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miércoles, 10 de octubre de 2018

El FMI avisa a EE UU de que será el gran perdedor de la guerra comercial

El FMI avisa a EE UU de que será el gran perdedor de la guerra comercial

El organismo internacional estima que la economía estadounidense será la más perjudicada de las barreras arancelarias, tras México y Canadá

Han pasado casi dos años desde que Donald Trump llegara a la Casa Blanca con su retórica nacionalista y anticomercio, y la economía de EE UU sigue yendo como un tiro. Pero eso no quiere decir que el país que fue el emblema del multilateralismo y del libre comercio vaya a salir indemne de una guerra comercial que parece ser más real cada día que pasa. Muy al contrario. El FMI estima que la economía estadounidense será, a largo plazo, la gran perjudicada por la espiral de barreras arancelarias en la que han entrado Washington y Pekín, solo tras la de México y Canadá.
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En vídeo, las declaraciones del economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld.  EFE
Bali es este año el escenario escogido por el FMI para celebrar su reunión anual. Las coloridas camisas teñidas con la técnica batik típica de la zona y el sol que inunda cada rincón de esta isla indonesia contrastan con el ánimo sombrío con el que los técnicos del Fondo celebran su gran cita anual. Porque las perspectivas de crecimiento presentadas por el organismo que encabeza Christine Lagarde suponen un jarro de agua fría. Sobre todo para los grandes países de la eurozona. Ni rastro del optimismo que reinaba hace un año. La economía global ya no va a crecer este año un 3,9%, como se preveía hasta hace bien poco. Se tendrá que conformar con dos décimas menos.
Peor será el mordisco que se llevan los grandes de la UE: Francia, Alemania, Italia y Reino Unido. Todos ellos evolucionan peor de lo esperado en los últimos meses. La eurozona sigue creciendo a un ritmo aceptable —este año lo hará un 2%, cuatro décimas menos que la previsión de abril—, pero la locomotora parece renquear antes de lo esperado.
Cada país tiene sus propios problemas. A Francia le penaliza una demanda externa más débil de lo previsto. Alemania crecerá seis décimas menos por el menor tirón de las exportaciones y de la producción industrial. En Italia preocupa la incertidumbre generada por su Gobierno populista y antieuropeo y la menor demanda, tanto interna como externa. Y el crecimiento en Reino Unido se ve ralentizado por el embrollo en torno a su salida de la UE, que presumiblemente derivará en un aumento de las barreras arancelarias en sus intercambios con el resto de Europa y, por lo tanto, en un crecimiento menor. España seguirá avanzando con fuerza, aunque una décima por debajo de lo anunciado hasta ahora, el 2,7%.
El FMI avisa a EE UU de que será el gran perdedor de la guerra comercial
Esta rebaja generalizada en las previsiones de crecimiento no es una sorpresa. Los representantes del Fondo ya venían hablando en las últimas semanas de una materialización de los riesgos que vislumbraban en el horizonte. Pero sí resulta novedoso el intento del FMI de anticipar quién acabará pagando el pato por el conato de guerra de comercial. Y llama la atención que el gran perjudicado a largo plazo acabe siendo el principal responsable del inicio de las hostilidades: EE UU.
Para prever las consecuencias de una contienda que apenas acaba de empezar, el Fondo estima cinco escenarios. El primero es que los aranceles se queden en los que ya ha aprobado Trump sobre el aluminio y el acero, que pesan sobre productos chinos por valor de 250.000 millones de dólares, y la respuesta de Pekín de castigar 60.000 millones de importaciones de EE UU.
Los siguientes supuestos se materializarán en la medida en que las agresiones de un lado sean respondidas por el otro: que se amplíen a importaciones chinas por valor de 267.000 millones; que EE UU vaya más allá y penalice todas las importaciones de coches. Y el supuesto más pesimista es que el conflicto acabe contagiando a la inversión empresarial y a su capacidad de financiarse en el mercado.

Sorpresas desagradables

Pues bien, en todos estos escenarios, China sería la más perjudicada en los primeros años. Pero el siguiente sería EE UU. Y, a largo plazo, acabará resultando mucho más castigado, con descensos del PIB de casi un punto porcentual. En todo el mundo, solo sus socios del recién rebautizado tratado de libre comercio (México y Canadá) sufrirían un descenso mayor.
Trump ha anunciado aranceles sobre productos chinos por valor de 260.000 millones de dólares provocando la respuesta inmediata de Pekín, que estableció barreras para 110.000 millones en importaciones de EE UU. Estos aranceles afectan ya al 2,5% del comercio mundial, según las estimaciones de ING. “El mayor riesgo radica en un aumento generalizado de los aranceles impuestos por EE UU contra los principales bloques económicos, despertando una fuerte respuesta de China y de la UE”, alerta un informe de BBVA Research. Como dijo Lagarde antes de partir hacia Bali, “la retórica está convirtiéndose en realidad”.
En el último informe que elabora como economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld alerta del cúmulo de riesgos que se agolpan en el horizonte: además de las tensiones comerciales, está el posible riesgo en las negociaciones para el Brexit, las restricciones financieras en las economías desarrolladas que se ven acrecentadas por las subidas de tipos de la Reserva Federal y la vulnerabilidad por tener una deuda pública más elevada que una década atrás, cuando comenzó la Gran Recesión.
“Si añadimos las importantes tensiones políticas de algunas regiones, estimamos que, incluso para el futuro más inmediato, la probabilidad de sorpresas desagradables sobrepasa la de que vayamos a recibir buenas noticias imprevistas”, concluye Obstfeld.

LA PREVISIÓN PARA ESPAÑA EMPEORA, PERO MENOS QUE LA DE SUS VECINOS

España sale mejor parada que sus socios europeos de las previsiones presentadas el lunes por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Indonesia. Como ya anunció la misión del organismo internacional que la semana pasada visitó Madrid, se rebaja la perspectiva de crecimiento para este año, pero solo una décima. Y mantiene inalterada la proyección de 2019. No son buenas noticias, pero casi lo parecen si se comparan con las seis y cinco décimas que ven caer Alemania y Francia desde la previsión de abril.
El saldo favorable no acaba aquí. No es solo que su revisión sea más benévola que la de sus vecinos, es que además España crece más. Frente al alza del PIB del 2,7% prevista para este año, la eurozona tendrá un magro 2%. Y en 2019, cuando España crezca un 2,2%, la unión monetaria lo hará un 1,9%.
En el documento presentado en la madrugada de este martes (hora peninsular española), el Fondo no se aparta ni un milímetro de las recomendaciones de la semana pasada. Así, reclama a los países de la zona euro que tengan un margen de maniobra fiscal “limitado” —entre los que cita a Francia, Italia y España— que usen este periodo de crecimiento por encima de su potencial y las facilidades que aún concede un BCE laxo para reconstruir colchones fiscales que les permitan estar en una situación más cómoda cuando regresen las vacas flacas. Por el contrario, a los países como Alemania que disponen de margen de maniobra fiscal, el Fondo vuelve a reclamar que la usen para aumentar la inversión pública y la inversión en capital físico y humano. Esta es una reclamación ya clásica a Berlín por parte del organismo que lidera Lagarde, y a la que el Gobierno de Angela Merkel suele hacer oídos sordos.
El FMI ya irrumpió de lleno en el debate interno español la semana pasada. A los pocos días de que todos los partidos firmantes del Pacto de Toledo llegaran a un acuerdo para revalorizar las pensiones en función de la subida de los precios, la jefa de la misión del Fondo en España, Andrea Schaechter, mostró su disgusto con una medida unilateral sin tener en cuenta otros factores que tengan un impacto en los ingresos futuros. Una reforma de estas características, sin un paquete de medidas que tengan en cuenta tanto los gastos como los ingresos, dijo Schaechter, “puede hacer peligrar la sostenibilidad del sistema” de pensiones.
El Fondo cree que la reforma para volver a vincularlas con la tasa de inflación (IPC) “puede hacer peligrar la sostenibilidad del sistema” si este cambio se hace aislado, sin un paquete integral que afecte tanto a los ingresos como a los gastos del sistema. El FMI calcula que esta vinculación entre pensiones e IPC añadiría entre un 3% y un 4% del PIB al desembolso de pensiones en los próximos 30 años. Y por eso cree que un incremento de esta magnitud ha de verse contrarrestado con otras medidas estructurales. Los técnicos ven además muy difícil de revertir la tendencia de que las pensiones vayan perdiendo poder adquisitivo gradualmente.
En su informe de ayer, el FMI vuelve a echar mano de uno de sus clásicos en lo tocante a España: la reforma de su mercado de trabajo, con un paro aún en niveles insoportables y con una gran dualidad entre empleados fijos y temporales. “En España, hace falta un nuevo ímpetu para impulsar una agenda de reformas estructurales que derive en un mayor efectividad de las políticas activas del mercado de trabajo y que reduzca la segmentación del mercado”, continúa el texto.
https://elpais.com/economia/2018/10/08/actualidad/1539016266_938262.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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Nuevo acuerdo comercial entre EE.UU., México y Canadá que sustituirá al NAFTA

Nuevo acuerdo comercial entre EE.UU., México y Canadá que sustituirá al NAFTA

Publicado: 7 oct 2018 14:52 GMT | Última actualización: 8 oct 2018 08:18 GMT

Este lunes EE.UU., México y Canadá anunciaron un nuevo acuerdo comercial. No obstante, se pone en duda su ratificación frente al anuncio de Donald Trump de mantener en vigor los aranceles contra sus socios. A ello se suma la opinión de los expertos que no ven mucha diferencia entre el antiguo NAFTA y su sustituto. Nicolás Sánchez O'Donovan y Betzabé Zumaya traen las reacciones desde EE.UU. y México.
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https://actualidad.rt.com/video/291220-eeuu-mexico-canada-acuerdo-comercial

EE UU, México y Canadá pactan un nuevo acuerdo comercial tras más de un año de tensas negociaciones

EE UU, México y Canadá pactan un nuevo acuerdo comercial tras más de un año de tensas negociaciones

El Gobierno de Trudeau se suma, en el último minuto, al acuerdo comercial sellado hace un mes por sus dos socios regionales

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Señal en directo de la rueda de prensa de Trump. 
Tras meses de tensión y dudas en el horizonte comercial norteamericano, Estados Unidos cerró este domingo, sobre la bocina, un acuerdo para sumar a Canadá al pacto sellado hace un mes con México y así poder reeditar el tratado que regula desde 1994 los intercambios entre los tres países. La fumata blanca llegó tras un fin de semana frenético en el que ambas partes apuraron hasta el último minuto del plazo fijado por Washington para evitar un fracaso que habría trastocado los estrechos vínculos entre tres de las economías más interconectadas del planeta.
“Hoy, Canadá y EE UU alcanzaron un acuerdo, junto a México, sobre un nuevo y modernizado tratado comercial para el siglo XXI”, anunciaron a última hora de la noche del domingo, en un breve comunicado conjunto, el representante estadounidense de Comercio Exterior, Robert Lighthizer, y la ministra canadiense de Exteriores, Chrystia Freeland, en el que indican que el nuevo régimen comercial se llamará USMCA, en sus siglas en inglés, en lugar de NAFTA (TLC, en español). El cambio de nombre era una condición de la Administración Trump. Los máximos responsables políticos de la negociación señalan que el texto creará un mercado libre, un comercio justo y fortalecerá el crecimiento económico en la región. “Esperamos poder profundizar aún más nuestros estrechos lazos económicos cuando entre en vigor”, concluyen, al tiempo que agradecen la colaboración de México.
Ya este lunes, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump ha valorado el nuevo acuerdo comercial como el "más importante de la historia". Acompañado de gran parte de su gabinete económico, el magnate republicano ha dicho que este nuevo pacto resuelve los errores del TLC y ha asegurado que se creará miles de nuevos empleos en Estados Unidos y que convertirá a América del Norte en una potencia manufacturera. Trudeau, por su parte, ha reconocido que no ha sido una negociación sencilla, pero que logra preservar los principios del acuerdo original. El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, celebró la conclusión de las negociaciones con un mensaje en Twitter.
Se salva, así, un texto que permite el comercio anual sin barreras de bienes y servicios valorados en 1,2 billones de dólares y que ha multiplicado por cuatro los intercambios desde su entrada en vigor hace casi un cuarto de siglo. El acuerdo queda ahora pendiente del visto bueno de los congresistas y senadores de los tres países firmantes. Sin embargo, el peso mexicano y, sobre todo, el dólar canadiense reaccionaron con subidas a la noticia del pacto entre los Ejecutivos.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), que pendió durante meses de un hilo que Trump amenazó con cortar en repetidas ocasiones, saldrá adelante rebautizado pero con sus tres socios en el barco y con cambios que no se presumen disruptivos. El acuerdo permite, además, a Donald Trump vender un primer pacto internacional de calado a poco más de un mes vista de las elecciones legislativas de mitad de mandato y consolidar la relación con dos de sus aliados tradicionales en plena guerra comercial con China. Abierta -por la voluntad del propio presidente- la caja de los truenos con dos rondas de aranceles sobre el gigante asiático, la primera potencial mundial necesita aliados en su pulso con el gigante asiático.
Trump y Enrique Peña Nieto pactaron hace justo un mes un texto con la idea de incluir a Canadá -como finalmente ha sucedido- para actualizar el acuerdo firmado hace casi un cuarto de siglo. El país latinoamericano respiró, entonces, aliviado: el 80% de sus exportaciones tendrían un paraguas legal para los próximos años. Pero faltaba algo deseable al sur del río Bravo y necesario a ojos de los legisladores en Washington, que reniegan de cualquier acuerdo que no incluyese a su vecino del norte: que Canadá aceptase el trato y se sumase al pacto. Hoy quien respira aliviada es Canadá. Para su primer ministro, encontronazos al margen con Trump y los suyos, era importante cerrar esta cuestión lo antes posible por una razón de dependencia comercial -el 76% de sus exportaciones va a parar a EE UU- y el 1,5% a México, su quinto mayor socio comercial. El riesgo era, no obstante, mucho mayor en el caso mexicano, que contaba con menores alternativas a EE UU.
El camino ha sido todo menos sencillo. La recta final de la negociación entre EE UU y Canadá, que ha intercalado jornadas maratonianas de conversaciones constructivas con ataques de Trump a su homólogo canadiense, Justin Trudeau, ha tenido que superar dos grandes escollos. El primero tenía que ver con el comercio de productos lácteos, una cuestión políticamente muy sensible a ambos lados de la frontera. El segundo, con la tentativa de Washington de eliminar el mecanismo de disputas que permite retar a las empresas las restricciones que se aplican al comercio en la zona de librecambio. Ambos han quedado zanjados este domingo. Los productores estadounidenses consiguen un mayor acceso al mercado lácteo canadiense, mientras el Capítulo 19 del tratado queda intacto.
El acuerdo marco, de momento, no va a evitar que EE UU siga aplicando los aranceles que a comienzos del verano entraron en vigor contra las importaciones de acero y aluminio, del 25% y el 10% respectivamente. Canadá espera que las conversaciones continúen, para que se levanten cuando se firme el nuevo tratado trilateral dentro de dos meses. Ottawa si recibe la garantía de Washington de que no va a imponer aranceles a las importaciones de coches y sus componentes, como amenazó Trump.
Washington puso como fecha límite este 1 de octubre para resolver las diferencias y evitar la vía bilateral. Reflejo de la tensión, la ministra canadiense abandonó el sábado Nueva York, donde tenía previsto intervenir ante el plenario de la Asamblea General, para dedicarse de lleno a cerrar los últimos flecos. El embajador David MacNaughton también fue llamado a Ottawa. Freeland trató de mostrar que estaba en control del reloj, diciendo que iban a negociar el tiempo que fuera necesario. Esa posición de fuerza llevó al presidente de EE UU a expresar el jueves su frustración con la negociadora jefa canadiense, a la que llamó intransigente. Pese a las enormes diferencias, se dieron 48 horas más de plazo antes de publicar el borrador del pacto con México.
Las prisas por cerrar el acuerdo antes de que empezase octubre tenían un motivo: era la única forma de que el texto fuese firmado por el presidente mexicano saliente, Enrique Peña Nieto (PRI). Un último caramelo antes de que deje la presidencia, el próximo 30 de noviembre tras la abultada derrota cosechada en las elecciones del pasado 1 de julio. Aunque el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (Morena), ha participado en todo el proceso negociador a través de su mano derecha para asuntos comerciales, Jesús Seade, existía una suerte de pacto tácito entre ambos mandatarios para que el pacto final se sellase en el tramo final del mandado de Peña Nieto.
Las amenazas de Trump de ir por la vía bilateral se toparon con la oposición frontal de los grupos que representan a las empresas, de los sindicatos y de legisladores demócratas y republicanos. Presionaron hasta el último momento para que el tratado se preservará como trilateral. Además, existían serias dudas sobre si el acuerdo con México tendría validez caso de que Canadá finalmente rehusase incorporarse, porque el mandato de negociación era a tres bandas. El acuerdo, en todo caso, debe ser ratificado por el Congreso de EE UU para que entre en vigor. Un giro a la izquierda en las elecciones legislativas de noviembre podría plantear algún obstáculo para Trump.
La negociación, que se ha prolongado durante algo más de un año, se ha caracterizado por la confusión y los continuos ataques de Trump a sus socios norteamericanos, a los que ha acusado de deslealtad y de minar los empleos en el sector manufacturero estadounidense, una de sus principales banderas en la campaña electoral de 2016 que desembocó en su victoria. Aquel 8 de noviembre de 2016, México y Canadá se echaron a temblar. Poco menos de dos años después, el horizonte comercial luce mucho más despejado.
https://elpais.com/internacional/2018/09/30/estados_unidos/1538337081_072547.html

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