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lunes, 8 de julio de 2019

Bachelet, "profundamente impactada" por trato a migrantes en EE. UU.

EL MUNDO

Bachelet, "profundamente impactada" por trato a migrantes en EE. UU.

"Como pediatra, pero también como madre y ex jefa de Estado", la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos criticó las condiciones de detención a las que EE. UU. somete a migrantes y solicitantes de asilo.
Schweiz Genf UN Menschenrechtskommissarin Michelle Bachelet (picture-alliance/KEYSTONE/M. Trezzini)
La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, se dijo "profundamente impactada" por las condiciones de detención de los migrantes en Estados Unidos, subrayando por otro lado que no habría que separar nunca a los niños de sus familias.
"Como pediatra, pero también como madre y ex jefa de Estado, estoy profundamente impactada de que unos niños sean obligados a dormir en el suelo en instalaciones superpobladas, sin acceso a cuidados de salud o a alimentos adecuados y en malas condiciones sanitarias", declaró Michelle Bachelet a través de un comunicado.
Las oficinas de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos en México y Centroamérica han documentado también numerosas violaciones de los derechos humanos contra migrantes y refugiados que están en tránsito hacia Estados Unidos.
Entre los abusos identificados están el uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, separación de familias, negación de servicios esenciales, así como repatriaciones y expulsiones forzadas.
"Trato cruel, inhumano y degradante"
Bachelet sostuvo que los niños, en particular, nunca deben ser detenidos por razón de su estatus migratorio o separados de sus familias, y que urge que las autoridades estadounidenses encuentren alternativas que no impliquen su encierro.
Varias instancias de derechos humanos de la ONU, a las que la alta comisionada hizo referencia, han establecido que la detención de los niños migrantes puede llegar a considerarse como un "trato cruel, inhumano y degradante que está prohibido por el derecho internacional".
En cualquier caso en el que se proceda a la detención de un migrante, esta debe ser por el tiempo más corto posible y en condiciones que respeten sus derechos.
Reconocimiento a organizaciones civiles e individuos
La ONU y Bachelet, en particular, siempre han reconocido que la cuestión migratoria es compleja y no tiene soluciones fáciles para los países de origen, los de tránsito y los de destino, y llevan tiempo reclamando que los gobiernos trabajen de forma coordinada para atender las causas subyacentes a la migración.
Las principales son la inseguridad, la violencia sexual y de género, la pobreza y los efectos del cambio climático y de la degradación del medio ambiente en numerosos países pobres.
Bachelet no olvidó reconocer lo que muchas organizaciones civiles e individuos están haciendo por cuenta propia para ofrecer a los migrantes asistencia vital y cierta esperanza, y consideró "inconcebible" que aquellos que obran así corran el riesgo de afrontar una causa penal. 
rml (afp, efe, reuters)
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Niños hacinados y familias en celdas sin ducha

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miércoles, 9 de enero de 2019

"Pérdida de tiempo": Trump abandona reunión urgente con líderes demócratas sobre el muro fronterizo

"Pérdida de tiempo": Trump abandona reunión urgente con líderes demócratas sobre el muro fronterizo

Publicado: 9 ene 2019 20:44 GMT | Última actualización: 9 ene 2019 23:15 GMT
El líder estadounidense presiona al Partido Demócrata a fin de que el Congreso apruebe un presupuesto de 5.700 millones de dólares para financiar el muro en la frontera con México.
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El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha informado a través de su cuenta de Twitter que ha abandonado la reunión urgente con dos líderes demócratas, Nancy Pelosi (presidenta de la Cámara de Representantes) y Chuck Schumer (líder de la minoría demócrata en el Senado), organizada para discutir la financiación del muro en la frontera con México.
El mandatario ha tildado la cita de "una pérdida total de tiempo", después de que Pelosi aseveró que el Congreso no aprobaría su plan de Seguridad Fronteriza.
"Acabo de salir de una reunión con Chuck y Nancy, una pérdida total de tiempo. Pregunté qué sucederá en 30 días si abro [el Gobierno] rápidamente, ¿aprobarán la Seguridad Fronteriza que incluye un muro o barrera de acero? Nancy dijo, no. Dije adiós, ¡nada más funciona!", reza el tuit de Trump.
El líder estadounidense presiona al Partido Demócrata a fin de que el Congreso apruebe un presupuesto de 5.700 millones de dólares para financiar el muro en la frontera. Las exigencias de Trump a los legisladores provocaron el cierre parcial del Gobierno estadounidense el pasado 22 de diciembre.
El 4 de enero, la Cámara de Representantes aprobó dos proyectos de ley para poner fin al cierre de Gobierno. En uno de ellos destinó 1.300 millones de dólares a "cercas fronterizas", así como otros 300 millones para medidas diversas de seguridad en esas zonas, pero es una cifra muy lejana a lo que pide Trump, por lo que el veto presidencial está garantizado

Trump contra los demócratas

En su primer discurso ante la Nación, transmitido este martes desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, el presidente dijo que la única solución es que "los demócratas aprueben los fondos" para el muro fronterizo: "El cierre del Gobierno podría solucionarse en una reunión de 45 minutos, por eso he invitado a representantes del Congreso a la Casa Blanca", señaló.
Durante su mensaje, el mandatario aseguró que la construcción del muro fronterizo representa un acto de amor. Según añadió, las personas construyen muros "no porque odien a los que están afuera, sino porque aman a los que están dentro".
Tras ese discurso, los dos líderes demócratas emitieron un mensaje a los estadounidenses. Pelosi respondió que los demócratas no quieren muro porque hay otros medios para asegurar la frontera. Schumer manifestó que su partido está de acuerdo en que es necesario asegurar las fronteras, pero añadió que "el símbolo de EE.UU. debería ser la Estatua de la Libertad, no un muro de 30 pies".

¿Una emergencia nacional?

El pasado 5 de enero, Trump anunció que podría hacer uso del derecho de declarar una emergencia nacional, lo que le permitiría utilizar fondos del presupuesto militar siempre que notifique al Congreso y especifique las disposiciones legislativas bajo las que pretende actuar. 
Sin embargo, los congresistas pueden dar por concluido el estado de emergencia nacional sin esperar a que lo acepte el mandatario. Pero para que eso suceda tendrían que ponerse de acuerdo la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, y el Senado, con mayoría republicana. https://actualidad.rt.com/actualidad/301528-trump-abandonar-reunion-democratas-muro

La desesperación se acumula en la frontera de México

La desesperación se acumula en la frontera de México
Miles de personas esperan en el norte de México para llegar a Estados Unidos. El endurecimiento de la política migratoria de Trump evidencia las carencias de las zonas fronterizas del lado mexicano y pone a prueba la capacidad de respuesta del Gobierno de López Obrador
Un grupo de migrantes aguarda en un campamento improvisado frente al muro fronterizo en San Luis Río Colorado, en Sonora.
Un grupo de migrantes aguarda en un campamento improvisado frente al muro fronterizo en San Luis Río Colorado, en Sonora. 
La resignación convive con la desesperanza y coquetea con la desesperación en la frontera de México y Estados Unidos. El endurecimiento de la política migratoria de Donald Trump amenaza con desbordar el lado mexicano, donde se gesta una crisis que pone a prueba al Gobierno de López Obrador. Miles de personas aguardan para solicitar los trámites de asilo en Estados Unidos, un proceso cada vez más lento. La espera en territorio mexicano, la saturación de los albergues y el acecho de las mafias que cruzan a las personas ilegalmente ha evidenciado que, pese a no tratarse de un fenómeno nuevo, las carencias y necesidades de las localidades fronterizas son enormes, incluida Tijuana, construida, se podría decir, por pedazos de distintas patrias.
SAN LUIS RÍO COLORADO
Reina Espinosa llegó a San Luis Río Colorado “sin querer queriendo”. Acabó en esta localidad del Estado mexicano de Sonora, fronteriza con Arizona, como podía haberlo hecho en cualquier otro punto de los más de 3.000 kilómetros que separan ambos países. Lo único que esta mujer de 32 años tuvo claro hace mes y medio, cuando agarró a su hijo, de siete, es que necesitaba abandonar Honduras. La colonia Rivera Hernández, en San Pedro Sula, de donde no se sale, se huye: de la violencia, de las amenazas de las pandillas. Huir para llegar a la frontera norte de México. Dónde, era lo de menos. Cómo, tampoco importaba mucho. “Jalón a jalón”, por delante le quedaba un mes de camionetas, autobuses, robo de dinero… Con la única compañía conocida de su hijo, una amiga y la hija de esta. Desde hace tres semanas reposa su espalda sobre el muro que le separa, según ella cree, de una mejor vida.
Junto a Espinosa y su hijo hay otras 200 personas, en su mayoría familias con niños. Casi todos son mexicanos, de las regiones más pobres y golpeadas por la violencia, pero también guatemaltecos, hondureños, cubanos. Todos esperan a que los guardias fronterizos les llamen para poder iniciar los trámites de asilo en Estados Unidos. Un turno que se eterniza. Cada día, con suerte, seis o siete personas son recibidas del otro lado. En diciembre, con la llegada de la caravana de migrantes centroamericanos al norte de México, Trump ordenó reforzar la seguridad fronteriza. Fue un golpe psicológico para los que aguardan a cruzar. En el paso de San Luis Río Colorado (México) con San Luis Arizona (EE UU), las autoridades cubrieron el muro que ya existe y los primeros metros de suelo estadounidense con alambres de espino.
A los migrantes, pese a estar en suelo mexicano, les pidieron que se movieran para que no se confundiesen con los vecinos que entran y salen a diario de forma legal. Desde entonces, han improvisado un campamento. Del muro cuelgan lonas de plástico que cubren las colchonetas donde duermen y se cobijan de las bajas temperaturas. Esta mañana de domingo, el sol aliviana un poco la noche anterior. Cerca de 60 personas, la mayoría mujeres con niños, fueron trasladados a un albergue. Se lo suplicaron los trabajadores sociales. Ellas se resistían por miedo a perder su número en la lista que han improvisado y que nadie sabe muy bien quién gestiona.
Se trata del mismo albergue donde hace unas semanas llevaron a una treintena de migrantes que trataron de cruzar por el río Colorado y poco menos que se congelan en el intento. El lugar está acondicionado, pero tiene un límite, admite su administrador. Si todos los que esperan frente al muro pidiesen quedarse allí, no podrían. Solo con que se repita de nuevo el fenómeno de otra caravana —hay una que prevé salir de Honduras el día 15—, se desbordaría la localidad. “Ningún punto de la frontera está preparado para recibir una afluencia de gente como la de noviembre, ni siquiera Tijuana. El Estado tiene cierto desbordamiento, porque se está generando una población flotante que de momento no se puede cuantificar”, asegura Eunice Rendón, de Agenda Migrante.
Reina Espinosa, hondureña de 32 años, en un campamento improvisado ante el muro de San Luis Río Colorado.
Reina Espinosa, hondureña de 32 años, en un campamento improvisado ante el muro de San Luis Río Colorado. 
MEXICALI
En el pulmón económico y capital del Estado de Baja California, la situación tampoco es nada halagüeña. Altagracia Tamayo recibió en su albergue de Mexicali, llamado La Posada del Migrante, a 370 miembros de la caravana. “Son desplazados, gente que no se para a pensar en el costo de su vida”, recalca. Para entonces, ya tenía alojados a 176 mexicanos. Hoy, los 30 cuartos —la mitad para hombres, la otra para mujeres— están llenos. La ayuda, no solo la económica, escasea. Hay días en que le cuesta conseguir alimentos. “Todo el que quiera quedarse debe ser útil, buscar trabajo y regularizar su situación en México”, asegura esta mujer, que no puede evitar llorar cuando recuerda que muchos de sus compatriotas no han querido colaborar con la llegada de los centroamericanos “por la mala imagen de unos pocos”.
Edwin Hernández se ha tomado muy en serio las reglas de Tamayo. Hondureño de 20 años, dejó su país porque quería sentir la adrenalina de La Bestia, el tren que transporta a miles de migrantes por México hasta la frontera norte. Eso le enfrentó a su madre y a sus hermanos. No ha vuelto a saber de ellos desde que se unió a la caravana. Llegó con el resto de centroamericanos hasta Veracruz y ahí cumplió su deseo. Se subió al tren, comprobó que aquello había sido un sinsentido, “demasiado peligroso”, y se volvió con la caravana. Quiere llegar a EE UU y reencontrarse con su padre, pero de momento va a regularizar su situación en México. De saltar el muro no quiere oír hablar. “Tengo miedo a que me detengan y perder todos mis derechos, me han dicho que me pueden caer un chingo de años en la cárcel o devolverme a Honduras. ¿Usted sabe si es fácil que me den los papeles?”, pregunta acelerado antes de irse a la tienda donde ha empezado a trabajar aunque aún no sabe cuánto le pagarán. Es su segundo trabajo en el país norteamericano. En el primero, de carpintero, su jefe le dio 100 pesos (cinco dólares) después de dejar listas 10 camas. Los rechazó. “¿Qué hago yo con ese dinero? Me faltó el respeto”.
Un niño juega ante el muro de San Luis Río Colorado, en el Estado de Sonora.
Un niño juega ante el muro de San Luis Río Colorado, en el Estado de Sonora. 
El otro muro que se levanta sobre México es el de la desconfianza. Los centroamericanos que han optado por trabajar se han encontrado con unas condiciones miserables. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador prepara medidas para gestionar el flujo de los 200.000 centroamericanos que atraviesan cada año el país, como inversiones en obras públicas para crear empleo, especialmente en el sur del país. Ningún migrante parece haber oído hablar de esos planes y cuando se les comentan responden con incredulidad.
José Suazo, que se presenta como maestro de obra de 55 años, dice que le pagaban 25 dólares la hora en EE UU, donde coordinaba varias cuadrillas de la construcción. Vivió allí casi 20 años, hasta que hace tres regresó a Honduras para enterrar “al viejito”. Se quiso quedar a trabajar en su país. “Abrí un negocio de ropa, pero los mareros [pandilleros] me chingaron”, cuenta. En México, buscó suerte en una fábrica. Le ofrecieron 200 pesos (unos 10 dólares) al día. “No da para nada”, se resigna mientras come al sol un tamal y un plato de arroz que acaban de preparar en el albergue. “Ya uno está cansado también de estas casas, parecen cárceles”, dice mientras recorre con la mirada el inmueble, pintado de rosa y con las ventanas del piso superior de madera. Pero a Tamayo no le alcanza el dinero para más.
José Suazo, de 55 años, en uno de los albergues para los migrantes en Mexicali.
José Suazo, de 55 años, en uno de los albergues para los migrantes en Mexicali. 
No todos optan por esperar el largo proceso para poder cruzar al norte. “La intención de la mayoría es ir a EE UU, no quedarse en México. Si las restricciones son mayores, se va a volver más caro cruzar y va a ser un negocio muy jugoso para los polleros [las mafias]”, alerta Eunice Rendón. Los riesgos son infinitos. Jacqueline, guatemalteca de 19 años y embarazada de ocho meses, trató de saltar la valla que separa Mexicali de Calexico (en EE UU) después de viajar durante un mes desde Jutiapa, su ciudad en Guatemala, al norte de México. Quería juntarse con su esposo, que cruzó hace un tiempo con su hija pequeña. “Alguien”, no concreta quién, le acompañó hasta un lugar donde levantó una escalera para que subiese. Ya arriba, le dio miedo saltar la valla. “El guía” salió corriendo. Le socorrió el personal de Migración de México. Ahora se enfrenta a la deportación, pero le da igual. “No quiero volver a intentarlo, fue un error”, dice temblorosa y apenas susurrando, con los ojos vidriosos. “No más”, insiste, mientras asegura que se quedará en Guatemala, donde dará a luz a su segunda hija, Britney Esperanza.
TIJUANA
De intentos fallidos de salto saben muy bien José Alexander y Wilma Miranda, una pareja de salvadoreños de 23 años que la noche de Año Nuevo trató de cruzar, junto a su hijo de cuatro años, el muro que separa Tijuana de San Diego, en California. Fueron repelidos con gases lacrimógenos por los agentes fronterizos. Es la segunda vez que ocurre. En esta última hay diferentes versiones de lo que sucedió. Las autoridades mexicanas y algunos migrantes aseguran que activistas estadounidenses de BAMN (siglas en inglés del grupo Por Cualquier Medio Necesario) les apoyaron y animaron a saltar, para así visibilizar la crudeza de las políticas represivas de Trump.
Las autoridades migratorias mexicanas aseguran que la mayoría de los migrantes que llegaron con la caravana han solicitado la visa humanitaria. En total, 2.200 han sido otorgadas desde finales de noviembre, según cifras oficiales. Las mismas señalan que 1.500 personas han tratado de cruzar ilegalmente a EE UU; 1.300 han sido o bien deportados o han regresado a sus países voluntariamente.
Claudia Hernández, hondureña de 29 años, junto a su hija Angelina Julieth, en una bodega en Tijuana donde convive con otros migrantes.
Claudia Hernández, hondureña de 29 años, junto a su hija Angelina Julieth, en una bodega en Tijuana donde convive con otros migrantes. 
Como la pareja salvadoreña, al menos un millar de centroamericanos que llegó con la caravana vive en El Barretal, un albergue a 20 minutos en coche del centro de Tijuana. Otros cientos de migrantes se han ido alojando en casas y los hay también que están desperdigados por otra veintena de centros con los que cuenta la ciudad fronteriza por excelencia de México, construida, se podría decir, por pedazos de distintas patrias.
Algunos también viven de forma temporal en bodegas cedidas por vecinos, pero que han empezado a causar problemas. El pasado fin de semana, las autoridades trataron de desalojar uno de esos lugares, donde se encontraban unos 150 migrantes. La presencia de activistas estadounidenses —entre ellos miembros de BAMN, pero también de organizaciones con mayor prestigio— consiguió que no se llegara a utilizar la fuerza durante horas. Las autoridades argumentaron problemas de insalubridad, posibles focos de enfermedades, aunque para los inquilinos no era más que una muestra de racismo.
“Hay gente que no nos quiere tener aquí”, asume Claudia Hernández, una hondureña de 29 años, junto a su hija Angelina Julieth, de seis. Apenas cuentan con una colchoneta para las dos, una tienda de campaña y una mochila en la que carga sus pocas pertenencias. Niega con la cabeza cuando se le pregunta por la posibilidad de regresar a su país. “Yo me fui porque fui testigo de un asesinato. Mi hermanastro era policía, quiso abandonar el cuerpo y lo mataron. Me dijeron que si denunciaba harían lo mismo conmigo. ¿Cómo voy a volver?”. Ha optado por pedir la solicitud, pero no tiene muy claro los procedimientos a seguir. “Me han dado un número, el 1702. Me parece muy largo. ¿Qué hago mientras espero tanto tiempo?”.
Un grupo de personas camina frente al muro fronterizo de Tijuana, el pasado viernes por la noche.
Un grupo de personas camina frente al muro fronterizo de Tijuana, el pasado viernes por la noche.