domingo, 7 de junio de 2026

China levanta murallas alrededor de su economía mientras aumentan las tensiones globales

The New York Times
China levanta murallas alrededor de su economía mientras aumentan las tensiones globales
Pekín afirma que las normas anunciadas esta semana son necesarias para la seguridad nacional, pero podrían complicar los esfuerzos por encontrar crecimiento en el extranjero
Por
Alexandra Stevenson y Murphy Zhao
06 Jun, 2026 04:42 p. m. EST

Un puerto en Ningbo, China; las mayores economías del mundo están optando por las barreras comerciales en lugar de una mayor integración económica (The New York Times)
China está levantando muros para impedir que salgan del país dinero, tecnología y empresas.

Esta semana, el Consejo de Estado, el gabinete chino, anunció nuevas normas que exigen una revisión de seguridad nacional a las empresas chinas que deseen invertir en el extranjero. La medida sigue a las normas introducidas en abril, que permitían a las autoridades intervenir cuando las empresas extranjeras intentaran trasladar las cadenas de suministro fuera de China.

En conjunto, las medidas equivalen a un nuevo plano para la fortaleza económica que China está construyendo en torno a su tecnología y sus cadenas de suministro, en medio de las tensiones cada vez más grandes con Europa y Estados Unidos.

Estas normas son otra señal de que los principios económicos de los mercados abiertos y el libre comercio, que han regido gran parte del mundo durante décadas y han contribuido a impulsar el extraordinario ascenso de China, están dando paso a una era más fragmentada.

Desde Washington hasta Bruselas, las economías más grandes del mundo ahora optan por las barreras comerciales en lugar de una mayor integración económica, impulsadas en parte por la creciente preocupación por el dominio mundial de China en materias primas, productos manufacturados y tecnología, y por el auge de los productos chinos en todo el mundo.

“Nos hemos alejado de un mundo en el que las leyes facilitaban el flujo de capital, personas, tecnología y comercio”, dijo Ben Kostrzewa, socio y experto en comercio de Hogan Lovells en Hong Kong.

“La economía Chimérica imaginada hace 20 años resultó ser quimérica”, dijo, en referencia a la otrora popular abreviatura de China y Estados Unidos en inglés.

Pekín ya ha ofrecido un anticipo de cómo podría ser esta nueva era. Bloqueó que Meta adquiriera, por 2000 millones de dólares, a Manus, empresa de inteligencia artificial fundada por ingenieros chinos. Dijo a las refinerías chinas sancionadas por Estados Unidos que no obedecieran las medidas. Y ordenó a una empresa de equipos de seguridad respaldada por el Estado que no cooperara con los investigadores de la Unión Europea.

Con cada acción, Pekín se acerca más a una confrontación con Estados Unidos y Europa.

La seguridad nacional en el foco
Los legisladores chinos han ido creando un arsenal cada vez más grande de controles a la exportación, contramedidas y sanciones comerciales en respuesta a los aranceles y otras restricciones impuestas por gobiernos extranjeros.

Las nuevas normas del Consejo de Estado amplían ese esfuerzo a las actividades en el extranjero de las empresas chinas y perfilan cómo Pekín podría tomar represalias contra empresas y particulares extranjeros cuando se restrinjan las inversiones chinas.

Las normas también otorgan a las autoridades nuevos poderes para examinar a las empresas chinas que buscan oportunidades en el extranjero, y las someten a revisiones de seguridad nacional que clasifican las inversiones en una de estas tres categorías: fomentadas, restringidas o prohibidas.

Según los juristas, parte de la motivación de esta medida es impedir que salgan del país el dinero, el talento y la propiedad intelectual en campos en los que China tiene una ventaja competitiva.

A las empresas extranjeras en China les preocupa que la medida pueda interpretarse de forma tan amplia que incluya los datos de las operaciones chinas, que ellas deben facilitar a los reguladores internacionales en el marco de investigaciones o revisiones de inversiones.

China también tomó medidas drásticas contra las inversiones en el extranjero hace una década, cuando se enfocó en lo que denominó operaciones “irracionales” de gigantes empresariales que buscaban activos trofeo como el Waldorf Astoria. Pero esas intervenciones estaban destinadas a reducir los riesgos financieros en el propio país y consistían principalmente en que los reguladores bancarios examinaran los balances de las empresas.

El nuevo marco es diferente. Se enfoca en la seguridad nacional, y el esfuerzo está mucho más coordinado.

Luz verde, luz roja
Lo que es nuevo de las normas desveladas esta semana es el esfuerzo por frenar la expansión de las empresas chinas en el extranjero.

Las medidas restringen el movimiento de determinados talentos en sectores considerados sensibles, aunque Pekín no ha definido qué sectores cumplen los requisitos. También otorgan a los funcionarios una autoridad más amplia para revisar los movimientos de capital, incluida la facultad de obligar a los inversores a vender acciones o detener las inversiones si surgen problemas de seguridad nacional.

Las normas también sientan las bases jurídicas para que los reguladores prohíban a las entidades extranjeras invertir u operar en China, incluso mediante su expulsión del país, como represalia por las medidas adoptadas por sus gobiernos contra las inversiones chinas.

Para algunos expertos, el efecto más llamativo de estas normas es que podrían coartar las ambiciones de las empresas chinas cuando están sometidas a una intensa presión para encontrar nuevos mercados y las exportaciones del país alcanzan niveles récord.

“China ha estado animando a las empresas a ir al extranjero para establecer instalaciones de producción, invertir y eludir las limitaciones que puedan existir en la fabricación en China”, dijo Lester Ross, experto en China desde hace mucho tiempo y asesor principal de Wilmer Hale.

Sin embargo, estas nuevas normas podrían complicarlo, añadió.

Los funcionarios chinos califican las nuevas normas de “hito” para la inversión exterior. Pero para muchos inversores, la vaga definición de lo que constituye un problema de seguridad nacional ha generado una gran incertidumbre.

¿Un déjà vu?
La idea de que las empresas o los particulares necesiten aprobación para invertir en el extranjero puede parecer insólita. Pero China lleva mucho tiempo restringiendo el flujo de dinero fuera del país y actualmente el límite que tienen los individuos para mover dinero al extranjero es de 50.000 dólares al año. Esta herramienta ha cobrado cada vez más importancia a medida que se ha ralentizado el crecimiento económico.

China tampoco es el primer país que controla las inversiones en el extranjero. El gobierno de Joe Biden impuso en 2024 restricciones a la financiación estadounidense de los sectores chinos de los semiconductores, la computación cuántica y la inteligencia artificial.

La Unión Europea también ha instado a sus Estados miembros a revisar las inversiones en esos mismos sectores sensibles.

Pero, a diferencia de Estados Unidos y Europa, Pekín ha definido la seguridad nacional de forma mucho más amplia. Y sus normas, en consecuencia, abarcan más.

Para los abogados y asesores comerciales, la oleada de restricciones de varios gobiernos señala el fin de una era.

El gobierno chino citó “cambios profundos que no se habían visto en un siglo” como justificación de las nuevas normas del Consejo de Estado. El argumento tuvo eco en Zhou Yong, abogado de Junhe, un bufete chino.

“Desde un punto de vista jurídico, la reestructuración de las normas del comercio internacional ha sido provocada por la competencia entre grandes potencias y el progreso tecnológico”, dijo Zhou.

“China”, añadió, “espera tener algunas herramientas propias”.

© The New York Times 2026.  https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2026/06/06/china-levanta-murallas-alrededor-de-su-economia-mientras-aumentan-las-tensiones-globales/ 
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La nueva política china de control sobre inversiones y salidas de capital no es un problema ajeno: es un cambio estructural que obliga a Santo Domingo a repensar su estrategia económica, diversificar socios y blindar proyectos clave frente a la volatilidad geopolítica.

La decisión de Pekín de someter a revisión de seguridad nacional las inversiones chinas en el exterior y de endurecer los controles sobre capital, tecnología y personal marca un punto de inflexión en la arquitectura económica global. Para la República Dominicana, país pequeño y abierto, ese punto no es remoto: es una amenaza y, a la vez, una oportunidad para corregir dependencias, fortalecer instituciones y recuperar margen de maniobra en la negociación internacional.

En los últimos años, la presencia china en la región se tradujo en financiamiento para infraestructura, inversión en zonas francas, compras de bienes manufacturados y provisión de tecnología a bajo costo. Muchos proyectos dominicanos —puertos, plantas energéticas, desarrollos turísticos y cadenas de suministro en zonas francas— incorporaron capital, equipos y personal técnico vinculados a empresas chinas. Ahora, con Pekín dispuesto a frenar salidas de activos y a condicionar la movilidad de talento y datos, esos proyectos enfrentan riesgos concretos: retrasos en desembolsos, imposibilidad de repatriar utilidades, limitaciones en la transferencia de piezas críticas y, en casos extremos, la cancelación de acuerdos por decisiones administrativas en China.

El primer efecto es operativo: cronogramas que ya eran ajustados pueden desbaratarse. Obras que dependen de maquinaria o repuestos importados desde China verán encarecimientos y demoras si las cadenas logísticas se fragmentan. Proyectos que contemplaban la llegada de técnicos o la transferencia de know‑how podrían requerir autorizaciones adicionales o verse obligados a buscar proveedores alternativos con sobrecostos. El segundo efecto es financiero: la incertidumbre sobre la continuidad del flujo de capital chino eleva el riesgo país y encarece el crédito, afectando la viabilidad de iniciativas públicas y privadas. El tercero es estratégico: la República Dominicana, que ha jugado históricamente entre grandes potencias para maximizar beneficios, debe calibrar ahora el costo de alineamientos automáticos y la fragilidad de depender de un solo socio para sectores críticos.

Frente a este escenario, la respuesta no puede ser improvisada ni simbólica. El Gobierno y el sector privado deben actuar con urgencia y con visión de Estado. En primer lugar, es imprescindible una auditoría exhaustiva de todos los contratos, convenios y concesiones con contrapartes chinas: identificar cláusulas de rescisión, garantías, cronogramas de desembolso y dependencias tecnológicas. Esa auditoría debe ser pública en sus conclusiones estratégicas y confidencial en sus detalles comerciales, para preservar la negociación, pero con la claridad suficiente para priorizar proyectos que requieren medidas de contingencia.

En segundo lugar, la diversificación de fuentes de financiamiento deja de ser una recomendación académica para convertirse en una política de supervivencia. Instituciones multilaterales, bancos de desarrollo regionales, fondos verdes y socios privados de Europa y Estados Unidos deben ser activados como cofinanciadores. No se trata de cerrar puertas a China, sino de reducir la exposición: proyectos críticos —puertos, redes eléctricas, plantas de tratamiento— deben diseñarse con estructuras financieras mixtas que permitan continuidad aun si un socio enfrenta restricciones internas.

En tercer lugar, la República Dominicana debe fortalecer su capacidad regulatoria y negociadora. La Cancillería, el Ministerio de Economía, la Dirección General de Aduanas y los entes reguladores sectoriales necesitan equipos técnicos especializados en derecho internacional de inversiones, cláusulas de seguridad nacional y gestión de riesgos geopolíticos. Negociar hoy exige entender no solo la letra de un contrato, sino el contexto político que puede alterar su ejecución en la otra orilla del mundo.

Además, es hora de acelerar la sustitución estratégica de importaciones críticas y de promover encadenamientos productivos locales. Incentivar la industria nacional para producir repuestos, servicios de mantenimiento y componentes básicos reduce vulnerabilidades y genera empleo. Paralelamente, hay que impulsar la transferencia real de tecnología mediante contratos que incluyan capacitación, propiedad intelectual compartida y cláusulas que obliguen a la transferencia efectiva de capacidades, no solo la venta de equipos.

En el plano diplomático, Santo Domingo debe mantener una política de equilibrio inteligente. La fragmentación global no obliga a elegir de forma binaria; obliga a ser más hábil. Mantener relaciones abiertas con China no es incompatible con fortalecer la cooperación con Estados Unidos, la Unión Europea y organismos multilaterales. Pero esa pluralidad exige coherencia: transparencia en las concesiones, estándares ambientales y laborales exigentes, y una agenda de reciprocidad que proteja el interés nacional.

Finalmente, la sociedad civil y el sector académico tienen un papel central: exigir transparencia en los acuerdos, evaluar el impacto social y ambiental de los proyectos y formar profesionales capaces de gestionar la complejidad técnica y política de estas inversiones. La resiliencia económica no se improvisa; se construye con instituciones fuertes, contratos inteligentes y una ciudadanía informada.

La muralla que China levanta no es una pared que nos aísle automáticamente; es un recordatorio de que el mundo ha cambiado. Para la República Dominicana, la lección es clara: la dependencia estratégica es un lujo que ya no podemos permitirnos. Quien administre bien esta encrucijada —diversificando socios, blindando proyectos y fortaleciendo capacidades— no solo mitigará riesgos, sino que podrá convertir la incertidumbre global en una oportunidad para modernizar su economía y recuperar soberanía económica.  

Luis Orlando Díaz Vólquez  
GuasábaraEditor

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