vía aérea, y marzo superó por primera vez la barrera de los 900 mil pasajeros. A la vez, la intermediación financiera, seguros y actividades conexas se expandió 6.2 %, en correspondencia con un crecimiento de 9.3 % del crédito al sector privado, equivalente a RD$216 mil millones adicionales respecto a abril de 2025. La lectura de ambos datos es contundente: la economía dominicana no solo está produciendo más, sino que está movilizando demanda, financiamiento y servicios de valor agregado que sostienen el dinamismo interno.

La minería y las zonas francas completan el mapa de esta resistencia económica. El alza de 10.7 % en minería, asociada a mayores volúmenes de extracción de oro y plata, refuerza la capacidad del país para generar divisas en un momento en que los mercados internacionales premian los activos refugio y encarecen los insumos energéticos. Por su parte, el crecimiento de 3.7 % en la manufactura de zonas francas, acompañado de un aumento de 4.3 % en las exportaciones bajo ese régimen, confirma que la inserción exportadora dominicana conserva vigor. La manufactura local, a su vez, muestra que el tejido industrial doméstico sigue vivo, impulsado por bebidas, minerales no metálicos y productos químicos. No son datos aislados; son piezas de una misma conclusión: la economía dominicana ha logrado sostener un equilibrio entre mercado interno, exportación, inversión y servicios. 

Ahora bien, ningún editorial serio debe confundir resiliencia con inmunidad. El propio Banco Central advierte que el entorno externo constituye un nuevo choque de oferta negativo por el encarecimiento del petróleo y sus derivados. El Banco Mundial ha señalado que la guerra en Medio Oriente provocó el mayor shock de oferta petrolera registrado, con un alza proyectada de 24 % en los precios de la energía en 2026 y un promedio estimado del Brent de US$86 por barril, asumiendo que la fase más aguda de las disrupciones ceda. Ese mismo informe subraya que el estrecho de Ormuz maneja alrededor de 35 % del comercio marítimo mundial de crudo, de modo que cualquier perturbación prolongada repercute sobre inflación, fletes y costos de producción. En un país altamente sensible a los combustibles y al transporte, esas variables no son abstractas: pueden erosionar márgenes empresariales, poder adquisitivo y expectativas. 

Por eso, el principal mérito de la política económica no está únicamente en acompañar el crecimiento, sino en administrarlo con prudencia. La estabilidad de precios, la credibilidad monetaria y el manejo cuidadoso de las condiciones financieras internas son hoy tan importantes como la expansión del IMAE. Crecer a 4.0 % en medio de una economía mundial que desacelera es una noticia positiva; hacerlo sin perder de vista los riesgos inflacionarios, la dependencia energética y la fragilidad del contexto geopolítico es una obligación de Estado. La República Dominicana necesita seguir estimulando inversión, exportaciones, turismo y crédito productivo, pero también debe traducir este momento favorable en reformas que eleven productividad, fortalezcan la logística, profundicen la digitalización, mejoren el capital humano y reduzcan vulnerabilidades externas.

En definitiva, el 4.0 % del primer cuatrimestre de 2026 vale más de lo que dice el número. Vale porque se produce cuando el mundo se desacelera. Vale porque se sostiene en varios sectores y no en uno solo. Vale porque muestra que la economía dominicana conserva reflejos, confianza e iniciativa aun bajo presión. Pero, sobre todo, vale porque plantea una responsabilidad: no administrar este desempeño como una victoria retórica, sino como una oportunidad estratégica. Los países no se hacen prósperos por crecer un trimestre; se hacen prósperos cuando convierten cada episodio de resiliencia en una plataforma de transformación. Y ese, precisamente, es el próximo paso que la República Dominicana no debe posponer.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

Miércoles 27 de mayo de 2026

 



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📈 Miércoles 27 de mayo de 2026

📈🇩🇴 Crecer en la tormenta también es una forma de liderazgo económico. La República Dominicana registró un crecimiento promedio de 4.0 % entre enero y abril de 2026, mientras que en abril la expansión interanual fue de 3.8 %, por encima del 1.7 % observado en abril de 2025. Más que una cifra, es una señal de fortaleza estructural en medio de un contexto internacional marcado por incertidumbre, tensiones geopolíticas y mayores costos energéticos. [bancentral.gov.do], [diariolibre.com], [imf.org], [documents....ldbank.org]

⛏️🏗️🏭🌴 El dato adquiere mayor valor porque el crecimiento no descansó en un solo sector: avanzaron la minería (10.7 %), la construcción (4.6 %), la manufactura de zonas francas (3.7 %), la manufactura local (3.6 %) y los servicios (4.4 %), con destaque para servicios financieros (6.2 %) y hoteles, bares y restaurantes (5.9 %). Cuando una economía logra sostenerse con varios motores al mismo tiempo, demuestra resiliencia real y capacidad de adaptación. [bancentral.gov.do], [diariolibre.com]

⚠️🌍 Pero la verdadera prueba empieza ahora: no basta con resistir, hay que transformar. En un mundo donde el FMI proyecta un crecimiento global de apenas 3.1 % en 2026 y el Banco Mundial advierte sobre un fuerte choque energético por la crisis en Medio Oriente, el reto dominicano es convertir esta resiliencia en productividad, competitividad y estabilidad duradera. Ese debe ser el próximo paso. [imf.org], [documents....ldbank.org]

#EconomíaDominicana #RepúblicaDominicana #CrecimientoEconómico #IMAE #BancoCentralRD #Desarrollo #Productividad #Competitividad #EstabilidadMacroeconómica #Inversión #Turismo #ZonasFrancas #Construcción #Minería #ServiciosFinancieros #TransformaciónEconómica #Resiliencia #GuasábaraEditor

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Economía dominicana registra crecimiento promedio de 4.0 % en enero-abril 2026

Economía dominicana registra crecimiento promedio de 4.0 % en enero-abril 2026

• En abril el IMAE registró una variación interanual de 3.8 %, por encima del 1.7 % exhibido en abril de 2025.
• Las actividades de mayor crecimiento en el primer cuatrimestre fueron minería (10.7 %), construcción (4.6 %), manufactura de zonas francas (3.7 %), manufactura local (3.6 %) y las actividades del sector servicios en su conjunto (4.4 %), destacándose servicios financieros (6.2 %) y hoteles, bares y restaurantes (5.9 %).

Las cifras preliminares del indicador mensual de actividad económica (IMAE) presentan un crecimiento promedio acumulado de 4.0 % durante los primeros cuatro meses de 2026, superior al 2.7 % del mismo período del año anterior. De manera particular, en abril el IMAE registró una variación interanual de 3.8 %, por encima del 1.7 % exhibido en abril de 2025. Es importante destacar que, este resultado ha sido en el marco de un contexto internacional caracterizado por una alta incertidumbre por las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente, que han elevado los costos de transporte y los precios del petróleo, afectando la economía global y reduciendo las expectativas de crecimiento mundial.



El comportamiento exhibido por la economía durante el período enero-abril de 2026 obedece principalmente a la expansión interanual del valor agregado real del sector minería (10.7 %), construcción (4.6 %), manufactura de zonas francas (3.7 %), manufactura local (3.6 %), agropecuaria (2.7 %) y las actividades del sector servicios en su conjunto (4.4 %), destacándose entre estas últimas enseñanza (6.7 %), servicios financieros (6.2 %), hoteles, bares y restaurantes (5.9 %), salud (5.7 %), transporte y almacenamiento (4.9 %) y otras actividades de servicios de mercado (4.6 %).



El sector construcción mostró una variación interanual promedio de 4.6 % en enero-abril de 2026, no obstante la disminución de 1.8 % en el mes de abril del presente año. El desempeño de los primeros cuatro meses fue impulsado principalmente por el desarrollo de proyectos comerciales y turísticos de capital privado, así como por la continuación de obras residenciales que se encontraban en proceso. Cabe destacar que, el crédito al sector construcción registró un crecimiento interanual de 26.1 % al mes de abril de 2026.

En cuanto al desempeño de las demás actividades industriales durante el período enero-abril de 2026, la minería registró una variación interanual de 10.7 %, asociada a mayores volúmenes de extracción de oro y plata. La manufactura de zonas francas exhibió un crecimiento interanual de 3.7 %, resultado que se refleja en las exportaciones en US$ bajo este régimen, las cuales se incrementaron en 4.3 % respecto al mismo período del año anterior. De igual forma, la manufactura local creció 3.6 %, sustentada por el comportamiento de la elaboración de bebidas alcohólicas, la fabricación de productos minerales no metálicos y la producción de otras sustancias y productos químicos.

En relación al valor agregado de hoteles, bares y restaurantes, este exhibió una variación interanual de 5.9 %, lo que responde en gran medida a la gestión realizada por parte del Ministerio de Turismo con campañas promocionales dirigidas a mantener los mercados emisores de alta participación e incentivar la diversificación de la procedencia de visitantes. Como resultado, la llegada de pasajeros no residentes vía aérea por los distintos aeropuertos del país superó los 2.6 millones de turistas en enero-marzo 2026, destacándose el mes de marzo que se recibieron por primera vez más de 900 mil pasajeros vía aérea.

Asimismo, la actividad de intermediación financiera, seguros y actividades conexas experimentó un crecimiento interanual de 6.2 %, reflejando la expansión de 9.3 % del crédito dirigido al sector privado en moneda nacional y extranjera, equivalente a RD$216 mil millones adicionales con respecto a abril del año 2025.

Finalmente, es importante destacar que el Banco Central continúa monitoreando el desempeño de la economía dominicana en un entorno internacional complejo, donde predominan elevados niveles de incertidumbre producto de las tensiones geopolíticas. Este contexto ha dado lugar a un nuevo choque de oferta negativo, evidenciado en el encarecimiento de los precios internacionales del petróleo y sus derivados. Bajo estas circunstancias, la política monetaria, junto con las condiciones financieras internas, se mantiene enfocada en resguardar la estabilidad de precios, contribuyendo así a la preservación de condiciones macroeconómicas adecuadas.

Miércoles 27 de mayo de 2026

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Crecer en la tormenta: la economía dominicana valida su fortaleza estructural

El crecimiento promedio de 4.0 % registrado entre enero y abril de 2026 no debe leerse como una cifra rutinaria, sino como una señal de fondo: la República Dominicana sigue expandiéndose por encima del ritmo de la economía mundial en un entorno internacional marcado por guerra, encarecimiento energético e incertidumbre financiera. El desafío ahora no es solo celebrar la resiliencia, sino convertirla en productividad, competitividad y estabilidad duradera.

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Ese dato adquiere todavía más valor cuando se contrasta con el escenario internacional. El Fondo Monetario Internacional proyecta que la economía mundial crecerá apenas 3.1 % en 2026 bajo un escenario de conflicto limitado en Medio Oriente, acompañado de un repunte de la inflación global y de riesgos claramente sesgados a la baja. En otras palabras, la República Dominicana no solo está creciendo: está creciendo por encima del promedio mundial en un contexto donde los países importadores de energía y las economías emergentes enfrentan mayor vulnerabilidad. Esa diferencia no es menor. Habla de una macroeconomía que conserva tracción interna, de instituciones que han preservado credibilidad y de una estructura productiva que, aun con debilidades, ha sabido encontrar puntos de apoyo en varios sectores simultáneamente.

Lo más significativo del desempeño del primer cuatrimestre es precisamente la composición del crecimiento. La expansión no descansó en un solo motor ni en un espejismo estadístico, sino en una combinación de minería, construcción, manufactura de zonas francas, manufactura local, agropecuaria y servicios. La minería avanzó 10.7 %, la construcción 4.6 %, las zonas francas 3.7 %, la manufactura local 3.6 % y el conjunto del sector servicios 4.4 %, con desempeños particularmente sólidos en enseñanza, servicios financieros, hoteles, bares y restaurantes, salud, transporte y almacenamiento. Cuando una economía logra crecer con varios cilindros encendidos a la vez, la lectura correcta es que existe una base de resiliencia más amplia que la de un simple rebote coyuntural.

La construcción merece una atención particular porque suele ser un termómetro sensible de la confianza. Aunque en abril registró una caída interanual de 1.8 %, su crecimiento promedio de 4.6 % en el cuatrimestre, impulsado por proyectos privados comerciales, turísticos y residenciales, sugiere que la inversión sigue apostando al país. Más revelador aún es el incremento interanual de 26.1 % en el crédito al sector construcción a abril de 2026, una señal de que el sistema financiero todavía encuentra espacio para canalizar recursos hacia actividades con efecto multiplicador sobre empleo, consumo e infraestructura. Hay, desde luego, una advertencia en la caída puntual de abril: el crecimiento no está blindado. Pero incluso esa moderación obliga a una lectura madura, no alarmista: los ciclos mensuales fluctúan; lo relevante es que la tendencia agregada sigue siendo expansiva. 

También resulta elocuente el aporte del turismo y de los servicios financieros. El valor agregado de hoteles, bares y restaurantes creció 5.9 %, apoyado en campañas de promoción orientadas a sostener los principales mercados emisores y a diversificar el origen de los visitantes. Entre enero y marzo llegaron más de 2.6 millones de pasajeros no residentes por vía aérea, y marzo superó por primera vez la barrera de los 900 mil pasajeros. A la vez, la intermediación financiera, seguros y actividades conexas se expandió 6.2 %, en correspondencia con un crecimiento de 9.3 % del crédito al sector privado, equivalente a RD$216 mil millones adicionales respecto a abril de 2025. La lectura de ambos datos es contundente: la economía dominicana no solo está produciendo más, sino que está movilizando demanda, financiamiento y servicios de valor agregado que sostienen el dinamismo interno. 

La minería y las zonas francas completan el mapa de esta resistencia económica. El alza de 10.7 % en minería, asociada a mayores volúmenes de extracción de oro y plata, refuerza la capacidad del país para generar divisas en un momento en que los mercados internacionales premian los activos refugio y encarecen los insumos energéticos. Por su parte, el crecimiento de 3.7 % en la manufactura de zonas francas, acompañado de un aumento de 4.3 % en las exportaciones bajo ese régimen, confirma que la inserción exportadora dominicana conserva vigor. La manufactura local, a su vez, muestra que el tejido industrial doméstico sigue vivo, impulsado por bebidas, minerales no metálicos y productos químicos. No son datos aislados; son piezas de una misma conclusión: la economía dominicana ha logrado sostener un equilibrio entre mercado interno, exportación, inversión y servicios. 

Ahora bien, ningún editorial serio debe confundir resiliencia con inmunidad. El propio Banco Central advierte que el entorno externo constituye un nuevo choque de oferta negativo por el encarecimiento del petróleo y sus derivados. El Banco Mundial ha señalado que la guerra en Medio Oriente provocó el mayor shock de oferta petrolera registrado, con un alza proyectada de 24 % en los precios de la energía en 2026 y un promedio estimado del Brent de US$86 por barril, asumiendo que la fase más aguda de las disrupciones ceda. Ese mismo informe subraya que el estrecho de Ormuz maneja alrededor de 35 % del comercio marítimo mundial de crudo, de modo que cualquier perturbación prolongada repercute sobre inflación, fletes y costos de producción. En un país altamente sensible a los combustibles y al transporte, esas variables no son abstractas: pueden erosionar márgenes empresariales, poder adquisitivo y expectativas. 

Por eso, el principal mérito de la política económica no está únicamente en acompañar el crecimiento, sino en administrarlo con prudencia. La estabilidad de precios, la credibilidad monetaria y el manejo cuidadoso de las condiciones financieras internas son hoy tan importantes como la expansión del IMAE. Crecer a 4.0 % en medio de una economía mundial que desacelera es una noticia positiva; hacerlo sin perder de vista los riesgos inflacionarios, la dependencia energética y la fragilidad del contexto geopolítico es una obligación de Estado. La República Dominicana necesita seguir estimulando inversión, exportaciones, turismo y crédito productivo, pero también debe traducir este momento favorable en reformas que eleven productividad, fortalezcan la logística, profundicen la digitalización, mejoren el capital humano y reduzcan vulnerabilidades externas. 

En definitiva, el 4.0 % del primer cuatrimestre de 2026 vale más de lo que dice el número. Vale porque se produce cuando el mundo se desacelera. Vale porque se sostiene en varios sectores y no en uno solo. Vale porque muestra que la economía dominicana conserva reflejos, confianza e iniciativa aun bajo presión. Pero, sobre todo, vale porque plantea una responsabilidad: no administrar este desempeño como una victoria retórica, sino como una oportunidad estratégica. Los países no se hacen prósperos por crecer un trimestre; se hacen prósperos cuando convierten cada episodio de resiliencia en una plataforma de transformación. Y ese, precisamente, es el próximo paso que la República Dominicana no debe posponer.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

Miércoles 27 de mayo de 2026

Lectura recomendada: "El camino hacia la formalización", de Eduardo Sanz Lovatón @SanzLovaton

Enfoque
El camino hacia la formalización

Durante años, el debate sobre el mercado laboral en América Latina ha girado en torno al desempleo. Sin embargo, en la República Dominicana hemos aprendido que el verdadero desafío no es la falta de trabajo, sino la calidad del trabajo que generamos. Hoy, más de la mitad de nuestra fuerza laboral se encuentra en condiciones de informalidad, una realidad que nos obliga a preguntarnos qué tipo de economía queremos construir.

Pero reducir este fenómeno a un simple problema económico sería un error. La informalidad es, en muchos casos, el reflejo de barreras estructurales, de limitaciones en el acceso a oportunidades y de una historia institucional que no siempre ha estado a la altura de las aspiraciones de nuestra gente. Y, al mismo tiempo, representa una oportunidad para transformar nuestra economía.

He tenido la oportunidad de recorrer el país durante años, de conversar con emprendedores, con pequeños comerciantes, con trabajadores que cada día se esfuerzan por salir adelante. Y hay algo que siempre me ha quedado claro: la mayoría de los dominicanos no quiere vivir en la informalidad. Quiere crecer, progresar y ser parte de un sistema que le brinde estabilidad y oportunidades. Muchas veces, lo que falta no es voluntad, sino condiciones.

Por eso debemos cambiar la forma en que hablamos de este tema. La informalidad no es un fenómeno único ni homogéneo. Existe una informalidad asociada a quienes, teniendo capacidad económica, deciden evadir las reglas; otra vinculada a quienes enfrentan costos, trámites y barreras que dificultan su entrada a la formalidad; y una tercera, la más extendida, que responde a condiciones de subsistencia, baja productividad y limitadas oportunidades. Entender estas diferencias es clave para diseñar soluciones efectivas.

Sin embargo, más importante que clasificar la informalidad es comprender cómo superarla. Y aquí debemos ser claros: la formalidad se promueve creando oportunidades. No se trata de imponer cargas, sino de construir un entorno donde formalizarse sea una decisión posible y atractiva.

En los últimos años hemos avanzado en esa dirección. El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes ha trabajado para simplificar procesos, reducir barreras y acercar el Estado a la gente. La Ventanilla Única de Formalización ha permitido reducir en más de un 80 % los tiempos de registro empresarial, haciendo posible formalizar una empresa en menos de 48 horas. Más de 54,000 empresas han dado ya ese paso reflejando confianza en que el sistema puede funcionar.

Estos avances son importantes, pero es apenas el inicio. La formalización requiere productividad, educación, financiamiento y, sobre todo, inclusión. Porque una economía donde millones operan al margen de la formalidad limita su propio potencial.

Ahora bien, hay un elemento que pocas veces se discute y que resulta fundamental: el clima emocional de una sociedad. Ninguna transformación profunda ocurre en un ambiente dominado por el pesimismo. Cuando el discurso público se llena de cinismo, cuando se instala la idea de que nada funciona, cuando dejamos de reconocer los avances, lo que hacemos es debilitar nuestra capacidad de cambio.

Debemos librar una batalla decidida contra ese pesimismo. Las sociedades que progresan son aquellas que saben reconocer lo que hacen bien, incluso cuando eso implica valorar acciones de actores con los que no siempre coincidimos. La República Dominicana ha cambiado, y ha cambiado mucho. Lo vemos en nuestras instituciones, en nuestros sectores productivos, en nuestra capacidad de atraer inversión y generar crecimiento incluso en contextos internacionales complejos.

Hemos sido capaces de transformar sectores completos de nuestra economía. El turismo, por ejemplo, es hoy uno de nuestros principales motores gracias a una visión compartida y sostenida en el tiempo. Lo mismo ocurrió con las zonas francas y con industrias como el cacao o el tabaco, que hoy compiten en los mercados internacionales.

La formalización debe ser el próximo gran proyecto nacional. Un proyecto que convoque al Estado, al sector empresarial, a la academia y a la sociedad en su conjunto. Que entienda que la inclusión productiva no es solo un objetivo social, sino una condición del crecimiento.

Este es un momento extraordinario para la República Dominicana. Hemos demostrado resiliencia frente a crisis globales, hemos consolidado un crecimiento económico sostenido y hemos fortalecido nuestra posición en la región. Pero el verdadero salto dependerá de nuestra capacidad para integrar a millones de dominicanos a una economía más productiva, más formal y más inclusiva.

No vamos a lograrlo únicamente con estudios, ni con discursos, ni con buenas intenciones. Lo lograremos cuando asumamos este desafío como una causa común. Cuando entendamos que la formalización no es un fin en sí mismo, sino un medio para construir un país más justo, más competitivo y más próspero.

Estoy convencido de que tenemos todo lo necesario para lograrlo. Tenemos talento, tenemos capacidad y, sobre todo, tenemos un pueblo que quiere avanzar. Lo que nos corresponde ahora es estar a la altura de ese anhelo. Construir las oportunidades, generar la confianza y ejercer el liderazgo que este momento exige.

Porque al final, de eso se trata: de creer en lo que somos capaces de hacer juntos./


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Armada Dominicana fortalece capacidades estratégicas con entrenamientos conjuntos con los Estados Unidos

Armada Dominicana fortalece capacidades estratégicas con entrenamientos conjuntos con los Estados Unidos

Peravia, R.D., 28 de mayo de 2026. – La Armada de República Dominicana clausuró el Entrenamiento Conjunto y Combinado (JCET, por sus siglas en inglés), junto al Curso Básico de Buceo clases 011-012 y el Curso de Cualificación de Fuerzas Especiales Navales (CCUFEN), durante una ceremonia celebrada en la Base Naval “Las Calderas”, consolidando importantes avances en la preparación táctica y operativa de sus unidades especializadas.

La actividad fue encabezada por el ministro de Defensa, el teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, acompañado por el vicealmirante Juan Bienvenido Crisóstomo Martínez, comandante general de la Armada, y la embajadora de los Estados Unidos en el país, Leah Francis Campos.
En la actividad estuvieron presentes miembros del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas, así como el subcomandante e inspector general de la Armada de República Dominicana.
Durante sus palabras centrales, el vicealmirante Crisóstomo Martínez destacó que estos entrenamientos representan un componente estratégico fundamental para el fortalecimiento de la Armada Dominicana, al elevar la interoperabilidad, la cooperación internacional y la capacidad operativa de sus fuerzas especiales navales frente a los desafíos actuales en materia de seguridad y defensa marítima.
Asimismo, resaltó la importancia del respaldo y la cooperación de los Estados Unidos en el desarrollo de este tipo de entrenamientos especializados, los cuales permiten el intercambio de conocimientos, doctrinas y experiencias operacionales que contribuyen significativamente al fortalecimiento de las capacidades tácticas y estratégicas de las Fuerzas Armadas dominicanas.
La ceremonia incluyó una demostración operativa de las capacidades adquiridas por los participantes, en la que intervinieron miembros de la Armada Dominicana y efectivos del equipo Alfa ODA 735 de los Boinas Verdes del U.S. Army, evidenciando el alto nivel de preparación táctica alcanzado durante las jornadas de entrenamiento conjunto.
El capitán Raymond Wrigth valoró la integración y el intercambio de conocimientos entre ambas fuerzas, resaltando el compromiso, disciplina y desempeño demostrado por los participantes durante el desarrollo de las operaciones conjuntas y combinadas.

La Armada Dominicana destacó que el desarrollo de operaciones conjuntas constituye un elemento esencial para fortalecer la capacidad de respuesta ante amenazas transnacionales, operaciones de rescate, lucha contra actividades ilícitas en los espacios marítimos y protección de infraestructuras estratégicas, permitiendo además consolidar mecanismos de coordinación e interoperabilidad con fuerzas aliadas.

El Curso Básico de Buceo estuvo orientado a capacitar al personal militar en técnicas de inmersión, operaciones subacuáticas, rescate y seguridad marítima, fortaleciendo sus competencias para la ejecución de misiones navales especializadas.
Mientras que el Curso de Cualificación de Fuerzas Especiales Navales (CCUFEN) estuvo enfocado en desarrollar capacidades tácticas avanzadas, operaciones anfibias y destrezas de combate especial para el cumplimiento de misiones de alto nivel estratégico.

La Armada Dominicana reafirmó que estas iniciativas forman parte de su proceso permanente de modernización y fortalecimiento institucional, orientado a mantener fuerzas altamente entrenadas, preparadas y capaces de responder eficientemente en la defensa de la soberanía nacional y la protección de los espacios marítimos de la República Dominicana.

Durante el acto fueron entregados certificados y reconocimientos a los participantes que culminaron satisfactoriamente los programas de formación, orientados al fortalecimiento de las capacidades tácticas, marítimas y operacionales de la institución naval.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Confianza que se construye, competitividad que se sostiene

Presidente AbinaderOPINIÓN | Confianza que se construye, competitividad que se sostiene

El reconocimiento del sector empresarial a los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, logística, energía, turismo e inversión extranjera invita a una reflexión más amplia: el desarrollo duradero no depende de consignas, sino de instituciones estables, acuerdos nacionales, productividad creciente y una visión compartida de futuro.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La intervención del presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Celso Juan Marranzini, en el marco del 63.º aniversario de esa organización y del Día Nacional de la Empresa Privada, no debe leerse únicamente como una valoración coyuntural de la economía dominicana. Debe asumirse, más bien, como una señal de que el país ha logrado consolidar ciertas bases que hoy le permiten ser observado con interés en una región donde el crecimiento se ha vuelto más lento, la productividad más débil y la incertidumbre más persistente. El señalamiento de avances en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa un hecho significativo: la República Dominicana ha construido un perfil económico más robusto, diversificado y visible en el escenario regional. 

Esa percepción no surge por casualidad. Cuando el liderazgo empresarial habla de estabilidad, capacidad productiva, diversificación y confianza internacional, está identificando elementos que, en la práctica, son decisivos para atraer inversión, sostener empleo y ampliar oportunidades. En economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la credibilidad es un activo tan importante como la infraestructura o el capital. Un país puede tener ubicación estratégica, acceso preferencial a mercados o una demografía favorable, pero si no ofrece previsibilidad, normas claras y capacidad de ejecución, esas ventajas se diluyen. Por eso, la confianza no debe entenderse como una abstracción retórica, sino como el resultado de años de acumulación institucional, de aprendizaje económico y de coordinación entre actores que comprenden que el desarrollo no se decreta: se construye.

El contexto internacional refuerza aún más la importancia de esa lectura. En su discurso, Marranzini vinculó el posicionamiento dominicano con las transformaciones que atraviesa la economía global, desde la reorganización de las cadenas de suministro hasta el auge de nuevas industrias y la creciente competencia por atraer capital productivo. También participaron en la actividad el presidente Luis Abinader e Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, en una señal de que el debate económico nacional ya no puede separarse del entorno geopolítico que redefine mercados, alianzas y prioridades productivas. La República Dominicana no compite solo con sus vecinos; compite con todos los destinos que hoy intentan mostrarse como plazas seguras, eficientes y estratégicas para producir, exportar e innovar. En ese tablero, la ventaja no se obtiene únicamente por costo, sino por confianza, agilidad y capacidad para anticipar el cambio. 

En ese sentido, resulta especialmente revelador que se destaque al país como una economía observada con interés por centros de análisis internacionales. El Harvard Growth Lab proyecta a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento del PIB real y del ingreso per cápita en la próxima década, al punto de ubicarla como la única nación de América Latina y el Caribe dentro de los primeros lugares del ranking global de crecimiento per cápita para el período 2024-2034. Esa proyección, difundida por distintos medios y sustentada en el Atlas of Economic Complexity, no constituye una garantía automática de éxito, pero sí valida que el país dispone de capacidades productivas y de una base económica diversificada que pueden sostener un desempeño superior al promedio regional. 

Ahora bien, toda buena noticia económica debe ser leída con sentido de realidad. Si algo muestran las experiencias internacionales es que el crecimiento proyectado puede frustrarse cuando no se enfrenta a tiempo aquello que limita la productividad. Y justamente ahí reside uno de los puntos más valiosos del mensaje empresarial: no hubo complacencia. Junto al reconocimiento de avances, también se señalaron desafíos estructurales como la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de fortalecer la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, se valoró lo alcanzado, pero sin perder de vista que la sostenibilidad del progreso dependerá de la capacidad de corregir debilidades históricas que todavía restringen la competitividad nacional y limitan la incorporación de más ciudadanos a la economía formal. 

Esa combinación entre reconocimiento y exigencia debería asumirse como una actitud saludable para el debate público. A veces, los países se estancan no porque les falte potencial, sino porque sustituyen la planificación por la improvisación o el consenso por la confrontación. El vicepresidente ejecutivo del CONEP, César Dargam, insistió en que el desarrollo dominicano ha sido posible porque distintas generaciones decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país aún en construcción, y subrayó que los grandes saltos al desarrollo no se logran desde la confrontación entre sectores, sino desde acuerdos nacionales, visión compartida e instituciones que funcionen. Esa idea merece ser resaltada: el progreso durable exige cooperación social, no uniformidad ideológica; exige reglas, continuidad y prioridades comunes, aunque existan diferencias legítimas en el debate. 

Hay, además, un aspecto que conviene subrayar con énfasis: el sector privado no es una realidad abstracta ni una consigna de élites. Cuando se afirma que su composición incluye pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes, y que en conjunto genera la mayor parte del PIB, de la inversión y del empleo, se está recordando que el tejido productivo es, en realidad, una expresión concreta de la sociedad trabajando. Marranzini afirmó que el sector privado representa el 85 % del PIB, el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos del país. Más allá de la cifra puntual, el mensaje de fondo es claro: la defensa de un entorno propicio para producir, emprender e innovar no debe verse como un interés sectorial aislado, sino como una condición necesaria para multiplicar oportunidades en toda la estructura social. 

Desde esa perspectiva, el concepto de institucionalidad adquiere una dimensión mucho más concreta. No se trata solo de respetar leyes o mantener formas administrativas; se trata de crear condiciones estables para que la inversión llegue, el talento se forme, la innovación se expanda y la productividad mejore. Un país institucionalmente confiable es aquel en el que los proyectos avanzan con reglas claras, donde las políticas sobreviven a los ciclos, donde el capital humano encuentra caminos de ascenso y donde el Estado y el sector productivo pueden dialogar sin sospechas permanentes. Esa es, probablemente, una de las claves del momento dominicano: entender que la competitividad no nace solo en el mercado, sino también en la calidad de las instituciones que organizan la vida económica y en la seriedad con que se ejecutan las prioridades nacionales.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad histórica. Tiene sectores dinámicos, una ubicación estratégica, un empresariado que reconoce fortalezas pero también reclama reformas, y una sociedad que ha demostrado resiliencia y capacidad de trabajo. Sin embargo, ninguna oportunidad se convierte por sí sola en bienestar. Para que el crecimiento proyectado se transforme en progreso tangible, será indispensable traducir la confianza en empleos de calidad, la inversión en encadenamientos productivos, la modernización en inclusión y la estabilidad en movilidad social. Ahí radica el verdadero desafío nacional. No basta con ser vistos como una economía prometedora; hace falta consolidarse como una nación capaz de convertir esa promesa en prosperidad compartida, con visión de largo plazo, sentido institucional y la convicción de que el desarrollo, cuando se construye sobre acuerdos y productividad, deja de ser una aspiración para convertirse en destino.

Si desea, también puedo prepararle ahora una versión más periodística, una columna de 7 párrafos, o una adaptación para prensa digital y redes sociales.

🇩🇴📈 República Dominicana fortalece su crecimiento y atrae más inversiones
El sector privado reconoce los avances del país en áreas clave como manufactura, exportaciones, energía, turismo e infraestructura logística 💼⚙️🌍. La estabilidad, la diversificación económica y la… pic.twitter.com/qTa99Zl1mb

— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 27, 2026
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EDITORIAL | Institucionalidad, competitividad y confianza: señales de una economía que busca consolidarse

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El reconocimiento expresado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) sobre los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa una realidad que merece ser observada con rigor: el país continúa proyectándose como una de las economías más dinámicas del entorno regional. En un contexto latinoamericano marcado por bajo crecimiento, rezagos de productividad e incertidumbre internacional, que el sector empresarial destaque la estabilidad, la diversificación y la confianza como activos nacionales no es un dato menor, sino una señal de madurez institucional y de capacidad de adaptación económica.

Más allá del valor simbólico del pronunciamiento, lo relevante es el fondo. Cuando el empresariado reconoce mejoras en áreas estratégicas, está validando condiciones que inciden directamente sobre la decisión de invertir, expandirse y generar empleo. La competitividad de una nación no depende únicamente de sus indicadores macroeconómicos, sino de la articulación entre infraestructura, seguridad jurídica, capacidad logística, disponibilidad energética, capital humano y visión de largo plazo. En ese sentido, la República Dominicana ha venido construyendo una narrativa de confiabilidad que, bien administrada, puede traducirse en mayores oportunidades productivas y en una inserción más inteligente dentro de las cadenas globales de valor.

El énfasis de CONEP en la relación estratégica con los Estados Unidos también refleja una comprensión acertada del momento internacional. La reorganización del comercio global, el rediseño de las cadenas de suministro y la búsqueda de destinos más cercanos, estables y eficientes para la inversión están abriendo espacios concretos para economías como la dominicana. Sectores como dispositivos médicos, manufactura especializada, logística, agroindustria avanzada y servicios tecnológicos pueden encontrar en este nuevo escenario una plataforma de expansión, siempre que el país continúe fortaleciendo sus condiciones estructurales y su capacidad para responder con rapidez a la demanda internacional.

Sin embargo, ningún reconocimiento debe conducir a la autocomplacencia. El propio planteamiento empresarial identifica desafíos que siguen siendo determinantes: la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de elevar la calidad de la educación, especialmente en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, el país exhibe fortalezas evidentes, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad de transformar esas ventajas en una agenda de reformas continuas. Crecer no basta; también es necesario elevar productividad, reducir brechas, fortalecer instituciones y ampliar el acceso de más ciudadanos a los beneficios del desarrollo.

Hay otro punto medular que no debe perderse de vista: el sector privado no actúa en abstracto. Como recordó la dirigencia empresarial, detrás de la actividad productiva están los pequeños negocios, los jóvenes emprendedores, los agricultores, los industriales, los comerciantes y los profesionales que dinamizan la economía real. Esa afirmación introduce una idea central para cualquier visión moderna de desarrollo: la empresa no es solo una unidad de rentabilidad, sino también un vehículo de movilidad social, innovación y generación de oportunidades. Por eso, promover un entorno favorable para la libre iniciativa, dentro de reglas claras e instituciones sólidas, forma parte de una arquitectura democrática orientada al progreso.

Del mismo modo, el llamado a construir consensos nacionales merece una lectura estratégica. Las economías que logran saltos cualitativos no lo hacen únicamente por acumulación de capital o apertura comercial, sino por la existencia de acuerdos básicos entre Estado, sector privado y sociedad. La experiencia comparada demuestra que el desarrollo duradero necesita continuidad, coordinación y confianza entre actores. Cuando el debate público se concentra en lo esencial —educación, productividad, institucionalidad, innovación, formalización y competitividad— se crean mejores condiciones para avanzar sin que cada coyuntura interrumpa el horizonte nacional.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad que no debe desperdiciar. La confianza internacional, el interés inversor, el posicionamiento logístico y la resiliencia de su tejido productivo son activos importantes, pero su verdadero valor radica en la capacidad de traducirlos en bienestar tangible, empleos de calidad, mayor formalidad y crecimiento más inclusivo. El reconocimiento del empresariado, por tanto, no debe leerse solo como un respaldo coyuntural, sino como un recordatorio de que el país dispone de bases reales para consolidar su ascenso, siempre que mantenga el rumbo de la institucionalidad, el diálogo y la visión estratégica.

#GuasábaraEditor

Conep reconoce acciones del Gobierno para fortalecer el crecimiento económico y atracción de inversiones

Destacó, además, la confianza internacional y los avances alcanzados por la República Dominicana en áreas estratégicas.

Conep reconoce acciones del Gobierno para fortalecer el crecimiento económico y atracción de inversiones

27 de Mayo 2026 | 14:26 | Institucionalidad

Presidente Abinader

Santo Domingo.– El presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Celso Juan Marranzini, destacó este miércoles los avances que ha consolidado la República Dominicana en áreas estratégicas como manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera, al tiempo que reconoció los esfuerzos del gobierno del presidente Luis Abinader para continuar fortaleciendo la competitividad nacional y la relación estratégica con los Estados Unidos.

Durante su intervención, Marranzini afirmó que el país ha logrado posicionarse de manera diferenciada en América Latina gracias a su estabilidad, diversificación económica, capacidad productiva y confianza internacional.

Marranzini habló en estos términos en el marco de la celebración del 63. ° aniversario del Conep y el Día Nacional de la Empresa Privada, que contó con la participación del presidente Luis Abinader y del conferencista internacional Ian Bremmer, presidente y fundador de Eurasia Group, quien analizó las tendencias que están redefiniendo el orden internacional y sus implicaciones para países como la República Dominicana.

“Pero antes de mirar hacia afuera, conviene reconocer lo que la República Dominicana ha sido capaz de consolidar desde hace décadas. Lo vemos en nuestra manufactura, en exportaciones cada vez más diversificadas, en una infraestructura logística que nos conecta con el mundo, en una matriz energética más moderna y en niveles históricos de inversión extranjera que reflejan la confianza internacional en nuestro país”, manifestó Marranzini.

Asimismo, sostuvo que mientras gran parte de América Latina enfrenta una etapa de bajo crecimiento, la República Dominicana continúa destacándose por su capacidad de generar confianza y crecimiento sostenido.

“Y al observar esos avances, debemos reconocer que mientras América Latina enfrenta una trampa de bajo crecimiento marcada por el estancamiento de su productividad, el mundo sigue mirando a la República Dominicana de una manera distinta. Y eso no ocurre por casualidad. Ocurre porque el país ha logrado construir estabilidad, diversificación económica, capacidad productiva y confianza”, expresó.

El presidente del Conep indicó además que organismos internacionales como el Harvard Growth Lab proyectan a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento de capital per cápita durante la próxima década, siendo la única nación de América Latina y el Caribe incluida en ese grupo.

En ese sentido, reconoció los esfuerzos que ha venido realizando el gobierno del presidente Luis Abinader para seguir fortaleciendo la relación estratégica con los Estados Unidos, principal socio comercial del país, y aprovechar las oportunidades que surgen de la reorganización de las cadenas globales de suministro y del crecimiento de industrias como dispositivos médicos, manufactura especializada y servicios tecnológicos.

Marranzini afirmó que el sector privado ha sido un actor fundamental en la transformación económica, institucional y social de la República Dominicana desde la fundación del gremio hace 63 años y agregó que no es un grupo aislado de la sociedad, sino que representa a millones de dominicanos que trabajan, emprenden, innovan y generan oportunidades para el desarrollo del país.

Indicó que el sector privado está conformado por pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes que, en conjunto, generan el 85 % del producto interno bruto (PIB), el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos de la República Dominicana.

Asimismo, sostuvo que la libre empresa representa el derecho de cada ciudadano a transformar su esfuerzo en progreso y aseguró que el Conep nació precisamente para defender esa libertad y promover una sociedad democrática, abierta e institucional.

Marranzini consideró necesario impulsar reformas orientadas a mejorar la competitividad nacional, incluyendo el fortalecimiento de la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, así como enfrentar desafíos estructurales relacionados con la informalidad, el sistema eléctrico y el ordenamiento territorial. “Y justamente por eso, iniciativas como la Estrategia Nacional de Desarrollo y Meta-RD 2036 adquieren tanta relevancia”, indicó.

Finalmente, el presidente del Conep expresó que el principal activo de la República Dominicana es su gente, a la que definió como una población joven, trabajadora, resiliente y con gran capacidad de aprendizaje, al tiempo que llamó a construir consensos nacionales que permitan al país convertirse en una de las economías más dinámicas y prósperas de América Latina.

Oportunidades para todos los ciudadanos 

El vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), César Dargam, aseguró que el futuro de la República Dominicana debe seguir construyéndose sobre la esperanza, la confianza y la capacidad de generar oportunidades para todos los ciudadanos.

Aseguró que el desarrollo del país ha sido posible gracias a generaciones que apostaron por el crecimiento nacional y mantuvieron la fe en el futuro. “La República Dominicana moderna no nació por accidente, sino que fue construida por generaciones que decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país que todavía estaba en construcción”, expresó.

Dargam afirmó que promover la iniciativa privada y la libertad de empresa no significa defender intereses particulares, sino impulsar oportunidades capaces de transformar vidas y reiteró que los países que han logrado dar el salto al desarrollo no lo han hecho mediante la confrontación entre sectores, sino a través de acuerdos nacionales, visión compartida, instituciones que funcionan y una sociedad capaz de coincidir en lo esencial, incluso en medio de sus diferencias.

El vicepresidente ejecutivo del Conep aseguró que la República Dominicana ha demostrado en distintas etapas de su historia su capacidad de avanzar cuando apuesta por sí misma. “Cuando una sociedad logra multiplicar esa convicción millones de veces, entonces comienza a transformar su realidad y construir un mejor futuro para todos”. 

En la actividad acompañaron al presidente, los presidentes, del Senado, Ricardo de los Santos; de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco; los ministros de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez; de Trabajo, Eddy Olivares;  de Educación, Luis Miguel De Camps; de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón; de Vivienda, Hábitat y Edificaciones, Víctor “Ito” Bisonó; de Cultura, Roberto Ángel Salcedo; de Agricultura, Oliverio Espaillat; de Administración Pública, Sigmund Freund; de Energía y Minas, Joel Santos, y de Justicia, Antoliano Peralta, entre otros.

https://presidencia.gob.do/noticias/conep-reconoce-acciones-del-gobierno-para-fortalecer-el-crecimiento-economico-y-atraccion

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EDITORIAL

Institucionalidad, competitividad y confianza: señales de una economía que busca consolidarse

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El reconocimiento expresado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) sobre los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa una realidad que merece ser observada con rigor: el país continúa proyectándose como una de las economías más dinámicas del entorno regional. En un contexto latinoamericano marcado por bajo crecimiento, rezagos de productividad e incertidumbre internacional, que el sector empresarial destaque la estabilidad, la diversificación y la confianza como activos nacionales no es un dato menor, sino una señal de madurez institucional y de capacidad de adaptación económica.

Más allá del valor simbólico del pronunciamiento, lo relevante es el fondo. Cuando el empresariado reconoce mejoras en áreas estratégicas, está validando condiciones que inciden directamente sobre la decisión de invertir, expandirse y generar empleo. La competitividad de una nación no depende únicamente de sus indicadores macroeconómicos, sino de la articulación entre infraestructura, seguridad jurídica, capacidad logística, disponibilidad energética, capital humano y visión de largo plazo. En ese sentido, la República Dominicana ha venido construyendo una narrativa de confiabilidad que, bien administrada, puede traducirse en mayores oportunidades productivas y en una inserción más inteligente dentro de las cadenas globales de valor.

El énfasis de CONEP en la relación estratégica con los Estados Unidos también refleja una comprensión acertada del momento internacional. La reorganización del comercio global, el rediseño de las cadenas de suministro y la búsqueda de destinos más cercanos, estables y eficientes para la inversión están abriendo espacios concretos para economías como la dominicana. Sectores como dispositivos médicos, manufactura especializada, logística, agroindustria avanzada y servicios tecnológicos pueden encontrar en este nuevo escenario una plataforma de expansión, siempre que el país continúe fortaleciendo sus condiciones estructurales y su capacidad para responder con rapidez a la demanda internacional.

Sin embargo, ningún reconocimiento debe conducir a la autocomplacencia. El propio planteamiento empresarial identifica desafíos que siguen siendo determinantes: la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de elevar la calidad de la educación, especialmente en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, el país exhibe fortalezas evidentes, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad de transformar esas ventajas en una agenda de reformas continuas. Crecer no basta; también es necesario elevar productividad, reducir brechas, fortalecer instituciones y ampliar el acceso de más ciudadanos a los beneficios del desarrollo.

Hay otro punto medular que no debe perderse de vista: el sector privado no actúa en abstracto. Como recordó la dirigencia empresarial, detrás de la actividad productiva están los pequeños negocios, los jóvenes emprendedores, los agricultores, los industriales, los comerciantes y los profesionales que dinamizan la economía real. Esa afirmación introduce una idea central para cualquier visión moderna de desarrollo: la empresa no es solo una unidad de rentabilidad, sino también un vehículo de movilidad social, innovación y generación de oportunidades. Por eso, promover un entorno favorable para la libre iniciativa, dentro de reglas claras e instituciones sólidas, forma parte de una arquitectura democrática orientada al progreso.

Del mismo modo, el llamado a construir consensos nacionales merece una lectura estratégica. Las economías que logran saltos cualitativos no lo hacen únicamente por acumulación de capital o apertura comercial, sino por la existencia de acuerdos básicos entre Estado, sector privado y sociedad. La experiencia comparada demuestra que el desarrollo duradero necesita continuidad, coordinación y confianza entre actores. Cuando el debate público se concentra en lo esencial —educación, productividad, institucionalidad, innovación, formalización y competitividad— se crean mejores condiciones para avanzar sin que cada coyuntura interrumpa el horizonte nacional.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad que no debe desperdiciar. La confianza internacional, el interés inversor, el posicionamiento logístico y la resiliencia de su tejido productivo son activos importantes, pero su verdadero valor radica en la capacidad de traducirlos en bienestar tangible, empleos de calidad, mayor formalidad y crecimiento más inclusivo. El reconocimiento del empresariado, por tanto, no debe leerse solo como un respaldo coyuntural, sino como un recordatorio de que el país dispone de bases reales para consolidar su ascenso, siempre que mantenga el rumbo de la institucionalidad, el diálogo y la visión estratégica.

#GuasábaraEditor

OPINIÓN | Confianza que se construye, competitividad que se sostiene

El reconocimiento del sector empresarial a los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, logística, energía, turismo e inversión extranjera invita a una reflexión más amplia: el desarrollo duradero no depende de consignas, sino de instituciones estables, acuerdos nacionales, productividad creciente y una visión compartida de futuro.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La intervención del presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Celso Juan Marranzini, en el marco del 63.º aniversario de esa organización y del Día Nacional de la Empresa Privada, no debe leerse únicamente como una valoración coyuntural de la economía dominicana. Debe asumirse, más bien, como una señal de que el país ha logrado consolidar ciertas bases que hoy le permiten ser observado con interés en una región donde el crecimiento se ha vuelto más lento, la productividad más débil y la incertidumbre más persistente. El señalamiento de avances en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa un hecho significativo: la República Dominicana ha construido un perfil económico más robusto, diversificado y visible en el escenario regional. 

Esa percepción no surge por casualidad. Cuando el liderazgo empresarial habla de estabilidad, capacidad productiva, diversificación y confianza internacional, está identificando elementos que, en la práctica, son decisivos para atraer inversión, sostener empleo y ampliar oportunidades. En economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la credibilidad es un activo tan importante como la infraestructura o el capital. Un país puede tener ubicación estratégica, acceso preferencial a mercados o una demografía favorable, pero si no ofrece previsibilidad, normas claras y capacidad de ejecución, esas ventajas se diluyen. Por eso, la confianza no debe entenderse como una abstracción retórica, sino como el resultado de años de acumulación institucional, de aprendizaje económico y de coordinación entre actores que comprenden que el desarrollo no se decreta: se construye.

El contexto internacional refuerza aún más la importancia de esa lectura. En su discurso, Marranzini vinculó el posicionamiento dominicano con las transformaciones que atraviesa la economía global, desde la reorganización de las cadenas de suministro hasta el auge de nuevas industrias y la creciente competencia por atraer capital productivo. También participaron en la actividad el presidente Luis Abinader e Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, en una señal de que el debate económico nacional ya no puede separarse del entorno geopolítico que redefine mercados, alianzas y prioridades productivas. La República Dominicana no compite solo con sus vecinos; compite con todos los destinos que hoy intentan mostrarse como plazas seguras, eficientes y estratégicas para producir, exportar e innovar. En ese tablero, la ventaja no se obtiene únicamente por costo, sino por confianza, agilidad y capacidad para anticipar el cambio. 

En ese sentido, resulta especialmente revelador que se destaque al país como una economía observada con interés por centros de análisis internacionales. El Harvard Growth Lab proyecta a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento del PIB real y del ingreso per cápita en la próxima década, al punto de ubicarla como la única nación de América Latina y el Caribe dentro de los primeros lugares del ranking global de crecimiento per cápita para el período 2024-2034. Esa proyección, difundida por distintos medios y sustentada en el Atlas of Economic Complexity, no constituye una garantía automática de éxito, pero sí valida que el país dispone de capacidades productivas y de una base económica diversificada que pueden sostener un desempeño superior al promedio regional. 

Ahora bien, toda buena noticia económica debe ser leída con sentido de realidad. Si algo muestran las experiencias internacionales es que el crecimiento proyectado puede frustrarse cuando no se enfrenta a tiempo aquello que limita la productividad. Y justamente ahí reside uno de los puntos más valiosos del mensaje empresarial: no hubo complacencia. Junto al reconocimiento de avances, también se señalaron desafíos estructurales como la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de fortalecer la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, se valoró lo alcanzado, pero sin perder de vista que la sostenibilidad del progreso dependerá de la capacidad de corregir debilidades históricas que todavía restringen la competitividad nacional y limitan la incorporación de más ciudadanos a la economía formal. 

Esa combinación entre reconocimiento y exigencia debería asumirse como una actitud saludable para el debate público. A veces, los países se estancan no porque les falte potencial, sino porque sustituyen la planificación por la improvisación o el consenso por la confrontación. El vicepresidente ejecutivo del CONEP, César Dargam, insistió en que el desarrollo dominicano ha sido posible porque distintas generaciones decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país aún en construcción, y subrayó que los grandes saltos al desarrollo no se logran desde la confrontación entre sectores, sino desde acuerdos nacionales, visión compartida e instituciones que funcionen. Esa idea merece ser resaltada: el progreso durable exige cooperación social, no uniformidad ideológica; exige reglas, continuidad y prioridades comunes, aunque existan diferencias legítimas en el debate. 

Hay, además, un aspecto que conviene subrayar con énfasis: el sector privado no es una realidad abstracta ni una consigna de élites. Cuando se afirma que su composición incluye pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes, y que en conjunto genera la mayor parte del PIB, de la inversión y del empleo, se está recordando que el tejido productivo es, en realidad, una expresión concreta de la sociedad trabajando. Marranzini afirmó que el sector privado representa el 85 % del PIB, el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos del país. Más allá de la cifra puntual, el mensaje de fondo es claro: la defensa de un entorno propicio para producir, emprender e innovar no debe verse como un interés sectorial aislado, sino como una condición necesaria para multiplicar oportunidades en toda la estructura social. 

Desde esa perspectiva, el concepto de institucionalidad adquiere una dimensión mucho más concreta. No se trata solo de respetar leyes o mantener formas administrativas; se trata de crear condiciones estables para que la inversión llegue, el talento se forme, la innovación se expanda y la productividad mejore. Un país institucionalmente confiable es aquel en el que los proyectos avanzan con reglas claras, donde las políticas sobreviven a los ciclos, donde el capital humano encuentra caminos de ascenso y donde el Estado y el sector productivo pueden dialogar sin sospechas permanentes. Esa es, probablemente, una de las claves del momento dominicano: entender que la competitividad no nace solo en el mercado, sino también en la calidad de las instituciones que organizan la vida económica y en la seriedad con que se ejecutan las prioridades nacionales.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad histórica. Tiene sectores dinámicos, una ubicación estratégica, un empresariado que reconoce fortalezas pero también reclama reformas, y una sociedad que ha demostrado resiliencia y capacidad de trabajo. Sin embargo, ninguna oportunidad se convierte por sí sola en bienestar. Para que el crecimiento proyectado se transforme en progreso tangible, será indispensable traducir la confianza en empleos de calidad, la inversión en encadenamientos productivos, la modernización en inclusión y la estabilidad en movilidad social. Ahí radica el verdadero desafío nacional. No basta con ser vistos como una economía prometedora; hace falta consolidarse como una nación capaz de convertir esa promesa en prosperidad compartida, con visión de largo plazo, sentido institucional y la convicción de que el desarrollo, cuando se construye sobre acuerdos y productividad, deja de ser una aspiración para convertirse en destino.

Si desea, también puedo prepararle ahora una versión más periodística, una columna de 7 párrafos, o una adaptación para prensa digital y redes sociales.