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domingo, 4 de agosto de 2019

Incertidumbre, desaceleración y devaluación Pavel Isa Contreras | @IsaPavel

| @IsaPavel
Incertidumbre, desaceleración y devaluación
Está ya fuera de toda duda que la incertidumbre política está afectando la economía sensiblemente. Hay al menos dos estadísticas que parecen estarlo reflejando. La primera es la del crecimiento económico mensual. El rumbo que lleva, principalmente como resultado de la incertidumbre, indica que 2019 cerrará con un crecimiento inferior al esperado. La segunda es el tipo de cambio. Aunque la devaluación sigue siendo baja, la aceleración de la depreciación del peso en los últimos dos meses parece ser síntoma de nerviosismo.
Desaceleración
El crecimiento económico mensual es medido por el Banco Central a través del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE). En el primer trimestre del año, el promedio mensual del IMAE fue de 5.7%. Esta cifra sugiere un ritmo de crecimiento en línea con lo que ha sido la media histórica del país y la de los últimos 25 años. No obstante, aún durante ese buen primer trimestre, se advertía que el ritmo de crecimiento declinaba: en enero fue de 5.9%, en febrero de 5.8% y en marzo de 5.4%.
El bombazo vino en abril: el crecimiento cayó hasta 3.3%. Esa cifra hizo sonar todas las alarmas y provocó la reacción de la Junta Monetaria que a fines de mayo liberó casi 30 mil millones de pesos de fondos del encaje legal. En mayo, la cifra mostró una recuperación (5.3%) pero la de junio, que alcanzó apenas 2.6%, reveló que lo del mes anterior fue algo temporal y que la economía entraba en una fase de bajo crecimiento. En el segundo trimestre, el crecimiento medio mensual fue equivalente a dos tercios del observado en el primer trimestre, y en dos de esos tres meses estuvo muy por debajo del promedio histórico.
Reacción de la política monetaria
Las reacciones de la política monetaria han sido casi inmediatas, lo que revela el grado de preocupación de las autoridades monetarias por el bajo crecimiento. Ya con los datos de abril a mano, a fines de mayo, la Junta Monetaria autorizó la liberalización de 29.2 mil millones de pesos de fondos del encaje legal para ser colocados en forma de préstamos por diversos agentes financieros a varios sectores de la economía. Apenas un mes después autorizó una liberalización adicional por 5.1 mil millones de pesos dirigida a financiar la construcción de viviendas, lo cual es una señal de que la desaceleración del crecimiento tuvo mucho que ver con una pérdida en el ritmo de expansión de la construcción. Junto a esa liberalización, el Banco Central decidió reducir su tasa de política monetaria desde 5.5% hasta 5.0%, y un mes después, conociendo los datos de junio, redujo dicha tasa hasta 4.75%.
Parecería que la política monetaria está “tirando con todo lo que tiene”, o todo lo que cree tener, en procura de recuperar el ritmo de crecimiento sin que ello comprometa las metas de inflación y devaluación. Sin embargo, siendo que es la incertidumbre política la causa de la desaceleración, es probable que sea poco lo que la política monetaria pueda lograr, por lo menos en lo inmediato. Además, el Banco Central ha reconocido que el efecto de las medidas se sentirá tres o cuatro meses después de haber sido tomadas.
Un tercer trimestre con números rojos
Esto augura dos cosas. Primero que tendremos un tercer trimestre malo en materia de crecimiento. Por una parte, a juzgar por la reducción de la tasa de política monetaria, el mes de julio cerró con cifras pobres. No debe sorprender porque la incertidumbre respecto a la reforma constitucional y la reelección perduró por casi todo ese mes.
Por otra parte, la renuncia del Presidente a la reelección, que no fue más que la aceptación de una derrota política, no parece haber acabado con la incertidumbre, porque el propio Presidente Medina en el discurso de resignación y las palabras inmediatamente posteriores de su vocero más destacado lo que hicieron fue anunciar que la guerra política contra el proyecto político de Leonel Fernández no iba a cesar, sino que se iba a intensificar. El resultado será que las decisiones de inversión continuarán postergándose, quizás hasta las primarias de inicios de octubre, y eso se verá reflejado en la actividad económica y en las cifras de crecimiento. Además, el comportamiento del turismo, al menos en julio y agosto, no ayudará.
Aunque con la reducción el Banco Central pudiera haberse adelantado a la esperada reducción de las tasas de la Reserva Federal de EEUU, la razón principal parece ser doméstica, en especial considerando que ya la había reducido en 50 puntos hacía apenas un mes.
Segundo, será difícil que el crecimiento en el año se ubique por encima de la media histórica (5.5%) o que alcance las proyecciones más recientes del gobierno (5.25%). En el primer semestre, el crecimiento fue de 4.7%. Para que en todo el año llegue a ser de 5.5%, en el segundo semestre la economía tendría que crecer en 6.2%. Si el tercer trimestre termina siendo de un crecimiento bajo, digamos, similar al segundo trimestre (3.7%), para que la economía termine creciendo en 5.5% en 2019, el del cuarto trimestre tendría que ser de 8.7%. Eso es impensable. Aún si se asume que en el tercer trimestre la economía crecerá más que lo que lo hizo en el segundo trimestre y alcanza una tasa similar a la del primer semestre (4.7%), para que el crecimiento llegue a ser 5.5% el crecimiento del último trimestre tendría que ser de 8%. Eso es muy poco probable
Se acelera la depreciación del peso
La incertidumbre también parece estar acelerando la devaluación del peso, presumiblemente como resultado de un aumento de la percepción de riesgo y la transformación de activos en pesos por activos en dólares.
Entre marzo y mayo, el tipo de cambio se mantuvo prácticamente invariable alrededor de 50.5 pesos por dólar, en el marco de una política monetaria restrictiva, como es lo usual en ese período del año. Sin embargo, a partir de junio, el ritmo de devaluación se aceleró notablemente. Entre junio y julio, el peso se depreció en un 1%, pasando desde poco menos de 50.6 pesos hasta más de 51 pesos por dólar. Para esta estimación se usó el precio promedio para la venta en entidades financieras. Si se usa la de los agentes de cambio, el resultado es similar.
Más aún, es ampliamente conocido que el precio al cual es posible adquirir divisas en la banca comercial para montos superiores a mil o dos mil dólares es superior al precio a que las entidades dicen venderlas. El colega y amigo Ernesto Selman habló públicamente de la existencia de un mercado paralelo y la Asociación Nacional de Empresas Industriales de Herrera corroboró que existen significativos diferenciales de precios.
No obstante, hay que reconocer que a pesar de la rápida depreciación en junio y julio, la devaluación acumulada desde enero sigue siendo muy baja, incluso menor a la observada para el período enero-julio en los últimos años. Hasta julio de 2019 la devaluación había sido de poco más de 1%, casi toda sucedida en los dos últimos meses. En contraste, entre enero y julio de 2018 fue de 2.5% y en ese mismo período de 2017 fue de 1.8%. En ese sentido, se puede argumentar que lo que ha pasado en los últimos meses ha sido una corrección parcial del rumbo del peso hacia la ruta esperable, aunque para alcanzarla falta trecho todavía.
De todas formas, no hay razones de fondo que expliquen la aceleración de la devaluación. Las cuentas externas están muy estables, la oferta de divisas no ha sido comprometida y la demanda para operaciones corrientes, antes que aumentar pudiera haber declinado como resultado de un menor crecimiento. De allí que la explicación más obvia resida en la incertidumbre en un contexto de una liquidez aumentada que busca reactivar la actividad económica.
En síntesis, menor crecimiento y devaluación más acelerada del peso están siendo las consecuencias económicas inmediatas de la incertidumbre y del conflicto por el poder dentro del PLD. La política monetaria se esfuerza y la fiscal tiene poco espacio para hacer la diferencia.
La política y la economía están íntimamente vinculadas y sería una ingenuidad pretender que una no tenga efecto sobre la otra. Pero, sin desconocer algunas diferencias importantes entre ambos proyectos políticos, en ese conflicto nada sustancial para la democracia está en juego. Se trata, en lo fundamental, de un pleito por el poder, la sobrevivencia política y el manejo del presupuesto público. Por ello, además de las implicaciones para la construcción democrática, las consecuencias económicas de lo que está pasando son una verdadera pena.
https://www.elcaribe.com.do/2019/08/03/opiniones/incertidumbre-desaceleracion-y-devaluacion/

martes, 4 de junio de 2019

Cuando el endeudamiento hace que el lobo llegue más tarde | Por Pedro Silverio Alvarez

EN DIRECTO
Pedro Silverio Alvarez
Cuando el endeudamiento hace que el lobo llegue más tarde
31 / 05 / 2019, 12:00 AM
«Esto refleja la excelente percepción de los inversionistas del posicionamiento de la República Dominicana como una de las economías de América Latina de mayor crecimiento económico, en un contexto de baja inflación, estabilidad cambiaria y equilibrio de las cuentas fiscales y externas. [...] lo que reduce el riesgo de refinanciamiento de la deuda, a la vez que se mitiga el riesgo de tipo de cambio al contemplar una proporción en moneda local, y mantiene los niveles de tasas de interés promedio del portafolio». Donald Guerrero, Ministro de Hacienda, Diario Libre, mayo 30, 2019
El Gobierno dominicano anunció esta semana que había colocado bonos en los mercados financieros internacionales por un monto de US$ 2,500 millones, equivalentes a RD$ 126,307.5 millones; de los cuales, US$ 1,000 millones correspondieron a bonos denominados en moneda nacional y el resto en dólares. Como siempre, la noticia es presentada como un gran éxito de la política de endeudamiento público. Sin embargo, algunos aspectos de ese proceso – al parecer indetenible – de endeudamiento levanta algunas preocupaciones que son comunes para la mayoría de los analistas, pero ignoradas por los responsables de las finanzas públicas.
Y, probablemente, el evaluador más creíble sea el propio FMI que en múltiples ocasiones ha expresado sus cautelosas observaciones acerca de la trayectoria de la deuda pública dominicana. Se debe tener presente que ese organismo ha ido desplazando, de tiempo en tiempo, el umbral de su preocupación. En un momento se preocupaba porque la deuda pública pudiera alcanzar el 53% del PIB; recientemente, expresó que al ritmo que iba la deuda pudiera alcanzar el 56.3% del PIB para el año 2022.
Pues bien, con la emisión de bonos de esta semana ese umbral ha sido alcanzado, al menos temporalmente. Es decir, que el Gobierno dominicano considera como un éxito haber llevado el total de la deuda pública al 56% del PIB con tres años de anticipación en relación con lo previsto por el FMI, a pesar del rápido crecimiento de la economía dominicana en los últimos años. La otra preocupación de este organismo financiero era la creciente participación de tenedores no residentes en la estructura de propiedad de los bonos dominicanos.
En este sentido, la presente emisión aumenta el riesgo asociado con la tenencia de bonos por parte de tenedores residentes en el exterior. Primero, porque la mayor parte de la colocación (US$ 1,500 millones) fue realizada en moneda extranjera, lo que aumenta la exposición al riesgo cambiario. Y segundo, porque la parte correspondiente a la emisión en pesos dominicanos (RD$ 1,000 millones) no está del todo exento de un riesgo cambiario para la economía dominicana, aunque el riesgo directo sea del tenedor del bono. Esto se debe a que en una situación de choque externo o interno los tenedores de esos bonos pudieran tratar de venderlos y convertir los pesos en dólares. Debemos recordar que el peso dominicano no es una moneda de libre convertibilidad en los mercados financieros internacionales. De manera que el balance neto de riesgo cambiario se ha incrementado con los nuevos bonos.
Otro aspecto que se ha destacado de los bonos dominicanos es que su colocación refleja el gran apetito en los mercados internacionales por deuda emitida por el gobierno dominicano, y se olvida un planteamiento de la economía internacional que habla de ‘la importancia de ser insignificante’. Esto ocurre cuando un país es tan pequeño que pudiera tomar ventajas del hecho de que sus decisiones no afectan los precios relativos internacionales. En el caso de la nueva colocación, esto significa que su participación relativa es tan pequeña en los mercados financieros internacionales – algo así como un grano de arena en una gran playa – que siempre aparecerán suficientes compradores amantes del riesgo, si son compensados con las correspondientes tasas de interés. El informe del Ministerio de Hacienda señala que unas 265 cuentas de inversionistas se interesaron en comprar los bonos dominicanos, un dato revelador de la importancia relativa de dicha emisión.
Lo que si resulta realmente inocultable es que la presente gestión de gobierno ha emitido, en un plazo de seis años, unos US$ 17,000 millones en bonos externos, una cifra muy alta, independientemente del estándar con que se mida. Es una tendencia que no se vislumbra que cambie en el futuro cercano. Al observar el presupuesto de este año, el 96% del nuevo endeudamiento está contemplado en bonos, ya sea externos o internos.
El ministro de Hacienda ha dicho que el endeudamiento es con el propósito, entre otros, de cumplir con el programa de inversiones públicas; de forma que se pudiera razonar que si las inversiones públicas no son suficientes – solamente representan cerca de un 15% del gasto público – se debe, entonces, a que el endeudamiento es insuficiente. Pero como los ingresos presupuestarios son fungibles (cuando el Gobierno recibe ingresos, en su mayoría entran a un fondo general) y la colocación de bonos no conlleva ninguna condicionalidad en su uso, en consecuencia, pudiéramos argumentar que el endeudamiento bruto (RD$ 231,880 millones) del presente año serán dedicados exclusivamente al pago del servicio de la deuda (RD$ 233, 886). Y, efectivamente, estaríamos diciendo que el gobierno se está endeudando para pagar sus deudas – una especie de esquema de Ponzi.
Si de algo podemos estar seguros es de que la presente carrera de endeudamiento conllevará, en un futuro no muy lejano, un incremento en los impuestos, aunque por el momento ese endeudamiento ha pospuesto la llegada del lobo... Mientras tanto, el Gobierno dispone de recursos presupuestarios frescos y suficientes, como para hacerse sentir en la lucha interna por la candidatura presidencial...
https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/cuando-el-endeudamiento-hace-que-el-lobo-llegue-mas-tarde-AK12901203

lunes, 14 de enero de 2019

Estrés financiero perturba a familias pobres y de clase media | Por Minerva Isa

ECONOMIA | Minerva Isa
Estrés financiero perturba a familias pobres y de clase media

14_01_2019 HOY_LUNES_140119_ El País6 A
Abultando la pesada carga financiera que, paradójicamente, agobia a la mayoría de los habitantes del país líder del crecimiento económico regional, crece a la par la deuda de cada dominicano y dominicana por el indetenible endeudamiento público, que ya rebasa la mitad de lo que producimos, dinero ajeno que, cual esteroide, infla la economía.
A esos compromisos locales y extranjeros, más de US$40 mil millones que pagamos con impuestos, se suman los contraídos por siete de cada diez de los 2.7 millones de hogares de República Dominicana, que solo con el sistema financiero formal supera el 12% del Producto Interno Bruto (PIB).
No abarca el crédito informal, no supervisado por la Superintendencia de Bancos, Excluye, por igual, otros empréstitos sin regulación, otorgados a través de plataformas digitales.
Los hogares apelan a préstamos formales e informales que, si bien cubren parcial o totalmente el déficit presupuestario, tienen nefastos efectos en las finanzas y la vida familiar.
No predomina un crédito sano. Gobierno, familias, individuos, muestran patrones bastante similares de endeudamiento: cubrir déficit, privilegiar el consumo, desviar a gastos corrientes préstamos con fines productivos. Y, peor aún, para pagar deudas, el más grave de los errores financieros.
Dinamizan la economía. Los préstamos personales otorgados para actividades del hogar se elevaron dentro del crédito de consumo que dinamiza la demanda interna y la economía, cuyo crecimiento, 7% del PIB en 2018, aún no se refleja en la mayoría de la población con un aumento real del ingreso monetario que atenúe el estresante endeudamiento.
Como en la deuda pública, la del hogar reclama cautela. La inflación repunta y comienzan a subir las tasas de interés en los Estados Unidos, proyectándose una tendencia alcista en la tasa local y el riesgo de sobreendeudamiento con un eventual aumento de la morosidad.
Además de esa amenaza, inquieta a economistas que el incremento de la deuda familiar supere el registrado en el ingreso, el hecho de que en el último decenio esa deuda subió más del doble de la masa salarial, del total pagado a los trabajadores.
Las facilidades crediticias impulsaron el consumo sin que creciera la capacidad de pago. Y estaría bien democratizar el crédito con fines productivos, enfrentar la exclusión financiera y la usura, no para suplantar el ingreso. No para que de mora en mora genere beneficios a la banca, que cada año reporta dividendos millonarios.
La inducción al crédito se acentuó con la liberalización monetaria en 2017, año en que cada hogar terminó con una deuda promedio de US$171,553, con el sistema financiero formal, adicional al fardo de unos RD$200,000 por persona, derivado del endeudamiento público.
Un calmante. Con la expansión y diversificación del crédito de consumo, el dinero fluyó raudo refrescando el caldeado ambiente de la estrechez económica. Dinero ajeno que calmó la inquietud ante imprevistos, apaciguando los terribles momentos en que “no tiene ni uno” parar el supermercado o para ir al trabajo.
En un mercado competitivo, abierto y flexible, en el que cobran auge las dinámicas e innovadoras cadenas del retail, con sus ventas financiadas en cuotas, el crédito se convirtió en un popular mecanismo facilitador del consumo, con una amplia gama de tentadoras opciones.
Gastamos más de lo que producimos, de lo que nos ingresa, lo hace el Gobierno, instituciones, familias que se endeudan para cubrir necesidades básicas, también para dar sostén a expectativas de una sociedad de consumo.
Estrés financiero. El cúmulo de acreencias, su coexistencia con atrasos en el pago de gastos fijos, genera un perturbador estrés que, entre otros factores, incide en la violencia doméstica, física o sicológica, causa irritabilidad, impotencia.
Son diversas las reacciones ante la presión por las deudas, desde quien las consolida o busca ayuda en Deudores Anónimos, hasta decisiones extremas, huir del país, un suicidio. Mas, un estrés fuerte y sostenido siempre provoca una erosión emocional, un desgaste síquico que resta energías para seguir a buen ritmo las demandas cotidianas en el hogar y el trabajo.
No es una deuda sana, predominan préstamos de consumo, los más estresantes, obligando a posponer compromisos para adquirir una vivienda. Un bien preciado de difícil accesibilidad por su alto costo en un país con gran déficit habitacional, donde la pujante economía contrasta con el Índice de Capital Humano del Banco Mundial, que nos sitúa entre los países más atrasados de la región, marcado por la desigualdad y la pobreza, con graves deficiencias en agua potable, electricidad y otros servicios básicos.
¡Terrible paradoja!
Gobierno y hogares dominicanos muy lejos de un endeudamiento sano
El dinero prestado no es un buen sustituto del ingreso, no lo es en forma recurrente, de un modo irresponsable, con una débil capacidad de pago. Menos aún en un monto excesivo como ocurre en muchas familias, como sucede con la deuda pública que, al remontarse al 51.6% del PIB, eleva el pago de intereses sobre 25% del ingreso fiscal.
Más de US$40 mil millones que impulsan el crecimiento económico pero no el desarrollo, que racionalmente utilizados hubieran conducido al país hacia una mayor productividad y competitividad, y llegar a sus habitantes con empleos bien remunerados y mejores servicios. Millones que debieron orientarse a elevar el ingreso, evitando el excesivo endeudamiento familiar.
Financistas estiman saludable un nivel de deudas inferior a un tercio de los ingresos monetarios, 30% como máximo sobre el ingreso neto en unas finanzas sanas. Y esto es válido para un gobierno, una familia, empresa o individuo. Mas, esa proporción se excede con creces, en vez del ahorro interno, se apela a préstamos improductivos, dinero sin retorno que el Gobierno gasta en dádivas y sueldos clientelares, en vez de orientarlo a un mayor desarrollo social, a combatir las causas que mantienen una alta dependencia del dinero prestado.
Millones y millones que caen en agujeros fiscales y en el saco de la corrupción, que seguiremos pagando con impuestos, el Itebis que achica el pan de los pobres y los irritantes adelantos que fastidian a empresas. Millones que amenazan con nuevos gravámenes que asomarán con otra reforma tributaria tras las elecciones de 2020.
Si año tras año se destina a cubrir déficit, a honrar deudas, resultará pernicioso. Es lo que sucede. Eligen el camino fácil, pero a la postre los efectos son devastadores.
Los pronósticos aconsejan mesura
De 2007 a 2018, los fondos destinados a la financiación del hogar mostraron una tendencia creciente en la cartera del sistema financiero. En ese período la deuda familiar pasó de 8.5% a más del 12% del PIB. Su monto se duplicó de 2007 a 2012, año en que sumó RD$199,296 millones. De 2016 a 2017 creció de RD$304,172 millones a RD$456,225 millones, tras la liberalización crediticia, mantenida hasta julio del 2018 cuando el Banco Central subió la tasa de política monetaria a 5.50%.
Aún así, la prudencia se impone para asegurar la sostenibilidad del crédito privado. Por la débil capacidad de pago, el aumento de la deuda del hogar implica riesgos, una mayor exposición del sistema financiero ante una eventual morosidad. En el actual contexto internacional, proceden previsiones ante alzas en las tasas de interés en el futuro inmediato. En su Informe de Política Monetaria, de mayo del 2018, el Banco Central planteó: “Es de importancia para los hacedores de política identificar las características del endeudamiento de los hogares, su evolución y efecto en el gasto agregado en la economía”.
LAS CLAVES
1. Cultura del ahorro
La creación de una cultura del ahorro versus una cultura del consumo a nivel personal, familiar y nacional es decisiva en RD, donde la falta de planificación del gasto y disciplina para el ahorro, se conjugan para elevar el endeudamiento. El acceso al consumo se promovió sin desarrollar una campaña que fomente el ahorro, el uso racional y productivo del dinero.
2. Crédito de consumo
La deuda del hogar, constituida en un 60.9% por préstamos de consumo frente a 39.1% hipotecarios, creció con la apertura del crédito tras la ralentización de la economía en el primer semestre del 2017. En julio de ese año, el Banco Central redujo la tasa de política monetaria de 5.75% a 5.25%, lo que impulsó el crédito privado y motorizó la demanda interna.
3. Ingreso real
El Fondo Monetario Internacional expresó confianza en que esa flexibilización respaldara la recuperación económica. Previó que tasas de interés más bajas y la expansión del crédito apoyarían la demanda interna junto a mayores salarios reales y empleo. Sus expectativas se cumplieron, el PIB creció ese año al 4.6%, pero no acertó en cuanto al empleo ni al salario, que perdió valor de compra en 2017 y 2018 con el alza del petróleo, aumentos de precio de bienes básicos y transporte, mantenidos tras bajar el carburante.
4. Déficit presupuestario
Para solventar el déficit entre ingresos y gastos, que se traduce en privaciones y descenso de la calidad de vida, 70% de los hogares se endeudan, lo que denota ausencia de ahorro. Solo tres de diez hogares se desempeñan sin deudas.
5. Fuentes de crédito
El acentuado endeudamiento de los dominicanos con familiares, amigos, cooperativas y bancos fue consignado en un estudio del Banco Mundial antes de la expansión del crédito en 2017. Esa investigación, orientada a la inclusión financiera, situó en 2014 a la población dominicana como la tercera de la región con mayor recurrencia a préstamos con terceros, predominando la usura. http://hoy.com.do/estres-financiero-perturba-a-familias-pobres-y-de-clase-media/
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PRM ve horror tomar US$1,000 millones en deuda

Economistas ven con preocupación la deuda del BC

DEUDA DEL BANCO DE RESERVAS DE LA REPÚBLICA DOMINICANA (2017)
     Deuda Subordinada con la Bolsa de Luxemburgo….. US$300 millones
     Deuda Subordinada contratada en pesos dominicanos por un
     monto de RD$10,000 millones, al tipo de cambio de hoy US$199 millones
     Deuda garantizada a contratistas de la construcción
     en el Sector de Educación…..                         US$323 millones
     Deuda garantizada con el sector eléctrico…..   US$614 millones

     TOTAL: US$1,436 millones o RD$72,159 millones (al tipo de cambio de RD$50.25)
NOTA:
La deuda subordinada con la Bolsa de Luxemburgo se registra en el Banco de Reservas como aporte de capital, cuando el único accionista del BR es el Estado Dominicano; es decir que se registra en los estados financieros de esa institución un aporte de capital y no un incremento del pasivo deuda por pagar.
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