Mostrando las entradas con la etiqueta Frente Patriótico. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Frente Patriótico. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de abril de 2023

Del PLD, la corrupción y los conservadores / Por César Pérez

Del PLD, la corrupción y los conservadores

Del PLD, la corrupción y los conservadores

La operación Calamar, en la que apresaron los principales miembros del mayor de los entramados de corrupción hasta ahora conocido, diseñados en las altas instancias de la cúpula del PLD para mantenerse en el poder y el debate generado por la inicua inclusión del general Ramiro Matos en la Academia Dominicana de la Historia, jalonan el debate político en estos últimos días. Para tener conocimiento del origen de esos hechos, es necesario que reflexionemos sobre el conservadurismo que, en los últimos años, con altivez, levantan cabeza y reclaman para sí el monopolio exclusivo del poder y de la verdad.

Los conservadores desterraron a Duarte, fusilaron a Sánchez y otros próceres y devolvieron la República a España. Después de la Insurrección de Abril, los EEUU impusieron a Balaguer, el cual rearticuló los conservadores políticos/religioso/económicos en desbandada por los efectos de esa insurrección. Con ellos gobernó 12 años y con ellos como parte de sus activos pactó con el PLD para formar el malhadado Frente Patriótico con el objetivo de impedir el ascenso al poder al PRD de Peña Gómez, por todo lo que este significaba. Esa abigarrada convergencia política con predominio ideológico del conservadurismo constituye el pecado original del del proyecto de poder del PLD.

Puede leer: Sí, general Matos: Emilio Cordero lo negó públicamente

Fueron los conservadores quienes llevaron a Santana al Panteón Nacional, y se ubican en ese sector quienes llevaron el general Matos a la ADH. A su vez, en esencia, son progresistas, por diversas razones, quienes dentro y fuera de esa institución adversan esa inclusión. El conservadurismo dominicano se amplió y profundizó con el advenimiento del PLD con sectores venidos del progresismo y de la izquierda fueron cooptados por ese poder, convirtiéndose en apoyo técnico e “ideológico”. La deriva conservadora de nuestro país está bien incrustada en otros partidos.

Por ejemplo, en la FUPU gravita poderosamente el grupúsculo más recalcitrante del conservadurismo y en ella están ingresando personajes que vienen del sombrío litoral del general Matos, por lo cual ese partido tiende a ser otro intento de reagrupamiento del conservadurismo. También debe preocupar la presencia/incidencia de sectores conservadores en las filas del PRM. El árbol dominicano de las libertades ha sido abonado con la sangre generosa de los héroes de Luperón, del 14 de junio de 1959 y de Las Manaclas; al igual que la de los periodistas Luis Reyes Acosta, Yolanda Guzmán y Orlando Martínez, entre otros, y de aquellos que hicieron tenaz resistencia al balaguerismo.

Esos hechos, son los sirven de referencia a quienes condenamos esa soberbia de los conservadores que, entre víctimas y verdugos defienden a los verdugos y que entre la justicia y los ladrones defienden a los ladrones.

https://hoy.com.do/del-pld-la-corrupcion-y-los-conservadores/

lunes, 14 de octubre de 2019

Leonel vs. Danilo: cuando los dioses se pelean | José Luis Taveras @Josel_taveras

José Luis Taveras
Leonel vs. Danilo: cuando los dioses se pelean 
14 / 12 / 2017, 12:00 AM
Vencidos por los años, Balaguer y Bosch, uno ciego y otro mentalmente contrariado, apretaron sus manos y en un torpe levantamiento de brazos cedieron sus decrépitos liderazgos a unos muchachos fraguados en gloriosas utopías. La simbología del acto que selló el llamado Frente Patriótico fue pletórica: terminaban el siglo, el primer milenio, la primavera de 1996, la añeja rivalidad de los caudillos y el autoritarismo. La impresión infundida por esas señales parecía auspiciosa: por fin cruzábamos el umbral de una democracia iluminada por otras visiones. Pensar que los discípulos de Bosch —curtidos en la política como servicio ético— llegarían al poder era para respirar futuro a todo pulmón. La corrupción y el autoritarismo que le dieron marca y personalidad al caudillismo del siglo XX quedaban atrás.
Leonel Fernández entró con alas y salió con garras. Sus primeros dos años descubrieron a un muchacho empeñado en dejar una imagen y obra memorables. Modernizó la Administración pública, promovió reformas institucionales, estabilizó la economía, rescató el valor del servicio público y creó un ambiente de tolerancia democrática. Pero los devaneos asoman cuando los delirios perturban. Su carácter quebradizo fue penetrado por fantasías obsesivas. Los susurros pegajosos de un cerco oscuro de intimidad humedecieron su ego y el chaval perdió toda concentración. Cuando apenas se acostumbraba al poder, terminaba su mandato. Necesitaba volver; era cuestión de vida para un muchacho escogido por la suerte pero con un apetito político felino. El karma de su existencia fue haber estrenado en la presidencia espacios, relaciones y logros que nunca hubiera tenido por su propio mérito. El cargo lo hizo y para seguir siendo tenía que volver. Lo logró, y esta vez armado con las intenciones más firmes de perderse, de negarse.
Se enamoró de su voz, de su discurso, de su inteligencia, y se prefiguró como una efigie continental. Conocer a estadistas y líderes mundiales que solo veía en los periódicos, la televisión o leía en obras fue una experiencia extática; viajar a lugares de antojo y alojarse en hoteles de catálogo era una fantasía lúdica. El hombre se enajenó y olvidó que gobernaba para otros; al final de su segundo mandato ya sentía al país como comarca y la presidencia como rutina. Dejó que sus amigos de intimidad robaran a pleno sol de impunidad, concertó acuerdos implícitos con funcionarios y empresarios para acaudalar fortunas obscenas y consintió el nacimiento de un Estado empresarial fundado en la corrupción como razón política. Entendió que el poder era para vivirlo y así lo hizo. Al final de su segundo periodo terminó enfermo. Perdió el sentido de la realidad y todavía hoy anda a tumbos buscando readaptarse a la mortalidad. Persigue la presidencia como adicción, convencido de que el país lo necesita. Esas imágenes torcidas están clavadas en sus obsesiones como las alucinaciones en una mente esquizofrénica.
A la sombra de ese ego grandilocuente despuntaba un rival taimado: Danilo Medina. Un hombre callado, sigiloso y resentido. Aprovechó los envanecimientos de Leonel y sobre sus desechos fue construyendo un círculo de lealtad mítica. Se distanció tempranamente del Gobierno para preparar su trama. Esperó en la esquina el desplome del líder para asestar el golpe certero hasta pulverizarlo. Cuando el líder bajó del Olimpo, se encontró sin partido, sin alfombras, sin pleitesías y con otro soberano en su trono. Entonces nació el tirano: un enemigo político metódico, imperturbable y rencoroso. Estudió por años a Leonel para negarlo en todo: Leonel fantasea, Danilo maquina; a Leonel le resbala todo, Danilo tiene una memoria siniestra; Leonel embauca, Danilo miente; a Leonel le obsesiona la vida del poder, a Danilo el poder le da vida; Leonel presidía, Danilo gobierna. Dos ambiciones desalmadas de distintos cuños. Pero como en los campos magnéticos los polos opuestos se atraen, uno le da vigencia al otro en esa dinámica simbiótica del yin y el yang.
Hoy asistimos al duelo apocalíptico de dos caudillos. La historia terminó donde comenzó: bajo la maldición del delirio tiránico. Con la diferencia de que a los caudillos del pasado los movía el poder, a estos, sin las condiciones de aquellos, les provocan la codicia, el hedonismo y la acumulación de fortuna.
Danilo, en vez de desmontar la estructura corrupta de Leonel, la aseó, y no por anuencia partidaria, sino porque ideaba construir su propio entramado de intereses. En sus gobiernos la impunidad ha sido política pública y la corrupción forma de vida. Entre los dos crearon un Estado monstruoso donde la mayor parte de la gente económicamente activa cobra o se beneficia. Esa hiperinflación burocrática de la cosa pública ha mantenido en el poder al PLD por décadas, pero también ha encarecido la participación electoral a niveles inabordables, ha comprometido las cuentas públicas, ha endeudado al país como ningún otro gobierno, ha quebrado la institucionalidad y ha implantado la impunidad como cultura.
El PLD de hoy es un pandemónium indivisible de ambiciones. Pero, como logia siniestra, donde la lealtad se presta sobre juramentos de complicidad, los dos rivales, trenzados por los mismos pecados, están condenados a “entenderse” y lo harán sin grandes traumas porque hay en juego demasiadas inversiones políticas. El problema es que no hay forma de liberar al país de los efectos de este duelo sordo de ambiciones porque el PLD hizo del partido el Estado. La maldita herencia del conjuro patriótico sigue perturbando nuestro sueño democrático. ¡Qué destino! https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/leonel-vs-danilo-cuando-los-dioses-se-pelean-MM8781358
taveras@fermintaveras.com