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jueves, 24 de mayo de 2018

La mano de obra haitiana en los campos de nuestro país

La mano de obra haitiana en los campos de nuestro país
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Texto: Kirsis Díaz / Fotos y video: Pedro Bazil
Algunos haitianos trabajan hasta trece horas diarias a cambio de obtener sumas de hasta RD$26,000 a RD$30,000 mensuales para su sustento y el de familiares distribuidos entre República Dominicana y Haití. El sector agropecuario concentra la mayor cantidad de haitianos en el país, según datos de la última encuesta.
EL AGUACATE. Cruzan la frontera escondidos, cansados de pasar penurias para subsistir en el empobrecido Haití y aquí su primera opción de trabajo la buscan en los campos dominicanos. Pagan a guardias criollos para que les permitan su entrada a República Dominicana. Sin titubeos confirman el mencionado contrabando.
Los inmigrantes agricultores confiesan que para ingresar a territorio nacional pagan entre RD$3,000 a RD$6,000 a un compatriota, quien les hace la conexión con los oficiales dominicanos para atravesar la frontera. A estos últimos nunca les ven la cara.
“Ellos dejan pasar, es igual que la gente que va para Puerto Rico”, dice uno. Sí, un contrabando, susurra otro.
Los resultados de la Encuesta Nacional de Inmigrantes en la República Dominicana (ENI-2017) señalan que a ese año en el país había 497,825 personas nacidas en Haití, 39,592 más que en 2012, y 253,255 descendientes de estos (en 2012 eran 209,912). El sector agropecuario es la actividad económica que agrupa la mayor cantidad de ellos. Del total de haitianos en el territorio nacional, 168,265 utilizan el sector agropecuario -agricultura, ganadería, silvicultura y pesca- como principal fuente de empleo.
Se marchan de su nación considerada la más pobre de América y del hemisferio occidental para cruzar la frontera en una guagua que los deja en Santiago, en el norte de la tierra quisqueyana, y ahí, habiendo recorrido 280 kilómetros en unas siete horas, se dirigen a su lugar de residencia que, por lo general, es la casa de un familiar o amigo. La región Cibao Norte es la segunda zona con mayor cantidad de haitianos en el país. La primera es la metropolitana.
Antes de emigrar el alrededor del 89.7% de los haitianos -mayormente con estudios básicos y primarios- se dedicaba a la agricultura, caza, silvicultura y pesca, al comercio al por mayor y menor, la construcción, y otros servicios. En República Dominicana se han convertido en la principal mano de obra agrícola, un fenómeno social que, según los productores, se ha dado porque los dominicanos no quieren realizar los trabajos pesados del campo.
Es por ello que, según los cálculos, el sector agropecuario nacional ocupa alrededor del 33.8% de la mano de obra haitiana existente en el país. En algunos casos, como en la producción del arroz, el banano, el café y las habichuelas y en la ganadería de carne y leche usan más del 60% de estos extranjeros como obreros.
“En el cultivo de arroz los haitianos son los que hacen la gran mayoría de los trabajos”, precisó Jesús Vásquez, un pequeño productor de arroz.
Son las 3:40 de la tarde de un jueves de marzo y desde la Autopista del Nordeste se visualiza un grupo de agricultores dominicanos y haitianos trabajando en la cosecha de una plantación de arroz en la provincia Duarte. Bajo el intenso sol, un haitiano levanta sacos del cereal -de 110 kilos cada uno- y los monta en caballos, mientras otros dos reciben y organizan la carga que es transportada en camión a una factoría donde le retiran la cáscara.
En el país el arroz es el cultivo que ocupa la mayor superficie sembrada -164,186 hectáreas- y el sexto con más producción -556,870 toneladas- por año.
Los haitianos que laboran en los cultivos de este cereal desarrollan jornadas laborales de hasta trece horas por día y casi la totalidad de los que se dedican a la agricultura, dicen trabajar sin contratos ni seguros médicos si se encuentran ilegales.
“Hago todo lo que haya que hacer aquí en el campo. Aro la tierra en un tractorcito, siembro arroz y plátano y también cargo sacos. Ayer fue un día duro, el sol estaba fuerte y me dolía mucho la cabeza. Tuve que poner de tres en tres 700 sacos de arroz y salí a las 7:00 de la noche”, indicó el nacional haitiano Samuel Lima, de 28 años.
Este gráfico se compone de dos páginas, haga clic para ver la siguiente
Trabajando en la agricultura un haitiano puede conseguir entre RD$26,000 a RD$30,000 mensuales. En el caso de la siembra de arroz, por sembrar una tarea del grano en cuatro horas ganan RD$500; por arar la finca en un tractor RD$12,000 y 13,000 en tres semanas y RD$5.00 por cada saco que cargan.
Los productores de arroz confirman que por “echar días” pagan a los haitianos según el trabajo: RD$500 por sacar yerba o fumigar y RD$700 y 800 por “murear”. Es un dinero que no reciben fijo y puede variar con la necesidad que tenga el productor durante el cultivo.
“Los de la raza mía somos los que hacemos este tipo de trabajo, a veces lo que nos pagan no nos conviene pero como no estamos en nuestro país no podemos quejarnos tanto”, manifestó Lima.
Tras la siembra deben esperar casi cuatro meses para cosechar. Durante ese tiempo efectúan labores de limpieza de canales y áreas sembradas, fumigación, distribución del abono y seguridad de fincas.
Trabajar en el campo no resulta sencillo para el haitiano, ellos lo tienen presente. En las plantaciones de arroz, caminan descalzos decenas de tareas expuestos a sufrir cortaduras en los pies con unos caracoles que se encuentran en la tierra.
“Las botas se quedan atrapadas en el lodo y podemos caernos encima del arroz, por eso caminamos descalzos. A veces me clavo y me corto las plantas de los pies con los caracoles, pero sigo, no le paro a ná”, manifestó un haitiano.
Un grupo de obreros agricultores dominicanos y haitianos trabajan en la cosecha de una plantación de arroz en la provincia Duarte. Transportan la carga en caballos.
Haitianos levantan los sacos de arroz cosechados mientras hacen pausas para hablar con la prensa.
Desarrollan la labor agrícola por necesidad. El haitiano Genso Paola, de 33 años, destaca que de este trabajo dependen su esposa e hijos, además de que hace envíos a su madre, padre y hermanos, que residen en Haití. Cuenta que para ganar más dinero a veces debe combinar la agricultura con la construcción.
“Dejé Haití porque tengo muchos amigos que viajan para acá y dicen que les va bien. Aquí saco yerba, siembro arroz, trabajo con los mulos en la parcela, hago todo tipo de trabajo. Si hay una mata de plátano para sembrar la siembro también”, dijo el hombre quien lleva 15 años en el país.
En todas las áreas del campo
De acuerdo a Manuel Núñez, historiador e investigador sobre la migración haitiana en el país, la participación de haitianos en el campo nacional se percibe desde los años 30 y 40 cuando hubo un predominio de la mano de obra haitiana en los ingenios azucareros.
“Eran ingenios que estuvieron en manos extranjeras que luego pasaron a control de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Primero usaban mano de obra de las Antillas Británicas y posteriormente haitiana y era la única área de la producción donde se utilizaban”, recuerda Núñez.
La mayor concentración de haitianos en República Dominicana se encuentra en las provincias con cultivos de caña 128,275 y en las de arroz, banano, víveres y pecuaria donde hay unos 112,562. Lugares donde ha aumentado en 40,853 la presencia de haitianos desde 2012.
En la producción de banano muchos de los obreros haitianos manifestaron que parte del dinero que consiguen aquí lo envían a sus familiares residentes en Haití. Estudios indican que el 44.7% de estos inmigrantes lo hace. En el banano estos extranjeros tienen condiciones de trabajo muy similares que en los cultivos de arroz.
“Tengo 37 años en República Dominicana, pero tengo mi familia en Haití. Yo viajo mensual o cada dos meses, pero vengo de una vez. Usted sabe que con el papel que uno tiene uno se va porque no tiene problemas con la guardia. Aquí tengo trabajo bueno, no tengo seguro médico pero me pagan 400 pesos por día, me dan la comida”, indicó Apolón Charles. Trabaja recogiendo basura en sembradíos de banano.
Ganan más que en Haití
Sainvilus Dieu Cesse es un haitiano de 28 años, que llegó al país ilegalmente un 27 de enero de 2014 en busca de trabajo. Desde hace un mes labora en la producción de miel en Samaná, este del territorio nacional.
Libra los domingos y cada día trabaja de 7:30 de la mañana a 4:00 de la tarde por un sueldo de RD$10,000 mensual, equivalentes a RD$333 por día, lejos del costo promedio de la canasta familiar que según datos del Banco Central, en el quintil número 1, el de menos poder adquisitivo era de RD$13,717.16 en febrero pasado.
Aun así, ese monto sigue superando el salario mínimo de Haití aumentado en julio de 2017 a RD$276.00 por día. Antes era de unos RD$220.
“Yo tengo mi hijo y mi mamá. Una parte del dinero lo uso para enviárselos, otra para comer, comprar ropa y lavar”, comenta el haitiano quien habita en una pequeña casa facilitada por sus empleadores de origen francés que viven en el país.
La vivienda hecha de madera, techo de zinc y piso de cemento gris distribuida en unos 30 metros cuadrados cuenta solo con una cama, características comunes en las viviendas de estos extranjeros en territorio nacional.
Las viviendas, en que residen los nacidos en Haití en República Dominicana, tienen mayoritariamente el bloque o concreto como material principal en las paredes (47.4%), mientras que el 34.7% tiene paredes de madera. Los dos materiales que componen alrededor del 85% de los pisos en estas viviendas son el cemento (73.7%) y la tierra (11.8%). El 72.8% de los techos de las viviendas son de zinc y solo un 11.8% está compuesto de concreto.
Parte de los sacos cargados y organizados durante un día por dos haitianos.
https://m.diariolibre.com/medioambiente/la-mano-de-obra-haitiana-en-los-campos-de-nuestro-pais-CA9736343

martes, 11 de abril de 2017

México-Estados Unidos: ¿quién es el “loser”?

ECONOMÍA

México-Estados Unidos: ¿quién es el “loser”?

México y Estados Unidos se necesitan mutuamente. Aunque de manera muy desigual, la economía de México depende más de su vecino que viceversa, se dice a menudo. ¿Es realmente así? Sobre ello hablamos con Pablo Kummetz, economista de DW.
 
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lunes, 10 de abril de 2017

Salarios: Mano de Obra y Costo de Producción - Cándido Mercedes

Salarios: Mano de Obra y Costo de Producción

Cándido Mercedes - 10 de Abril de 2017 -
Cándido Mercedes“Hay una manera de contribuir a la protección de
  la humanidad, y es no resignarse”.
  (Ernesto Sábato)

A través del Ministerio de Trabajo, la sociedad dominicana debería tener cada cierto tiempo, estudios rigurosos acerca de los salarios por industrias, vale decir, por sectores, así como el costo de la mano de obra. Ello alumbraría informaciones más ciertas, más objetivas y más humanas alrededor de los salarios, más allá de la mera inflación del Índice de Precio al Consumidor que elabora el Banco Central.
En República Dominicana, aproximadamente, el costo promedio de la mano de obra ronda el 27% del costo de producción total. Esto es si lo objetivamos a la luz del sesgo ideológico del statu quo; pues lo cierto es que la mano de obra no constituye un costo, sino una inversión. La Fuerza de Trabajo es la rueda que impulsa que las cosas sucedan. Representa, hoy en día, en el marco de los factores de la producción, el más importante. Es el Talento Humano el que verdaderamente agrega valor. Corresponde el Capital Humano, al Capital Variable, que marca la diferencia.
Cuando valoramos una empresa, para adentrarnos en el escenario de la competitividad, auscultamos: Costo de producción, que está integrado técnicamente por: Materia Prima; Mano de Obra; Gastos Indirectos. También tenemos que valorar los Costos de Distribución, que se ramifican en: Administrativos y de Ventas. Todo el marco de la producción encierra, al mismo tiempo, para ser más global, lo que llamamos Condiciones Laborales, donde observamos: a) Mano de Obra, si es calificada o no; b) Calidad tecnológica. Este indicador nos orienta en la posibilidad de la capacidad de reducir costos y el potencial del aumento de la eficiencia.
Este es el marco analítico micro para la configuración exacta en la determinación de salarios; sin embargo, habría que abordar lo Macro, vale decir, los factores externos que coadyuvan, facilitan o deterioran los salarios en una sociedad. Aquí en la República Dominicana, esas dimensiones perjudican a la mayoría del conjunto de los asalariados, tales como: Acceso a servicios básicos de calidad; expansión de oportunidades productivas; gestión pública transparente; calidad regulatoria del Estado; Imperio de la Ley y sanciones a la corrupción. El costo de la corrupción, de la delincuencia y criminalidad, afecta también los costos de producción totales de las empresas; lo cual disminuye las posibilidades de las mismas de ser más “proactivas” con los recursos humanos.
En la enorme carencia y falencia que hay en el Estado dominicano, como propiciar una energía eléctrica más estable, más eficiente y más barata, que resta competitividad a los actores económicos; el que no pueda dar transporte seguro y más eficiente, donde los asalariados tienen que gastar alrededor de un 30% de sus salarios; las empresas y los empresarios, buscan “compensar” y crear “competitividad” a través de los trabajadores, no vía el marco institucional, del rol del Estado, que es crear las condiciones generales de la producción de la manera más eficiente y efectiva; como el articulador y regulador, para crear los espacios más expeditos, para la innovación y creatividad, de los llamados a crear riquezas.
El Gobierno, en el espacio del Ministerio de Trabajo, debe mantener la Resolución que ampara el 20% de aumento a las empresas no sectorizadas, que ahora es que llegarán a: en las empresas grandes, el salario mínimo mayor llegaría a RD$15,447.60; b) en la empresa mediana llegaría a RD$10,620.00; c) en las empresas pequeñas a RD$9,411.60. Conviene destacar que en la sociedad dominicana existen 16 salarios mínimos de las empresas sectorizadas; que la productividad de los trabajadores en los últimos años creció 5.34% y que el Quintil I del Banco Central, del 20% más pobre se encuentra actualmente en RD$13,260.11. Esto nos quiere decir que, con el referido aumento, solo entre un 10-20% de los asalariados que se encuentran en la menor escala salarial, podrán “acceder” a la Canasta del Quintil 1. Ni siquiera el salario mínimo mayor podrá arribar al Quintil 2, que es de RD$19,000.00. Ninguno de los salarios mínimos llega a cubrir el costo promedio de la Canasta que son RD$29,000.00. El salario mínimo mayor (RD$15,447.60), que no lo han recibido, podría cubrir solo el 53.26% del aludido costo promedio de la canasta del Banco Central.
Sabemos que el salario constituía un 48% en las empresas dominicanas, como parte de sus operaciones; sin embargo, ese componente apenas llega a un 27% por lo que el salario no es el instrumento que resta competitividad a las empresas, muy por el contrario, ellos han aumentado la productividad promedio (5.34%) y, como “paradoja”, el salario Real ha disminuido en los últimos años alrededor de un 23% según lo señalara el Informe del FMI: Cohesión y Empleo en la R. D. El propio Gobernador del Banco Central ha referido que el salario actual es equivalente al de 1991.
El salario es parte medular de una política redistributiva que se conduzca en una sociedad. Lo ideal, hoy día, ya no es hablar de salarios mínimos sino de salarios que expresen la calidad de vida y el bienestar de los seres humanos. Por eso, es la política redistributiva la que contribuye a igualar a los ciudadanos en los territorios, es la que orienta la repartición de los ingresos fiscales de una manera más loable para la población; es la que marca el criterio más halagüeño para afectar el entorno del recurso humano de manera positiva. Por eso, el SALARIO no es una mera mercancía que se decide solo en el mundo micro, en el mundo de las empresas, sino en el rol del Estado para diseñar estrategias de políticas públicas que amplifiquen el Salario Real.
Tenemos que rupturar ese estancamiento secular que nos envuelve en una tautología que no nos ayuda a repensar y a crear un gran pacto social y político, que tenga como espina dorsal, como médula espinal, el crecimiento con desarrollo humano, hacia una sociedad más inclusiva; y eso pasa, obviamente, por dar el salto hacia nuevos modelos productivos que generen más empleos de calidad, más dignos y donde el salario se asuma como la visión inexcusable de la distribución del crecimiento de la riqueza. http://acento.com.do/2017/opinion/8447683-salarios-mano-obra-costo-produccion/
Cándido Mercedes
Deshojando paradigmas
Sociologo. Experto en Gerencia. Especialidad en Gestion del Talento Humano; Desarrollo Organizacional y Gerencia Social y Sociologia Organizacional. Consultor e Instructor Organizacional. Catedratico Universitario. Director Maestrias de Administracion y de Recursos Humanos, de La UCE.