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lunes, 3 de junio de 2019

La era de los troles y los acosadores llorones

OPINIÓN |COMENTARIO
La era de los troles y los acosadores llorones
Por DAVID BROOKS 3 de junio de 2019
Credit Christopher Lee para The New York Times

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A lo largo de los últimos años, las tasas de suicidios entre adolescentes han aumentado terriblemente. Los índices de depresión están incrementando y la salud mental en general en Estados Unidos se está deteriorando. ¿Qué está pasando?
Mi respuesta comienza con la tecnología, pero en realidad se trata del tipo de conciencia que induce la vida en línea.
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Cuando los estilos de comunicación cambian, también lo hace la gente. En 1982, el académico Walter Ong describió la manera en que, hace siglos, un cambio de la cultura oral a la impresa transformó la conciencia humana. Alguna vez, la narrativa era una experiencia compartida, con énfasis en los proverbios, las parábolas y los mitos. Con el inicio de la prensa se convirtió en una experiencia más privada y el contenido de esa narrativa, más realista y lineal.
Como lo argumenta L. M. Sacasas en la edición más reciente de The New Atlantis, el cambio de la comunicación impresa a la electrónica está demostrando ser trascendental de manera parecida. Yo diría que la gran diferencia es esta: la atención y el afecto han pasado de ser vínculos privados a productos públicamente comerciables.
Es decir, hasta hace poco, la mayor parte de la atención que recibía una persona provenía de la familia y los amigos, y era bastante estable. Pero ahora, la mayor parte de la atención que recibe una persona puede provenir de muy lejos y es tremendamente volátil.
A veces tu publicación en línea puede volverse viral y ser admirada o ridiculizada de manera masiva, mientras que en otras ocasiones tu publicación puede dejarte solo y completamente ignorado. La comunicación en sí, que alguna vez fue en gran medida colaborativa, ahora a menudo es competitiva, con pujas para obtener afecto y atención. También es más manipuladora, con gestos diseñados para generar una respuesta.
Es más probable que la gente atrincherada en las redes sociales esté siempre en alerta: ¿cómo van mis índices de audiencia en este momento? También es más probable que sientan que la cantidad de atención que están recibiendo es inadecuada.
Como lo dijo David Foster Wallace en ese famoso discurso de graduación de Kenyon, si orientas tu vida hacia el dinero, jamás sentirás que tienes lo suficiente. De igual manera, si orientas tu vida hacia la atención, siempre te sentirás menospreciado; siempre te sentirás emocionalmente inseguro.
Los nuevos tipos sociales surgen en un régimen de comunicación como ese. El nuevo tipo más prominente es el trol y, de hecho, los estadounidenses han elegido a un trol como presidente.
Los troles buscan atención tratando de hacer que los demás se sientan mal. Los estudios de la gente que se dedica a trolear hallan que tienen puntajes altos en medidas de psicopatía, sadismo y narcisismo. Los medios en línea no los han vuelto despiadados; simplemente lo son: internet les ha dado una plataforma para usar ese salvajismo en todo su esplendor.
Los troles también tienen altos puntajes de empatía cognitiva. Intelectualmente, entienden las emociones de la gente y cómo hacerla sufrir. Sin embargo, califican más bajo en la empatía afectiva. No sienten el dolor de los demás, así que, cuando te lastiman, no les importa.
El troleo es una manera muy efectiva de generar atención en una economía competitiva y volátil de la atención. Es una manera de sentirse virtuoso e importante, sobre todo si afirmas estar troleando en nombre de algún grupo marginado.
Otro tipo prominente de personalidad en esta economía es el acosador llorón. Esta es la persona que toma su dolor y victimización y los utiliza para asegurarse de que todas las conversaciones giren en torno a sí mismo. “Esta es la era del acosador llorón, un híbrido horrendo de víctima y vencedor, llorón y atacante”, escribió Julie Burchill en The Spectator hace algunos años.
El acosador llorón comienza con un trauma genuino. Aquel suceso terrible que sucedió naturalmente hace que el acosador llorón se sienta poco seguro, en estado de alerta y cohibido a tal punto que está absorto en sí mismo. El trauma hace que esa persona esté preocupada de manera intensa por su autoimagen.
El problema proviene de la necesidad subsecuente de controlar cualquier situación, de no ser capaz de ver el panorama completo, la tendencia a reaccionar violentamente por miedo y furia como una manera de fijar la atención en sí mismo y anular a los demás. Este tipo de comportamiento está en el núcleo de muchos de los casos de cierres de plataformas y escándalos de censura en los campus.
El troleo, el ciberacoso y otras tácticas para llamar la atención surgen de un sentimiento de debilidad y fomentan un entorno que causa más dolor, en el que no es seguro dirigir con vulnerabilidad ni probar ideas ni hacer las cosas que generan compañerismo genuino.
El internet se ha convertido en un lugar en el que la gente se comunica con base en su ego competitivo: soy más fabuloso que tú (gran parte de esto se vive en Instagram). Eres más tonto que yo (gran parte de esto se vive en Twitter). No es un lugar donde la gente comparta información con el corazón y el alma.
Desde luego, es más probable que la gente involucrada en ese tipo de entorno se sienta deprimida, y sufra de problemas de salud mental. Claro, es más probable que vean las relaciones humanas a través de la óptica del abusador y la víctima, y que sean extremadamente sensibles a cualquier desequilibrio de poder. Imagina que tienes 17 años y que unas personas que apenas conoces están diciendo cosas amables o desagradables acerca de ti, alguien que aún no se ha creado una identidad. Eso genera ansiedad existencial y, por lo tanto, fanatismo.
Dos palabras nos acechan en este momento: trauma y equidad. El trauma es vivir con las consecuencias de un suceso negativo o, lo más importante: no tener un lugar adonde ir para sanar las consecuencias porque la conversación pública no es segura. La equidad es el sueño de un mundo en el que a todos les den el mismo nivel de atención y dignidad. El sueño aún es posible, pero se está desvaneciendo con cada ataque despiadado que se asesta en su nombre.
23 abr. 2018 - No todos los bots son iguales, así que dependiendo de sus características ... https://canalbots.com/2017/05/04/diferencias-entre-bots-y-trolls/.

lunes, 23 de abril de 2018

DIFERENCIAS ENTRE BOTS Y TROLLS

DIFERENCIAS ENTRE BOTS Y TROLLS

No todos los bots son iguales, así que dependiendo de sus características podemos salir fácilmente de una posible crisis de acoso virtual. En la siguiente infografía de Purpura Creative Station se explican las principales diferencias entre bots y trolls.
Es importante matizar que los bots son cuentas masivas en redes sociales que se venden por lotes y son usados para simular popularidad o lanzar temas de tendencia. No hay una persona detrás de esta cuenta, sino un software. En cambio, un troll es un acosador digital cuyo objetivo es spamear a los usuarios de forma masiva y molesta.
Veamos con detalle algunas de estas diferencias entre bots y trolls:
infografia bots y trolls canal bots
https://canalbots.com/2017/05/04/diferencias-entre-bots-y-trolls/

miércoles, 7 de febrero de 2018

'Fábrica de seguidores': Así funciona el oscuro negocio de las cuentas falsas en las redes sociales

'Fábrica de seguidores': Así funciona el oscuro negocio de las cuentas falsas en las redes sociales

Publicado: 7 feb 2018 09:26 GMT
Una investigación de The New York Times revela cómo una empresa de EE.UU. roba identidades de usuarios reales para vender seguidores falsos a celebridades, políticos, deportistas y otros interesados.
'Fábrica de seguidores': Así funciona el oscuro negocio de las cuentas falsas en las redes sociales
Imagen ilustrativa
Jaap Arriens / www.globallookpress.com
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Miles de identidades robadas, centenares de miles de reputaciones infladas y millones de dólares en ganancias. The New York Times ha sondeado el mercado negro de seguidores falsos en las redes sociales, y las consecuencias no se han hecho esperar.
En un extenso artículo de investigación, el diario neoyorkino describe cómo funciona Devumi, "una oscura empresa estadounidense" que por solo unos centavos de dólar vende seguidores de Twitter, visitas en YouTube, reproducciones en SoundCloud y recomendaciones en LinkedIn a aquellos que buscan tener una mayor influencia en el mundo de Internet. Estas son las claves de la investigación.

'Fábrica de seguidores' con garantías de reembolso

Según ha calculado el periódico, esta 'fábrica de seguidores' ha recaudado millones de dólares en el mercado global del fraude en las redes y maneja al menos 3,5 millones de cuentas automatizadas, cada una de las cuales ha sido vendida varias veces. Al menos 55.000 de ellas usan datos personales de usuarios reales (nombres, fotos de perfil, lugares de origen y otros).

Imagen ilustrativa / Fabrizio Bensch / Reuters
En su cuidada página web, la empresa promete una garantía de reembolso y asegura que sus productos cuentan con el visto bueno de la plataforma cuyos seguidores vende, aunque Twitter, por ejemplo, prohíbe vender o comprar seguidores o retuits.
Para analizar mejor cómo funciona el negocio de Devumi, el propio diario compró 25.000 seguidores por 225 dólares (alrededor de un centavo por cada uno) a través de una cuenta de prueba.
  • Según el periódico, los primeros 10.000 seguidores, de hecho, parecían a simple vista ser personas reales, con fotografías y nombres completos y biografías auténticas. Sin embargo, en sus perfiles había detalles extraños y casi imperceptibles, como fotos retocadas o caracteres cambiados en los nombres (por ejemplo, una 'i' mayúscula por una 'l' minúscula).
  • Mientras tanto, las siguientes 15.000 cuentas ni siquiera parecían auténticas: no tenían fotos de perfil y tenían una mezcla de símbolos en vez de nombres.

Clientes

Tras revisar los registros comerciales y judiciales, The New York Times calculó que Devumi tiene más de 200.000 clientes, incluidos actores y estrellas de 'reality shows', deportistas, comediantes, modelos, políticos, comentaristas o presentadores, entre otros muchos.
Entre los que tenían seguidores falsos de Devumi figuraban el actor John Leguizamo, un asesor del presidente de Ecuador Lenín Moreno, un editor de la agencia de noticias estatal china Xinhua, el multimillonario de la informática Michael Dell e incluso una miembro de la junta de Twitter, Martha Lane Fox, por nombrar algunos.  
El diario explica que se trata de personas para las que la cantidad de seguidores no solo es un indicador de estatus, sino, en ocasiones, un requisito imprescindible para vender sus "productos, servicios o a sí mismos en las redes". Algunos clientes de Devumi afirman haber comprado seguidores por curiosidad, otros por sentirse presionados o porque "todos lo hacen", y varios reconocieron que sus carreras dependían de su aparente influencia en las redes sociales. 
"Nadie te toma en serio si no tienes una presencia notoria", explicó Jason Schenker, economista que ha comprado unos 260.000 seguidores.

Identidades robadas

El 'producto estrella' de Devumi son bots creados a partir de las identidades sociales robadas. Según el The New York Times, la empresa utilizó información de usuarios reales de Twitter —incluidos menores de edad— registrados en los cincuenta estados de EE.UU y en decenas de otros países, tanto aquellos que son muy activos en el servicio de microblogging como los que llevan años sin utilizarlo.

Imagen ilustrativa / pixabay.com
Este es el caso de Whitney Wolfe, asistente ejecutiva que vive en Florida. Si bien Wolfe dejó de utilizar su cuenta en 2014, el bot creado con sus datos retuitea, por ejemplo, los mensajes de actrices porno, algo que no le gusta nada a esta integrante de una congregación baptista. "Ese contenido —de mujeres en tanga y fotografías de pechos de mujeres— no es para nada lo que quiero que se asocie a mi fe, a mi nombre o a donde vivo", se lamenta Wolfe.

La política de Twitter

El fundador de Devumi, German Calas, aceptó conceder una entrevista al diario, pero cuando el periódico le proporcionó diez ejemplos de bots creados con información de usuarios reales, dejó de responder a los correos.
A su vez, representantes de Twitter admitieron que la empresa no revisa de manera activa las cuentas para detectar identidades falsas, si bien eliminó todas las cuentas falsas que le indicó el periódico y que violaban sus políticas 'antispam'. No obstante, la plataforma no utiliza métodos sencillos para detener a los fabricantes de bots, como una prueba contra 'spam' a la que recurren muchos sitios comerciales. 
En este sentido, algunos críticos sostienen que a la empresa, que lucha por la audiencia contra rivales como Facebook o Snapchat, sencillamente no le conviene librar una batalla agresiva contra los bots.  

Cuentas desaparecidas

A raíz de la publicación de la investigación a finales de enero, senadores de los estados de Kansas y Connecticut exigieron que la Comisión de Comercio de EE.UU. investigue las "prácticas engañosas" de Devumi y compañías similares, mientras que el fiscal general de Nueva York, Eric T. Schneiderman, abrió una investigación sobre la empresa.
Al mismo tiempo, muchas de las cuentas falsas que vende Devumi comenzaron a desaparecer de Twitter. Según el diariomás de un millón de seguidores desaparecieron de las cuentas de docenas de usuarios populares de Twitter en unos días.
https://actualidad.rt.com/actualidad/262208-fabrica-seguidores-falsos-twitter-devumi?utm_source=browser&utm_medium=aplication_chrome&utm_campaign=chrome