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miércoles, 14 de marzo de 2018
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martes, 5 de diciembre de 2017
Estados Unidos está exportando obesidad
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| Image: REUTERS/Brendan McDermid (UNITED STATES - Tags: SOCIETY) - GM1E8610INU01 |
Estados Unidos está exportando obesidad
Kenneth Rogoff · Project Syndicate 04 dic 2017
Quizá sea utópico esperar que la administración actual de Estados Unidos considere algún tipo de estrategia antiobesidad cuando todavía está ocupada desmantelando las políticas de la era Obama
Por: Kenneth Rogoff Hace 7 horas
CAMBRIDGE – Mientras la administración del presidente norteamericano, Donald Trump, mantiene una actitud agresiva en las negociaciones comerciales y rescinde sistemáticamente las regulaciones introducidas por el presidente Barack Obama, una víctima probablemente sean los esfuerzos por combatir la epidemia de obesidad global. Sin controles, las tasas de obesidad en rápido crecimiento podrían desacelerar o hasta revertir las enormes mejoras en la salud y expectativa de vida que han beneficiado a gran parte del mundo en las últimas décadas. Y al imponerles su cultura alimentaria a países como México y Canadá, Estados Unidos no hace más que agravar el problema.
Una de las paradojas del capitalismo global moderno es que mientras más de 800 millones de personas en el mundo no tienen suficiente para comer, se calcula que 700 millones de personas (entre ellas 100 millones de niños) son obesas. Por supuesto, los dos grupos no necesariamente están relacionados de manera directa. Una proporción considerable del hambre mundial se produce en países que sufren luchas internas o una seria disfunción gubernamental.
Sin embargo, la epidemia de obesidad tiene un impacto mucho más amplio, y afecta a las economías avanzadas y a la mayoría de los mercados emergentes. Si bien existe cierta conexión entre la obesidad y la pobreza al interior de los países, es notable que las tasas de obesidad en países ricos como Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá estén entre las más altas del mundo.
Recientemente, los Centros para el Control de las Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por su siglas en inglés) calcularon que el 40 % de todos los norteamericanos –una cifra sorprendente– son obesos (definidos como aquellas personas que tienen un índice de masa corporal de 30 o superior), entre ellos un 20,6 % de los adolescentes (12-19 años). Según los CDC, el peso promedio de una mujer norteamericana hoy es superior al peso promedio de un hombre norteamericano en 1960 (75 kilos).
En 1960, el peso promedio de una mujer norteamericana era de 63,5 kilos, mientras que el peso promedio de un hombre norteamericano hoy es 88,5 kilos. (En el mismo período, la altura promedio de los norteamericanos aumentó solo 2,5 centímetros). Esta misma dinámica está teniendo lugar en todo el mundo, con tasas de obesidad que se disparan en Europa, América Latina y hasta en China.
Si bien es difícil medir las consecuencias para la salud a largo plazo, existen muchísimas pruebas de que la obesidad contribuye significativamente a tasas superiores de la diabetes de tipo II, ataques cardíacos y ciertos tipos de cáncer. Los costos de salud son impactantes: se calcula rondan los 200.000 millones de dólares por año solamente en Estados Unidos. Y considerando que las tasas de obesidad infantil en alza a escala mundial presagian problemas de salud significativamente mayores en la población adulta en el futuro, es probable que los costos aumenten considerablemente.
Las causas de la obesidad son múltiples y complejas. Sin embargo, un creciente cuerpo de evidencia sugiere que una cultura que pondera la comida procesada y estilos de vida normalmente sedentarios es el eje del problema. En los mercados emergentes, una rápida urbanización es otro factor importante, así como el deseo de emular estilos de vida occidentales.
Muchos gobiernos han lanzado iniciativas para mejorar la educación alimentaria. Desafortunadamente, la publicidad de la industria por lo general eclipsa estos esfuerzos, al igual que los propios esfuerzos de los cabilderos comerciales de Estados Unidos por imponerle los alimentos procesados y la comida chatarra al resto del mundo.
Resulta difícil ignorar el hecho de que la tasa de obesidad adulta de México se ha disparado desde la adopción en 1993 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Si bien existen muchas causas, la inversión extranjera directa pos-TLCAN en la industria de alimentos procesados y un incremento de la publicidad inciden de manera importante.
El consumo mexicano de bebidas azucaradas prácticamente se triplicó entre 1993 y el 2014, y un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas solo mitigó ligeramente la demanda. El otro socio del TLCAN, Canadá, también ha experimentado un incremento de la obesidad, en parte porque las importaciones estadounidenses han llevado a una marcada caída de los precios de la fructosa.
Es lamentable que los reguladores gubernamentales hayan actuado con tanta lentitud a la hora de intentar revertir estas tendencias, por ejemplo, ayudando a educar a la población sobre la ciencia de la alimentación. Y, durante demasiado tiempo, gran parte de la educación oficial antiobesidad se ha centrado en regular mecánicamente la ingestión de calorías, sin tener en cuenta que los diferentes alimentos tienen efectos drásticamente diferentes en el apetito (como resalta David Ludwig, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, en su excelente libro nuevo Always Hungry).
Los escépticos pueden señalar que los lineamientos sobre nutrición parecen cambiar constantemente, y que los alimentos pecaminosos del año pasado se convierten en los superalimentos de este año, y viceversa. Aunque esto tiene algo de verdad, la realidad es que la investigación sobre nutrición ha hecho un progreso significativo en las últimas décadas. http://www.nacion.com/opinion/columnistas/estados-unidos-esta-exportando-obesidad/WJKKJZ2JG5GIVFLDITUS4ITYXE/story/
martes, 7 de noviembre de 2017
Jamie Oliver y su lucha contra McDonald’s (y la comida basura)
Jamie Oliver y su lucha contra McDonald’s (y la comida basura)
Jamie Oliver demostró cómo McDonald's y otras empresas hacían sus hamburguesas y nuggets de pollo, utilizando amonio en su elaboración. Descubre más sobre su lucha contra la comida basura, y conoce más sobre él.
Fue en marzo del año 2010 cuando el chef británico Jamie Oliver se lanzó contra la comida basura a través del programa de televisión estadounidense en el que debutó, cuando explicó a los habitantes del pueblo de Huntington (donde prácticamente la mitad de la población tiene obesidad), que su dieta a base de comida rápida les iba a matar.
Fue en ese año cuando, en su ya mítico Jamie Oliver’s Food Revolution, que siguen millones de personas tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, emprendió una campaña contra McDonald’s con el fin de promover una alimentación más saludable por parte de la ciudadanía, y denunciar, a su vez, las prácticas criticables que en teoría empleaba la multinacional estadounidense en la elaboración de algunos de sus productos cárnicos.

Así, poco tiempo después, el chef icono de la cocina moderna consiguió demostrar cómo la cadena de comida rápida McDonald’s hacía sus populares hamburguesas y nuggets de pollo.
¿Cómo hace McDonald’s las hamburguesas de carne?
Según Oliver, la parte más grasa de la carne utilizada para las populares hamburguesas de McDonald’s son lavadas y remojadas en hidróxido de amonio para atacar a los microbios que existen en partes de la res que no son aptas para el consumo humano. Luego son utilizadas para confeccionar la propia hamburguesa en sí, usándose como relleno.
¿Lo alarmante? Aunque el hidróxido de amonio es permitido por parte de las autoridades sanitarias como agente anti-microbiano, se utiliza –por ejemplo- para disolver metales reactivos como el zinc o el aluminio, siendo dañino para la salud.
En palabras del propio chef británico, “estamos hablando de productos cárnicos que hubieran sido vendidas como alimento para perros y después de este proceso se les sirve a seres humanos”.
¿Y qué ocurre con sus populares nuggets de pollo?
En el caso de los nuggets de pollo, además de seleccionarse las “mejores partes”, el resto del producto está formado por cartílagos, vísceras, huesos, grasa, pellejos, cabezas y patas.
Todo ello son sometidos a un licuado (separación mecánica), desodorada, decolorada, reodorizada y repintada con melcocha farinácea, frita, y para luego ser rehervido en aceites en general parcialmente hidrogenados.
Vamos, como es de imaginar, algo sano y muy saludable, ideal en una dieta variada, sana y equilibrada (nótese la ironía).
La reacción de la cadena McDonald’s no se ha hecho esperar
A través de un comunicado, la popular cadena de comida rápida ha aclarado que a principios del pasado año dejó de utilizar “recortes de carne seleccionada de res magra”, de forma que el hidróxido de amonio “ha estado fuera de nuestra cadena de suministro desde agosto del año pasado”.
De hecho, afirmó que ya en el año 2011 la empresa había cambiado la receta en todos aquellos países en los que la multinacional empleaba este sistema. A la vez que otras cadenas americanas, como Taco Bell o Burger King, también anunciaron que abandonaban el uso de amonio en sus productos cárnicos.

Pero la lucha de Jamie Oliver no quedó ahí
Un año después, en el mes de julio de 2012, el chef británico inició otra campaña con motivo de la concesión que los Juegos Olímpicos de Londres dio a McDonald’s, con el fin de que esta empresa situara sus restaurantes en plena villa olímpica.
Sin embargo, aunque la ciudad no modificó su decisión, el chef consiguió mantener el debate vivo durante la celebración de los Juegos Olímpicos, calando hondo entre la mayoría de los ciudadanos ingleses.
Documental de Jamie Oliver sobre las hamburguesas de McDonald’s y sus nuggets de pollo
Como te comentábamos al comienzo, y para resumir/concluir, durante el programa Food Revolution, Jamie Oliver consiguió demostrar que la parte más grasa de la carne utilizada para las hamburguesas de McDonald’s son lavadas y remojadas en hidróxido de amonio con el objetivo de atacar y eliminar los microbios que existen en partes de la res que no son aptas para el consumo humano. Luego son utilizadas para confeccionar la propia hamburguesa en sí.
En relación a los también populares nuggets de pollo, después de seleccionarse las “mejores partes”, el resto del producto está formado por cartílagos, vísceras, huesos, grasa, pellejos, cabezas y patas. Todo ello son sometidos a un licuado (separación mecánica), desodorada, decolorada, reodorizada y repintada con melcocha farinácea, frita, y para luego ser rehervido en aceites en general parcialmente hidrogenados.
La conclusión es –por tanto- sencilla: nos encontramos ante dos productos que, aunque sean en un primer momento de origen animal, no son ni mucho menos saludables ni adecuados desde un punto de vista nutricional.
A continuación te exponemos de forma breve una parte del documental en el que Jamie Oliver visitaba un establecimiento de comida rápida en Huntington (donde prácticamente la mitad de la población tiene obesidad), y demostraba en directo cómo McDonald’s hacía sus hamburguesas:
Y también cómo hacen los nuggets de pollo:
¿Y quién es Jamie Oliver?
Probablemente ya sepas quién es Jamie Oliver. O es posible que no, y que precisamente lo hayas descubierto en estos momentos, justo por esta nota. Sea como fuere, lo cierto es que James Trevor Jamie Oliver es un popular y conocidísimo cocinero británico, que nació en Essex (Inglaterra) el 27 de mayo de 1975.
Originalmente presentado por la BBC, poco a poco y con el paso de los años ha llegado a convertirse en uno de los cocineros más influyentes del Reino Unido, siendo incluso miembro de la Orden del Imperio Británico (en junio de 2003).

Fue en el año 1999 cuando su primer programa de televisión, llamado The Naked Chef, fue originalmente emitido, a la vez que su libro de cocina llegó a convertirse en un auténtico bestseller en el Reino Unido. Este mismo año fue invitado con el fin de preparar un almuerzo para el primer ministro de entonces, Tony Blair, en su domicilio del 10 de Downing Street.
Poco tiempo después el cocinero británico se trasladó a Canal 4, en el Reino Unido, y en el año 2005 inició una campaña llamada “Feed Me Better” con el fin de que los escolares británicos se movieran hacia un mayor consumo de alimentos naturales y sanos, y contra la comida basura.
Desde entonces, Jamie Oliver ha destacado por convertirse en un referente en la defensa de la comida sana y contra las cadenas de comida basura y rápida.
https://www.natursan.net/el-chef-britanico-jamie-oliver-gana-su-demanda-contra-macdonalds/
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