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lunes, 7 de febrero de 2022

Putin: ¿Un patriota? | por Mario Vargas Llosa

Puntos de vista domingo, 06 de febrero de 2022
Putin: ¿Un patriota?
Mario Vargas Llosa
*Vladimir Putin, el hombre que está a punto de sumir a Europa en una guerra de impredecibles resultados, no es un intelectual ni un hombre de libros: la educación que recibió es la de un funcionario de la policía política de la URSS, la KGB.  Estuvo algún tiempo en Alemania Oriental, un país que, se decía, era el más próspero de los que conformaban la URSS, una fantasía, pues, cuando ese país salió de la esfera soviética, se descubrió que era bastante atrasado. Han pasado varios años desde que se reintegró a Alemania y todavía es pobre respecto a la Alemania Occidental.

Yeltsin, un demócrata borracho y metepatas, cometió el error de promover a Putin y llevarlo al poder, algo que le dio mucha popularidad cuando Rusia parecía a punto de estallar en el desorden descomunal que padecía, pues puso orden en aquel caos y los rusos (no todos) creyeron que, con él en el poder, advendría un tiempo de paz y de prosperidad para el país.

*Rusia dejó de ser comunista desde entonces, pero no es democrática ni liberal, y practica un capitalismo de amiguetes, donde, a condición de estar callado y seguir a pie juntillas las disposiciones del poder, uno puede hacerse rico y hasta billonario. Pero no trate usted de visitar el barrio de Moscú donde viven los poderosos aliados de Putin, pues una barrera policial se lo impide, como tuve ocasión de comprobar hace tres años, en que estuve allá.

*Los rusos que admiran a Putin creen todo lo que éste les dice –no son ya muy numerosos, como muestra el fenómeno Navalni, a quien el poder trató de asesinar y tiene ahora en una cárcel- y muchos de ellos comparten su creencia de que Ucrania es parte de la Rusia de los zares, porque los más antiguos nacieron y están enterrados allí, como si las orografías nacionales se mantuvieran intactas al correr de los siglos y, sobre todo en el continente europeo, no hubiera cambiado cientos de veces de conformación y naturaleza a lo largo de su historia.

Putin ya recuperó para Rusia la península de Crimea, una parte de Ucrania que, ahora, se diría que es definitiva; la operación militar dejó muchos muertos, ya olvidados. Pero la solicitud de ingreso a la OTAN del nuevo gobierno ucranio ha excitado la indignación de los dirigentes rusos, que, por lo pronto, han puesto cien mil militares en la frontera oriental de ese país, y en sendas cartas a Estados Unidos y a la OTAN, la defensa de occidente, han pedido garantías, es decir, una prohibición expresa de que los países limítrofes con Rusia se incorporen a la OTAN, algo que, obviamente, está reñido con la libertad de cada país, de ser miembro –sobre todo tratándose de defender su independencia- de cualquier organización que exista y esté garantizada por los tratados internacionales.

¿Estallará una guerra que ponga en peligro la paz del mundo y que podría degenerar en una confrontación atómica, que, luego de la pandemia del coronavirus, dejaría al resto del planeta en estado de delicuescencia o acabaría con él? Yo, personalmente, no lo creo, aunque, por supuesto, toco madera, pues todo podría ocurrir. Me imagino que Putin se ha acostumbrado a poner al mundo de rodillas con sus desplantes y amenazas y que, por primera vez, advierte que el resto de la comunidad, es decir el Occidente, reacciona a sus provocaciones con advertencias muy concretas: la de castigarlo con el cierre del suministro de gas a Europa.

Esta amenaza, por lo demás, no parece dejar tan contentos a los países que se verían más afectados por el cierre, como Alemania, donde ya se han registrado algunos respingos adversos de los nuevos dirigentes, y hasta en Francia, donde el Presidente Macron trata de iniciar un diálogo con el dirigente ruso, algo que no es tan fácil ni de resultados tan inmediatos. Y el dirigente húngaro, Orbán, se ha apresurado a ir a Moscú a proclamar su solidaridad con los rusos, en el curso de una entrevista con Putin, que lo ha declarado “el mejor amigo que tenemos en el mundo occidental”.

En todo caso, es obvio que las amenazas de Estados Unidos y de los países de la OTAN no reciben el respaldo unánime ni igual de enérgico de todos quienes serían víctimas de una agresión rusa y de Putin, en su afán de reconstituir lo que fue el imperio soviético en tiempos del estalinismo. Esta posible cesura en los países de Occidente, que elevaría el coste del suministro de energía en varios de ellos –como España, por ejemplo-, es una debilidad que podría animar al dirigente ruso a cumplir con su amenaza, pese a las enérgicas declaraciones de Estados Unidos y la OTAN de que, si Rusia rompe la paz e invade Ucrania, recibiría un castigo sin precedentes que podría resquebrajar su economía y enfrentarlo a una ofensiva militar.

¿Qué ocurrirá, finalmente? Mi impresión es que, puesto en el disparadero, Putin calculará que los riesgos son demasiado grandes para Rusia de que haya una ofensiva general de Occidente contra su país y que, en efecto, podría significar el final de la popularidad con que, de manera relativa, ha contado hasta ahora en Rusia, y que la oposición, que ha crecido en estos últimos años, podría desalojarlo del poder y quizás eso lo obligue a contenerse. Todo esto es mera especulación. También podría ocurrir que, advirtiendo las potenciales diferencias que hay en Occidente entre los Estados Unidos y los países víctimas de un corte del suministro de energía, Putin se sienta con fuerzas para invadir Ucrania, a como salga. Me parece que esta opción es más difícil, pero no imposible. Los “hombres fuertes” en el poder, como él, pueden jugarse a veces el todo por el todo. Hay que hacer lo posible –y lo imposible- para que esta circunstancia no se dé puesto que nadie sabe lo que podría significar una guerra en la actualidad, con los gigantescos escondrijos de bombas y artillería atómica que tienen los países que se enfrentarían.

Fundamentalmente dos, Rusia y los Estados Unidos. El resto jugaría simplemente el papel de reclutas y de víctimas, ya que ninguno de ellos –y las bravatas de Boris Johnson menos que ninguna otra- está en condiciones de resistir una agresión atómica.

*Estoy bastante seguro de que a nada de ese final pesimista se llegará. Y que el antiguo miembro de la KGB, donde enseñaron a Putin el judo que le permite, para la publicidad, derribar fácilmente a sus adversarios bajo las cámaras, contendrá por el momento sus ansias de resucitar el imperio soviético y el sistema occidental respirará más tranquilo luego de la zozobra de estos días. Porque una tercera guerra mundial no sería limitada y sin el uso de esas armas que podrían desparecer a un millón de personas (o muchas más) de un solo disparo. En el pasado, ese entretenimiento de los poderosos era posible porque, aun con los errores, la matanza resultaba controlable. Ahora ya no; un descuido, por mínimo que fuera, puede provocar el fin del mundo.

*¿Significa esto que el resto del planeta debe inclinarse, retroceder y acatar sin más los caprichos del “patriota” que gobierna Moscú? Tampoco lo creo. Me parece que se ha llegado a un límite, y que Occidente no puede hacer más concesiones al dirigente ruso, porque sería renunciar a las cosas más admirables que ha conquistado, entre ellas la libertad y la democracia, que han dignificado la vida de millones de seres humanos. Pensamos que, en medio del caos que vivió al final del imperio, Rusia las obtendría también. Era otra fantasía.
 
*Madrid, febrero de 2022. https://listindiario.com/puntos-de-vista/2022/02/06/707890/putin-un-patriota
Putin: ¿Un patriota?

Mario Vargas Llosa

?Vladimir Putin, el hombre que está a punto de sumir a Europa en una guerra de impredecibles resultados, no es un intelectual ni un hombre de libros: la educación que recibió es la de un funcionario de la policía política de la URSS, la KGB.

https://listindiario.com/puntos-de-vista/2022/02/06/707890/putin-un-patriota a través de @listindiario 

sábado, 4 de abril de 2015

EEUU pierde el control de A.Latina, según ex general del KGB Nikolái Leónov


 
Moscú, 4 abr (EFE).- Washington pierde el control de América Latina, donde no queda "ni un solo hijo de perra" partidario de Estados Unidos, aseguró a Efe Nikolái Leónov, antiguo general del KGB e íntimo amigo del líder cubano, Raúl Castro, parafraseando a Roosevelt.
"¿Recuerda la famosa frase de Roosevelt? Pues ahora no hay ni un solo hijo de perra de Estados Unidos en todo el continente latinoamericano", dijo Leónov en un perfecto español.
Leónov, actualmente profesor de historia, se refería a la famosa declaración del presidente norteamericano sobre el dictador nicaragüense Anastasio Somoza, cuando dijo: "Será un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra".
En cambio, en opinión de Leónov, ahora Estados Unidos está perdiendo a marchas forzadas el control sobre su "patio trasero".
"EEUU está perdiendo América Latina. Es asombroso. Se mete en todas partes, desde Siria a Afganistán o Libia, y está perdiendo todo el continente latinoamericano", asegura.
Como ejemplo, recuerda que a la cumbre de la CELAC celebrada en enero de 2014 en La Habana asistieron los jefes de Estado y de Gobierno de 31 de los 33 países miembros de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.
"Si yo fuera (el presidente de EEUU, Barack) Obama, estaría sorprendido. Antes excluían a Cuba de todas las organizaciones y ahora forma parte de una en la que no aceptan ni a EEUU ni a Canadá", apuntó.
Leónov opina que el precedente de Cuba ha sido crucial para el cambio de actitud del resto de países latinoamericanos con respecto al gigante del norte.
"Está claro que EEUU debía introducir algunas correcciones en política exterior, reconociendo el fracaso de su diplomacia durante más de 50 años. De ahí, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la isla", apuntó.
El profesor ruso insiste en que "éste es un triunfo para los cubanos", ya que "la iniciativa de normalizar las relaciones ha sido de Estados Unidos".
"Los cubanos aguantaron más de medio siglo una agresión permanente y una actitud feroz. Lo aguantaron todo y vencieron. ¿Cómo pudieron aguantar tanto tiempo? Es increíble", señala.
Y destacó en particular la liberación de los últimos tres espías cubanos encarcelados en EEUU, aunque asegura que estos no cometieron ningún acto de agresión, ya que se limitaban a advertir a La Habana de los atentados terroristas que preparaba la emigración.
"Eso fue muy importante. Tuvo que ser resultado de los esfuerzos personales de Obama", dijo.
Leónov, quien trabajaba como agente en México durante la crisis de los misiles de Cuba, trata de imaginar "cómo debe sentirse Fidel Castro".
"Feliz, satisfecho y triunfante. Todo el mundo querrá ir a verlo ahora como a un santo para apretarle la mano y sacarse una foto. Como una reliquia, un personaje casi bíblico. Es que es un milagro", apunta.
Con todo, aventura que "el proceso de deshielo será muy lento y largo, y no por culpa de Cuba", sino debido a la oposición de grupos de presión en EEUU que han vivido de la enemistad entre ambas partes.
"Obama podría levantar el embargo, pero entonces debería cambiar el Congreso. Quizás pudiera, pero no es omnipotente. Por el momento, los avances son superficiales. El restablecimiento de relaciones no es gran cosa, ya que, de hecho, esas relaciones ya existían", comenta.
Leónov califica el levantamiento del embargo a la isla como "una cuestión de honor" y recuerda que cada vez son más los países que apoyan esa iniciativa.
"Los cubanos no ocultan que comprar pollos en Estados Unidos sería mucho más barato que en Europa o Argentina. Además, hay muchos norteamericanos que quieren normalizar las relaciones, ya que desean tener libre acceso a la isla", dijo.
En sus últimas visitas a Cuba, el antiguo teniente general del KGB ha visto una mejora lenta, pero continua, de los niveles de vida de los cubanos, pese a que la isla "carece de recursos naturales, ya que no tiene ni petróleo ni gas, sólo un poco de níquel".
Leónov no cabe en sí de asombro por el heroísmo de los cubanos y el hecho de que "la población aún resista" después de los "terribles años del período especial" con el objetivo de defender su independencia y su soberanía.
Por todo ello y por la amistad que le une a Raúl Castro, que le invitó a su residencia en su último viaje a La Habana, se propone escribir un libro sobre su relación con el líder cubano.
"Nos conocimos casualmente en 1953 a bordo de un pequeño barco que se dirigía de Génova a Veracruz. Estuvimos un mes en el barco. También iban dos guatemaltecos de izquierdas. Todos hablábamos español, teníamos la misma edad y las mismas ideas. Desde entonces, Raúl y yo somos amigos", rememora. EFE
http://elnuevodiario.com.do/app/article.aspx?id=419243
Autor: Ignacio Ortega

domingo, 29 de marzo de 2015

La experiencia alemana que cambió la vida de Putin

Chris Bowlby BBC News, Dresde 29 marzo 2015 
Vladimir Putin en Dresde
Lo vivido durantes sus años como espía en Dresde parece haber moldeado el pensamiento de Vladimir Putin.  
Para comprender a Vladimir Putin hay que conocer una historia acaecida en Alemania Oriental en una dramática noche de hace ya un cuarto de siglo.
Corría el 5 de diciembre de 1989 y a pocos días de la caída del muro de Berlín el comunismo alemán agonizaba y la población enardecida parecía estar dotada de una fuerza irresistible
En la ciudad de Dresde una muchedumbre asaltó el cuartel de la Stasi, la temida policía secreta y luego un pequeño grupo de manifestantes se dirigió a los cuarteles del servicio secreto soviético: la KGB.
"El guardia que estaba en la puerta inmediatamente se retiró hasta la casa", recuerda uno de los miembros del grupo, Siegfried Dannath.



Un joven Vladimir Putin
Vladimir Putin de joven.

Pero, poco después, "apareció un oficial, bastante pequeño, agitado", cuenta.
"Nos dijo: 'No intenten entrar a la fuerza. Mis camaradas están armados y tienen autorización para usar sus armas en caso de emergencia'", recuerda Dannath.
Y eso bastó para que el grupo se retirara.
El oficial de la KGB, sin embargo, sabía que el peligro no había pasado.
Y más tarde contaría que llamó al cuartel general de una unidad de tanques del Ejército Rojo destacada en la zona para pedir protección.

"Moscú está callado"

La respuesta que recibió le produjo un choque devastador que le cambió la vida.
"No podemos hacer nada sin órdenes de Moscú", dijo una voz al otro lado de la línea.
"Y Moscú está callado".
Desde entonces la frase "Moscú está callado" ha perseguido a ese hombre, desafiante pero impotente en 1989 y ahora convertido en "Moscú": el presidente de Rusia, Vladimir Putin.



Putin en Dresde
Putin de regreso en Dresde, visitando uno de los lugares que acostumbraba frecuentar en su juventud.

"Creo que se trata de un hecho clave para entender a Putin", dice su biógrafo alemán, Boris Reitschuster.
"Sin el tiempo que pasó en Alemania del Este tendríamos otro Putin y otra Rusia", afirma.

Lecciones importantes

Efectivamente, la experiencia le enseñó a Putin lecciones que no ha olvidado, le dio ideas para su modelo de sociedad y fortaleció sus ambiciones de riqueza personal y una poderosa red de contactos.
Y, sobre todo, le generó una gran ansiedad por la fragilidad de las élites políticas y la facilidad con las que el pueblo puede derrocarlas.



Un documento censurado de la Stasi que menciona a Putin
Un documento censurado de la Stasi que menciona a Putin

Putin había llegado a Dresde a mediados de la década de 1980 para su primer puesto en el extranjero como agente de la KGB.
La República Democrática Alemana (RDA), un estado comunista ubicado en la zona de influencia soviética luego de la derrota de la Alemania nazi, era muy importante para Moscú y estaba llena de espías y militares.
Y desde su juventud Putin siempre había querido ser parte de la KGB, inspirado por historias heroicas en las que, como recordaría luego, "el esfuerzo de un hombre podía conseguir lo que no lograban ejércitos, y un espía podía decidir el destino de miles de personas".
Mucho del trabajo de espionaje que tenía que hacer en Dresde no era particularmente excitante, pero al menos él y su joven familia podían disfrutar de la buena vida de Alemania Oriental, muy diferente a la de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
"Las calles estaban limpias. Las ventanas se lavaban una vez a la semana", recuerda su esposa de entonces, Ludmila, en una entrevista publicada en el año 2000 como parte del libro "Primera Persona", una compilación de entrevistas con el entonces poco conocido mandatario ruso.



Cuarteles de la KGB en Dresde
El cuartel de la KGB en Dresde que Putin ayudó a proteger.
El edificio de apartamentos donde vivía la familia Putin en Dresde
El edificio de apartamentos donde vivía la familia Putin.

Los Putin vivían en un edificio de apartamentos especial, en el que tenían por vecinos a otros agentes de la KGB o de la Stasi.
"Pero a juzgar por cómo vivían, los agentes de la RDA tenían salarios más altos que nuestros muchachos. Nosotros tratábamos de ahorrar, para poder comprar un auto", recuerda Ludmila.
Y no sólo los estándares más altos de vida diferenciaban a Alemania del Este de la URSS: la RDA también permitía la existencia de varios partidos políticos, a pesar de que funcionaba como un régimen comunista.
"Para Putin era como un pequeño paraíso y lo disfrutaba mucho", dice Boris Reitschuster. "Reconstruyó una especie de RDA en la Rusia de hoy".

Momento de cambio

En el otoño de 1989, sin embargo, el paraíso empezó a convertirse en una especie de infierno para la KGB.
Y en las calles de Dresden Putin empezó a ver a la gente comportarse de formas incomprensibles e inaceptables para él.



Solicitud de Putin al Mayor General Horts Boehm
El contacto de la Stasi al que Putin le dirigió esta carta se suicidó a inicios de 1990.

A inicios de Octubre, por ejemplo, a cientos de ciudadanos alemanes orientales que habían solicitado asilo político en la embajada de la República Federal de Alemania en Praga se les permitió viajar a la RFA por tren.
Los trenes estaban sellados, pero al pasar por Dresde una muchedumbre trató de romper los cordones de seguridad para abordarlos y poder escapar.
Según el alcalde comunista de la época, Wolfgang Berghofer, en la ciudad reinaba el caos y muchos asumieron que la violencia era inevitable.
"Había un batallón de tanques soviéticos estacionado en la ciudad", recuerda. "Y sus generales me habían dicho claramente: 'Si Moscú da la orden, los tanques saldrán'".
Y Vladimir Putin seguramente estaba convencido de que los oficiales soviéticos –a los que conocía y había tratado– no iban a dudar en entrar en acción.
Pero no: Moscú, bajo Mijaíl Gorbachov, "estaba callado". Los tanques del Ejército Rojo nunca salieron a la calle. Nadie protegió a los agentes de la KGB.
Putin y sus colegas trabajaron frenéticamente para quemar cualquier evidencia de su trabajo de inteligencia.
"Yo personalmente quemé muchísimo material", recordaría luego Putin en "Primera Persona". "Quemamos tantas cosas que el horno explotó", cuenta.

Una nueva vida

La implosión de Alemania Oriental en los siguientes meses tuvo un enorme impacto sobre él y sobre su familia.
"Teníamos la horrible sensación de que el país que casi se había vuelto nuestra casa estaba dejando de existir", recuerda su esposa, Ludmila.



Vladimir Putin
De 1990 a 1996 Putin trabajó para el alcalde de San Petersburgo. Luego se mudó a Moscú y empezó su meteórica ascención.

"Mi vecino, que era también mi amigo, lloró por una semana. Estaba colapsando todo lo que tenían: sus carreras, sus vidas", cuenta.
Y uno de los contactos claves de Putin en la Stasi, el Mayor General Horst Boehm, fue humillado por los manifestantes y terminó suicidándose poco después.
Putin pudo reflexionar sobre lo que puede ocurrir cuando el poder popular se vuelve dominante durante su largo regreso a casa.
"Sus amigos alemanes le regalaron una lavadora vieja y con ella condujeron de regreso a Leningrado", cuenta la biógrafa y crítica de Putin Masha Gessen.
"Se fue sintiendo que había estado sirviendo a su país y no tenía nada para mostrar", agrega.
Y también regresó a un país que también estaba al borde del colapso y había cambiado radicalmente bajo Mijaíl Gorbachov.
En palabras de Gessen: "Se encontró con un país que había cambiado en formas que no comprendía y que no quería aceptar".

Contactos y miedos

¿Qué podía hacer Putin en su vieja ciudad, ahora rebautizada como San Petersburgo?
Manejar un taxi fue una posibilidad que se consideró fugazmente. Pero pronto Putin se dio cuenta que de Alemania se había traído algo más que una lavadora vieja.



Putin en Dresde
Putin es el segundo de izquierda a derecha en la cuarta fila.

En Dresde había sido parte de una red de individuos que ahora estaban muy bien ubicados para prosperar política y económicamente en la nueva Rusia.
Y según la profesora de la Universidad de Miami, Karen Dawisha, autora del libro "La cleptocracia de Putin: ¿Quiénes son los dueños de Rusia?", mucha de la gente que conoció en Dresde ahora son parte de su círculo íntimo.
La lista incluye a Sergei Chemezov, quien por años manejó la agencia de exportación de armas de Rusia, y Nikolai Tokarev, quien encabeza la compañía estatal Transneft.
Y la lista no solo incluye rusos: Matthias Warnig – un antiguo oficial de la Stasi, que se cree estuvo en Dresde en la misma época que Putin – es actualmente el gerente general de Nordstream, el gasoducto que lleva gas ruso a Alemania a través del mar Báltico.




Por lo demás, muchos analistas creen que eventos como el levantamiento popular de la plaza Maidan en Ucrania han revivido los malos recuerdos de Putin y especialmente los de aquella noche de diciembre de 1989 en Dresde.
"Yo creo que cuando ve a las muchedumbres en Kiev en 2014, en Moscú en 2011 o en Kiev en 2013, se acuerda de su tiempo en Dresde. Y todos sus viejos miedos resucitan", dice Reitschuster.
Y dentro suyo tal vez también está el recuerdo de como el cambio puede ser moldeado no solo por la fuerza o la debilidad, sino también por la emoción.
En 1989 Vladimir Putin fue testigo de cómo el sentimiento patriótico, combinado con los anhelos de democracia, resultaron mucho más poderosos que la ideología comunista.
Y por eso al preguntarse qué es lo que Putin podría hacer después bien vale la pena recordar lo que ya ha vivido.
Y una cosa es segura: mientras Vladimir Putin tenga las llaves del Kremlin, es poco probable que Moscú vuelva a quedarse callado.

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