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jueves, 19 de marzo de 2026

Guerra sin reloj, presupuesto sin freno: la nueva ecuación estratégica del Golfo / Por Luis Orlando Díaz Vólquez


Guerra sin reloj, presupuesto sin freno: la nueva ecuación estratégica del Golfo

/ Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Cuando una potencia militar declara que una guerra “no tiene un plazo definitivo”, no está ofreciendo una simple respuesta táctica: está instalando una doctrina política. En las últimas horas, desde el Pentágono se ha repetido con claridad que el cierre de la ofensiva en Irán no obedecerá a un calendario público, sino a una decisión presidencial basada en la evaluación de objetivos. En paralelo, se anticipa una solicitud extraordinaria de fondos —del orden de los USD 200,000 millones— para sostener operaciones cuya magnitud y duración se describen como impredecibles. Ese binomio (tiempo abierto + financiamiento masivo) marca el verdadero núcleo del debate: no se trata solo de “cuánto” se golpea, sino de “cómo” se gobierna una guerra en democracias cansadas de guerras. 

La lógica del plazo abierto busca flexibilidad operativa, sí; pero también desplaza el centro de gravedad institucional. Al renunciar a un horizonte temporal, el Ejecutivo concentra discrecionalidad estratégica y reduce el espacio para el control político del Congreso y la deliberación pública sobre costos, riesgos y umbrales de salida. Esa arquitectura se refuerza con una retórica que insiste en objetivos “claros” y en evitar “mission creep”, aun cuando la propia comunicación oficial subraya que el desenlace llegará “en condiciones” definidas por la presidencia. La experiencia histórica enseña que el mayor riesgo de las campañas sin reloj no es el primer mes: es el mes trece, cuando la normalización del conflicto sustituye a la rendición de cuentas. 

En el plano militar, se argumenta que la campaña está degradando de forma severa capacidades iraníes: caídas cercanas al 90% en el ritmo de ataques balísticos y de drones, y daños significativos a fuerzas navales e infraestructura asociada. Aun aceptando esas cifras como evaluación de parte —toda guerra produce su propio relato de progreso—, el punto editorial de fondo es otro: incluso el “éxito” inicial puede incubar el problema político posterior. Una operación presentada como quirúrgica y de “precisión absoluta”, que explícitamente dice no perseguir “construcción de naciones”, termina inevitablemente planteando la pregunta que nadie quiere responder en caliente: ¿qué estructura de seguridad queda después, quién la sostiene y con qué legitimidad? La guerra puede destruir capacidades; rara vez destruye por sí sola los incentivos que las reconstruyen. 

El anuncio del paquete adicional de USD 200,000 millones eleva el debate a un terreno todavía más sensible: el de la economía política de la guerra. Porque el costo no es únicamente contable. Un suplemento de esa escala, solicitado “en los próximos días”, implica presión sobre la política fiscal, disputa legislativa, y —sobre todo— un mensaje al mercado de que la campaña no es un episodio breve, sino un esfuerzo que exige reposición acelerada de capacidades y consumo sostenido de municiones, logística y despliegue. Si la guerra se vuelve un renglón estructural del presupuesto, deja de ser un “evento” y pasa a convertirse en una condición del ciclo económico: afecta expectativas, distorsiona prioridades y agudiza la pregunta distributiva interna sobre qué se financia primero en un contexto de incertidumbre. 

Y aquí aparece el tercer vértice: energía y riesgo global. El propio planteamiento informativo subraya que crece la incertidumbre en torno a la economía y al mercado energético a medida que se prolonga el conflicto. En una región donde cada escalada suele traducirse en prima de riesgo, el daño estratégico no siempre proviene del impacto directo, sino del efecto dominó: seguros marítimos, rutas, costos de transporte, volatilidad del crudo, y presiones inflacionarias que viajan más rápido que cualquier flota. Un gobierno puede ganar batallas y aun así perder estabilidad si la percepción de “guerra abierta” erosiona la confianza del consumidor, aprieta las condiciones financieras y amplifica la sensación doméstica de fatiga. No es casual que, mientras se recalca la superioridad operacional, también se argumente la necesidad urgente de recursos para “sostener” el esfuerzo.

Para países medianos y economías abiertas, el mensaje debería ser de prudencia estratégica. La combinación de plazo abierto y presupuesto masivo tiende a prolongar la volatilidad, encarecer el crédito global y afectar precios de energía y fletes, con impactos indirectos sobre balanza de pagos, inflación importada y costo de vida. Ese es el efecto “externo” de una decisión “interna” de la potencia: el resto del mundo paga parte de la factura vía incertidumbre. Y ahí radica la pregunta incómoda: ¿quién administra el final? Porque el final de una guerra no es un acto de voluntad; es un diseño. Sin un marco claro de salida, el conflicto se convierte en un sistema: se autoalimenta con cada justificación presupuestaria, con cada parte de avances, con cada nueva amenaza. 

En última instancia, la discusión real no es si conviene o no mantener flexibilidad táctica; es si una democracia puede sostener legitimidad estratégica cuando la guerra se gobierna como expediente abierto y el financiamiento se presenta como cheque de continuidad. Si el Ejecutivo pide tiempo indefinido, debe ofrecer métricas verificables, umbrales de salida, y una conversación honesta sobre costos y escenarios. Y si el Legislativo está llamado a aprobar un suplemento de tamaño histórico, tiene la obligación de condicionar ese financiamiento a controles, reportes y límites operacionales que eviten que el plazo abierto se convierta en destino abierto. Porque las guerras sin reloj suelen terminar no cuando se cumplen los objetivos, sino cuando se agota el consenso. Y cuando eso ocurre, el precio final casi siempre es mayor.

/


Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

📢 Última hora desde Washington: El secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, confirmó que no hay un plazo definido para el fin de la ofensiva contra Irán 🇺🇸🇮🇱. Además, adelantó que el Pentágono pedirá al Congreso USD 200 mil millones adicionales para sostener la operación militar en el Golfo Pérsico 💰⚔️.

La decisión sobre cuándo concluir el conflicto dependerá directamente del presidente Donald Trump 🏛️, mientras crece la incertidumbre en la economía y el mercado energético ⛽📉.

👉 Hegseth aseguró que la ofensiva ha reducido en un 90% la capacidad iraní de producir misiles y drones, y que más de 120 buques de guerra han sido dañados o hundidos 🚢🔥.

#EEUU #Irán #Pentágono #DonaldTrump #Guerra #Economía #MercadoEnergético #Noticias

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Hegseth dijo que no hay un plazo definitivo para el final de la ofensiva de EEUU en Irán y pedirá USD 200 mil millones más al Congreso

El secretario de Guerra del gobierno de Donald Trump aseguró que el futuro de las operaciones en el Golfo Pérsico será decisión del presidente norteamericano, mientras crece la incertidumbre por la economía y el mercado energético

19 Mar, 2026 09:13 a.m. EST | Estados Unidos
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ofrece una rueda de prensa junto con el presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, en medio de la guerra estadounidense-israelí contra Irán, en el Pentágono, en Washington, D.C., Estados Unidos (REUTERS/Evan Vucci)
No existe un plazo definido para concluir la actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, según afirmó el secretario de Defensa Pete Hegseth, quien además anticipó la inminente solicitud de aproximadamente 200.000 millones de dólares en fondos adicionales para sostener la operación militar.
La decisión sobre cuándo finalizar el conflicto dependerá exclusivamente del presidente Donald Trump, mientras que el incremento del gasto busca asegurar el financiamiento de las operaciones emprendidas en Oriente Medio. El Pentágono prevé pedir el nuevo presupuesto en los próximos días, aunque el monto podría variar.
Consultado por la duración de la campaña, Hegseth aseguró que no existe “un plazo definitivo” para el fin de la ofensiva, iniciada hace tres semanas junto a Israel. Explicó que será el presidente quien decidirá el momento oportuno para clausurar la operación militar.
La opción de no fijar una fecha límite responde, según el secretario de Defensa, a la necesidad de mantener flexibilidad estratégica mientras se persiguen los objetivos planteados por la administración. Hegseth destacó que el desenlace solo ocurrirá cuando el mandatario evalúe cumplidas las metas del conflicto.
Pedido de fondos adicionales para la guerra contra Irán
El secretario de Defensa confirmó que el Pentágono pedirá próximamente al Congreso unos 200.000 millones de dólares en fondos adicionales destinados a garantizar la continuidad de las acciones militares. Hegseth indicó que la cifra aún podría modificarse, pero resaltó la urgencia de asegurar los recursos para cubrir los gastos militares derivados de la guerra.
La solicitud de este presupuesto se justifica, según el funcionario, por la magnitud y naturaleza impredecible de la campaña. Insistió en que el respaldo financiero resulta esencial para sostener a las tropas desplegadas y avanzar en los objetivos definidos.
Hegseth remarcó la importancia de contar con fondos suficientes para alcanzar la eficacia operativa planteada desde el Ejecutivo, recalcando que la obtención de estos recursos es clave para el éxito de la ofensiva en curso.
No más submarinos
El secretario de Guerra señaló que la capacidad de Irán para fabricar misiles balísticos ha experimentado la mayor reducción en el transcurso de la ofensiva, con una caída del 90 % desde que comenzó el conflicto. Una situación similar afecta a los drones kamikaze, ya que la disponibilidad de estos vehículos aéreos no tripulados de ataque unidireccional también se ha desplomado un 90 %. A pesar de que Irán continuará lanzando ataques, la intensidad sería mucho mayor si tuvieran mayores recursos, subrayó el funcionario: “El hecho es que no pueden”.
Durante una rueda de prensa en la que estuvo acompañado por Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el jefe del Pentágono insistió en que los submarinos iraníes, que en algún momento sumaron once unidades, han desaparecido y que los puertos militares del país han quedado inutilizados. Añadió que la “flota de superficie” de Irán ya no representa un factor relevante, y afirmó que en casi tres semanas de combates han logrado dañar o hundir más de 120 buques de guerra iraníes.
Hegseth defendió la campaña militar lanzada junto a Israel, denominada operación ‘Furia Épica’ en Estados Unidos, y la describió como una acción distinta a las guerras previas por su “enfoque de precisión absoluta” dirigido a eliminar tanto la Armada como las capacidades nucleares de Irán. Según el jefe del Pentágono, los ataques no buscan construir naciones ni promover la democracia, sino neutralizar amenazas directas contra Estados Unidos, sus ciudadanos y sus intereses: “Combatimos para vencer, y estamos venciendo bajo nuestros propios términos”, afirmó.
https://www.infobae.com/estados-unidos/2026/03/19/hegseth-dijo-que-no-hay-un-plazo-definitivo-para-el-final-de-la-ofensiva-de-eeuu-en-iran-y-pedira-usd-200-mil-millones-mas-al-congreso/

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El secretario de Defensa de

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ofrece una rueda de prensa junto con el presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, en medio de la guerra estadounidense-israelí contra Irán, en el Pentágono, en Washington, D.C., Estados Unidos (REUTERS/Evan Vucci)
No existe un plazo definido para concluir la actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, según afirmó el secretario de Defensa Pete Hegseth, quien además anticipó la inminente solicitud de aproximadamente 200.000 millones de dólares en fondos adicionales para sostener la operación militar.

La decisión sobre cuándo finalizar el conflicto dependerá exclusivamente del presidente Donald Trump, mientras que el incremento del gasto busca asegurar el financiamiento de las operaciones emprendidas en Oriente Medio. El Pentágono prevé pedir el nuevo presupuesto en los próximos días, aunque el monto podría variar.

Consultado por la duración de la campaña, Hegseth aseguró que no existe “un plazo definitivo” para el fin de la ofensiva, iniciada hace tres semanas junto a Israel. Explicó que será el presidente quien decidirá el momento oportuno para clausurar la operación militar.

La opción de no fijar una fecha límite responde, según el secretario de Defensa, a la necesidad de mantener flexibilidad estratégica mientras se persiguen los objetivos planteados por la administración. Hegseth destacó que el desenlace solo ocurrirá cuando el mandatario evalúe cumplidas las metas del conflicto.

Aviones de la Armada de
Aviones de la Armada de EEUU y del Cuerpo de Marines de los EEUU adscritos al Ala Aérea del Portaaviones (CVW) 9 en la cubierta de vuelo del portaaviones de clase Nimitz USS Abraham Lincoln (U.S. Navy/Cedida a REUTERS)

Pedido de fondos adicionales para la guerra contra Irán

El secretario de Defensa confirmó que el Pentágono pedirá próximamente al Congreso unos 200.000 millones de dólares en fondos adicionales destinados a garantizar la continuidad de las acciones militares. Hegseth indicó que la cifra aún podría modificarse, pero resaltó la urgencia de asegurar los recursos para cubrir los gastos militares derivados de la guerra.

La solicitud de este presupuesto se justifica, según el funcionario, por la magnitud y naturaleza impredecible de la campaña. Insistió en que el respaldo financiero resulta esencial para sostener a las tropas desplegadas y avanzar en los objetivos definidos.

Hegseth remarcó la importancia de contar con fondos suficientes para alcanzar la eficacia operativa planteada desde el Ejecutivo, recalcando que la obtención de estos recursos es clave para el éxito de la ofensiva en curso.

Hegseth dio una conferencia de
Hegseth dio una conferencia de prensa en el Pentágono (REUTERS/Evan Vucci)

No más submarinos

El secretario de Guerra señaló que la capacidad de Irán para fabricar misiles balísticos ha experimentado la mayor reducción en el transcurso de la ofensiva, con una caída del 90 % desde que comenzó el conflicto. Una situación similar afecta a los drones kamikaze, ya que la disponibilidad de estos vehículos aéreos no tripulados de ataque unidireccional también se ha desplomado un 90 %. A pesar de que Irán continuará lanzando ataques, la intensidad sería mucho mayor si tuvieran mayores recursos, subrayó el funcionario: “El hecho es que no pueden”.

Durante una rueda de prensa en la que estuvo acompañado por Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el jefe del Pentágono insistió en que los submarinos iraníes, que en algún momento sumaron once unidades, han desaparecido y que los puertos militares del país han quedado inutilizados. Añadió que la “flota de superficie” de Irán ya no representa un factor relevante, y afirmó que en casi tres semanas de combates han logrado dañar o hundir más de 120 buques de guerra iraníes.

Hegseth defendió la campaña militar lanzada junto a Israel, denominada operación ‘Furia Épica’ en Estados Unidos, y la describió como una acción distinta a las guerras previas por su “enfoque de precisión absoluta” dirigido a eliminar tanto la Armada como las capacidades nucleares de Irán. Según el jefe del Pentágono, los ataques no buscan construir naciones ni promover la democracia, sino neutralizar amenazas directas contra Estados Unidos, sus ciudadanos y sus intereses: “Combatimos para vencer, y estamos venciendo bajo nuestros propios términos”, afirmó.

https://www.infobae.com/estados-unidos/2026/03/19/hegseth-dijo-que-no-hay-un-plazo-definitivo-para-el-final-de-la-ofensiva-de-eeuu-en-iran-y-pedira-usd-200-mil-millones-mas-al-congreso/
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Cuando una potencia militar declara que una guerra “no tiene un plazo definitivo”, no está ofreciendo una simple respuesta táctica: está instalando una doctrina política. En las últimas horas, desde el Pentágono se ha repetido con claridad que el cierre de la ofensiva en Irán no obedecerá a un calendario público, sino a una decisión presidencial basada en la evaluación de objetivos. En paralelo, se anticipa una solicitud extraordinaria de fondos —del orden de los USD 200,000 millones— para sostener operaciones cuya magnitud y duración se describen como impredecibles. Ese binomio (tiempo abierto + financiamiento masivo) marca el verdadero núcleo del debate: no se trata solo de “cuánto” se golpea, sino de “cómo” se gobierna una guerra en democracias cansadas de guerras. [infobae.com], [elpueblo.mx]

La lógica del plazo abierto busca flexibilidad operativa, sí; pero también desplaza el centro de gravedad institucional. Al renunciar a un horizonte temporal, el Ejecutivo concentra discrecionalidad estratégica y reduce el espacio para el control político del Congreso y la deliberación pública sobre costos, riesgos y umbrales de salida. Esa arquitectura se refuerza con una retórica que insiste en objetivos “claros” y en evitar “mission creep”, aun cuando la propia comunicación oficial subraya que el desenlace llegará “en condiciones” definidas por la presidencia. La experiencia histórica enseña que el mayor riesgo de las campañas sin reloj no es el primer mes: es el mes trece, cuando la normalización del conflicto sustituye a la rendición de cuentas. [war.gov], [defenseone.com]

En el plano militar, se argumenta que la campaña está degradando de forma severa capacidades iraníes: caídas cercanas al 90% en el ritmo de ataques balísticos y de drones, y daños significativos a fuerzas navales e infraestructura asociada. Aun aceptando esas cifras como evaluación de parte —toda guerra produce su propio relato de progreso—, el punto editorial de fondo es otro: incluso el “éxito” inicial puede incubar el problema político posterior. Una operación presentada como quirúrgica y de “precisión absoluta”, que explícitamente dice no perseguir “construcción de naciones”, termina inevitablemente planteando la pregunta que nadie quiere responder en caliente: ¿qué estructura de seguridad queda después, quién la sostiene y con qué legitimidad? La guerra puede destruir capacidades; rara vez destruye por sí sola los incentivos que las reconstruyen. [infobae.com], [defenseone.com] [infobae.com], [war.gov]

El anuncio del paquete adicional de USD 200,000 millones eleva el debate a un terreno todavía más sensible: el de la economía política de la guerra. Porque el costo no es únicamente contable. Un suplemento de esa escala, solicitado “en los próximos días”, implica presión sobre la política fiscal, disputa legislativa, y —sobre todo— un mensaje al mercado de que la campaña no es un episodio breve, sino un esfuerzo que exige reposición acelerada de capacidades y consumo sostenido de municiones, logística y despliegue. Si la guerra se vuelve un renglón estructural del presupuesto, deja de ser un “evento” y pasa a convertirse en una condición del ciclo económico: afecta expectativas, distorsiona prioridades y agudiza la pregunta distributiva interna sobre qué se financia primero en un contexto de incertidumbre. [infobae.com], [elpueblo.mx] [infobae.com], [war.gov]

Y aquí aparece el tercer vértice: energía y riesgo global. El propio planteamiento informativo subraya que crece la incertidumbre en torno a la economía y al mercado energético a medida que se prolonga el conflicto. En una región donde cada escalada suele traducirse en prima de riesgo, el daño estratégico no siempre proviene del impacto directo, sino del efecto dominó: seguros marítimos, rutas, costos de transporte, volatilidad del crudo, y presiones inflacionarias que viajan más rápido que cualquier flota. Un gobierno puede ganar batallas y aun así perder estabilidad si la percepción de “guerra abierta” erosiona la confianza del consumidor, aprieta las condiciones financieras y amplifica la sensación doméstica de fatiga. No es casual que, mientras se recalca la superioridad operacional, también se argumente la necesidad urgente de recursos para “sostener” el esfuerzo. [infobae.com], [defenseone.com] [infobae.com], [war.gov]

Para países medianos y economías abiertas, el mensaje debería ser de prudencia estratégica. La combinación de plazo abierto y presupuesto masivo tiende a prolongar la volatilidad, encarecer el crédito global y afectar precios de energía y fletes, con impactos indirectos sobre balanza de pagos, inflación importada y costo de vida. Ese es el efecto “externo” de una decisión “interna” de la potencia: el resto del mundo paga parte de la factura vía incertidumbre. Y ahí radica la pregunta incómoda: ¿quién administra el final? Porque el final de una guerra no es un acto de voluntad; es un diseño. Sin un marco claro de salida, el conflicto se convierte en un sistema: se autoalimenta con cada justificación presupuestaria, con cada parte de avances, con cada nueva amenaza. [infobae.com], [defenseone.com]

En última instancia, la discusión real no es si conviene o no mantener flexibilidad táctica; es si una democracia puede sostener legitimidad estratégica cuando la guerra se gobierna como expediente abierto y el financiamiento se presenta como cheque de continuidad. Si el Ejecutivo pide tiempo indefinido, debe ofrecer métricas verificables, umbrales de salida, y una conversación honesta sobre costos y escenarios. Y si el Legislativo está llamado a aprobar un suplemento de tamaño histórico, tiene la obligación de condicionar ese financiamiento a controles, reportes y límites operacionales que eviten que el plazo abierto se convierta en destino abierto. Porque las guerras sin reloj suelen terminar no cuando se cumplen los objetivos, sino cuando se agota el consenso. Y cuando eso ocurre, el precio final casi siempre es mayor. [infobae.com], [elpueblo.mx] [war.gov], [defenseone.com] /


Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.




lunes, 3 de noviembre de 2025

Hegseth visitó la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas tras el intento de acercamiento entre Trump y Kim Jong-un

Hegseth visitó la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas tras el intento de acercamiento entre Trump y Kim Jong-un
El Secretario de Guerra de la Casa Blanca recorrió la franja que divide a la península, en el marco de una agenda centrada en fortalecer la cooperación militar bilateral y abordar amenazas regionales
Pete Hegseth visitó la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas

El secretario de Defensa de Estados Unidos, 

Pete Hegseth, realizó este lunes una visita a la zona desmilitarizada (DMZ) que separa a Corea del Sur de Corea del Norte, principal línea de división militar entre ambos países. La llegada de Hegseth, ocurrida el 3 de noviembre a bordo de un helicóptero militar, se produjo en el contexto de una visita oficial a Corea del Sur, durante la cual fue recibido en una base estadounidense próxima a la zona de seguridad conjunta de la DMZ, según confirmó el Ministerio de Defensa de Corea del Sur. El funcionario fue acompañado por el ministro de Defensa surcoreano, Ahn Gyu-back, y otros altos cargos, para luego desplazarse en autobús hacia el área de máxima vigilancia en la península coreana.

Durante esta jornada, Hegseth y Ahn Gyu-back realizaron la primera visita conjunta a la zona de seguridad conjunta (JSA), situada dentro de la DMZ, desde hacía ocho años. El Ministerio de Defensa surcoreano declaró que se trata de un gesto significativo en el marco de la reforzada cooperación bilateral en defensa, y en la preparación para la 57ª Reunión Consultiva de Seguridad (SCM), que tendrá lugar el martes 4 de noviembre. Este foro representa el principal encuentro anual entre jefes de Defensa de Washington y Seúl, donde ambas naciones delinean el curso de su alianza militar y estrategias de defensa ante la amenaza nuclear de Corea del Norte.

La agenda de la SCM prevé abordar asuntos relativos a la preparación de la defensa conjunta frente a posibles provocaciones norcoreanas, así como la cooperación en defensa cibernética, antimisiles y la posibilidad de que Corea del Sur reciba autorización estadounidense para fabricar submarinos de propulsión nuclear. El Ministerio de Defensa de Corea del Sur indicó que también debatirán la modernización y adaptación de la alianza militar en un contexto de creciente tensión regional.

Hegseth y el ministro de
Hegseth y el ministro de Defensa surcoreano, Ahn Gyu-back, realizan la primera visita conjunta a la zona de seguridad conjunta de la DMZ en ocho años (Yonhap/REUTERS)

La visita de Hegseth a la DMZ se produce pocos días después de la gira asiática del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien visitó Corea del Sur la semana pasada y manifestó su disposición a reunirse con el líder norcoreano, Kim Jong-un. Durante unas declaraciones a bordo del Air Force One, Trump sostuvo: “Me encantaría reunirme con él, si él quiere mantener una reunión”. El mandatario estadounidense señaló la posibilidad de extender su estancia en Asia para facilitar el encuentro, asegurando que “me llevo muy bien con Kim Jong-un. Me cae bien. Yo le caigo bien. Si quiere que nos reunamos, estaré en Corea del Sur”, según declaraciones recogidas por la prensa internacional.

La visita oficial de Hegseth
La visita oficial de Hegseth a Corea del Sur refuerza la cooperación bilateral en defensa ante la amenaza nuclear de Corea del Norte (MINISTERIO DE DEFENSA DE COREA DEL SUR/REUTERS)

Sin embargo, un encuentro entre Trump y Kim Jong-un no se materializó, ya que Pyongyang no emitió respuesta pública a la propuesta y realizó una prueba de misiles de crucero justo antes de la llegada del presidente estadounidense a la región. Fuentes citadas por medios estadounidenses indicaron que la reunión no formaba parte de la agenda oficial de Trump, aunque “las cosas pueden cambiar”. La Casa Blanca reiteró que Trump sigue abierto al diálogo con Corea del Norte “sin condiciones previas”, mientras que Kim Jong-un ha planteado la posibilidad de negociar si Washington renuncia a la exigencia de desnuclearización completa.

Se mantiene la expectativa sobre si Hegseth realizará alguna declaración sobre Corea del Norte durante su recorrido por la DMZ, en el que tiene previsto reunirse con tropas estadounidenses y surcoreanas movilizadas en la zona. Ambos países buscan coordinar respuestas ante posibles desafíos norcoreanos y afianzar su cooperación militar en el actual escenario estratégico de la península coreana.

https://www.infobae.com/america/mundo/2025/11/03/hegseth-visito-la-zona-desmilitarizada-que-separa-a-las-dos-coreas-tras-el-intento-de-acercamiento-entre-trump-y-kim-jong-un/