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jueves, 18 de junio de 2026

La inauguración del Centro Obama: símbolo de unidad democrática en tiempos de fractura

La inauguración del Centro Obama: símbolo de unidad democrática en tiempos de fractura

La presencia de expresidentes y la ausencia de Donald Trump reflejan no solo un evento histórico, sino también las tensiones y lecturas políticas de la democracia estadounidense contemporánea.

La inauguración del Centro Presidencial de Barack Obama en Chicago no fue simplemente una ceremonia protocolar. Fue, en esencia, un acto profundamente simbólico sobre el estado actual de la democracia estadounidense, sus consensos posibles y sus fracturas evidentes. La presencia conjunta de figuras como Bill Clinton, George W. Bush y Joe Biden —tres expresidentes de corrientes ideológicas distintas— junto a la exvicepresidenta Kamala Harris, proyectó una imagen cuidadosamente construida de institucionalidad, continuidad y respeto por la tradición democrática.

En contraste, la ausencia del actual presidente Donald Trump —quien no fue invitado al evento— introduce un elemento inevitable de lectura política. No se trata de una omisión casual, sino de una decisión deliberada que desnuda las tensiones que atraviesan hoy el sistema político estadounidense. Tradicionalmente, las bibliotecas o centros presidenciales han sido espacios de encuentro transversal, donde la institucionalidad se impone sobre las diferencias partidarias. Sin embargo, este caso evidencia que ese pacto tácito enfrenta hoy límites más visibles. 

El Centro Obama, concebido como un complejo cultural, educativo y cívico de más de 850 millones de dólares, busca ser mucho más que un archivo de memoria presidencial. Es, en palabras del propio Obama, un espacio para reafirmar los valores democráticos, el equilibrio de poderes y la responsabilidad cívica en una sociedad plural. En ese sentido, la narrativa del evento no giró únicamente en torno al legado del expresidente, sino al mensaje de que la democracia requiere participación, vigilancia y compromiso constante.

La imagen de múltiples expresidentes reunidos bajo un mismo escenario refuerza una idea poderosa: la institucionalidad estadounidense trasciende a las figuras individuales. En esa postal convergen distintas visiones del país, desde el liberalismo de Clinton hasta el conservadurismo de Bush, pasando por el pragmatismo de Biden. Esa diversidad, en un mismo acto, envía una señal clara de que, pese a las diferencias, existe un terreno común que la política debe preservar.

No obstante, la exclusión de Trump revela que ese terreno compartido no es absoluto. Responde más bien a una delimitación de valores y estilos de liderazgo que hoy están en disputa. La decisión de centrar la celebración en quienes “acompañaron el recorrido político de Obama” subraya una narrativa de afinidad y legado, pero también abre el debate sobre qué significa hoy la inclusión política en eventos de esta naturaleza.

Más allá de la coyuntura, el centro presidencial se erige como una apuesta estratégica por el futuro: un espacio destinado a inspirar nuevas generaciones, promover el liderazgo comunitario y fortalecer el compromiso cívico. En una época marcada por la polarización, este tipo de iniciativas buscan reconstruir puentes desde la cultura, la educación y la memoria histórica. 

El discurso de Obama durante la inauguración refuerza esta visión al insistir en la idea de una nación “sin reyes”, donde el poder reside en los ciudadanos y no en figuras individuales. Esta afirmación, más que retórica, adquiere una dimensión crítica en el contexto actual, donde el liderazgo político y la institucionalidad enfrentan desafíos significativos.

En definitiva, la apertura del Centro Presidencial Obama trasciende el homenaje a un líder. Se convierte en un espejo del momento político estadounidense: una democracia capaz de reunir a sus antiguos mandatarios en un gesto de continuidad institucional, pero también atravesada por divisiones que ya no pueden ser ignoradas.

En ese delicado equilibrio entre unidad y exclusión, entre legado y coyuntura, se dibuja el verdadero significado del evento: no solo recordar el pasado, sino cuestionar el presente y proyectar el futuro de la democracia.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

domingo, 22 de abril de 2018

Estados Unidos despide a Barbara Bush

EL MUNDO

Estados Unidos despide a Barbara Bush

Bárbara Bush, esposa del expresidente estadounidense George Bush y madre de otro exjefe de Estado, George W., fallecida el jueves, fue despedida en Houston, Texas, por familiares y exmandatarios.
Beerdigung der ehemaligen First Lady Barbara Bush (picture-alliance/dpa/AP/D.J. Phillip)
Estados Unidos cumplió hoy (21.04.2018) su último adiós a la ex primera dama, Barbara Bush, fallecida el 17 de abril a los 92 años, en un solemne funeral realizado en Houston (Texas, EE. UU.), en el que familiares, amigos y representantes de la política estadounidense recordaron "una vida dedicada a los demás".
La ex primera dama falleció el jueves debido a un problema crónico en el corazón. Entre los presentes en el servicio fúnebre estuvieron los demócratas Bill Clinton y Barack Obama con sus respectivas esposas, le excandidata presidencial y secretaria de Estado Hillary Clinton y Michel Obama, quienes estuvieron junto a George W.
Donald Trump no asistió
Si bien el actual mandatario, Donald Trump, no asistió, su esposa Melania sí se hizo presente. El jefe de Estado dijo en Twitter que seguía el servicio fúnebre por televisión y que sus "rezos y pensamientos" estaban con la familia Bush. También había ordenado que la bandera flameara a media asta.
Uno de los hijos de Barbara, el exgobernador de Florida, Jeb Bush, agradeció en nombre de la familia el apoyo y "las miles de condolencias recibidas" desde todos los sectores de la sociedad. "Nuestra madre fue la profesora más importante de nuestra vida, siempre nos decía con su carácter amable pero firme: siéntense, hagan sus deberes, no se quejen, sean honestos, no engañen y amen a Dios con toda su alma", dijo.
Beerdigung der ehemaligen First Lady Barbara Bush (picture-alliance/AP Photo/E. Vucci)
El expresidente George W. Bush y su padre el expresidente George H.W. Bush
El segundo hijo de la ex primera dama recordó que su madre llenó sus vidas "con felicidad y enseñanzas", tal y como hacía con el resto de personas porque "fue bella hasta el último día de su vida". Emocionado, Jeb Bush acabó su discurso con una frase llena de sentimientos, en la que también quiso acordarse de su hermana fallecida en 1953, con solo tres años de edad, enferma de leucemia. "Mamá nos volveremos a ver contigo, con Robin y con todos los hijos de Dios. Te quiero", concluyó con voz entrecortada.
FEW (dpa, EFE)
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miércoles, 18 de abril de 2018

@CIA Extendemos nuestras más profundas condolencias a la familia Bush por la pérdida de una maravillosa mujer y americana. Como la esposa de un ex director, Barbara Bush ha sido, y siempre será, parte de la familia de la CIA

@CIA Extendemos nuestras más profundas condolencias a la familia Bush por la pérdida de una maravillosa mujer y americana. Como la esposa de un ex director, Barbara Bush ha sido, y siempre será, parte de la familia de la CIA

Muere Barbara Bush, matriarca de una dinastía política

Muere Barbara Bush, matriarca de una dinastía política

Primera dama entre 1989 y 1993, esposa y madre de presidentes de EE UU, ha muerto a los 92 años en su casa de Houston. Se la consideró el “arma secreta” de Bush padre

https://elpais.com/internacional/2018/04/18/estados_unidos/1524008727_377226.html?id_externo_rsoc=TW_CC

La ex primera dama Barbara Bush, en un acto público en Viriginia en octubre de 2007. FOTO: REUTERS / VÍDEO: EPV
Barbara Bush, matriarca de una de las grandes dinastías políticas estadounidenses, murió este martes a los 92 años en su casa de Houston (Texas). Fue una primera dama carismática y popular. Durante el mandato de su marido, George W. H. Bush (1989-1993), se la llegó a llamar el “arma secreta” del republicano, quien, en cambio, fue poco reconocido en su tiempo en activo y no salió reelegido. Tuvieron seis hijos, uno de los cuales, George, sería también presidente (2001-2009) y otro, Jeb, precandidato en las últimas elecciones a la Casa Blanca. En las primarias apareció en algún acto público para reforzar la figura de su hijo ante el vendaval de Donald Trump. Fue, de nuevo, el “arma secreta” de Bush; pero, de nuevo, no pudo cambiar las tornas.
Imposible desligar su recuerdo de un cabello que encaneció de forma precoz y unos collares de perlas de los que no se separaba, ya estuviera en una cena de Estado o ataviada con una gorra en un partido de béisbol. Llegó a la Casa Blanca tras el paso de una primera dama icónica e influyente, la también republicana Nancy Reagan, y trató de construir un perfil propio, en lo que definió como un término medio entre el papel muy político de Rosalyn Carter -era conocido que esta asesoraba a su marido en todo tipo de decisiones- y el protagónico, pero ajeno a la acción de Gobierno, de Nancy.
La familia comunicó el domingo que la matriarca había pasado a recibir cuidados únicamente paliativos en la fase terminal de una dolencia que no se especificó en el comunicado, tras varias hospitalizaciones. "Mamá nos mantuvo siempre en alerta y nos hizo reír hasta el último momento", dijo su hijo y expresidente, George W. en un comunicado.
Le ha sobrevivido George H. W. Bush, de 93 años, de salud ya muy delicada. Ambos se habían conocido muy jóvenes, siendo adolescentes, y casado a los 20 y 21 años. Barbara Pierce (su apellido de soltera) nació en la ciudad de Nueva York en 1925 en el seno de una familia perteneciente a la iglesia episcopal. Su padre era un acaudalado empresario.

“Dadle un respiro”, dijo defendiendo a Hillary Clinton

Barbara Bush ha sido hasta ahora la única mujer, junto a Abigail Adams (1744-1818), esposa y madre de presidentes de Estados Unidos. Aunque en casa se encargaba de imponer la disciplina, el público veía en ella un talante más suave y cálido que el de su marido, quien, de hecho, solía referirse a la primera dama para recalcar la labor más social o humanitaria de su Gobierno.
Y, pese a ello, Barbara tenía colmillo (además de sentido del humor). En la campaña electoral, atacó a Bill Clinton con sus presuntas infidelidades: “Nunca ha negado que tuviera una aventura, ¿no?”, se despachó en una entrevista. Sin embargo, tras la victoria del demócrata, salió en defensa de Hillary Clintoncuando esta aterrizó en la Casa Blanca y recibió las primeras críticas de la prensa (sí, empezaron el primer día). “Dadle un respiro”, reclamó a los medios.
Solía hablar de forma abierta y poco ceremoniosa. En 2014, durante una entrevista, le preguntaron qué le parecería tener otro Bush presidente y soltó que ya había habido “suficientes Bushes” en la Casa Blanca. “Es una tontería si no encontramos más de dos o tres familias para presentarse a la presidencia”, dijo.
Los medios lo recordaron bien cuando, un año después, su hijo Jeb, exgobernador de Florida, se lanzó a la carrera por la candidatura republicana. Y entonces, en una gala del político en Bonita Springs, de repente apareció en un vídeo proyectado en una gran pantalla. “Eh… Jeb, escucha, soy mamá. ¿Qué quieres decir con ‘demasiados Bushes…’? ¡He cambiado de opinión!”. Y el público rompió a reír con la matriarca.

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lunes, 9 de abril de 2018

La Guerra de Irak: al principio fue la mentira…

EL MUNDO

La Guerra de Irak: al principio fue la mentira…

En abril de 2003, soldados estadounidenses derribaron la estatua de Saddam Hussein en Bagdad. Hoy es innegable que la Guerra de Irak se basó en mentiras, mató a cientos de miles y dejó al Medio Oriente sumido en el caos.
Irak Sturz Regime Saddam Hussein (picture-alliance/dpa)
La Guerra de Irak comenzó el 20 de marzo de 2003 con los bombardeos estadounidenses sobre el país asiático; pero la primera imagen que quedó grabada en la memoria colectiva como emblema de esa ofensiva fue la del derribamiento de una estatua de Saddam Hussein en Bagdad, orquestado por soldados occidentales el 9 de abril. Hoy, quince años más tarde, sigue habiendo preguntas sobre esa invasión que no han recibido respuesta oficial. Por ejemplo, aún no se sabe exactamente cuántos iraquíes fueron víctimas de la ocupación y del caos que ésta generó.
En lo que respecta al saldo de muertos, la mayoría de las estimaciones oscila entre los 150.000 y los 500.000. Investigaciones fiables arrojan un número mucho mayor: en 2006 –un lustro antes de que la Casa Blanca diera por terminada la Guerra de Irak– la reconocida publicación médica Lancet hablaba de más de 650.000 "muertes adicionales”, causadas por la destrucción de la infraestructura sanitaria iraquí. No cuesta imaginar que las cifras aludidas son conservadoras. Lo que sí se sabe es que los argumentos usados para justificar la invasión eran falsos.
Otra imagen emblemática de la Guerra de Irak data del 5 de febrero de 2003 y muestra al ex Secretario de Estado estadounidense Colin Powell (2001-2005) ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Seis semanas antes de que comenzara la invasión, Powell pasó 76 minutos esmerándose en persuadir a la opinión pública internacional de que ella era necesaria. Su mensaje principal era que el hombre fuerte de Bagdad, Saddam Hussein, poseía armas biológicas y químicas de destrucción masiva; fomentaba el terrorismo y tenía ambiciones nucleares.
Irak Saddam Hussein im Gerichtssaal (picture-alliance/dpa/C. Hondros)
Saddam Hussein, quinto presidente de Irak (1979-2003)
Las apariencias engañaron
Powell apoyó su presentación con ilustraciones, según las cuales Irak burlaba los estrictos controles armamentistas de las Naciones Unidas gracias a una flota de camiones que funcionaba como un laboratorio itinerante. Esa alocución de Powell es memorable, ante todo, por la falsedad de sus planteamientos; dos años más tarde, el propio Powell describió ese episodio como una mancha en su hoja de vida profesional. Ray McGovern, un exempleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), tiene mucho que decir al respecto.
"No es sólo que la información proveída por los servicios secretos tenía fallas, es que la misma era falsa”, comenta el experto de 78 años en entrevista con DW. En 2003, varios especialistas del ámbito de la inteligencia –incluido McGovern, quien ocupó cargos de alto rango en la CIA– fundaron la organización VIPS con miras a ofrecer análisis crítico de la política interior y exterior de Estados Unidos. VIPS sostiene que una parte esencial del contenido expuesto por Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU se basaba en datos de inteligencia germanos.
En 1999, el químico iraquí Rafed Ahmed Alwan llegó a Alemania solicitando asilo. Terminó llamando la atención del Servicio Federal de Inteligencia (BND) y éste procedió a interrogarlo con la esperanza de obtener información sobre las presuntas armas de destrucción masiva en poder del dictador Saddam Hussein. Al poco tiempo, Alwan –a quien se le asignó al alias "Curveball”– se percató de que, mientras más detalles ofrecía, más beneficios recibía a cambio: el refugiado iraquí obtuvo la nacionalidad alemana, un domicilio a su nombre y dinero para sus gastos.
Ehemalige US-Präsidenten Barack Obama und George W. Bush (AFP/Getty Images/S. Loeb)
El expresidente de EE. UU. George W. Bush (2001-2009), a la izquierda, y su sucesor, Barack Obama (2009-2017)
George W. Bush, información sabidamente falsa
La situación cambió cuando el entonces jefe del BND empezó a poner en duda la veracidad de los datos compartidos por Alwan: los servicios secretos alemanes comprobaron que éste mentía y notificaron al respecto a sus colegas estadounidenses. De hecho, en 2001, los estadounidenses les pidieron a los alemanes que firmaran una declaración vinculante alusiva a la veracidad de las declaraciones de Alwan y el expresidente del BND, August Hanning, se negó a suscribirla. Así lo señaló el diario Dei Welt en agosto de 2011, citando al propio August Hanning.
De acuerdo con el testimonio recogido por Die Welt, Hanning le escribió el siguiente mensaje a quien fuera director de la CIA en 2001, George Tenet: "Ninguna otra persona ha aportado información similar a la ofrecida por nuestra fuente y, por esta razón, la información en cuestión no puede darse por verificada”. Y a pesar de que se hicieron otras advertencias, las declaraciones de "Curveball” terminaron apuntalando la argumentación de Powell a favor de la Guerra de Irak. McGovern subraya que a Washington no le importaba si ‘Curveball' sabía o no de lo que hablaba.
"El Gobierno estadounidense obtuvo algo que le permitió pronunciarse públicamente sobre Irak. Esa información les permitió a los expertos del departamento de diseño de la CIA crear ilustraciones donde aparecían laboratorios móviles fabricando armas químicas, a pesar de que éstos no existían. Y esos gráficos fueron usados en la presentación de Powell”, explica McGovern. Su narración de los hechos fue corroborada en 2011 por el exjefe de la división europea de la CIA, Tyler Drumheller, en entrevista con el diario británico The Guardian.
Tony Blair im Interview (picture alliance/empics/J. Brady)
El ex primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair (1997-2007)
Tony Blair, pese a la falta de evidencias
Drumheller asegura que sus colegas del BND le advirtieron mucho antes de 2003 que los datos proveídos por "Curveball” no eran de fiar y que él mismo le había hecho llegar esa señal de alerta al jefe de la CIA, George Tenet, varias veces. "Incluso en la noche de la alocución de Powell en la ONU”, enfatiza Drumheller. En un artículo de opinión publicado recientemente por el sitio web Project Syndicate, el ex secretario general de la OTAN, Javier Solana, comenta que las bases para la invasión estadounidense se sentaron mucho antes del 11 de septiembre de 2001.
Solana recuerda que, poco después de su elección como presidente de Estados Unidos, George W. Bush hizo de Irak uno de los dos puntos principales de su política de seguridad. El Reino Unido se involucró tempranamente en su agenda: en mayo de 2005, el Sunday Times de Londres hizo público un memorándum confidencial que documentaba una reunión del alto mando celebrada el 23 de julio de 2002. A ella asistieron el entonces primer ministro británico, Tony Blair, varios miembros de su Gabinete y de los servicios secretos del país europeo.
Sir Richard Dearlove, a la sazón director del MI6, es citado en el memorándum reportando sobre un encuentro reciente con el jefe de la CIA, George Tenet; comentaba que Bush deseaba derrocar a Hussein mediante un ataque militar, justificado por su presunta cercanía con terroristas y su supuesta posesión de armas de destrucción masiva; y esgrimía, eso sí, que tanto la información de inteligencia como los hechos estaban siendo manipulados. El ministro británico del Exterior, Jack Straw, decía por su parte: "Las evidencias son muy débiles. Saddam no amenaza a sus vecinos”.
Gerhard Schröder (picture-alliance/dpa/P. Pleul)
El excanciller de Alemania Gerhard Schröder (1998-2005)
Gerhard Schröder: no, pero sí…
El entonces Fiscal General del Reino Unido, Lord Goldsmith, fue bastante elocuente cuando observó en esa cita: "El deseo de un cambio de régimen no constituye una base legal para una misión militar”. Pero las palabras de Goldsmith no impidieron que Blair inmiscuyera a Gran Bretaña en la Guerra de Irak, que, a juicio de Björn Schiffbauer, especialista en Derecho Internacional radicado en Colonia, "fue un delito de agresión reñido con la jurisprudencia global”. Un acto de violencia, acota Schiffbauer, en el que Alemania participó, al menos indirectamente.
Oficialmente, Berlín se negó a respaldar la invasión y la ocupación del país asiático. Es más, el entonces canciller de Alemania, Gerhard Schröder, fue reelecto en 2002 gracias a su posición de cara a esa ofensiva. No obstante, Florian Pfaff, otrora mayor del Bundeswehr, recuerda que el Ejército germano apoyó las operaciones de Estados Unidos y sus aliados en actividades logísticas, como la de preparar los aviones de vigilancia aérea (AWAC) para sus misiones y proteger los cuarteles estadounidenses. Pfaff trabajaba entonces como especialista en tecnologías de la información.
Pfaff se rehusaba a participar en una guerra de agresión y así lo hizo saber en su batallón: "Voy a analizar todas las órdenes que reciba y si compruebo que las mismas me obligan a involucrarme en la guerra, me negaré a obedecerlas”. Sus superiores reaccionaron ordenando su reclusión en la unidad de Psiquiatría durante una semana. "Yo ya había oído decir que los comunistas encerraban a los rebeldes en centros psiquiátricos. Por fortuna, en mi caso determinaron que yo estaba muy bien de salud”, le cuenta Pfaff a DW. El Ejército alemán empezó a ejercer presión sobre él y llevó su caso ante la Fiscalía General. Sin embargo, en 2005, el Tribunal Administrativo de Leipzig sentenció que Pfaff tenía derecho a negarle su apoyo a una guerra que, por razones comprensibles, él consideraba reñida con el Derecho Internacional y, por lo tanto, ilegal.
Matthias von Hein (ERC/ERS)

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