lunes, 1 de junio de 2026

República Dominicana y la hora de la inteligencia artificial productiva | Por Luis Orlando Díaz Vólquez

República Dominicana y la hora de la inteligencia artificial productiva

La elección del país como sede de un piloto nacional de inteligencia artificial para mipymes no debe leerse como un simple anuncio institucional, sino como una señal estratégica de hacia dónde debe moverse la competitividad dominicana. Cuando la innovación deja de ser discurso y empieza a entrar en la operación diaria de las pequeñas empresas, lo que está en juego no es solo modernización tecnológica, sino productividad, supervivencia empr
esarial y capacidad de inserción en la economía digital.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La decisión de seleccionar a la República Dominicana como sede de un piloto nacional de inteligencia artificial para mipymes tiene un significado que trasciende el simbolismo. El MICM y The Trust for the Americas anunciaron un programa de asesoría en IA que capacitará a 50 pymes dominicanas durante siete meses, en modalidad virtual y con alcance nacional, apoyado por los Centros MiPymes y el Banco BHD. Esa elección respondió, según la información oficial, al liderazgo del país en políticas de desarrollo empresarial, a la fortaleza de su ecosistema pyme y a la voluntad de modernizar el sector productivo. 

Lo verdaderamente importante del anuncio es que reconoce una verdad que ya no admite evasivas: en el mundo de hoy, la inteligencia artificial no es un lujo reservado a grandes corporaciones, sino una herramienta que empieza a definir la capacidad de competir de las pequeñas y medianas empresas. El propio ministro Eduardo Sanz Lovatón advirtió que la adopción de IA ya no debe verse únicamente como una ventaja competitiva, sino como una condición de supervivencia para un sector que representa una parte mayoritaria del empleo formal dominicano. En otras palabras, lo que antes era innovación aspiracional hoy comienza a convertirse en requisito mínimo para operar con eficiencia en mercados cada vez más digitales y exigentes.

Ese enfoque resulta particularmente acertado porque muchas empresas de menor escala ya usan herramientas digitales, pero todavía carecen de la capacidad para integrarlas con sentido estratégico en sus operaciones diarias. La información publicada por el MICM subraya que numerosas pymes de la región utilizan soluciones basadas en IA sin saber cómo aplicarlas eficazmente en áreas como productividad, organización, ventas o toma de decisiones, lo que incrementa su riesgo de rezago competitivo. El valor del piloto, por tanto, no está solo en enseñar tecnología, sino en traducirla a necesidades empresariales concretas, de modo que cada empresa adopte herramientas ajustadas a su realidad y no a una moda pasajera. 

La noticia también revela que este programa no aparece en el vacío, sino sobre una base institucional que el país ya venía construyendo. El MICM ha desarrollado iniciativas previas de transformación digital, como la segunda edición del Programa Ejecutivo en Transformación Digital MICM-EOI y otras capacitaciones vinculadas a Industria 4.0, con contenidos sobre herramientas de inteligencia artificial generativa, liderazgo digital, análisis de datos y adaptación organizacional. Eso significa que el piloto con The Trust for the Americas no es una improvisación aislada, sino una prolongación de una política pública que ha venido entendiendo la digitalización como parte central del desarrollo empresarial dominicano. 

Del lado del socio internacional, también hay razones para valorar la seriedad del proyecto. The Trust for the Americas es una organización sin fines de lucro afiliada a la OEA, fundada para promover proyectos de desarrollo social y económico en América Latina y el Caribe mediante alianzas entre sector público, privado y sociedad civil. Su trayectoria incluye redes de centros de tecnología, programas de inclusión digital y cursos aplicados a emprendimiento e inteligencia artificial, como IAprende y Emprende, orientado justamente a fortalecer negocios con herramientas de IA y criterios prácticos de uso.

Por eso, una de las virtudes más relevantes de esta iniciativa es su carácter multiactor. El programa fue posible a partir de un puente institucional facilitado por la Misión Permanente de la República Dominicana ante la OEA, mientras el MICM coordinará la selección de sectores, los Centros MiPymes apoyarán la demostración y capacitación con las empresas y el Banco BHD contribuirá con experiencia en desarrollo empresarial no financiero e identificación de beneficiarios. Esta arquitectura de colaboración importa porque la transformación digital de las pymes no puede depender solo de un ministerio o de una entidad financiera: requiere ecosistema, acompañamiento, formación, financiamiento y continuidad institucional.

Ahora bien, el verdadero examen no será el anuncio, sino el resultado. Linda Eddleman, CEO de The Trust for the Americas, planteó que el éxito del piloto no debe medirse solamente por cuántas empresas adopten inteligencia artificial, sino por cuántas logren crecer, fortalecer operaciones y competir mejor en una economía digital. Esa es la métrica correcta: la IA vale en la medida en que aumente productividad, reduzca ineficiencias, amplíe mercados y democratice oportunidades para negocios que normalmente no tienen acceso a asesorías tecnológicas de alto nivel. 

En el caso dominicano, esa apuesta puede tener un efecto multiplicador particularmente valioso. Si el país consigue demostrar que una pyme local puede incorporar inteligencia artificial de forma práctica, ética y rentable, entonces no solo estará mejorando el rendimiento de 50 empresas: estará produciendo un modelo replicable para cientos o miles más. El MICM ya reconoce que sus políticas buscan formalización, competitividad y crecimiento para las mipymes, mientras The Trust for the Americas ha construido experiencia regional replicando iniciativas de inclusión tecnológica y desarrollo económico en distintos países. Convertir este piloto en una política escalable sería, en consecuencia, una forma concreta de pasar del discurso de innovación a una estrategia de modernización productiva con rostro territorial y empresarial. 

República Dominicana haría bien en entender el sentido profundo de este momento. Ser elegida para este plan no es solo un reconocimiento al camino recorrido, sino una oportunidad para definir el siguiente paso del desarrollo empresarial nacional. En una economía donde la velocidad del cambio tecnológico puede agrandar o cerrar brechas en muy poco tiempo, poner la inteligencia artificial al alcance de las mipymes significa disputar el futuro desde la inclusión y no desde el rezago. Si el piloto cumple lo que promete, el país no solo habrá recibido un programa innovador: habrá demostrado que la transformación digital puede dejar de ser privilegio de unos pocos para convertirse en palanca real de competitividad, empleo y crecimiento para la base productiva dominicana.

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🤖🇩🇴 ¡República Dominicana fue elegida para poner en marcha un piloto nacional de inteligencia artificial para las mipymes!
El MICM y The Trust for the Americas lanzaron un programa de asesoría en IA que capacitará a 50 pymes dominicanas durante 7 meses, con alcance nacional y… pic.twitter.com/YPTMgbr60M

— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) June 1, 2026

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Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. 

Palabras claves: Inteligencia artificial en las mipymes; Mipymes dominicanas; República Dominicana; MICM; The Trust for the Americas; transformación digital; competitividad empresarial; innovación tecnológica; pymes y tecnología; digitalización empresarial; productividad de las pymes; ecosistema pyme dominicano; Banco BHD; Centros MiPymes; modernización empresarial; inclusión económica digital; adopción de inteligencia artificial; desarrollo empresarial; economía digital; liderazgo en innovación empresarial

Durante mi viaje a Washington D.C., tuve la oportunidad de reunirme con @Trust4Americas y conversar sobre cómo acercar nuevas oportunidades de crecimiento a nuestras mipymes. Hoy, esa conversación comienza a dar resultados concretos para la República Dominicana. 🇩🇴 pic.twitter.com/mANzebWXTg

— Yayo (@SanzLovaton) June 1, 2026

La IA que baja al taller, al colmado y a la finca

Que la República Dominicana haya sido escogida para poner en marcha un piloto nacional de inteligencia artificial para pymes no es una anécdota tecnológica: es una señal política, económica y cultural de que el país comienza a ser leído como terreno fértil para la innovación productiva. El reto, sin embargo, no será celebrar el anuncio, sino convertir esta oportunidad en una verdadera democratización del conocimiento, la productividad y la competitividad nacional.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor 

Hay noticias que no deben leerse solo como hechos, sino como síntomas de una época. La decisión de The Trust for the Americas, entidad afiliada a la OEA, de escoger a la República Dominicana como sede de un programa piloto de asesoría en inteligencia artificial para 50 pymes durante siete meses, con alcance nacional y modalidad virtual, entra exactamente en esa categoría: no es apenas un proyecto de capacitación, sino una declaración de confianza en la capacidad del país para absorber futuro. La iniciativa será implementada junto al Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, con apoyo de los Centros MiPymes y financiamiento del Banco BHD, dentro de una alianza que el propio MICM ha presentado como un modelo de cooperación entre gobierno, sector privado y organismos internacionales. 

En esencia, lo que está en juego aquí es una idea poderosa: poner las máquinas al servicio del talento dominicano. Gabriel del Gotto lo expresó con intuición certera al imaginar la inteligencia artificial no como un lujo reservado al programador o al gran corporativo, sino como una herramienta útil para el mecánico, el vendedor de empanadas, el exportador de cacao, el pequeño comerciante, el chofer y el emprendedor de barrio. Esa visión merece ser tomada en serio, porque la verdadera revolución tecnológica no ocurre cuando una élite accede a sistemas complejos, sino cuando la productividad cotidiana de la mayoría comienza a mejorar por efecto de nuevas capacidades. La inteligencia artificial solo tendrá sentido social en la República Dominicana si logra dejar de ser un concepto de conferencia para convertirse en una herramienta concreta de trabajo, ahorro de tiempo, reducción de errores, mejor atención al cliente y ampliación de mercados.

Por eso este piloto tiene un valor que rebasa, con mucho, el número inicial de empresas beneficiarias. Cincuenta pymes parecen poco frente al universo empresarial nacional, pero son suficientes para ensayar una pedagogía nueva: la de la apropiación tecnológica con acompañamiento real. Lo importante no será únicamente cuántas empresas entren al programa, sino cuántas consigan traducir la capacitación en mejoras visibles en sus operaciones, sus ventas, su trazabilidad, su mercadeo, sus inventarios, su servicio y su capacidad de competir. La propia CEO de The Trust for the Americas, Linda Eddleman, ha planteado que el éxito del piloto no debe medirse por la mera adopción de IA, sino por la capacidad de las empresas para crecer, fortalecer sus operaciones y competir en una economía cada vez más digital.

La importancia de esta apuesta se entiende mejor cuando se mira el momento histórico. El ministro Yayo Sanz Lovatón advirtió que para las pymes la inteligencia artificial ya no constituye una ventaja competitiva opcional, sino una condición de supervivencia. Esa afirmación, más que retórica, describe el nuevo mapa económico. Las pequeñas y medianas empresas no están compitiendo ya solo con el negocio vecino, sino con ecosistemas comerciales que usan automatización, analítica, segmentación de clientes, respuestas inteligentes, publicidad personalizada y optimización de procesos. Cuando una pyme no sabe usar estas herramientas, no solo pierde eficiencia: pierde tiempo, margen y capacidad de adaptación. En un mercado donde la velocidad y la personalización pesan cada vez más, la brecha tecnológica se convierte rápidamente en brecha de ingresos.

Pero hay algo todavía más relevante en este anuncio: la elección de República Dominicana como país piloto no ocurrió por azar. Según el MICM, la decisión respondió al liderazgo del país en políticas de desarrollo empresarial, a la fortaleza de su ecosistema pyme y a la voluntad política para modernizar el sector. Eso significa que la tecnología no aterriza en el vacío: llega donde ya existen señales institucionales de estabilidad, articulación y visión. En un Caribe y una América Latina donde muchas veces la conversación sobre transformación digital se queda atrapada entre el entusiasmo y la improvisación, el caso dominicano empieza a mostrar una ruta distinta: la del alineamiento entre política pública, cooperación internacional y sector financiero. 

Desde esa perspectiva, el programa también debe leerse como una forma de diplomacia productiva. El MICM ha explicado que la Misión Permanente de la República Dominicana ante la OEA abrió el canal institucional que permitió conectar al país con The Trust for the Americas, y que luego esa base diplomática se tradujo en una arquitectura operativa clara: el ministerio seleccionará sectores prioritarios, los Centros MiPymes facilitarán la formación y el Banco BHD aportará experiencia en desarrollo empresarial no financiero e identificación de empresas. Esa cadena institucional es importante porque demuestra que el desarrollo contemporáneo no depende solo de recursos, sino de coordinación. La innovación, en el mundo real, no avanza por inspiración aislada, sino por alianzas eficaces. 

El papel del Banco BHD en este proceso tampoco es menor. Su presidente, Steven Puig, recordó que la entidad sirve a más de 155,000 pymes dominicanas, y precisamente por eso su involucramiento ofrece una posibilidad concreta de escalamiento. Si la banca entiende que la inteligencia artificial puede elevar productividad, reducir fricciones y fortalecer la competitividad del tejido empresarial, entonces el acceso a tecnología deja de ser un tema exclusivamente académico y pasa a ser un asunto de desarrollo económico. La conversación sobre inclusión financiera debe comenzar a integrar, sin demora, la inclusión tecnológica. Porque en adelante no bastará con tener cuenta bancaria, crédito o formalización; será indispensable disponer también de herramientas para competir en un mercado digitalizado. 

Ahora bien, conviene evitar el triunfalismo fácil. La inteligencia artificial no resolverá por sí sola los problemas estructurales de las pymes dominicanas. No sustituirá la necesidad de financiamiento asequible, ni arreglará por arte de magia la informalidad, ni corregirá las deficiencias logísticas, ni reemplazará la educación de base. Incluso puede crear nuevas brechas si se implementa sin acompañamiento humano, sin criterios de pertinencia sectorial y sin comprensión de las realidades territoriales. Capacitar no es simplemente mostrar herramientas: es enseñar a pensar con ellas, a decidir con ellas y, sobre todo, a no depender ciegamente de ellas. Una pyme no necesita una moda digital; necesita soluciones que le ahorren costos, le abran mercado y le permitan sobrevivir mejor.

Ahí reside la verdadera prueba del piloto. Si este esfuerzo logra traducirse en casos de éxito concretos —un pequeño taller que organiza mejor su inventario, una agroempresa que predice demanda, un colmado que mejora su atención al cliente, una exportadora que optimiza documentos y tiempos de respuesta, una emprendedora que segmenta mejor su publicidad— entonces el país habrá encontrado una narrativa poderosa: la de una inteligencia artificial que no desplaza al trabajador, sino que amplifica su capacidad. En sociedades como la nuestra, donde el ingenio popular ha sido históricamente una forma de resistencia económica, la tecnología puede convertirse en multiplicadora de creatividad si se acerca con humildad y utilidad.

No es menor, además, que The Trust for the Americas acumule casi 30 años de experiencia y haya impactado a más de 6.3 millones de personas en 29 países. Si la organización ha anunciado que evaluará los resultados del caso dominicano para replicar el modelo en otros países de la región, entonces la República Dominicana no solo participa en una prueba: puede convertirse en referencia. Y en tiempos en que tanto se habla del país como hub logístico, sería inteligente comenzar a pensar también en su potencial como plataforma regional de innovación aplicada a las pequeñas empresas. La competitividad del siglo XXI no se medirá solo por puertos, carreteras o zonas francas, sino por la capacidad de una nación para integrar talento humano, datos, automatización y formación continua. 

La noticia, por tanto, debe ser entendida en su justa dimensión. No se trata únicamente de un programa más. Se trata de un punto de inflexión simbólico: el momento en que la República Dominicana empieza a ensayar, de forma más deliberada, la socialización de la inteligencia artificial en su base empresarial. Si este piloto se gestiona con seriedad, evaluación y vocación de escala, el país podría estar sembrando algo más importante que un curso de capacitación: una nueva cultura productiva. Una cultura donde la innovación deje de ser patrimonio de unos pocos y comience a circular entre quienes sostienen, día a día, la economía real del país.

Porque al final, la discusión de fondo no es tecnológica, sino nacional. La pregunta es si queremos una República Dominicana que consuma innovación ajena o una que convierta la innovación en herramienta de movilidad social, de modernización económica y de dignificación del trabajo. Este piloto sugiere que hay razones para optar por lo segundo. Y si esa apuesta se mantiene, quizá dentro de algunos años podremos decir que la inteligencia artificial comenzó a transformar el país no cuando llegó a los laboratorios, sino cuando entró al taller, al colmado, a la finca, a la oficina pequeña y al sueño grande del emprendedor dominicano.

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