lunes, 6 de julio de 2026

Irán después de Jamenei: el nuevo régimen, la militarización del poder y las repercusiones estratégicas para la República Dominicana

Cómo el nuevo régimen de Irán es totalmente diferente del anterior

Un hombre circula en motocicleta frente a una valla publicitaria que muestra las imágenes del difunto fundador de la Revolución Islámica y Líder Supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini (izquierda); del fallecido Líder Supremo de Irán, Ali Jamenei (centro); y de su hijo, el actual Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, en una calle de Teherán el 3 de julio de 2026

Irán después de Jamenei: el nuevo régimen, la militarización del poder y las repercusiones estratégicas para la República Dominicana

La transición iraní descrita tras la muerte de Ali Jamenei no constituye un simple relevo sucesoral, sino una transformación estructural del Estado: menos dependiente del liderazgo clerical tradicional, más dominado por la Guardia Revolucionaria, más pragmático en lo social y más agresivo en su doctrina de disuasión. Para la República Dominicana, esta mutación no es un episodio remoto de Medio Oriente, sino un factor directo de riesgo energético, inflacionario, fiscal, turístico y diplomático.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

El nuevo régimen iraní debe ser interpretado como una mutación del poder revolucionario, no como una continuidad administrativa del viejo orden instaurado después de 1979. La lectura central del artículo de Paul Adams, publicado por BBC Mundo y reproducido por Acento, es que la muerte de Ali Jamenei y el ascenso de una nueva generación dirigente han desplazado el centro de gravedad del sistema iraní desde la prudencia clerical hacia una arquitectura más militarizada, más pragmática y más dispuesta a utilizar la fuerza como instrumento de negociación internacional (Adams, 2026). Esa transformación, lejos de significar necesariamente apertura democrática, puede implicar una forma más sofisticada de autoritarismo estratégico: un régimen capaz de flexibilizar ciertos símbolos sociales para recomponer legitimidad interna, mientras endurece su aparato de seguridad, preserva el monopolio político y eleva el costo de cualquier presión externa. En ese sentido, el nuevo Irán no abandona la lógica revolucionaria; la reorganiza bajo criterios de supervivencia estatal, disuasión regional y cálculo geoeconómico. [infobae.com], [cfr.org]

La diferencia fundamental entre el régimen anterior y el actual no reside únicamente en los nombres de sus dirigentes, sino en la naturaleza del mando. Durante décadas, Ali Jamenei representó una modalidad de poder marcada por la cautela, la ambigüedad estratégica y la fórmula de “ni guerra ni paz”, mediante la cual Irán resistía sanciones, financiaba aliados regionales y utilizaba su programa nuclear como ficha de presión sin cruzar necesariamente el umbral de una guerra directa de gran escala. El nuevo liderazgo, según el escenario descrito por Adams, parece haber alterado esa lógica: ya no se limita a administrar la tensión, sino que pretende convertir la vulnerabilidad iraní en capacidad ofensiva y en moneda de negociación. El resultado es un régimen que puede sentarse a negociar con Washington mientras demuestra, al mismo tiempo, que posee la voluntad de atacar bases militares, presionar a los países del Golfo y amenazar rutas marítimas críticas como el Estrecho de Ormuz. Ese cambio sugiere una transición desde la contención calculada hacia una disuasión más explícita y costosa. [infobae.com], [mecouncil.org]

La Guardia Revolucionaria Islámica ocupa el corazón de esta transformación. No se trata de una institución militar convencional, sino de un poder paralelo, creado para proteger la Revolución Islámica y convertido con el tiempo en actor militar, político, económico, ideológico y de inteligencia. El Council on Foreign Relations describe al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como una de las organizaciones más poderosas de Irán, con funciones centrales en la proyección regional, la seguridad interna, la economía y la relación con grupos aliados en Irak, Líbano, Siria, Yemen y los territorios palestinos. También señala que responde directamente al líder supremo y que su influencia se ha expandido de manera sustancial desde 1979. En clave académica, esto significa que el nuevo régimen iraní se aproxima menos a una teocracia clásica dirigida por clérigos ancianos y más a un Estado securitizado, donde la legitimidad religiosa convive con una racionalidad de guerra, inteligencia, economía sancionada y redes regionales de influencia. [cfr.org] [mecouncil.org], [mecouncil.org]

Ese desplazamiento del eje clerical al eje militar produce una paradoja de gran alcance. Por un lado, el nuevo régimen puede parecer más pragmático: relativiza viejos tabúes sociales, evalúa concesiones económicas, busca alivio de sanciones y reconoce que necesita reconstruir legitimidad frente a una sociedad golpeada por represión, crisis económica y guerra. Por otro lado, ese pragmatismo no equivale a liberalización política. Puede ser, más bien, una estrategia de supervivencia: ceder en aspectos simbólicos de la vida cotidiana para conservar el núcleo duro del poder. La flexibilización del velo o de ciertas prácticas sociales no implica necesariamente una apertura del sistema político; puede funcionar como válvula de escape para reducir presión social, mientras la Guardia Revolucionaria y estructuras como la milicia Basij preservan la capacidad de control interno. En ese sentido, el régimen cambia de rostro, pero no renuncia a la vigilancia sobre la sociedad ni a la represión de la disidencia. [infobae.com], [cfr.org]

La segunda gran diferencia del nuevo Irán es su lectura del poder regional. Durante años, Teherán construyó el llamado “Eje de la Resistencia” mediante alianzas con actores no estatales y gobiernos afines en Líbano, Siria, Irak, Yemen y Gaza. Sin embargo, esa red sufrió golpes severos: el debilitamiento de Hezbollah, la devastación de Hamás, la presión sobre los hutíes y la pérdida del régimen sirio como aliado estratégico alteraron el mapa de influencia iraní. En el escenario descrito por Adams, la nueva dirigencia parece responder a esos reveses no con repliegue, sino con una estrategia de recomposición: si la red de aliados se debilita, el Estado iraní debe proyectar directamente su capacidad de daño. La consecuencia es un Irán más dispuesto a utilizar misiles, drones, presión naval y control geográfico como instrumentos de negociación. Esa conducta coincide con los análisis que señalan una creciente centralización, militarización y securitización de la política exterior iraní, con mayor influencia del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y de la Guardia Revolucionaria sobre los canales diplomáticos tradicionales. [infobae.com], [mecouncil.org]

El Estrecho de Ormuz es el punto donde esa transformación adquiere relevancia mundial. La Administración de Información Energética de Estados Unidos ha señalado que en 2024 fluyeron por ese estrecho alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo, equivalentes aproximadamente al 20 % del consumo mundial de líquidos petroleros. También ha advertido que los grandes puntos de estrangulamiento marítimo, cuando son interrumpidos temporalmente, pueden provocar retrasos de suministro, aumentos en los costos de transporte y presiones al alza sobre los precios internacionales de la energía. La Agencia Internacional de Energía, por su parte, considera a Ormuz uno de los pasos petroleros más críticos del mundo, al estimar que en 2025 transitaron por allí unos 20 millones de barriles diarios de crudo y derivados, cerca de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. Por tanto, cuando Irán insinúa que puede cerrar, restringir o encarecer el tránsito por esa vía, no amenaza solamente a sus adversarios militares: amenaza la estabilidad del mercado energético global. [eia.gov], [eia.gov] [iea.org]

Para la República Dominicana, esta realidad tiene una consecuencia inmediata: la geopolítica del Golfo Pérsico se traduce en precios internos, costos fiscales y presión sobre el poder adquisitivo. Aunque el país no importa mayoritariamente desde Irán ni depende directamente del Golfo Pérsico para su abastecimiento inmediato, sí compra combustibles en un mercado internacional donde los precios se forman por expectativas globales, riesgos logísticos, seguros marítimos, oferta disponible y percepción de conflicto. El Ministerio de Energía y Minas, citado por El Dinero, reportó que la República Dominicana importó hidrocarburos por US$1,176 millones en el primer trimestre de 2025, con gasolinas, gasoil, gas natural, GLP, petróleo crudo y avtur entre los componentes principales de la factura energética. Ese mismo reporte indicó que Estados Unidos concentró el 84 % del valor importado en ese período, lo que revela una alta dependencia de un proveedor principal, pero no elimina la exposición dominicana a los precios internacionales. [eldinero.com.do]

El mecanismo de transmisión es claro. Si aumenta la tensión en Ormuz, sube la prima de riesgo del petróleo; si sube el Brent, aumentan los precios de referencia de los combustibles refinados; si se encarecen los combustibles importados, el Gobierno dominicano debe escoger entre trasladar el incremento al consumidor o absorberlo mediante subsidios. Ambas opciones tienen costos. Si el aumento se traslada al mercado interno, se encarecen el transporte público, el transporte de carga, los alimentos, la producción industrial, la factura eléctrica y los servicios vinculados al turismo. Si el Estado subsidia para evitar un golpe inflacionario, se presiona el presupuesto público, se reducen márgenes fiscales y se dificulta la asignación de recursos a inversión social, infraestructura o seguridad energética. En ambos escenarios, una crisis en Medio Oriente entra en la economía dominicana por la vía del combustible y se expande hacia toda la estructura de precios. [eia.gov], [eldinero.com.do]

El turismo dominicano también queda expuesto. La República Dominicana compite en un mercado internacional donde el costo del transporte aéreo, la estabilidad de las rutas y el precio del combustible de aviación influyen en la conectividad y la rentabilidad de las aerolíneas. El avtur forma parte de la canasta de hidrocarburos importados por el país, según los datos del MEM citados por El Dinero, y cualquier presión sostenida sobre los combustibles puede afectar costos de operación, tarifas aéreas y decisiones de conectividad. Una crisis prolongada no necesariamente reduciría de inmediato la llegada de turistas, pero sí podría elevar los costos de la cadena turística, desde los vuelos hasta la generación eléctrica hotelera, el transporte terrestre, la distribución de alimentos y la logística de suministros. En una economía donde turismo, zonas francas, construcción, remesas y comercio constituyen motores centrales, la energía no es un insumo sectorial: es una variable transversal de competitividad nacional. [eldinero.com.do]

La economía dominicana enfrenta, por tanto, una doble vulnerabilidad: dependencia de combustibles fósiles importados y exposición a la volatilidad geopolítica. El país ha avanzado en renovables, pero su matriz eléctrica todavía descansa en una proporción considerable de fuentes fósiles. El boletín estadístico del Ministerio de Energía y Minas para el primer trimestre de 2025 registró que la generación neta del SENI alcanzó 5,243.35 GWh y que una parte relevante de esa generación provino de gas natural, carbón mineral y fuel oil, aunque también se observa participación de agua, solar, viento y biomasa. A su vez, la guía comercial de la International Trade Administration sobre energía renovable en República Dominicana señala que el país tiene oportunidades de transformación energética, metas de mayor participación renovable y desafíos estructurales vinculados a pérdidas técnicas y no técnicas, transmisión y confiabilidad del sistema. Esto implica que la respuesta dominicana ante Irán no puede limitarse a observar el precio semanal de los combustibles; debe formar parte de una política de seguridad energética de largo plazo. [mem.gob.do] [trade.gov]

En ese marco, la primera medida estratégica para la República Dominicana debe ser fortalecer sus reservas y mecanismos de almacenamiento. Un país importador neto no puede evitar los shocks internacionales, pero sí puede reducir su vulnerabilidad temporal si dispone de inventarios suficientes, contratos diversificados y protocolos de emergencia. La segunda medida debe ser acelerar la diversificación de proveedores y rutas logísticas, sin desconocer que Estados Unidos seguirá siendo un socio energético central. La concentración en un proveedor puede ser eficiente en tiempos normales, pero vulnerable en períodos de disrupción. La tercera medida debe ser profundizar la transición renovable con almacenamiento, inversión en redes, eficiencia energética y regulación moderna. La energía solar y eólica no eliminan de inmediato la necesidad de combustibles, pero reducen gradualmente la exposición a crisis como la de Ormuz. La cuarta medida debe ser crear un mecanismo fiscal anticíclico para combustibles, que permita proteger a los sectores más vulnerables sin convertir cada crisis externa en un desorden presupuestario. Estas acciones responden tanto al peso financiero de la factura petrolera como a los desafíos estructurales del sistema energético dominicano. [eldinero.com.do], [trade.gov]

Una quinta medida, menos discutida pero igualmente importante, es fortalecer la inteligencia económica del Estado dominicano. La crisis iraní demuestra que los países pequeños no pueden darse el lujo de separar política exterior, energía, finanzas públicas, comercio marítimo y seguridad alimentaria. La República Dominicana necesita una mesa permanente de seguimiento geoeconómico que integre al Ministerio de Energía y Minas, Ministerio de Hacienda, Banco Central, Ministerio de Industria y Comercio, Cancillería, sector eléctrico, autoridades portuarias, turismo, transporte y sector privado. Esa instancia debería producir escenarios de riesgo, estimaciones de impacto sobre combustibles, alertas sobre fletes marítimos, análisis de inflación importada y recomendaciones de respuesta. La Organización Mundial del Comercio y AXSMarine han desarrollado un rastreador del comercio por el Estrecho de Ormuz que muestra cómo los flujos marítimos pueden monitorearse casi en tiempo real, lo que confirma que la gestión moderna del riesgo requiere datos, vigilancia y anticipación. [datalab.wto.org]

La sexta medida corresponde a la diplomacia económica. La República Dominicana debe utilizar sus espacios multilaterales, regionales y hemisféricos para defender la seguridad de las rutas marítimas, la estabilidad del comercio energético y la solución negociada de conflictos. Esto no significa asumir una posición beligerante ni intervenir en disputas ajenas, sino articular una perspectiva de país importador vulnerable. Para economías caribeñas como la dominicana, la libertad de navegación, el respeto al derecho internacional y la previsibilidad de los mercados de energía son condiciones de estabilidad interna. En este sentido, la crisis iraní debería impulsar una diplomacia dominicana más activa en la discusión sobre seguridad energética, resiliencia logística y financiamiento para la transición renovable de países importadores. La experiencia de Ormuz y de otras rutas como Bab el-Mandeb confirma que los choques marítimos pueden elevar costos globales y alterar cadenas de suministro. [eia.gov], [eia.gov]

La Guardia Revolucionaria, por su parte, debe ser comprendida como el actor que condiciona la posibilidad de paz o escalada. Si el nuevo liderazgo iraní está más dominado por esta estructura, cualquier negociación con Teherán tendrá que considerar no solo al gobierno formal, sino al poder real de los mandos militares, los servicios de inteligencia, la economía sancionada y las redes regionales. El CFR señala que la Guardia maneja capacidades militares relevantes, incluida la fuerza Quds y el arsenal de misiles balísticos, además de influir en la política nacional y beneficiarse de redes comerciales alrededor de las sanciones. El Middle East Council on Global Affairs ha descrito, desde antes de esta coyuntura, una tendencia iraní hacia mayor centralización, militarización y desplazamiento de la diplomacia tradicional por estructuras securitizadas, incluidas el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y la Guardia Revolucionaria. Esto implica que el nuevo régimen puede pactar, pero también puede sabotear el pacto si considera que la supervivencia del sistema está en riesgo. [cfr.org] [mecouncil.org], [mecouncil.org]

La gran conclusión académica es que el nuevo Irán no es necesariamente más irracional que el anterior; puede ser incluso más racional en términos de Estado. Pero esa racionalidad es peligrosa porque está organizada alrededor de la supervivencia del régimen, no de la democratización, la transparencia o la integración pacífica. Un Irán dominado por la Guardia Revolucionaria puede negociar alivio de sanciones, abrir espacios económicos y modular ciertos símbolos sociales, pero también puede intensificar la represión interna, fortalecer sus capacidades militares y utilizar el petróleo, el gas y las rutas marítimas como instrumentos de coerción. La diferencia con el viejo régimen consiste precisamente en esa combinación: menos inmovilidad clerical, más flexibilidad táctica, más audacia militar y más pragmatismo autoritario. Para Occidente, representa un adversario menos ceremonial y más operativo; para Medio Oriente, un vecino más calculador; para los mercados energéticos, una fuente de incertidumbre estructural; y para países importadores como la República Dominicana, un riesgo externo que puede convertirse en inflación doméstica.

Por eso, la República Dominicana debe leer esta crisis como parte de una nueva geopolítica de vulnerabilidades interconectadas. Lo que ocurre en Teherán puede reflejarse en el precio del petróleo; lo que ocurre en Ormuz puede alterar los fletes; lo que ocurre en el Golfo puede encarecer alimentos, electricidad y transporte; lo que ocurre en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán puede afectar el presupuesto dominicano. La política nacional, en consecuencia, debe elevar su nivel de sofisticación estratégica. No basta con reaccionar a los precios cada viernes ni con administrar subsidios coyunturales. Es necesario construir una política de seguridad energética, diversificación logística, transición renovable, ahorro fiscal, diplomacia económica y análisis prospectivo. La energía debe ser tratada como asunto de soberanía económica.

En términos de opinión académica, el nuevo régimen iraní se diferencia del anterior porque ha convertido la supervivencia en doctrina, la Guardia Revolucionaria en eje de gobernabilidad, la geografía en arma negociadora y el pragmatismo en instrumento de legitimidad. Esa combinación puede abrir una ventana diplomática, pero también puede producir una escalada si fracasan los incentivos o si las facciones más duras imponen su lógica de confrontación. La República Dominicana no puede decidir el futuro de Irán, pero sí puede decidir cómo se prepara ante sus consecuencias. Y esa preparación exige mirar más allá de la coyuntura: invertir en energía renovable, fortalecer reservas, diversificar proveedores, proteger a consumidores vulnerables, blindar el turismo, modernizar el sistema eléctrico y asumir que la geopolítica ya no es un lujo de analistas, sino una variable concreta del costo de la vida.

En última instancia, la pregunta no es solo cómo cambió Irán, sino qué revela ese cambio sobre el mundo que viene. El orden internacional se fragmenta, las rutas marítimas se militarizan, la energía vuelve a ser arma estratégica y las economías pequeñas quedan expuestas a decisiones tomadas en espacios donde no tienen asiento. Frente a esa realidad, la República Dominicana necesita una mirada de Estado. El nuevo Irán puede ser más pragmático, pero también más peligroso; puede negociar, pero también presionar; puede flexibilizar símbolos internos, pero endurecer la estructura del poder. Para nosotros, la lección es inequívoca: cada barril importado encierra una dependencia, cada ruta marítima una vulnerabilidad y cada crisis geopolítica una advertencia. Prepararse no es alarmismo; es prudencia estratégica.

Referencias

Adams, P. (2026, 6 de julio). Cómo el nuevo régimen de Irán es totalmente diferente del anterior. BBC News Mundo, reproducido por Acento. [infobae.com]

Council on Foreign Relations. (2026, 30 de enero). The Islamic Revolutionary Guard Corps (IRGC). [cfr.org]

Energy Information Administration. (2025, 16 de junio). Amid regional conflict, the Strait of Hormuz remains critical oil chokepoint. U.S. Energy Information Administration. [eia.gov]

Energy Information Administration. (2024, 11 de octubre). Fewer tankers transit the Red Sea in 2024. U.S. Energy Information Administration. [eia.gov]

International Energy Agency. (2026). Strait of Hormuz: Factsheet. [iea.org]

International Trade Administration. (2026, 25 de febrero). Dominican Republic—Renewable Energy. U.S. Department of Commerce. [trade.gov]

Middle East Council on Global Affairs. (2024). Iran’s evolving foreign policy structure: Implications on foreign relations. [mecouncil.org], [mecouncil.org]

Ministerio de Energía y Minas de la República Dominicana. (2025). Boletín estadístico T1-2025. [mem.gob.do]

De Jesús, M. (2025, 4 de julio). Importación de hidrocarburos en RD asciende a US$1,176 millones en primer trimestre. El Dinero. [eldinero.com.do]

World Trade Organization & AXSMarine. (2026). Strait of Hormuz Trade Tracker. [datalab.wto.org]

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Plan de Acción Integral Conjunto: 

El acuerdo que la administración de Barack Obama firmó con Irán es el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), frecuentemente conocido por sus siglas en inglés como JCPOA (por sus siglas en inglés).

El miércoles se hizo público el memorándum de entendimiento (MOU) con Irán, en el que se detallan los términos del acuerdo negociado por la administración de Trump.

El presidente Donald Trump firmó el acuerdo tras la clausura de la cumbre del G7 en el Palacio de Versalles el miércoles, y laceremonia oficial de firma está prevista para el viernes. Con su firma, entraron en vigor el alto el fuego de 60 días y el marco de negociación.

El presidente estadounidense, Donald Trump, y el de Irán, Masoud Pezeshkian, firmaron este miércoles 17 de junio el memorando de entendimiento destinado a poner fin a la guerra, confirmaron el propio mandatario estadounidense y el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei.

Texto completo del Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán

17 de junio de 2026 : https://arabcenterdc.org/resource/memorandum-of-understanding-between-the-united-states-of-america-and-the-islamic-republic-of-iran/


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