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jueves, 27 de septiembre de 2018

Estamos a tiempo: podemos evitar otra crisis económica

Estamos a tiempo: podemos evitar otra crisis económica

People line up to exchange currency outside a bank at Buenos Aires' metropolitan airport, Argentina August 13, 2018.
En colaboración con Esglobal | 27 sep 2018 | Gonzalo Toca
Antes de nada, un aviso para lectores incautos. A algunos economistas les encanta dibujar escenarios terribles que nunca se concretan, porque saben que eso llama la atención de los periodistas sobre sus servicios de asesoramiento, que nadie penaliza las previsiones salvajes y absurdas cuando fallan (se olvidan en el infinito fluir de las noticias) y que los encumbrarán como grandes gurús o casandras si dan en la diana. A la población en general y a la comunidad inversora en particular les fascina la idea de que alguien pueda ver el futuro. Por eso los medios no suelen presentar las intuiciones acertadas de los economistas sobre una crisis venidera como lo que fueron: una ronda excelente de un gran tirador de dardos.
Dicho esto, lo que de verdad sabemos hoy es que la economía global está preparándose para aterrizar ralentizando su crecimiento, algo que no hará hasta 2020, según el Fondo Monetario Internacional. Tenemos tiempo, si desplegamos las políticas adecuadas y enfriamos el debate público, para no complicarnos la vida. Si el año pasado, en términos de crecimiento, fue tan bueno que sólo podía compararse con 2011, este año y el que viene serán aún mejores. Pero cuidado: viajamos en un avión propulsado por la inercia de los bajos precios de la energía, las políticas crediticias ultraflexibles y la recuperación, animada últimamente por las rebajas fiscales de Donald Trump. Ese combustible, por definición, no va a durar mucho tiempo.
Los precios de la energía van a seguir recuperándose hasta el punto de que el regulador de la primera potencia del planeta espera que el barril de petróleo Brent, de referencia en Europa, pase de 53 a 70 dólares en los próximos dos años. La era del oro negro tirado de precio que provocó la OPEP para hacerle pagar a Rusia su exitosa intervención en Siria y destruir la competencia del shale estadounidense ha terminado con la derrota de Arabia Saudí y las monarquías del Golfo. Este período, que va de finales de 2014 a finales del año pasado, supuso una transferencia de riqueza asombrosa de los países productores a los importadores netos como España y, muy especialmente, a los que contasen con una fuerte industria pesada como en el caso de muchos emergentes.
En paralelo, las políticas crediticias ultraflexibles de los bancos centrales, que aplastaron el precio del dinero y de la deuda para estimular las economías durante la crisis, o han empezado a retirarse o están a punto de hacerlo. La Reserva Federal, que fijó los tipos de interés por debajo del 0,5% desde finales de 2009 a finales de 2016, los ha multiplicado por cuatro desde entonces y espera seguir subiéndolos en los próximos meses. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, anunció en junio que éste sería el último año de su programa de expansión cuantitativa, el instrumento que ha mantenido hundido el precio del euro. Son muy pocos los que descartan ya una subida de tipos en 2019.
Las inercias del círculo virtuoso de la recuperación, si no se acompañan de reformas que mejoren la productividad y aplaquen la indignación contra la creciente desigualdad, también se agotan. Al fin y al cabo, el FMI ha rebajado las previsiones de crecimiento para la eurozona, Reino Unido, Japón, Argentina, Brasil e India. Al mismo tiempo, el impacto de la impresionante rebaja fiscal de un billón y medio de dólares que sacó adelante Donald Trump a finales de 2017 ha empezado a desvanecerse. Ése es uno de los motivos por los que está planteándose otra más modesta, de 100.000 millones, que beneficiaría sobre todo a grandes inversores.

Sin vientos de cola en un mal momento

Con todo, el principal problema es que el final de estos vientos de cola favorables -la energía barata, el dinero barato y las inercias de la recuperación- no llega precisamente en el mejor momento. La suma de las deudas pública y privada globales parece desatada, supera el 200% del PIB global y no había estado tan alta desde 2009, el segundo año fatídico de la crisis financiera. En la última década, los países emergentes, con el habitual liderazgo de China, son los que más la han disparado. Esto, que puede resultar raro si recordamos el peso de los Estados del bienestar europeos, el fulminante envejecimiento de la población, la sangría del paro para las arcas públicas y los rescates masivos de bancos en EE UU o España, lo es menos si tenemos en cuenta las circunstancias específicas de China. Históricamente, casi ninguna gran economía mundial ha acumulado tanta deuda en tan poco tiempo como Pekín en los últimos diez años. Dos de las excepciones son Japón en los 80 y Estados Unidos en los años 20 o, dicho de otra forma, justo antes de que les estallase en la cara una crisis brutal. Esto se debe a tres grandes motivos.
Primero, Pekín ha sostenido con discreción a sus grandes bancos estatales con toneladas de dinero público. En segundo lugar, ha forzado a esos bancos quebradizos a prestar grandes cantidades de recursos a empresas públicas teniendo más en cuenta la creación de empleo y la paz social que la solvencia de las empresas o la rentabilidad de los proyectos. La consecuencia ha sido que muchos deudores no pueden devolver el dinero o sólo pueden devolverlo renegociando plazos y condiciones. Y tercero, la combinación entre la burbuja inmobiliaria y el entusiasmo por consumir a crédito ha llevado a los hogares a catapultar su deuda hasta el 106% de su renta disponible, según los cálculos del Financial Times.
Aunque China es una economía inmensa que cuenta con muchos recursos para mitigar una fuerte recesión, lo cierto es que su extraordinario nivel de deuda preocupa a expertos como el economista de Harvard Kenneth Rogoff, que la ven claramente vulnerable. Las autoridades chinas han acumulado miles de millones en créditos (hasta superar los 1,7 billones de dólares en deuda externa) mientras los tipos de interés que imponían la Fed o el Banco Central Europeo han estado por los suelos.

La sangría de los emergentes

Ese mundo del dinero barato -lo decíamos antes- empezó a acabarse a finales de 2016 y los emergentes ya han visto cómo pesaba más y más su deuda externa con cada escalada del dólar. Esta experiencia como de soga que se cierra lentamente sobre el cuello ha sido mucho más drástica para algunos países como Argentina y Turquía, dos economías sostenidas por pilares mucho más frágiles. Sus ejemplos son instructivos porque, en los próximos meses, no serán los únicos.
Los acreedores internacionales de Turquía no están nada contentos con una inflación acumulada desde enero que puede rondar el 100%, ni con un déficit superior al 7%, ni con un Gobierno autoritario que no sólo tiene problemas con Trump -un importante socio comercial- sino también con su propia población. Los acreedores no se fían de que vayan a devolverles el dinero -la deuda externa de Turquía supera el 50% del PIB- y la fuga de capitales del país ha pasado este año de herida a hemorragia salvaje. El hundimiento de un 40% de la lira turca, que primero reflejó el pánico de los inversores y ahora también la sed de los especuladores que creen que pueden sacar tajada, ha disparado el coste de la financiación. El banco central ha subido en más de 11 puntos porcentuales el precio del dinero desde abril. Para que se entienda el alcance: la Fed ha subido los tipos menos de dos puntos en los últimos dos años.


Imagen: OCDE

El caso de Argentina, que ha tenido que pedir un crédito al FMI, es algo distinto aunque no del todo. La inflación ha pasado este año del 25% a superar el 30%, se ha desatado la peor sequía de las últimas décadas (recordemos que la agricultura representa casi el 10% de su producción nacional) y la deuda externa roza el 40% del PIB. Los acreedores, que ya se temían en primavera que el peso estaba sobrevalorado, comenzaron a llevarse a raudales su dinero del país. El banco central argentino ha encadenado cuatro subidas de los tipos de interés hasta llevarlos al 60%. Tiene unos tipos 30 veces superiores a Estados Unidos.
De todos modos, la deuda y la sangría de algunos emergentes no son los únicos problemas con los que va a coincidir el final de los vientos de cola. El aterrizaje de la economía mundial también se las verá con las decisiones proteccionistas de Donald Trump, que podrían provocar una guerra comercial de más de 400.000 millones de dólares según el FMI y consecuencias imprevisibles para las instituciones y las relaciones multilaterales. Todos sabemos cómo puede empezar una guerra comercial entre EEUU y China pero nadie, ni siquiera sus máximos mandatarios, sabe cómo acabará.
Por si fuera poca incertidumbre, hay que añadir a la lista de preocupaciones graves las implicaciones de la escena final del Brexit y la emergencia de un eje nacional-populista en el corazón de Europa, con partidos con decenas de millones de votantes detrás en Alemania o Francia y algunos Gobiernos bajo su control como los de Italia, Austria, Hungría o Polonia. Si el nacional-populismo ha encontrado suelo fértil durante la fuerte recuperación y los partidos moderados han sido incapaces de capitalizarla… ¿Qué ocurrirá cuando la economía pierda fuelle?
De todos modos, es un buen momento para recordar que el futuro no está escrito en absoluto y que lo que tenemos hoy es una economía global que aterriza suavemente aunque lo haga con dudas importantes a su alrededor. Los emergentes pueden estabilizar su transición a una época de financiación más cara si es necesario con ayuda de instituciones internacionales, China cuenta con recursos y una larga lista de reformas pendientes para evitar una recesión, el poder de las decisiones de Donald Trump se puede ver mermado con las legislativas de noviembre y, si la experiencia sirve de algo, Europa ya ha visto cómo se apaga la llama del populismo en democracia cuando los políticos radicales tienen que responder a las necesidades de los mercados internacionales, sus socios europeos y, sobre todo, sus ciudadanos.
https://es.weforum.org/agenda/2018/09/estamos-a-tiempo-podemos-evitar-otra-crisis-economica
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no del Foro Económico Mundial. +

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La próxima crisis financiera, a un año de María, y otras historias interesantes de la semana

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Plastic tarps over damaged roofs are seen on houses a year after Hurricane Maria devastated Puerto Rico in San Juan, Puerto Rico, September 18, 2018. Picture taken September 18, 2018. REUTERS/Carlos Barria - RC17278135F0
Imagen: REUTERS/Carlos Barria
Ésta es una lista de algunas de las historias más interesantes de la semana sobre los temas a los que da seguimiento el Foro Económico Mundial, entre ellos crecimiento económico e inclusión social.
La próxima crisis financiera, ¿llegará en 2020? La volatilidad financiera global abrió un debate sobre qué activará la próxima recesión y cuándo. Varios actores apuntan a que el ciclo actual terminará en dos años. (Foro Económico Mundial) Hacia los próximos meses, ¿cuáles son las debilidades y fortalezas de los mercados emergentes? (Financial Times l Cronista)
Arrecia la guerra comercial EE.UU.-China. Con las elecciones legislativas a la vista, Trump escaló sus aranceles a US$250 mil millones. China contestó gravando productos de áreas republicanas. (El País) Multinacionales de EE.UU. advirtieron que subirán sus precios y temen que disminuya el consumo de cara a las épocas navideña y de rebajas. (CNN en Español)
Dos apuntes desde Tianjin. En el discurso inaugural del ‘Davos del Verano,’ el primer ministro chino prometió que su país avanzará con rapidez en la apertura de su economía y garantizará la igualdad de condiciones de competencia. (EFE) Jack Ma anunció la creación de Pingtouge, una empresa de Alibaba para la fabricación de chips de Inteligencia Artificial. (Vanguardia)
Se cierra la elección brasileña en medio de sus crisis. A dos semanas de las presidenciales, las encuestas reflejan un empate técnico entre Bolsonaro y Haddad, por lo que habría segunda vuelta. (El País de Uruguay) La abultada deuda y el enorme gasto del Estado serán las primeras crisis que el nuevo mandatario deberá atender. (Financial Times l Cronista)
Argentina, ante la frialdad de los números. Aunada a la crisis financiera de las últimas semanas, el país está inmerso en la peor sequía en 40 años, por lo que la economía cayó 4.2 por ciento en el segundo trimestre. (La Nación) El presupuesto “déficit cero” para 2019 prevé inflación del 23 por ciento, contracción del PIB por 0.5 por ciento y el dólar a $40.10 pesos. (Clarín)
Colombia ante sus viejos fantasmas. Cuando se pensaba que el problema del cultivo de drogas estaba controlado, un estudio encontró que Colombia batió un nuevo récord en 2017. (DW) Desilusionado con la vida civil y en medio de la amenaza de paramilitares, un grupo de ex guerrilleros volvió a tomar las armas, poniendo en jaque el Acuerdo de Paz. (New York Times)
A un año de María y el 19S. A doce meses del paso del huracán María por Puerto Rico, el debate sobre la negligencia gubernamental se acrecienta. (New York Times) También se cumplió un año del sismo en el centro de México: los trabajos de reconstrucción están lejos de terminar y existe el riesgo de no atender lecciones importantes. (BBC Mundo)
La Unión Europea afila los dientes en dos investigaciones. La UE abrió una pesquisa contra VW, BMW y Daimler por posible colusión para limitar el desarrollo de vehículos limpios. (Reforma) La Comisión de Competencia de la UE anunció que inició una investigación contra Amazon por prácticas monopólicas en el uso de datos de terceros. (Business Insider)
Los lentos avances de la lucha contra la pobreza. El Banco Mundial dio a conocer que, en los últimos 25 años, mil millones de personas lograron salir de la pobreza extrema. La tasa actual es la más baja de la que se tiene registro. Sin embargo, el ritmo de avance ha disminuido y se corre el riesgo de no alcanzar los objetivos trazados para el 2030. (Banco Mundial)
América Latina es la región más sedentaria. De acuerdo con la OMS, Latam es la región del mundo con menores niveles de actividad física. La tendencia se disparó por la urbanización acelerada, la contaminación y la disminución de empleos que requieren actividad física. Brasil, Costa Rica, Argentina y Colombia son los países con los peores índices. (El Tiempo)
Datos y cifras. Se presentó el Reporte del Foro Económico Mundial sobre el Futuro del Empleo, que analiza la tormenta perfecta de cambios en los modelos de negocios de todas las industrias. Nuevas categorías de trabajos surgirán, se requerirán nuevas habilidades y ello afectará a algunos grupos de personas. Consulta el informe completo aquí (en inglés).
https://es.weforum.org/agenda/2018/09/la-proxima-crisis-financiera-a-un-ano-de-maria-y-otras-historias-interesantes-de-la-semana
Explorar el contexto
Crecimiento económico y la inclusión social
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La gestación de una recesión y crisis financiera en 2020

La gestación de una recesión y crisis financiera en 2020

An investor looks at an electronic board showing stock information at a brokerage house in Hefei, Anhui province December 9, 2008. China's stock market dropped in heavy trade on Tuesday, led by property and financial shares, on worries that November economic data, to be released in coming days, would be poor. REUTERS/Stringer (CHINA).  CHINA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN CHINA. - GF2E4C90PRF01
Imagen: REUTERS/Stringer
En colaboración con Project Syndicate | 17 sep 2018 | Nouriel RoubiniProfessor of Economics, Stern School of Business, New York University
A diez años del colapso de Lehman Brothers, todavía se debaten las causas y consecuencias de la crisis financiera, y si se aprendieron las enseñanzas necesarias para prepararnos para la próxima. Pero la pregunta más pertinente a futuro es qué activará la próxima recesión y crisis global, y cuándo.
Es probable que la actual expansión global continúe el año entrante, dado que Estados Unidos mantiene un gran déficit fiscal, China aplica políticas fiscales y crediticias laxas, y Europa sigue en una senda de recuperación. Pero en 2020, estarán dadas las condiciones para una crisis financiera, seguida de una recesión global.
Hay diez razones para esto. En primer lugar, las políticas de estímulo fiscal que en la actualidad elevan el crecimiento anual estadounidense por encima del nivel potencial de 2% son insostenibles. En 2020 el estímulo se agotará, y un ligero freno fiscal reducirá el crecimiento de 3% a un poco menos de 2%.
En segundo lugar, como el estímulo se aplicó a destiempo, la economía estadounidense ahora está sobrecalentándose, con una suba de la inflación por encima de la meta. De modo que la Reserva Federal de los Estados Unidos seguirá subiendo la tasa de referencia desde el 2% actual a por lo menos 3,5% en 2020, y es probable que eso provoque un alza de los tipos de interés a corto y largo plazo, y también del dólar.
En tanto, en otras economías importantes también hay un aumento de inflación, al que se suman presiones inflacionarias derivadas del alza del petróleo. Eso implica que los otros grandes bancos centrales seguirán a la Reserva Federal en la normalización de la política monetaria, lo que reducirá la liquidez global y generará presión alcista sobre los tipos de interés.
En tercer lugar, es casi seguro que las disputas comerciales del gobierno de Trump con China, Europa, México, Canadá y otros países se agravarán, lo que llevará a menos crecimiento y más inflación.
En cuarto lugar, hay otras políticas de Estados Unidos que seguirán añadiendo presión estanflacionaria y obligarán a la Reserva a subir todavía más los tipos de interés: la restricción de los flujos de tecnología e inversiones desde y hacia Estados Unidos, que afectará las cadenas de suministro; límites a la inmigración que se necesita para mantener el crecimiento conforme la población estadounidense envejece; el desaliento de inversiones en economía verde; y la falta de una política de infraestructura que permita resolver restricciones de la oferta.
En quinto lugar, es probable que el crecimiento en el resto del mundo se desacelere, sobre todo cuando otros países consideren adecuado tomar represalias contra el proteccionismo estadounidense. China debe frenar el crecimiento para hacer frente a su exceso de capacidad y de apalancamiento, o se producirá un aterrizaje forzoso. Y los mercados emergentes, que ya están en situación frágil, seguirán padeciendo el proteccionismo y el endurecimiento monetario en Estados Unidos.
En sexto lugar, el crecimiento en Europa también será más lento, debido al ajuste de la política monetaria y a fricciones comerciales. Además, políticas populistas en países como Italia pueden llevar a una dinámica de deuda insostenible en la eurozona. El todavía irresuelto círculo vicioso (“doom loop”) entre los gobiernos y los bancos poseedores de títulos de deuda pública amplificará los problemas existenciales de una unión monetaria incompleta con una inadecuada mutualización de riesgos. En estas condiciones, otra desaceleración global puede incitar a Italia y otros países a abandonar la eurozona.
En séptimo lugar, en las bolsas de Estados Unidos y del mundo sigue la efervescencia. Los ratios precio/ganancias en Estados Unidos están un 50% por encima de la media histórica, el capital privado está excesivamente sobrevaluado, y los bonos públicos también están demasiado caros en vista de sus bajos rendimientos y primas a plazo negativas. Y el crédito de alto rendimiento también se está volviendo cada vez más caro ahora que la tasa de apalancamiento corporativo en Estados Unidos alcanzó máximos históricos.
Además, en muchos mercados emergentes y algunas economías avanzadas hay un claro exceso de apalancamiento. Los inmuebles comerciales y residenciales están demasiado caros en muchas partes del mundo. Conforme se sumen indicios de una tormenta global, en los mercados emergentes continuará la corrección de tenencias de acciones, commodities y renta fija. Y como los inversores previsores anticiparán una desaceleración del crecimiento en 2020, los mercados reajustarán en 2019 las cotizaciones de los activos de riesgo.
En octavo lugar, una vez producida una corrección, habrá más riesgo de iliquidez y ventas a precio de remate o undershooting. No hay mucha actividad de creación de mercado y warehousing (preparación de activos para titulización) por parte de corredores/operadores. El exceso de transacciones de alta frecuencia/algorítmicas aumenta el riesgo de un derrumbe repentino. Y los instrumentos de renta fija se han concentrado en fondos de crédito dedicados abiertos negociables.
De producirse una huida del riesgo, los sectores financieros de los mercados emergentes y de las economías avanzadas con inmensos pasivos en dólares ya no tendrán acceso a la Reserva Federal como prestamista de última instancia. Con la inflación en alza y una normalización de políticas en marcha, ya no se puede contar con el respaldo que los bancos centrales proveyeron en los años posteriores a la crisis.
En noveno lugar, hace poco Trump atacó a la Reserva Federal con una tasa de crecimiento del 4%. ¿Qué no hará en el año electoral 2020, cuando es probable que el crecimiento haya caído por debajo de 1% y aparezcan las pérdidas de empleo? La tentación de Trump de fabricar una crisis de política exterior para crear una cortina de humo será grande, especialmente si este año los demócratas recuperan la Cámara de Representantes.
Como ya inició una guerra comercial con China y no se atrevería a atacar a la nuclearizada Corea del Norte, el siguiente mejor blanco que le queda a Trump es Irán. Un enfrentamiento militar con ese país puede generar una perturbación geopolítica estanflacionaria similar a las crisis del petróleo de 1973, 1979 y 1990. No hace falta decir que eso agravaría todavía más la inminente recesión global.
Finalmente, en cuanto se produzca la tormenta perfecta que acabamos de bosquejar, habrá una tremenda escasez de herramientas para enfrentarla. El margen para el estímulo fiscal ya está limitado por el inmenso endeudamiento público. Los abultados balances y la falta de espacio para bajar las tasas de referencia reducirán la posibilidad de seguir aplicando políticas monetarias no convencionales. Y en países con movimientos populistas resurgentes y gobiernos casi insolventes no habrá tolerancia a rescates del sector financiero.
En Estados Unidos, en concreto, los legisladores han restringido la capacidad de la Reserva para proveer de liquidez a instituciones financieras no bancarias y extranjeras con pasivos en dólares. Y en Europa, el ascenso de partidos populistas dificulta implementar reformas en el nivel de la UE y crear las instituciones necesarias para combatir la próxima crisis financiera y recesión.
A diferencia de 2008, cuando los gobiernos tenían las herramientas necesarias para evitar un derrumbe descontrolado, a la hora de enfrentar la próxima desaceleración las autoridades tendrán las manos atadas, con un endeudamiento general superior al de la crisis anterior. Cuando se produzca, la siguiente crisis y recesión puede ser incluso más grave y prolongada que la anterior.
https://es.weforum.org/agenda/2018/09/la-gestacion-de-una-recesion-y-crisis-financiera-en-2020