
- Paul Adams,
- Corresponsal diplomático | 6 de julio de 2026 | Tiempo de lectura: 11 min
Cuando el presidente estadounidense Donald Trump firmó un acuerdo de alto el fuego con Irán durante una cena en el Palacio de Versalles el mes pasado, muchos vieron una ironía.
Su anfitrión, el presidente francés Emanuel Macron, tal vez quiso asegurarse de que el Memorando de Entendimiento fuera firmado antes de que Trump cambiara de opinión, y posiblemente pensó que el Salón Dorado de los Espejos atraería a su invitado.
Pero la elección del lugar invitaba inevitablemente a realizar comparaciones entre el acuerdo de una página y media y el extremadamente extenso Tratado de Versalles, firmado en 1919 al final de la Primera Guerra Mundial.
El tratado de 1919 reformó Europa, pero sus demandas de enormes reparaciones dejaron a una Alemania enojada y amargada y ayudaron a preparar el escenario para otra conflagración global apenas 20 años después.
¿Podría el acuerdo con Irán, diferente en muchos aspectos, llegar a ser considerado igualmente fatídico?
Casi tres semanas después, un frágil alto el fuego se mantiene más o menos. Pero después de varias escaramuzas en el Estrecho de Ormuz y sus alrededores, y sin que ninguno de los problemas que llevaron a la guerra estén cerca de resolverse, la situación en Medio Oriente parece tan precaria como antes.

Mientras tanto, Irán atraviesa un profundo proceso de cambio.
El país se despide de su antiguo líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, quien murió hace más de cuatro meses en los devastadores ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel que iniciaron la guerra y descabezaron gran parte del régimen de Teherán.
Es un momento crucial: un gran recordatorio de que la vieja guardia ha cedido el paso a la nueva. Y con los nuevos rostros llega un nuevo enfoque, con sus propias implicaciones.
Puede que Estados Unidos e Israel hayan enviado a muchos de los antiguos líderes del país a una tumba prematura, pero ¿han sido reemplazados por adversarios aún más temibles?
Reordenando el tablero de ajedrez
Fin de Podcast
"Esta guerra tiene consecuencias mucho mayores y una envergadura superior a la que le hemos atribuido hasta ahora", me comentó Vali Nasr, profesor de Asuntos Internacionales y Estudios de Oriente Medio en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.
"Todas las grandes guerras de esta magnitud terminan reordenando el tablero de ajedrez", afirma. "Esto es lo que ocurrirá en Oriente Medio".
Ya en enero, Irán se veía sacudido por protestas populares que, según predijeron tanto Trump como el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, podrían presagiar el colapso de la República Islámica.
La economía iraní ya estaba hecha pedazos tras décadas de sanciones internacionales. El país también seguía gravemente maltrecho después de una guerra de 12 días contra Estados Unidos e Israel ocurrida seis meses antes.
El programa nuclear iraní —que durante mucho tiempo había servido como herramienta de presión diplomática— no había sido aniquilado, como presumía Trump, pero sí había sufrido daños considerables.
Se desconocía el paradero exacto de sus reservas de uranio —cantidad que, de enriquecerse más, se estimaba suficiente para fabricar entre 10 y 11 armas atómicas—, aunque se creía que gran parte de ellas yacía bajo los escombros cerca del complejo nuclear de Isfahán.
Más allá de sus fronteras, el "Eje de la Resistencia" de Irán —una alianza flexible de grupos interpuestos y aliados en todo Oriente Medio— había sufrido una serie de importantes reveses.
En Siria, el régimen de Bashar al-Asad, estrecho aliado de Irán, desapareció, barrido en unas pocas semanas frenéticas a finales de 2024.
En Líbano, Israel eliminó a miembros destacados de Hezbolá —grupo respaldado por Irán— y diezmó las filas de sus combatientes mediante el uso de buscapersonas y walkie-talkies explosivos.
En la Franja de Gaza, otro aliado de Irán, Hamás, corrió una suerte similar. Israel respondió a los devastadores ataques del grupo en octubre de 2023 con una ofensiva implacable que arrasó gran parte de Gaza y acabó con la vida de decenas de miles de civiles.
Asimismo, cuando —en respuesta a la guerra de Gaza— los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, lanzaron misiles balísticos contra Israel y comenzaron a atacar buques en el mar Rojo, Israel, Estados Unidos y el Reino Unido llevaron a cabo contraataques, algunos de ellos dirigidos contra la cúpula del grupo.

Tras tantos reveses internos y externos, el consenso era que Irán se encontraba en un estado de gran vulnerabilidad. The New York Times informó que Trump había recibido varios informes de inteligencia que indicaban que Irán estaba más débil que en cualquier otro momento desde la Revolución Islámica de 1979.
La idea de que pudiera enfrentarse a Estados Unidos e Israel hasta llegar a un punto muerto parecía descabellada.
Y, sin embargo, eso fue lo que sucedió. La República Islámica sigue en pie, gracias en parte a su capacidad para cerrar una de las vías marítimas más importantes del mundo —el Estrecho de Ormuz— y estrangular la economía global.
¿Ventaja para Teherán?
A Trump le gusta decir que logró un cambio de régimen en Irán. Vali Nasr no lo contradice, pero afirma que esto, en realidad, ha jugado a favor de Teherán.
"Una generación completamente nueva tomó el relevo", señala. "Tienen una agenda muy clara. Ellos gestionaron la guerra y ahora gestionarán también la paz".
La nueva cúpula dirigente no está compuesta por el tipo de personas a las que Washington suele calificar de "ideólogos apocalípticos de mente confusa" —dice Nasr—, sino por líderes de la era posterior a la revolución, centrados implacablemente en preservar el Estado y dispuestos a actuar con mayor determinación que sus predecesores.
A sus 56 años, el nuevo líder supremo del país, Mojtaba Jamenei, es 30 años más joven que su padre, Ali Jamenei, quien se creía que tenía una salud frágil cuando murió al comienzo de la guerra.
Aunque el presidente, Masoud Pezeshkian, es mayor —tiene 71 años—, la generación que protagonizó la revolución de 1979 ya desapareció por completo.
Dos figuras clave —el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi— rondan los 70 años.
Al igual que el nuevo líder supremo, ambos mantienen estrechos vínculos con el todopoderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
"Son hijos de la revolución", afirma Sanam Vakil, directora del Programa de Oriente Medio y Norte de África del centro de estudios Chatham House, en Londres.
"Una persona de 86 años ya no está al timón de la República Islámica. El gran freno a la evolución del sistema era Ali Jamenei".
Durante décadas, el cauteloso Jamenei siguió una estrategia a veces denominada "ni guerra ni paz".
Sus sucesores han sido más audaces: lanzaron ataques contra bases militares estadounidenses en la región y, apenas unas semanas después, se mostraron dispuestos a sentarse a negociar el fin de las hostilidades en términos que, a primera vista, están lejos de ser humillantes para Teherán.
"Han demostrado estar dispuestos a librar guerras de una manera mucho más agresiva que la generación anterior", afirma Nasr.
Cuando Trump ordenó el ataque aéreo que acabó con la vida del excomandante de la Guardia Revolucionaria Qasem Soleimani en 2020, Irán anunció deliberadamente su intención de tomar represalias antes de lanzar 12 misiles balísticos contra bases estadounidenses en Irak. No hubo bajas entre el personal militar de Estados Unidos.

Este año, ante una ofensiva total por parte de Estados Unidos e Israel, Irán no mostró tal contención y lanzó ataques con drones y misiles contra múltiples bases estadounidenses en la región, incluidas la sede de la Quinta Flota en Baréin y la base aérea de Al Udeid en Qatar.
Seis soldados estadounidenses murieron en Kuwait. Cientos resultaron heridos durante los combates.
La disposición de Irán a atacar a los aliados de Estados Unidos en el Golfo, atacar el tráfico marítimo y cerrar el Estrecho de Ormuz —una vía de navegación vital— también pareció tomar por sorpresa a la Casa Blanca.
Durante décadas, Washington intentó contener a Irán mediante su red de instalaciones militares y sus crecientes relaciones con los países del Golfo.
La contundente respuesta de Irán a los ataques israelíes y estadounidenses sugería que dicha estrategia ya no funcionaba.
"Muchos de estos países esperaban que las bases militares estadounidenses en su territorio les proporcionaran seguridad, no que los convirtieran en un objetivo", afirma Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán en el International Crisis Group.
"Los Estados del Golfo cuestionan ahora la credibilidad del paraguas de seguridad estadounidense y su propia estrategia de disuasión".
Los informes sugieren que la mayoría de los países del Golfo están tanteando el terreno con Irán, buscando reparar las relaciones con su peligroso vecino.
Citando a un diplomático anónimo, la agencia de noticias AFP incluso informó que Arabia Saudita —que restableció relaciones con Teherán en 2023 tras décadas de enemistad— se preparaba para celebrar una "cumbre de reconciliación" que reuniría a Irán y a los vecinos del Reino en el Golfo.
Sin embargo, a pesar de su indignación por verse atrapados en medio de una guerra que no deseaban y que intentaron evitar a toda costa, Vaez duda que alguno esté dispuesto a romper sus vínculos con el ejército estadounidense.
"Dependen demasiado de Estados Unidos como para romper por completo los acuerdos de seguridad", afirma. "Pueden intentar diversificar sus opciones, pero, a fin de cuentas, no tienen adónde más acudir".
Sin recurrir a grandes paralelismos históricos, Vaez califica la situación actual de "momento maleable", cargado de posibilidades mientras antiguos adversarios contemplan un nuevo tipo de relaciones.
"Percibo cierto grado de realismo que no existía en el pasado", señala.
¿Pero qué hay del pueblo iraní?
Los nuevos pragmáticos
En enero, Trump prometió a los ciudadanos iraníes que "la ayuda estaba en camino". Al iniciar la guerra, el 28 de febrero, se mostró aún más explícito.
"Cuando hayamos terminado, tomen el control de su gobierno", les instó. "Será suyo para tomarlo".
Hasta ahora, tales promesas han resultado ilusorias. Puede que en Teherán esté al mando una nueva generación, pero no una que haya ofrecido a su pueblo la perspectiva de un futuro más libre y próspero.
Dado que el régimen está totalmente volcado en su propia supervivencia, Aniseh Bassiri Tabrizi, analista de Chatham House con sede en Abu Dabi, no espera ver un enfoque distinto hacia la disidencia.

"Mantendrán un enfoque muy, muy fuerte en la calle", dice.
Pero como el hiyab ya no es obligatorio fuera de las instituciones estatales, incluso antes de la guerra, y con el alcohol disponible discretamente en los restaurantes de Teherán, también hay señales de que el régimen puede estar dejando de lado gradualmente algunos de los viejos tabúes.
Vali Nasr dice que todo está impulsado por la necesidad: la de restaurar la fe en el Estado.
"Tomaron la decisión pragmática de que su raison d'état (razón de Estado) les exige suavizarse en estas cosas", dice.
Después de la conmoción generada por su derramamiento de sangre masivo en enero, el régimen ha demostrado que al menos puede proteger la soberanía del país.
Para los iraníes, la guerra ha sido profundamente confusa. El horror ante la brutalidad del régimen dio paso gradualmente a otro tipo diferente de horror a medida que las bombas estadounidenses e israelíes caían sobre su país, matando a civiles y dañando infraestructuras vitales.
La muerte de decenas de niños en una escuela primaria de Minab el primer día de la guerra, hizo que algunos se preguntaran quién era el verdadero enemigo. Después de prometer liberarlos, Israel y Estados Unidos parecían decididos a destruir el país.
Pero después de haber hecho frente al poder combinado de Estados Unidos e Israel, ¿puede el nuevo liderazgo de Irán capitalizar esta oportunidad potencialmente fugaz de reconstruir la destrozada legitimidad del régimen?
"Éste es una especie de momento 'China después de Mao'", dice Vaez, "en el sentido de que el sistema en su conjunto reconoce que algo tiene que ceder. Este nuevo liderazgo entiende que necesita un nuevo contrato social".
Si podrán cumplirlo es una cuestión abierta. Más que nunca, Irán está ahora gobernado por la élite del CGRI, mientras que un gran número de jóvenes bien educados, todavía afligidos por la pérdida de miles de sus amigos en la sangrienta represión de enero, sienten que no tienen voz real en la determinación del futuro del país.
Este es un punto de inflexión, con Irán en equilibrio precario entre viejas certezas y posibilidades futuras, tanto en casa como en el extranjero.
A pesar de una serie de recientes enfrentamientos en el Golfo, Teherán se ha embarcado en un proceso diplomático con Estados Unidos que podría resultar en lo que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, ya llamó "una relación fundamentalmente transformada".

Ante la tentadora perspectiva de un alivio de las sanciones a cambio de concesiones nucleares, la capacidad del régimen para gestionar la economía podría ayudar a restaurar su maltrecha reputación interna.
Desde la firma del Memorando de Entendimiento, Irán ya se ha beneficiado de exenciones a las sanciones estadounidenses, lo que le permite exportar crudo y productos petrolíferos durante 60 días.
Podrían producirse otras formas de alivio durante el periodo de negociación de 60 días, incluido el descongelamiento de miles de millones de dólares en activos iraníes y, cuando se alcance un acuerdo definitivo, el premio mayor: el levantamiento de todas las sanciones internacionales.
El memorando también hace referencia a la creación de un plan de "reconstrucción y desarrollo" valorado en US$300.000 millones, aunque no está claro quién lo financiará.
En conjunto, estos incentivos económicos ofrecen un poderoso aliciente para que los nuevos líderes de Irán lleguen a un acuerdo.
Sanam Vakil coincide en que la región se enfrenta a "una ventana de oportunidad", pero se muestra cautelosa.
"Existe un escenario en el que no logran un acuerdo, en el que esto se prolonga indefinidamente y el presidente Trump pierde la paciencia... y dice: 'bueno, es hora de la tercera ronda'".
Ninguno de los expertos con los que hablé cree que el futuro esté asegurado.
Décadas de relaciones tortuosas entre Irán, sus vecinos de Medio Oriente y Estados Unidos han dejado un legado tóxico, caracterizado por una profunda suspicacia y una falta de confianza casi total.
No faltan motivos para el fracaso: desacuerdos sobre el programa nuclear de Irán, el futuro del Estrecho de Ormuz, la guerra en Líbano, así como las posturas arraigadas de los sectores más intransigentes en todas las partes.
Tras seis meses convulsos, la región ha empezado a cambiar de aspecto. Pero muchas cosas deben salir bien para que este momento aún maleable se consolide en algo mejor.
https://www.bbc.com/mundo/articles/c4gyy2gezzeo
Final de Más leídas
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Irán después de Jamenei: el nuevo poder que puede encarecer la energía y tensar la economía dominicana
La transición iraní no representa simplemente un cambio de nombres en la cúspide del poder, sino una mutación estratégica del Estado: menos clerical, más militarizada, más pragmática y potencialmente más peligrosa. Para la República Dominicana, país importador de combustibles y dependiente de la estabilidad del comercio marítimo global, este giro en Teherán no es una noticia lejana, sino una advertencia económica, diplomática y energética.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
El nuevo régimen iraní no debe ser observado como una continuación automática del viejo orden nacido en 1979, sino como una reconfiguración profunda de la República Islámica bajo condiciones de guerra, sanciones, agotamiento interno y presión internacional. La muerte del ayatolá Ali Jamenei, según el relato publicado por BBC Mundo y reproducido por Acento, marca el cierre simbólico de una etapa dominada por la generación fundadora de la Revolución Islámica y abre paso a una dirigencia más joven, más vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y menos inclinada a los equilibrios tradicionales del poder clerical. El dilema es que ese relevo no necesariamente acerca a Irán a una democratización interna ni a una pacificación regional; podría, por el contrario, convertirlo en un actor más calculador, más audaz y más dispuesto a utilizar sus capacidades militares, energéticas y geográficas como instrumentos de negociación. [acento.com.do]
Durante décadas, el viejo Irán de Jamenei operó bajo una lógica de “ni guerra ni paz”: resistir sin desbordar por completo el conflicto, presionar sin provocar una guerra total, sostener aliados regionales sin comprometer directamente la supervivencia del régimen. Ese modelo permitía a Teherán jugar al desgaste, administrar tensiones y utilizar su programa nuclear como ficha diplomática. Pero el nuevo liderazgo, encabezado por figuras de la era posterior a la revolución y con fuerte influencia de la Guardia Revolucionaria, parece haber asumido otra premisa: si el Estado está amenazado, la disuasión debe ser visible, costosa y regionalmente expansiva. De ahí que los ataques contra bases estadounidenses, las escaramuzas en torno al Estrecho de Ormuz y la presión sobre las monarquías del Golfo no sean simples episodios militares, sino mensajes políticos: Irán ya no quiere ser contenido; quiere obligar a sus adversarios a negociar desde el reconocimiento de su capacidad de daño.
La gran paradoja es que Estados Unidos e Israel, en su intento de debilitar el aparato iraní, pudieron haber precipitado una transformación más compleja. El descabezamiento de parte de la vieja élite no produjo el colapso esperado, sino el ascenso de una generación de poder más cohesionada por la lógica de supervivencia nacional que por los viejos códigos teológicos de la revolución. Ese nuevo régimen no abandona la ideología, pero la subordina al cálculo estratégico. Puede flexibilizar normas sociales, tolerar ciertos cambios cotidianos y presentarse como defensor de la soberanía frente al bombardeo extranjero, al mismo tiempo que mantiene una vigilancia férrea sobre la oposición doméstica. Es una combinación inquietante: menos dogmatismo aparente en la vida social, pero más concentración militar en el Estado.
Para Medio Oriente, este giro abre un “momento maleable”, cargado de posibilidades y riesgos. Si prosperan las negociaciones con Washington, Irán podría obtener alivio de sanciones, recuperar márgenes de exportación petrolera y reconstruir parcialmente su economía. Pero si fracasan, la región podría entrar en otro ciclo de confrontación, con el Estrecho de Ormuz como epicentro del chantaje energético global. La importancia de esa ruta no puede subestimarse: por allí transita una porción crítica del petróleo marítimo mundial, y estimaciones citadas por Bloomberg Línea, con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, señalan que los flujos por Ormuz cayeron de 20.4 millones de barriles diarios a 14.6 millones en el primer trimestre de 2026, reflejando la magnitud del impacto de la crisis. Además, la propia EIA ha documentado que alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado pasó por el Estrecho de Ormuz en 2024, principalmente desde Catar, lo que confirma que no se trata solo de petróleo, sino de seguridad energética global. [bloomberglinea.com] [eia.gov]
Ahí comienza la repercusión directa para la República Dominicana. Nuestro país no participa en las decisiones militares del Golfo Pérsico, no tiene capacidad para alterar los equilibrios entre Teherán, Washington, Tel Aviv o Riad, pero sí recibe las consecuencias de sus sacudidas. La economía dominicana importa prácticamente todos los combustibles que consume, y aunque su abastecimiento proviene mayoritariamente de Estados Unidos, los precios locales no se fijan en una burbuja nacional, sino en mercados internacionales sensibles a cada interrupción logística, cada prima de riesgo y cada amenaza sobre rutas marítimas. De acuerdo con datos citados por Acento, durante enero-septiembre de 2025 la República Dominicana importó combustibles por unos US$3,498 millones, con Estados Unidos concentrando el 81.8 % del total, lo que muestra tanto la dependencia energética como la concentración de proveedores. En el primer trimestre de 2025, según El Dinero, las importaciones dominicanas de hidrocarburos ascendieron a US$1,176 millones, con gasolinas, gasoil, gas natural, GLP, petróleo crudo y avtur entre los componentes principales de la factura energética. [acento.com.do] [eldinero.com.do]
En términos prácticos, una tensión prolongada con Irán encarece el transporte marítimo, presiona las primas de seguros, aumenta la volatilidad del Brent y puede obligar al Gobierno dominicano a decidir entre trasladar al consumidor el costo real de los combustibles o asumir mayores subsidios para evitar un golpe inflacionario. Esa decisión nunca es meramente técnica: tiene consecuencias fiscales, sociales y políticas. Si suben las gasolinas, el gasoil y el GLP, se encarecen el transporte público, la distribución de alimentos, la generación eléctrica, la producción industrial y el costo operativo del turismo. Si el Estado amortigua el impacto con subsidios, se presiona el presupuesto, se reducen márgenes para inversión pública y se tensiona la sostenibilidad fiscal. En ambos casos, una crisis nacida a miles de kilómetros termina entrando en el bolsillo dominicano.
El turismo, columna vertebral de la economía nacional, también queda expuesto. La aviación depende del combustible, y el encarecimiento del avtur puede elevar costos operativos de aerolíneas, afectar tarifas, modificar rutas y reducir competitividad frente a otros destinos. Lo mismo ocurre con las zonas francas, que necesitan estabilidad logística, energía confiable y costos previsibles. Una República Dominicana que aspira a consolidarse como hub logístico, industrial y turístico del Caribe no puede mirar la crisis iraní como una noticia de cancillerías lejanas; debe entenderla como parte de la ecuación de competitividad nacional.
La lectura dominicana debe ir más allá del precio semanal de los combustibles. El nuevo Irán confirma que el mundo está entrando en una etapa donde las rutas marítimas, los minerales críticos, el petróleo, el gas, los semiconductores y la inteligencia artificial serán instrumentos de poder. La fragmentación del orden global obliga a los países medianos y pequeños a desarrollar diplomacias económicas más sofisticadas. República Dominicana necesita fortalecer su inteligencia estratégica, diversificar proveedores energéticos, acelerar la transición renovable, ampliar almacenamiento de combustibles, robustecer su infraestructura portuaria y construir escenarios de riesgo ante choques externos. No basta con reaccionar cada vez que sube el petróleo; hay que anticipar las turbulencias.
También hay una lección diplomática. El Caribe no puede ser una zona muda ante la reconfiguración de Medio Oriente. La República Dominicana, con su vocación atlántica, caribeña y hemisférica, debe defender la estabilidad de las rutas comerciales, el respeto al derecho internacional, la solución negociada de conflictos y la seguridad energética de los países importadores. No se trata de tomar partido en conflictos ajenos, sino de proteger intereses nacionales concretos: precios razonables, comercio estable, turismo competitivo, inflación controlada y seguridad alimentaria.
El nuevo régimen iraní es diferente porque parece haber aprendido que la supervivencia ya no depende solo de la mística revolucionaria, sino de la capacidad de convertir vulnerabilidad en poder de negociación. Esa es su fuerza y también su peligro. Un Irán más pragmático puede pactar; un Irán más militarizado puede escalar. Un Irán menos clerical puede flexibilizar costumbres; un Irán dominado por la Guardia Revolucionaria puede endurecer el Estado. Un Irán golpeado puede buscar reconstrucción; un Irán acorralado puede cerrar Ormuz y estremecer la economía mundial.
Para la República Dominicana, la conclusión es clara: la geopolítica ya no es un lujo intelectual ni una sección distante de los periódicos internacionales. Es inflación, combustibles, alimentos, transporte, turismo, presupuesto público y estabilidad social. Cada misil en el Golfo, cada negociación en Versalles, cada sanción levantada o reimpuesta, cada buque detenido en Ormuz puede terminar reflejado en el costo de vida dominicano. Por eso, leer a Irán es también leernos a nosotros mismos: medir nuestra dependencia, revisar nuestras vulnerabilidades y decidir si queremos seguir siendo una economía reactiva ante los shocks globales o convertirnos en un país con visión estratégica, reservas inteligentes y diplomacia económica de largo alcance.
Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
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Medidas que puede tomar la República Dominicana frente a esta situación
La República Dominicana debe tratar la crisis iraní como un riesgo económico nacional, no como un conflicto lejano. Al ser un país importador neto de combustibles, cualquier tensión en el Estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico o en las rutas marítimas del petróleo termina afectando el costo de la energía, el transporte, los alimentos, la electricidad, el turismo y la estabilidad fiscal dominicana. En 2025, RD importó miles de millones de dólares en combustibles, con una fuerte dependencia de Estados Unidos como proveedor, pero su precio sigue atado al mercado internacional. [eldinero.com.do], [acento.com.do]
Las medidas más urgentes serían:
Aumentar las reservas estratégicas de combustibles, para que el país pueda amortiguar choques temporales de precios o interrupciones logísticas.
Diversificar proveedores energéticos, no depender excesivamente de un solo mercado, aunque Estados Unidos siga siendo el abastecedor principal.
Acelerar la transición hacia energías renovables, especialmente solar, eólica, biomasa y sistemas de almacenamiento, para reducir la exposición al petróleo importado.
Fortalecer el uso del gas natural, pero con visión prudente, porque también el gas natural licuado está expuesto a tensiones en Ormuz; la EIA ha señalado que cerca de una quinta parte del comercio mundial de GNL pasó por ese estrecho en 2024. [eia.gov]
Crear un mecanismo fiscal anticrisis, que permita manejar subsidios focalizados a combustibles sin desbordar el presupuesto público.
Impulsar eficiencia energética en transporte, industria y turismo, porque cada barril ahorrado reduce vulnerabilidad externa.
Reforzar la diplomacia económica dominicana, defendiendo en foros regionales y multilaterales la seguridad de las rutas marítimas, la estabilidad de precios y el derecho internacional.
Monitorear semanalmente los riesgos geopolíticos, mediante una mesa técnica entre Energía y Minas, Hacienda, Banco Central, Industria y Comercio, Cancillería, sector eléctrico, transporte y turismo.
¿Cómo afecta esto al precio del petróleo en RD?
El impacto llega por tres vías principales: precio internacional del crudo, costo de transporte marítimo y prima de riesgo geopolítico. Cuando Irán amenaza o altera el tránsito por el Estrecho de Ormuz, el mercado anticipa menor oferta, mayores costos de seguros y posibles retrasos en cargamentos. Bloomberg Línea, citando datos de la EIA, reportó que el flujo de crudo y líquidos por Ormuz cayó de 20.4 millones de barriles diarios a 14.6 millones en el primer trimestre de 2026, una señal de fuerte tensión sobre una de las rutas energéticas más importantes del mundo. [bloomberglinea.com]
Para RD, eso puede traducirse en aumentos en gasolina, gasoil, GLP, avtur y generación eléctrica. Aunque gran parte de los combustibles dominicanos provienen de Estados Unidos, el precio que paga el país está influido por el mercado global. Si sube el Brent o aumentan los costos logísticos, las importaciones dominicanas se encarecen. En el primer trimestre de 2025, RD importó hidrocarburos por US$1,176 millones, lo que muestra la sensibilidad de la economía nacional ante cualquier variación internacional. [eldinero.com.do]
El Gobierno puede optar por dos caminos: trasladar el alza al consumidor o absorber parte del aumento mediante subsidios. Si traslada el incremento, suben transporte, alimentos, producción y servicios. Si subsidia, protege temporalmente a la población, pero presiona las finanzas públicas. En ambos casos, el conflicto en Irán termina afectando la economía cotidiana dominicana. [acento.com.do]
¿Qué papel juega la Guardia Revolucionaria en el nuevo régimen iraní?
La Guardia Revolucionaria Islámica es el núcleo duro del poder iraní. No es simplemente una fuerza militar: es una estructura política, económica, ideológica, de inteligencia y seguridad interna. Fue creada tras la Revolución Islámica de 1979 para proteger el sistema revolucionario, y se diferencia del ejército regular porque su misión principal no es solo defender fronteras, sino preservar el régimen. [es.wikipedia.org], [infobae.com]
En el nuevo escenario descrito por el artículo, la Guardia Revolucionaria adquiere aún más poder porque la vieja generación clerical pierde centralidad. El resultado es un Irán menos controlado por figuras religiosas tradicionales y más dirigido por mandos militares, estrategas de seguridad y redes económicas asociadas al aparato revolucionario. Diversos análisis señalan que la Guardia concentra poder político, militar y económico, y que su influencia ha desplazado parcialmente al liderazgo clerical clásico. [infobae.com], [rtve.es]
Su papel tiene tres dimensiones clave:
Primero, controla la defensa y la disuasión. Maneja capacidades de misiles, drones, fuerzas navales en el Golfo y estructuras paramilitares. Eso convierte a Irán en un actor con capacidad para presionar rutas críticas como Ormuz.
Segundo, sostiene la represión interna. A través de estructuras como la milicia Basij, la Guardia ayuda a contener protestas y preservar la estabilidad del régimen frente al descontento social. [infobae.com]
Tercero, maneja una parte considerable de la economía iraní. Su presencia en construcción, energía, telecomunicaciones, banca e infraestructura la convierte en un poder económico paralelo, no solo militar. [enlaredmx.com]
En síntesis: el nuevo Irán parece menos teocrático en la forma, pero más militarizado en el fondo. Eso lo hace más pragmático para negociar, pero también más peligroso si se siente acorralado. Para la República Dominicana, el riesgo no está en la ideología iraní como tal, sino en su capacidad de alterar petróleo, gas, rutas marítimas, inflación importada y estabilidad económica global.





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