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miércoles, 28 de octubre de 2015

Pulsaciones / Por CÁNDIDA FIGUEREO



Pulsaciones
Por CÁNDIDA FIGUEREO
La columna con éste título que leía en una etapa no muy lejana a su desaparición, me pareció siempre puntual y fuera del convencionalismo  que retrotrae a no pocos a un pasado marcado por el mutismo para no involucrarse con verdades que a veces su único costo es la vida misma.
Don Radhamés Gómez Pepín no le hacía caso a esa “vaina” de lo que pudiera pasar o no. Simplemente decía lo que tenía que decir y punto.
Cuando leí que Pulsaciones no iba a seguir publicándose, le envié par de correos a Don Gómez Pepín para que diera marcha atrás a esa decisión. Y es que veía esa columna como una luz en una cueva  que necesita muchas luces, y esa sola iluminación valía por todas las que estaban apagadas.
El contenido de Pulsaciones permitía conocer su valía, con todo lo que esto representa para una imberbe del periodismo en un ejercicio donde una cosa es lo que te enseñan en las aulas y otra es la práctica en el terreno con tropezones por todos lados.
La ausencia de otros robles del periodismo que en su momento dejaron huellas importantes, unida a la de un insigne de estas lides en un país aún en cierne debe servir para recordar por siempre a Don Gómez Pepín desde la óptica de no desmayar.
En una ocasión le consulté sobre algo propio de este oficio-era algo rápido por la hora del cierre del vespertino que dirigía. Tras terminar el breve diálogo le dije: ¿Me permite, con todo respeto? Es para darle un abrazo. Ambos sonreímos mientras nos dábamos el abrazo de la solidaridad.
Misión cumplida, me dije. Siento que no se ha ido. Ahora Don Gómez Pepín vive más que nunca. Todas sus historias desbordadas en prensa y en digitales han sido absorbidas por los lectores. Su familia tiene la dicha de recordarle como el mejor de los mejores  porque sus pulsaciones no se apagarán.
27-10-2015

jueves, 15 de octubre de 2015

La buena fe | Por CÁNDIDA FIGUEREO



La buena fe
Por CÁNDIDA FIGUEREO - Periodista. Reside en Santo Domingo
Hoy, al igual que en tiempos precedentes, se precisa de la buena fe de cada ciudadano para que haga aflorar la confianza perdida en momentos de aturdimiento por el afán desmedido de abrazarse a privilegios a veces nada santo sin importar las consecuencias.
Al hablar de la buena fe se piensa en la honradez, una cualidad que no tiene precio y forma parte del forraje de no pocos dominicanos que andan con la frente en alto a contrapelo de los pocos que se mofan y le llaman  “pendejos” porque no se dejan mancillar.
La buena fe tiene un valor  tan intrínseco que se presume siempre, hasta prueba en contrario.
Razones diversas, harto conocidas,  pueden producir desvíos en quienes se abrazan a lo más fácil sin importar las consecuencias hundiendo su estima, su propia valoración, al sumergirse en el fango del que puede salir si se sobrepone con gallardía a todo obstáculo.
La persona de buena fe no deja lugar a confusión. A leguas se percibe su integridad y aunque lo tenga todo en la vida, en términos materiales, es humilde y bondadoso. Esto no quiere decir que eche sus tenencias por la borda regalando a quienes hacen el hábito de entregarse a lo fácil, de aplatanarse.
Solo se tiene fe en quien se presume que se esfuerza en no fallar. Estos últimos abundan en todo el posicionamiento escalonado de la vida, los cuales no se marean porque estén arriba ni se denigran porque estén en el primer peldaño o en ninguno.
En fin, son personas auténticas por razón y convicción porque saben perfectamente que todo pasa.
Quien infunde temor, hace y deshace sin importar las consecuencias que provoca a su paso, tiene tiempo para meditar. Debe comenzar con la lección de vida que comienza honrando a tu padre y a tu madre.
 Además debe tener presente el no matarás, no robarás y no codiciarás los bienes ajenos. Si deseas bienestar lo puedes lograr honradamente, sin dañar ni codiciar.
Ya es hora de remozar el espíritu asumiendo la positividad, esforzándose por lo que se desea, sin dejar de lado que la buena fe te convierte en un modelo a seguir y confiar en un mundo del que se parte muy de prisa con las manos vacías.
15-10-2015

miércoles, 29 de julio de 2015

El suplicio de Supplice | Por CÁNDIDA FIGUEREO

El suplicio de Supplice
Por CÁNDIDA FIGUEREO

La buena convivencia entre los pueblos se sustenta en el respeto mutuo, lo que obviamente suprime lo que en buen dominicano le llaman vivir “como chivos sin ley” como ocurre en el área que  desde 1801 lleva el nombre de Haití.
Si un dominicano critica la negligencia haitiana de no documentar a sus paisanos, fluyen los “defensores” pretendiendo justificar la ilegalidad, de lo que se excluye al osado varón de esa nacionalidad que reveló lo que se puede denominar el “suplicio” de Supplice  por ese vecindario  abandonado.
Esta verdad de Perogrullo quizás la entiendan mejor aquéllos que por razones “inexplicables” tienen una venda que no les permite ver ni entender nada, luego de las explicaciones del destituido embajador de Haití en República Dominicana, Daniel Supplice.
Supplice evidencia, en su misiva a quien “dirige” esa zona, que es una persona preocupada por un cambio positivo para sus compueblanos y quizás sea una de los hombres más idóneos para cambiar ese desastre en detrimento de una mayoría de pobres.
No faltan “grupos generosos” a quienes gusta la pobreza porque esta es un símil de venda para que no se exijan derechos prioritarios, propios de un ser humano con un aval de existencia digno y un registro de identidad  de su lugar de origen.
Supplice, amante del diálogo constructivo como él señala en una carta cuyo contenido le costó su destitución, indica a la persona que tiene “el timón” en Haití que  cientos de miles de haitianos esperan en vano los documentos prometidos para estar regulados como grupo social.
Subraya además que debe prevalecer la coherencia y armonía en las normas diplomáticas y que “con calma, sabiduría y visión se resuelven los conflictos entre los estados.” 
Lástima que lo dicho por Supplice cayera en el vacío. Dirigir grupos poblacionales precisa cierto nivel formativo y cultural, aunque la Constitución no aluda sobre este particular. A esos infelices no se les puede negar el derecho de ingresar a su suelo y estar debidamente identificados.
Todo gobernante debe procurar para su pueblo alimentación,  educación, trabajo y salud porque solo bailando no se logra nada. No es asunto de color, sino de subsistencia. La República Dominicana no puede con carga ajena porque tiene la propia.
Este país es el más solidario del mundo y no se inmiscuye en que foráneos preocupados por los haitianos carguen con ellos para sus casas o su país.
Prueba de lo anterior son las recientes cifras oficiales de que se hizo eco la prensa dominicana reveladoras de que 867 mil 235 personas de Haití fueron atendidas en los diferentes hospitalarios dominicanos. De ese total 530,185 fueron consultas y 337,051 en las emergencias, lo motivó que el año pasado del presupuesto de salud se invirtiera  RD$60.3 millones en esos extranjeros.
En las escuelas dominicanas hay  56 mil estudiantes a quienes no se les exige documento de identidad para su ingreso a centros de estudios y en el 2010, tras el terremoto en Haití, el gobierno dominicano le construyó y pagó RD$30 MM en una Universidad.
En  julio de este año el Plan Nacional Quisqueya Aprende Contigo tenía inscritos 40,625 haitianos, de los cuales 27,048 siguen estudiando y 9,408 completaron su aprendizaje y recibieron sus certificados.
No se trata de regatear esto a los haitianos, no. Se hizo con amor y desprendimiento, pero esto no indica que República Dominicana se deje apabullar con pretensiones irascibles. El suplicio de Supplice en pro de un  Haití objetivo que asuma su responsabilidad, no lo va a vivir RD aunque el mundo entero y todos los organismos que les venga en ganas se derritan  cacareando a los cuatro vientos.
29-07-2015
*/Periodista, residente en Santo Domingo.


lunes, 9 de marzo de 2015

Si se acalla la voz | Por CÁNDIDA FIGUEREO

Si se acalla la voz
Por CÁNDIDA FIGUEREO
El peor de los desatinos para cualquier país o grupo poblacional es la mordaza a costa de la imposición arrolladora mediante métodos perversos que,  quiérase o no, en algún momento ponen en evidencia a quienes se prestan a esas diabluras.
Lo peor de todo es que no pocos de quienes se prestan a socavar la libertad de expresión se pintan como santitos  que no rompen un plato,  pese a que de manera solapada  hacen un gran hueco a ese derecho fundamental o  humano  que es la libertad de expresión.
La Sociedad Interamericana de Prensa,  en su reunión a medio año en Panamá, se hizo eco de lo que ocurre y con sobrada razón. Si se acalla la voz los seres humanos, nos convertiríamos en meros lacayos  repetidores de malvadas conciencias ajenas, conciencias que van para el infierno.  
Las barreras para acallar las voces a medios de comunicación tienen variopintos mecanismos donde los poderes del dinero y  el político intentan amarrar toda voz y medio de comunicación para que haya una sola campana a su favor.
Ese jueguito pesado denunciado en la referida reunión, de lo que se ha hecho eco una parte de la prensa local, debe asumirse como un alerta.
En lo inherente a la República Dominicana la Constitución es explícita: “Artículo 49.-Libertad de expresión e información. Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, ideas y opiniones, por cualquier medio, sin que pueda establecerse censura previa.
1.      Toda persona tiene derecho a la información. Este derecho comprende buscar, investigar, recibir y difundir información de todo tipo, de carácter público, por cualquier medio, canal o vía, conforme determinan la Constitución y la ley;
2.      Todos los medios de información tienen libre acceso a las fuentes noticiosas oficiales y privadas de interés público, de conformidad con la ley;
3.      El secreto profesional y la cláusula de conciencia del periodista están protegidos por la Constitución y la ley;
4.      La ley garantiza el acceso equitativo y plural de todos los sectores sociales y políticos a los medios de comunicación propiedad del Estado.
Mientras que la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" de 1948 en su artículo   19 refiere que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Hace un buen rato que los filósofos Montesquieu, Voltaire y Rousseau se refirieron que “la posibilidad del disenso fomenta el avance de las artes y las ciencias y la auténtica participación política.”
No pocos han sido destutanados arbitrariamente, o sufrido en silencio el mutismo a que son sometidos, de lo que probablemente escapan muy pocos en la escalera jerárquica en los países donde este fenómeno ha cobrado fuerza.
Cualquiera que sea mancillado en su independencia de expresión por quienes utilizan recursos, intimidación o muerte  a través de “la fuerza” en sus distintas derivaciones, pagará alguna vez con lágrimas de sangre aunque sea en su sepulcro ese equívoco si se acalla la voz de la transparencia, de la equidad y la libertad. La voz de la prensa, de los digitales informativos y de la población en general.
09-03-2015