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lunes, 28 de septiembre de 2020

Adelanto exclusivo: el esperado nuevo libro del bestseller israelí Yuval Noah Harari

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Adelanto exclusivo: el esperado nuevo libro del bestseller israelí Yuval Noah Harari
25 de Agosto de 2018
Yuval Noah Harari, retratado por Infobae durante su última visita al país en 2016(Foto: Nicolás Stulberg)
Yuval Noah Harari, retratado por Infobae durante su última visita al país en 2016(Foto: Nicolás Stulberg)

Los humanos pensamos en relatos más que en hechos, números o ecuaciones, y cuanto más sencillo es el relato, mejor. Cada persona, grupo y nación tiene sus propias fábulas y mitos. Pero durante el siglo xx las élites globales en Nueva York, Londres, Berlín y Moscú formularon tres grandes relatos que pretendían explicar todo el pasado y predecir el futuro del mundo: el relato fascista, el relato comunista y el relato liberal. La Segunda Guerra Mundial dejó fuera de combate el relato fascista, y desde finales de la década de 1940 hasta finales de la de 1980 el mundo se convirtió en un campo de batalla entre solo dos relatos: el comunista y el liberal. Después, el relato comunista se vino abajo, y el liberal siguió siendo la guía dominante para el pasado humano y el manual indispensable para el futuro del planeta o esto es lo que le parecía a la élite global.

El relato liberal celebra el valor y el poder de la libertad. Afirma que durante miles de años la humanidad vivió bajo regímenes opresores que otorgaban al pueblo pocos derechos políticos, pocas oportunidades económicas o pocas libertades personales, y que restringían en gran manera los movimientos de individuos, ideas y bienes. Pero el pueblo luchó por su libertad, y paso a paso esta fue ganando terreno. Regímenes democráticos reemplazaron a dictaduras brutales. La libre empresa superó las restricciones económicas. Las personas aprendieron a pensar por sí mismas y a seguir a su corazón, en lugar de obedecer ciegamente a sacerdotes intolerantes y a tradiciones rígidas. Carreteras abiertas, puentes resistentes y aeropuertos atestados sustituyeron muros, fosos y vallas de alambre de espino.

El relato liberal reconoce que no todo va bien en el mundo, y que todavía quedan muchos obstáculos por superar. Gran parte de nuestro planeta está dominado por tiranos, e incluso en los países más liberales muchos ciudadanos padecen pobreza, violencia y opresión. Pero al menos sabemos qué tenemos que hacer a fin de superar estos problemas: conceder más libertad a la gente. Necesitamos proteger los derechos humanos, conceder el voto a todo el mundo, establecer mercados libres y permitir que individuos, ideas y bienes se muevan por todo el planeta con tanta facilidad como sea posible. Según esta panacea liberal (que, con variaciones mínimas, aceptaron tanto George W. Bush como Barack Obama), si continuamos liberalizando y globalizando nuestros sistemas políticos y económicos, generaremos paz y prosperidad para todos.

Los países que se apunten a esta marcha imparable del progreso se verán recompensados muy pronto con la paz y la prosperidad. Los países que intenten resistirse a lo inevitable sufrirán las consecuencias, hasta que también ellos vean la luz, abran sus fronteras y liberalicen sus sociedades, su política y sus mercados. Puede que tome tiempo, pero al final incluso Corea del Norte, Irak y El Salvador se parecerán a Dinamarca o a Iowa.

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En las décadas de 1990 y 2000 este relato se convirtió en un mantra global. Muchos gobiernos, desde Brasil a la India, adoptaron fórmulas liberales en un intento de incorporarse a la marcha inexorable de la historia. Los que no lo consiguieron parecían fósiles de una época obsoleta. En 1997, el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, reprendió confidencialmente al gobierno chino diciéndole que su negativa a liberalizar la política china lo situaba «en el lado equivocado de la historia»

Sin embargo, desde la crisis financiera global de 2008, personas de todo el mundo se sienten cada vez más decepcionadas del relato liberal. Muros y barras de control de acceso vuelven a estar de moda. La resistencia a la inmigración y a los acuerdos comerciales aumenta. Gobiernos en apariencia democráticos socavan la independencia del sistema judicial, restringen la libertad de prensa y califican de traición cualquier tipo de oposición. Los caudillos de países como Turquía y Rusia experimentan con nuevos tipos de democracias intolerantes y dictaduras absolutas. Hoy en día, son pocos los que declararían de forma confidencial que el Partido Comunista chino se halla en el lado equivocado de la historia.

El año 2016, marcado por la votación sobre el Brexit en Gran Bretaña y el acceso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, fue el momento en el que esta marea de desencanto alcanzó a los estados liberales básicos de Europa occidental y de Norteamérica. Mientras que hace unos pocos años norteamericanos y europeos intentaban todavía liberalizar Irak y Libia a punta de pistola, muchas personas en Kentucky y Yorkshire han terminado por considerar que la visión liberal es o bien indeseable o bien inalcanzable. Algunas han descubierto que les gusta el antiguo mundo jerárquico y, simplemente, no quieren renunciar a sus privilegios raciales, nacionales o de género. Otras han llegado a la conclusión (correcta o no) de que la liberalización y la globalización son un enorme chanchullo que empodera a una minúscula élite a costa de las masas.

En 1938, a los humanos se les ofrecían tres relatos globales entre los que elegir, en 1968 solo dos y en 1998 parecía que se imponía un único relato; en 2018 hemos bajado a cero. No es extraño que las élites liberales, que dominaron gran parte del mundo en décadas recientes, se hayan sumido en un estado de conmoción y desorientación. Tener un relato es la situación más tranquilizadora. Todo está perfectamente claro. Que de repente nos quedemos sin ninguno resulta terrorífico. Nada tiene sentido. Un poco a la manera de la élite soviética en la década de 1980, los liberales no comprenden cómo la historia se desvió de su ruta predestinada, y carecen de un prisma alternativo para interpretar la realidad. La desorientación los lleva a pensar en términos apocalípticos, como si el fracaso de la historia para llegar a su previsto final feliz solo pudiera significar que se precipita hacia el Armagedón. Incapaz de realizar una verificación de la realidad, la mente se aferra a situaciones hipotéticas catastróficas. Al igual que una persona que imagine que un fuerte dolor de cabeza implica un tumor cerebral terminal, muchos liberales temen que el Brexit y el ascenso de Donald Trump presagien el fin de la civilización humana.

El crecimiento de la automatización laboral, uno de los ejes del nuevo libro de Harari
El crecimiento de la automatización laboral, uno de los ejes del nuevo libro de Harari

La sensación de desorientación y de fatalidad inminente se agrava por el ritmo acelerado de la disrupción tecnológica. Durante la era industrial, el sistema político liberal se moldeó para gestionar un mundo de motores de vapor, refinerías de petróleo y televisores. Le cuesta tratar con las revoluciones en curso en la tecnología de la información y la biotecnología.

Tanto los políticos como los votantes apenas pueden comprender las nuevas tecnologías, y no digamos ya regular su potencial explosivo. Desde la década de 1990, internet ha cambiado el mundo probablemente más que ningún otro factor, pero la revolución internáutica la han dirigido ingenieros más que partidos políticos. ¿Acaso el lector votó sobre internet? El sistema democrático todavía está esforzándose para comprender qué le ha golpeado, y apenas está capacitado para habérselas con los trastornos que se avecinan, como el auge de la Inteligencia Artificial (IA) y la revolución del blockchain.

Ya en la actualidad, los ordenadores han hecho que el sistema financiero sea tan complicado que pocos humanos pueden entenderlo. A medida que la IA mejore, puede que pronto alcancemos un punto en el que ningún humano logre comprender ya las finanzas. ¿Qué consecuencias tendrá para el proceso político? ¿Puede el lector imaginar un gobierno que espere sumiso a que un algoritmo apruebe sus presupuestos o su nueva reforma tributaria?

Mientras tanto, redes de cadenas de bloques entre iguales y criptomonedas como el bitcóin pueden renovar por completo el sistema monetario, de modo que las reformas tributarias radicales sean inevitables. Por ejemplo, podría acabar siendo imposible o irrelevante gravar los dólares, porque la mayoría de las transacciones no implicarán un intercambio claro de moneda nacional, o de ninguna moneda en absoluto. Por tanto, quizá los gobiernos necesiten inventar impuestos totalmente nuevos; tal vez un impuesto sobre la información (que será, al mismo tiempo, el activo más importante en la economía y la única cosa que se intercambie en numerosas transacciones). ¿Conseguirá el sistema político lidiar con la crisis antes de quedarse sin dinero?

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“Sapiens”, el perturbador ensayo sobre la evolución del hombre que recomiendan Obama y Bill Gates

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“Sapiens”, el perturbador ensayo sobre la evolución del hombre que recomiendan Obama y Bill Gates

Por Patricio Zunini

20 de Febrero de 2018

Yuval Harari, autor de “Sapiens” y “Homo Deus” (Nicolás Stulberg)

Yuval Harari, autor de “Sapiens” y “Homo Deus” (Nicolás Stulberg)

Cuando, un tiempo atrás, Horacio Rodríguez Larreta dijo que el homo sapiens se había unido para vencer a los dinosaurios y el mundo se llenó de memes, estaba citando —o, en todo caso, tratando de citar— a Sapiens, el estupendo ensayo sobre la historia de la humanidad del israelí Yuval Noah Harari. Claro que Harari no cometió el gaffe del jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sino que, en su caso, hacía referencia a la lucha contra el mamut —o, en una versión más cruel, contra los neandertales.

Sapiens. De animales a dioses (Ed. Debate) se publicó en 2014, pero recién hace pocos meses se convirtió en un bestseller mundial, empujado, sobre todo, por los elogios de Barack Obama —"Interesante y provocador"— y Bill Gates —"Recomendaría este libro a cualquier persona. Es entretenido y desafiante, no se puede dejar de leer"—. Los medios gráficos europeos lo destacan entre lo más fascinante de los últimos tiempos. Harari hace poco ha publicado un nuevo libro, Homo Deus, en el que indaga ya no el pasado sino el futuro del hombre.

Profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Harari da conferencias en todo el mundo y hasta ha participado a comienzo de año en el Foro de Davos. Se dice que Angela Merkel hablaba con Emmanuel Macron cuando entró Harari: la canciller alemana interrumpió el diálogo con su par francés y se acercó a darle la mano. "Leí su libro", le dijo con admiración.

¿Qué tiene Sapiens que lo hace tan atractivo? Una teoría. No es poco. Con un puñado de teorías, Darwin, Freud, Marx, Einstein, cambiaron el mundo.

Sapiens. De animales a dioses

Sapiens. De animales a dioses

En el principio era el verbo

¿Cómo hizo el homo sapiens para convertirse en la especie dominante del mundo conocido? ¿Cómo consiguió establecerse tan rápidamente en hábitats tan distantes y con condiciones climáticas tan diferentes? ¿Qué hizo para dejar en las sombras a las demás especies "humanas"? ¿Por qué ni siquiera los neandertales, con un cerebro grande, fuertes y capaces de soportar el frío, lograron sobrevivirlo?

No solo fue gracias a su capacidad de adaptación o a la violencia innata, sino por, un factor clave, que es el lenguaje. "La característica realmente única de nuestro lenguaje", dice Harari, "no es la capacidad de transmitir información sobre los hombres y los leones. Más bien es la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto." Y sigue: "La ficción nos ha permitido no solo imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente. Podemos urdir mitos comunes tales como la historia bíblica de la creación, los mitos del tiempo del sueño de los aborígenes australianos, y los mitos nacionalistas de los estados modernos."

La ficción nos ha permitido no solo imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente

Gracias a los mitos, los hombres se pudieron asociar en enormes grupos de individuos, impensables para otras especies: "El secreto fue seguramente la aparición de la ficción. Un gran número de extraños pueden cooperar con éxito si creen en mitos comunes".

A través de grandes relatos se organizaron sociedades, se naturalizaron clases, posiciones sociales y autoridades, y se produjeron revoluciones que, al imponer nuevos mitos, reorganizaron los Estados. Cambia el contenido, pero la estructura sigue estando en la fortaleza de las ideas.

Bill Gates sobre Sapiens, de Yuval Harari: “Recomendaría este libro a cualquier persona. Es entretenido y desafiante, no se puede dejar de leer” (Getty Images)

Bill Gates sobre Sapiens, de Yuval Harari: “Recomendaría este libro a cualquier persona. Es entretenido y desafiante, no se puede dejar de leer” (Getty Images)

El mito de la libertad, la igualdad, la fraternidad

Si tomamos dos momentos históricos distantes, el reino de Babilonia y los independentistas de Estados Unidos tenían una cosmovisión completamente diferente, pero, sin embargo, ambos imaginaban una realidad regida por ciertos principios de justicia inmutables. Principios que, aunque opuestos entre ellos, no están en ninguna realidad objetiva fuera de la imaginación humana. "La idea de que todos los humanos son iguales también es un mito", dice Harari, perturbador.

Otro mito igual o más potente es el dinero: "Personas que no creen en el mismo dios ni obedecen al mismo rey están más que dispuestas a utilizar la misma moneda. A Osama bin Laden, a pesar de todo su odio a la cultura estadounidense, la religión estadounidense y la política estadounidense, le encantaban los dólares estadounidenses".

El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado

El dinero triunfó donde dioses y reyes fracasaron gracias a, nuevamente, el poder de la ficción. La confianza en el dinero se creó a través de una red muy compleja y a muy largo plazo de relaciones políticas, sociales y económicas. "El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado". Creemos en el billete de un dólar porque nuestros vecinos creen en él. Y, a su vez, ellos creen en el billete de un dólar porque nosotros también creemos en él.

La propuesta de Harari actualiza el existencialismo con una idea bastante pesimista, pero a la vez liberadora. Si la ficción nos ha hecho quienes somos y nuestro sistema de valores está basado en un mito inventado por nosotros mismos, nadie es responsable de nuestra vida y nuestro destino, si no nosotros mismos.

¿Somos más felices que los neandertales?

¿Somos más felices que los neandertales?

Progreso y felicidad

Hemos hecho un largo camino desde aquellos primeros monos que lograron ponerse en pie, pero ¿cuánto cambió nuestra relación con el mundo? ¿Hemos progresado en algo? Vivimos en un tiempo donde los conflictos bélicos parecen ir quedando en el pasado, pero ¿cuánto hemos avanzado desde aquella especie que acabó con la mitad de los grandes animales del mundo a esta actualidad en la que mantenemos en condiciones insalubres a vacas y gallinas?

Las preguntas se hacen más urgentes en la medida en que estamos en los albores de alcanzar la inmortalidad gracias a los avances en el campo de la biología. ¿Vale la pena vencer a la muerte si lo que estructura nuestra existencia es el consumismo? ¿Vale la pena, si seguiremos devastando la tierra? ¿Seremos dioses irresponsables que no saben lo que quieren?

La pregunta que cabría hacerse, en todo caso, es si el progreso nos ha hecho más felices: "¿Fue más feliz el recientemente fallecido Neil Armstrong, cuyas huellas permanecen intactas sobre la luna carente de viento, que el cazador-recolector anónimo que hace 30.000 años dejó la huella de su mano en una pared de la cueva de Chauvet?"

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miércoles, 11 de julio de 2018

Carl Schmitt, ese pensador tan actual | ALAIN DE BENOIST



Carl Schmitt, ese pensador tan actual


Los estudios schmittianos son como la marea alta: ahora se extienden por todas partes. Apenas sesenta libros habían sido consagrados a Carl Schmitt en el momento de su muerte, en 1985. Ahora se cuentan por cientos. Paralelamente, las traducciones se multiplican por todo el mundo.
ALAIN DE BENOIST
Alain de Benoist

3 de mayo de 2017

Los estudios schmittianos son como la marea alta: ahora se extienden por todas partes. Apenas sesenta libros habían sido consagrados a Carl Schmitt en el momento de su muerte, en 1985. Ahora se cuentan por cientos. Paralelamente, las traducciones se multiplican por todo el mundo. Las obras completas de Schmitt se publican incluso en algunos países asiáticos. Y en el curso de los últimos años, varios coloquios internacionales han tenido por objeto su vida y su obra, sucesivamente en Los Ángeles, en Belo Horizonte (Brasil), en Beira Interior (Portugal), en Varsovia, en Buenos Aires, en Florencia y en Cracovia. No es exagerado hablar, por tanto, de una recuperación de la actualidad de Carl Schmitt. Pero, ¿a quién le interesa?
En primer lugar, al hecho de que, precisamente, el pensamiento schmittiano ofrece un campo de análisis e interpretación en el que no dejamos de redescubrir su validez en relación con ciertos acontecimientos o con ciertas tendencias del mundo actual. En este sentido, tres temas llaman la atención particularmente de los observadores: el desarrollo del terrorismo, la introducción de legislaciones de excepción para hacer frente a este fenómeno, y en fin, la evolución de la guerra, que viene acompañada por una transformación radical del derecho internacional.
En su Teoría del Partisano (1963), Schmitt se había centrado sobre la figura del combatiente irregular, que opone a la legalidad de los poderes públicos formas nuevas de lucha consideradas como legítimas en determinadas circunstancias. La guerra de partisanos –que llamamos a veces la “pequeña guerra”– no ha cesado de desarrollarse desde que la resistencia popular, en Alemania y en España principalmente, se dirigió en el siglo XIX contra las tropas napoleónicas. La época de la descolonización verá multiplicarse las guerrillas. Pero hoy, las guerras asimétricas se han generalizado. Los principales actores de los conflictos que se desarrollan en la actualidad en el mundo no son solamente los Estados, sin entidades infra o paraestatales cuyos miembros no llevan uniforme. Si los partisanos  eran, en otros tiempos, denunciados como “terroristas” por los Estados, hoy son los terroristas los que prolongan la tradición de las guerras de partisanos.  
La diferencia entre los antiguos y los nuevos partisanos se debe a la mundialización (globalización). El terrorismo, igualmente, se ha desterritorializado. Carl Schmitt atribuía a los partisanos un carácter “telúrico” que ahora ya no se aplica necesariamente a los terroristas. Éstos, con bastante frecuencia, no operan en el interior de las fronteras de un solo Estado. El “terrorismo planetario”, por el contrario, pasa de un país a otro; la Tierra entera es su campo de acción, Pero el terrorista presenta todos los otros caracteres de los que Schmitt hacía el patrimonio del partisano: la irregularidad, un intenso compromiso político, un agudo sentido de la legitimidad opuesta al derecho de una legalidad considerada como injusticia o desorden institucional. “Para el partisano de hoy, decía Schmitt, las dos parejas antinómicas regular-irregular y legal-ilegal se confunden y se superponen con frecuencia”.
“En el ciclo infernal del terrorismo y del contraterrorismo”, observaba igualmente Schmitt, “la lucha contra el terrorista no es sino la imagen invertida del combate partisano”. Enfrentados a la irregularidad, los Estados deben adoptar métodos de lucha irregulares. Deben contravenir sus propias leyes adoptando medidas de excepción, tales como las puestas en práctica por los Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. 
Ahora sabemos el papel fundamental que juega el estado de excepción (o la situación de urgencia) en el pensamiento schmittiano. El estado de excepción es, para Carl Schmitt, el equivalente político de lo que es el milagro en teología: un acontecimiento brutal que deroga las “leyes naturales”. Schmitt reprocha aquí a los constitucionalistas liberales y a los partidarios del positivismo jurídico imaginarse que la vida política de un país es solamente asunto de normas y de reglas definidas por la Constitución, sin ver que algunas normas definidas por adelantado no pueden aplicarse al estado de excepción, que es, por naturaleza, imprevisible. La excepción no puede ser prevista, no más que los medios a poner en marcha para hacerle frente. Solo puede hacerlo una autoridad soberana. Y es soberano quien decide el estado de excepción. Inversamente, saber quién decide en el estado de urgencia permite, al mismo tiempo, saber dónde se encuentra la soberanía.
Pero, contrariamente a lo que creían poder afirmar ciertos autores, no es Carl Schmitt el “padre” de las medidas de excepción que, en los países occidentales, tienden a restringir las libertades públicas y a instaurar una sociedad de vigilancia generalizada bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo. Por definición, en efecto, la excepción debe ser excepcional –algo que hoy lo es cada vez menos.
La evolución de la guerra y el derecho internacional es otro tema de reflexión. Con las “guerras humanitarias”, vemos hoy a las guerras transformarse en operaciones de policía violando la soberanía de los Estados. Como Carl Schmitt había presentido, todas las distinciones tradicionales entre el frente y la retaguardia, los combatientes y los civiles, las tropas regulares e irregulares, la policía y el ejército, los asuntos internos y los asuntos extranjeros, desaparecen progresivamente. A fin de cuentas, en esta época donde la “paz caliente” sucede a la “guerra fría”, es la frontera entre la guerra y la paz la que termina por desaparecer: cuando las armas callan, la guerra se continúa mediante la propaganda o la “reeducación”. Se pierde así de vista que el objetivo de la guerra es la paz.
Los trabajos de Carl Schmitt, especialmente Die Wendung zum diskriminierenden Kriegsbegriff (1938), permiten comprender que las “guerras humanitarias”, que son guerras discriminatorias, corresponden en gran medida a un retorno de la “guerra justa”, tal y como la entendían los teólogos medievales.
Determinando las relaciones entre los Estados, al antiguo derecho de gentes (ius publicum europaeum) que, cuando el Tratado de Westfalia, puso fin a las guerras de religión, concibió la guerra como una guerra en la que cada beligerante estaba legitimado para hacer valer su derecho: justus hostis (enemigo justo, es decir, legítimo), y no justa causa. Es lo que permitía contener la guerra dentro de ciertos límites, de ahí la importancia de jus in bello. La guerra discriminatoria, resucitando la “guerra justa” de la Edad Media, es una guerra en la que el jus ad bellum se superpone, por el contrario, sobre el jus in bello. El enemigo ya no es un adversario que, en otras circunstancias, podría también convertirse en un aliado. Es ahora un enemigo absoluto. Diabolizado, criminalizado, considerado como una figura del Mal, es un enemigo de la humanidad, que debe ser, no solamente combatido, sino aniquilado y erradicado. Todos los medios –sanciones económicas, bombardeos de poblaciones civiles, etc.– pueden entonces ser utilizados contra él, puesto que ya no es cuestión de negociar con él, sólo de admitir su capitulación sin condiciones. Schmitt muestra que las guerras ideológicas y “humanitarias” de los tiempos modernos, que descalifican al enemigo desde el ángulo moral, en lugar de considerarlo como un adversario al que se combate admitiendo, no obstante, que puede tener sus razones, hemos adoptado, por el contrario, los relatos de las guerras de religión. Estas tenías el mismo carácter implacable y total.
Deseoso de elaborar una nueva teoría del derecho internacional concebido como un “orden concreto”, Schmitt no ignora, sin embargo, que el antiguo ius publicum europaeun no puede ser restaurado: el orden internacional eurocéntrico fundado sobre bases puramente estatales ha desaparecido. Esta es la razón por la cual él se había pronunciado por una “espacialización” de las diferencias y controversias políticas, en el espíritu del viejo principio “cuius regio, eius religio”. De ahí su teoría del Grossraum enunciada a partir de 1938 –que criticaron ferozmente los ideólogos de las SS, especialmente Werner Best y Reinhard Höhn. Europa, afirmaba, debe organizarse como un gran espacio donde el imperio alemán constituye el centro geopolítico natural, y dotarse del equivalente a la Doctrina Monroe por la cual, desde 1823, los Estados Unidos prohibían toda presencia militar extranjera en el espacio americano. Schmitt toma aquí postura por un pluriversum, un “pluriverso” –un mundo multipolar–, contra un universum, un mundo unificado bajo la autoridad de una sola superpotencia. Una alternativa eminentemente actual.
Estos puntos de vista culminarán en el gran libro publicado en 1950, Der Nomos der Erde im Völkerrecht de Jus Publicum Europæum, donde Schmitt se pregunta sobre el nuevo orden mundial futuro después de la de la disolución del sistema de Yalta que puso fin en 1945 al sistema westfaliano y al orden eurocéntrico de los Estados inaugurado por el descubrimiento del Nuevo Mundo.
Pero ciertos autores consideran que hay todavía otras observaciones bastante más actuales en la obra de Carl Schmitt. Para muchos “schmittianos de izquierda” –como Danilo Zolo, Chantal Mouffe, Gopal Balakrishnan y otros–, el mayor mérito de Schmitt es el de haber mostrado que la misma noción de “democracia liberal” es un oxímoron. Hostil a la democracia liberal parlamentaria, que él reducía, como Donoso Cortés, a la “perpetua discusión”, Carl Schmitt opone liberalismo y democracia de una forma que nos recuerda a Rousseau, por el hecho especialmente de su crítica de la representación. “Cuanto más representativa es una democracia, escribía sustancialmente, menos democrática es” (Die Lage geistesgeschichtliche de heutigen Parlamentarismus, 1923).
Intrínsecamente oligárquica, la representación aliena, en efecto, la soberanía del pueblo. Schmitt defiende, por el contrario, una democracia de tipo plebiscitario, es decir, una democracia participativa y directa. En una sociedad democrática, escribía, las decisiones de los gobernantes deben expresar la voluntad de los gobernados. Es esta identificación la marca de la democracia. El voto (o la aclamación) no es sino un medio para verificarla. Por otra parte, el principio democrático no es la libertad, sino la igualdad: los ciudadanos pueden tener capacidades diferentes, pero en cuanto ciudadanos son políticamente iguales.
Otros estiman incluso, no sin razón, que la oposición que hace Carl Schmitt entre la Tierra y el Mar puede también permitir comprender la profunda naturaleza de la época posmoderna, que Zygmunt Bauman ha definido como “modernidad líquida”. En 1942, en su librito titulado Land und Meer, Schmitt desarrolla, en efecto, una dialéctica de lo telúrico y de lo marítimo, cuyas extensiones son considerables. La política implica la frontera, por lo que se sitúa del lado de la Tierra. El Mar no conoce fronteras, sino únicamente flujos y reflujos. Está del lado del comercio y la economía. Lógica telúrica y lógica marítima se reencuentran en la geopolítica, con los seculares enfrentamientos entre las potencias oceánicas (ayer Gran Bretaña, hoy Estados Unidos) y las potencias continentales (Europa).
En fin, es importante señalar que la distinción amigo-enemigo, auténtico “leitmotiv” del pensamiento schmittiano no reenvía únicamente a una posible amenaza. Es también la que constituye concretamente la existencia política de un pueblo. Un pueblo implica una identidad sustancial compartida de tal forma que los miembros de la comunidad política se sienten prestos, si es necesario, a batirse y a morir porque su existencia sea preservada. Ciudadanía y comunidad política deben entonces coincidir. El origen de las constituciones no reside en el contrato social, sino en la voluntad de un pueblo que existe en tanto que comunidad política para situarse como poder constituyente para determinar la forma concreta de su existencia colectiva.
A pesar de las críticas de las que continúa, por supuesto, siendo objeto, es por todas estas razones, aquí examinadas rápidamente, que Carl Schmitt continúa siendo considerado, por derecho propio, por los grandes autores de todas las tendencias, como el “último gran clásico” (Bernard Willms), al mismo nivel que un Maquiavelo, un Hobbes, un Locke o un Rousseau.
Traducción de Jesús Sebastián Lorente
https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5597
© Sezession

martes, 13 de diciembre de 2016

Revista Foreign Policy incluye al dominicano Deivis Ventura entre los 100 pensadores globales de 2016

Revista Foreign Policy incluye al dominicano Deivis Ventura entre los 100 pensadores globales de 2016

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Washington, EEUU. El dominicano Deivis Ventura fue escogido por la revista estadounidense Foreign Policy como uno de los 100 pensadores globales del mundo para el año 2016.
La noticia fue dada a conocer en un acto celebrado este lunes en Washington, Estados Unidos con la participación de los galardonados. Es la primera vez que un dominicano es incluido en la lista de los pensadores globales que se elabora todos los años con base en un tema general y varios subtemas de impacto mundial.
De acuerdo con Foreign Policy la selección de los pensadores globales de este año se hizo tomando en cuenta el tema sobre el progreso.
En el documento de motivación del premio se dice que la innovación científica, la conexión de millones de personas a los océanos de conocimiento y la oportunidad en el internet, mayores expectativas de vida, incremento en los estándares de vida y menores niveles de violencia interestatal fueron las reales noticias principales del año, muy a pesar de lo que los titulares sugirieron.
“En el último número del año de la revista Foreign Policy nuevamente celebrando a los 100 pensadores globales del mundo nos enfocamos en estos acontecimientos”, explica un comunicado dando a conocer el premio. “El tema de este número y de su ensayo central, escrito por David Rothkopf CEO y editor del FP Group, se titula: El caso a favor del optimismo”.
Los honrados están organizados en nueve categorías: los tomadores de decisión, los retadores, los innovadores, los defensores, los artistas, los sanadores, los guardianes, los narradores y los magnates.
Entre el listado de los 100 pensadores globales hay individuos y organizaciones que han defendido políticas de inmigración y refugiados en medio del desborde hacia Europa y otras regiones; una mujer transgénero que ganó una elección en Filipinas; un grupo de estudiantes del MIT que desarrolló un aparato que puede convertir palabras impresas en Braille; una estrella de samba que pone en relieve las luchas sociales y económicas de Brasil; y un corredor que rompió el protocolo olímpico para organizar una protesta.
“Estos, y docenas más de personas sorprendentes y las causas que representan son los 100 pensadores globales de Foreign Policy para el 2016”, indica el comunicado.
El primer dominicano en la lista
Al hablar para la prensa internacional asistente al evento en Washington, Deivis Ventura, el primer dominicano incluido en esta prestigiosa lista, dijo que: “No soy de premios, pero en esta oportunidad me siento alegre al ser distinguido como una de las cien personas que con su pensamiento y acción está intentando cambiar el mundo donde me ha tocado vivir que es en la República Dominicana”.
Ventura declaró que este reconocimiento no solo se otorga a mi persona, se le entrega a decenas de líderes y gente sencilla que lucha en el día a día para que la sociedad dominicana cambie para la bien, gente que se ha fajado junto a mí para reivindicar los Derechos Humanos de las personas LGBT, de los descendientes de migrantes haitianos, de los jóvenes de los barrios populares, de las mujeres trabajadoras sexuales y de muchos más que se ven impedidos de vivir su vida plenamente a causa del estigma y la discriminación imperantes en nuestro país.
¿Quién es Deivis Ventura?
Devis Ventura se define como político y activista LGBT, es educador con maestría en gestión pedagógica por la Universidad de Barcelona, y con una especialidad en educación para la salud por la universidad de Georgetown.
Ventura también es la primera persona abiertamente gay que se lanza en busca de un puesto de elección popular, siendo candidato a diputado en las elecciones de 2016 por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y el Movimiento Ciudadano RD (C+).
Entre la amplia y ardua labor social y política de Deivis Ventura se encuentra el haber sido el fundador y director del Festival Internacional de Cine LGBT Santo Domingo Outfest, iniciador de la Caravana del Orgullo LGBT de Santo Domingo y coordinador del HUB para el Caribe de habla Hispana de CARIFLAGS. También es uno de los fundadores de la Red de Voluntarios de Amigos Siempre Amigos.
Nuestro Tiempo

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