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martes, 29 de enero de 2019

Parlamento británico: ni otro referéndum, ni retrasar el "brexit", ni salir sin acuerdo

EUROPA

Parlamento británico: ni otro referéndum, ni retrasar el "brexit", ni salir sin acuerdo

El Parlamento británico rechazó enmiendas que proponían opciones como un segundo referéndum sobre el "brexit "o retrasar la salida de la UE; pero aprobó no salir sin acuerdo y cambiar la salvaguarda irlandesa.
Protesta en los alrededores del Parlamento británico. (Reuters/P. Nicholls)
Protesta en los alrededores del Parlamento británico.
Una mayoría de 327 diputados de la Cámara de los Comunes votaron en contra de la iniciativa planteada por el principal partido de la oposición en el Reino Unido, frente a 296 que la apoyaron.
La cláusula contemplaba que el Parlamento votara sobre todas las posibles opciones del "brexit" a fin de evitar una salida sin acuerdo del Reino Unido de la Unión Europea (UE), el próximo 29 de marzo, entre ellas, el plan laborista de una unión aduanera con los Veintisiete y un posible segundo plebiscito.
Líder laborista, Jeremy Corbyn (Reuters/Handout UK Parliament/J. Taylor)
Líder laborista, Jeremy Corbyn
Además, el Parlamento británico rechazó dos enmiendas que urgían al Gobierno a pedir una extensión del plazo para abandonar la UE, si no se logra ratificar un acuerdo de salida. Las dos cláusulas propuestas por diputadas laboristas fueron rechazadas: por 321 votos frente a 298, la de Yvette Cooper, y por 322 contra 290 votos la de Rachel Reeves.
Ambas  pretendían descartar un "brexit" sin acuerdo en caso de que, el próximo 26 de febrero, la Cámara de los Comunes no haya aprobado un texto consensuado con Bruselas.

"Me preocupa profundamente que el retraso, la deriva del Gobierno y su intención de perseguir unicornios termine finalmente en una salida sin acuerdo por accidente", advirtió Cooper durante el debate parlamentario de esta tarde. Pero la primera ministra, la conservadora Theresa May, reiteró su oposición a posponer la ruptura con la Unión: "Un retraso sin tener un plan alternativo es una carretera hacia ninguna parte", esgrimió.
Los diputados votan puertas adentro, mientras los ciudadanos protestan afuera. (Getty Images/L. Neal)
Los diputados votan puertas adentro, mientras los ciudadanos protestan afuera.
Ni sin acuerdo, ni con salvaguarda
Aprobada quedó, sin embargo, la enmienda en la que se rechaza que el Reino Unido abandone la UE sin un acuerdo, el próximo 29 de marzo.
Esta cláusula, presentada por la conservadora Caroline Spelman, no es legalmente vinculante, pero agrega presión sobre el Gobierno de May para evitar una ruptura abrupta si no logra ratificar un tratado de salida con Brusela. Recibió el respaldo de 318 diputados de diversas formaciones, mientras que 310 votaron en contra.
Aprobada quedó, también, con 317 votos frente a 301, la cláusula propuesta por el conservador Graham Brady, que tenía el apoyo explícito de May. Esta urge al Gobierno a negociar con la UE una solución alternativa al controvertido mecanismo de salvaguarda, para evitar una frontera en Irlanda del Norte después del "brexit".
May quiere regresar a Bruselas para renegociar el mecanismo de salvaguarda para Irlanda del Norte. (picture-alliance)
May quiere regresar a Bruselas para renegociar el mecanismo de salvaguarda para Irlanda del Norte.
Vuelta a Bruselas
A pesar de que Bruselas se ha negado hasta ahora a reabrir la negociación sobre el acuerdo de ruptura con el Reino Unido, May quiere regresar a Bruselas para renegociar el mecanismo de salvaguarda para Irlanda del Norte, el punto más conflictivo del acuerdo, y tratar de que el Parlamento respalde entonces el texto. 
La jefa de Gobierno ha avanzado que el 13 de febrero volverá a la cámara para exponer sus planes, si para entonces todavía no ha logrado pactar con Bruselas modificaciones que faciliten la aprobación del acuerdo del "brexit".
Los diputados volverán a tener entonces la oportunidad de proponer nuevas enmiendas que modifiquen la hoja de ruta del Gobierno, con el propósito de alcanzar un consenso que determine los pasos a seguir sobre la retirada del país del bloque comunitario.
(efe, dpa, reuters)
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jueves, 17 de enero de 2019

Por qué el Partido Laborista ha sido tan ambiguo sobre el Brexit?

¿Por qué el Partido Laborista ha sido tan ambiguo sobre el Brexit?

La salida de la UE ha generado la misma tensión en la oposición que en el Gobierno

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, este viernes en Lisboa, en la reunión de los Partidos Socialistas EuropeosAmpliar foto
El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, este viernes en Lisboa, en la reunión de los Partidos Socialistas Europeos  AP
El Brexit ha conducido al Partido Laborista de Jeremy Corbyn al rincón que cualquier manual de política aconsejaría evitar a toda costa. Cuando todo un país se enfrenta a un debate binario y maniqueo, y el debate en Reino Unido se reduce a "Europa sí, Europa no", quien pretenda ofrecer una respuesta compleja y elaborada se sitúa irremediablemente, a ojos de la opinión pública, en la tibieza y en la ambigüedad.
Jeremy Corbyn es un viejo socialista, heredero de la tradición bennista (así llamada por la influencia que tuvo en el partido el político Tony Benn a finales de los setenta y principios de los ochenta) que deploraba el creciente neoliberalismo de las instituciones europeas y llegó a hacer campaña por la salida de Reino Unido de la Comunidad Económica Europea. "He criticado en el pasado las políticas de la UE en materia de competitividad, y su desplazamiento hacia el libre mercado. Y es obvio que no me gustó nada el modo en que trató a Grecia durante la crisis financiera. Mi idea es la de una Europa social, con sociedades incluyentes que trabajen a favor de todos los ciudadanos y no de solo unos pocos", explicaba Corbyn hace pocas semanas en una entrevista al semanario alemán Der Spiegel.
Sería injusto, sin embargo, afirmar que el Partido Laborista de Corbyn es antieuropeo. La formación defendió oficialmente la permanencia en la UE durante la campaña del referéndum de 2016, y muchos de sus diputados y de sus votantes son firmes partidarios de que Reino Unido siga siendo un socio comunitario. El problema de Corbyn es que le resulta difícil encontrar un equilibrio entre los diferentes frentes de tensión que le bombardean en los últimos dos años. Los restos de la época de Tony Blair y Gordon Brown tienen todavía un notable peso en el grupo parlamentario y su posición es claramente proeuropea. Los sindicatos, de gran influencia en el Partido Laborista, reclaman abiertamente que el partido defienda la opción de un segundo referéndum. Muchos votantes, según las encuestas, querrían que la situación fuera revertida. Pero una convicción personal, aunque quizá excesivamente rígida, de la importancia de las urnas en democracia, y el instinto de que la Inglaterra más perjudicada por la austeridad sigue culpando a Bruselas de todos sus males, mantienen a Corbyn atrapado en su estrategia. "Creo que mucha gente está completamente irritada por cómo sus comunidades se han quedado atrás. Las áreas más abandonadas del país votaron a favor del Brexit. En muchas zonas deprimidas las condiciones laborales se han deteriorado durante décadas, y todo 

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bajo una legislación europea que debía protegerles".
Pero el laborismo es consciente de que esa misma legislación europea, en materia de derechos de los trabajadores, de protección medioambiental o de defensa de los consumidores, es su escudo protector frente a un conservadurismo que mira de nuevo con afán emulador al otro lado del Atlántico, hacia los Estados Unidos de Donald Trump.
Corbyn creyó encontrar el equilibrio necesario en el congreso anual del partido celebrado en Liverpool el pasado septiembre. A través de una doble vía. En primer lugar, estableció las condiciones bajo las cuales el partido estaría dispuesto a respaldar el posible acuerdo que el Gobierno lograra alcanzar con la UE si se cumplían seis condiciones precisas, los llamados "seis tests" del laborismo. Una relación futura con la UE con lazos sólidos y espíritu de colaboración; un trato justo en materia de inmigración; una protección de la seguridad nacional que mantenga la cooperación con el resto de países de la UE; retener "exactamente los mismos beneficios" que obtiene ahora Reino Unido con su pertenencia a la Unión Aduanera y al Mercado Interior; mantener los derechos laborales, medioambientales y de estándares de la actualidad; y finalmente, que ninguna región de Reino Unido salga perjudicada con el acuerdo.
Obviamente, esta "tabla de los seis mandamientos" era un modo de anticipar lo que finalmente ha ocurrido. El Partido Laborista había anunciado su intención de votar en contra del acuerdo de May en caso de que este martes hubiera tenido lugar la votación del Brexit. La primera ministra todavía no ha comenzado a negociar con la UE los detalles de una relación futura, con lo que difícilmente podría asegurar que está dispuesta a cumplir las exigencias del laborismo. Y la solución acordada con Bruselas para salvar el escollo de Irlanda del Norte sitúa claramente a este territorio al margen de la solución acordada para el resto del país, en contra de la sexta exigencia del laborismo.

¿Y ahora qué?

El problema para Corbyn es que la presión a favor de un segundo referéndum no ha dejado de crecer en los últimos meses, algo a lo que el líder laborista se resiste. La solución estratégica a este desafío, aprobada en el congreso de Liverpool después de una intensa discusión interna, fue la de aplicar una respuesta gradual. En primer lugar, rechazar el acuerdo de May. En segundo, esperar que a que sean los propios conservadores los que pongan fin al liderazgo de la primera ministra. Si eso no ocurre, presentar una moción de censura con la esperanza de que la batalla desemboque en un adelanto de elecciones generales. Y solo si todo esto fracasa, abrirse a la posibilidad de un nuevo referéndum. "Si no podemos lograr que haya unas nuevas elecciones generales, el laborismo apoyará todas las opciones que haya sobre la mesa, incluida una campaña en demanda de una nueva votación de la ciudadanía", decía la moción aprobada en el cónclave del partido.
Corbyn confiaba en aguantar la marea con esta solución de compromiso, pero cada vez más voces en su partido reclaman urgencia. Algunos miembros de su dirección se han dejado ver públicamente en las manifestaciones de Londres que reclaman un nuevo referéndum, mientras otros han negociado en la sombra con diputados conservadores para buscar alguna solución que evite una salida precipitada y sin acuerdo de la UE el próximo 29 de marzo. https://elpais.com/internacional/2018/12/10/actualidad/1544442442_420671.html?rel=str_articulo#1547708090370

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BREXIT | Grandeza parlamentaria en medio del naufragio político del Brexit

ANÁLISIS 

Grandeza parlamentaria en medio del naufragio político del Brexit

Las sesiones de Westminster han demostrado que Reino Unido está perdiendo el pragmatismo, pero mantiene un espíritu democrático admirable

En el centro, el 'speaker' del Parlamento británico, John Bercow. 
Quienes por deber o placer hayan seguido estos vibrantes días parlamentarios en Westminster habrán probablemente experimentado una doble y contradictoria sensación: incomprensión ante lo que parece el increíble suicidio político de un país tradicionalmente pragmático, y admiración ante la extraordinaria tradición democrática y parlamentaria que se ha puesto en evidencia en el templo democrático londinense.
Siglos de democracia se infiltran invisibles en el espíritu de los políticos generación tras generación y otorgan grandeza a una liturgia cuyos actores no son todos, por naturaleza, titanes. Los medievales, tribales gritos de “aye!” o “no!” para aprobar o rechazar mociones; la disposición de las bancadas una enfrente de la otra sin rodeos, como naves poniendo proa que desconocen el concepto de titubeo; la vibrante dialéctica en cuerpo a cuerpo; incluso la teatralidad, la gesticulación. Siglos de democracia no pasan en balde.
Quizá el personaje que más ha llamado la atención es el speaker, John Bercow. “Ordeeer!”. Sus llamamientos al orden son un espectáculo. Pero no se confundan: esto no es solo pose. Con su mandíbula potente y pelo desaliñado, tienen ahí un ejemplar de político ferozmente independiente. El día del voto sobre el plan de May para el Brexit, el speaker tory dejó fuera de la orden del día una enmienda impulsada por diputados del entorno de la primera ministra. Día antes, al revés, había aceptado una muy discutida enmienda presentada por la oposición.
Los parlamentos son el espejo fiel de los países. El español, con ese espíritu frentista, por el que la fidelidad al partido está por encima de todo (incluso, parece a veces, encima de las convicciones); el italiano, caótico y verdiano, con grandes oradores y grandes traidores; y ahí está el británico, con ese apego visceral a la libertad. Claro está, si es así, si el Parlamento es el espejo del espíritu de una nación, la vieja Britannia mantiene su apego a la libertad, pero ha perdido su sentido del pragmatismo. https://elpais.com/internacional/2019/01/17/actualidad/1547712360_156498.html