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jueves, 22 de enero de 2026

La crisis de Groenlandia y la seguridad cooperativa en el Ártico: una lectura diplomática estadounidense


La crisis de Groenlandia y la seguridad cooperativa en el Ártico: una lectura diplomática estadounidense

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La crisis de Groenlandia ha dejado de ser un episodio llamativo para convertirse en una señal de época. En la política internacional, los cambios reales no siempre llegan con declaraciones solemnes; a veces emergen como fricciones en puntos aparentemente remotos del mapa. El Ártico, durante décadas visto como frontera helada y distante, hoy concentra intereses estratégicos de primer orden: vigilancia y alerta temprana, control de rutas, proyección de fuerzas, resiliencia tecnológica y acceso a minerales críticos indispensables para la economía digital y la transición energética. En ese marco, resulta comprensible que Estados Unidos eleve el tono y el nivel de exigencia respecto a su seguridad en el norte. No se trata únicamente de “ambición” o “capricho”, sino del retorno de la geografía y de la logística como variables determinantes en un entorno internacional más competitivo, donde la disuasión se mide tanto por tratados como por capacidad efectiva de operar y sostener presencia.

Una lectura diplomática, y al mismo tiempo favorable a la lógica estratégica estadounidense, debe partir de una distinción clave: reconocer la legitimidad del interés de seguridad no equivale a validar cualquier mecanismo para alcanzarlo. Las grandes potencias, por definición, interpretan riesgos de forma amplia y anticipatoria; sin embargo, su ventaja comparativa no reside solo en el poder, sino en su capacidad para convertir ese poder en orden. El liderazgo sostenido se apoya en reglas, procedimientos, previsibilidad y coaliciones funcionales. Cuando el objetivo es reforzar la defensa en un teatro estratégico, la opción más inteligente no es erosionar la confianza de los socios, sino organizar esa defensa mediante acuerdos verificables, transparencia institucional y un reparto de cargas que fortalezca la cohesión. En otras palabras, Estados Unidos puede tener razón en el diagnóstico de que el Ártico es crucial; la cuestión decisiva es si la solución elegida multiplica o reduce el poder colectivo del bloque occidental.

El dilema aparece cuando la discusión sobre Groenlandia se percibe como una disputa de estatus en lugar de una agenda de seguridad cooperativa. La percepción, en política internacional, no es un detalle: condiciona decisiones, alianzas y legitimidad. Si la narrativa dominante es la de “presión” o “imposición”, incluso sin el uso de la fuerza, el costo reputacional aumenta y se abren grietas en el tejido de la alianza. Ese costo no se limita a Europa; también afecta la capacidad de Washington para convocar cooperación en otras áreas donde necesita socios: sanciones, control de exportaciones sensibles, cadenas de suministro, ciberseguridad, estándares tecnológicos y gobernanza energética. En un mundo de interdependencias estratégicas, el poder duro sigue importando, pero el poder de coordinación importa igual o más. Desde una perspectiva proestadounidense, conviene preservar el activo más valioso de la posguerra: la credibilidad de un sistema de alianzas que amplifica la disuasión y reduce la carga unilateral.

Para Europa, la crisis expone una realidad incómoda: la dependencia de capacidades estadounidenses sigue siendo significativa, especialmente en inteligencia, mando y control, logística estratégica, defensa aérea integrada y ciertos sistemas de alta complejidad. Esto no es un reproche moral; es un hecho operativo derivado de decisiones presupuestarias acumuladas durante décadas. La consecuencia inmediata es que, ante una tensión prolongada, el margen europeo para responder por sí solo es limitado en el corto plazo, aunque exista voluntad política. En paralelo, la opinión pública europea se enfrenta a una disonancia: se espera autonomía estratégica, pero esa autonomía requiere inversiones, industria, coordinación y tiempo. La crisis de Groenlandia, por tanto, no solo interpela a Washington; obliga a Europa a acelerar su modernización defensiva y su capacidad de actuar como socio más equilibrado, capaz de contribuir con activos reales en el Ártico y más allá. Esa evolución, lejos de perjudicar a Estados Unidos, puede beneficiarlo: un aliado más capaz comparte cargas, refuerza la disuasión y reduce incentivos para decisiones unilaterales.

Ahora bien, el elemento local es determinante. Cualquier arreglo sostenible debe ser legítimo en Groenlandia. La estabilidad no se construye únicamente entre capitales; también se construye con comunidades que perciben beneficios, respeto y participación. Si la seguridad del Ártico demanda mayor presencia y cooperación, esa cooperación debe traducirse en infraestructura civil útil, capacitación, conectividad, estándares ambientales exigentes y oportunidades económicas que no se sientan extractivas. Una asociación moderna requiere que la dimensión social sea parte del diseño estratégico, no un apéndice comunicacional. La autodeterminación y el autogobierno no son obstáculos inevitables; pueden ser condiciones habilitantes si se integran con inteligencia en los acuerdos. Desde el ángulo de Washington, incorporar esa dimensión ofrece una ventaja: reduce resistencia local, baja el costo político y hace más duradera la cooperación.

El punto más delicado, sin embargo, es el impacto sistémico sobre la idea de defensa colectiva. Las alianzas militares descansan en confianza recíproca. Si la confianza se erosiona, la letra del tratado puede permanecer, pero su efecto disuasivo disminuye. La disuasión es, en gran medida, una apuesta sobre lo que los otros creen que se hará. Si los aliados dudan de la previsibilidad del socio más poderoso, ajustan sus políticas: buscan coberturas alternativas, adoptan posiciones más transaccionales o, en casos extremos, reconfiguran sus prioridades estratégicas. Esa dinámica puede ser lenta, pero es corrosiva. Para Estados Unidos, que históricamente ha convertido alianzas en una plataforma para proyectar estabilidad y liderazgo, el riesgo de una fractura interna es mayor que la ganancia de un atajo. Por eso, incluso desde una postura proestadounidense, el interés nacional se sirve mejor mediante una solución que fortalezca la OTAN como mecanismo de coordinación, no que la convierta en un espacio de ambigüedad y sospecha.

Un camino diplomático realista puede estructurarse como una actualización integral de la seguridad ártica. La primera pieza es militar-operativa: más ejercicios conjuntos, vigilancia compartida, interoperabilidad y logística que permitan responder a contingencias en un ambiente extremo. La segunda pieza es jurídica-institucional: acuerdos claros sobre acceso, instalaciones, responsabilidades, financiación y mecanismos de revisión. La tercera pieza es económica: cooperación en minerales críticos y proyectos de infraestructura bajo estándares ambientales y laborales exigentes, con participación local y beneficios verificables. La cuarta pieza es política: una narrativa explícita de respeto al autogobierno y a los procedimientos democráticos, con canales permanentes de consulta. En conjunto, estas piezas permiten satisfacer el objetivo central de Washington —certeza operativa— sin activar el costo máximo —crisis de legitimidad—. La lógica es simple: a mayor transparencia y mayor reparto de cargas, menor probabilidad de escalada política y mayor sostenibilidad del acuerdo.

La crisis también muestra el peso creciente de la economía política en la seguridad. Minerales críticos, cadenas de suministro y tecnologías de doble uso han pasado a ser componentes directos de la estrategia. Quien controle producción y refinación de insumos esenciales controla, en parte, la autonomía tecnológica. De ahí el interés por territorios con potencial mineral y por rutas que reduzcan dependencias. Sin embargo, la experiencia contemporánea indica que la ventaja en minerales no se obtiene solo con acceso al recurso, sino con permisos sociales, estabilidad regulatoria, infraestructura y capacidad industrial para procesar y agregar valor. Un enfoque de cooperación, con reglas y participación local, suele ser más eficiente que uno de confrontación, porque reduce incertidumbre y facilita inversión. Si Estados Unidos busca fortalecer su seguridad económica en el Ártico, le conviene un entorno estable, no un conflicto que encarezca costos y fragmente alianzas comerciales.

En el trasfondo, Groenlandia pone sobre la mesa un debate más amplio sobre el tipo de liderazgo que el sistema internacional está dispuesto a aceptar. La posguerra consolidó una fórmula donde el poder se legitimaba mediante instituciones. Esa fórmula ha sido cuestionada por la competencia entre potencias y por tensiones internas en muchas democracias. Pero el hecho de que el orden sea más frágil no implica que la alternativa deba ser el unilateralismo permanente. La historia sugiere que los ciclos de poder más estables son aquellos en los que el actor dominante logra que otros consideren el sistema aceptable, incluso si no es perfecto. En la práctica, esto se consigue con reglas previsibles y con beneficios compartidos. Un acuerdo ártico modernizado puede ser un ejemplo de ese tipo de liderazgo: firme en objetivos de seguridad, pero disciplinado en procedimientos; claro en intereses, pero respetuoso de soberanías y de arreglos internos; ambicioso en capacidades, pero abierto a la coproducción con aliados.

Para países pequeños y medianos, el episodio ofrece lecciones aplicables más allá del Ártico. La primera es la necesidad de anticipación: la planificación por escenarios ya no es un lujo intelectual, sino una herramienta de resiliencia. La segunda es la diversificación: depender de una sola fuente de seguridad, de una sola ruta o de un solo proveedor estratégico aumenta vulnerabilidades. La tercera es la institucionalidad: los acuerdos duraderos se sostienen mejor cuando tienen mecanismos de revisión, transparencia y cumplimiento. La cuarta es la inversión en capacidades propias: incluso si existe un aliado poderoso, la autonomía mínima reduce incertidumbre y mejora la posición negociadora. Estas lecciones no invitan a romper alianzas; invitan a hacerlas más equilibradas y menos frágiles ante cambios de humor o de prioridades.

En el caso transatlántico, la conclusión razonable es que la alianza necesita una actualización franca. Estados Unidos, con su capacidad militar y tecnológica, seguirá siendo un pilar de la seguridad europea por un tiempo considerable. Pero Europa necesita acelerar su capacidad de contribuir de forma proporcional a los riesgos. El resultado deseable no es una separación, sino una maduración: un vínculo donde Washington encuentre socios más capaces y Europa cuente con garantías más creíbles porque también aporta más. La crisis de Groenlandia puede ser el catalizador de esa maduración si se gestiona con prudencia: un impulso para invertir, coordinar y modernizar, en lugar de un pretexto para alimentar discursos fatalistas sobre soledad estratégica.

Todo esto exige, además, un manejo cuidadoso del lenguaje político. Las crisis se agravan cuando la retórica reduce el margen de negociación. Si el discurso convierte el asunto en un juego de suma cero —victoria o humillación—, se cierran salidas. La diplomacia efectiva, en cambio, diseña resultados que las partes puedan presentar como compatibles con sus líneas rojas: seguridad reforzada para Washington, soberanía y legitimidad interna para el Reino de Dinamarca y Groenlandia, cohesión estratégica para Europa y la OTAN. Ese tipo de equilibrio no se logra con maximalismos; se logra con ingeniería institucional, comunicación estratégica y voluntad de compromiso.

Desde una perspectiva pro-Estados Unidos, conviene insistir en una idea central: la fortaleza estadounidense no se reduce a su presupuesto militar, sino a su capacidad para construir coaliciones duraderas. Esa capacidad es un multiplicador de poder. Si la crisis de Groenlandia se resuelve mediante un acuerdo robusto, transparente y respetuoso, Washington no solo habrá mejorado su postura en el Ártico; también habrá reafirmado su liderazgo como garante de un orden basado en reglas, adaptado a nuevas realidades. Si, por el contrario, la solución se percibe como coercitiva o improvisada, el resultado puede ser una alianza más débil, una Europa más ansiosa y un entorno más propicio para rivales que apuestan por la fragmentación occidental.

En síntesis, Groenlandia no es únicamente un territorio; es una prueba de gobernanza estratégica. Estados Unidos tiene razones plausibles para buscar mayor certeza operativa en el Ártico y para asegurar intereses de defensa y tecnología. La pregunta decisiva es si esas razones se traducirán en una arquitectura de seguridad compartida o en una disputa de legitimidades. La vía diplomática ofrece el mejor rendimiento estratégico: preserva alianzas, reduce costos, mejora capacidades y fortalece disuasión. Convertir una crisis en oportunidad requiere disciplina política, respeto institucional y un enfoque de cooperación que reconozca la dignidad de los actores locales. Esa es la ruta más coherente con un liderazgo que aspira a ser firme, pero también sostenible.

Autor: Luis Orlando Díaz Vólquez, ingeniero en sistemas de computación, escritor, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. 

Información relacionada.

La crisis de Groenlandia ofrece lecciones para todos los países. Los amigos de Estados Unidos deben prepararse para un mundo en el que estarán solos y la OTAN ya no existirá: http://econ.st/3NuKdL6

Versión académica

La crisis de Groenlandia y la seguridad cooperativa en el Ártico: una lectura diplomática estadounidense

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Resumen

La tensión en torno a Groenlandia ha convertido al Ártico en un laboratorio político de primer orden: allí confluyen seguridad estratégica, rutas emergentes y competencia tecnológica. En ese marco, la postura de Estados Unidos —orientada a elevar garantías operativas en el norte— puede interpretarse menos como “ruptura” y más como una actualización de prioridades en un entorno internacional más duro. No obstante, el modo de gestionar esa prioridad importa: si deriva en coerción o en disputas sobre soberanía, el costo reputacional y estratégico podría ser alto para Washington y para Europa, erosionando la credibilidad de la defensa colectiva. La salida más razonable es diplomática y funcional: acuerdos transparentes de defensa y acceso, inversión aliada en capacidades árticas, cooperación económica en minerales críticos bajo reglas ambientales y respeto al autogobierno de Groenlandia. Así, la crisis puede transformarse en oportunidad: un nuevo equilibrio transatlántico que combine liderazgo estadounidense con reglas previsibles y reparto de responsabilidades. [time.com], [atlanticcouncil.org]


1. Introducción: Groenlandia como termómetro del orden global

La discusión sobre Groenlandia se ha presentado, a ratos, como una controversia territorial improbable. Sin embargo, su relevancia es mayor: refleja cómo los Estados reinterpretan su seguridad cuando cambian los riesgos y las tecnologías. Analistas han advertido que un desenlace mal gestionado podría afectar la arquitectura transatlántica, incluso al punto de debilitar el sentido práctico de la OTAN si el conflicto escalara entre aliados. En paralelo, la conversación pública —incluida la que circula en espacios de opinión influyentes— ha instalado una pregunta de fondo: ¿qué ocurre si los aliados se ven compelidos a prepararse para una realidad con menor certeza sobre el respaldo estadounidense? [theguardian.com], [time.com] [linkedin.com], [aljazeera.com]


2. El Ártico deja de ser periferia: por qué Washington mira al norte

Para comprender la perspectiva estadounidense, hay que partir de un dato: el Ártico ya no es “un borde del mapa”, sino un espacio donde se cruzan disuasión, vigilancia, movilidad militar y proyección estratégica. En esa lógica, Estados Unidos tiene incentivos a reforzar su postura operativa allí, especialmente cuando el debate público conecta el Ártico con defensa antimisiles, control de accesos y competencia con otras potencias. Este marco no niega el valor de la alianza: más bien subraya que, para Washington, las alianzas son instrumentos para objetivos de seguridad, y esos objetivos pueden volverse más exigentes cuando el entorno se vuelve más competitivo. [time.com], [atlanticcouncil.org] [atlanticcouncil.org], [aljazeera.com]


3. Un punto clave: EE. UU. ya dispone de acuerdos, pero quiere mayor “certeza operativa”

Una lectura diplomática y pro-EE. UU. debe reconocer un elemento práctico: parte de las necesidades de seguridad estadounidenses en Groenlandia se han canalizado históricamente mediante acuerdos y presencia. De hecho, análisis recientes señalan que existen marcos bilaterales y posibilidades de ampliar cooperación, lo que sugiere que hay espacio para una solución negociada que no exija dramatizar la relación transatlántica. El problema, por tanto, no es la existencia de intereses legítimos —que toda potencia tiene— sino el riesgo de que la gestión política se perciba como presión o imposición, alimentando resistencias y elevando costos de coordinación. [time.com], [atlanticcouncil.org] [theguardian.com], [atlanticcouncil.org]


4. El costo de la coerción: credibilidad, normas y el “impensable” dentro de la OTAN

La OTAN fue diseñada para responder a amenazas externas, no para administrar un choque intramuros. Por eso, varios análisis han subrayado lo disruptivo que sería un escenario en el que un miembro presione o ataque a otro: el Artículo 5 perdería claridad operacional y la alianza quedaría conceptualmente herida, aun si sobreviviera formalmente. En términos diplomáticos, eso implicaría para Estados Unidos un dilema: un triunfo táctico podría convertirse en un retroceso estratégico si reduce la confianza de aliados, incentiva reacomodos y crea oportunidades para rivales. Este es precisamente el tipo de externalidad que los estrategas suelen evitar cuando el objetivo es sostener liderazgo y legitimidad. [theguardian.com], [aljazeera.com] [time.com], [theguardian.com]


5. Europa y la realidad de las capacidades: dependencia y tiempos de ajuste

Otro hecho incómodo, pero central, es que Europa enfrenta limitaciones de capacidad en el corto plazo. Comentarios especializados apuntan a que la dependencia europea de habilitadores estratégicos estadounidenses —inteligencia, sistemas, logística y equipamiento— reduce el margen para respuestas rápidas si una crisis se prolonga o se multiplica en frentes. De allí se desprende una conclusión pro-alianza (y también pro-EE. UU.): la credibilidad transatlántica se sostiene mejor cuando Europa acelera inversión y cuando Estados Unidos canaliza sus objetivos a través de acuerdos verificables, no de ambigüedades que disparen ansiedad política. [time.com], [theguardian.com] [atlanticcouncil.org], [time.com]


6. La soberanía y el autogobierno como condición de estabilidad

Una solución durable debe reconocer la naturaleza política del territorio: Groenlandia es un espacio con autogobierno dentro del Reino de Dinamarca, y cualquier arreglo sostenible necesita legitimidad local. En la práctica, esto no invalida la cooperación con Estados Unidos; al contrario, sugiere que la cooperación funcionará mejor si se traduce en beneficios claros (seguridad, inversión, infraestructura) sin erosionar la dignidad política de los groenlandeses. Además, la evidencia reciente de “desacuerdo fundamental” en rondas de diálogo indica que las partes se mueven en líneas rojas sensibles, por lo que el diseño institucional del acuerdo —sus salvaguardas y mecanismos— se vuelve tan importante como el contenido material. [theconversation.com], [atlanticcouncil.org]


7. El enfoque pro-EE. UU. más convincente: liderazgo mediante reglas, no mediante sorpresa

Ser pro-estabilidad y pro-EE. UU. en este debate no requiere celebrar maximalismos; requiere defender la idea de liderazgo responsable. El liderazgo estadounidense históricamente ha combinado poder con arquitectura institucional: acuerdos, estándares, coordinación y previsibilidad. En el caso de Groenlandia, análisis proponen explícitamente evitar una “catástrofe” transatlántica mediante diplomacia, negociación y ajustes que fortalezcan la seguridad ártica sin dinamitar la alianza. En otras palabras, la opción más inteligente para Washington no es “ganar solo”, sino ganar con aliados, porque eso preserva legitimidad, reduce costos y mantiene el efecto de disuasión que nace de la cohesión. [atlanticcouncil.org], [time.com] [atlanticcouncil.org], [theguardian.com]


8. Un menú de salida diplomática: cuatro pilares para desescalar y fortalecer

Una solución funcional puede organizarse en cuatro pilares. Primero, capacidades árticas compartidas: incrementar ejercicios, vigilancia y logística con participación aliada, para que la seguridad sea un bien colectivo y no un pulso político. Segundo, acuerdos de acceso transparentes: ampliar o modernizar arreglos de defensa que ya existen, con cláusulas claras, auditoría política y comunicación pública que reduzca sospechas. Tercero, cooperación económica en minerales críticos bajo estándares ambientales y laborales que eviten la percepción de extractivismo y, a la vez, respondan a necesidades tecnológicas. Cuarto, respeto al autogobierno: garantías explícitas de que cualquier cooperación se hará con consentimiento y beneficios locales, minimizando el incentivo a protestas y a polarización. [atlanticcouncil.org], [theguardian.com] [time.com], [atlanticcouncil.org] [atlanticcouncil.org], [time.com] [theconversation.com], [atlanticcouncil.org]


9. La narrativa importa: cómo evitar que el debate se convierta en profecía autocumplida

Parte de la tensión es narrativa. Cuando voces influyentes sugieren que los aliados deben prepararse para un mundo “solos” o para una OTAN debilitada, se acelera la desconfianza, y la desconfianza reduce opciones de negociación. Esto no significa negar riesgos; significa administrar expectativas. Una estrategia comunicacional responsable —tanto en Washington como en Europa— debería enfatizar que el objetivo es fortalecer seguridad en el Ártico y reducir incertidumbres, no redefinir soberanías por impulso. Esa diferencia discursiva puede sostener el espacio diplomático necesario para cerrar acuerdos sin humillaciones, condición clave para que cualquier pacto sea políticamente defendible. [linkedin.com], [aljazeera.com] [atlanticcouncil.org], [theconversation.com]


10. Lecciones para países pequeños y medianos: resiliencia, diversificación y reglas

Aunque el caso se concentra en el Atlántico Norte, sus lecciones son universales. Primero, la seguridad contemporánea exige planeación de escenarios, porque lo “impensable” puede entrar en agenda en cuestión de semanas. Segundo, la dependencia absoluta de un solo proveedor de seguridad o de una sola cadena crítica aumenta vulnerabilidades; por tanto, la diversificación y la resiliencia institucional son activos estratégicos. Tercero, las reglas importan incluso para los poderosos: cuando los arreglos se sustentan en normas y procedimientos, se reducen costos de transacción y se preserva legitimidad, algo valioso para cualquier Estado que quiera invertir, comerciar o construir reputación. [theguardian.com], [time.com] [time.com], [atlanticcouncil.org] [atlanticcouncil.org], [theguardian.com]


11. Por qué a Estados Unidos también le conviene “ganar con aliados”

En términos de interés nacional estadounidense, el escenario óptimo combina seguridad y continuidad de alianzas. La cohesión aliada amplifica disuasión y reduce la carga directa sobre Washington; además, evita que rivales se beneficien del desorden. Incluso quienes advierten sobre escenarios de ruptura suelen señalar que el costo para el orden de posguerra sería severo, lo que sugiere que la racionalidad estratégica invita a preferir soluciones negociadas y previsibles. Por eso, una postura pro-EE. UU. coherente no es maximalista: busca resultados tangibles (acceso, seguridad, cooperación) a través de mecanismos que preserven el capital político de la alianza, porque ese capital es una ventaja comparativa de Estados Unidos. [theguardian.com], [time.com] [aljazeera.com], [atlanticcouncil.org] [atlanticcouncil.org], [time.com]


12. Conclusión: una oportunidad para modernizar la alianza y estabilizar el Ártico

Groenlandia concentra una tensión típica de tiempos de transición: la geografía vuelve a ser destino, la tecnología reordena prioridades y la competencia redefine alianzas. Estados Unidos tiene razones estratégicas para reforzar su postura en el Ártico; el desafío es hacerlo de manera que fortalezca —y no fracture— la confianza transatlántica. La solución diplomática, basada en acuerdos transparentes, inversión aliada y respeto al autogobierno local, ofrece una vía de salida que protege la credibilidad de la OTAN y convierte la crisis en una arquitectura de seguridad compartida. Si el objetivo es la estabilidad, el mejor camino no es el dramatismo, sino la institucionalidad: reglas, cooperación y resultados verificables. [time.com], [atlanticcouncil.org] [atlanticcouncil.org], [theconversation.com] [theguardian.com], [atlanticcouncil.org]


Referencias 

Fried, D. (2026, January 17). The US and NATO can avoid catastrophe over Greenland and emerge stronger. Here’s how. Atlantic Council. [atlanticcouncil.org]

Psaropoulos, J. T. (2026, January 9). Europe should prepare for Greenland’s annexation and end of NATO: Experts. Al Jazeera. [aljazeera.com]

Rahman, M. (2026, January 7). The Greenland crisis could break NATO. TIME. [time.com]

Sabbagh, D. (2026, January 6). How a US takeover of Greenland would undermine Nato from within. The Guardian. [theguardian.com]

The Conversation. (2026, January 16). Las negociaciones entre Estados Unidos y Groenlandia se han estancado: tres formas en que podría terminar la crisis. [theconversation.com]

The Economist. (2026). The Greenland crisis holds lessons for all countries… (Publicación en LinkedIn con enlace a artículo). [linkedin.com]


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🌍🇺🇸 Donald Trump anuncia acuerdo preliminar con la OTAN sobre Groenlandia y el Ártico

Estados Unidos | Donald Trump dijo que llegó a un acuerdo preliminar con la OTAN sobre Groenlandia y la región del Ártico 

El mandatario estadounidense indicó que, gracias a este entendimiento, suspenderá la aplicación de los aranceles que estaban previstos para entrar en vigor el 1 de febrero y que afectarían a los aliados europeos 
Seguir en Icono de Google para seguir en redes sociales 21 Ene, 2026 02:48 p.m. EST
Donald Trump dijo que llegó
Donald Trump dijo que llegó a un acuerdo preliminar con la OTAN sobre Groenlandia y la región del Ártico (REUTERS)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles que se alcanzó un marco de acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para negociar el futuro de Groenlandia y la región ártica.

Hemos formado el marco de un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, en realidad, a toda la región ártica. Esta solución, si se lleva a cabo, será muy beneficiosa para los Estados Unidos de América y para todos los países de la OTAN”, afirmó Trump.

El mandatario republicano explicó que, sobre la base de este entendimiento, “no se impondrán los aranceles que estaban programados para el 1 de febrero”.

El anuncio marca un nuevo capítulo en la estrategia de Washington hacia el Ártico, una región de competencia global debido a sus recursos minerales y a su valor estratégico frente a Rusia y China.

Estados Unidos ha insistido en los últimos meses en la necesidad de asegurar una presencia fuerte en Groenlandia, isla autónoma bajo soberanía danesa, para proteger los intereses norteamericanos y de la OTAN en el extremo norte.

En su intervención en Davos, Trump descartó por primera vez el uso de la fuerza para adquirir Groenlandia, pero insistió en que Estados Unidos buscará “negociaciones inmediatas” para discutir su adquisición.

El anuncio de Donald Trump
El anuncio de Donald Trump en sus redes sociales

No tengo que usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No voy a usar la fuerza. Todo lo que pide Estados Unidos es un lugar llamado Groenlandia”, declaró.

Trump aseguró que el objetivo es asegurar un “bloque de hielo frío y mal ubicado” que, según él, “puede jugar un papel vital en la paz mundial y la protección del mundo”.

Señaló también que Estados Unidos está manteniendo conversaciones adicionales sobre la defensa antimisiles “Cúpula Dorada” en relación con Groenlandia, aunque no ofreció detalles sobre el contenido de esas negociaciones.

Añadió que el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el enviado especial Steve Witkoff estarán a cargo de las futuras discusiones y le reportarán directamente.

El acuerdo preliminar fue celebrado por los mercados financieros, que reaccionaron con alzas tras el discurso de Trump y la noticia en Truth Social. Sin embargo, las reacciones desde Europa han sido más cautas.

El presidente de Estados Unidos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene una reunión bilateral con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza (REUTERS/Jonathan Ernst)

Dinamarca, que mantiene la soberanía sobre Groenlandia, rechazó la posibilidad de negociar la venta de la isla, mientras que el Parlamento Europeo paralizó la ratificación del acuerdo comercial con Washington como respuesta a las amenazas arancelarias.

Mark Rutte, secretario general de la OTAN, reconoció en Davos que está intentando rebajar la tensión con Estados Unidos sobre Groenlandia y el Ártico, y defendió la importancia de mantener la cooperación transatlántica en materia de seguridad. La Unión Europea, por su parte, ha reiterado que cualquier negociación sobre el futuro de Groenlandia debe respetar la soberanía danesa y los principios del derecho internacional.

El anuncio de Trump llega en un contexto de creciente interés internacional por el Ártico, donde el deshielo ha abierto nuevas rutas comerciales y aumentado la competencia por los recursos naturales.

Estados Unidos considera que una presencia sólida en Groenlandia es esencial para contrarrestar la influencia de Moscú y Beijing en la región.

Mientras tanto, la comunidad internacional espera detalles concretos sobre el marco del acuerdo y sobre el contenido de la defensa “Cúpula Dorada”.

Región del Ártico
Región del Ártico

Trump concluyó su intervención asegurando que se darán a conocer más detalles a medida que avancen las negociaciones y agradeció la atención internacional sobre el tema

(Con información de EFE y AFP)

 https://www.infobae.com/estados-unidos/2026/01/21/donald-trump-dijo-que-llego-a-un-acuerdo-preliminar-con-la-otan-sobre-groenlandia-y-la-region-del-artico/

🌍🇺🇸 Donald Trump anuncia acuerdo preliminar con la OTAN sobre Groenlandia y el Ártico

El presidente de EE.UU. informó que alcanzó un marco de entendimiento con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para negociar el futuro de Groenlandia y la región ártica.

👉 Gracias a este acuerdo, Trump confirmó que no se aplicarán los aranceles previstos para el 1 de febrero, que habrían afectado a los aliados europeos.

📌 “Esta solución será muy beneficiosa para Estados Unidos y para todos los países de la OTAN”, aseguró.

🔗 Más detalles: Infobae

#OTAN #Groenlandia #Ártico #DonaldTrump #Geopolítica

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viernes, 30 de julio de 2021

@orlandojm Noticia sobre cambio climático > El pasado martes, Groenlandia derritió su hielo en una cantidad que cubriría el Estado de la Florida con dos pulgadas de agua. Si lo proyectáramos a RD, cubriría el país con 7 pulgadas de agua

The amount of Greenland ice that melted on Tuesday could cover Florida in 2 inches of water 
By Rachel Ramirez, CNN Updated 0415 GMT (1215 HKT) July 30, 2021
Ice melting on the west side of Greenland in 2019, a record year for ice loss.

(CNN)Greenland is experiencing its most significant melting event of the year as temperatures in the Arctic surge. The amount of ice that melted on Tuesday alone would be enough to cover the entire state of Florida in two inches of water.

It's the third instance of extreme melting in the past decade, during which time the melting has stretched farther inland than the entire satellite era, which began in the 1970s.
Greenland lost more than 8.5 billion tons of surface mass on Tuesday, and 18.4 billion tons since Sunday, according to the Denmark Meteorological Institute. While this week's total ice loss is not as extreme as a similar event in 2019 — a record melt year — the area of the ice sheet that's melting is larger.
    "It's a significant melt," Ted Scambos, a senior research scientist at the National Snow and Ice Data Center at the University of Colorado, told CNN. "July 27th saw most of the eastern half of Greenland from the northern tip all the way to the southern tip mostly melted, which is unusual."
      As human-caused climate change warms the planet, ice loss has increased rapidly. According to a recent study published in the journal Cryosphere, Earth has lost a staggering 28 trillion tonnes of ice since the mid-1990s, a large portion of which was from the Arctic, including the Greenland ice sheet.
      "In the past decade, we've already seen that surface melting in Greenland has become both more severe and more erratic," said Thomas Slater, a glaciologist at the University of Leeds and a co-author on that report. "As the atmosphere continues to warm over Greenland, events such as yesterday's extreme melting will become more frequent."
      Although the current ice meltdown in Greenland isn't record-setting, the magnitude at which these events occur is a clear signal of how climate change is creating more melt periods.
      "Overall, we're seeing that Greenland melts more often," said Scambos, who also authors the National Snow and Ice Data Center's Greenland updates. "In previous decades or centuries, it's extremely rare to get above freezing temperatures at the summit of Greenland."
      In 2019, Greenland shed roughly 532 billion tons of ice into the sea. During that year, an unexpectedly hot spring and a July heat wave caused almost the entire ice sheet's surface to begin melting. Global sea level rose permanently by 1.5 millimeters as a result.
      Warmer coastal water melts the Greenland ice sheet around the edges, breaking off massive icebergs that contribute to sea level rise.
      As Greenland's surface continues to thaw, Slater said coastal cities around the world are vulnerable to storm-surge flooding, especially when extreme weather coincides with high tides. Melting from Greenland is expected to raise global sea level between 2 and 10 centimeters by the end of the century, he added.
      Massive ice sheets can melt rapidly when the air temperature is warm. But warmer ocean water is also eroding the ice sheet around the edges.
      As humans release heat-trapping greenhouse gas, the warming atmosphere thaws the fresh white ice — which reflects the sun's energy back into space — on the surface. That exposes the darker ice below which absorbs solar energy and causes more melting.
      Additionally, warmer coastal water melts the ice sheet around the edges, breaking off massive icebergs that contribute to sea level rise.
      Scientists say the trends at which climate change is accelerating are quite clear, and that unless emissions are curbed, such extreme events will continue to occur more frequently.
        "While such events are concerning, the science is clear," Slater said. "Meaningful climate targets and action can still limit how much the global sea level will rise this century, reducing the damage done by severe flooding to people and infrastructure around the world."
        Correction: An earlier version of this story included an incorrect description of Greenland. Greenland is part of North America. This story has been updated. https://edition.cnn.com/2021/07/29/us/greenland-ice-melting-climate-change/index.html @orlandojm Noticia sobre cambio climático > El pasado martes, Groenlandia derritió su hielo en una cantidad que cubriría el Estado de la Florida con dos pulgadas de agua. Si lo proyectáramos a RD, cubriría el país con 7 pulgadas de agua. https://apple.news/AhXbaPWb9Qh6yMRyJoCjcNQ https://twitter.com/orlandojm/status/1421083007537106948?s=20

        jueves, 22 de agosto de 2019

        "El fin del planeta": Por qué todos deberíamos preocuparnos por el derretimiento de Groenlandia

        "El fin del planeta": Por qué todos deberíamos preocuparnos por el derretimiento de Groenlandia

        Publicado: 22 ago 2019 13:22 GMT | Última actualización: 22 ago 2019 13:32 GMT
        Los científicos advierten de que el futuro de la Tierra se está escribiendo en esa región.
        "El fin del planeta": Por qué todos deberíamos preocuparnos por el derretimiento de Groenlandia
        Glaciares flotan en el mar cerca de Kulusk, Groenlandia, el 16 de agosto del 2019.
        Felipe Dana / AP
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        Este verano boreal se han registrado en Groenlandia temperaturas sin precedentes para la región que han contribuido al derretimiento de los glaciares de forma inusitada y al aumento del nivel del mar, constata Associated Press en un reportaje dedicado al fenómeno.
        David Holland, científico de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), uno de los encargados de monitorear el derretimiento de los glaciares en Groenlandia, considera que esa región es "el fin del planeta". Aunque usa esa descripción para referirse a la ubicación geográfica de Groenlandia, Holland considera que, precisamente, en ese lugar se está escribiendo el futuro de la Tierra.
        A primeros de agosto, la temperatura en algunos puntos de esta región alcanzaron los 11 ℃, un índice sin precedentes que se tradujo en el derretimiento de vastas áreas de superficie helada. Los científicos estiman que para finales de este verano boreal, Groenlandia habrá perdido alrededor de 440.000 millones de toneladas de hielo, cantidad suficiente como para cubrir toda Grecia bajo 30 centímetros de agua.
        Una vista del glaciar Helheim de Groenlandia el 16 de agosto de 2019 / Felipe Dana / AP
        Entre el 31 de julio y el 3 de agosto, se derritieron más de 58.000 millones de toneladas de la superficie de Groenlandia, es decir, 40.000 millones de toneladas más que el volumen promedio para esta época del año. Uno de los lugares más afectados por las inusuales temperaturas es el glaciar Helheim, uno de los más grandes de Groenlandia, que desde 2005 ha perdido unos 10 kilómetros de su superficie.

        El agua cálida del golfo de México

        Científicos como el oceanógrafo de la NASA Josh Willis, consideran que el derretimiento es consecuencia delcambio climático generado por la actividad humana y patrones meteorológicos naturales pero inusuales. Imágenes por satélite revelaron que entre 2003 y 2016 Groenlandia perdió unas 255.000 millones de toneladas métricas de su capa de hielo, y los investigadores advierten que la situación podría empeorar en los próximos años.
        Otra de las razones que contribuirían al derretimiento del hielo de esa región es el agua salada y cálidaque está llegando hasta sus cercanías. Holland, al igual que Willis, sospecha que esa agua proviene en parte de la corriente del golfo de México. De confirmarse esa hipótesis, la perdida de la capa de hielo de Groenlandia se produciría a mucha mayor rapidez.
        Willis calcula que para 2100 solo Groenlandia contribuiría al aumento del nivel del mar en, aproximadamente, un metro.