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viernes, 24 de noviembre de 2017

Zimbabue disfruta con cautela de su nueva libertad de expresión | Internacional | EL PAÍS

Zimbabue disfruta con cautela de su nueva libertad de expresión

La ciudadanía ve con recelo el regreso del exvicepresidente Mnangagwa, que pertenece al mismo partido que Mugabe

https://elpais.com/internacional/2017/11/23/actualidad/1511464749_784458.html#comentarios
Decenas de zimbabuenses celebran la llegada del exvicepresidente expulsado Emmerson Mnangagwa a Harare este miércoles.  FOTO: EFE / VÍDEO: ATLAS
“Bienvenida a la independencia”, espeta alegremente Fabian, que sale de un restaurante local con un grupo de compañeros de trabajo. Después de un sadza rápido —la pasta de maíz que representa el alimento básico para la mayoría de la población en Zimbabue—, los amigos vuelven a la oficina compartiendo su satisfacción. “Hoy es día laborable, pero es duro porque hemos estado celebrando hasta entrada la noche”. Una omnipresente sensación de calma se ha extendido por todo Harare desde que, el pasado martes, el hombre que fue presidente de Zimbabue durante los últimos 37 años, Robert Mugabe, dimitió.
No hay una alegría enloquecida y desenfrenada, más bien es como si un gran alivio cubriera la capital. Como una corriente de aire. En la plaza de la Unidad, delante del Parlamento donde se leyó la carta de la dimisión de Mugabe y punto neurálgico del estallido incrédulo de felicidad popular que reventó inmediatamente después, todo luce como un día más. En los bancos y en el césped se evaporan discusiones y charlas, unos niños de la calle piden a los paseantes mientras el compás de un día entre semana ajetrea al personal entre oficinas y comercios.
Todo parece normal, aunque con una diferencia. “Se ha acabado el miedo”, como dice un vendedor de periódicos del centro con las primeras portadas de la era post-Mugabe. Una de ellas plasma el Mugexit junto a una foto del nuevo hombre fuerte de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, que este viernes tomará posesión de la presidencia.
Tres hombres leen el periódico en una calle en Harare este miércoles.
Tres hombres leen el periódico en una calle en Harare este miércoles.  EFE
El mero hecho de poder expresarse es una novedad que se disfruta con cautela. La censura ejercida durante los 37 años de Gobierno de Robert Mugabe y su partido, el ZANU-PF, ha enmudecido a los zimbabuenses durante cuatro décadas “con una intimidación constante y latente”, dice Fidelis Mudimu, activista por los derechos humanos y director de la Unidad de Servicios de Terapia, una organización que recibe y apoya a las víctimas de la violencia política organizada en el país. La entidad ha acompañado en los últimos 15 años a 50.000 afectados.
Mudimu explica que la represión ha sido una herramienta “habitual, que incluye desde la privación de acceso a la comida y a los servicios básicos, hasta palizas y detenciones arbitrarias”. Instalada tanto en las grandes ciudades como en las zonas rurales, los que la ejecutan “son órganos del partido de Gobierno, la policía, los servicios de inteligencia y las milicias progubernamentales, entrenadas por el ZANU-PF durante años, así como, directamente, oficiales del partido”.

Prudencia

Por eso, un halo de prudencia acompaña a la caída de Mugabe, que cedió a la presión tras un golpe incruento del Ejército la semana pasada. El hombre que toma el relevo, Emmerson Mnangagwa, que ha regresado al país tras ser destituido como vicepresidente en la crisis por la sucesión que desencadenó la asonada militar, sale del mismo régimen y ha sido la mano derecha del mandatario dimitido durante su larga presidencia. Ha comandado los servicios de inteligencia, ha sido ministro de Defensa y es considerado uno de los artífices de la brutal campaña de represión que siguió a las elecciones celebradas en 2008, las primeras en las que el ZANU-PF perdió la hegemonía y se vio forzado a compartir el poder con la oposición, en un Gobierno de transición.

EL EXPRESIDENTE PODRÁ QUEDARSE EN EL PAÍS

Retirada a cambio de inmunidad. Las largas y tensas negociaciones entre el expresidente de Zimbabue, Robert Mugabe, y las autoridades militares del país, que le tuvieron retenido en su domicilio durante una semana antes de arrancarle la carta de dimisión, han dejado al anciano Mugabe fuera del poder, pero con garantías de que no será perseguido por la justicia y que su seguridad será garantizada.
El tío Bob —así le siguen llamando—, no tenía pensado abandonar el país —tampoco el poder—, por eso pidió poder quedarse a morir en Zimbabue. Y se le concedió. Pero además se le debía garantizar su propia seguridad y la de su familia. “Estuvo muy sensible” con este tema, según dicen fuentes del Gobierno. Y es que si, si bien Mugabe goza aún de cierto respeto entre los militares, la primera dama, Grace Mugabe, tiene de enemigo al nuevo líder del país.
A pesar de la intervención militar y de forzarle a dejar el sillón presidencial que ostentaba desde hace 37 años, el Ejército no le derrocó y estuvo pactando con él una salida en la que ganaran todos. Mugabe se ha quedado con su jubilación y puede ser de los pocos mandatarios de larga duración que puede quedarse en su país después de ser despejado.
Los cuadros del poderoso partido son los que controlan el acceso a los servicios básicos como clínicas y escuelas, lo que ha sido utilizado durante años como medida de coacción. La violencia política ha tenido como objetivo a políticos, periodistas y otros ciudadanos, y aunque tiene picos durante los momentos de posible cambio, “se dispara cada vez que hay elecciones”, cuenta Mudimu, y sigue con menos intensidad “pero constante” después. “Es una manera de perpetuar el miedo”, destaca.
Durante años el objetivo y principales víctimas eran miembros de la oposición política, o sospechosos de serlo, pero en 2013 el foco cambió hacia los movimientos civiles y sociales, según los casos detectados por la Unidad de Servicios de Terapia. El mismo Morgan Tsvangirai, fundador y líder del principal partido de oposición —el MDC— ha sido arrestado varias veces e incluso presuntamente torturado en 2007. Tsvangirai ha sido el único hombre que ha ganado a Robert Mugabe en las urnas. Fue en 2008, en la primera vuelta, pero después de la oleada de represión que dejó 200 muertos, decidió renunciar y retirarse.
En los últimos años los civiles han tomado el protagonismo y el relevo, se han convertido en una amenaza para el régimen, y por ello en amenazados. Desde una abogada de clase alta como Fedzayi Mahere, hasta el movimiento #ThisFlag, liderado por el llamado pastor Mawarire han ido alzando la voz, siempre calculando las reacciones del ZANU-PF.
Pero también están los que se mantienen fieles a Robert Mugabe, como Tatenda, que asegura que “ha sido el mejor líder que podía tener este país”. La atmósfera de esperanza por el cambio reposa entre el césped y las paradas de autobús. “Se ha cambiado al conductor, pero el bus sigue siendo el mismo”, se oye en la calle. Eso no impide que Harare siga impregnada de una apacible sensación de descanso. https://elpais.com/internacional/2017/11/23/actualidad/1511464749_784458.html

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domingo, 19 de noviembre de 2017

Mugabe no dimite y pide que Zimbabue vuelva a la normalidad

EL MUNDO

Mugabe no dimite y pide que Zimbabue vuelva a la normalidad

Mugabe, acompañado por los altos mandos del Ejército, reclamó que el país no se "deje llevar por la amargura" y dijo que "tiene en cuenta" todas las quejas formuladas por diferentes estratos de la sociedad.
Bildergalerie langjährige Herrscher Robert Mugabe (Getty Images/AFP/J. Njikizana)
El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, no dimitió este domingo (19.11.2017) como se esperaba, y durante un mensaje televisado al país insistió en "la necesidad de llevar a cabo acciones para devolver" al país "a la normalidad".
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Mugabe, acompañado por los altos mandos del Ejército, reclamó que el país no se "deje llevar por la amargura" y dijo que "tiene en cuenta" todas las quejas formuladas por diferentes estratos de la sociedad y por su propio partido, que hoy lo destituyó como número uno y lo emplazó hasta mañana a mediodía para dimitir.
Desde el alzamiento militar del martes, Mugabe ha estado bajo arresto domiciliario y se ha reunido en dos ocasiones con los militares para negociar una salida que finalmente no se ha producido, aunque su partido anunció que, de no dimitir, planteará una moción de censura contra él.
Mnangagwa, el nuevo líder del partido
El partido gubernamental, Zanu-PF, destituyó en horas de la mañana a Mugabe como líder y le exigió que dimita antes de las 10:00 GMT del lunes. Si no lo hace la formación lo destituirá el martes con una moción de censura en el Parlamento.

El partido estará encabezado en el futuro por el ex vicepresidente Emmerson Mnangagwa (75), quien seguramente sucederá a Mugabe. El
golpe de Estado se produjo después de que el mandatario destituyera a
Mnangagwa para afianzar en la sucesión a su esposa y primera dama,
Grace, quien también fue expulsada hoy del partido.
CT (dpa, AFP) 

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Grace Mugabe, la polémica primera dama de Zimbabue en el centro de la lucha por el poder en la nación africana

Grace Mugabe, la polémica primera dama de Zimbabue en el centro de la lucha por el poder en la nación africana

Robert Mugabe besa a su esposa Grace.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLos Mugabe contrajeron matrimonio en 1996.
La primera dama de Zimbabue, Grace Mugabe dijo a comienzos de noviembre del vicepresidente Emmerson Mnangagwa que era "una serpiente venenosa" que "debe ser golpeada en la cabeza".
Tan solo un día después, el presidente Robert Mugabe, destituyó a Mnangagwa, que fue acusado de deslealtad y abandonó el país.
El matrimonio presidencial se dedicó entonces a recabar los apoyos en la gobernante Unión Nacional Africano Zimbabuense-Frente Patriótico (ZANU-PF, por sus siglas en inglés) para lograr que ella ocupara la vicepresidencia vacante.
Muchos analistas creen que aquella maniobra inició la lucha por el poder que ha desembocado en la operación militar de este miércoles en el país africano, que puso en arresto domiciliario al anciano presidente (93 años) y que, según algunos pronósticos, podría colocar a Mnangagwa en la presidencia.
Andrew Harding, corresponsal de la BBC en África, asegura que "el error de Mugabe fue asumir que todavía era lo bastante poderoso como para instaurar una dinastía con su esposa como sucesora".
Harding cree que Mnangagwa tomará ahora el control y muchos gobiernos extranjeros le darán "el beneficio de la duda".
El paradero de la mujer de Mugabe no está claro.
El más alto mando militar del país, Constantino Chiwenga, había advertido hace pocos días de que el Ejército actuaría para terminar con las purgas en el partido gubernamental.
Grace MugabeDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionLa relación entre Grace y Robert Mugabe comenzó cuando él todavía estaba casado con su primera mujer.
Más de 40 años más joven que su marido, Grace Mugabe se ha convertido con el tiempo en una figura tan relevante como controvertida en Zimbabue y en el exterior.
Su relación con el presidente, que comenzó cuando la primera esposa de este, Sally, convalecía de un cáncer que finalmente no superó, permitió a Grace ascender desde su empleo como mecanógrafa de la presidencia hasta los más altos niveles del poder.

Lo veía como a un padre

Robert Mugabe contó que Sally había dado en vida su visto bueno a su nueva relación sentimental.
Grace dijo en una entrevista que siempre vio a Mugabe como "una figura paternal" y nunca pensó que fuera a pensar en ella como pareja.
No se se casaron hasta 1996, cuatro años después de morir Sally, pero con ella en vida tuvieron dos de sus tres hijos.
Su destino personal y político estuvo desde que se casó con él ligado al del presidente.
Grace se convirtió en una personalidad familiar para los zimbabuenses, que no habían pasado por alto su querencia por la compra de extravagantes artículos de lujo.
Grace y Robert MugabeDerechos de autor de la imagenAFP/ GETTY IMAGES
Image captionRobert Mugabe había dado el apoyo a su esposa en la batalla por la vicepresidencia.
Su gusto por la ropa de alta costura le granjeó el sobrenombre de "Gucci Grace".
Mientras que sus simpatizantes destacaban su trabajo en organizaciones caritativas y asistenciales y se referían a ella como Doctora "Amai" (madre en español), sus detractores la acusaban de haber emprendido una campaña despiadada en busca de riquezas e influencia.
Entre sus muchos negocios en el país africano se incluye una gran explotación agraria en las afueras de Harare, la capital de Zimbabue.

Con ayuda china

Allí fundó un orfanato financiado con capital chino que presentó como una de sus iniciativas solidarias.
Los anteriores propietarios de las tierras las perdieron tras la reforma agraria impulsada por el gobierno de su marido en 2001.
Grace Mugabe, en un mitin en Chinhoyi en octubre de 2014.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionGrace Mugabe se prodigó en declaraciones duras contra sus rivales políticos.
Pero el patrimonio presidencial se extiende mucho más allá de la periferia de la capital.
Los Mugabe tienen fincas agrícolas y ganaderas en todo el país, muchas en la rica región norteña de Mashonaland.
Su compañia de productos lácteos, Alpha Omega, es una de las que domina el mercado en Zimbabue.
El antaño héroe de la independencia de la nación africana de Reino Unido, acaecida en 1980, fue con el paso de los años perdiendo su aureola de libertador para ser visto por los gobiernos occidentales como el ejemplo típico de gobernante abusivo aferrado al cargo.
Como Robert, Grace también está sujeta a las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea.
Occidente acusa a los Mugabe de apropiarse ilegalmente de tierras de terceros, amañar elecciones y violar los derechos de la oposición.
La primera dama nunca se privó de lanzar furiosos ataques contra sus rivales políticos.
Grace Mugabe.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionCon 52 años, Grace Mugabe es mucho más joven que su marido, de 93.
Ha sido una de sus maneras de actuar en la arena política.
En medio de las dudas sobre el estado de salud del presidente, los últimos movimientos de su mujer contra el vicepresidente se han interpretado como un intento de posicionarse como su sucesora en la jefatura del estado.
Ella nunca ocultó sus ambiciones.
En un mitin en 2014 dijo: "Dicen que quiero ser la presidenta. ¿Por qué no? ¿No soy una zimbabuense?"
La última reacción del Ejército es considerada por muchos expertos como un intento de impedir que a la muerte de Mugabe, padre fundador del estado, se instale una dinastía en Zimbabue con el ascenso de su mujer al poder.
En los años que ha pasado junto a Robert Mugabe, Grace siempre mostró su total adhesión a un líder del que afirmó que ganaría las elecciones incluso después de muerto.
Un simpatizante muestra un cartel con la imagen de Grace Mugabe en Chinhoyi.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionLa primera dama llevó a cabo una campaña que la hizo viajar por todas las ciudades del país.
Acostumbra a acompañarlo en todos sus viajes oficiales, muchos a Medio Oriente, donde el matrimonio también posee varias propiedades.
Las salidas al exterior de la primera dama tampoco han estado exentas de polémica.
El pasado mes de agosto, durante una estancia en la vecina Sudáfrica, la modelo Gabriella Engels, de 20 años, la denunció por haber intentado estrangularla con un cable eléctrico.
Grace Mugabe (C)
Image captionEste verano, Grace Mugabe fue acusada por la modelo Gabriella Engels de agredirla en un hotel de Johannesburgo, Sudáfrica.
No era la primera vez que "Gucci Grace" era acusada de agredir a alguien. Esa vez recurrió a su inmunidad diplomática para eludir la investigación de la justicia sudafricana.
Otro de los frentes de la controvertida vida pública de Grace Mugabe fue el académico.
En 2014 logró en apenas dos meses un doctorado en la Universidad de Zimbabue, pese a que, al contrario de lo que sucede con otros estudiantes, su tesis nunca fue registrada ni se hizo pública.
Su título de doctora fue uno de los méritos que presentó en su campaña para hacerse con el liderazgo de la organización femenina de la ZANU-PF.
Desde esa plataforma quiso consolidar una posición política dominante que había causado mucho malestar entre sus rivales políticos, a los que exigió públicamente su dimisión cuando creyó necesario, y que le reprochan lavar en público los trapos sucios del partido.
Mnangagwa no es el primer vicepresidente de Zimbabue que sufre el ataque de la mujer del presidente.

Contra otros vicepresidentes

En 2014 Grace fue la punta de lanza de la operación que terminó con el relevo de Joice Mujuru. Entonces acusó a la número dos del gobierno de ser "corrupta, chantajista, incompetente, chismosa, mentirosa e ingrata".
Además, le atribuyó colaborar con la oposición y la población blanca para socavar las conquistas logradas con la independencia.
Pocos meses después, Mujuru fue apartada del cargo. Desde entonces es la cabeza visible de la opositora Coalición Arco Iris y llama constantemente a que la gente participe en las elecciones para evitar que los Mugabe se perpetúen en el poder.
Joice Mujuru.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionJoice Mujuru era antes una firme aliada de los Mugabe.
Pero el pulso actual de Grace Mugabe, el que mantiene con el destituido vicepresidente Mnangagwa, parece haber ido mucho más lejos que aquel.
Mnangagwa fue elegido como sucesor de Mujuru tras haber ocupado el Ministerio de Justicia y recibir el reconocimiento público del presidente por ser "leal y disciplinado"
Sin embargo, las cosas se torcieron.
Cuando Mnangagwa se tuvo que retirar indispuesto de un mitin y ser trasladado al extranjero para recibir tratamiento, sus seguidores aseguraron que había sido envenenado con un helado hecho con leche procedente de la granja de la primera dama.
Él mismo dijo que lo habían envenenado pero rechazó por "falsos y maliciosos" los comentarios que culpaban a la señora Mugabe.
Un niño junto a uno de los productos de la empresa de lácteos de Grace Mugabe en un mercado de Harare.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionGrace Mugabe posee una empresa de productos lácteos muy conocida en Zimbabue.
Ella reclamó públicamente a su marido que lo cesara.
Finalmente, Mnangagwa fue relevado después de los ataques de Grace Mugabe y de que el ministro de Información asegurara que "había mostrado signos de deslealtad".
El vicepresidente abandonó el país, pero muchos auguran que regresará en breve.
De la primera dama, omnipresente todos estos años, no se sabe dónde está.

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