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viernes, 3 de agosto de 2018

Mnangagwa es el ganador de las elecciones en Zimbabue

POLÍTICA

Mnangagwa es el ganador de las elecciones en Zimbabue

Emmerson Mnangagwa obtuvo el 50.8 por ciento de los votos en las elecciones del pasado lunes. Al menos seis personas murieron y catorce resultaron heridas en disturbios tras los comicios.
Simbabwe Wahl | Emmerson Mnangagwa, Präsident (picture-alliance/Photoshot/S. Jusa)
El presidente de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, ganó las elecciones presidenciales celebradas en el país el pasado lunes (30.07.2019), anunció la Comisión Electoral (ZEC). Mnangagwa, de la gubernamental Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF), se impuso con el 50.8 por ciento de los votos sobre su principal rival, el líder del Movimiento por el Cambio Democrático (MDC), Nelson Chamisa, en seis de las diez provincias del país.
De esta manera que evitó ir a una segunda vuelta al cumplir con el requisito de obtener, como mínimo, la mitad de los sufragios más uno. "Declaro que los votos recibidos por Emmerson Mnangagwa son más de la mitad de los votos", declaró la presidenta de la comisión electoral, Priscilla Chigumba.
Chamisa, por su parte, se adjudicó el 44,3 por ciento de los votos, si bien un portavoz de su partido, Morgan Komichi, tildó los resultados de "falsos" al no haber sido verificados por el MDC.
 Horas antes de que la ZEC emitiera los resultados, Chamisa había reiterado que había ganado las elecciones presidenciales.
Mnangagwa "sabe que ha perdido estas elecciones", afirmó Chamisa en su primera aparición pública desde la votación.
"Si él hubiera ganado estas elecciones los resultados se habrían anunciado hace tiempo, pero están intentando manipular los datos", subrayó el dirigente opositor, quien denunció un "fraude" y una "manipulación" de los resultados.
Los resultados, muy esperados durante la semana, se divulgaron al término de una jornada tensa en Harare, con amplia presencia de la Policía y, sobre todo, del Ejército, que patrullaron las calles tras la violencia postelectoral que se vivió este miércoles.
Seis muertos
Al menos seis personas resultaron muertas y catorce heridas en los disturbios, informó hoy la Policía.
En una rueda de prensa, la subcomisaria Charity Charamba indicó que la situación sigue siendo tensa en la capital zimbabuense, tras las protestas violentas que ayer protagonizaron seguidores del MDC.
Los manifestantes, reprimidos por la Policía y el Ejército, denunciaron el retraso en el anuncio de resultados de los comicios presidenciales del lunes y un supuesto fraude contra el que consideran auténtico ganador, Chamisa.
Estas elecciones son históricas en Zimbabue por ser las primeras desde la independencia (1980) a las que no concurre el expresidente Robert Mugabe, quien gobernó el país desde ese mismo año hasta su dimisión forzada por un golpe militar el pasado noviembre.
Dg (efe, dpa)
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domingo, 10 de diciembre de 2017

Detalles: ¡Zimbabue es mío! | Por Antonio Almonte

Por: Antonio Almonte

Detalles: ¡Zimbabue es mío!

Publicado el: 10 diciembre, 2017 aalmonte@hotmail.com e-mail: redaccion[@]elnacional.com.do
Desde su natal Matibiri, un lejano villorrio de Rodesia del Sur (hoy Zimbabue), la antigua colonia británica, Robert Mugabe inició una tortuosa ruta vital que terminó anclándolo en el poder durante casi cuatro décadas, desde 1980, y todavía permanece en Harare, destituido pero desafiante, sumergido entre difuntos y miseria.
Ahora bien, Mugabe es la personificación de la metamorfosis a lo peor, porque aunque devino en un dictador insólito, lo cierto es que ascendió al poder con un aura de héroe y respetabilidad como pocos líderes de su generación alcanzaron en África.
Como líder de la lucha por la independencia de Rodesia del Sur, lograda en 1980 frente a Gran Bretaña, Mugabe fue un consagrado revolucionario que ejerció de maestro en remotas escuelas de su país y naciones vecinas.
Era tal el prestigio inicial de Mugabe que en 1981 la Universidad de Howard, Washington, le otorgó el Premio Internacional de los Derechos Humanos, y en 1987 recibió el Premio ONU por su lucha contra el hambre.
Sin embargo, al filo del 1990 Mugabe creyó descubrir, -y denunció-, una trama de hacendados blancos para derrocarlo; a partir de ese momento, escorado en un reavivado discurso racial y antiimperialista expropió fincas productivas a miles de terratenientes para repartirlas entre 50 mil exguerrilleros leales a su liderazgo.
El resultado fue la desarticulación de la economía, la caída de la exportación, la devaluación y, finalmente, el desarrollo de una hambruna sin precedente. Según estadísticas oficiales en Zimbabue el desempleo ronda todavía el 90%.
Encima de tal miseria, Mugabe construyó un régimen político tiránico, que despojaba a sus adversarios de victorias electorales a la luz del día, bajo fuego y sangre, como ocurrió en el 2008 contra el opositor Morgan Svangirai y el asesinato de 200 de sus seguidores.
Como sucede siempre con políticos que permanecen demasiados años en el poder, Mugabe se desquició y borró de su mente toda diferencia entre sus pertenencias privadas y aquellas públicas o del Estado. Lo confesó de modo patético en el 2008: “¡Zimbabue es mío! ¡Nunca renunciaré!”
http://elnacional.com.do/detalles-zimbabue-es-mio/

viernes, 24 de noviembre de 2017

Zimbabue disfruta con cautela de su nueva libertad de expresión | Internacional | EL PAÍS

Zimbabue disfruta con cautela de su nueva libertad de expresión

La ciudadanía ve con recelo el regreso del exvicepresidente Mnangagwa, que pertenece al mismo partido que Mugabe

https://elpais.com/internacional/2017/11/23/actualidad/1511464749_784458.html#comentarios
Decenas de zimbabuenses celebran la llegada del exvicepresidente expulsado Emmerson Mnangagwa a Harare este miércoles.  FOTO: EFE / VÍDEO: ATLAS
“Bienvenida a la independencia”, espeta alegremente Fabian, que sale de un restaurante local con un grupo de compañeros de trabajo. Después de un sadza rápido —la pasta de maíz que representa el alimento básico para la mayoría de la población en Zimbabue—, los amigos vuelven a la oficina compartiendo su satisfacción. “Hoy es día laborable, pero es duro porque hemos estado celebrando hasta entrada la noche”. Una omnipresente sensación de calma se ha extendido por todo Harare desde que, el pasado martes, el hombre que fue presidente de Zimbabue durante los últimos 37 años, Robert Mugabe, dimitió.
No hay una alegría enloquecida y desenfrenada, más bien es como si un gran alivio cubriera la capital. Como una corriente de aire. En la plaza de la Unidad, delante del Parlamento donde se leyó la carta de la dimisión de Mugabe y punto neurálgico del estallido incrédulo de felicidad popular que reventó inmediatamente después, todo luce como un día más. En los bancos y en el césped se evaporan discusiones y charlas, unos niños de la calle piden a los paseantes mientras el compás de un día entre semana ajetrea al personal entre oficinas y comercios.
Todo parece normal, aunque con una diferencia. “Se ha acabado el miedo”, como dice un vendedor de periódicos del centro con las primeras portadas de la era post-Mugabe. Una de ellas plasma el Mugexit junto a una foto del nuevo hombre fuerte de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, que este viernes tomará posesión de la presidencia.
Tres hombres leen el periódico en una calle en Harare este miércoles.
Tres hombres leen el periódico en una calle en Harare este miércoles.  EFE
El mero hecho de poder expresarse es una novedad que se disfruta con cautela. La censura ejercida durante los 37 años de Gobierno de Robert Mugabe y su partido, el ZANU-PF, ha enmudecido a los zimbabuenses durante cuatro décadas “con una intimidación constante y latente”, dice Fidelis Mudimu, activista por los derechos humanos y director de la Unidad de Servicios de Terapia, una organización que recibe y apoya a las víctimas de la violencia política organizada en el país. La entidad ha acompañado en los últimos 15 años a 50.000 afectados.
Mudimu explica que la represión ha sido una herramienta “habitual, que incluye desde la privación de acceso a la comida y a los servicios básicos, hasta palizas y detenciones arbitrarias”. Instalada tanto en las grandes ciudades como en las zonas rurales, los que la ejecutan “son órganos del partido de Gobierno, la policía, los servicios de inteligencia y las milicias progubernamentales, entrenadas por el ZANU-PF durante años, así como, directamente, oficiales del partido”.

Prudencia

Por eso, un halo de prudencia acompaña a la caída de Mugabe, que cedió a la presión tras un golpe incruento del Ejército la semana pasada. El hombre que toma el relevo, Emmerson Mnangagwa, que ha regresado al país tras ser destituido como vicepresidente en la crisis por la sucesión que desencadenó la asonada militar, sale del mismo régimen y ha sido la mano derecha del mandatario dimitido durante su larga presidencia. Ha comandado los servicios de inteligencia, ha sido ministro de Defensa y es considerado uno de los artífices de la brutal campaña de represión que siguió a las elecciones celebradas en 2008, las primeras en las que el ZANU-PF perdió la hegemonía y se vio forzado a compartir el poder con la oposición, en un Gobierno de transición.

EL EXPRESIDENTE PODRÁ QUEDARSE EN EL PAÍS

Retirada a cambio de inmunidad. Las largas y tensas negociaciones entre el expresidente de Zimbabue, Robert Mugabe, y las autoridades militares del país, que le tuvieron retenido en su domicilio durante una semana antes de arrancarle la carta de dimisión, han dejado al anciano Mugabe fuera del poder, pero con garantías de que no será perseguido por la justicia y que su seguridad será garantizada.
El tío Bob —así le siguen llamando—, no tenía pensado abandonar el país —tampoco el poder—, por eso pidió poder quedarse a morir en Zimbabue. Y se le concedió. Pero además se le debía garantizar su propia seguridad y la de su familia. “Estuvo muy sensible” con este tema, según dicen fuentes del Gobierno. Y es que si, si bien Mugabe goza aún de cierto respeto entre los militares, la primera dama, Grace Mugabe, tiene de enemigo al nuevo líder del país.
A pesar de la intervención militar y de forzarle a dejar el sillón presidencial que ostentaba desde hace 37 años, el Ejército no le derrocó y estuvo pactando con él una salida en la que ganaran todos. Mugabe se ha quedado con su jubilación y puede ser de los pocos mandatarios de larga duración que puede quedarse en su país después de ser despejado.
Los cuadros del poderoso partido son los que controlan el acceso a los servicios básicos como clínicas y escuelas, lo que ha sido utilizado durante años como medida de coacción. La violencia política ha tenido como objetivo a políticos, periodistas y otros ciudadanos, y aunque tiene picos durante los momentos de posible cambio, “se dispara cada vez que hay elecciones”, cuenta Mudimu, y sigue con menos intensidad “pero constante” después. “Es una manera de perpetuar el miedo”, destaca.
Durante años el objetivo y principales víctimas eran miembros de la oposición política, o sospechosos de serlo, pero en 2013 el foco cambió hacia los movimientos civiles y sociales, según los casos detectados por la Unidad de Servicios de Terapia. El mismo Morgan Tsvangirai, fundador y líder del principal partido de oposición —el MDC— ha sido arrestado varias veces e incluso presuntamente torturado en 2007. Tsvangirai ha sido el único hombre que ha ganado a Robert Mugabe en las urnas. Fue en 2008, en la primera vuelta, pero después de la oleada de represión que dejó 200 muertos, decidió renunciar y retirarse.
En los últimos años los civiles han tomado el protagonismo y el relevo, se han convertido en una amenaza para el régimen, y por ello en amenazados. Desde una abogada de clase alta como Fedzayi Mahere, hasta el movimiento #ThisFlag, liderado por el llamado pastor Mawarire han ido alzando la voz, siempre calculando las reacciones del ZANU-PF.
Pero también están los que se mantienen fieles a Robert Mugabe, como Tatenda, que asegura que “ha sido el mejor líder que podía tener este país”. La atmósfera de esperanza por el cambio reposa entre el césped y las paradas de autobús. “Se ha cambiado al conductor, pero el bus sigue siendo el mismo”, se oye en la calle. Eso no impide que Harare siga impregnada de una apacible sensación de descanso. https://elpais.com/internacional/2017/11/23/actualidad/1511464749_784458.html

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