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martes, 4 de abril de 2017

Qué hay detrás de las protestas en Guyana Francesa, el único territorio de la Unión Europea en América Latina

Qué hay detrás de las protestas en Guyana Francesa, el único territorio de la Unión Europea en América Latina

Miembros del colectivo "Los 500 hermanos" durante una de las marchas de protesta en Guyana Francesa.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionEl colectivo "Los 500 hermanos" es una de las caras visibles de la protesta.
Guyana Francesa -un departamento de Francia ubicado a unos 7.000 kilómetros de París, en la costa noreste de Sudamérica- vive días de disturbios y protestas.
Una huelga general tiene al territorio virtualmente paralizado desde finales de marzo.
Y sus organizadores le están exigiendo al gobierno francés una especie de "Plan Marshall" de 2.500 millones de euros para lidiar con los numerosos problemas que afectan a este pedazo de la Unión Europea en tierras sudamericanas.
BBC Mundo te explica lo qué hay detrás de la protesta, que ya se ha convertido en tema de discusión de la campaña electoral en la que está sumida Francia.

¿Cuáles son los problemas de Guyana Francesa?

Guyana Francesa es un remoto "département" francés ubicado entre Brasil y el océano Atlántico.
Utilizado alguna vez como una colonia penal, el borde que la separa de Brasil es la única frontera que existe entre América Latina y la Unión Europea.
Mapa Guyana Francesa
Pero a pesar de ser sede de un centro espacial y una de las principales puertas de entrada a Francia -y la UE- desde Sudamérica, también es un lugar con muchos problemas.
Tiene la tasa de homicidios más alta de todos los territorios franceses de ultramar y sus pobladores aseguran que sus vidas son cada vez más difíciles.
Buena parte de sus 250.000 habitantes no tienen agua potable ni electricidad y su ingreso promedio es de US$15.000 anuales: menos de la mitad del resto de Francia.
Protesta en Guyana FrancesaDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionLos guyaneses se sienten olvidados por el resto de Francia.
El desempleo es además endémico, llegando a afectar al 50% de los jóvenes. Y a una elevada tasa de natalidad ahora hay que sumarle un número cada vez mayor de inmigrantes llegados ilegalmente desde el resto del continente.
"Desde (el centro espacial de) Korou se lanzan satélites, pero somos los últimos en haber tenido acceso a internet", ilustró el exportero del Paris Saint-Germain y de la selección francesa de fútbol Bernard Lama.
"La República ignora a la Guyana", resumió Lama, quien nació y vive en el territorio.

¿Qué está pasando en estos momentos?

El momento emblemático de las protestas tuvo lugar el pasado 28 de marzo, cuando unas 10.000 personas marcharon por las principales ciudades de Guyana Francesa.
La marcha por las calles de la capital, Cayenne, y Saint-Laurent-du-Maroni, fue la movilización más grande en toda la historia del territorio.
Marcha del 28 de marzo en la Guyana Francesa.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLa marcha del 28 de marzo es considerada la protesta más grande en la historia de la Guyana Francesa.
Y muchos de los manifestantes todavía no han regresado a sus puestos de trabajo.
Varios días antes, una huelga ya había obligado al cierre del Centro Espacial Guyanés en Kourou, utilizado principalmente por la Agencia Espacial Europea.
Esto retrasó el lanzamiento de un cohete que debía colocar en órbita dos satélites, uno brasileño y otro surcoreano.
Un camión bloquea el acceso al Centro Espacial Guyanés en Kourou.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionUn camión bloquea el acceso al Centro Espacial Guyanés en Kourou.
La cara más visible de las protestas es el colectivo "500 hermanos contra la delincuencia", que está exigiendo mayores acciones en contra del crimen y el desempleo.
Pero más de 37 sindicatos apoyan la huelga general, en demanda de un plan de inversión de 2.500 millones de euros que ha sido descrito como un nuevo "Plan Marshall".
Y aunque el gobierno francés presentó un plan de poco más de 1.000 millones de euros, esta propuesta fue calificada de insatisfactoria por el movimiento Pou la Gwiyann dékolé ("Para que la Guyana despegue"), que coordina las demandas.
Negociaciones entre el gobierno francés y los manifestantes de Guyana Francesa.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLas negociaciones con el gobierno francés no han dado resultados.
La propuesta gubernamental fue rechazada, entre otras cosas, porque la cantidad, además de ser juzgada insuficiente, sería entregada a lo largo de 10 años.
Pou la Gwiyann dékolé también está demandando un "estatus especial" para el territorio, algo que el gobierno francés no quiere aceptar.
Y, sin acuerdo a la vista, el movimiento ya ha anunciado nuevas marchas y la continuación de la huelga.

¿Qué han dicho los candidatos a la presidencia?

A menos de un mes de las elecciones presidenciales, los principales candidatos han aprovechado la oportunidad para tratar de mejorar sus perspectivas electorales.
El candidato centrista Emmanuel Macron ha estado destacando sus propuestas para "una verdadera política económica" y una "verdadera política de seguridad" para el remoto departamento.
Marine Le PenDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionMarine Le Pen ha responsabilizado a la migración de los problemas del territorio.
Pero su descripción del territorio como una isla le valió burlas y críticas.
Mientras, la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, ha estado acusando a "la inmigración masiva y la inseguridad que genera" por todos los problemas de Guyana Francesa.
Aunque Lama, campeón del mundo en Francia 98, ha rechazado que eso le haya inyectado a los problemas del territorio un "color religioso".
"El problema central son la falta de recursos para la educación y la elevada tasa de desempleo de los jóvenes", le insistió el futbolista al diario económico francés Les Échos.
Y todo indica que la búsqueda de una solución a eso y otros problemas de Guyana Francesa será uno de los retos con los que tendrá que lidiar el próximo presidente francés.

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sábado, 9 de mayo de 2015

China emprende su ‘plan Marshall’ / Pekín invierte para conseguir que otros Gobiernos se ajusten a su política industrial

China emprende su ‘plan Marshall’

Pekín invierte para conseguir que otros Gobiernos se ajusten a su política industrial

Desde 1980 hay una única constante en la política internacional: el ascenso de China. Pero la expansión de su poder económico es muy diferente de la expansión de su papel militar.
El presidente Xi Jinping no tiene intención de desafiar la supremacía militar de Estados Unidos a corto plazo. Fuera del este asiático, a China le resulta útil la hegemonía militar convencional de los norteamericanos, porque reduce el peligro de un conflicto mundial que podría perjudicar su desarrollo económico. En aquellas regiones en las que Washington rehúye el conflicto, sobre todo en Oriente Próximo, los dirigentes chinos se muestran reacios a aceptar nuevos costes y riesgos. A Moscú le gusta hacer demostraciones de fuerza, pero Pekín prefiere ir adquiriendo peso de manera discreta.
En Asia, el presidente Xi ve que el hecho de encontrarse ante una China más decidida ha animado a sus vecinos, incluida India, a estrechar lazos con Washington. Y ahora que las reformas en el país están frenando la economía, las autoridades chinas intentarán evitar cualquier daño innecesario a las relaciones comerciales con Japón, la tercera economía del mundo. China seguirá provocando a otros vecinos más pequeños, en particular los que no son aliados de EE UU, como Vietnam. Desarrollará nuevas capacidades informáticas, en parte porque benefician a sus empresas. Este mismo año, Pekín endurecerá su postura respecto a Taiwán, pero las autoridades chinas consideran que ese es un asunto de política nacional, no exterior. Es decir, China no va a provocar una crisis de seguridad deliberada en ningún sitio que pueda tener repercusiones negativas para sus negocios en un momento tan delicado para el crecimiento y la reforma económica.
Otra cosa es la creciente influencia económica de China. Pekín ha lanzado un ataque frontal contra el orden económico encabezado por Washington al ofrecer al mundo nuevas instituciones y nuevas alternativas a las inversiones y los niveles tecnológicos de Estados Unidos (además de que la moneda china también está ampliando su presencia). Ningún otro país del mundo puede utilizar con tanta eficacia el poder económico estatal para extender su influencia.
Después de las largas y costosas guerras de Irak y Afganistán, los estadounidenses quieren que su dinero se invierta en casa, y no van a apoyar otro gasto de política exterior de semejante dimensión. Por el contrario, el Gobierno de Obama recurrirá cada vez más al dinero como arma, a usar el acceso a los mercados de capitales (la zanahoria) y las sanciones específicas (el palo) para forzar determinadas situaciones sin enviar tropas ni dinero de los contribuyentes a lugares conflictivos. Sin embargo, esta estrategia no amplía la influencia de EE UU, sino que complica las relaciones con los aliados, porque sus empresas, bancos e inversores acaban atrapados entre dos fuegos.
China también tiene necesidades urgentes de gasto interior. Tiene que construir la mayor red de seguridad social del mundo, invertir en infraestructuras de vanguardia para crear nuevos puestos de trabajo y sostener el crecimiento, y limpiar la contaminación del aire y el agua. Pero las inversiones del Estado, en China, no están sujetas a controles democráticos y ni siquiera tienen por qué ser de conocimiento público. Xi parece creer que las rivalidades dentro del partido son manejables y que las reformas cuentan con el apoyo general de la población. Todavía es posible invertir las inmensas reservas de divisas extranjeras que tiene el país con una mínima resistencia política.

El Gobierno de Obama recurrirá cada vez más al dinero para forzar determinadas situaciones
Las repercusiones para el Consenso de Washington son cada vez más evidentes. A diferencia del plan Marshall, China no está dedicando su dinero a difundir la democracia liberal y el libre mercado, condiciones que se exigían a los receptores de la ayuda estadounidense en la posguerra. China firma sus acuerdos con los Gobiernos casi siempre de forma individual para sacar el máximo provecho a su poder negociador, y sus propósitos principales ya no son garantizar el suministro a largo plazo de materias primas y crear oportunidades para las empresas y los trabajadores chinos en otros países. Hoy en día, Pekín invierte para conseguir que el máximo número posible de Gobiernos extranjeros se alinee con la política industrial china en sectores estratégicos, regulación de telecomunicaciones e Internet y arquitectura y normativas financieras, así como para fomentar un mayor uso del renminbi.
El hecho de que en los últimos tiempos Pekín haya conseguido incorporar a aliados de Estados Unidos como Gran Bretaña (y tal vez Japón) al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras representa un cambio trascendental en la influencia internacional de China. La inclusión de tantas economías desarrolladas garantiza que la capacidad de decisión de Pekín será limitada, pero también indica que China se ha convertido en un “prestamista en primera instancia” de categoría mundial para una lista de Gobiernos necesitados que no deja de crecer. Esa legitimidad reforzará el dominio chino en otros proyectos, como la Ruta Terrestre y la Ruta Marítima de la Seda, que pueden ampliar la influencia comercial del país en Asia, Europa y el Mediterráneo.
Muchos estadounidenses han creído siempre que China, un día, acabará por adaptarse a los criterios políticos y económicos de Occidente, so pena de sufrir una implosión de estilo soviético. Esa teoría parece hoy más equivocada que nunca. Lo más probable es que EE UU y China compitan por el influjo económico en el mundo, una rivalidad que obligará a todos los demás países a tomar difíciles decisiones económicas.
Ian Bremmer es presidente de Eurasia Group y autor de Superpower: Three Choices for America’s Role in the World (Portfolio, May 2015).
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. http://elpais.com/elpais/2015/05/07/opinion/1431023240_668086.html
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