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martes, 31 de julio de 2018

Para valorar el Holocausto, Primo Levi proponía analizar la inmoralidad de las víctimas, no la de los verdugos. Así fue Auschwitz reúne sus primeros escritos como superviviente | El fracaso de un testigo ejemplar

El fracaso de un testigo ejemplar

Para valorar el Holocausto, Primo Levi proponía analizar la inmoralidad de las víctimas, no la de los verdugos. Así fue Auschwitz reúne sus primeros escritos como superviviente


Primo Levi (izquieda) junto a Alberto Salmoni.
Primo Levi (izquieda) junto a Alberto Salmoni.
Así fue Auschwitz recoge trabajos fundacionales de Primo Levi, es decir, escritos de primera hora, como el Informe sobre la organización higiénico sanitaria del campo de Monowitz, redactado apenas liberado al alimón con el médico De Benedetti, o la declaración minuciosa e inédita que hizo al llegar a casa de 30 deportados italianos para que sus familias supieran de ellos, o testificaciones para los procesos de Höss, Eichmann o Bosshammer, amén de una quincena de artículos sobre su vida de deportado. Lo que tienen en común —y lo que justifica según sus editores esta edición— es captar ese momento de novedad que trae el superviviente, consciente de que ha vivido lo impensable, y que tiene que hacerlo comprensible a un mundo que no se le puede tomar en serio porque carece de categorías conceptuales donde registrarlo.
¿Lo consiguen? ¿Consiguen que nosotros, hoy, que ya conocemos bien a Levi, nos sintamos golpeados por las noticias del campo? En parte, sí, porque, aunque sepamos todo del campo, apenas si hemos querido hacernos cargo de los graves problemas morales o políticos que Levi desliza, con maestría y discreción, en medio de sus relatos biográficos. Levi sigue siendo tan molesto hoy como lo fue en su tiempo. Un botón de muestra puede ser el alcance moral de la significación del campo, algo que debería interesar a los profesores de ética y a los políticos, pero que no se han dado por enterados. Levi tenía claro que, para calibrar la hondura del “naufragio moral” de la humanidad que tuvo lugar en el Lager, había que mirar a las víctimas y no a los verdugos. Estos son por definición malos y cabe esperar cualquier cosa de ellos, pero ¿del comportamiento de las víctimas? Ellas son las habitantes de la zona gris, ese espacio de envilecimiento que englo­baba la cámara de gas y los hornos crematorios. Judías eran las víctimas pero también los que accionaban las cámaras, incineraban los cuerpos o molían los huesos. No salimos mejores, dice Levi. Y él se negó a que los trataran como héroes, ni siquiera como mártires. No tenían la grandeza de los partisanos porque no hay ninguna nobleza en el hecho de ser obligado a ser y vivir como deportado.
El fracaso de un testigo ejemplar
Si les tuviéramos que juzgar con los criterios morales que enseñamos en la escuela o en la iglesia, habría que decir que eran seres inmorales o depravados. Y ahí, precisamente ahí, aparece Levi, defendiéndolos como inocentes, pero obligándonos a plantear la ética de otra manera. No como respeto a la propia conciencia, sino como respuesta al título de su gran obra: Si esto es un hombre. Porque desde una cultura burguesa, que es la nuestra, gente así no es humana. Sería difícil encontrar entre nuestros afamados profesores de ética —y hay muchos— alguno que se haya atrevido con la pregunta de Levi. Por eso es tan actual.
En lo que quizá se equivoquen los editores es en presentar a Primo Levi como el testigo ejemplar, alguien, pues, “capaz de no repetirse jamás”. Le­­­vi lamentó “haber contribuido a la leyenda” de que escribía de un tirón, con claridad meridiana y con la precisión de un químico. Es verdad que es meticuloso hasta el extremo, que escribe para que le entiendan todos y que necesitaba contar lo que le había ocurrido.
Pero dar testimonio le torturaba, y esto no por tener que revivir el pasado, sino porque su palabra sólo tenía sentido si remitía al silencio de los que no podían hablar. Le torturaba que sus relatos en vez de facilitar esa comunicación, la interrumpieran, por eso se esforzaba cada vez en recrear la situación, añadiendo un detalle, atendiendo al público o introduciendo un nuevo punto de vista. Eso explica su grandeza y esa genialidad a la que se refiere Georg Steiner.
Pero el éxito y el empeño en dar la cara le llevó a la repetición y a la rutina. Poco antes de morir confesaba con pesar: “A estas alturas soy un profesional; me he convertido en un superviviente de profesión, casi un mercenario”. Poco después se suicidaba. Esta confesión no le quita grandeza, pero sí plantea el rigor y la peligrosidad de la memoria. Al nutrirse ésta del sufrimiento de las víctimas, se convierte en caricatura de sí misma cuando pesa más quien recuerda que la ausencia recordada. Y a eso no estaba dispuesto Primo Levi. Por eso sigue siendo tan actual y tan útil esta publicación. https://elpais.com/cultura/2015/12/22/babelia/1450787944_355604.html
Así fue Auschwitz. Testimonios 1945-1986. Primo Levi y Leonardo de Benedetti. Traducción de Carlos Gumpert. Península. Barcelona, 2015. 304 páginas. 20,90 euros. (digital, 12,99)

MÁS INFORMACIÓN

https://twitter.com/EdJorgePrats/status/1024251385855070208?s=09

sábado, 9 de mayo de 2015

Los tabúes de la Segunda Guerra Mundial

Los historiadores se atreven con los asuntos más espinosos del conflicto cuando se cumplen 70 años del final de la contienda

 Madrid 9 MAY 2015 - 18:41 CEST

 

Los tabúes de la Segunda Guerra Mundial

Una mujer sirve vino a soldados aliados durante la liberación de Francia. / CARL MYDANS (GETY)
Monterfil, un pueblo del noreste de Francia, acababa de ser liberado. Era el verano de 1944, el año del Desembarco. Acusadas de colaboración con los nazis, tres mujeres fueron torturadas antes de ser ahorcadas. No existían pruebas, ninguna detención había sido relacionada con ellas, pero eran los tiempos de la depuración, en los que las venganzas contra los colaboracionistas eran públicas y crueles. En el impresionante libro en el que describe la Europa de la posguerra, Continente salvaje (Galaxia Gutenberg), Keith Lowe dedica un capítulo al rapado de mujeres que mantuvieron relaciones con soldados alemanes (sólo en Francia, unas 20.000 sufrieron este castigo) en el que asegura que este tipo de exorcismos públicos fueron, en parte, una válvula de escape que evitó violencias mayores como la que sufrió Monterfil (en total fueron ejecutadas unas 9.000 personas tras la liberación).
La agencia France Presse volvió 70 años más tarde al pueblo bretón porque sus vecinos habían organizado, por primera vez, una marcha hasta el lugar donde las tres mujeres fueron ahorcadas. El periodista relata que un vecino les explicó que "la omertá había durado ya bastante tiempo". Esta semana se han conmemorado los 70 años del final de la II Guerra Mundial en Europa. Dado que este tipo de celebraciones se producen cada 10 años, será la última vez que asista un número significativo de testigos: aquellos que pueden contar lo que ocurrió de primera mano van desapareciendo lentamente. La brutalidad absoluta del nazismo ha condicionado la forma en que tanto historiadores como Gobiernos se han enfrentado al conflicto, lo que William Styron, el autor de La decisión de Sophie, llamó "el tema más formidable, trágico y desafiante de nuestro tiempo, la negra noche del alma humana cuando millones de inocentes sufrían y morían bajo la dominación total de los nazis". Sin embargo, a lo largo de estos 70 años, la visión del conflicto ha ido cambiando y muchos tabúes, como la tortura pública y el asesinato de tres mujeres inocentes en Monterfil, se han roto.
El sufrimiento de la población civil alemana bajo los bombardeos de los aliados o de civiles franceses durante el Día D, las violaciones masivas de mujeres por el Ejército Rojo, pero también por parte de los soldados estadounidenses —"¿Eran tan malos los americanos como los rusos?", se preguntaba recientemente Der Spiegel tras el impacto provocado por el libro de Miriam Gebhardt sobre este asunto, Cuando llegaron los soldados—, el asesinato de judíos por civiles polacos durante la posguerra —tema especialmente sensible porque Polonia fue uno de los países que más sufrió bajo el terror nazi y el estalinista—, la depuración en Francia y en otros países europeos o los crímenes de guerra que pudieron cometer los militares aliados durante la liberación de Europa son algunas cuestiones delicadas que han tardado mucho tiempo en emerger.
"Tenemos que considerar que su papel fue ambivalente: liberaron Alemania, pero también cometieron crímenes al hacerlo", explica por correo electrónico la profesora Miriam Gebhardt. "Los crímenes fueron estructuralmente los mismos, aunque no se produjeron el mismo número de violaciones por parte de los Ejércitos occidentales que el soviético. Pero en mi libro no pretendo establecer comparaciones, sino narrar que todos los Ejércitos cometieron crímenes", prosigue Gebhardt. Algunos impresionantes relatos literarios, como Una mujer en Berlín (Anagrama), cuya autora es anónima, o Una mujer en el frente, de la húngara Alaine Polcz, que acaba de editar Periférica, habían narrado el calvario que padecieron las mujeres según avanzaba el Ejército Rojo. Pero el asunto no saltó a los titulares hasta que Antony Beevor publicó Berlín 1945: La caída(Crítica) en 2002.
Uno de los autores que se han enfrentado más abiertamente a este tipo de tabúes es el documentalista de la BBC Laurence Rees. Su libro Los verdugos y las víctimas (Crítica) reúne entrevistas con personas que han sufrido pero que también han practicado atrocidades, como el japonés Hajime Kondo, que asesinó prisioneros, o Ken Yuasa, que llevó a cabo experimentos médicos con cautivos en Corea durante los que, confiesa, sus víctimas "murieron de dolor". Pero Rees también entrevista al aviador Paul Montgomery, que bombardeó ciudades llenas de civiles en Japón, o a James Eagleton, que habla sin remordimientos del asesinato de prisioneros. Sobre esto, Beevor dijo en una entrevista con este diario con motivo de la publicación de El día D (Crítica): "El problema es que no tenemos datos precisos y nunca los tendremos, pero me chocó mucho la forma en que, cuando lees entrevistas con soldados estadounidenses, hablaban francamente de ello". El asesinato de prisioneros sí ha ido poco a poco emergiendo en la cultura popular: en segundo plano enla serie Hermanos de sangre, pero directamente en la película de 2014 Corazones de acero.
Los bombardeos masivos que padecieron los alemanes han sido tratados en libros como El incendio. Alemania bajo los bombardeos 1940-1945 (Taurus), de Jörg Friedrich, o, especialmente, Sobre la historia natural de la destrucción (Anagrama), del gran escritor alemán W. G. Sebald, fallecido en 2001. De nuevo, es un horror que tardó mucho en emerger: ante el sufrimiento atroz que provocaron los nazis, resultaba casi obsceno recordar su propio sufrimiento bajo las bombas de los aliados. Miriam Gebhardt explica que "sólo a partir de 2000, Alemania ha sido capaz de lidiar con sus propias víctimas, así como con su responsabilidad, bajo un punto de vista empático".
Algunos bombardeos se produjeron por motivos estratégicos, pero otros, como el de Dresde en febrero de 1945, fueron ataques contra civiles en ciudades que ya no tenían valor militar. En otra entrevista con este diario, Beevor describía la paradoja que había impulsado muchos de esos ataques: salvar vidas entre sus propias tropas. Beevor explicaba: "Es una paradoja terrible que los comandantes en jefe de Ejércitos de países democráticos tienen que apoyarse en los bombardeos porque están sometidos a una enorme presión de la opinión pública para reducir sus propias bajas. Aunque, como dijo Nietzsche, 'aquel que lucha contra monstruos debe ser muy cuidadoso para evitar convertirse él mismo en un monstruo".
Un tema todavía más complejo es la violencia contra los judíos después de la liberación, sobre todo en Polonia. Recientemente, el director del FBI, James Comey, provocó un incidente diplomático cuando aseguró que Polonia había sido cómplice de Alemania, y Varsovia exigió disculpas. Polonia fue víctima de los nazis —seis millones de polacos murieron durante la II Guerra Mundial, la mitad de ellos judíos— y no tuvo la más mínima responsabilidad en la gestión de los campos de exterminio nazis situados en su territorio. Sin embargo, varios miles de judíos fueron asesinados cuando trataron de regresar a sus tierras. Ian Buruma escribe en su libro Año cero. Historia de 1945 (Pasado & Presente): "La codicia, los prejuicios y la culpa pueden ayudarnos a entender la forma de venganza más perversa de cuantas se dieron aquel año: la persecución de los judíos en Polonia. Esta comunidad había quedado casi aniquilada. Sin embargo, los supervivientes que regresaron se toparon con que ya no eran bienvenidos", escribe.
Tanto Buruma como Tony Judt en su clásico Posguerra (Taurus) destacan que no fue un problema exclusivo de Polonia. "Tampoco los judíos fueron especialmente bienvenidos en el oeste", escribe Judt. De nuevo, pese a ser un tema que aparece en una de las obras más populares sobre el Holocausto, el cómic ganador del Premio Pulitzer en 1992, Maus, de Art Spiegelman, un ensayo de 2001 hizo que saltase a los titulares: Vecinos. El exterminio de la comunidad judía de Jedwabne (Crítica), del ensayista Jan T. Gross, en el que relataba un pogromo en 1941 realizado por polacos cristianos, no por los invasores nazis como se había creído hasta entonces. Gross publicó otro ensayo en 2006, Miedo: antisemitismo en Polonia después de Auschwitz (no traducido), que también provocó una enorme polémica. Este libro describía la matanza de Kielce, durante la que fueron asesinados 42 judíos en 1946.
Cuando el novelista francés Patrick Modiano recibió el último Premio Nobel de Literatura, la Academia sueca justificó el galardón "por su arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más difíciles de retratar y desvelado el mundo de la Ocupación". Las obras de Modiano han sido fundamentales para que Francia pueda mirarse en el espejo de su pasado y alejarse del discurso heroico de la Resistencia para enfrentarse a la realidad de la Ocupación, en la que muchos franceses abrazaron el nazismo. Han pasado siete décadas desde el final de "la negra noche del alma humana" del nazismo y las obras publicadas sobre el conflicto son casi infinitas. Sin embargo, mirarse en el abismo del mal nunca dejará de ser doloroso. Y la última pregunta nunca tendrá respuesta: ¿Cómo pudo ocurrir aquella barbarie?
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/08/actualidad/1431107284_369378.html

A 70 años de Hitler: testimonios de sobrevivientes del Holocausto


A 70 años de Hitler: testimonios de sobrevivientes del Holocausto

A 70 años de Hitler: testimonios de sobrevivientes del Holocausto

Historias de sobrevivientes al holocausto y el refugio en el sur de Chile de quienes ejercieron tortura se entrecruzan en nuestro país.
Hace 70 años que Hitler se suicidó en su búnker, poniendo fin a un proyecto totalitario que destruyó Alemania y arrastró al mundo a una Guerra Mundial.
Los sobrevivientes señalan que "es difícil explicar lo que ocurrió en el Holocausto", debido a las atrocidades a las que fueron sometidos, para algunos, también son difíciles de creer.
Algunos de quienes crearon máquinas de tortura, se refugiaron en el sur de Chile al término de la Segunda Guerra Mundial. Tal como lo hizo Walter Rauff, quien vivía en la isla de Tierra del Fuego.
En Porvenir, el hombre era calificado como un "vecino ideal", quien disfrutaba de su vida apacible y solía sacar a pasear a su perro. En 1984, murió de un ataque cardíaco.
Chile, un país históricamente neutral, fue obligado hace 70 años a declararle la guerra a Japón. Sin embargo, al término del conflicto, consiguió acordar la paz.
Revisa el informe completo en 24 Horas Central:
 

Historias de sobrevivientes al holocausto y el refugio en el sur de Chile de quienes ejercieron tortura se entrecruzan en nuestro país
http://www.24horas.cl/internacional/a-70-anos-de-hitler-testimonios-de-sobrevivientes-del-holocausto-1658696?google_editors_picks=true
 

Foto: TVN

jueves, 29 de enero de 2015

Herida abierta de la historia: ¿Quién liberó la 'fábrica de la muerte' de Auschwitz?

Publicado: 26 ene 2015 16:26 GMT | Última actualización: 27 ene 2015 09:04 GMT
El 27 de enero de 1945 fue liberado por el Ejército Rojo el campo de concentración de Auschwitz, cuya historia nunca ha causado desacuerdos o discusiones hasta que la semana pasada el canciller polaco, Grzegorz Schetuna, declarara que Auschwitz fue liberado por los ucranianos desatando una gran polémica. Lo más correcto sería hacer la vista gorda a esta declaración o atribuirla a la falta de conocimientos históricos siempre y cuando la historia no doliera tanto.
Transportan a los primeros prisioneros al campo de concentración.Ria Novosti. Transportan a los primeros prisioneros al campo de concentración.
Según documentos desclasificados, a principios de 1943 el 64,6% del personal de las divisiones de fusileros soviéticos eran rusos, el 11,8% eran ucranianos. En 1944, cuando la mayor parte de la República Socialista Soviética de Ucrania fue liberada, el porcentaje cambió un poco: había un 58,3% de rusos y un 22,2% de ucranianos. En general, si hablamos de las bajas entre diferentes nacionalidades, se trata del 66,4% de rusos y un 15,9% de ucranianos.
Los rusos fueron el único pueblo entre los principales de la URSS, donde la proporción de los soldados fallecidos fue significativamente mayor que la proporción del grupo étnico en la población de la URSS. Pues, según un censo, la población de los rusos en 1939 ascendía a 99.591.520 de personas (el 58,39% de la población de la URSS), mientras que el porcentaje de los rusos fallecidos asciende al 66,40% de un número total de los soldados soviéticos fallecidos.
Las cifras hablan por sí mismas: más de la mitad del Ejército Rojo estaba compuesto por rusos, mientras que los ucranianos llegaban a una cuarta parte. De ninguna manera quiero disminuir el papel de los ucranianos en la lucha contra el fascismo, solo quiero enfatizar que en aquel entonces se trataba de una invencible amistad de los pueblos, cuando codo a codo los rusos luchaban junto con ucranianos, bielorrusos, armenios, georgianos, kazajos, uzbekos y decenas de otros pueblos. Parece que de lo que se olvida el ministro polaco es el hecho de que durante la Segunda Guerra Mundial miles de ucranianos formaron parte del Ejército Insurgente Ucraniano que colaboraba con los fascistas alemanes y que exterminó a centenares de miles de polacos.   

"Polonia ha olvidado muchas cosas"

Cuando el 27 de enero de 1945 los soldados del Ejército Rojo entraron en Auschwitz, Iván Martýnuskin fue uno de los primeros que vio el infierno que representaba el campo de concentración."Ellos vivían en un infierno, bajo la amenaza constante de la muerte. Estaban cansados, agotados. Pero en sus ojos se veía una alegría. La alegría de la liberación, la alegría de que ese infierno había terminado", recuerda el veterano.
Sacos con el pelo de las mujeres quemadas.  Ria Novosti/ Yudin. Sacos con el pelo de las mujeres quemadas
"Cuando vimos hornos, el primer pensamiento fue que era un crematorio. Que la gente se moría, y en lugar de enterrar los cuerpos, los quemaban. Nunca se nos habría ocurrido que los hornos fueron construidos para matar a la gente. Era parte de la destrucción sistemática", agrega.
Leonti Brant, unos de los libertadores del campo de concentración, relata: "Había un montón de plantas de zapatos de soldados, de zapatos masculinos y de botas femeninas, así como de zapatillas infantiles. Había un montón de pelo, sobre todo de mujeres. Los sacos estaban llenos de piel humana". 
Zapatos de los prisioneros del campo de concentraciónRia Novosti. Zapatos de los prisioneros del campo de concentración
El veterano Mijaíl Kabanov también fun uno de los libertadores de Auschwitz. "¡Qué asco!", comentó sobre las palabras del ministro polaco. "Es un verdadero insulto", enfatizó. El veterano explica que el primer frente ucraniano que entró en el campo de concentración fue una unidad militar del Ejército Rojo y que al principio se llamaba Frente de Vorónezh, luego Frente de Briansk y recién luego Frente Ucraniano. "Por supuesto, había ucranianos también, luchábamos todos juntos. Los polacos han olvidado muchas cosas. Han olvidado que 600.000 ciudadanos soviéticos murieron durante la liberación de Polonia de los nazis", agrega.  

Campo de la muerte

Auschwitz es el lugar donde fueron cometidos más asesinatos en masa en la historia de la humanidad. Según diferentes fuentes, en Auschwitz han muerto de 1 millón a 4 millones de personas. Los prisioneros fueron asesinados en los crematorios, fallecieron debido a las condiciones inhumanas de trabajo, hambre, frío, epidemias o experimentos médicos.
El banco para las ejecucionesRia Novosti. El banco para las ejecuciones
De 1.300.000 de los reclusos de Auschwitz casi 234.000 eran niños. El día de la liberación del campo de concentración quedaban sólo 611 niños. El destino de todos los recién nacidos era trágico: los ahogaban y tiraban sus cuerpos a la calle.  
Niños en el campo de AuschwitzRia Novosti/ Fishman. Niños en el campo de Auschwitz
En el momento de la liberación del campo de concentración, además de los niños, ahí se encontraban sólo 2.500 adultos. Pero ahora para algunos políticos es, al parecer, más importante atribuir la contribución de la hazaña más a unos que a otros en vez de honrar la memoria de las víctimas y decir mil gracias a los pocos veteranos del Ejército Rojo que están vivos. Lamentablemente, algunos, en busca de la defensa de sus ideales políticos, optan por 'pisar' los corazones valientes de los soldados abriendo las heridas aún no cicatrizados de la historia.  
La llamada 'puerta de la muerte' de Auschwitz-Birkenau Reuters. La llamada 'puerta de la muerte' de Auschwitz-Birkenau
http://actualidad.rt.com/opinion/yulia-tarasenkova


Yulia Fernández Sánchez

Editora, lingüista, especialista en comunicación intercultural Twitter: @YuliTarasenkova